sábado, 14 de marzo de 2009

EL CUERPO EN EL BOSCO

De las pinturas de J. Bosch voy a tomar la más conocida, El jardín de las delicias. Es un tríptico cuya tabla izquierda representa El jardín del Edén, la central El Paraíso, y la derecha El Infierno.

Si observamos los cuerpos en El Bosco, especialmente los que pinta en sus Infiernos, podemos ver que son sumamente extraños y atípicos para su época, sobre todo si pensamos que su obra fue hecha alrededor del 1500.

Recién comienza a verse algo parecido a su pintura con el surrealismo, movimiento pictórico del siglo pasado, influenciado por el psicoanálisis. Dalí dijo que el El Bosco fue el primer surrealista, pero claro, 400 años antes que apareciera este movimiento.

La pintura del Bosco aparece aislada, sin ser consecuencia de un movimiento pictórico u obra literaria. ¿Entonces qué comanda su pintura?
El cuerpo que pinta en El Paraíso es entero, humano, y agradable a la vista, pero en sus Infiernos los cuerpos son mitad humano mitad animal. En otras oportunidades son dos animales los que prestan las formas. Son generalmente cuerpos cortados, atravesados, penetrados, torturados, destrozados, mutilados por grandes cuchillos, espadas o lanzas. A veces el cuerpo no existe, y sólo aparecen cabezas unidas a pies en forma grotesca.

Así describe Bosing este cuadro.

“El Jardín de las delicias ha sido estudiado cuidadosamente por Bax. Sus vastos conocimientos de la literatura holandesa antigua le permitieron entender muchas de las formas de la tabla central, (El Paraíso). Los frutos, animales y estructuras minerales exóticas, los identifica como símbolos eróticos. Para decir esto se inspira en las canciones populares, dichos y expresiones de la época de El Bosco. Por ejemplo, muchos de los frutos que mordisquean o sostienen los amantes del Jardín, sirven como metáforas de los órganos sexuales. Los peces que figuran en dos sitios, aparecen como símbolos fálicos en los antiguos proverbios neerlandeses. El grupo de jóvenes y doncellas que recogen fruta en el centro, también posee una connotación erótica, «arrancar fruta» o flores era un eufemismo del acto sexual.

“El sueño erótico de El paraíso cede su puesto a la realidad de pesadilla que se muestra en el ala derecha. Es la visión más violenta del Infierno que presentara e El Bosco. Las construcciones no sólo arden, sino que estallan, y sus reflejos encendidos convierten el agua en sangre.

En un primer término, un conejo lleva a su víctima sangrante suspendida de una vara larga, y la sangre sale desde el vientre como si hubiese sido propulsada por la pólvora.

Los objetos cotidianos e inocuos han alcanzado proporciones monstruosas, y sirven como instrumentos de tortura.

Los demonios han atado a una figura desnuda al mástil de un laúd. A otro individuo lo han enredado entre las cuerdas de un arpa, mientras que una tercera alma ha sido metida dentro del cuello de un gran instrumento de viento.

Un poco más arriba han introducido a un grupo de víctimas dentro de un faro ardiente que los consumirá como polillas, mientras que, del lado opuesto, otra alma cuelga de una enorme llave de puerta. Por detrás, un par de orejas gigantes avanza como una especie de tanque infernal, a la vez que va inmolando a sus víctimas mediante un gran cuchillo.

El punto focal del Infierno es el llamado Hombre árbol, cuyo torso en forma de huevo descansa sobre un par de troncos arbóreos putrefactos, que finalizan en unos botes a modo de zapatos. Ha perdido sus nalgas, lo cual permite ver la escena infernal que tiene lugar en su interior. Su cabeza sostiene un gran disco, sobre el que pasean los demonios con sus víctimas en torno a una enorme gaita. La cara gira por encima del hombro para mirar, en forma triste, la disolución de su propio cuerpo.

Es mucho más sólido el monstruo con cabeza de pájaro, quien engulle las almas malditas solamente para defecarlas dentro de un orinal, de material transparente, desde el cual éstas caen a un pozo que está por debajo”. Hasta aquí Bosing.



Introduciré ahora algunas citas de la obra de Lacan, en relación con la pintura de El Bosco, que me resultaron sumamente significativas.

En “La agresividad en psicoanálisis”, dice: “La agresividad en la experiencia nos es dada como intención de agresión, y como imagen de dislocación corporal, y es bajo tales modos como se demuestra eficiente. …Entre las imago, las hay que representan los vectores electivos de las intenciones agresivas, a las que proveen de una eficacia que podemos llamar mágica. Son las imágenes de castración, de eviceración, de mutilación, de desmembramiento, de dislocación, de destripamiento, de devoración, de reventamiento del cuerpo, en una palabra, las imago que personalmente he agrupado bajo la rúbrica que bien parece ser estructural de imagos de cuerpo fragmentado. Hay que hojear un álbum que reproduzca el conjunto y los detalles de la obra de Jerónimo Bosco para reconocer en ellos el atlas de todas esas imágenes agresivas que atormentan a los hombres.

