sábado, 23 de agosto de 2008

NUESTRO MUNDO INTERIOR SEGUN JUNG

Nuestro Mundo Interior, según Jung



La investigación de los sueños:
Al estudiar los sueños corremos el riesgo de creer que el inconsciente es un campo de exploración ilimitado que el individuo no podrá conocer jamás con los escasos medios de que dispone. Pero esta actitud es preferible a la complacencia. Después de todo, conocemos el consciente - nuestra consciencia del Yo – bastante poco todavía. Menos mal que se ha dado un primer paso al aplicar teorías psicológicas al tratamiento de las enfermedades mentales. Las ambiciones de Jung siempre fueron modestas y él nos recuerda que «la psicología es una de las ciencias más recientes». Y nosotros tenemos buenas razones para creer en su evolución posterior. Siendo que ella no era al comienzo más que una rama de la filosofía, apoyándose sobre todo en el método empírico, ha evolucionado considerablemente en el curso de los últimos cien años. Se han hecho progresos importantes gracias a las numerosas tentativas por comprender la actividad psíquica inconsciente. Debido a ellas, los psiquiatras y todos los que se consagran a la salud mental han podido trabajar mejor. Jung, desde que era un joven médico, constató que la hipnosis no bastaba para ayudarle a comprender la actividad del inconsciente. Para su sorpresa, sus investigaciones experimentales le dieron rápidamente la prueba del papel que jugaba el inconsciente en la formación de los complejos. «El mérito particular de Freud - dice Jung - es de haber elaborado un método práctico de investigación de ese inconsciente; pero, además, tengo la impresión de que es mi deber rendir reconocimiento, en justicia, también a todos aquellos que establecieron las bases sin las cuales ni Freud ni yo hubiéramos podido cumplir nuestra tarea. Es así que Pierre Janet, Auguste Forel, Théodore Flournoy, Morton Prince, Eugéne Bleuler, merecen que les otorguemos un reconocimiento cada vez que hablamos de la psicología médica».

Las investigaciones que siguieron a las experiencias con las asociaciones verbales se referían, sobre todo, al inconsciente colectivo y a la manera en que esta hipótesis permitía comprender los problemas contemporáneos en los tratamientos de enfermedades mentales. «En cada niño - decía Jung - preexiste
una disposición psíquica funcional adecuada, anterior a la consciencia».

Partiendo de la idea de que la psiquis es un fenómeno natural y de que los sueños son manifestaciones de
la actividad creativa inconsciente, Jung emprendió el estudio sistemático del contenido de los sueños y más particularmente de sus aspectos colectivos. La empresa era ardua, pues él era el explorador de un territorio desconocido. No se trataba de una búsqueda mística en un universo imaginario y abstracto, sino de una tentativa seria para penetrar el sentido de materiales extraños que le eran proporcionados no sólo por sus pacientes, sino también por gente normal. Pues todas las personas sueñan.

Para comprender mejor el pensamiento de Jung, digamos algo del hombre que era. Aquellos que alternaron con él personalmente, fuera de las salas de conferencias, le reconocían un espíritu positivo, una conversación plena de humor y el don de hacer que sus invitados se sintieran cómodos tratándolos en un plano de igualdad. Cuando era joven, amaba las excursiones a la montaña y navegar a la vela en el lago de Zürich. Ese gran lago rodeado de colinas exige mucha atención y presencia de espíritu al surcar sus aguas. Todavía un joven padre de familia, le encantaba acampar a las orillas del lago, no lejos del lugar donde se encontraría más tarde su casa de Bollingen. El llamó a esta construcción, en la que participó activamente: "la Torre". La vida allí era muy simple porque Jung la deseaba así. Le gustaba encontrarse próximo a la tierra y dedicarse a tareas cotidianas: cortar leña, cocinar, cosechar patatas. Tenía los pies bien puestos sobre la tierra en varios aspectos.

Cuando se dedicó al inconsciente, su motivación antes que nada era las necesidades de sus pacientes. Quería comprender la razón de ser de sus síntomas, su origen, y cómo sanarlos. Desde sus comienzos, había comprendido la importancia del estudio de la actividad consciente, y fue así como elaboró su psicología. Pero esta búsqueda no tendría valor si no era asociada al inconsciente. Para él, la psiquis era un continuum sin divisiones rígidas entre consciente e inconsciente.

Las investigaciones sobre la psicología de los sueños le condujeron naturalmente al estudio más profundo de los contenidos del inconsciente . El médico que era tenía el deber de penetrar tan lejos como le fuera posible en el mundo interior del alma. Era necesario que comprendiera los síntomas de los que se quejaban sus pacientes. Escuchaba entonces con una atención extrema lo que ellos tenían que contarle . Incluso en una conversación ordinaria se cercioraba si había comprendido bien . El interlocutor podía expresarse en su lengua materna sin que eso le perturbara, pues Jung era un sabio lingüista. Cuando sus pacientes le contaban sus sueños, les sorprendía ver la seriedad con que los escuchaba, siendo que para ellos esos sueños no tenían mayor interés. Jung les solicitaba escribir sus sueños y reflexionar sobre ellos. No le gustaba que se le llevara un sueño pidiéndole que lo interpretara, sin que antes el portador no hubiera reflexionado sobre él.

