martes, 17 de febrero de 2009

MEDEA, JASÓN Y LA BÚSQUEDA DEL SECRETO DE LA CURACIÓN

MEDEA, JASÓN Y LA BÚSQUEDA DEL SECRETO DE LA CURACIÓN

Por el Grupo de investigación en Mitología del Proyecto Trenkehué .

En el trabajo de investigación, que se extendió desde 1994 hasta 1999, han participado varias decenas de personas; entre los que cabe destacar a: Sandra Alarcón, Jorge Bosia, Zulema Castiglione, Cristina Cavalleri, Carmen Limousin, María Risetti, Carlos Tereschuk, Roberto Tereschuk y Ani Zetina.



Acerca de este artículo

En lo que sigue presentaremos parte de la historia de Jasón y Medea, acompañando el relato con una interpretación. La historia de Jasón y Medea que tomamos en este trabajo se basa en el estudio de la obra del escritor griego Apolonio de Rodas, “Argonáutica”, del Siglo III aC.

Esta interpretación es uno de los frutos del trabajo que durante varios años ha venido realizando un grupo de autogestión reunido en la Escuela de Mitología del Proyecto Trenquehué, en Buenos Aires.

Vayamos al asunto.



Un emprendimiento grupal

Un grupo de héroes griegos, congregados por Jasón, partieron en una nave llamada Argo hacia una tierra lejana, Cólquide. Van a la búsqueda del Vellocino de Oro.

ATENCIÓN : ¿el objetivo es recuperar el vellocino ?

Este viaje mítico tiene la peculiaridad de ser un emprendimiento grupal. Jasón convoca a los más reconocidos héroes griegos, y él mismo no desempeña el rol de jefe indiscutido. Cada una de las etapas del itinerario implica la integración de diferentes y riquísimas experiencias, en algunos casos dolorosas, cuyo significado, como veremos, tiene que ver con las pruebas por las que ha de pasar quien busca la curación.

El Argo no es una nave cualquiera, fue construida bajo el asesoramiento de Atenea, la diosa amiga de los héroes. Está construida con madera del monte Pelión, donde vive Quirón, el centauro médico y maestro de vida. Cuenta con una proa oracular, parlante, capaz de pronunciar profecías, construida con madera de roble de Dodona, el árbol consagrado a Zeus y la ciudad del más importante de sus santuarios. Zeus indica aquí la dirección (proa), es decir, el sentido evolutivo de las experiencias que van a vivir. Las naves. han sido desde antiguo el medio más eficaz que la especie humana logró desarrollar para atravesar los mares, para vérselas con el mar, y así poder tomar distancia de las costas. Las naves permiten tomar contacto con Poseidón, dios del mar, y símbolo, en consecuencia, tanto de la indefinida historia de la vida como de la infinitud a crear. La nave, por tanto, es símbolo de la conciencia, internándose en lo infinito, más allá de los seguros bordes de lo conocido. Por su nombre, Argo, tiene dos significados: “ágil, veloz” y “blanco, plateado, brillante”; indica pues un estado de conciencia pleno de posibilidades que buscan su realización y diferenciación, tal como ocurre con el blanco, que se abre en toda la gama de los colores. El “plateado” remite a la Luna. En ese sentido, la nave, apuntando al pasado, -la Luna-, es el modo de conciencia primario que sirve de base a todo el desarrollo posterior, mientras que, apuntando al futuro –ágil, veloz, blanco- es el indicador de un camino que hará llegar al grupo a un estado propiamente “solar”, o soli-lunar, es decir: de plena apropiación de las posibilidades humanas.



El vuelo del carnero

Frixo es uno de los hijos de Atamante y Néfele. Atamante, aconsejado por su segunda esposa, quiso sacrificar a sus dos hijos, Frixo y Hele, pero Zeus envió un carnero alado de vellón de oro que los salvó del sacrificio. Durante el viaje, Hele cayó al mar y se ahogó, pero Frixo logró llegar sano y salvo a la corte del rey Eetes, en Cólquide....

ATENCIÓN : Frixo es un punto de referencia para los Argonautas, aunque no formaba parte de la tripulación, pues había vivido una generación antes que Jasón.

