miércoles, 1 de abril de 2009

Carta XIV: La Templanza

Carta XIV: La Templanza
Ensayos de Andrea Vitali para la iconografía del Tarot





En griego "sophrosyne", en latín "temperantia", es una de las cuatro virtudes cardinales. Como lo explica Platón en "La República", controla el apetito concupiscente y consiste esencialmente, como aclara Aristóteles en su "Etica a Nicómaco", en la moderación de los placeres sensitivos en obediencia a los requerimientos de la "recta razón". Sto. Tomás escribe en la "Summa Teológica": "La templanza que implica moderación consiste principalmente en regular las pasiones que tienden a los bienes sensibles, y esto es la concupiscencia y los placeres, e indirectamente a regular las penas y los dolores que derivan de la ausencia de estos placeres" (qaestio 2, articulum 2). La persona templada es por tanto aquella que se esfuerza por resistir a la atracción de las pasiones y de los placeres, en particular de los sensuales, cuando devienen excesivos.
En los "Sermones de Ludo" del s. XVI, se la pone junto al Amore en tanto virtud que enseña a moderar los instintos.
En los Tarots antiguos ( fig. 1 - Tarots Visconti Sforza / fig. 2 - Tarots de Carlos VI) la Templanza se representa generalmente en su versión más difundida, como una muchacha en el acto de pasar el agua de un recipiente a otro que contiene vino, con el resultado de mitigar, de menguar lo que es demasiado excitante. Por tanto expresa la necesidad de dominar ciertos instintos que, mediante esta virtud, se equilibran.
Una variante iconográfica de notable interés aparece en el Tarot de Alessandro Sforza (fig. 3). Una mujer desnuda se sienta sobre el lomo de un ciervo, volviendo sus espaldas hacia la cabeza del animal. Con la mano derecha vierte el agua de una copa haciendo caer el líquido sobre su sexo, el cual cubre con la mano izquierda (fig. 4). La copa resulta poco evidente, habiendo sido impresa con punzón junto con otros elementos decorativos (fig. 5). Se trata de una representación peculiar de la templanza: una fábula sobre los dioses antiguos empleada como enseñanza moral, de acuerdo con la práctica típica de ese tiempo.
Es necesario en este punto subrayar la función que tuvieron los mitos de los "dioses antiguos" en la época medieval, en relación con el uso cristiano de la alegoría. En este sentido resultan fundamentales los estudios de Jean Seznec que en su obra "La supervivencia de los antiguos dioses" escribe: "La mitología tendía a transformarse en una filosofía moral: no por casualidad "Philosophia moralis" es el título de una obra del siglo XI atribuida a Ildeberto de Lavardin, obispo de Tours, que aporta numerosos ejemplos de interpretación alegórica extraídos tanto de los poetas paganos como de la Biblia. Al mismo tiempo empero la mitología tendía a fundirse también con la teología; renovando las tradiciones de los Padres, así como el genio alegórico medieval descubría en los personajes y episodios del Antiguo Testamento prefiguraciones del Nuevo Testamento, del mismo modo se descubrían en los personajes y episodios de la mitología las prefiguraciones de la verdad cristiana. En efecto, a partir del siglo XII, en el que la alegoría asume la función de vehículo universal para todas las manifestaciones de "pietas" religiosa, la exégesis mitológica llega a un desarrollo sorprendente. Esta es efectivamente la época en que Alejandro de Neckham conecta los dioses del paganismo con las virtudes que, según San Agustín, conducen al hombre a la santa revelación cristiana: la época en la que Guillermo de Conches, comentando el "De consolatione philosophiae" de Boecio, descubre en Eurídice un símbolo de la concupiscencia innata del corazón humano, y en la guerra de los Gigantes contra Zeus la rebelión de nuestros cuerpos hechos de lodo contra el alma; y también la época en la cual Bernardo de Chartres y su discípulo Juan de Salisbury ponen el politeísmo pagano en el centro de la misma meditación , "no por respeto hacia su falsa divinidad, sino porque esconden en sí arcanas enseñanzas inaccesibles al vulgo". Pero sobre todo es la época en que las Metamorfosis de Ovidio proponen a la sagacidad de los intérpretes insospechados tesoros de verdad sacrosanta" (1990, pág. 122).
