domingo, 6 de julio de 2008

LA BRUJERIA EN EUROPA (ALGUNOS ASPECTOS

Divagaciones sobre la brujería

Muchas veces se ha dicho que la Brujería es una parodia del cristianismo, sin embargo esta afirmación no es más que la prueba de que ambos tienen los mismos orígenes. Existen una serie de creencias muy difundidas en el tiempo y en el espacio, como la creencia en un dios del cielo y del trueno –como Jehová-, las trinidades de diosas y dioses –como la santísima Trinidad-, que a su vez tiene como antecedentes a la tríada madre mediterránea, de la que surgirá el culto a las tres Marías (por ejemplo). También el tema de la muerte y resurrección del dios es un símbolo agrícola antiguo; en el mitraísmo también se comía a dios y se tenía la creencia en un segundo advenimiento de Mitra; muchos piensan que del culto a los árboles sagrados deriva el culto a la cruz... De hecho los viejos santuarios, las tierras utilizadas para enterrar se convirtieron en iglesias y cementerios cristianos.

Las reuniones de brujas fueron una reminiscencia de ritos paleolíticos; algunos afirman que se adoraba a un dios de los cuernos; otros afirman que la danza -que supone una reunión emocional con la naturaleza- es la base de la religión; otros dicen que a esto hay que unir el culto fálico de origen druida y otros ritos mediterráneos.

Estudios de la brujería dicen que en sus orígenes se identificaban las brujas con las hadas, pues ambas representaban la creencia en fantasmas y espíritus. Hay hadas y duendes que proceden de las visiones producidas por el consumo de la Amanita muscaria. Pero otros autores afirman que las hadas derivaban de la memoria de las etnias que habían habitado Europa antes de la llegada de los pueblos celtas. Estos hombres morenos y no muy altos, se asustaron por las armas y la ferocidad de los invasores y se dispersaron por los sitios más recónditos de Europa porque les temían a las puntas de flecha de hierro, sin embargo ellos, aunque tenían pequeñas flechas, estaban afiladas con pedernales y envenenadas con cicuta. Estos primitivos habitantes europeos fueron los que elaboraron el concepto de las hadas.

Autores como Pennethorne Hughes dicen que los nombres de "Robin Hood" o del "Rey Arturo" no eran más que los nombres dados en muchos lugares al rey de los diablos entre la gente adicta a la Brujería. Otros los relacionan con el “hombre verde”, el hijo de la diosa y, al segundo, con uno de los muchos héroes que viajaban al más allá, al país de los muertos, y regresaban con regalos o bienaventuranzas para su tribu.

2. El diablo y los bailes de máscaras

Los jefes de las danzas también llevaban máscara (la del animal del tótem), al igual que los obispos cristianos utilizan la mitra que deriva de la "cabeza de pez" de los sacerdotes de Dagon, según afirma Pennethorne Hughes. Las máscaras también se llevaban en las "fiestas de los locos" que son antiguos ritos de fertilidad. La máscara representa muchas veces las dos caras de Jano o Diana, la segunda era la que se asociaba a las posaderas del diablo y, a esto, se hace referencia en los juicios de brujas cuando decían que besaban el trasero del demonio. El uso de la máscara por parte del que oficia de Diablo es lo que explica que muchas brujas, al besarlo, lo describan como frío y duro, lo mismo que dicen de su falo, sin duda porque utilizaba uno artificial para poder contentar a todas las reunidas (Margaret Murray).

En otro apartado estudiaremos el nexo que une las deformaciones al andar, las máscaras, los seres demediados… y su relación con el “otro”, el del más allá: el muerto.

Después de este panorama, muy confuso, está claro que se necesita poner orden en la cuestión. La única forma de desembrollar este tema será el de sumergirnos a fondo en sus manifestaciones históricas y en todas las partes del mundo.

3. La brujería como reacción ante el catolicismo

- Una religión de drogas y sexo

Como consecuencia de las prácticas cristianas poco edificantes, de la riqueza y abuso de sus representantes, se produjeron reacciones contrarias que podemos resumir en tres:

1. Regreso al cristianismo primitivo, de tipo comunista.

2. Las herejías.

3. Vuelta a la vieja religión, al paganismo prehistórico: la Brujería.

Las gentes de la Europa medieval, primitivas y sin cultura, se sintieron amenazadas por el infierno cristiano, más que consoladas con la promesa de salvación eterna, por lo que buscaron una religión que les facilitara la vida, un pacto con Satán que les garantizara prosperidad material, una completa farmacopea de hierbas, disfrute sexual y liberación de la rutina de la esclavitud feudal. Entre los fieles había más mujeres que hombres, por lo que es de suponer que ellas fueron las fundadoras de esta religión, las guardianas del fuego sagrado, que se transmitían de madres a hijos los secretos de la concepción y del parto...