El nombre Frixo significa “onda”. Según la visión actual de la ciencia, la materia puede interpretarse en términos de partículas o de ondas. Ambos conceptos remiten a la concepción elemental de lo que denominamos energía. Y como la materia es energía, según lo demostrado en el Siglo XX, la materia en su totalidad, puede interpretarse en términos de ondas. La onda describe la naturaleza íntima de la luz y de todos los elementos con que nos encontramos.

El carnero, por su capacidad de arremeter ante cualquier obstáculo simbolica la fuerza de la vida manifestándose, el empujón vital.

La figura de Frixo montado en el carnero de vellón de oro, puede entenderse como una imagen que indica la propagación ondulatoria de todo impulso de vida.



El encuentro con el maestro

Jasón es hijo del rey Esón y Alcímeda. Pero durante su infancia, su tío Pelias usurpó el trono de Yolco expulsando a su hermano Esón. Para protegerlo, sus padres enviaron a Jasón a otras tierras, donde fue educado por el centauro Quirón.

ATENCIÓN : la familia de Jasón indica el significado del mito.

El nombre Esón remite al concepto de “desequilibrio o desproporción”. El nombre de su esposa Alcímeda podemos traducirlo como “la fuerza del pensar”. Esta pareja está indicando, pues, que el hecho de tener pensamiento -atributo de lo humano- tiene como efecto la pérdida de la proporción, que en el plano prehumano, se da espontáneamente. La conciencia produce necesariamente una polarización.
Estos son los padres de Jasón. El nombre de éste se puede retrotraer a la idea de "curador” o “curación”.

El nombre del personaje que se apoderó del trono, Pelias, significa “lívido, oscuro, amoratado, sombrío, manchado”. Interpretamos estas características como las manifestaciones en el cuerpo de un estado de enfermedad.

Podemos decir entonces que la “desproporción” es expulsada de su trono por “la enfermedad”, y su hijo “la curación” es el encargado de recuperar el impulso vital.
¿Cómo se entiende esto? ¿Cómo es posible que la enfermedad desbanque a la desproporción? ¿Acaso entonces la enfermedad es algo "bueno"?

En efecto, la idea central es que la enfermedad es un intento desesperado del cuerpo para recuperar el equilibrio compensando las polarizaciones que realiza la conciencia.

En su exilio, Jasón recibió la educación del centauro Quirón, una formación muy completa en diversas áreas y especialmente en medicina, ya que Quirón era un experto médico.



Nacimiento y polaridad


Cuando Jasón alcanzó la mayoría de edad volvió para recuperar el trono de Yolco. Ahora bien, Pelias había oído cierto oráculo acerca de que en el futuro sería abatido por los manejos de un hombre que calzara una sola sandalia. Resulta que Jasón, al atravesar a pie el río Anauro, logró sacar del fondo fangoso una sola sandalia y perdió la otra allí, arrebatada por la corriente. Es que Jasón tuvo que transportar a una anciana que pedía ayuda para atravesar el río, y que resultó ser la diosa Hera disfrazada. Cuando se presentó ante Pelias, éste celebraba una fiesta en honor a Poseidón y los demás dioses, a excepción de Hera, a quien no rendía culto.

Cuando Jasón le reclamó el trono, Pelias le aseguró que se lo entregaría si previamente recuperaba el Vellocino de Oro. Esto le demandaba a Jasón un largo viaje con muchos obstáculos, por lo cual Pelias estaba seguro que no volvería con vida.

ATENCIÓN : la diosa Hera es una aliada del viaje del Argo

¿Qué nos dice este símbolo del joven que calza una sola sandalia?
El pie representa en síntesis total de un individuo, por eso ciertas disciplinas terapéuticas trabajan sobre cualquier parte del cuerpo aplicando masajes y otras técnicas sólo en el pie. En esa línea, el “calzado” es la metáfora de la “personalidad” de la que nos revestimos los humanos.

Pero la personalidad surge a partir de elegir siempre uno de los polos en que se abre cada posibilidad de vida. El mundo se le abre en polos complementarios a la conciencia humana, de modo que hacemos nuestra experiencia humana como seres polarizados. Al elegir en cada caso uno de los polos rechazamos ineludiblemente el otro. Esto es lo que representa el hecho de que Jasón llega con una sola sandalia.
El ser humano, al estar constitucionalmente polarizado, no está entero, no está íntegro.

