miércoles, 1 de abril de 2009

Carta XVII: La Estrella

Carta XVII: La Estrella
Ensayo para la iocnografía del Tarot



En la carta de La Estrella de los Tarots de Visconti Sforza (fig. 1) y en la del Tarot Colleoni (fig.2) s representa una muchacha que con la mano sostiene una estrella en lo alto. En el Tarot de Ercole I d'Este (fig.3), aparecen dos astrólogos en el acto de escrutar el cielo. En la carta Vieville (Fig. 4) aparece un solo astrólogo. Los Reyes Magos aparecen en la carta de la colección Rothschild, representado en el acto de sostener la corona de Cristo. Un Rey Mago sosteniendo en la mano el vaso del don se representa a caballo en los Minchiate. florentinos (fig. 5). Todas las Estrellas representadas en estas cartas tienen ocho puntas: pronto veremos su significado.
Un cambio sustancial en la iconografía se encuentra a partir del siglo XVI en la hoja Cary: una muchacha desnuda aparece arrodillada en el acto de verter el líquido contenido en dos jarras a un curso de agua por debajo. Encima de ella, en el cielo, aparece una gran estrella con otras cuatro estrellas pequeñas colocadas en grupos de dos a cada lado (fig. 6). Se trata de una Náyade, ninfa de los ríos representa tal como se la describe usualmente en los textos de iconología del s. XVI. Una espléndida representación se encuentra pintada en la Camera di Psique del Palacio Te en Mantua (Fig. 7). He encontrado que esta alegoría se explica en el "De Antro Nympharum", obra compuesta por e neoplatónico Porfirio en el siglo II d. C. y cuyos escritos fueron objeto de gran interés durante toda la Edad Media.
Miguel Psello (s. XI) redactó un compendio de las interpretaciones de Porfirio del "De Antro", pero el redescubrimiento de Porfirio ocurre mediante la obra de los platónicos florentinos Marsilio Ficino y Pico della Mirandola, y fue en el s. XVI, con ocasión del florecimiento de las ediciones de los textos griegos del platonismo, enriquecidos por las obras atribuidas a los antiguos teólogos -Orfeo, Pitágoras, Zoroastro, los Oráculos Caldeos, los textos herméticos - que se publicó la primera edición impresa de esta obra, a cargo de Lascaris y publicada en Roma en 1518. Pico della Mirandola en su "Oratio de hominis dignitate" elogiaba la riqueza de Porfirio y la "Multiiuga religio", mientras Poliziano admiraba la "Vita Plotini" como unión de historia y oratoria.
Porfirio interpreta la caverna de Itaca, descripta en los versos de Homero, a la luz de un tema fundamental del pensamiento platónico: el descenso del alma en el mundo y su regreso a Dios. Los versos de Homero son los siguientes: "Delante del puerto hay un olivo de grandes hojas: cercano a una cueva amable, oscura, consagrada a las Ninfas llamadas Náyades; en ella hay cráteres y ánforas de piedra; allí las abejas producen la miel. Y hay altos telares de piedra, donde las Ninfas tejen mantos purpúreos, maravilla que hay que ver; aquí corren aguas perennes; hay dos puertas, una, vuelta hacia Borea, es la descendida por los hombres; la otra, en cambio, que se vuelve a Noto, es para los dioses y no la atraviesan los hombres, sino que es el camino de los inmortales" (§ 1).
Para Porfirio la cueva es la representación del Cosmos y en este sentido ofrece numerosas analogías con el culto mitraico; las ninfas y las abejas son las almas; los mantos purpúreos tejidos por las ninfas representan la formación del cuerpo en torno a los huesos, mientras las dos puertas de la caverna son el camino de entrada y de regreso del recorrido cósmico del alma. Pero leamos, con este fin, lo que escribe Porfirio: "Los teólogos ponían en las cavernas el símbolo del cosmos y de los poderes cósmicos y de la esencia inteligible...(§ 9) Con ninfas Náyades significamos específicamente los poderes que presiden las aguas, pero los teólogos designaban así a todas las almas en general que descienden a la generación. En efecto, consideraban que todas las almas se posaban sobre el agua la cual, como dice Numenio, es divinamente inspirada; afirma que es por este motivo también que el profeta dijo: "El soplo divino se movía sobe el agua" (§ 10). Numenio, un maestro de Porfirio, cita en estos versos al profeta Moisés al cual igualaba a Platón, el "Moisés que habla griego". Se hace aquí referencia a los versos "...el espíritu de Elohim revoloteaba sobre la superficie de las aguas" extraídos del Génesis" (1, 2).
Respecto a la formación de los miembros en torno a los huesos, Porfirio escribe: " Los cráteres de piedra y las ánforas son símbolos propios de las ninfas que presiden el agua que mana de las rocas, y ¿qué símbolo sería más pertinente a las almas que descienden a la generación y tienden a la creación del cuerpo? Por eso el poeta se atrevió a decir que en estos telares "tejen mantos purpúreos, maravilla que hay que ver". La carne, en efecto, se forma sobre los huesos y en torno a estos, en los seres vivientes los huesos son la piedra, puesto que son semejantes a piedra; por eso se dice que también los telares son de piedra y no de otro material; los mantos purpúreos, además, serían evidentemente la carne, esto es, el tejido que se forma de la sangre" (§ 14). Porfirio explica además por qué las ánforas no están llenas de agua, sino de miel: "Los teólogos usan la miel en numerosos símbolos diversos, porque es una sustancia con muchas propiedades, en tanto posee ya el poder de purificar, ya el poder de conservar...