jueves, 10 de abril de 2008

ATLANTIDA :MITO,LEYENDA O QUE ?

Díaz-Montexano señala que si en el Timaios y en el Kritias se afirma que Atlantis colonizó toda Europa (desde los Pilares de Hércules) hasta la Thyrrhenia (Italia) y el Asia (Anatolia), y toda Libya, hasta Egipto; aunque solamente se tratara de todas las regiones de las costas y las islas del Mediterráneo, entonces deberían existir muchas evidencias de los Atlantes repartidas por cientos de yacimientos arqueológicos de todo el interior del Mediterráneo. Según Díaz-Montexano, este hecho -que suele ser "saltado" y "obviado" por la mayoría de los atlantólogos- es muy importante, primero, porque refuta por completo el falso argumento de que como los mares no están totalmente explorados todavía, entonces la "super-civilización", "super-tecnológica" y "super-antigua" de Atlantis podría estar en cualquier lugar debajo del Océano. Si los Atlantes colonizaron casi todo el Mediterráneo, desde Iberia y Marruecos hasta Anatolia y Egipto, entonces deberían aparecer suficentes restos de su cultura, civilización y tecnología, y en ningún lugar de todas estas regiones ha aparecido jamás evidencias de ninguna "super-civilización", "super-tecnológica" y "super-antigua" de más de 11000 años. Todas las evidencias arqueológicas descubiertas en miles de excavaciones en toda las costas de Europa, África y el interior del Mediterráneo demuestran que no existe ninguna civilización más desarrollada y más antigua que las civilizaciones de la de la Edad del Bronce, que son las únicas que se asemejan a las descripciones del Kritias y el Timaios, por consiguiente, como expone brillantemente Díaz-Montexano:

"...no puede aparecer en el Océano ninguna super-civilización, super - antigua de más de 11000 años, y si apareciera algo semejante sería cualquier cosa menos Atlantis, porque Atlantis, según el Kritias y el Timaios, colonizó todo el interior del Mediterráneo desde Iberia y desde Marruecos hasta Asia y Egipto, y en ninguna parte de estos lugares se ha hallado jamás ninguna evidencia que se repita en todos estos sitios con una antigüedad de más de 11000 años y con una tecnología superior -ni siquiera similar- a las de la Edad del Bronce..."
Díaz-Montexano, sin embargo, demuestra como la única civilización que según las evidencias arqueológicas se extendió por casi todo el Mediterráneo, desde las costas de Europa del norte, Iberia, Marruecos, hasta el Asia (Anatolia) y Egipto, y todas las islas del Mediterráneo, fue una civilización que existió en Iberia (con los fechados y dataciones más antiguas conocidos), y que los arqueólogos llaman, curiosamente, "Civilización Atlántica del Bronce", porque la mayoría de sus elementos o artefactos culturales se hallan, en su origen más antiguo, en las costas de Europa desde Iberia hasta Francia, Alemania, y las Islas Atlánticas del Norte (Islas Británicas, Irlanda, Escocia, Islandia, y las costas de Noruega). Esta es la única civilización de la de la Edad del Bronce de la que existen evidencias científicas incuestionables que se expandió hasta el interior del Mediterráneo, y todavía existen muchas lagunas, porque hay sitios del Mediterráneo donde todavía no está demostrada su presencia o influencia cultural. La conclusión de Díaz-Montexano es la siguiente:
"...Si no existe ninguna evidencia en tierra de una super-civilización con un nivel similar a la de la Edad del Bronce y con una antigüedad tan elevada como 11560 años antes del presente, pues no puede existir tampoco bajo el mar, porque es absurdo que esa supuesta "super-civilización" Atlántica o de la Atlántida, no halla dejado bastantes evidencias arqueológicas de su tecnología, y de su nivel elevado de desarrollo cultural en las numerosas colonias que debió tener en Iberia, Marruecos, y muchas costas de Europa hasta Italia y Asia, e islas del Mediterráneo, y toda Libya hasta Egipto, como precisa Platón a través del timaios y el Kritias..."
Pero, además, el mayor absurdo de todos, que demuestra que existe un grave error en las cifras de 9000 años (que seguro es culpa de los copistas medievales, pues Georgeos Díaz ha descubierto grandes diferencias entre las distintas copias medievales de los códices), lo hallamos justamente cuando se afirma en el Timaios y en Kritias, que Atlantis estuvo en guerra contra todos los pueblos del Mediterráneo, pero en especial contra Atenas y Egipto. Entonces, como apunta Díaz-Montexano:

"...Todavía estoy esperando que alguien me pueda responder de una manera lógica y coherente, cómo es posible que Atlantis haya luchado contra los Saitas (o sea, los habitantes de Sais, de Egipto) 1000 años antes de que su civilización surgiera, pues los mismos sacerdotes afirman que Sais había sido fundada 8000 años antes de los tiempos de Solón...".
Los sacerdotes egipcios narran a Solón la historia de Atlantis en primera persona del plural. En todo momento esta es el punto de vista de la narración y si los sacerdotes egipcios afirman que Atlantis mantuvo guerra y colonización con todo el Mediterráneo hasta Egipto mismo, y después incluso explica que gracias a los Atenienses, "todos los que vivimos en este lado, al interior de las Columnas de Hércules, fuimos liberados", entonces los sacerdotes egipcios de Sais, se están incluyendo dentro de los pueblos y ciudades que fueron colonizados y dominados por los Atlantes, pero como sostiene Díaz-Montexano:

"...si aceptamos que la guerra de los Atlantes contra los Egipcios o habitantes de Sais y los habitantes de Atenas se produjo en la fecha de 9000 años antes de Solón, entonces existe una enorme contradicción, porque según aparece en el Timaios, Sais no fue fundada hasta mil años después que Atenas, y esta fue fundada también en el mismo año 9000, antes de Solón, o sea, que entonces los Atlantes colonizaron a los habitantes de Sais en Egipto, mil años antes de que estos existieran, mientras que los Atenienses, en el mismo año en que surgieron históricamente, ya tenían ejercitos poderosos y muy numerosos capaces de enfrentar al imperio Atlante. ¡Es un tremendo absurdo!. La solución, sin embargo, es muy simple, aceptar lo que el sentido común, la lógica y sobre todo las evidencias paleográficas, lexicográficas y arqueológicas demuestran, o sea, que la cifra de 9000, y quizás en general, todas las cifras de millares, es decir, de unidades de 1000 son erróneas..."

Las evidencias que obligan a esta rectificación -según Díaz-Montexano- son numerosas:
"... 1. Esta enorme contradicción entre la fecha de inicio de la guerra (9000 antes de Solón) de los Atlantes contra los Atenienses y Saitas, y la fecha de fundación de Sais o de Egipto (en el 8000 antes de Solón); Sais se interpreta en el relato, comparada con Atenas, como fundada 1000 años después, y los sacerdotes hablan en primera persona del plural, o sea, que ellos incluyen a Sais, o a los Egipcios en general, como víctimas de la guerra y colonización de los Atlantes.
2. La enorme contradicción que existe en el Kritias, cuando por una parte se afirma que en el centro de la gran llanura de Atlantis se hallaba la colina que Poseidôn rodeó de fosos circulares y donde fundó la acrópolis de Atlantis, y que este centro de la llanura estaba, desde el mar hacia el interior de la llanura, a unos 2000 estadios; sin embargo, después, en otro punto del relato se dice que la acrópolis estaba separada del mar por un canal de solamente 50 estadios. Esto es una ¡enorme contradicción!. Existe una enorme diferencia entre 2000 estadios y 50 estadios. Solamente una de las dos cifras o medidas puede ser la correcta, y el análisis del resto del relato demuestra que la cifra errónea es la de 2000, o sea, otra vez la que lleva la unidad de millares, es decir, la cifra de 1000, porque es imposible que la acrópolis estuviera a 2000 estadios de la costa y fuera sumergida por una gran inundación o tsunami, sin embargo, una ciudad a solo 9 kilómetros podría perfectamente ser afectada de manera muy terrible por un tsunami, incluso de intensidad moderada, mientras que por otra parte, también sería absurdo suponer que el canal que unía el mar con el centro de la acrópolis tuviera 2000 estadios.
3. He descubierto también varias variaciones muy importantes de las cifras que existen justamente en los más importantes códices medievales, que son los más antiguos, de los siglos IX, y en estos existen diferencias y hasta contradicciones con la versión aceptada en la actualidad, que parte de la manipulada y errónea edición de Burnet, que es la más moderna (1900). Por ejemplo, en los códices más antiguos aparece escrito como fecha del inicio de la guerra entre los Atlantes y los Atenienses y Egipcios, literalmente "9 y 1000". En el antiguo griego, una cifra como esta, solamente puede leerse como 1009, porque justamente, para escribir 9000, ellos siempre escribían (sin variación alguna), la unidad de 1000 primero, y el número menor después, o sea, que si un griego de los tiempos de Solón o de Platón hubiera querido escribir una cifra como 9000, ellos habrían escrito o bien nueve veces repetido el símbolo del número 1000, o bien el símbolo del número 1000 primero, y después los símbolos del 5 y el 4 seguidos (que suman 9), pero un griego jamás habría escrito la cifra de 9 primero seguida del símbolo de 1000. No puede ser ninguna casualidad que esta cifra de 1009 años antes de Solón (1560 AC) para el inicio de la guerra, coincide con la evidencia numero cuatro que veremos a continuación.
4. En el Kritias se afirma que los reyes implicados en esa guerra (la única guerra que se describe es la guerra de Atlantis contra Atenienses y Egipcios) fueron Kekrops, Erechtheus, Eriksikhton y Erykhthronios, y justamente estos reyes fueron ubicados por los antiguos griegos -en todas sus cronologías y cronicones, que perduraron hasta la Edad Medieval- entre el 1580/70 AC y el 1330 AC. No es necesario ser un doctor en Filología Griega Clásica o Arqueología Clásica, para poder comprender algo tan sencillo, como que existen evidencias muy firmes y lógicas que refutan la fecha de 9000 años para el inicio de la guerra de los Atlantes contra los Atenienses y Saitas, y para entender, y aceptar, que existen grandes contradicciones en las cifras que usan la unidad de millares (1000), que obligarían a cualquier persona que use el razonamiento científico y el sentido común a aceptar que las cifras que contienen unidades de millares no son de confianza, y que algunas pueden estar equivocadas. Insisto, en que no es por culpa de Platón ni de Solón ni de los sacerdotes egipcios, sino de las copias medievales, pues he descubierto evidencias de como existen varias versiones que se contradicen, y ello demuestra que los errores (en su mayoría) se debieron producir en las diferentes copias realizadas en la Edad Medieval..."
Aunque por la colección en que se publica este libro (la misma en que han aparecido obras de Bruno Cardeñosa o Graham Hancock entre otros), por la portada —que reproduce un tema muy querido por los escritores pseudohistóricos (el célebre mapa del almirante Piri)— y por el hecho de que el autor carece de titulaciones académicas pudiéramos prejuzgar que estamos ante el enésimo libro que trata de la Atlántida desde un punto de vista crédulo, nada más alejado de la realidad. Por supuesto todo ello viene a demostrar, una vez más, que lo único importante es el contenido de una obra. Lo restante es puramente accesorio.

Richard Ellis, escritor, pintor y viajero, ha realizado una labor de documentación exhaustiva que se plasma en una completa bibliografía y en un texto repleto de citas de autores tanto crédulos como escépticos, no como justificación de un supuesto “término medio” tan querido para el relativismo cultural, sino para estudiar el nacimiento y evolución del mito desde la objetividad imprescindible en cualquier estudio serio.