Jasón pierde una de las sandalias en el cruce del río Anauro. El cruce de éste por Jasón simboliza por tanto:

a) el “nacer” del ser humano, quien por este mismo hecho, debe polarizarse (perder un calzado);

b) el “nacer” del curador, ya dotado de conocimientos por su maestro Quirón, dispuesto a reclamar al “estado de enfermedad” (Pelias) que le devuelva el trono que le pertenece; pero en función de lo cual deberá superar el desequilibrio (Esón) del que hemos partido.

¿Es posible entonces el equilibrio? Sí y no; es posible lograr menor desequilibrio; pero no es posible mantenerse dando constantemetne en el blanco.
El encuentro con la diosa Hera puede entenderse como un compromiso con la condición de estar vivo y cuidar el cuerpo. Esta poderosa diosa simboliza el plano de la manifestación en su conjunto, el hecho de que hay cosas, que se nos hacen patentes por medio de la luz, entre las cuales se encuentra el cuerpo humano.

Zeus (cuyo nombre mismo significa “luz”) y Hera, conforman el par “luz – manifestarse”, en el que la luz es activa y fecundante de nuevas posibilidades en la manifestación. Que el plano de la materia se encuentre vigoroso y saludable es competencia de Hera, y lo será también de Jasón; por eso éste “carga” con ella en su cruce del río.



El papel de lo inconsciente

Tyro fue violada por Poseidón y de esta unión forzada nacieron los gemelos Pelias y Neleo; que fueron dados a luz en secreto y abandonados. Más adelante, Tyro se casará con Creteo, de quien da a luz, entre otros, a Esón, padre de Jasón.

ATENCIÓN : habiendo conciencia hay, necesariamente, lo inconciente, y Poseidón es el símbolo de esta dimensión infinita de la psique humana.

El nombre “Tyro” significa: “reducir a queso, hacer espeso como el queso, cuajar, endurecer”; y también “turbar, perturbar, producir desorden o confusión”; es decir, que se trata de una referencia al proceso de la conciencia de entrar en tratos con el cuerpo, que implica, como dijimos ya, la pérdida de la proporción y, por tanto, la perturbación .

Pelias y Neleo son dos aspectos de la enfermedad. Pelias, como ya indicamos, es lo manifiesto de la enfermedad, los síntomas; mientras que Neleo, como su nombre lo indica, es la crueldad y falta de misericordia de la enfermedad.

Poseidón representa, por sustracción, la dimensión inconciente del alma. En verdad, Poseidón es la totalidad del alma, pero esa totalidad es inalcanzable en los seres humanos vivos –pues nuestra condición es ser incompletos-. Si le sustraemos la conciencia a la totalidad, nos queda lo inconciente. Por ello es que Poseidón –que jamás perdería su sandalia-, contiene lo que nosotros llamamos “inconsciente”. Lo inconsciente se nutre de lo que excluimos al “elegir” un polo, y en eso excluido reside el origen de nuestra posibilidad de integridad, o sea, de salud.

Pelias/Neleo -el fenómeno de la enfermedad-, es fruto de la acción de la totalidad (Poseidón) que “viola” inevitablemente al cuerpo (Tyro), la forma manifiesta. Pues la vida con su inmensidad infinita viola siempre las parcialidades que van adquiriendo forma en el tiempo.

Tyro se casa luego con Creteo, cuyo nombre significa “mezcla”, en cuya casa, por otra parte, había sido educada. Y con él engendra a Esón, el desequilibrio, padre de Jasón; pues sin este desequilibrio no habría necesidad de curación alguna.

Vemos pues que del encuentro-violación entre el alma en tanto se manifiesta a través de un organismo (Tyro), y lo inconsciente o totalidad (Poseidón), se engendra la enfermedad (Pelias y Neleo). En cambio, la misma (Tyro), con la capacidad de mezclar (Creteo), engendran la desproporción de los elementos (Esón), padre, a su vez, de la posibilidad de curación (Jasón).

La palabra “enfermedad” encierra la raiz “med”, presente también en “médico, remedio, meditar, medida”, y también, por cierto, en Medea. Esta raíz “med” tiene un significado relacionado con pensar. De modo que la enfermedad “piensa”, o sea: significa, dice. La enfermedad es portadora de un mensaje que se expresa a través del síntoma, que muestra en el cuerpo aquello a que la conciencia no da acceso. Aquello que es olvidado en el fondo del río Anauro.