En el primitivo culto de la Brujería podemos separar grupos diferenciados:

1. Los supervivientes del culto al dios de los cuernos, de la vieja religión, que son los habitantes del país de las hadas y de los duendes, es decir, de las etnias primitivas europeas.

2. El grupo constituido por las mujeres del matriarcado y su sistema de transmisión de madres a hijas. Las auténticas brujas que se ofrecían en cuerpo y alma al dios de la fertilidad.

3. Intelectuales afectados por loas religiones de "misterios" del oriente y que actuaban parodiando al cristianismo.

4. Simpatizantes o explotadores del culto, que son aquellos que buscan algún beneficio cuando acuden a las brujas.

4. Primeros documentos

Gustav Henningsen en La Inquisición y la Brujería no habla de la creencia en la brujería como un viejo fenómeno universal. Para él la creencia en las brujas, no fue, como puede leerse por ejemplo en la Enciclopedia de la brujería y demonología de Robbins (1959, 1992), invención de la Iglesia.

La creencia en las brujas rebosa de elementos animistas, que revelan su antigüedad: Cuando la bruja se "come" a un ser humano, no es, así pues, la carne sino el "espíritu" de la carne, lo que devora. Pero esto se cree suficiente para que la víctima se consuma y muera. Parece que nos hallamos ante un único e idéntico complejo de tradiciones, difundido por todo el viejo mundo. Puede comprobarse lo mucho que tienen en común las creencias brujeriles europeas, asiáticas y africanas. Las ideas, por ejemplo, de juntas secretas de brujas, que en sus "aquelarres" nocturnos celebran banquetes a base de la carne de sus propios parientes; y la de que la brujería sea un poder innato para dañar a otros, transformarse en animales y volar por los aires, las comparten los tres continentes. Incluso algo tan específico como es el dejar en la cama un cuerpo fingido, en lugar del propio, mientras la bruja acude al aquelarre, lo encontramos tanto en Asia, como en África y Europa. Son especialmente asombrosas las similitudes entre las creencias en brujas de Europa y la India, las cuales, en ambos casos, se remontan a la temprana Antigüedad (Henningsen 1997).

Para una mente teológica, la brujería, tal como lo concebía el pueblo, resultaba absolutamente inaceptable. Por eso la Iglesia desechó desde un principio estas creencias como supersticiones paganas. En el año 1080 escribió el papa Gregorio VII al rey Harald de Dinamarca quejándose de que los daneses tuviesen la costumbre de hacer a ciertas mujeres responsables de las tempestades, epidemias y toda clase de males, y de matarlas luego del modo más bárbaro. El papa conminaba al rey danés para que enseñase a su pueblo, que aquellas desgracias eran voluntad de Dios, la cual deberían complacer con penitencias y no castigando a presuntas autoras. Esta postura de la iglesia de mantiene el año 1090, en una crónica eclesiástica que defiende a tres mujeres, quemadas por envenenadoras y perdedoras de personas cerca de Munich, diciendo de ellas, que murieron mártires.

Gustav Henningsen afirma que de acuerdo con esta postura de la Iglesia no se puede encontrar nada sobre las brujas en los más antiguos manuales del Santo Oficio. En el más antiguo, escrito por el inquisidor Bemard Gui sobre 1324, bajo el título "De sortilegis et divinis et invocatoribus demonorum" se citan diversas prácticas mágicas y de adivinación, junto con algunos conjuros al demonio. Lo más que se acerca a las brujas, es al comentar sobre "fatis mulieribus quas vocant 'bonos res' que, ut dicunt, vadunt de nocte". La “cosa buena” es un eufemismo que la gente utilizaba para referirse a las hadas. El manual Directorium Inquisitorum (1376), de Nicolau Aymerich tampoco entra en el terreno de las brujas, pero reproduce la condena que el Canon episcopi (incluído en el Decreto de Graciano 1140) hace de aquellas mujeres que se creen capaces de volar por las noches en el cortejo de la diosa Diana. Por añadidura, dicho manual de Eymeric incluye el decreto del papa Juan XXII, de 1326, contra diversas formas de culto al demonio.

En la versión comentada que Francisco Peña publicó en 1578 del manual de Eymeric, se habla bastante sobre la conjuración al demonio y la relación que con éste tienen los magos; pero la mención del aquelarre sigue brillando por su ausencia. En todos esos manuales es notorio, que el sortilegio ocupa el último lugar en la jerarquía de las herejías.