Así, comienza por el principio, por los diálogos platónicos de Timeo y Critias, su relación con el resto de la obra del filósofo ateniense y la cuestión fundamental de si son veraces o una simple ficción. Entre los partidarios de la fabulación cita a J. R. Fears y a sir Desmond Lee y entre los que aceptan, en mayor o menor grado, que se basan en hechos reales a J. V. Luce. Sin embargo, la cita no significa aceptación y, por ello, Ellis asegura: “Una lectura atenta del libro de Luce –que se titula Lost Atlantis: New Light on a Old Legend- no prueba sus argumentos. Abundan en él las conjeturas y tergiversaciones de los hechos cuyo objetivo es el mismo que el de las fábulas de Ignatius Donnelly y Charles Berlitz, a saber: validar las hipótesis que el autor se propuso probar desde un principio.” (Pág. 39)

A continuación repasa los autores clásicos que, siguiendo a Platón, mencionan la Atlántida tanto los que creyeron en su existencia (Crantor, Diodoro...) como los que la negaron (Aristóteles, Eliano...) para después saltar hasta el siglo XVII y la publicación de La Nueva Atlántida de Francis Bacon que supone una revitalización del tema y un auge de los textos dedicados a plantear hipotéticos enclaves para su ubicación. En 1938, Bramwell redujo a ocho las teorías principales, la Atlántida es América, la Atlántida es el norte de África, la Atlántida estaba en Nigeria, la Atlántida era una isla en el Atlántico de la que son restos las Azores, Madeira y las Canarias, la Atlántida era Tartessos, había dos Atlántidas: una en el mar Arábigo y otra en el norte de África, la Atlántida estaba entre Irlanda y Bretaña, y la Atlántida estaba en terrenos hoy inundados por el Mediterráneo. Sin embargo, la persona más influyente en el éxito contemporáneo del mito platónico fue Ignatius Donnelly (1831-1901) [ver El Escéptico núm. 11 Págs. 58 y 59] gracias a su obra Atlantis: The Antediluvian World (1882) que fue reeditada hasta el año 1976 en los EEUU pese a que en palabras de Edwin Ramaje, que cita Ellis, “En casi todas las páginas hay algún ejemplo de suposición temeraria, conclusión precipitada, razonamiento viciado o argumento basado puramente en la retórica. Gran número de los hechos que se exponen no tienen nada de hechos, y en el esfuerzo entusiasta por crear su Atlántida se advierte una ingenuidad sorprendente.” (Pág. 59-60)

Continuó con sus esfuerzos el escocés Lewis Spence del que basta una cita para hacerse a la idea de su obra: [los atlantes eran] “auriñacienses u hombres de Cro- Magnon... excepcionalmente altos, en verdad hijos de los dioses, con una estatura media de entre 1,84 y 1,99 metros en el caso de los varones, aunque las mujeres eran pequeñas, lo cual prueba que se trataba de una raza mixta.” (Pág. 63-64) A comienzos del S XX otros autores como el francés Termier y Paul Schliemann (sedicente nieto del descubridor de Troya) realizaron aportaciones que todavía hoy son citadas por los atlantófilos más entusiastas pese a que el primero se basó en suposiciones sobre el fondo del Atlántico que fueron demostradas como erróneas por las investigaciones realizadas a partir de 1950 y a que el segundo fuera un farsante que no sólo no era nieto del descubridor de Troya, sino que ni siquiera sabía nada de su trabajo. Llegó a asegurar que su abuelo había “excavado en la Puerta de los Leones de Micenas, en Creta” (Pág. 71) disparate digno de figurar en una antología de “burradas” arqueológicas.

Innumerables son los relatos que sobre esta legendaria isla existen. Incontables son a su vez las mil y una leyendas que con el paso del tiempo se incrementan sin fin. Pero todas ellas y las que vendrán proceden de una misma fuente: "Los diálogos de Platón".
En estos, en los que protagonizan Critias y Timeo, se hace una descripción bastante exhaustiva sobre la Atlántida, su geografía, sus habitantes y su forma de vida.
A partir de aquí, la leyenda se desató, sobre todo tras el descubrimiento de América. La Atlántida no es una leyenda que hubiese interesado en la Edad Media. Sin embargo desde el siglo XVIII, fue un tema recurrente que llegó en plena ebullición hasta nuestros días. No es extraño descubrir nuevos libros en nuestras librerías que traten una vez más la historia de la isla legendaria, situándola con "certeza" en un lugar determinado del globo terrestre".
Sin embargo lo único que sabemos a ciencia cierta, son los datos que los diálogos de Platón han conservado sobre la Atlántida, el origen de la leyenda, eso que incluso ellos, son puestos en cuestión constantemente por los estudiosos, ya que ni siquiera significan un relato de primera mano, sino una narración de acontecimientos sucedidos muy lejos en el tiempo.
Así a todo, Platón fue el padre de la leyenda. A él le debemos esta fantástica historia de una civilización fascinante, muy adelantada a su tiempo, sujeta a un sin fin de conjeturas y que podrá soportar un sin fin de ellas más.
Cuenta Critias la guerra entre Atenas y un imperio occidental, situado más allá de las columnas de Heracles. Allí vivía una huérfana, Clitia, de la que se enamoró Poseidón y con la que tuvo cinco veces gemelos- uno de los cuales sería Atlas- que se convirtieron en los diez reyes de la Isla.
Su territorio, que las conquistas sucesivas de sus reyes acrecentaban día a día, abundaba en metales preciosos, entre ellos el oricalco, que brillaba como el fuego; la flora y la fauna eran de una exuberancia extrema; su población muy numerosa. La Atlántida, que pronto se convirtió en una gran potencia marítima y comercial, poseía también una extensa red de canales. En un principio, los reyes atlantes se reunían y llevaban a cabo ceremonias para consolidar los vínculos con su padre Poseidón. Su sentimiento religioso, sin embargo, fue disminuyendo con el tiempo y se lanzaron a una guerra imperialista a la que solo pudo resistirse la antigua Atenas. Esto sucedía según el relato de Platón, 9000 años antes de Solón, esto es, 9600 a. C.
Zeus castigó a la Atlántida sepultándola en el espacio de una noche y un día, bajo las aguas del mar, que había forjado su poder y su desmesura.
La fastuosa ciudad de los anillos descrita por Critias, las explicaciones sobre su maravillosa geografía, con lagos, ríos y lagunas, la profusión de animales salvajes y domésticos y la elegancia y el conocimiento de este pueblo mítico, ha sido la semilla que ha prendido en la cultura occidental y que ha llegado hasta nuestros días.
Cine, televisión, arte, literatura, en todos los campos encontramos referencias fantásticas a la desaparecida isla. Islas del mar Egeo o hasta las mismas Canarias han sido nombradas como los restos de la Atlántida. Sin embargo nadie sabe a ciencia cierta qué existe de realidad en el relato y qué es solo ficción por eso, cíclicamente, los diálogos de Platón vuelven a ponerse de actualidad. Cada uno de nosotros preferimos leer el relato de primera mano y desentrañar el misterio intentando descubrir el camino que el sin fin de pistas proporcionadas nos muestra. Quizás no lo consigamos nunca, sin embargo no deja de ser interesante y divertido. Sólo tenemos que acercarnos a la librería y revivir la maravillosa historia de la Atlántida.
De todos los misterios que andan por el mundo, ninguno puede competir con las fabulosas historias de las tierras perdidas y civilizaciones desaparecidas, y entre todas ellas, destaca sobremanera una: la desaparición de un continente entero más allá de las Columnas de Hércules (Gibraltar), al cual se lo tragó la tierra sin dejar rastro ni de él ni de la floreciente civilización que poseía. Éste continente tenía el nombre de Atlántida.

Llama la atención que la única mención directa a la Atlántida esté en los diálogos de Platón, siendo los miles de libros que se han escrito sobre ella simplemente especulaciones y comentarios a la obra de Platón. El filósofo menciona al continente perdido en dos de sus diálogos: el Timeo y el Critias.

El Timeo resume la conversación que tuvo Sócrates y tres de sus discípulos allá por el 421 a. JC. en Atenas. En el transcurso de la conversación, uno de los discípulos de Sócrates, Critias, relata a sus compañeros una historia que Solón, famoso político y legislador ateniense, le había contado a su abuelo. En uno de sus viajes a Egipto, Solón conoció a un sacerdote que le dijo que las crónicas egipcias contenían el relato de una gran guerra librada en tiempos muy antiguos, en torno al 9.600 a. JC., entre Atenas y "una poderosa hueste que, partiendo de un lugar lejano del océano Atlántico, avanzaba insolente para atacar a toda Europa, y a Asia por añadidura". Los invasores, siempre según los comentarios del sacerdote egipcio, procedían de una gran isla llamada Atlántida, situada más allá de las Columnas de Hércules; esa isla, mayor que África del Norte y Asia Menor juntas, era el centro de un poderoso imperio que comprendía numerosas islas atlánticas vecinas y grandes porciones de tierra "Libia hasta Egipto y Europa hasta la Toscana". Grecia resistió la invasión atlante y liberó a los pueblos que habían sido subyugados, pero después hubo "violentos terremotos y pleamares, y en un día y una noche de desgracia, todos aquellos hombres belicosos se hundieron como un sólo cuerpo en la tierra, y la propia isla de Atlántida desapareció en las profundidades del mar. Razón por la cual el mar es en esas partes intransitable e impenetrable, pues en medio hay un banco de barro, causado por el hundimiento de la isla". Nada más nos dice el Timeo sobre el fabuloso continente.

El Critias lo que contiene es una descripción de la isla, la fauna y flora que poseía (incluidos caballos y elefantes, lo que echa por tierra las teorías de que sudamérica es la atlántida, ya que no llegaron los caballos al otro lado del Atlántico hasta 1.492), la organización administrativa de la misma, su flota de 1.200 naves, sus ceremonias, su magnífica arquitectura y las virtudes de sus habitantes, los cuales "desdeñaban cuanto no fuese la virtud y tenían en poco la prosperidad de que disfrutaban". Pero el Critias también nos narra el porqué del final de la isla: "cuando el elemento divino que había en ellos empezó a debilitarse debido al cruce constante con los mortales y predominó el temperamento humano, no pudieron seguir siendo dignos de su suerte, y empezaron a comportarse de modo indecoroso". Llegó un momento en que Zeus, rey de los dioses, resolvió infligir a la Atlántida un castifgo ejemplar que calmase sus ambiciones, para lo cual "reunió en su muy honorable residencia a todos los dioses (...) y una vez que los tuvo allí reunidos les dijo: " Y aquí se interrumpe el Critias.

¿Es posible que desapareciera un continente entero en medio del Atlántico? ¿Qué clase de catástrofe pudo haber ocurrido? ¿Hubo un estado ateniense en el año 9.600 a.JC.? ¿Pueden remontarse las crónicas egipcias a una época tan remota? ¿Por qué Aristóteles, el discípulo de Platón, sólo dijo de la Atlántida "Quien la creó la destruyó también"? Como vemos, los interrogantes que se plantean son muchos; en la mayoría de los casos sólo se generan más dudas y sólo se puede responder a ellos con especulaciones y apreciaciones personales, aunque hay algunas hechos que nos prueban que en efecto, la Atlántida existió.

Al comienzo de la época de las exploraciones (S. XV), renació el interés sobre éste continente perdido y, basándose en la Biblia, los clásicos y la mitólogía, se propusieron múltiples ubicaciones de la Atlántida, algunas de las cuales son Mongolia, el Ártico, las islas británicas, Persia, Mesopotamia, Etiopía, Suecia, Sudamérica, Norteamérica, Azores, Canarias, Santorín, Creta, Ceilán y muchas otras. Aunque la mayoría de las ubicaciones son poco probables y sus teóricos modificaban datos y directamente se inventaban otros, hubo uno cuyas ideas no pueden desecharse a la ligera.