La prevalencia entre ellas descubierta por el análisis, de las imágenes de una autoscopia primitiva de los órganos orales y derivados de la cloaca, ha engendrado aquí las formas de los demonios. Hasta la misma ojiva de la angustia del nacimiento se encuentra en la puerta de los abismos hacia la que empujan a los condenados, y hasta la estructura narcisista puede evocarse en esas esferas de vidrio en las que están cautivos los copartícipes agotados del Jardín de las delicias.

Volvemos a encontrar constantemente estas fantasmagorías en los sueños, particularmente en el momento en que el análisis parece venir a reflejarse sobre el fondo de las fijaciones más arcaicas.

Son todos estos datos primarios de una gestalt propia de la agresión en el hombre…De intentarse una reducción behaviourista del proceso analítico,…se la mutila de sus datos subjetivos más importantes, de los que son testigos en la conciencia los fantasmas”.

En El estadio del espejo dice:

“Este desarrollo es vivido como una dialéctica temporal que proyecta decisivamente en historia la formación del individuo: el estadio del espejo es un drama cuyo empuje interno se precipita de la insuficiencia a la anticipación; y que para el sujeto, presa de la ilusión de la identificación espacial, maquina las fantasías que se sucederán desde una imagen fragmentada del cuerpo hasta una forma que llamaremos ortopédica de su totalidad –y a la armadura por fin asumida de una identidad enajenante- que va a marcar con su estructura rígida todo su desarrollo mental…

Este cuerpo fragmentado… se muestra regularmente en los sueños, cuando la moción del análisis toca cierto nivel de desintegración agresiva del individuo. Aparece entonces bajo la forma de miembros desunidos y de esos órganos figurados en exoscopia, que adquieren alas y armas para las persecuciones intestinas, las cuales fijó para siempre por la pintura el visionario Jerónimo Bosco, en su ascensión durante el siglo decimoquinto al cenit imaginario del hombre moderno….”

Hasta aquí Lacan.



Ahora algunos comentarios sobre El Bosco.

Observando la pintura del Hombre-pájaro me da la impresión que está pintando la estructura tórica del cuerpo humano, un toro, un gran tubo que atraviesa el organismo, que comienza en la boca y termina en la “boca posterior”, como dice Lacan en el Seminario 24.

Remarca de forma especial los orificios de entrada y salida del cuerpo humano. Este Hombre-pájaro abre su enorme pico y una persona está desapareciendo en su boca. A su vez, del ano de esa persona tragada salen cuatro pájaros como disparados por armas de fuego. También muestra la salida de las personas comidas, cuando caen en un gran pozo junto con los deshechos.

Lacan dice en el Seminario 8 “…si las cosas están verdaderamente fijadas en el punto de identificación del sujeto al minúscula excremencial, ¿qué vamos a ver? ...salvo en los cuadros de Jerónimo Bosch, uno no habla con su trasero”.

Esta fijación también se ve en las múltiples penetraciones anales que vemos en su pintura. Las penetraciones del Paraíso son suaves, con flores o elementos pequeños. Las que pinta en sus Infiernos son tortuosas, más bien desgarros, perforaciones hechas con grandes troncos, instrumentos musicales o flechas. A mi entender El Bosco acá nos habla de lo gozoso y perturbador que esto era para él, y nos está mostrando cuál es la versión de su propio infierno.

Observemos un detalle del Hombre-árbol, al que se le desintegra el cuerpo. Esta pintura tiene la cara de El Bosco, es su autorretrato, lo que me hace pensar que El Bosco está representando la disolución de su propio cuerpo.

Pienso que la pintura a veces se maneja como un lenguaje, como en este caso, y nos habla del autor de las pinceladas.

Creo que El Bosco, en sus Infiernos, está hablando de su psiquismo, de la estructuración y desestructuración de su cuerpo, de sus puntos de fijación y de sus goces, o sea de Bosch como sujeto.

Retomando la pregunta inicial. ¿Qué comanda su pintura?

A Marc Chagall, cada vez que le pedían que explicara sus obras contestaba que él mismo no las entendía. Pienso que a Bosch le debe haber pasado algo semejante, debe haber pintado estas imágenes a pesar de vivir en época de la Inquisición, sin saber por qué, porque era la pintura que brotaba de su inconsciente y comandaba su pincel.



Se preguntarán por qué los he paseado por estas imágenes y descripciones tan poco placenteras. Buscando material para el tema de los sueños, me encontré con la pintura de El Bosco, que me sorprendió por lo novedoso y único de su creación. Pero además quedé atrapada en las redes de su pintura porque le aporta imágenes a mis palabras sobre cuestiones muy arcaicas de mi estructuración psíquica. Como verán, yo tampoco me pude sustraer al llamado de mi inconsciente y mi fantasmática.

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