miércoles, 1 de abril de 2009

Carta II: La Papisa

Carta II: La Papisa

Ensayos de Andrea Vitali para la iconografía del Tarot





La Papisa aparece en los Tarots Visconti Sforza (figura 1) como una mujer vestida con hábitos de monje; en su mano derecha sostiene una vara con una cruz, en su mano izquierda el Libro de la Sabiduría (la Biblia o los Evangelios). Sobre su cabeza lleva el típico Triregnum. Los precedentes iconográficos de esta carta se encuentran entre las personificaciones de las más elevadas virtudes morales y religiosas, como puede verse en la inicial de la miniatura del s. XII conocida como "Sapientia Domini" (Bilia Sacra, Florencia, Biblioteca Laurenziana, Ms. Mugell, 2 f. 58) que muestra los mismos atributos, y el "Fides" monocromo pintado por el Giotto en la Capilla Scrovegni en Padua (figura 2). La Fe, como dice el primero de los versos octavos (acompañado, como en los marcos de las otras imágenes, por un senario proparoxítono) se presenta hieráticamente, con los símbolos de su mansión: en su mano derecha, coge una vara con una cruz, en su mano izquierda una tarjeta donde pueden leerse las primeras afirmaciones del Credo de Nicea y de Constantinopla. Detrás de la doble insignia de la Fe y la Razón, somete a los ídolos y se erige sólida sobre las rocas, rodeada por la luz, for ángeles y criaturas humanas. También aplasta un horóscopo, con los signos del Zodiaco, debajo de su pie; un gran llave del reino de los cielos está atada a su cadera derecha. Otro detalle: el manto y la túnica están rotos en varios sitios, indicando las laceraciones que han tenido lugar durante la historia (cismas y herejías). "Comparada con la fe de Dante, esta fe se enfoca más en la enseñanza y se expresa en formas simbólicas de un tipo definidamente escolástico" (Claudio Bellinati, "Giotto" 1996).
Los versos dicen lo siguiente: Figurata et ierata / presentatur homini, indiscussa manet fides... ciuis autem valet tactus / aprobando loyter. Congregavit subiugavit / ydola viriliter, coronatur et fundatur / supra petra firmiter, angelorum et virorum / confortatur numine, mire recta et perfecta... (Figurada, es decir representada con sus símbolos canónicos, y hierática, aparece al hombre, la fe está más allá de toda discusión... y su valor yace en la influencia que proviene de la evidencia proporcionada por la lógica. Reunió y sometió los ídolos con muchas fuerzas, está coronada y firmemente apoyada en la piedra, se ve confortada por el consenso de los ángeles y los hombres, maravillosamente justa y perfecta...)
La única diferencia de la imagen que hallamos en los antiguos Tarots es la tarjeta que reemplaza al libro.
Muchas otras imágenes de Fides/ la Papisa se encuentran en el arte del Renacimiento y del Barroco; hallamos una con los mismos atributos en la tumba de mármol de un Maestro de la Orden de los Caballeros de Malta, dentro de la iglesia de San Juan en La Valletta.
La presencia de la Fe en el orden de los Tarots encaja perfectamente con la visión cristiana medieval de la Escalera Mística que permite lograr la contemplación de Dios. Tomás de Aquino dice lo siguiente: "La perfección de la criatura razonable no sólo consiste en lo que es suyo por naturaleza, sino en lo que se le da mediante el compartir sobrenatural en la divina bondad. Por esto decimos que la última beatitud para el hombre consiste en la visión sobrenatural de Dios. Una visión que el hombre no puede lograr salvo como discípulo bajo el magisterio de Dios, de acuerdo con las palabras del Evangelio " que cada hombre que haya escuchado y haya aprendido del Padre venga a mi" (Juan 6:45)... Por lo tanto, para que el hombre alcance la visión perfecta de la beatitud, ha de creer antes en Dios, como lo hace un discípulo en su maestro" (II- II.q. 2, a.3; cf De Ver. q 14 a. 10) y más tarde "Como explicamos antes, lo que es indispensable para que el hombre alcance la beatitud pertenece propia y esencialmente al objeto de la Fe..." (II-II, q.2, a.7)