Segun la acepción cristiana la Templanza tiene la tarea de domar principalmente la sensualidad, los placeres carnales, y por tanto entre las virtudes vinculadas a ella se encuentra la Castidad. En el "Tabernacolo" de el Orcagna (Florencia, Orsammichele) se representan las cuatro virtudes cardinales, cada una ubicada junto a las virtudes que se le vinculan, según los dictámenes de Santo Tomás; en particular, con la Templanza se vinculan la Humildad y la Virginidad.
La representación en la carta de Alejandro Sforza se vincula con el mito griego de Diana, que surge como una alegoría de enseñanza moral. La diosa, durante la recurrencia del Anados, su aparición anual, momento en el que renovaba su virginidad bañándose desnuda en una fuente sagrada, es contemplada y deseada con concupiscencia por parte de Acteón. Furiosa, la diosa lo transformó en un ciervo, animal conectado directamente con su mito por que como diosa de la caza se la llamaba "elafebólos", esto es, la que lanza flechas a los ciervos. Mas el ciervo también era considerado un animal simbólico de mansedumbre y dotado de numerosas prerrogativas. En el Bestiario toscano, "Libro della natura degli animali", un tratado moralizante medieval, el cristiano es invitado reiteradamente, mediante oportunos ejemplos animales, al ejercicio de las virtudes que exige su profesión de fe y a la práctica constante de la confesión y de la penitencia. En esta obra se cuenta cómo el ciervo podía matar las serpientes para luego comerlas y liberarse del veneno ingerido bebiendo agua pura. De este comportamiento se extrae una enseñanza moral "También los hombres deben imitarlo, liberándose del odio, de la lujuria, de la ira, de la avaricia, recurriendo a la fuente viva, es decir a Cristo" (capítulo XLVI)
En el mito Diana es una diosa siempre virgen: su ritual constante es el gesto de alcanzar y verter agua, elemento de regeneración y de purificación. Por este motivo en Roma los templos de las vírgenes Vestales se ubicaban en medio de los bosques, cercanos a fuentes rodeadas de rocas. Diana cumple su ritual de purificación no para amortiguar los eventuales ardores (puesto que la diosa es siempre virgen), sino porque vertiendo agua en su "agua" (su sexo, como contenedor vinculado a los líquidos) pone en contacto las energías de las dos aguas, renovando su pureza virginal.
Basándose en el mito descripto, la figuración asume un valor moral: como Diana prevaleció sobre Acteón, símbolo de la tentación, y lo volvió dócil, así el hombre debe domar y someter sus propios instintos, manteniéndose casto obteniendo el agua redentora de la Templanza. La posición que toma la Diosa sobre el ciervo, no es infrecuente en el arte tardío medieval. En un mortero veneciano del s. XV (fig. 6) hallamos un animal fantástico montado por un niño exactamente del mismo modo (fig. 7).
En la carta de los llamados Tarots de Mantegna, al pie de la muchacha aparece un armiño (fig. 8) El Ripa en su tratado de iconología escribe que para representar esta virtud "se puede también describir el armiño, por el cuidado que tiene de no ensuciar su blancura, semejante a la de una persona casta".
En las cartas de Etteilla (Grand Etteilla II) la Templanza se figura por una muchacha que lleva en su mano un bocado, con la función evidente de frenar los ardores, y por un elefante, también símbolo de la castidad (fig. 9) tal como aparece en la figura de la Templanza en el tratado del Ripa (fig. 10). En este sentido escribe "el elefante se coloca por la Templanza, porque estando habituado a una cierta cantidad de comida, no quiere sobrepasar lo usual, tomando sólo aquello que es su costumbre para alimentarse".

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