La imaginación activa:
Una de las metas del análisis onírico era la de comprender la manera en que el yo, centro del consciente, está ligado a los contenidos del inconsciente, Jung no siempre ha explicado claramente lo que él entendía por «fantasía» y por imaginación. La imaginación es el proceso mental que crea una imagen sin un punto de partida sensorial. Es un fenómeno que todo el mundo conoce. Jung utiliza a veces la palabra «fantasía» en ese sentido. El distingue, sin embargo, con cuidado entre fantasía e «imaginación activa».

«Una fantasía es más o menos una creación personal; ella permanece normalmente al margen de las preocupaciones y de las expectativas conscientes. Al contrario, en la imaginación activa las imágenes tienen vida propia y los eventos simbólicos presentan un desarrollo lógico autónomo, en la medida - entendamos bien – que el consciente no se mezcle en ello».

Pero el pensamiento consciente viene a menudo a entorpecer el curso de la imaginación creativa, como lo testimonia amargamente Coleridge, que fue interrumpido mientras transcribía febrilmente un sueño apasionante. No resta, por desgracia, más que un fragmento: Kubla Khan . Todos nosotros hemos estado «en la luna» cuando nos dejamos ir al vaivén de nuestros pensamientos, venidos no se sabe de dónde, y descartados como absurdos cuando retomamos «nuestra consciencia». Algo está actuando en nosotros en esos momentos y bien puede ser el inconsciente, pues esto no se parece en nada al pensamiento consciente, como cada uno lo sabe bien. Jung pensaba que si pudiéramos entrenarnos en recrear este estado de ánimo, debería ser posible entrar en contacto con el inconsciente mientras nos mantenemos conscientes. Con entrenamiento se puede, en efecto, concentrar la atención sobre una imagen mental que bien pronto se modifica, se mueve, es sustituida, aun al flujo del consciente. Que quede claro que esas son ilusiones, invención pura, no es en verdad el inconsciente. Pero la semejanza es grande entre este fenómeno imaginario y el sueño, que no es nuestra invención. Nosotros no nos damos cuenta hasta qué punto dependemos del inconsciente en nuestra vida consciente, aunque no sea más que para hilvanar una conversación trivial. A menudo nos sorprendemos de nuestras propias palabras o de las ideas admirables (o reprochables) que nos cruzan la mente «a partir de nada» (es la manera que tenemos para describir el inconsciente).

Las ensoñaciones parecen un tema bastante débil para investigaciones serias. Pero no debemos olvidar que las idea que nos «pasan por la cabeza» nos ayudan muy a menudo a resolver problemas en nuestra
vida cotidiana . No podemos contar con su aparición: ellas son imprevisibles. Pero cuando aparecen, estamos en contacto con nuestro inconsciente aunque no sea más que por un instante. «¿Por qué - se pregunta Jung - este contacto tiene que ser tan fugitivo? ¿Se prolongaría tal vez un tiempo más largo si fuéramos receptivos, relajados, en lugar de críticos o curiosos?». El tenía razón. Así nació la técnica de la imaginación activa. Ella no reemplaza el método de amplificación de los sueños, ella lo complementa.

He aquí lo que Jung dijo de la imaginación activa: «Es verdad que hay fantasías inútiles, fútiles, mórbidas y poco satisfactorias, cuya esterilidad aparece de inmediato para cualquiera que tenga un poco de sentido común; pero una mala representación no quiere decir que no las haya buenas. Todas las obras humanas
han salido de la imaginación creadora... Pero volviendo a mi técnica, me cuestiono respecto en qué medida se la debo a Freud. Es cierto que la he adquirido gracias al método de las asociaciones libres de Freud, y considero que se origina directamente de ellas».

Jung no pensaba que esta técnica pudiera ser utilizable por todos. No se servía de ella más que en un estado avanzado del análisis y únicamente con sujetos equilibrados. La técnica tenía la ventaja suplementaria de poder ser utilizada por el sujeto solo, ya sea que se dispusiera a meditar sobre un sueño
o a pensar en cualquier otro tema.

Cuando tenemos éxito en fijar nuestra atención sobre el curso de nuestros pensamientos , nuestro inconsciente puede generar sorprendentes imágenes e ideas notables. A veces las imágenes que emergen durante la imaginación activa reemplazan los sueños, pero esto no es frecuente. La imaginación activa puede prestar servicios al análisis onírico, sobre todo cuando aparece un nuevo tema cuya elucidación exige un acrecentado esfuerzo. No existen reglas prescritas para la utilización de la imaginación activa en tales o cuales casos; el analista se dejará guiar por el equilibrio del paciente, la intensidad de su participación y su buen sentido. Sin embargo, las imágenes son a veces tan fugaces que puede resultar útil dar a la imaginación activa la posibilidad de expresarse por intermedio del dibujo, de la pintura espontánea o del modelaje . Estos instrumentos para captar el inconsciente no son apreciados en su justo valor. Sin un objetivo preciso, la imaginación conduce el juego y guía la mano, sin ninguna intervención de la intención consciente.