Ignatius Donnelly, el miembro más instruido del congreso norteamericano a finales del siglo XIX, publicó un libro (Atlantis: The Antediluvian World) en el que no se ofrecían nuevas pruebas de la existencia de la Atlántida, sino que se hacía una síntesis de las ya existentes, encontrando nexos entre pruebas que parecían no tener nada en común y consiguiendo ofrecer una secuencia de argumentos que no sólo corroboraban la historia de Platón, sino que además ofrecían datos nuevos sobre el continente perido de la Edad de Oro.

Donnelly se basó en lo que los antropólogos denominan Teoría difusionista que sostiene que si en lugares muy apartados surgen culturas parecidas, el hecho no puede ser casual, sino que se debe a contactos directos o indirectos.

Las dos culturas con tantas similitudes son la egipcia y la mesoamericana: Podemos encontrarnos asombrosas semejanzas entre sus templos, el hecho de que ambas culturas construyeran pirámides, la similitud entre sus aparejos, etc... y otro hecho que a Donnelly le pasó desapercibido y que viene a corroborar que entre ambas civilizaciones hubo un nexo: Ambas culturas son las únicas que representaban a sus dioses con forma de animal o de híbrido humano-animal. Por lo tanto, no cabe duda de que hubo un contacto cultural continuado entre los antiguos egipcios y los antiguos habitantes de centroamérica, aunque algunos antropólogos lo rechazen, argumentando que las culturas tienden a evolucionar de modo semejante aunque no tengan relación entre sí.

Una vez probada la existencia de la Atlántida en tiempos antiguos, la controversia se centró en qué tipo de desastre natural podría hacer desaparecer un continente entero situado en medio del Atlántico, ya que la tectónica de placas no deja lugar para la Atlántida, y por lo tanto, la destrucción de la misma sólo pudo deberse a un fenómeno excepcional. Recordemos que en el Timeo, se menciona que la Atlántida fue destruida en un día y una noche, por lo tanto, rechazamos la hipótesis de un brusco cambio nivel de las aguas. ¿Qué tipo de desastre pudo haber ocurrido entorno al año 9.600 a JC.? Las hipótesis han sido de lo más variadas, siendo el impacto de un meteorito y la aproximación de un cometa gigante (que hoy en día sería Venus) las dos principales hipótesis que aún hoy en día no han podido ni ser probadas por completo ni refutadas por completo.

Curiosamente, la prueba de la localización de la Atlántida no surgió de tradicionales investigaciones, sino que Edgar Cayce, popular adivino norteamericano, predijo en 1.933 durante un estado de trance : "En la parte hundida de la Atlántida o Poseidia (...) puede aún descubrirse parte de los templos bajo el fango acumulado por tantos siglos en el mar, cerca de lo que llaman Bimini, frente a las costas de Florida". En 1.968 un equipo de exploradores submarinos descubrió lo que parecía una construcción de 580 metros de longitud y forma de J, hecha en enormes piedras rectangulares que descansaban en el fondo del mar a media milla de Paradise Point, en Bimini Norte, una de las Islas Bahamas.

Algunos geólogos se apresuraron a descartar que pudiera tratarse de la Atlántida considerando que esas piedras eran una formación rocosa natural (teniendo en cuenta que la linea recta no se da en la naturaleza, y que las piedras en cuestión tenían todas cantos pulidos, la explicación cae por su propio peso) y hubo un gran número de arqueólogos y atlantólogos que estaban seguros de que dichas piedras habían sido puestas allí en los últimos años, pero también ésta segunda teoría fue refutada cuando el Dr. David Zink, tras repetidas exploraciones submarinas desde 1.974, descubrió otros muchos parajes: piedras labradas con los bordes machihembrados, una cabeza esculpida en un trozo de mármol, pautas geométricas en la colocación de las piedras, que contienen referencias astronómicas a la constelación de las Pléyades y monumentos megalíticos que no podían haber sido llevado allí por el hombre en los últimos años, ya que en todos ellos había huellas de la erosión provocada por miles de años en el fondo del mar.

Llama la atención que la ubicación de la Atlántida esté precisamente tan cerca del Mar de los Sargazos, donde no se atrevían a entrar las naves hasta bien entrada la edad moderna por el miedo a encallar en su fondo fangoso, y recordamos lo escrito literalmente del Timeo en la página anterior "(...) la propia isla de Atlántida desapareció en las profundidades del mar. Razón por la cual el mar es en esas partes intransitable e impenetrable, pues en medio hay un banco de barro, causado por el hundimiento de la isla".

Parece ser que el mito inmortal de la Atlántida tiene una base real y que lo escrito por Platón, aparte de algunos excesos cometidos por el sacerdote egipcio, su discípulo Critias o él mismo, tiene un transfondo verídico. Ahora es el momento de que cada uno saque sus propias conclusiones acerca de la Atlántida.
Critias
Platón