Apolo y el concepto de salud

Jasón convocó a los más conocidos héroes de las diversas ciudades. El número de argonautas es variable, según los autores, aunque oscila entre cincuenta a cincuenta y cinco. La nave estaba construida para cincuenta remeros. Oficiaron un sacrificio a Apolo antes de dejar Yolco.

ATENCIÓN ... invocan a Apolo

En la partida, nuestros héroes, invocan a Apolo, el dios solar, que propicia la proporción, la armonía y la medida, a partir de la toma de conciencia de uno mismo, dejando sentado así, de esta manera, cual es el concepto amplio de salud que propone el mito. Ésta es entendida como el mantenimiento de la tendencia a la integridad en la tensión de los múltiples opuestos, no sólo como la desaparición de tal o cual síntoma.

El logro de Apolo: no fallar jamás al blanco; no es alcanzable para nosotros, los mortales. Podemos quizá acertar algunas veces, pero no siempre. Más amenudo seguramente, erraremos el blanco. Errar el blanco no es sinónimo inmediato de enfermedad; errar al blanco es sinónimo de "pecado", condición ontológica del ser humano; pero la enfermedad sólo adviene cuando abandonamos repetidamente el intento de dar en el blanco y no, meramente, cuando fallamos..



Hijo del Sol

Luego de varias etapas, cargadas de peripecias,(en las que no entraremos aquí por las limitaciones de espacio de un artículo) los Argonautas llegaron al reino de Eetes, en Cólquide. Estaba ubicado al pie del Cáucaso, a orillas del Mar Negro.

A su llegada se sorprendieron y quedaron admirados ante las maravillas del palacio de Eetes, construidas por Hefesto. Eetes era hijo de Helio y Perseis. Una de sus hijas era Medea, cuya intervención fue decisiva para la recuperación del vellocino. Por pedido expreso de Hera y Atenea, aliadas de Jasón, la diosa Afrodita, envió a su hijo Eros a que disparara una de sus flechas directo al corazón de Medea para despertar su amor por Jasón.

ATENCIÓN : Eetes y los Argonautas se ponen en contacto. La acción de Afrodita acelera los acontecimientos.

El nombre “Eetes” puede ser traducido como “el impulsivo”, y esta etimología se ve corroborada en la reacción violenta y agresiva con éste que se despacha cuando Jasón y sus compañeros le piden el Vellocino. Otro de los indicios que podemos ubicar en la misma línea, lo da el hecho de que Eetes colocó el Vellocino en un bosque consagrado a Ares, el dios de la guerra, del impulso ciego y la violencia. Además, como hijo del Sol (Helio) [1], Eetes está relacionado con el elemento Fuego y en su reino se encuentra el Vellocino de oro, también relacionado simbólicamente con el Fuego.

Según el relato de Apolonio su palacio funciona perfectamente, reina en éste un estado de plena satisfacción de las necesidades. Este palacio representa un organismo y su reino el reino orgánico en general; todo lo que funciona independientemente del pensamiento conciente. Se comprende así que funcione admirablemente bien; el palacio, como el cuerpo, es un sistema muy complejo de equilibradas estructuras, actividades, proporciones y conexiones que sorprende a los Argonautas, quienes descubren allí un alto grado de organización.

Que Eetes sea hijo de Helio, está indicando que lo orgánicomantiene una estrecha vinculación con el Sol, del cual deriva y depende. En efecto, la vida en la Tierra depende del flujo constante de energía que nos llega del Sol. Por tanto, este “impulsivo” hijo del Sol simboliza todo el movimiento de las reacciones que transforman la luz solar en materia viva.

Esta transformación de la energía solar se realiza fundamentalmente a partir de la fotosíntesis, que da lugar a los vegetales que, a su vez alimentan a los animales. Vinculación que se hace explícita en el mito: una de las hijas de Eetes, llamada Calcíope -”la que se ve como cobre”- hace alusión a la presencia clave de este metal en la fotosíntesis.