En el orden de los Tarots en los "Sermones de Ludo" del s. XVI, la Papisa es correctamente situada junto al Papa puesto que, como dice Tomás de Aquino, "la Fe es un don dado primero de todo a la Iglesia; sólo en la fe es que la Iglesia nunca falla; sólo en la Iglesia la Fe nunca es "sin forma", sino siempre "formada", esto es viva y animada por la caridad" (II-II, q. 1, a. 9, ad 3). Aquí Tomás de Aquino no entiende por Iglesia tanto una comunidad exterior y visible, que "administra la doctrina de la fe", sino como una entidad que cree y profesa la fe. En este sentido, involucra el misterio de la santidad real que posee la Iglesia, y de aquí la Iglesia como una realidad mística (Battista Mondin "Dizionario enciclopedico del pensiero di San Tommaso D'Aquino", 2000, página 291). "La profesión de fe se presenta en el símbolo en el nombre de toda la Iglesia, que debe su unidad a su fe. Pero la fe de la Iglesia es una fe formada (formada por la caridad); y tal es la fe de aquellos que pertenecen a la Iglesia por número y por mérito (qui sunt numero et merito de Ecclesia). Por esto el símbolo muestra una profesión de fe adecuada a una fe "formada"; y también por ello el fiel que no tiene una fe "formada" intenta lograrla" (ibid.). En otras palabras, la verdadera Fe ha de hallarse dentro de la Iglesia auténtica (representada por el Papa) y no puede existir fuera de ella.
Es un hecho innegable que la Papisa de los Tarots representa la Fe, puesto que el mismo monje, el autor de los "Sermones" la describe con las palabras "O miseri quod negat Christiana fides", una frase que parece el incipit de una expresión mayor, puesto que el monje añade el símbolo gráfico para "etc." a la palabra "fides", de la misma manera que en otras partes de los Sermones. Tal como aparece, la frase es imposible de traducir, pero lo interesante es que el monje hizo una referencia a la Fe. Estos "Sermones" aparecen como una invectiva en contra de los juegos de dados y de cartas, incluyendo los Tarots, de acuerdo con la noción del clero de su tiempo, que atribuía su origen al Diablo (el buen monje efectivamente nos da el nombre del pequeño demonio de hecho responsable, Azaro) en su deseo de llevar los hombres a la perdición; en efecto, escribe "Esta es la razón por la que los hombres blasfeman más cuando juegan que en otros momentos, puesto que convocan tantos diablos como puntos hay en el dado para provocar su ruina. Y puesto que en estos juegos todos pierden, la opinión es que ese dinero -en el que hay la sangre de Dios, de Cristo y de los santos- acaba en las manos de los demonios, que lo distribuyen a la gente desesperada que pide dinero a los diablos. Y finalmente todos acabarán en la pobreza, y la mayoría acabará muriendo en el patíbulo. Por tanto mantente alejado del juego, de otro modo etc.". Este sermón es importante puesto que - aparte del propósito con que lo compuso el fraile- nos da información acerca de un ordenamiento de los Tarots que se parece estrechamente a lo que tiene que haber sido el original, basado en el concepto medieval de la Escalera Mística.. Además los comentarios del autor reflejan la hipótesis de algunos respecto al significado de ciertas cartas tales como "El mondo cioè dio padre" ("El Mundo, es decir, Dios Padre"), "Lo caro triumphale vel mundus parvus" ("El carro triunfal o un pequeño triunfo") y también la Papisa en relación con la Fe.
En la carta de los Tarots Visconti Sforza, actualmente en la Biblioteca Pierpont Morgan, vio Geltrude Moakley la imagen de la Hermana Manfreda Visconti-Pirovano, una pariente de los Visconti que había sido elegida papisa del pequeño culto lombardo de las Guglielminas, quemada en la hoguera en e otoño de 1300. El hábito monástico era el de las Umiliate, una orden reconocida por la Iglesia. Podría haber algo cierto en esta hipótesis, si recordamos la tendencia a identificar las figuras de los mazos Visconti-Sforza con miembros de la familia lombarda.
Ludovico Antonio Muratori habla de Guglielmina y de su vicaria Hermana Manfreda en la "XL Dissertazione" (Disertación Quincuagésima) de su obra "Antichitá Italiane" (Antigüedades Italianas) cuando habla de "Quali eresie ne' secoli passati abbiano infestato l'Italia" (qué herejías de los siglos pasados infestaron Italia): "Y puesto que los historiadores saben poco de esta famosa mujer (Guglielmina) y puede leer su auténtico juicio en la renombrada Biblioteca Ambrosiana, llevado a cabo en el año 1300, y la historia de sus errores mostrada por Puricelli y escrita a pluma; los Lectores no estarán descontentos si brevemente narro la historia, puesto que vale pasarla a la generaciones futuras para que en el futuro nadie se deje capturar por los sueños y los engaños de mujeres ruines"
El juicio es titulado "contra Guilielmam Bohemam, vulgo Guilielminam, ejusque Sectam".
I. Primero de todo pretendía ser el Espíritu Santo encarando en el sexo femenino y la hija de Constanza, esposa del rey de Bohemia, y reina.
II. En segundo lugar, así como el Arcángel Gabriel había anunciado a la Virgen María la Encarnación de la Divina Palabra; del mismo modo el Arcángel Rafael había anunciado a la reina Constanza la Encarnación del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, y un años más tarde, en el mismo día, nació Guglielmina.