(106) TIMEOS: ¡Cuán agradecido estoy, Sócrates, de que he llegado, y, como un viajero cansado después de un viaje largo, puede descansar! Y mi ruego siempre es a quién siendo mayor, y ha sido ahora revelado a mí, garantizar que mis palabras puedan perdurar, ya que le han sido dichas dentro de lo que es verdadero y aceptable; pero si he dicho sin intención cualquier cosa equivocada, ruego que él imponga sobre mí un castigo justo, y la recompensa justa para aquel que yerre queriendo hacer lo recto.
Deseando, entonces, hablar la verdad en el futuro referente a la generación de los dioses, les ruego que me den la sabiduría, que de todas las medicinas es la más perfecta y la mejor. Y ahora, habiendo ofreciendo mi ruego, me entrego al argumento de Critias, que debe hablar a continuación según nuestro acuerdo.
CRITIAS: Y yo, Timeo, acepto la confianza, y como usted al principio ha dicho que iba a hablar de altas materias y me ha pedido que si pudiera mostrarle una cierta paciencia, pido también el mismo o la mayor paciencia qué yo tengo acerca de lo he de decir. Y aunque sé muy bien que mi petición puede parecer algo ambiciosa y descortés, sin embargo, yo debo hacerla. (107) ¿Puede el hombre con criterio negar que usted ha hablado bien?. Procuraré solamente mostrar que nadie puede tener más indulgencia que usted, porque mi tema es más difícil; y argumentaré eso porque me parece que hablar bien de los dioses a los hombres es lejos más fácil que hablar bien de los hombres a los hombres: ante la inexperiencia y la ignorancia completa de sus oyentes sobre cualquier tema, es de gran ayuda para aquel que tenga que hablar de ello, puesto que sabemos cuan ignorantes somos en lo referente a los dioses. Pero quisiera hacer mí significado más claro, si usted me sigue. Todo que lo sea dicho por cualesquiera de nosotros sólo puede ser representación e imitación; si consideramos la semejanza que hay entre lo que hace un pintor de un cuerpo divino y lo celestial, y los diversos grados de satisfacción con que el ojo espectador lo recibe, nosotros estamos satisfechos con lo que vemos del artista que tiene el poder de imitar la tierra y sus montañas en cualquier grado, y los ríos, y los bosques, y el universo, y las cosas que comprende y que se mueven, y además, esa sabiduría nada exacta sobre tal materia, nosotros no examinamos o analizamos lo pintado; todo lo que se requiere en cierta medida un modo indistinto y engañoso de representarlas vagamente. Pero cuando una persona se esfuerza para pintar la forma humana, somos rápidos en descubrir defectos, y nuestro conocimiento familiar nos hace jueces severos de quién no cumple con cada aspecto de la semejanza. Y podemos observar que la misma cosa sucede en el discurso; estamos satisfechos con un cuadro de cosas divinas y celestiales que tienen un grado muy pequeño de semejanza; pero somos más precisos en nuestra crítica de cosas mortales y humanas. Mas adelante, si mi discurso no puede expresar convenientemente su significado, usted debe excusarme, considerando que formar semejanzas aprobadas de cosas humanas es el revés de lo fácil. Esto es lo que deseo sugerir a usted, (108) y en el mismo momento de pedir, Sócrates, que pueda tener no menos, sino que me conceda más indulgencia en lo que estoy a punto de decir. Por favor, si tengo razón en pedir, espero que usted este listo para concedérmelo.
SOCRATES: Ciertamente, Critias, concederemos su petición, y concederemos por igual con anticipación a Hermócrates, así como a usted y Timeo; yo no tengo ninguna duda que cuando llegue su turno dentro de un rato, él haga la misma petición que usted ha hecho. En orden entonces, de que él puede proveer por sí mismo un nuevo comienzo, y no ser obligado a decir las mismas cosas una vez finalizado lo suyo, déjelo entender que la indulgencia es concedida ya por anticipado a él. Y ahora, amigo Critias, anunciaré a usted el juicio del teatro. Ellos son de opinión que el ejecutante último era maravillosamente exitoso, y que usted necesitará mucha indulgencia antes de que pueda tomar su lugar.
HERMOCRATES: La advertencia, Sócrates, que a usted le ha dirigido, también debe llegarme. Pero recuerde, Critias, que un corazón débil nunca ha conquistado un trofeo; y por esto usted debe enfrentar el argumento como un hombre. Primero invoque a Apolo y a las Musas, y a continuación oigámosle sonar las alabanzas y mostrar las virtudes de los ciudadanos antiguos.
CRITIAS: Amigo Hermócrates, usted, que se coloca por último y tiene otro delante de usted, no ha perdido el corazón aún; la gravedad de la situación pronta será revelada a usted; mientras tanto, acepto sus exhortaciones y estímulos. Pero además de los dioses y de las diosas que usted ha mencionado, invocaría especialmente a Mnemosyne; pues para toda la parte importante de mi discurso dependo de su favor, y si puedo recolectar, y recitar bastante lo qué fue dicho por los sacerdotes y traído por Solón, no dudo que satisfaré las exigencias de este auditorio. Y ahora, no habiendo más de excusa, procederé.
Déjeme comenzar observando primero que nada, que nueve mil eran la suma de los años que habían transcurrido, desde la guerra que se dijo ocurrió entre los que moraron fuera de las columnas de Hércules y todos lo que moraron dentro de ellas; esta guerra es la que voy a describir. De los combatientes de un lado, la ciudad de Atenas fue señalada como el líder y que luchó hasta el fin de la guerra; en la otra cara, los combatientes eran liderados por los reyes de la Atlántida, que, como decía, era una isla mayor en extensión que Libia y Asia, y que después del hundimiento por un terremoto, se convirtió una barrera infranqueable de fango, que por lo tanto, impidió que los viajeros navegaran a cualquier parte del océano. (109) El progreso de la historia revelará las varias naciones de bárbaros y de las familias de helenos que entonces existieron, cuando sucesivamente aparecen en la escena; pero debo describir primero a todos los atenienses de ese día, y sus enemigos que lucharon con ellos, y también las potencias y los gobiernos respectivos de los dos reinos. Demos la precedencia a Atenas.
En los días antiguos, los dioses tenían la tierra entera distribuida entre ellos por asignación. No hubo pelea; para que ustedes no supongan que los dioses no sabían cuánto era apropiado que cada uno tuviera, o, sabiendo esto, que intentaran procurar para sí mismos lo que pertenecía más correctamente a otros. Todos obtuvieron lo que desearon en un reparto justo, y poblaron sus propios distritos; y cuando tuvieron sus poblados, atendieron sus posesiones como los pastores cuidan a sus rebaños, exceptuando solamente que no utilizaban silbidos o la fuerza corporal, como hacen los pastores, sino nos gobernaron como pilotos desde la popa de un navío que es una manera fácil de dirigir animales, dirigiendo nuestras almas por el timón de la persuasión según su propio placer; así dirigieron a todas las criaturas mortales. Ahora diversos dioses tenían sus asignaciones en distintos lugares que fijaron en orden. Hefaistos y Atenea, que eran hermano y hermana, y salieron del mismo padre, tenían una naturaleza común, y estando unidos también en el amor a la filosofía y el arte, ambos obtuvieron como su porción común esta región, que fue adaptada naturalmente para la sabiduría y la virtud; y allí implantaron a hijos valientes en la tierra, y pusieron en sus mentes el orden del gobierno; se preservan sus nombres, pero sus acciones han desaparecido por causa de la destrucción de aquellos que sufrieron la tradición, y del lapso de las edades.
Cuando hubo algunos sobrevivientes, como ya he señalado, ellos eran hombres que moraban en las montañas y eran ignorantes del arte de la escritura, y habían oído solamente los nombres de los jefes de la tierra, pero muy poco sobre sus acciones. Sus nombres les fueron dados a sus hijos; pero de las virtudes y las leyes de sus predecesores, los sabían solamente por tradiciones obscuras; y como a ellos mismos y a sus hijos les faltó por muchas generaciones lo indispensable de la vida, dirigieron su atención a suplir sus necesidades, y de ellas conversaron, (110) olvidándose primero de los acontecimientos que habían sucedido en largas épocas del pasado; ya que la mitología y las preguntas de la antigüedad se introducen primero en ciudades cuando comienzan a tener ocio y cuando ya ven que se han proporcionado lo indispensable de la vida, pero no antes. Y ésta es la razón por la que los nombres de los antiguos se han preservado en nosotros y no sus acciones. Esto lo deduzco porque Solón dijo que los sacerdotes, en su narrativa de esa guerra, mencionaron la mayoría de los nombres que se registran antes de la época de Teseo, tal como Cecrops, y Erechtheus, y de Erichthonius, y Erysichthon, y los nombres de las mujeres de modo semejante. Más aún, puesto que las acciones militares eran entonces campo común a los hombres y mujeres, los hombres de esos días, de acuerdo con la costumbre del tiempo, instalaron una figura e imagen de la diosa con armadura completa, para que fuesen testimonio de que todos los animales que se asocian juntos, tanto varón como hembra, pueden practicar en común, porque les place, la virtud que pertenece a ellos sin distinción de sexo.
Ahora el país fue habitado en esos días por varias clases de ciudadanos; había artesanos, y habían granjeros, y habían también una clase del guerrero originalmente establecida por separado por los hombres divinos. Los últimos moraba por sí mismos y tenían todas las cosas convenientes para su sustento y su educación; ni tampoco tenían ninguno alguna cosa propia, pero miraron todos lo que tenían como propiedad común; ni demandaban recibir de los otros ciudadanos cualquier cosa más que su alimento necesario. Y practicaron todas las búsquedas que describimos ayer como las de nuestros guardas imaginarios.
Referentes al país, que los sacerdotes egipcios dijeron que no es solamente probable, sino verdad absoluta, que los límites estaba en esos días fijados por el Itsmo, y ése en la dirección del continente que ellos extendieron hasta las alturas de Cithaeron y de Parnes; la línea del límite bajaba en la dirección del mar, teniendo el distrito de Oropus en la derecha, y con el río Asopus como el límite a la izquierda. La región era la mejor del mundo, y podía por lo tanto en esos días, sustentar a un ejército extenso, organizado con la gente circundante. Incluso el remanente de Attica que ahora existe puede compararse con cualquier región en el mundo por la variedad y la excelencia de sus frutas y lo adecuado de sus pastos (111) para toda clase de animales, lo que prueba lo que estoy diciendo; pero en esos días el país era justo como ahora y rendimiento producido lejos más abundante. ¿Cómo confirmar mis palabras y qué parte de ella se puede de verdad llamar un remanente de la tierra que entonces había?. El país entero es solamente un largo promontorio extendido lejos en el mar, lejos del resto del continente, mientras que la cuenca circundante del mar es profunda por todas partes en la vecindad de la costa. Muchos grandes diluvios han ocurrido durante los nueve mil años, porque ése es el número de los años que han transcurrido desde el tiempo del cual estoy hablando; y durante todo éste y a través de muchos cambios, nunca ha poseído ninguna acumulación considerable de la tierra que baja de las montañas, como en otros lugares, la tierra de todo alrededor ha caído lejos y se ha hundido una gran cantidad.
La consecuencia es, que en comparación con lo que entonces había, quedan tan sólo los huesos del cuerpo perdido, como puede ser llamada, como en el caso de islas pequeñas, donde todas las partes más ricas y más suaves del suelo caen lejos, y queda el mero esqueleto de la tierra que se fue. Pero en el estado primitivo del país, sus montañas eran colinas altas cubiertas con sedimentos, y los llanos, como son llamados por nosotros, de Phelleus estaban llenos de tierra rica, y había abundancia de madera en las montañas. De este último todavía sigue habiendo los rastros, porque aunque la nieve de la montaña proporciona sólo algo de alimento a las abejas, no hace mucho tiempo todavía se podían ver techos con la madera cortadas de los árboles que crecían allí, la cual tenía tamaño suficiente para cubrir las casas más grandes; y había muchos otros árboles altos, cultivados por el hombre y presencia de abundancia de alimento y ganados. Más aún, la tierra obtenía el beneficio de la caída anual de lluvia, no como ahora que el agua que fluye a descubierto de la tierra al mar, pero teniendo abundancia en todo lugar, y recibir y atesorar parte de ella en lugares cerrados del suelo, en depresiones de altura, y proporcionar por todas partes abundantes fuentes y ríos, todavía es posible observar en silenciosos lugares sagrados, los vestigios allí donde una vez existió una fuente; y esto prueba la verdad de lo que estoy diciendo.
Tal era el estado natural del país, que fue cultivado, como muy bien podemos creer, por verdaderos campesinos, que supieron dirigir bien sus negocios, y eran amantes del honor, y de una naturaleza noble, y tenían el mejor suelo del mundo, y abundancia de agua, y en el cielo un templado clima. Ahora la ciudad en esos días fue arreglada sabiamente. En el primer lugar la Acrópolis no estaba como ahora. (112) El hecho es que una sola noche de lluvia excesiva lavó lejos la tierra y puso al descubierto la roca; al mismo tiempo hubo temblores, y después ocurrió una inundación extraordinaria, que fue la tercera antes de la gran destrucción de Deucalion.
Pero en épocas primitivas la colina del Acrópolis se extendió al Eridanus y al Ilissus, e incluyó el Pnyx en una cara, y el Lycabettus como límite en la cara opuesta al Pnyx, y estaba toda bien cubierta con la tierra, y llana en la cima, excepto en un o dos lugares. Fuera del Acrópolis y bajo los costados de la colina, moraban los artesanos, y tal como los campesinos labraban la tierra cerca; la clase guerrera moró por sí mismos alrededor de los templos de Atenea y de Hephaestus en la cumbre, donde más aún ellos habían incluido una sola cerca como el jardín de una única casa. En la cara del norte tenían viviendas en un campo común y habían erigido pasillos para cenar en invierno, y tenían todos los edificios que necesitaron para su vida común, además de los templos, pero no había en ellos adornos con oro y plata, porque no hicieron uso alguno de ellos para ningún propósito; tomaron un nivel medio entre la pobreza y la ostentación, y construyeron casas modestas en las cuales ellos y los hijos de sus hijos crecieron, y les dieron ayuda a otros que eran como sí mismos, siempre iguales. Pero en verano salían de sus jardines y pasillos y gimnasios, y entonces la cara meridional de la colina era usada por ellos para el mismo propósito. Donde ahora está el Acrópolis había una fuente, que fue estrangulado por el terremoto, y ha dejado solamente unos chorros pequeños que todavía existen en la vecindad, pero en esos días la fuente dio un manantial abundante de agua para todos y de temperatura conveniente en verano y en invierno. Así fue cómo moraron, siendo los guardas de sus propios ciudadanos y los líderes de los helenos, que eran sus seguidores dispuestos.
Y tuvieron cuidado de preservar el mismo número de hombres y de mujeres siempre, siendo tantos como eran requeridos para propósitos guerreros, es decir, cerca de veinte miles. Tales eran los atenienses antiguos, y de que esta forma ellos administraban virtuosamente su propia tierra y el resto del Hélade; siendo ellos famosos por toda Europa y Asia por la belleza de sus personas y por las muchas virtudes de sus almas, y de todos los hombres que vivieron en esos días, eran los más ilustres.
Y a continuación, si no me he olvidado de lo que oí cuando era un niño, enseñaré a ustedes el carácter y el origen de sus adversarios. Los amigos no se deben guardar sus historias para sí mismos, sino tenerlas en común.
(113) Sin embargo, antes de ir más allá con en la narración, debo advertirles, que ustedes no deben ser sorprendidos si quizás oye nombres helénicos dados a los extranjeros. Le diré la razón de esto: Solón, que se proponía utilizar el cuento para su poema, investigó en el significado de los nombres, y encontró que los primeros egipcios, al escribirlos, los habían traducido a su propio idioma, y él, recuperó el significado de varios nombres, y al volverlos a copiar, los tradujo a nuestro idioma.
El padre de mi abuelo, Drópides, tenía la escritura original, que todavía está en mi posesión, y fue estudiado cuidadosamente por mí cuando era un niño. Por lo tanto, si usted oye nombres que se utilizan en este país, usted no debe ser sorprendido, porque he dicho cómo fueron presentados. El cuento, que era de gran longitud, comenzó como sigue:
He recalcado antes, hablando del reparto efectuado por los dioses, de que distribuyeron la tierra entera en porciones de diferentes tamaños, e hicieron para ellos templos e instituyeron sacrificios. Y Poseidón, recibiendo para sí la isla de Atlántida, tuvo hijos de una mujer mortal y los instaló en una parte de la isla, que describiré. Mirando hacia el mar, pero en el centro de la isla misma, había un llano que se dice fue el más hermoso de todas las planicies y muy fértil. Cerca de la misma llanura, y también en el centro de la isla, a una distancia de cerca de cincuenta estadios, había una montaña no muy alta por ninguno de sus lados.
En esta montaña moró uno de los virtuosos hombres mortales de ese país, cuyo nombre era Evenor, y él tenía una esposa nombrada Leucippe, y tenían una única hija que fue llamada Cleito. La virgen había alcanzado ya la pubertad, cuando su padre y madre murieron; Poseidón se enamoró de ella y tuvo relaciones con ella, y rompiendo la tierra alrededor, incluida la colina en la cual ella moró, hizo zonas alternas de mar y tierra más grandes y más pequeñas, cercando una de la otra; haciendo dos de tierra y tres del agua, a la que él dio vuelta como con un torno, cada uno tenía su circunferencia equidistante desde el centro, de modo que ningún hombre pudiera llegar a la isla ni aunque lo hicieran navegando.
Él mismo, siendo un dios, no tuvo ninguna dificultad en hacer arreglos especiales para el centro de la isla, trayendo dos manantiales desde debajo de la tierra, una de agua caliente y otra fría, e hizo que se originara toda clase de alimentos desde la abundancia del suelo. Él también tuvo y crió cinco pares de niños gemelos masculinos; y dividiendo la isla de Atlántida en diez porciones, (114) le dio al primer nacido del par de mellizos mayores la morada de su madre y le asignó todo lo circundante, que era lo más grande y mejor, y lo hizo rey sobre el resto; a los otros los hizo príncipes, y les dio autoridad sobre muchos hombres, y de un territorio grande. Y él les dio nombre a todos; al mayor, que era el primer rey, lo nombró a Atlas, y en honor a él la isla entera y el océano fueron llamados Atlántico. Su hermano gemelo, quien nació después de él, obtuvo como su porción la extremidad de la isla hacia las columnas de Hércules, de cara a la que ahora se llama región de Gades en aquella parte mundo, su nombre en lenguaje helénico es Eumelus, en lenguaje de su país es Gadeirus, nombrado en honor a él. Del segundo par de gemelos él llamó a uno Ampheres, y al otro Evaemon. Al mayor del tercer par de gemelos él dio el nombre conocido de Mneseus, y Autochthon a quién lo siguió. Del cuarto par de gemelos él llamó Elasippus al mayor, y Mestor al más joven. Y del quinto par de mellizos, él dio al mayor el nombre de Azaes, y al más joven de ellos Diaprepes.
Todo ellos y sus descendientes por muchas generaciones fueron los habitantes y gobernadores de diversas islas en el mar abierto; y también, como se ha dicho ya, influyeron en nuestra dirección por todo el país dentro de las columnas tan lejos como Egipto y Tirrenia.
Ahora Atlas tenía una familia numerosa y honorable, y conservaron el reino, el mayor de los hijos lo traspasaba al mayor de sus descendientes por muchas generaciones; y tenían tal cantidad de bienestar como nunca antes fue poseído por reyes y potentados, y no es probable que ocurra otra vez, y fueron equipados con todo que necesitaban en la ciudad y en el campo. Debido a lo grandioso de su imperio muchas cosas les fueron traídas de países extranjeros, y la isla misma proporcionó la mayoría de lo qué fue requerido para las necesidades de la vida. En primer lugar, cavaron la tierra que era sólida para buscar allí lo que podía dar, y que ahora es solamente un nombre y era entonces algo más que un nombre, oricalcum, que era extraído en muchas partes de la isla, siendo más precioso en esos días que cualquier cosa excepto el oro. Había abundancia de madera para el trabajo de los carpinteros, y suficiente alimento para los animales domésticos y salvajes. Además, había una gran cantidad de elefantes en la isla (115), siendo ese el animal más grande y más voraz de todos; pues había disposición para todo tipo de animales, para los que viven en los lagos y los pantanos y los ríos, y también para los que viven en las montañas y en las llanuras, de manera que también había alimento para el más grande y feroz de todos.
También crecían y prosperaban en esa tierra las cosas más fragantes que ahora hay en la tierra, ya fuesen raíces, o hierbas, o maderas, o esencias que destilan de la fruta y de la flor; también fruta que admitía su cultivo, de tipo seca, que se nos puede dar para alimento y cualquier otra que nosotros utilizamos para alimentarnos que llamamos a todas por nombre común legumbres, y fruta que tiene una dura cáscara, que produce bebida y carne y ungüento, y buenos almacenes de castañas y similares, que suministran placer y diversión, y fruta que se estropea si se almacena, y placenteros tipos de postres, con los que nos consolamos después de cenar, cuando estamos cansado de comer -todos esto tenía cabida en la isla sagrada bajo la luz del sol, que se ponía de manifiesto en justa y maravillosa e infinita abundancia.
Con tales bendiciones que la tierra libremente los dotó; ellos, mientras, construyeron sus templos y palacios y puertos y muelles. Y arreglaron el país entero de la forma siguiente:-
- Primero que todo hicieron puentes sobre las zonas del mar que rodeaba la antigua metrópoli, haciendo un camino a y desde el palacio real. Y muy al comienzo construyeron el palacio en la morada del dios y de sus antepasados, que continuaron adornando en generaciones sucesivas, cada rey sobrepasó a quién fue antes el máximo poder, hasta que hicieron del edificio un símbolo de su autoridad por su tamaño y por su belleza. Y comenzando desde el mar cavaron un canal de trescientos pies de anchura y de cien pies de profundidad y cincuenta estadios de longitud, que atravesó la mayoría de la zona, haciendo un paso desde mar hasta él, que se convirtió en un puerto, y dejando una apertura suficiente para permitir el ingreso a las embarcaciones más grandes. Además, dividieron en los puentes las zonas de la región, que dividían las áreas del mar, dejando sitio para el paso de un solo trireme de una zona en otra, y concluido el paso, llenaron los canales para dejar una vía debajo para las naves; siendo las orillas levantadas considerablemente sobre el agua. Ahora, la más grande de las zonas en las cuales fue cortado un paso de éstos era de tres estadios de anchura, y la zona de la región que vino después fue de anchura igual; pero las dos zonas siguientes, una de agua, otra de mar, eran de dos estadios, y el que rodeó la isla central era de un estadio solamente en anchura. (116) La isla en la cual el palacio fue situado tenía un diámetro de cinco estadios. Todo esto incluyendo las zonas y el puente, que era la sexta parte de un estadio en anchura, rodeó la metrópoli antigua, haciendo un camino a y desde el palacio real, que fue rodeado por una pared de piedra en cada cara, poniendo torres y puertas en los puentes donde el mar pasaba.
La piedra que fue utilizada en el trabajo se extrajo de abajo de la isla central, y de abajo de las zonas cercanas tanto del lado externo como del lado interno. Una clase era blanca, otra negra, y una tercera roja, y como excavaron, al mismo tiempo ahuecaron afuera gradas dobles, haciendo azoteas formadas de la roca nativa. Algunos de sus edificios eran simples, pero en otros pusieron juntas diversas piedras, variando el color a favor del ojo, y siendo una fuente natural de placer. El circuito entero de la pared, que estaba alrededor de la zona exterior, la cubrieron con una capa de bronce, y el circuito de la pared siguiente la cubrieron con estaño, y el tercero, que abarcó la ciudadela, centelleaba con la luz roja del cobre.
Los palacios en el interior de la ciudadela fueron construidos en esta forma: en el centro había un templo sagrado dedicado a Cleito y a Poseidón, que seguía siendo inaccesible, y fue rodeado por un recinto del oro; éste era el punto donde la familia de los diez príncipes primero vieron la luz, y en el tercero la gente traía anualmente las frutas de la estación de todas las diez porciones de tierra, como ofrenda a cada uno de los diez. Aquí estaba el templo de Poseidón que era de un estadio en longitud, y la mitad de un estadio en anchura, y de una altura proporcionada, teniendo un aspecto barbárico extraño. Todo el exterior del templo, a excepción de los pináculos, lo cubrieron con plata, y los pináculos con oro. En el interior del templo el techo era de marfil, curiosamente labrado por todas partes con oro y plata y cobre; y en el resto de piezas, las paredes y los pilares y suelo, las cubrieron con cobre.
En el templo colocaron las estatuas del oro: el dios mismo estaba parado en un carro -- el aurigas de seis caballos alados -- y de tal talla que tocó la azotea del edificio con su cabeza; alrededor de él había cientos de Nereidas cabalgando sobre delfines, representando el número de ellos de esos días. Había también en el interior del templo otras imágenes que habían sido dedicadas por las personas privadas. Y alrededor del templo en el exterior estaban colocadas las estatuas del oro de todos los descendientes de los diez reyes y de sus esposas, y había muchas otras grandes ofrendas de reyes y de personas privadas, venidas de la ciudad misma y de las ciudades extranjeras sobre las cuales gobernaban. Había un altar también, que era magnífico (117) por tamaño y artesanía, y palacios semejantes, respondiendo a la grandeza del reino y a la gloria del templo. En un lugar anexo, tenían fuentes, una de frío y otra de agua caliente, que fluía en graciosa abundancia; y estaban maravillosamente adaptados para el uso por causa de lo placentero y excelencia de sus aguas. Construyeron edificios alrededor de ellos y plantaron árboles convenientes, también hicieron cisternas, algunas abiertas al cielo, otras cubiertas, para ser utilizado en invierno como baños calientes; estaban los baños de los reyes, y los baños de las personas particulares, que fueron mantenidas separadas; y había baños separados para las mujeres, y para los caballos y ganados, y a cada uno de ellas proporcionaron tanto adorno como era apropiado. De las aguas que escurrían se llevaron algunas al bosquecillo de Poseidón, en donde crecía todo tipo de árboles de altura y de belleza maravillosa, producto de la excelencia del suelo, mientras que el resto era transportado por los acueductos a lo largo de los puentes a los círculos externos; y había muchos templos construidos y dedicados a muchos dioses; también los jardines y los lugares del ejercicio, algunos para los hombres, y otros para los caballos en las dos islas formadas en la zona; y en el centro de la más grande había un hipódromo de un estadio en anchura, y en longitud se extendía alrededor de la isla, para que los caballos corrieran. También había casas de guardias a intervalos, para los vigilantes más confiables a quiénes les era entregada la vigilancia de la pequeña zona, que era la más cercana el Acrópolis; mientras que los más confiables tenían las casas existentes dentro del ciudadela, cercanas a las personas de los reyes. Los muelles estaban llenos de triremes y de almacenes navales, y todas las cosas estaban absolutamente listas para ser usadas. Basta del plano del palacio real.
Saliendo del palacio y saliendo a través de los tres puertos, usted veía el muro que comenzaba en el mar y todo alrededor: todo esto estaba a cincuenta estadios de distancia de la zona o puerto más grande, e incluyó el conjunto, los extremos que se encontraban en la boca del canal que conducía al mar. El área entera estaba densamente poblada con viviendas; y el canal y el más grande de los puertos estaban llenos de naves y comerciantes que venían de todas las regiones, que, por su número, mantenían un multitudinario sonido de voces humanas, y un estruendo ensordecedor y confuso de toda clase noche y día.
He descrito la ciudad y los alrededores del antiguo palacio casi en las palabras de Solón, y ahora debo esforzarme para representar a usted la naturaleza y la disposición del resto de la región. (118) El país entero según contó él, era muy alto y empinado en la cara del mar, pero el sector inmediatamente alrededor y rodeando la ciudad era un llano, circundado por montañas que descendían hacia el mar; era liso y uniforme, y de una dimensión de una variable oblonga, extendiéndose en una dirección tres mil estadios, pero a través del centro interior eran dos mil estadios. Esta parte de la isla miraba hacia el sur, y era protegida del norte. Las montañas circundantes eran celebradas por su número y tamaño y belleza, lejos más allá de cualesquiera que todavía existan, habiendo en ellas también muchas aldeas ricas de la gente del país, y ríos, y lagos, y prados proveyendo el alimento suficiente para cada animal, salvaje o domesticado, y mucha madera de varias clases, abundante para cada clase de trabajo.
Ahora describiré el llano, como estaba formado por la naturaleza y por los trabajos de muchas generaciones de reyes con edades largas. Era en la mayor parte rectangular y oblonga, y donde terminaba la línea recta seguía la zanja circular. La profundidad, y la anchura, y la longitud de este foso eran increíbles, y daba la impresión que un trabajo de tal extensión, además de muchos otros, nunca habría podido ser artificial. Sin embargo debo decir lo que me dijeron. Fue excavado a la profundidad de cien pies, y su anchura era de un estadio por todas partes; fue llevada alrededor del conjunto del llano, y era de diez mil estadios en longitud. Recibía el torrente que bajaba de las montañas, y de la vuelta alrededor del llano y confluyendo en la ciudad, era de allí al mar. Más lejos tierra adentro, asimismo, los canales rectos de cien pies en anchura fueron cavados a través del llano, y los dejaban caer otra vez en el foso que conducía al mar: estos canales estaban en los intervalos de cien estadios, y por ellos transportaban abajo de las montañas la madera a la ciudad, y transportaron las frutas de la tierra en naves, cortando pasos transversales a partir de un canal en otro, y a la ciudad. Dos veces en el año recolectaron los frutos de la tierra -- en el invierno que tiene la ventaja de las lluvias del cielo, y en verano el agua que la región proveyó introduciendo torrente de los canales.
En cuanto a la población, cada una de las parcelas en el llano escogió un líder para los hombres que estaban aptos para el servicio militar, (119) y el tamaño de la porción era de diez estadios, y el número total de todas las parcelas era sesenta mil. Y de los habitantes de las montañas y del resto del país había también una vasta multitud, que estaba distribuida en las secciones y tenía líderes asignados por ellos según sus distritos y aldeas. Se requirió equipar al líder para la guerra, la sexta parte de ellos con carros de guerra, hasta hacer un total de los diez mil carros; también dos caballos y jinetes para ellos, y un par de caballos sin montura para los carros, acompañado de un jinete que podía luchar de pie llevando un escudo pequeño, y teniendo un aurigas que estaba parado detrás de los hombres con armadura para dirigir los dos caballos; también, equiparon a dos soldados con armadura pesada, dos arqueros, dos honderos, tres lanzadores de piedras y tres hombres con javalinas, con armadura ligera, y cuatro marineros como dotación de las mil doscientas naves. Así era el orden militar de la ciudad real y --aunque sea aburrido referirse a sus muchas diferencias- el orden de los otros nueve variados gobiernos.
En cuanto a cargos y honores, el siguiente era el arreglo del primero. Cada uno de los diez reyes tenía el control absoluto de los ciudadanos en su propia división y en su propia ciudad, y, en la mayoría de los casos, de las leyes, castigando y matando a cualquiera que él quisiera. Ahora el orden de precedencia entre ellos y sus relaciones mutuas fue regulado por las disposiciones de la ley que Poseídon les había otorgado. Éstas fueron inscritas por los primeros reyes en un pilar del cobre, que estaba situado en el centro de la isla, en el templo de Poseidón, donde los reyes se reunían cada quinto y cada sexto año alternativamente, dando así igual honor al número impar y par. Y cuando estaban reunidas se consultaban sobre sus intereses comunes, e investigaban si habían transgresiones de cualquier tipo, y hacían un juicio, y antes de que empezara el juicio, ellos establecían sus compromisos de los unos con los otros de esta manera:- -Había toros que estaban a disposición del templo de Poseidón; y los diez reyes, estando solos en el templo, después de que hubiesen rezado al dios para que pudiesen capturar a la víctima que le era aceptable, atrapaban un toro, sin armas, pero con bastones y lazos; y el toro que capturaban lo conducían al pilar y cortaban su garganta en la parte de arriba, dejando que la sangre cayese sobre la inscripción sagrada. En el pilar, además de las leyes, estaba inscrito un juramento que invocaba poderosas maldiciones contra los desobedientes. Luego, después de matar el toro de la manera acostumbrada, se quemaban sus miembros, llenaban una fuente de vino y ponían un coágulo de la sangre para cada uno de ellos; (120) el resto de la víctima la ponían en el fuego, después de haber purificado completamente alrededor de la columna. Después llenaban copas de oro con la fuente, y vertían una libación en el fuego, jurando que enjuiciarían según las leyes sobre el pilar, y que castigarían a cualquiera que hubiese transgredido alguna norma de ellas, y que para el futuro ellos, si no tenían auxilio, no ofenderían la escritura en el pilar, y ni se lo ordenarían a otros, y obedecerían a toda regla que lo ordenara, actuando sabiamente según los leyes de su padre Poseidón. Éste era la oración que cada uno de ellos elevaba para sí mismo y para sus descendientes, al mismo tiempo que bebían y consagraban la copa que bebió en el templo del dios; y después de haber cenado y satisfecho su necesidad, cuando llegaba la oscuridad, y el fuego sobre el sacrificio estaba frío, todos vestidos con hermosos trajes de azur, y sentándose en la tierra, en la noche, apagadas las ascuas de los sacrificios por los cuales habían jurado, y extinguido todo el fuego en el templo, recibían y daban juicio, si cualesquiera de ellos traía una acusación; y cuando habían emitido el juicio, al amanecer anotaban sus sentencias en una tablilla de oro, y dedicaban sus trajes para hacer un monumento conmemorativo.
Había muchas leyes especiales que concernían a los respectivos reyes inscritos uno después de otros en los templos, pero la más importante era la siguiente. No debían tomar armas uno contra otros, y todos debían venir al rescate si alguno en cualquier ciudad intentaba trastornar la casa real; como sus antepasados, debían deliberar en forma común sobre la guerra y otras materias, dando la supremacía a los descendientes de Atlas. Y el rey no tenía poder sobre la vida y la muerte de ninguno de súbditos sin tener el consentimiento de la mayoría de los diez.
Este era el vasto poder que el dios colocó en la isla perdida de Atlántida; y así actuó en contra de nuestra región por las razones siguientes, como la tradición dice: Por muchas generaciones, mientras la naturaleza divina permaneció con ellos, eran obedientes de las leyes, y bien intencionados con el dios, que era su origen; porque poseyeron verdad y grandeza espiritual en toda forma, uniendo gentileza con sabiduría en los diversos riesgos de la vida, y en las relaciones de unos con otros. Desdeñaron todo menos la virtud, sintiendo poco por sus vidas presentes, y pensaban tenuemente en la posesión de oro y de otros bienes, que les parecía solamente una carga; ni se intoxicaron con el lujo; ni la abundancia los privó de su autodominio; (121) ellos siempre eran sobrios, y veían claramente que todos estos bienes eran sobrepasados por la virtud y amistad con otros, donde era muy grande la consideración y el respeto para ellos, se fueron perdiendo y la amistad con ellos.
Con tales ideas y mientras permaneció con ellos la naturaleza divina, las cualidades que hemos descrito crecieron y aumentaron entre ellos; pero cuando la porción divina se comenzó a descolorar, y se diluyó también demasiado seguido en la mezcla con los mortales, entonces la naturaleza humana venció la mano superior, siendo ellos incapaces de sostener su fortuna, se hicieron indecorosos, y él que tenía un ojo para ver se desalentó visiblemente, porque ellos estaban perdiendo el más justo de sus regalos preciosos; pero los que no tenían ningún ojo para ver la verdadera felicidad, se sentían gloriosos y bendecidos al mismo tiempo cuando estaban llenos avaricia y de potencia irracional.
Zeus, dios de dioses, quien gobierna según la ley, y con poder para ver tales cosas, percibió que una honorable raza estaba en dificultades, y deseando infligirles un castigo, para que pudieran corregirse y mejorar, convocó a todos los dioses en su más santa habitación, que, puesta en el centro mundo, es el soporte de todo lo creado. Y cuando los hubo reunido a todos, él les habló como sigue --**
(el resto del diálogo de Critias se ha perdido o jamás fue terminado)