[1] Tanto Helios como Apolo son dioses solares. El último, es un dios posterior, más ligado al sentido del Sol como símbolo la conciencia en los humanos. En cambio, Helios, se refiere más bien al principio de la conciencia en general, como algo propio del Cosmos en su conjunto.



Medea y la magia del cuerpo

Otra de sus hijas es Medea, a la que nos referiremos a continuación.
Ya hemos hecho somera referencia a la raiz “med”, de origen indoeuropeo y por lo tanto, presente en todos los idiomas de él derivados, ahora aclararemos un poco más sus significados; son tres:

a) “pensar, reflexionar”, con el matiz de “medir, pesar y juzgar”.
b) “gobernar, reinar”.
c) “cuidar, atender, asistir”.

Podemos reunir los tres significados en la idea de “inteligencia que gobierna el mantenimiento de la vida”, o “las instrucciones que rigen para que los organismos funcionen bien”. Ya dijimos que esta raíz se encuentra en la palabra “enfermedad”.
Ahora bien, en el mito, Pelias -la enfermedad-, y Jasón -la curación-, pertenecen a la misma familia, son tío y sobrino. No así Medea, que pertenece a los descendientes del Sol, es decir, Medea representa una faceta ínsita en la materia viviente con independencia de la conciencia. Esta última, en cambio, en este mito viene representada por Jasón y los Argonautas.

El mito presenta a Medea como una maga; es conocida y valorada en el reino por ser experta en brebajes mágicos. Pero si Medea es un factor que hace a la inteligencia implícita en la materia viviente, quizá su capacidad de producir “filtros mágicos” no sea otra cosa que la capacidad del cuerpo de producir secreciones hormonales, mezclas, proporciones y otras habilidades semejantes.

Podríamos así definirla como “la inteligencia (magia) instalada en la materia viva, reguladora y equilibradora, que actúa por medio de hormonas y otras sustancias autoproducidas”. Como nieta del Sol, Medea es, estrictamente hablando, “conocimiento”. Pero conocimiento instalado en la materia.

Volvamos a nuestra idea de enfermedad; que lleve la raíz med, y que sea una manifestación de la materia orgánica nos está diciendo que el síntoma también es un rasgo de inteligencia. Pero ¿en qué sentido?

Ser humano es una potencialidad que parte del reptil-mamífero que también somos. Pasar de ser mero mamífero a ser humano es el camino del héroe. En ese camino la enfermedad es un aliado esencial. En este sentido, tiene la significación de que muestra como en espejo el obstáculo que estamos poniendo a la plena integridad.

La plena existencia humana supone un “casamiento” entre la cualidad curadora autoconciente (Jasón) y la inteligencia ya instalada en el organismo (Medea). Si no se da ese “matrimonio”, entendido como un trabajo constante de integración y armonización, la enfermedad, en lugar de constiuirse en un auxiliar de la evolución al intentar ciegamente restaurar el equilibrio que la conciencia necesariamente pierde, simplemente, termina destruyendo el organismo. El verdadero objeto del viaje de Jasón no es la obtención del vellocino de oro, sino el matrimonio con Medea. El vellocino es sólo una “carnada”, una imagen que funciona como atractor.

Las diosas Afrodita -la capacidad de atraer y complementarse-, Hera -el hecho de la manifestación o el ser- y Atenea -la inteligencia despierta-, posibilidades universales y abarcadoras que como humanos podemos llegar a representar, hacen una reunión y deciden despertar el deseo amoroso en el corazón de Medea, quien se sorprende muy enamorada de Jasón.

El amor por Jasón era de tal intensidad que Medea “traicionaría” a su padre. La unión de Jasón y Medea será el punto inicial para la victoria de Medea sobre Pelias. Con este amor, que va de inteligencia a inteligencia el mito está expresando la entrega amorosa que la vida hace a la conciencia, o que la base reptil-mamífera hace a la posibilidad propiamente humana de ser.



La gran prueba

Eetes le impone a Jasón el cumplimiento de una prueba, que debía llevar a cabo en un solo día, comprometiéndose a que, una vez superada ésta en forma exitosa por Jasón, le devolvería el Vellocino. Esta prueba es:

Uncir con un yugo adamantino dos toros que exhalaban fuego por la boca y tenían pezuñas de bronce. Una vez uncidos, arar con esos toros el campo de Ares. Sembrar en esos surcos dientes de un dragón, de los que surgían hombres armados a los que Jasón se tendría que enfrentar y vencerlos. Eetes le informa que esto es algo que él mismo hace a diario.

