jueves, 10 de abril de 2008

EL KARMA COLECTIVO DE LA ATLANTIDA

EL KARMA COLECTIVO DE LA ATLANTIDA

Hace poco un equipo de científicos alemanes aseguraba que el reino perdido se encontraba nada menos que en el coto de Doñana. Todo lo referente a la existencia de la Atlántida es un misterio que muchos se empeñan en aclarar, vertiendo más confusión sobre el asunto. El propio Aristóteles pensaba que era una invención de su maestro. Sin embargo, hay opiniones para todos los gustos.
Hay teorías afirman que el punto exacto en el que estaba situada la Atlántida era entre Assuán y el oasis al oeste del desierto, en Egipto. El explorador P. H. Phawcett, que aseguraba ‘vislumbrar’ su existencia, la estuvo buscando por Brasil sin éxito. Y hay quienes consideran que no es del todo ilógico buscarla por allí, porque “Brasil encierra hoy día muchos misterios”, como construcciones piramidales sólo vislumbradas por pilotos comerciales o inscripciones extrañas en cuevas subterráneas. El investigador Georgeos Díaz asegura que no entiende por qué se niega la evidencia de que la única ubicación posible que pudo tener la Atlántida es justo delante de la boca del Estrecho de Gibraltar. En fin, que no nos aclaramos.
Testimonios sobre la existencia del continente hundido
Es asombrosa la cantidad de personajes célebres que aseguran que esa civilización remota realmente tuvo lugar. César Luis de Montalbán, explorador y viajero incansable, que profundizó como pocos en la historia y leyendas de Asia y América, fue uno de ellos. Durante uno de sus viajes a Egipto, Montalbán convivió con sacerdotes del alto Nilo, quienes le confesaron ser descendientes de los atlantes, y que éstos llevaron a Egipto todos los conocimientos y logros de su civilización. Tal afirmación coincide con el texto de un rollo de papiro que se conserva en el Museo de San Petersburgo, escrito durante el reinado del faraón Sent, de la II dinastía, donde se explican las investigaciones ordenadas por el monarca y llevadas a cabo por una expedición en busca de la Atlántida, por considerarla la tierra de sus antepasados.
En los Andes Orientales, Montalbán entró en contacto con el más alto sacerdote, el "Pistaco" de aquellos territorios, perteneciente a una dinastía inmemorial que conservaba la historia de su estirpe y las más ocultas tradiciones de su pueblo. El enigmático personaje, al escuchar del viajero una alusión a Jesús, replicó: "Es mi dios; el dios de mis padres encamado en el culto atlante del habitante del templo transparente”. Y Orellana, en Venezuela, vio en manos de los aborígenes unos mapas donde aparecía, perfectamente situado el continente de la Atlántida, de donde aseguraron provenir.
Por otra parte, en la "Historia Universal" de Dextro, libro famoso entre todos los libros perdidos, prohibidos y condenados, se encontraba - al parecer- la relación completa de todos los monarcas atlantes que hubo en España, quienes dieron pobladores a Irlanda, Escocia, Inglaterra y América, y enviaron colonias a Asia y África, proporcionando también reyes a los celtas y troyanos. Sin embargo, esta joya bibliográfica desapareció misteriosamente, siendo sustituída por la más conveniente "Historia" de Flavio Lucio, la cual, desde entonces, se tuvo por la auténtica historia de Dextro.
Mario Roso de Luna, ilustre astrónomo y escritor extremeño, publicó en 1904 un primer estudio sobre la escritura ógnica en Extremadura, defendiendo la hipótesis de la existencia de atlantes en esta tierra. Paul Schliemann, un nieto del arqueólogo descubridor de Troya, Heinrich Schliemann, publicó un artículo llamado "Cómo encontré la perdida Atlántida, fuente de toda civilización", aunque muchos pensaron que todo era mentira y sólo quería aprovecharse de la fama de su abuelo.
Y se podría seguir, y seguir, indagando en la historia y las culturas de los pueblos, y siempre se encontrará a alguien que asegure que los atlantes existieron –y seguramente sean antepasados suyos-. Los que no se sabe es, cuanto tendrá de mito y cuánto de realidad.


De todos los misterios que andan por el mundo, ninguno puede competir con las fabulosas historias de las tierras perdidas y civilizaciones desaparecidas, y entre todas ellas, destaca sobremanera una: la desaparición de un continente entero más allá de las Columnas de Hércules (Gibraltar), al cual se lo tragó la tierra sin dejar rastro ni de él ni de la floreciente civilización que poseía.