La Civilización que desapareció bajo las aguas...
Que una gran civilización haya podido existir y desaparecer súbitamente es suficiente para fascinar. La Atlántida resume esta historia o este sueño. La palabra evoca una isla misteriosa bañada por los rayos de un sol ardiente y un pueblo fundador de una cultura brillante y efímera.
En el siglo IV a. C., Platón fue el primero en mencionar públicamente la existencia de la Atlántida, cuyos restos desaparecieron hace 9000 años. Hacia el año 355 a.C., dos diálogos de Platón, el Timeo y el Critias, fundan el mito de la Atlántida.
Como las demás obras del filósofo, el texto se presenta bajo la forma de un diálogo; en éste participan Sócrates, Maestro de Platón; Timeo, filósofo pitagórico; Critias, político acusado de no tener escrúpulos, y Hemócrates, antiguo general de Siracusa.
El Timeo, Critias, pariente de Platón, cuenta una historia que le narró su abuelo, a quien se la contó su padre, habiéndola este último escuchado relatar por el sabio griego Solón. Cuando Solón estaba en Egipto, alrededor del 590 a.C., un sacerdote del templo de Sais le hizo la siguiente confidencia:
"Sí, Solón, hubo un tiempo, antes de la más grande destrucción por las aguas, donde la ciudad que es hoy de los atenienses era, de todas, la mejor para la guerra (...) En ese tiempo se podía pasar por este mar (¿el océano Atlántico?). Había una isla delante de ese pasaje que ustedes llaman las columnas de Hércules (...). Ahora bien, en esta isla Atlántida, sus reyes había formado un gran y maravilloso imperio (...). Esta potencia, habiendo concentrado todas sus fuerzas, emprendió de un solo impulso la dominación de vuestro territorio y del nuestro y de todos los que se encuentran de este lado del estrecho. Fue entonces, oh Solón, que el poderío de vuestra ciudad hizo estallar a los ojos de todos su heroísmo y su energía. Porque la venció por sobre todas por su fuerza moral y por el arte militar (...).
Pero en el tiempo que siguió hubo terremotos espantosos y cataclismos. En un solo día y una noche terrible, todo vuestro ejército fue tragado de una sola vez por la tierra, y asimismo la Atlántida se sumió en el mar y desapareció. Es por esto que aún hoy día este océano es difícil e inexplorable por el obstáculo del fondo fangoso y muy bajo que la isla, al hundirse, depositó."
En el Critias, el filósofo ofrece más información acerca de la Atlántida. Después de la creación del mundo, los Dioses se lo repartieron, y Poseidón, soberano de los mares, recibió la Atlántida. De su unión con una mortal, Cleito, tuvo diez hijos, y cada uno heredó una parte de la isla. El mayor, Atlas, llegó a ser el rey y recibió la mejor y la más grande de las regiones. La isla era muy rica y se beneficiaba de grandes recursos, tanto agrícolas como mineros. Los sabios que la gobernaban hacían reinar la más perfecta felicidad, distribuyendo el trabajo.
La Atlántida descrita en el Critias se divide en distritos. Los numerosos canales que la surcan convergen hacia la capital, de forma circular. En el corazón de ésta se levanta el palacio real, antigua residencia del Dios del mar. Se trata de una ciudadela de forma igualmente circular y de un diámetro de alrededor de 5 kms. Anillos concéntricos de tierra y de mar, unidos por túneles y puentes, componen esta Acrópolis.
Abriga templos, palacios y edificios públicos, así como campos de deportes. El más formidable de los templos es el dedicado a Poseidón. Sus fachadas exteriores están completamente cubiertas de plata y sus techos enchapados en oro.
En el interior, las bóvedas son de marfil cincelado con incrustaciones de oro, plata y oricalco (metal misterioso que se cree podría ser una aleación de cobre y oro). El templo está adornado con numerosas estatuas de oro.
Una de ellas sobrepasa a todas las demás, es la que representa a Poseidón, "de pie sobre un carruaje de seis caballos alados, y de tal magnitud que la figura toca la bóveda del edificio". La descripción de Platón muestra la riqueza y el poderío de la Atlántida. Un pretexto para utopías l texto de Platón es interpretado hoy en día como la primera de las utopías: una alegoría destinada a alabar los méritos del Imperio Ateniense, que se encontraba en esa época en decadencia.
Pero la ciudad ideal que describe el filósofo, ¿es puramente imaginaria, o la construcción platónica descansa en una tradición que podría tener orígenes históricos? Este debate aún no ha terminado. Los antiguos comentaristas parecen ellos mismos divididos sobre el sentido de los diálogos platónicos. Aristóteles, en el siglo IV a.C., afirma que la Atlántida no es más que un mito. Por otra parte, un discípulo de Platón afirma haber visto en Sais los jeroglíficos que relatan la historia contada a Solón. En la Edad Media la Atlántida es prácticamente olvidada. El interés por esta isla tragada por el mar renace en el siglo de los descubrimientos, e incluso algunos autores se arriesgan a identificar América como la isla platónica. Con mayor frecuencia los filósofos retoman el contenido de los tratados platónicos para disertar sobre la noción de ciudad ideal. Así el filósofo inglés Francis Bacon redacta en 1637 una Nueva Atlántida (Nova Atlantic) especie de novela científica donde navegantes llevados por los vientos a regiones inexploradas del océano acceden a las costas de una isla desconocida, donde un gobierno iluminado hace reinar la felicidad absoluta; el sueco Olav Rudbck traza una alegoría de su propio país como cuna de la civilización (Atland o Manhem, 1679-1702), y el catalán Jacint Verdaguer hace del continente perdido el objetivo de Cristóbal Colón (L'Atlantida, 1876).
En la época contemporánea el mito de la Atlántida continúa alimentando utopías filosóficas y ficciones novelescas. A comienzos de siglo XX, el escritor francés Pierre Benoit publica una Atlántida pronto famosa, donde la isla misteriosa se encuentra en pleno desierto.
Más seriamente, arqueólogos y especialistas del mar han intentado identificar la isla. Para los griegos Galanoupoulos y Marinatos, así como para el francés Cousteau, la Atlántida no sería otra que la isla de Santorín, situada a 110 kms. al norte de Creta. La isla es en efecto circular, y en el 1500 a.C., Creta estaba en el apogeo de su poderío. Su civilización minoica era brillante y su comercio se extendía por todo el Mediterráneo. Además era enemiga de Atenas y practicaba el culto al toro, al igual que los Atlantes. Pero en 1470 a.C. el volcán Santorín hizo erupción brutalmente. La erupción fue acompañada de grandes terremotos, lluvias de cenizas y una ola formidable de varias decenas de metros de altura. Fue esta ola la que debió abatirse sobre Creta, destruyendo su civilización para siempre.
Pero, ¿es posible que Platón hay confundido fechas y lugares, o mezcló deliberadamente eventos históricos y una tradición legendaria para forjar una alegoría de alcance político y moral? Esta última es una hipótesis plausible.
Si admitimos que la Atlántida realmente existió, surge el problema de su ubicación geográfica. Las hipótesis que se barajan son las siguientes:
De América a Escandinavia
Algunos ubican la Atlántida en América del Sur, con los mayas, y otros en Heligoland, isla de Mar del Norte, cerca de las costas danesas o alemanas (J. Spanuth) o en el Sáhara (idea popularizada por P. Benoit en su novela La Atlántida, 1919). Finalmente, algunos ven en la antigua ciudad de Tartessos (situada en la desembocadura del Guadalquivir, en España) la ciudad atlante.
Las Azores
Tomando en cuenta el texto de Platón, esta ubicación parece ser la más lógica. Ya en 1882 I. Donelly adelanta esta hipótesis. Más tarde, O.H. Muck, desarrollando argumentos adelantados por los arqueólgos Kircher y Schliemann, sostiene que las Azores son la antigua Atlántida.
Insiste en la situación geográfica de las Azores, y afirma que forman una zona de fractura en la corteza terrestre y que existe abundancia de volcanes en actividad.
Bimini
Pero otros piensan que la Atlántida se encontraba de hecho en la parte oeste del océano Atlántico, en las proximidades de la isla Bimini (Archipiélago de Las Bahamas). En 1968, una estructura sumergida fue descubierta en esta zona. Siguieron expediciones llevadas a cabo por M. Valentine, conservador honorario del Museo de Miami y D. Reikoff, experto en fotografía submarina.
Se reconocieron dos muros, orientados perpendicularmente uno respecto al otro. Tomando en cuenta que Bimini se hunde en forma paulatina en el mar, los dos investigadores dataron estas construcciones en unos 8.000 a 10.000 años, es decir, en una época en que ningún pueblo de la región conocido por los arqueólogos poseía un nivel cultural y técnico que le permitiera realizar tales muros. El único problema es que se ha puesto en duda el origen humano de tales estructuras, considerándolas hoy día como un fenómeno natural.
Así, es posible que futuros hallazgos arqueológicos y científicos permitan aportar datos más precisos sobre la ubicación y existencia de este maravilloso continente atlante, confirmando así las enseñanzas de Platón y todas las antiguas tradiciones esotéricas
Creta y La Atlántida