Jasón se desanima, seguro de no poder triunfar en tareas de tamaña dificultad, pero grande fue su sorpresa cuando Medea le ofrece su ayuda. Le prepara un ungüento que, untándoselo en el cuerpo, lo haría invulnerable al bronce y a las llamas, e invencible a las lanzas de los guerreros. Le aconseja que arrojara una piedra grande entre los guerreros, lo que haría que todos se lanzaran a tomarla y se mataran entre sí.

ATENCIÓN : ... Eetes está proponiendo un rito de “iniciación” del curador.

Esto es un trabajo arduo, que debe ser realizado diariamente. De hecho, Eetes, el rey, lo realiza cotidianamente, es decir, en todo momento. Jasón debe aprender este trabajo, aunque luego se lo deje “encargado” a Eetes. Realizar estas pruebas equivale a hacerse cargo del cuerpo para aprender de qué modo el cuerpo es un auxiliar de la evolución de la vida.

Entonces, no se trata de que Jasón lo reemplace a Eetes, sino de que sea capaz de comprender el funcionamiento del cuerpo. Sin embargo, no debemos olvidar que Jasón es el curador, por tanto, este mito define de un modo revolucionario la idea de la curación: el papel del curador es aprender cual es el funcionamiento del organismo para poder descifrar sus mensajes. De allí surge la necesidad de realizar estos trabajos por parte de Jasón.

Para lograr contrarrestar el aliento ígneo de los toros, Jasón revistió su cuerpo, su escudo y todas sus herramientas de guerra, por indicación de Medea, con un ungüento de un tono naranja. Con esto se convirtió en una figura solar (color naranja), lo cual equivale, simbólicamente, a ser una identidad, un deseo libremente asumido, es decir: un ser humano pleno.

El ungüento con que Jasón se cubre está relacionado con Prometeo, el titán que simboliza el atreverse al salto de conciencia, que el mito relata como el “robo del fuego” del Olimpo. Jasón sólo pudo conducir los toros colocándose él mismo en otro nivel de conciencia. Tal nivel significa que Jasón puede elevarse por sobre la dualidad, pues los toros son dos. Ser vencido por los dos toros equivaldría a dejarse caer en el más craso empirismo, ya que el toro es símbolo de la percepción sensorial. Dualismo y quedar aprisionado en el empirismo son lo mismo.

Pero Jasón, untado con el ungüento prometeico naranja conquista un tercer punto desde el cual puede conducir a los toros sin destruirlo. Obsérvese que no se trata de matar a los toros, como en la tauromaquia, sino de arar un campo, el campo de los deseos (Ares).

La unidad de propósito entre Jasón y Medea es un punto de partida indispensable para estas tareas.

El reino de Eetes es el ámbito de lo puramente orgánico, sin conciencia, es decir, de lo protohumano o mamífero. La irrupción de Jasón equivale a la irrupción de la conciencia propiamente humana en el reino de lo orgánico. Jasón, por tanto, debe asociarse con Medea, que simboliza aquella sabiduría que posee los secretos del funcionamiento biológico. Y a partir de esa unión, el ser humano se hace cargo, en el sentido de comprender, del mantenimiento del equilibrio biológico, aprendiendo a interpretar simbólicamente los mensajes que vienen como síntomas del organismo para hacer las correcciones que fueren necesarias en el plano psíquico.

Por eso se puede decir que Jasón y Medea simbolizan, juntos, al verdadero “médico”, al curador que está en cada uno de nosotros; y cuyo sentido, como dijimos, es el de guiarse por los síntomas para ponerse en camino a la integridad humana.



El encuentro con el dragón

Finalmente Jasón pudo apoderarse del Vellocino contando con la ayuda de Medea, quien consiguió adormecer al dragón que lo custodiaba. Huyeron rápidamente de la persecución de Eetes y, más adelante celebraron la boda en la corte del rey Alcínoo y su esposa Arete. Luego, el Argo volvió a Grecia con los amantes y Medea consiguió matar a Pelias, cumpliendo así los designios de la diosa Hera.