Por desgracia, la sabia postura de la Iglesia cambia alrededor de 1400, al ser reinterpretada la noción popular de la brujería, de modo que ésta resultaba también posible desde el punto de vista teológico. Los detalles sobre lo que se consideraba una nueva secta de brujos los encontramos por primera vez, en dos tratados escritos a mediados de la década de 1430. El uno: Ut magorum et maleficiorum errores, por Clode Tholosan, juez seglar en la provincia de Dauphine. El otro: Formicarius, por el dominico Juan Nider. Con ambos se inicia la interminable serie de tratados demonológicos de los siglos XV, XVI y XVII.

5. Creencia popular y teoría demonológica.

Gustav Henningsen realiza una comparación entre la creencia popular en las brujas y la teoría demonológica, fundada en los principios teológicos de San Agustín y Santo Tomás de Aquino, los cuales se mantuvieron casi sin modificación durante todo el periodo.

El concepto popular de la brujería como poder natural innato de la persona, se seguía rechazando. Sin embargo se admitía la existencia de brujas, las cuales, para poder obrar, tenían necesariamente que haber pactado con el demonio. Del mismo modo se redefinió el don brujeril de transformarse en animales. Que el alma humana pudiera meterse en un animal - desde un punto de vista teológico -era imposible. Si la bruja se creía capaz de algo así, se lo debía al arte ilusorio del demonio. Esta era la postura que defendía el Compendium maleficarum de Guazzo de 1608: "A nadie le hagan creer, que un ser humano realmente pueda transformarse en animal". Continúa afirmando que el demonio del simple aire puede crear una forma de lobo e introducirse él dentro de la misma, para hacer luego todo tipo de descalabros. Mientras tanto, yace la bruja en su cama y experimenta su apariencia de lobo como un hecho absolutamente real. En caso de que alguien consiguiese herir al ilusorio lobo, el demonio procuraría herir a la bruja del mismo modo y en la misma parte del cuerpo, de modo que la bruja, al despertar, crea firmemente que todo ha ocurrido en realidad (Guazzo 1929:51).

Un problema especial representaba para los teólogos el supuesto vuelo de las brujas. Según la noción popular, el alma humana abandona el cuerpo, dejando a este yacer como sin vida. Mas esta explicación era inaceptable para los teólogos. En tanto una persona no esté muerta, el alma y el cuerpo son inseparables. Si el demonio fuese capaz de extraer el alma del cuerpo de la bruja y devolverla luego a éste, sería un milagro - y no un milagro cualquiera - sería comparable al milagro de la Resurrección.

La explicación ortodoxa demonológica surgió de la necesidad de resolver el problema: para ello hubo que admitir que la presencia de las brujas en el aquelarre, a veces era real (en cuyo caso era siempre también corporal), mas otras veces, sería irreal. La creencia de que las brujas se juntaban en asambleas nocturnas databa de muy antiguo. Pero la idea de que ocurriese bajo los auspicios del demonio, era innovación de los demonólogos. Del mismo modo, la idea de que las brujas formasen parte de una secta, era totalmente ajena al concepto popular de la brujería. Probablemente debamos semejante sutilidad a la creatividad inquisitorial.

6. Inicios de la persecución

No hace aún mucho tiempo que los historiadores coincidían en culpar a la Inquisición del surgimiento de dicha persecución. Según Joseph Hansen la primera quema de una bruja habría tenido lugar en 1275, cuando la Inquisición de Toulouse condenara a una tal Angela de la Barthe por haber comido carne de niños y tenido relaciones con el demonio. Durante todo el siglo XIV, de acuerdo con dicha gran autoridad alemana, cientos de hombres y mujeres, acusados de brujería, habrían sido quemados por las Inquisiciones de Toulouse y Carcasonne.

A partir de Hansen se sugiere también la seductora idea de que la Inquisición, tras haber exterminado a cátaros y valdenses, se volcó sobre las brujas para no quedarse inactiva.

La investigación más reciente ha demostrado algo totalmente distinto. Todos los datos sobre la sangrienta caza de brujas en el sur de Francia se remontan a un libro de divulgación escrito por el novelista francés Lamothe-Langon (1829). A raíz de este descubrimiento, la cronología se ha retrasado con casi cien años.