III. Así como Cristo era verdadero Dios y verdadero Hombre, del mismo modo ella pretendía ser verdadero Dios y verdadero Hombre en sexo femenino, venida para salvar a los judíos, a los sarracenos y a los falsos cristianos, del mismo modo que los verdaderos cristianos se salvaron por medio de Cristo.
IV. Como Cristo, moriría en su naturaleza humana, no en su naturaleza divina.
V. Pretendía también que surgiría nuevamente con un cuerpo humano del sexo femenino antes de la resurrección final. a fin de ascender a los cielos ante los ojos de sus discípulos, amigos y devotos.
VI. Así como Cristo dejó su Vicario en la tierra San Pedro, para que dirigiera su Iglesia; del mismo modo ella dejó como su Vicario en el mundo a Mayfredam Ordinis Humiliatorum Sanctimonialem.
VII. Imitando a San Pedro, esta Mayfreda celebraría una Misa en el sepulcro del Espíritu Santo encarnado; y con un procedimiento solemne, repetiría la misma Misa y se sentaría y predicaría en la Basílica Metropolitana de Milán, y más tarde en Roma, en la Sede Apostólica, donde se reunirían los Apóstoles y los Discípulos tal como estaban con Cristo.
VIII. Se suponía que Mayfreda era una verdadera Papisa, con los poderes de un verdadero Papa, y esto significaba que el Papa y el Papado Romano de esos tiempos tendrían que ser abolidos para dar paso a esta Papisa, y de esta manera serían bautizados los judíos, los sarracenos y otras naciones que están fuera de la Iglesia romana y ni siquiera están bautizadas.
IX. Una vez que se hubieran removido los cuatro antiguos Evangelios, otros cuatro ocuparían su sitio, después de haber sido escritos por orden de Guglielmina.
X. Así como Cristo después de resucitar se dejó ver, ella también haría lo mismo con sus discípulos.
XI. Cualquiera que visitara el Monasterio de Chiaravalle. donde se la enterraría, recibiría la misma indulgencia como si hubiera ido hasta el Santo Sepulcro en Jerusalem. Por lo tanto, vendrían peregrinos de todo el mundo a visitar su tumba.
XII. Todos los seguidores de este Espíritu Santo serían amenazados por muchos males y con la muerte, tal como ocurrió con los Apóstoles de Cristo y sus seguidores, algunos de los cuales imitarían a Judas entregando parte de sus seguidores a los Inquisidores.
Tales eran las principales enseñanzas abominables y la pretensiones ridículas de Guglielmina, y dejaré el resto aparte. Todo esto no fue pretendido por la misma Guglielmina , sino por la ya mencionada Mayfreda, y por una cierta impía Andrea Saramita. Quizás habían oido engaños semejantes de Simón Mago, descritos por Eusebio y por Santo Epifano. Lo sorprendente, acaso, es que Guglielmina acabó sus días en el año 1281 y fue enterrada primeramente en la iglesia de San Pietro all'Orto, y al comienzo del año siguiente sus huesos se transfirieron al Monasterio de Chiaravalle, y recibieron un entierro honorable. Uno de aquellos monjes escribió sus alabanzas, tratándola como una santa y una sanadora. Las lámparas y las velas permanecieron encendidas ante su tumba. Sus devotos también establecieron tres fiestas en el Monasterio. Mayfreda misma celebraba la Misa en casa, y sus seguidores besarían sus manos, recibiendo sus bendiciones, y a veces huéspedes como una Eucaristía. Ya puede verse de qué es capaz la gente ignorante e inculta, abandonada a sus opiniones a una insensata credulidad. Pero Dios el guardián de su propia verdadera iglesia no permitió que este engaño triunfara durante largo tiempo entre la gente de ese pueblo religioso y católico. En el año 1300 se descubrió el culto de Guglielmina, sus huesos fueron quemados, su sepulcro quitado. Andrea Saramita y Mayfreda Monaca, las jefas de la herejía, así como otras discípulas obstinadas de Guglielmina, acabaron sus días entre las llamas. Y así llego a su fin la fantástica e impía tragedia de estas gentes".
A partir del s. XVII, la Papisa siempre se ha representado sentada, con un libro en sus manos, mientras una tela enmarca generalmente la parte superior de la figura, como en el tarot Vieville (figura 3). Esta imagen se ha tomado de la iconografía de la legendaria Papisa Juana tal como aparece en los capítulos que le dedicó Jacques Philippe Forest en su "De claris sselectisque mulieribus" (1494) (figura 4). Esta imagen finalmente se estabilizó en las cartas posteriores y en el Tarot de Marsella (figura 5).
La obra de Leonardo Thurneysser Zum Thurn "Quinta Essentia" muestra una Papisa que tiene la llave en su mano derecha y apoya su brazo izquierdo sobre un libro (figura 6). Esta es la Fe, tal como la representaba la corriente mágica, hermética y alquímica extendida por Alemania, donde se imprimió la obra.
Además de los atributos usuales de la Fe, junto a ella aparecen varios libros. Todos ellos son sobre temas mágicos y religiosos, tal como el Herbarium, la Quinta Essentia, el Misterium Aeternitatis. La Papisa, con una corona sobre su cabeza y su boca cerrada por un candado (ya que la fe no necesita expresar sus creencias) se sienta sobre un arca con las palabras "Toth" y "Azot" grabadas en ella. En el tarot del ocultista Oswald Wirth, la Papisa tiene en su mano derecha el libro con el símbolo chino Taichi del Supremo Tao, formado por los opuestos Yin y Yang, y tiene la llave en su mano izquierda (figura 7).

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