ATENCIÓN : ... Medea sabe adormecer al dragón

El Vellocino y el dragón habitan muy cerca uno del otro, son como dos caras del mismo fenómeno. Uno, oficia de guardián temido, el otro de tesoro; el guardián cuida el tesoro. Uno, inspira miedo, el otro promete evolución. Podríamos decir que el miedo se encuentra cargado de vitalidad para sostenerse como tal y que la vitalidad más propia se encuentra encerrada en cada uno de los miedos. Esta pertenencia mutua de ambas figuras indica que matar al dragón no sería una solución. El dragón representa aquella parte del impulso vital que debimos reprimir para ser propiamente humanos. Por eso sin Jasón el dragón no tiene sentido, él no pertenece realmente al reino de Eetes. Es un animal imaginario, que requiere seres autoconcientes (hombres), para manifestarse.

Medea tiene el conocimiento necesario para dormirlo o anestesiarlo. El dragón simboliza aquellos elementos que hemos dejado fuera de la conciencia, lo reprimido, aquello a que tenemos tanto miedo que no podemos enfrentar y necesitamos "olvidar". Es necesario pasar por esta prueba, acallando el poder de estos elementos que tanto tememos. Hay incluso una sugerencia referida al sueño como vía regia para el descubrimiento de aquello a lo que hay que enfrentarse cara a cara en el camino que los síntomas nos han lanzado a recorrer.

Medea puede dormir al dragón, pues el cuerpo es capaz de producir el sueño, por ejemplo.

Como para confirmar este camino evolutivo, los amantes abandonan la tierra de Eetes y realizan la boda en la corte de Alcínoo y Arete, reyes de los feacios que, a la sazón, simbolizan las formas más depuradas del pensamiento humano: la capacidad de síntesis comprensiva de los polos opuestos.

El de Jasón es un viaje que ha permitido un grado mayor de integración entre el organismo y la conciencia, facilitando así una mayor integración en el nivel conciente, que alivia la necesidad del organismo de contrabalancear los desequilibrios propios de este nivel que nos define como humanos.

Al regresar a su tierra, Medea logra con cierta facilidad, destruir a Pelias. La curación del cuerpo es la lógica consecuencia, pues, de la integración en el alma.



Jasón en el “cable”... ¿o en la cuerda floja?

A fines de Noviembre de 2000 una cadena televisiva realizó una versión del viaje de los Argonautas. Lamentablemente, los guionistas se tomaron la libertad de modificar sustancialmente el relato, desperdiciando lo que pudo ser una magnífica oportunidad de poner en imágenes este rico mito.

Sin embargo, la materia de los mitos es tan significativa que los cambios introducidos por la versión de esta cadena televisiva merecen cierta reflexión.
Quizá lo más llamativo sea el sentido que se le da al Vellocino mismo. En efecto, se lo toma como un objeto cuya posesión permite al que lo tiene “realizar sus sueños”. Lo que nos conduce a preguntarnos qué se entiende aquí por “sueños” y cuáles son los sueños de los que lo poseen o luchan por poseerlo.

La respuesta es simple: en esta versión, por “sueños” se entiende deseos; y esos “sueños” en el caso de Pelias y Eetes son sencillamente: el deseo de poder. Jasón, en cambio, lo necesita para... salvar a su mamá de la muerte. Pero, cuando ésta se suicida antes que él regrese, su valoración del vellocino cambia y sorprendentemente se vuelve un “hombre moderno” considerando entonces que el vellocino es una pura superchería, con lo cual termina por adherirse implícitamente al criterio de sus dos enemigos.

Se podría argüir que quizá aquí el poder signifique otra cosa, sea un símbolo de algo. Pero no, y ese es el punto. Al rebajar el vellocino a superstición, esta versión destruye todo lo que tiene sentido en el mito, transformándolo en una mera historia de aventuras sin significado.

Debemos recordar que en el mito original (por ejemplo en la versión de Apolonio de Rodas), el vellocino es entregado a Zeus y, por suspuesto, de ningún modo considerado una superstición.