Éste continente tenía el nombre de Atlántida.

Llama la atención que la única mención directa a la Atlántida esté en los diálogos de Platón, siendo los miles de libros que se han escrito sobre ella simplemente especulaciones y comentarios a la obra de Platón. El filósofo menciona al continente perdido en dos de sus diálogos: el Timeo y el Critias.

El Timeo resume la conversación que tuvo Sócrates y tres de sus discípulos allá por el 421 a. JC. en Atenas. En el transcurso de la conversación, uno de los discípulos de Sócrates, Critias, relata a sus compañeros una historia que Solón, famoso político y legislador ateniense, le había contado a su abuelo. En uno de sus viajes a Egipto, Solón conoció a un sacerdote que le dijo que las crónicas egipcias contenían el relato de una gran guerra librada en tiempos muy antiguos, en torno al 9.600 a. JC., entre Atenas y "una poderosa hueste que, partiendo de un lugar lejano del océano Atlántico, avanzaba insolente para atacar a toda Europa, y a Asia por añadidura". Los invasores, siempre según los comentarios del sacerdote egipcio, procedían de una gran isla llamada Atlántida, situada más allá de las Columnas de Hércules; esa isla, mayor que África del Norte y Asia Menor juntas, era el centro de un poderoso imperio que comprendía numerosas islas atlánticas vecinas y grandes porciones de tierra "Libia hasta Egipto y Europa hasta la Toscana". Grecia resistió la invasión atlante y liberó a los pueblos que habían sido subyugados, pero después hubo "violentos terremotos y pleamares, y en un día y una noche de desgracia, todos aquellos hombres belicosos se hundieron como un sólo cuerpo en la tierra, y la propia isla de Atlántida desapareció en las profundidades del mar. Razón por la cual el mar es en esas partes intransitable e impenetrable, pues en medio hay un banco de barro, causado por el hundimiento de la isla". Nada más nos dice el Timeo sobre el fabuloso continente.

El Critias lo que contiene es una descripción de la isla, la fauna y flora que poseía (incluidos caballos y elefantes, lo que echa por tierra las teorías de que sudamérica es la atlántida, ya que no llegaron los caballos al otro lado del Atlántico hasta 1.492), la organización administrativa de la misma, su flota de 1.200 naves, sus ceremonias, su magnífica arquitectura y las virtudes de sus habitantes, los cuales "desdeñaban cuanto no fuese la virtud y tenían en poco la prosperidad de que disfrutaban". Pero el Recreación de la Atlántida

Critias también nos narra el porqué del final de la isla: "cuando el elemento divino que había en ellos empezó a debilitarse debido al cruce constante con los mortales y predominó el temperamento humano, no pudieron seguir siendo dignos de su suerte, y empezaron a comportarse de modo indecoroso". Llegó un momento en que Zeus, rey de los dioses, resolvió infligir a la Atlántida un castifgo ejemplar que calmase sus ambiciones, para lo cual "reunió en su muy honorable residencia a todos los dioses (...) y una vez que los tuvo allí reunidos les dijo: " Y aquí se interrumpe el Critias.

¿Es posible que desapareciera un continente entero en medio del Atlántico? ¿Qué clase de catástrofe pudo haber ocurrido? ¿Hubo un estado ateniense en el año 9.600 a.JC.? ¿Pueden remontarse las crónicas egipcias a una época tan remota? ¿Por qué Aristóteles, el discípulo de Platón, sólo dijo de la Atlántida "Quien la creó la destruyó también"? Como vemos, los interrogantes que se plantean son muchos; en la mayoría de los casos sólo se generan más dudas y sólo se puede responder a ellos con especulaciones y apreciaciones personales, aunque hay algunas hechos que nos prueban que en efecto, la Atlántida existió.

Al comienzo de la época de las exploraciones (S. XV), renació el interés sobre éste continente perdido y, basándose en la Biblia, los clásicos y la mitólogía, se propusieron múltiples ubicaciones de la Atlántida, algunas de las cuales son Mongolia, el Ártico, las islas británicas, Persia, Mesopotamia, Etiopía, Suecia, Sudamérica, Norteamérica, Azores, Canarias, Santorín, Creta, Ceilán y muchas otras. Aunque la mayoría de las ubicaciones son poco probables y sus teóricos modificaban datos y directamente se inventaban otros, hubo uno cuyas ideas no pueden desecharse a la ligera.