Sólo los no iniciados quieren comprender el significado de estas imágenes. Ellos parecen creerlas desprovistas de valor si el intelecto no puede comprenderlas. Por el contrario, aquel que se dispone a esta actividad de imaginación creativa artística no tiene necesidad de creer en su pintura; no se le ocurrirá pensar en los temas que ella pueda representar. El se apoya sobre el sentimiento. Para él, no tiene importancia que su pintura tenga un sentido, una finalidad precisa; él siente placer al pintarla, no por su valor artístico sino por el sentimiento de liberación y de plenitud que le procura su creación. Pintar un cuadro, modelar la arcilla, es hacer un viaje, es descubrir el universo profundo de la psiquis. Durante el trayecto, los estados de ánimo anteriormente perturbadores son captados, su significado es vivenciado, percibido en la duración de un relámpago de comprensión intuitiva. Las consecuencias de esta actividad creadora no son disminuidas por el hecho que el artista no sepa lo que su cuadro, su escultura, quieren decir en términos intelectuales; él no piensa lógicamente. El significado es del dominio de la ciencia; pero la vida no siempre está bajo la férula de la razón pura.

El arte espontáneo:
La pintura y el modelado son auxiliares preciosos en psicoterapia . Pintar, viendo a una imagen tomar forma, constituye una actividad creadora que conduce al artista de descubrimiento en descubrimiento. Aquellos que jamás han hecho pintura espontánea no pueden comprenderlo. La idea no es nueva. Este método fue largamente empleado antes de Jung. Es suficiente saber cómo mezclar los colores. Las aptitudes naturales toman pronto la directiva. Ninguna regla, ningún aprendizaje es necesario. El esfuerzo de concentración que exige libera una energía que parece movida por el inconsciente. La intención consciente no juega más que un papel secundario. Jung constataba que el arte espontáneo ayudaba realmente a sus pacientes a expresar la atmósfera de un sueño o de una sesión de imaginación activa. A través de la pintura - o del modelado - la impresión que se tiene del inconsciente pasa a ser una realidad. Esta experiencia sorprendente impacta a aquellos para los cuales el inconsciente no era sino una palabra abstracta del vocabulario psicológico. Este resultado da al arte espontáneo su valor práctico. No podemos aprehender al inconsciente como si fuera un objeto. Pero podemos experimentarlo por intermedio de la imaginación activa en la pintura, el modelado, el dibujo, el tallado en madera. Todos estos medios pueden ser utilizados para este fin.

Jung mismo ha recurrido a la pintura para comprender sus sueños. «Es suficiente – dice - contemplar los dibujos y las pinturas de los pacientes que practican la imaginación activa en el curso de su análisis, para darse cuenta que los colores son valores afectivos. En general, para comenzar se sirven de un lápiz o de una pluma para hacer un esbozo del sueño, de la idea o de la fantasía. Pero, a partir de un cierto momento, los pacientes empiezan a utilizar el color. El interés puramente intelectual cede paso a la participación afectiva. Se observa a veces este mismo fenómeno en los sueños, que son entonces en colores, o bien en aquellos en que el acento es colocado sobre un color particularmente vivo». Basta un poco de entrenamiento para dejar que la imagen se desarrolle «por sí misma». Los niños tienen éxito desde el principio en pintar en forma imaginativa sin que se les ayude; los adultos son más sofisticados y, al comienzo, les cuesta ser naturales.

Jung dice todavía: «Dar una forma a lo que es informe es eficaz sobre todo cuando la actitud consciente no ofrece ningún medio de expresión a un inconsciente que se desborda».

Es en tales casos que se obtienen los resultados más sorprendentes. El cuadro iniciado sin saber bien por qué, empieza poco a poco a tomar forma, comienza a vivir y a expresar realmente algo indecible: es el lenguaje de los sentimientos y de las emociones. Establecer un contacto con la fuente de nuestras emociones tiene un valor innegable. ¿No son acaso ellas quienes determinan el éxito o el fracaso de la mayor parte de nuestras empresas?



E. A. Bennet




Traducido y extractado por Carmen Bustos de
Bennet E. A.- Ce que Jung a vraiment dit.
Marabout Université.

Más Información:
Jung, C. G.- Formaciones de lo Inconsciente.- Paidós
Jung, C. G.- Lo Inconsciente.- Losada
Jung, C. G.- Realidad del Alma.- Losada
Jung, C. G.- Psicología y Alquimia.- Santiago Rueda
Jung, C. G.- Psicología y Simbólica del Arquetipo.- Paidós

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