Tartessos, diversas civilizaciones americanas como la Olmeca o la Maya, Creta y Troya tienen algo en común. Todas estas culturas han sido propuestas como origen del mito platónico de La Atlántida. Imagino el desconcierto de muchos al ver que esas propuestas han sido defendidas con parecidos argumentos por parte de arqueólogos de reconocida solvencia profesional. Si ni ellos (que tendrían que saber de lo que hablan) consiguen ponerse de acuerdo, ¿qué esperanza tengo yo de enterarme de la realidad sobre este asunto? se preguntan numerosas personas. Intentaremos poner algo de orden en esta situación. Todas estas teorías tienen un fallo en común. Enfatizan las similitudes entre el relato platónico y la civilización de turno y prescinden de las diferencias. Por ello hemos pretendido incluir en este trabajo la totalidad de las principales afirmaciones platónicas sobre la isla de La Atlántida. Como ejemplo nos hemos centrado en la concordancia que más se está oyendo en estos momentos, La Atlántida sería un recuerdo de la explosión (a causa de una erupción volcánica) de la isla de Thera cercana a Creta en torno a 1.500-1.475 a. de C. Aunque por la razón indicada nos limitaremos a esta afirmación, este procedimiento sería aplicable a todas las demás identificaciones propuestas. Animamos a todos a continuar con este trabajo, a seguir profundizando con sentido crítico (incluso con este trabajo que no será perfecto ni estará libre de errores) en el conocimiento de las culturas antiguas. Pocas actividades son tan hermosas como indagar en el pasado. No encontraremos La Atlántida, que está hecha "del material que forma nuestros sueños" pero sí algo aún más importante, nuestras propias raíces.