(§ 15). Por tanto la miel vine a cuento para purificar, para preservar contra la putrefacción y como símbolo de la fuerza seductora del placer que induce a la generación; por esto es apropiado también para las ninfas del agua, como símbolo de la pureza incontaminada de las aguas -que poseen las ninfas- de su virtud purificadora y de su cooperación en el proceso generativo; el agua, en efecto, coopera en la generación" (§ 17). Las abejas, como las Náyades, devienen para Porfirio representaciones de las almas: "Fuentes y ríos son propios de las Ninfas del agua y aún más de las ninfas-almas que los antiguos llamaban específicamente abejas, por ser artífices del placer. De aquí que Sófocles usa una expresión adecuada cuando, refiriéndose a las almas, dice " Zumba el enjambre de los muertos que vienen a la luz" (§ 18). La relación almas - abejas se encuentra también en Platón (Fedro, 82b) que asemeja las almas templadas y justas a las abejas, avispas y hormigas como especies civilizadas en las cuales pueden reencarnarse los hombres justos.
Las dos puertas de la caverna de Itaca son identificadas por Porfirio como las dos constelaciones por las que el alma desciende en la generación y por las que luego regresa: "Considerando la caverna imagen y símbolo del cosmos, Numenio y su seguidor Cronio dicen que hay dos extremidades en el cielo; una está más al sur del trópico invernal, y la otra más al norte del trópico del verano. El trópico del verano está en correspondencia con el Cangrejo (Cáncer), y el del invierno en correspondencia con Capricornio. Y puesto que el Cangrejo está muy cerca nuestro se le atribuye lógicamente a la Luna, que es la más cercana a la tierra; Capricornio, puesto que el polo sur es invisible, se asigna al planeta más lejano y más alto de todos" (§ 21). Y también "Los teólogos, por tanto, consideraron como puertas estos dos signos, Cáncer y Capricornio- aquellos que Platón llamó desembocaduras - y decían que de estos dos Cáncer es la puerta por la cual descienden las almas, y Capricornio aquella por la que vuelven a salir. Cáncer la septentrional y camino de descenso, Capricornio la meridional y camino de regreso. La regiones septentrionales pertenecen a las almas que descienden a la generación, y por ello justamente la puerta de la caverna vuelta al norte y accesible a los hombres; las regiones meridionales no son lugar de los dioses, sino de quien regresa a lo dioses y justamente por esto dice el poeta que es camino no de dioses, sino "de los inmortales", expresión que se atribuye también a las almas, porque son inmortales o en sí o en su esencia (§ 22-23).
La muchacha desnuda bajo las estrellas representa por tanto una Ninfa Náyade, símbolo platónico de descenso del alma en la generación.
La estrecha relación del alma con el cielo, punto de origen y de retorno del alma, fue creencia general de la "Phisologia Ionica" (s. V -VI a.C) pero asumió su forma decisiva a partir de los mitos de Platón descritos en el Fedro y en el Timeo. La relación agua-vida se encuentra también en la mística cristiana. Sobre el hombro derecho de la Náyade, representada en el folio Cary, aparece una pequeña estrella de ocho puntas, como las que se encuentran representadas en el cielo. Una misma estrella aparece con frecuencia sobre el manto de la Virgen María para significar plenitud de vida (Stella Maris). Este número está puesto en relación con el octavo día del inicio de la Creación, momento en el que el universo tomó vida en su totalidad, después del reposo de Dios en el séptimo día. Los baptisterios cristianos son efectivamente octogonales, número que indica la plenitud de vida que se obtiene mediante el agua del bautismo.
Para representar el nacimiento del mundo, en la carta de un Tarot italiano, siempre del s. XVI, conservado en Rouen, se ha figurado a Venus saliendo de las aguas del mar (fig. 8). Ya para los sumerios, Venus era "aquella que muestra el camino a las estrellas", símbolo de nacimiento en cuanto Diosa del Amor "de donde viene la generación humana" (Cartari, 1647 p.279). En esta última imagen, la diosa tiene en su mano derecha una lanza, objeto que junto con el arco y las flechas devino parte de sus atributos. Para los antiguos persas, según una concepción que pasa a la mitología griega y romana, Venus en tanto que diosa de la tarde, favorecía el amor y el deseo, en tanto que como diosa de la mañana presidía en las operaciones de guerra y masacres (Dhorme Edouard, "Les Religions de Babylonia et d'Assyrie", 1949, p. 68).
La lanza que tiene Venus en su mano deviene en su extremo un huso, y para esto siempre nos ilumina Cartari: "Et appresso di Pausania si legge, che Venere fu posta da i Greci per una delle parche... e che nel tempio a lei dedicato erano guardati gli ornamenti de i morti, per ammonirci della fragilità della vita humana, il principio, e la fine della quale era in potere di una medesima dea. Perché Venere fu la Dea della generatione, e il farla la più vecchia delle Parche voleva a punto dire, che ella metteva fine al vivere humano" ( 1647, pp. 161 -162). (Y en Pausanias se lee que Venus tomada por los griegos por una de las parcas... y que en el templo dedicado a ella se guardaban los ornamentos de los muertos, para recordar la fragilidad de la vida humana, cuyo principio y fin estaba en poder de una misma diosa. Porque Venus fue la Diosa de la generación, y hacerla la más vieja de las Parcas quería decir que también ponía fin a la vida humana")

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