Ignatius Donnelly, el miembro más instruido del congreso norteamericano a finales del siglo XIX, publicó un libro (Atlantis: The Antediluvian World) en el que no se ofrecían nuevas pruebas de la existencia de la Atlántida, sino que se hacía una síntesis de las ya existentes, encontrando nexos entre pruebas que parecían no tener nada en común y consiguiendo ofrecer una secuencia de argumentos que no sólo corroboraban la historia de Platón, sino que además ofrecían datos nuevos sobre el continente perido de la Edad de Oro.

Donnelly se basó en lo que los antropólogos denominan Teoría difusionista que sostiene que si en lugares muy apartados surgen culturas parecidas, el hecho no puede ser casual, sino que se debe a contactos directos o indirectos.

Las dos culturas con tantas similitudes son la egipcia y la mesoamericana: Podemos encontrarnos asombrosas semejanzas entre sus templos, el hecho de que ambas culturas construyeran pirámides, la similitud entre sus aparejos, etc... y otro hecho que a Donnelly le pasó desapercibido y que viene a corroborar que entre ambas civilizaciones hubo un nexo: Ambas culturas son las únicas que representaban a sus dioses con forma de animal o de híbrido humano-animal. Por lo tanto, no cabe duda de que hubo un contacto cultural continuado entre los antiguos egipcios y los antiguos habitantes de centroamérica, aunque algunos antropólogos lo rechazen, argumentando que las culturas tienden a evolucionar de modo semejante aunque no tengan relación entre sí.

Una vez probada la existencia de la Atlántida en tiempos antiguos, la controversia se centró en qué tipo de desastre natural podría hacer desaparecer un continente entero situado en medio del Atlántico, ya que la tectónica de placas no deja lugar para la Atlántida, y por lo tanto, la destrucción de la misma sólo pudo deberse a un fenómeno excepcional.

Recordemos que en el Timeo, se menciona que la Atlántida fue destruida en un día y una noche, por lo tanto, rechazamos la hipótesis de un brusco cambio nivel de las aguas. ¿Qué tipo de desastre pudo haber ocurrido entorno al año 9.600 a JC.? Las hipótesis han sido de lo más variadas, siendo el impacto de un meteorito y la aproximación de un cometa gigante (que hoy en día sería Venus) las dos principales hipótesis que aún hoy en día no han podido ni ser probadas por completo ni refutadas por completo.

Curiosamente, la prueba de la localización de la Atlántida no surgió de tradicionales investigaciones, sino que Edgar Cayce, popular adivino norteamericano, predijo en 1.933 durante un estado de trance : "En la parte hundida de la Atlántida o Poseidia (...) puede aún descubrirse parte de los templos bajo el fango acumulado por tantos siglos en el mar, cerca de lo que llaman Bimini, frente a las costas de Florida". En 1.968 un equipo de exploradores submarinos descubrió lo que parecía una construcción de 580 metros de longitud y forma de J, hecha en enormes piedras rectangulares que descansaban en el fondo del mar a media milla de Paradise Point, en Bimini Norte, una de las Islas Bahamas.

Algunos geólogos se apresuraron a descartar que pudiera tratarse de la Atlántida considerando que esas piedras eran una formación rocosa natural (teniendo en cuenta que la linea recta no se da en la naturaleza, y que las piedras en cuestión tenían todas cantos pulidos, la explicación cae por su propio peso) y hubo un gran número de arqueólogos y atlantólogos que estaban seguros de que dichas piedras habían sido puestas allí en los últimos años, pero también ésta segunda teoría fue refutada cuando el Dr. David Zink, tras repetidas exploraciones submarinas desde 1.974, descubrió otros muchos parajes: labradas con los bordes machihembrados, una cabeza esculpida en un trozo de mármol, pautas geométricas en la colocación de las piedras, que contienen referencias astronómicas a la constelación de las Pléyades y monumentos megalíticos que no podían haber sido llevado allí por el hombre en los últimos años, ya que en todos ellos había huellas de la erosión provocada por miles de años en el fondo del mar.