LOS RELATOS SOBRE LA FUENTE
La narración sobre La Atlántida nos ha llegado en dos de los diálogos platónicos, el "Timeo" y el "Critias". En ambos es el mismo personaje el que narra la historia (Critias) y comienza por explicar la razón por la que él es poseedor de un conocimiento histórico que nadie más posee. Aquí comienzan los problemas, la historia es distinta en cada uno de los dos diálogos.
En "Timeo" Critias cuenta cómo Solón entabló conversación con los sacerdotes egipcios de la ciudad de Sais sobre la antigüedad de Atenas. Ante su sorpresa uno de los sacerdotes se rió de su ignorancia sobre sus propios antepasados ya que los atenienses habían perdido el recuerdo de su hazaña más gloriosa, el haber sido capaz de derrotar la expansión europea y asiática del imperio atlante. Con dicha narración, Solón quiso escribir un poema épico que hubiera superado a los de Homero que quedó inconcluso pero que había sido conocido por Critias el Viejo (le llamo así para diferenciarlo de su homónimo y nieto que es el participante en el diálogo platónico). Cuando Critias el Viejo tenía cerca de 90 años le contó la historia a Critias que tenía unos 10 años que aún la recordaba. En "Critias" comienza afirmando (108d) que casi todo lo que sabía de esta historia está en el dominio de Mnemósine (la personificación de la memoria) lo que supone una confirmación de la narración anterior. Sin embargo en 113a y b afirma que conserva en su casa los documentos de las investigaciones de Solón sobre La Atlántida que procedían de la casa de su abuelo Critias el Viejo lo que contradice la versión anterior.
Esto ya es suficiente para plantearse el grado de verosimilitud de toda la historia, pero cuando veamos las afirmaciones sobre la isla-continente veremos que la cosa se pone peor.

LOS RELATOS
¿Qué afirma Platón sobre La Atlántida? Pues muchas cosas.Veámoslas en cada uno de los dos diálogos y examinémoslas para ver si confirman la hipótesis de la identificación entre la civilización minoica y La Atlántida:

TIMEO
1) 9.000 años antes de Solón (es decir unos de 11.500 años B.P) los atenienses derrotaron al imperio atlante (24a)
La fecha de población más antigua para Creta se documenta en Cnosos y es aproximadamente de 6.100 a. de C. Por tanto, debemos considerar la afirmación como errónea sin duda.

2) El gran imperio atlante procedía del océano Atlántico y se estaba extendiendo por Europa y Asia. (24d)
La civilización cretense no procedía del Atlántico ni nunca formó un imperio. Aún cuando consideráramos la zona de influencia comercial y de asentamientos de factorías como colonias, aún en su momento de mayor expansión está muy lejos de la importancia que afirma Platón. Afirmación errónea sin duda.

3) La Atlántida era una isla gigantesca situada frente a las Columnas de Hércules y era mayor que Libia y Asia juntas. (24d y 25a)
En realidad Creta tiene una extensión de 8.330 km cuadrados. Sea lo que queramos entender por Asia (si se refiere Platón a toda Asia o sólo a la parte más conocida por los griegos) y Libia (si se refiere a la costa mediterránea de África o a todo el continente conocido), la extensión resulta mucho más reducida de lo real. Tampoco la situación frente a las Columnas de Hércules es correcta. Afirmación falsa sin duda.

4) La Atlántida estaba regida por una confederación de reyes y formaba un Gran imperio que comprendía varias islas y parte de los continentes asiático (hasta Egipto) y Europa (hasta Italia). (25a y b)
Puede resultar correcta la idea de la confederación de reyes. La existencia de diversos palacios en Creta hace pensar que existirían varios reyes aunque uno de ellos (el Minos) sería un primus inter pares. La idea del imperio que comprendería Italia y la costa Norte de África es errónea. Afirmación parcialmente errónea.

5) Los atlantes atacaron simultáneamente Egipto y Grecia y fueron derrotados por los atenienses. (25b y c)
Los minoicos no tenían una gran capacidad militar. No estaban capacitados para emprender una guerra de conquista en gran escala. Afirmación errónea sin duda.

6) Esto permitió la liberación de todos los pueblos que habitan dentro de las Columnas de Hércules (25c)
Puesto que no existió la conquista, tampoco puede existir la liberación de los pueblos. Afirmación errónea sin duda.

7) Tras un violento terremoto y un gran diluvio, no sólo se hundió La Atlántida en el mar, sino que también murieron los atenienses. (25d)
En lo que se refiere a Creta no hubo tal hundimiento por causa de un terremoto. En lo que se refiere a Thera hubo una explosión de tipo volcánico (algo que no se menciona para nada ni en Critias ni en Timeo). Sin embargo, considerando que la decadencia de Creta coincide más o menos con la erupción de Thera podemos pensar en que el maremoto que ocasionaría la explosión pudo causar graves daños a la marina comercial cretense que era fundamental en su economía. Sin embargo debió haber otros factores ya que los restos de alguno de los palacios muestra señales de saqueo y posterior incendio unos cien años después de la erupción de Thera. Si esto fue causado por una revuelta interna o por una invasión exterior es algo que aún se discute. Afirmación parcialmente correcta.

8) A resultas del hundimiento de la Atlántida a muy poca profundidad, las aguas no son navegables por causa de la arcilla procedente de la isla hundida (25d)
Ni las aguas de Thera ni las de Creta se convirtieron en peligrosas para la navegación. Afirmación errónea sin duda.