Pero la tergiversación es más grave aún. Los caracteres de los personajes de esta película son realmente anacrónicos, pues parecen más bien norteamericanos actuales que, por obra de alguna máquina del tiempo han logrado retrotraerse a la edad de bronce. No hay ningún intento de comprender desde dentro la riqueza del mito, de dialogar realmente con el relato. Se trata en el fondo de una “alegre violación” tanto al mito como al espectador; algo así como si los violadores espetasen a la víctima (es decir al espectador atento) un último comentario sarcástico del tipo de: “al fin y al cabo vos también lo disfrutaste, ¿no?”

Un párrafo aparte merece el tratamiento dado a los dioses olímpicos. Neptuno, el esbelto dios del mar es presentado como un monstruo horrible, peludo, desalmado y algo estúpido. Zeus y Hera, por su parte, parecen una pareja intoxicada de Pimpinela, recién casada y con aspiraciones de clase media. Hera es presentada como atraída por Jasón, e intentando vengarse de Zeus dándole celos; lo cual es insólito, dado que forma parte esencial de su carácter la fidelidad conyugal. Es posible que este cambio en el rasgo central de la diosa obedezca a razones ligadas a la más eficaz comercialización de la película en sus países de origen, cuyos públicos quizá no admiten que una figura tan importante sea una fiel esposa. Zeus, por su parte, aparece como un caprichoso tenorio de caricatura, humillado por Medea y por Hera a la vez.

Es cierto, se dirá, que los mitos tienen posibilidad de múltiples interpretaciones. Y en efecto, así es. Ellos tienen derecho a tergiversar desaforadamente el mito en función de su mezquina ideología rapiñera; pero nosotros también tenemos derecho a criticarlo libremente y lo ejercemos.

Precisamente, lo que criticamos es esta interpretación, para cuya realización y exhibición no existe otro fundamento que la afirmación del poder como único móvil de la vida ¿humana? Y el choque y la confrontación como la única relación posible entre diferentes. Esta versión es fruto de un pensamiento imperial, que toma la sublime metáfora griega de la guerra, y la vende como una aventura ridícula en la que todos terminan luchando por lo que, según los "bárbaros de la hamburguesa", verdaderamente importa: el poder.

No tiene mayor sentido hacer una crítica detallada de esta versión libre del mito de Jasón y Medea. La apropiación mediática violatoria de este mito por parte de la civilización anglosajona es parte de una “batalla” cultural global que, situada en Europa, define dos bandos que podemos llamar “mediterráneos” (la tradición greco-latina y cabalística) y “bárbaros de la hamburguesa” o “bárbaros de casimir” (anglo-sajones). Batalla en la que nosotros, americanos, tenemos mucha mayor afinidad con los primeros.

Ahora bien, ¿qué se trata de decir con esta tergiversación completa del relato tradicional, hecha con gran despliegue técnico?

Más bien se trata de esterilizar el contenido simbólico del relato. Se trata de reducirlo a mera literalidad. A historieta de aventuras. El mensaje central es: “nada tiene verdadero sentido excepto el poder por el poder mismo”. El mensaje es que no hay mensaje. El símbolo único y total que se emite es uno sólo y su sentido el siguiente: no hay símbolos. Si los hubiera habría sentido, y tampoco puede haberlo. El gesto clave, en tal sentido, lo realiza Jasón al final, cuando arroja despreciativamente al suelo el vellocino.

Todo se resuelve a espadazos. Recuperar el trono no es más que recuperar el trono. El sentido de la vida humana es el poder: lo dicen los tiranos Pelias y Eetes y lo refirma Jasón, derrocando a Pelias. El error de éstos es fincar su poder en una creencia supersticiosa, Jasón ya no caerá en eso. ¿En qué se fundará entonces su poder? No hay respuesta clara; pero de hecho se sugiere que se funda en la espada y en la alianza con la “magia” de Medea, debidamente transformada ésta en “ciencia moderna”, cuando llegue siglos después, protegida por el "Séptimo de caballería y Rin-tin-tin" a civilizar a los "bárbaros americanos". Por razones de comercialización, el poder de Medea -que se ve como algo puramente mágico-, queda en una extraña ambigüedad. Seguramente, porque es mujer y hay que conformar a un público supuestamente feminista.

Quizá la película tenga un único mérito: reclama perentoriamente la lectura de este interesante mito en sus fuentes originales, para enterarse de qué se trata.

Por el Grupo de Investigación en Mitos de la Escuela de Mitología del Proyecto TrenKehué

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