Llama la atención que la ubicación de la Atlántida esté precisamente tan cerca del Mar de los Sargazos, donde no se atrevían a entrar las naves hasta bien entrada la edad moderna por el miedo a encallar en su fondo fangoso, y recordamos lo escrito literalmente del Timeo en la página anterior "(...) la propia isla de Atlántida desapareció en las profundidades del mar. Razón por la cual el mar es en esas partes intransitable e impenetrable, pues en medio hay un banco de barro, causado por el hundimiento de la isla".

Parece ser que el mito inmortal de la Atlántida tiene una base real y que lo escrito por Platón, aparte de algunos excesos cometidos por el sacerdote egipcio, su discípulo Critias o él mismo, tiene un transfondo verídico. Ahora es el momento de que cada uno saque sus propias conclusiones acerca de la Atlántida.


Existió hace 11.000 años, al oeste del estrecho de Gibraltar, una isla más grande que África y Asia juntas. La Atlántida, como se llamaba, era la cuna de una civilización muy avanzada e inmensamente rica. Su flota navegaba por todos los mares a la busca de materias primas. El oro se empleaba en la isla para hacer estatuas y, con otros metales preciosos, cubría las fachadas de algunos edificios. Los reyes atlantes ya habían construido templos, palacios, puertos y astilleros, y esclavizado a algunos de sus vecinos, cuando se lanzaron a la conquista del Mediterráneo oriental. Fueron derrotados por Atenas, y un terremoto y un diluvio sumergieron la isla continente en el océano en un día y una noche.

Platón (429-347 antes de Cristo) contó esta historia en dos de sus diálogos, 'Timeo' y 'Critias'. No hay referencias a la Atlántida anteriores y todas las posteriores se basan en lo que escribió el filósofo griego, cuyo discípulo Aristóteles creía que se trataba de una ficción poética de su maestro. La narración ocupa menos de diez páginas, pero ha dado lugar a miles de libros en los cuales se ha situado el desaparecido imperio en mitad del Atlántico, en el Índico, en las Islas Británicas, en Francia, en Canarias, en Cuba, en Yucatán, en Los Andes, en Arabia, en Groenlandia y en la Antártida, entre otros lugares. Se ha poblado hasta de extraterrestres y se ha presentado como la tierra originaria de los egipcios, los mayas, los aztecas, los vascos, los indios norteamericanos...

Atlantes en Andalucía

"No creo que la Atlántida haya existido como una civilización avanzada en una isla en mitad del Atlántico", dice el historiador y novelista Juan Eslava Galán. "Las propuestas de posibles emplazamientos tienen su origen, en el mejor de los casos, en malinterpretaciones y, en el peor, en tergiversaciones con fines crematísticos", mantiene David García i Rubert, arqueólogo y profesor de la Universidad de Barcelona. La Atlántida 'salió del fondo del mar' a principios de junio cuando el físico alemán Rainer Kühne publicó, en la web de la prestigiosa revista 'Antiquity', una foto tomada por un satélite en la que identifica, en la Marisma de Hinojos, cerca de Cádiz, los restos de dos templos de los que habla Platón.

Ramón Corzo, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, tiene una dilatada experiencia en arqueología aérea y no ve en la imagen nada sorprendente. "Lo que hay son sombras en la arena fruto de la casualidad. Es un terreno que ha emergido recientemente, en el que no hay posibilidad de que exista ningún tipo de estructuras tan antiguas". El artículo de 'Antiquity' ha indignado a Georgeos Díaz-Montexano, un aficionado hispanocubano que acusa a Kühne de plagiarle al situar el continente perdido en Cádiz. La localización de la Atlántida en Andalucía occidental es, sin embargo, muy anterior al nacimiento de Díaz-Montexano, quien sostiene que "el acueducto de Segovia es un monumento atlante".

"El primero que pone la Atlántida en Andalucía es Platón, que dice que está más allá de las Columnas de Hércules, como los griegos llamaban al estrecho de Gibraltar", indica Corzo. Parte de la descripción de la civilización desaparecida parece corresponder con lo que se conoce de Tartessos, la cultura que se desarrolló entre los siglos VIII y VI aC en el sur peninsular, donde en aquella época hubo núcleos urbanos ordenados en anillos -como la capital atlante- en una tierra muy fértil y rica en minerales. "Platón toma elementos del Tartessos histórico y los traslada a un pasado remoto que no tiene nada que ver con la realidad", explica el experto de la Universidad de Sevilla.