CRITIAS:
1) La Atlántida le había correspondido por sorteo al dios Poseidón que pobló dicha tierra con sus descendientes nacidos de una mortal. (113c)
Puede parecer curioso que en una sociedad con una economía dependiente en gran parte del comercio marítimo el culto a los dioses marinos fuera casi inexistente, pero así es. La razón es que los cretenses de 1.500 a. de C. parecen ser los descendientes de los primeros pobladores neolíticos sin haber tenido grandes influencias exteriores. Así, por lo que sabemos, la religión era aún la neolítica basada en una diosa de la fecundidad terrestre (que tal vez tuviera un paredro masculino) de la que nos han quedado algunas esculturas que la representan con el vestido cretense (con los pechos descubiertos) y sosteniendo dos serpientes en sus brazos. Sin embargo, con posterioridad sí debió introducirse un culto a la diosa marina Ya-mu (posiblemente un préstamo ugarítico de la divinidad Ym) como atestigua el ídolo de Monte Morrone con dedicación escrita en sistema lineal A y por tanto fechable en 1.800-1.600 a. de C. Sin embargo, por lo que sabemos, este culto nunca alcanzó la importancia de de la llamada Gran Madre. Afirmación probablemente errónea.

2) El centro de la isla era una llanura en cuyo centro había una montaña que distaba 50 estadios del mar (unos 10 Km) (113d)
En Creta hay cuatro macizos montañosos. Los Montes Blancos, los Montes Ida, los Montes Dikte y los Montes Asterousi. En ninguno de ellos se han encontrado restos ni de los denominados palacios ni de las residencias palaciegas que, por el contrario, se asientan en llanuras. Afirmación errónea sin duda.

3) Poseidón cerca dicha montaña con tres anillos equidistantes de mar y dos de tierra que llegan hasta el mar. (113e)
Tales anillos son inexistentes. Afirmación errónea sin duda.

4) En la montaña hay dos fuentes, una de agua caliente y otra fría. (113e)
Sinceramente, ignoro si en Creta existen fuentes termales.

5) Poseidón reparte la isla en diez partes y sitúa al frente de cada una a uno de sus hijos. La montaña fortificada y la parte de isla que la rodea se la entrega a su primogénito, Atlante (considerando que los diez hijos eran 5 parejas de gemelos varones determinó que el nacido en primer lugar era su primogénito). (114a y b)
Posiblemente la isla estaría dividida en zonas dependientes de los distintos palacios reales que se conservan (el más conocido es el de Knossos, pero también Malia, Festo, Kato-Zakro, Hagia Tríada, Gurniá, Khania...) Afirmación correcta.
6) Al segundo de los dos primeros le entregó la región adyacente a las Columnas de Hércules que en la actualidad (de Platón) se llama Gadírica. (114b)
Esta afirmación supone la negación de la suposición de que las Columnas de Hércules pudieran tener alguna localización distinta a la del Estrecho de Gibraltar. Afirmación errónea sin duda.

7) La transmisión de la corona se hacía por primogenitura. (114d)
Ignoramos los mecanismos de transmisión de la corona, por tanto no podemos pronunciarnos sobre este punto.

8) La isla era muy rica en minería, incluso poseía el oricalco el metal más precioso después del oro. (114e)
Los yacimientos mineros de Creta se reducen a hierro (sin uso en esta época), cobre y algo de plomo. Afirmación errónea sin duda.

9) Había gran abundancia de animales domésticos y salvajes, empezando por el elefante. En la isla había pantanos, lagunas y ríos (114e)
Aunque Creta mantenía una ganadería floreciente, no existía una fauna salvaje destacable y la escasez de precipitaciones hace que haya pocos ríos. Afirmación errónea sin duda.

10) También existía toda clase de flora y plantas comestibles. (115a, b y c)
Las llanuras son bastante fértiles y propicias para la agricultura mediterránea. Afirmación correcta.

11) Había templos, palacios reales, puertos y astilleros. (115c)
Sí en lo que respecta a los palacios reales, puertos y astilleros. Dudoso en lo concerniente a los templos dependiendo de lo que entendamos por tales. Afirmación correcta con la reserva expresada.

12) Construyeron puentes sobre los anillos de mar y edificaron el palacio real en la montaña (115d)
Véase C2 y C3. Afirmación errónea sin duda.

13) Construyeron canales navegables que unían los anillos de mar. (115e)
Por C3, afirmación errónea sin duda.

14) Construyeron una triple muralla que recubrieron con hierro, casiterita y oricalco. (116c)
Los cretenses no fortificaron nunca los palacios reales ni conocían el uso del hierro para que la muralla recubierta de este metal fuera posible. Afirmación errónea sin duda.

15) En el interior del palacio real había un templo rodeado por una valla de oro dedicado a Poseidón de un estadio de largo (unos 200 metros) por 300 pies de ancho (unos 100 metros) recubierto de plata excepto las bóvedas que estaban cubiertas por oro. (116d y e)
Si bien es cierto que en el interior de algunos palacios existen santuarios semi-subterráneos éstos son de reducidas dimensiones y de una arquitectura materialmente pobre. La arquitectura era arquitrabada así que nada de bóvedas. Afirmación parcialmente errónea.

16) Canalizaron las aguas procedentes de las fuentes. (117a)
Los palacios poseían canalizaciones hidráulicas y desagües. Afirmación correcta.

17) Existía un bosque sagrado dedicado a Poseidón. (117b)
Los lugares de culto más importantes que conocemos están situados en los palacios y en cuevas. También existen algunos al aire libre. Afirmación posiblemente errónea.

18) Existían templos dedicados a muchos dioses, jardines, gimnasios (tanto para hombres como para caballos). (117c)
Como ya hemos dicho, los templos no eran importante ni demasiado numerosos. Lo de los caballos no llega hasta la época de influencia micénica posterior a este periodo. Afirmación parcialmente errónea.

19) En el centro de la isla había un hipódromo. (117c)
No lo había. Afirmación errónea sin duda.

20) Alrededor de esta zona se extendía una gran llanura oblonga de 3.000 estadios (unos 600 km) de largo por 2.000 estadios en el centro (unos 400 km) (118b)
Tal llanura no cabría en la isla entera. Afirmación errónea sin duda.

21) El ejército estaba formado por carros de guerra, hoplitas (infantes), arqueros y honderos. (119a y b)
Hasta la época (posterior a la erupción de Thera) de influencia micénica en la que se produce la casi total desaparición de la escritura lineal A y el auge de la escritura lineal B, no hay señales del empleo de caballos (ni por tanto de carros de guerra). El ejercito minoico o no existió o tuvo muy poca importancia. Se han encontrado muy pocas armas y éstas eran más bien objetos preciosos que útiles. Afirmación errónea sin duda.

22) Los 10 reyes tenían poder de vida y muerte. (119c)
Lo ignoramos. No sabemos qué poderes tenían los reyes minoicos aunque algún arqueólogo como Effenterre opina que existió incluso una asamblea popular basándose en la existencia de un edificio conocido como el "Ágora" en Mallia. Es una afirmación muy arriesgada. En cualquier caso, no podemos pronunciarnos sobre dicha afirmación.

23) Existía una columna con leyes escritas que se conservaba en el templo de Poseidón. (119c)
Por lo que sabemos de la escritura lineal A y de la escritura jeroglífica (posiblemente derivada de los jeroglíficos luwitas), los textos que nos han llegado tienen un carácter administrativo o religioso. No parece haber textos legales. Afirmación posiblemente errónea.

24) Cuando iban a juzgar un delito sacrificaban un toro en honor de Poseidón y vertían su sangre sobre la columna. (119e y 120a y b).
Sobre el culto al toro, más bien parece haberse tratado de unas ceremonias relacionadas con la fecundidad que ceremonias de tipo legal. Según los murales, se trataba más bien de una serie de "danzas" con ese animal que de un sacrificio sangriento. Afirmación parcialmente errónea.

25) Cuando se mantuvieron en la obediencia a las leyes divinas prosperaron, pero al apartarse de ellas se perdieron (121a)
Dado que es un juicio moral, no podemos pronunciarnos sobre él.

RESUMEN DE LAS AFIRMACIONES
De las 33 afirmaciones distintas sobre la Atlántida, según la hipótesis de que Platón pudiera estar describiendo la Creta minoica anterior a 1.500 a. de C. resultan ser 18 erróneas sin lugar a dudas, 6 erróneas posiblemente o en distinto grado de error, 5 ciertas sin duda o en distinto grado de certeza y de 4 no tengo datos para pronunciarme o no admiten corroboración histórica. Pretender una identificación con poco más de un 15% de coincidencia me parece muy osado.

La Guerra del Peloponeso



Para la oligarquía resultó verdaderamente más perjudicial el hecho de enajenarse la voluntad de los miembros de la propia clase que pretendía restaurar en el poder. La oligarquía, decía Platón, produce la violencia dentro de la propia clase. De este modo, comienza a agruparse un sector de los exiliados, encabezados por Trasibulo y Ánito, que se manifiestan defensores del sistema hoplítico. Varias de las ciudades aliadas de los espartanos les prestaron ayuda, lo que indicaba cómo la radicalización de posturas subsiguiente a la guerra permitió paralelamente la desintegración de la coherencia de cada bando. Los grupos más extremados de Atenas necesitan el apoyo espartano, pero los aliados de Esparta no se identifican con esos grupos en el momento de definirse en relación con la política interior ateniense. Están dispuestos a admitir la inclusión de tres mil en la ciudadanía activa, pero Terámenes ataca el esquematismo, en la idea de que todos los buenos deben integrarse con pleno derecho. Critias utiliza el apoyo de bandas armadas representantes de los grupos secretos aristocráticos que se convirtieron en su verdadero apoyo. Terámenes parecía próximo a una figura como la de Sócrates, que se quejaba de la violencia de los Treinta, pero Critias critica sus contradicciones, sobre la base de que no es posible la oligarquía sin tiranía. Terámenes, por su parte, tampoco admitía la democracia en la que tenían parte los que necesitan una dracma, es decir, los que reciben el misthós, los thetes. La restauración democrática vino de la mano de Trasibulo y sus colaboradores, que pasaron de Tebas a File y luego al Pireo, donde se sitúan en Muniquia. Los Tres Mil deponen a los Treinta y nombran a los Diez para negociar. Los Treinta se refugiaron en Eleusis hasta el ano 401-400. La resistencia se hizo más difícil cuando entre los propios espartanos surgieron diferencias que enfrentaban a Lisandro y a Pausanias, este último contrario a apoyar el régimen tiránico que había recibido la ayuda del primero. Trasibulo se presenta como abanderado del discurso de la concordia, lo que llevó a que posteriormente se declarara la amnistía, unida a la restauración datada en el año ático 403-02, el del arcontado de Euclides, específicamente alabada por Aristóteles como moderada. Algunas medidas pueden ser significativas, como la instauración de los nomótetas, encargados de redactar leyes, que se encontrarían por encima de cualquier decreto que hubiera sido votado en la asamblea. También se plantearon reformas sobre el estatuto de la ciudadanía, algunas tendentes a la ampliación, incluyendo metecos y esclavos por méritos de guerra, otras tendentes a la reducción, como la de Formisio, del grupo de Terámenes, que pretende que se reduzca a los que tienen tierras, pero que fue rechazada. Su aprobación habría significado, según Dionisio de Halicarnaso, la exclusión de cinco mil ciudadanos, lo que quiere decir que la medida no se refería al estatuto del hoplita, sino que admitía como ciudadano a propietarios de pequeñas parcelas de los que se incluían entre los thetes. El síntoma más significativo de que los conflictos continuaron fue la condena de Sócrates, el año 399, donde siguen presentes los efectos de los anteriores enfrentamientos, como el de Terámenes con Critias, pero también el proceso de las Arginusas y las actuaciones conflictivas de Alcibíades y Critias, de cuya formación se acusaba a Sócrates. La presencia entre los acusadores de Ánito, participante en el proceso de restauración, enemigo de los sofistas, admirador despreciado de Alcibíades, es uno de los síntomas, en definitiva, de la pervivencia de la conflictividad interior en la ciudad.

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