Hundidos por la soberbia

García i Rubert coincide en que el filósofo introduce elementos de su realidad histórica y de la tradición griega en la narración del auge y destrucción de "un estado ideal extraordinariamente rico y próspero que cae en la impiedad, lo que desemboca en su destrucción a manos de los dioses. Es un mito precioso, creado a partir de un montón de tradiciones e influencias". El arqueólogo catalán ve, en el enfrentamiento entre atlantes y atenienses, una reedición de las guerras médicas (498-479 aC), en las que los griegos frenaron el avance hacia Europa del imperio persa. El catastrófico final sería una nueva versión del episodio del Diluvio, documentado en la tradición mesopotámica desde 2500 aC y del que se apropiaron después los hebreos. "Es el tópico del pueblo que se hunde por su soberbia", señala Corzo.

Todos los elementos míticos e históricos se funden en un relato que engrandece a Atenas, la patria del filósofo. "Las ciudades, como las personas, necesitan un pasado ilustre y, si incluye la derrota de una civilización superior, mejor", apunta Eslava Galán. "Platón dijo que los hechos habían ocurrido 9.000 años antes como pudo decir 20.000", afirma el catedrático sevillano. Y es que, hace 11.000 años, los atenienses no pudieron vencer a nadie por una razón muy simple: Atenas no existía. No había en el mundo ninguna ciudad; sólo tribus de cazadores recolectores.

El escollo cronológico no es menor. Los 'atlántólogos' han intentado eludirlo argumentando que los hechos sucedieron 900 años antes de Platón, y no 9.000; pero el relato original se lo pone difícil. Fueron los sacerdotes egipcios de Sais los que, según el filósofo, contaron la historia de la derrota de la Atlántida a Solón (638-560 aC), el padre de la democracia ateniense, refiriéndose a ella como "la hazaña más heroica" de los hombres que habían vivido 9.000 años antes. El problema, indica García i Rubert, no es sólo que no haya ningún texto sobre la Atlántida en culturas como la egipcia y las mesopotámicas -"que acostumbraban a registrar casi todo"-, sino que además la precisión cronológica de que hacían gala los egipcios invalida la posibilidad de un error de esa magnitud.

Un imperio en el Egeo

Quitarle un cero a los 9.000 años de Platón situaría el hundimiento de la Atlántida alrededor de 1500 aC, cerca temporalmente del final de la cultura minoica, que se desarrolló en Creta y cuyo esplendor todavía es visible en las ruinas del palacio de Cnosos. La isla griega fue hogar de la primera civilización avanzada de Europa, que desapareció hacia 1450 aC por causas desconocidas. Algunos arqueólogos han identificado la Atlántida platónica con la Creta minoica desde que el estudioso K.T. Frost, de la Universidad de la Reina, en Belfast, lo hizo por primera vez en un artículo publicado en 'The Times' en 1909. Pero ¿cuál habría sido el agente destructor?

Un centenar de kilómetros al norte de Creta, asoman en el Egeo los restos de una isla, Tera -hoy conocida también como Santorini-, cuyo volcán entró en erupción entre 1600 y 1400 aC y, en un momento dado, explotó con una potencia varias veces mayor que la del Krakatoa, que en 1883 mató a más de 36.000 personas. Es posible que Platón recurriera al recuerdo de esa violenta erupción como un elemento más para su historia, pero no hay pruebas de que la catástrofe de Tera acabara con la civilización minoica, que tampoco fue derrotada por los atenienses ni tenía sus dominios más allá de las Columnas de Hércules.

"No puedes cambiar todos los detalles del relato de Platón y decir que sigue siendo el relato de Platón. Es como decir que el legendario rey Arturo es 'en realidad' la reina Cleopatra; lo único que tienes que hacer es cambiar el sexo, la nacionalidad, la época, el temperamento, el carácter moral y otros detalles de Cleopatra para que la semejanza sea obvia", dejó escrito el novelista y estudioso Lyon Sprague de Camp en su libro 'Lost continents' (1970). Kenneth Feder, experto en arqueología fantástica de la Universidad Central del Estado de Connecticut, compara el mito de la Atlántida con 'La guerra de las galaxias'. Ambas historias ocurrieron hace mucho, mucho tiempo; en un sitio muy, muy lejano; y están protagonizadas por un todopoderoso imperio que sucumbe ante un grupo de valientes hombres libres. ¿Hay alguien que busque los restos de Luke Skywalker?

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