Ahora se sabe que los primeros –y escasos- informes datan de 1360. 0 sea, un siglo después de la supuesta quema en Toulouse. No fue la Inquisición quien inició la persecución sino la justicia civil en Suiza y Croacia. Resulta interesante ver cómo la Inquisición de Milán no sabía qué hacer con dos caminantes nocturnas (benandanti), que en 1384 y 1390 confesaron haber participado en una especie de aquelarre blanco en el que el hada Madonna Oriente les instruía en la forma de ayudar a la gente a combatir la brujería.

Parece ser que la legalización de la caza de brujas tuvo su origen en las exigencias del pueblo, que presionaba a los tribunales civiles. Poco a poco, la Iglesia también hubo de adaptarse a esta corriente; pero la Inquisición no aparece involucrada en ese tipo de persecuciones con anterioridad al siglo XV.

7. Inquisición y brujería

Con el fin de obtener una idea más exacta de la participación del Santo Oficio en la caza de brujas, he examinado la relación de procesos hecha por Richard Kieckhefer, y he podido comprobar que los procesos por brujería propiamente dicha -en tanto cuanto estos puedan diferenciarse de los procesos por magia- están repartidos entre tribunales civiles, episcopales y de Inquisición.

De un cálculo aproximado de 1000 causas, el 63% fue juzgado por las autoridades civiles; el 17% corresponde a tribunales episcopales, mientras que el 20% corresponde a la Inquisición. La mitad de las 200 causas de que se trata, se debieron al inquisidor Heinrich Institoris, cuya persecución de brujas en el año 1484 había sido autorizada por una bula del papa Inocencio VIII. La Inquisición no jugó tan importante papel, como invariablemente se le adjudica, en la persecución de brujos durante la Edad Media. Pero ¿qué puede decirse de la Inqusición y la Edad Moderna? Para el año 1525 aproximadamente, los tribunales inquisitoriales de Europa se habían extinguido y la Era del Santo Oficio medieval había tocado su fin. Entre tanto, una nueva forma de Inquisición había visto la luz del día. Se trata de una Inquisición "moderna", instituida sobre bases nacionales. La primera de este tipo se estableció en España, en 1478, con bula papal. A la Inquisición española, le siguieron la portuguesa (1531), y la "romana" (1542). Estas inquisiciones, en el caso español, se dedicaron más a la persecución de herejes, judíos y moriscos, que a los procesos de brujería.

8. El Mito de la Inquisición Española

La Inquisición comenzó en 1480. España comenzaba la histórica reunificación de Aragón y Castilla. El matrimonio de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla creó una España unificada que no se veía desde los tiempos del domino romano. Temerosos de que las leyes reguladoras del exilio o conversión fueran deformadas por los "conversos", como por ejemplo "católicos" que asistían a las sinagogas, Fernando e Isabel comisionaron una investigación o inquisición.

Comenzaron la inquisición en la esperanza de que la unidad religiosa fomentara la unidad política, y otros jefes de estado aplaudieron el trabajo que España estaba haciendo para el advenimiento de una Cristiandad unificada. Dentro del contexto histórico de l ápoca, comprobamos que los españoles no estaban haciendo algo inusual teniendo en cuenta las normas contemporáneas.

El mito de la Inquisición, que los españoles llaman la "leyenda negra" no surgió en 1480. Comenzó unos cien años después, exactamente un año después de la derrota protestante en la batalla de Muhlberg (1547) por cuenta del nieto de Fernando de Aragón, el Emperador, Carlos V.

En 1567 una feroz campaña de propaganda comenzó con la publicación de un panfleto protestante escrito por una supuesta víctima de la Inquisición llamado Montanus. Este personaje (un protestante, por supuesto) pinta a los españoles como bárbaros que abusan de las mujeres y sodomizan a los muchachos jóvenes. El protagonista pronto crea estos "enemigos encapuchados" que torturan a sus víctimas en horribles aparatos como la "Dama de Hierro", llena de cuchillos (y que nunca fue usada en España). Las razones para esta batalla de palabras eran que los protestantes peleaban con palabras porque no podían ganar en el campo de batalla. Sin embargo, el tal Montanus no es otro que González Montes (Gonsalvius Montanus, Reginaldus), cuya identidad real es desconocida, protestante español exiliado en Londres, cuya obra Artes de la Inquisición española, escrita en latín en 1567, fue traducida al francés, inglés y holandés entre 1568/1625 y 1569/1620. En España la primera traducción castellana se hizo en 1851 en San Sebastián. Compara la Inquisición con un árbol malo que aborrece la luz e impone «su tiránico silencio a las lenguas de los hombres». Montes dedica páginas a la mordaza de hierro colocada sobre las bocas de los hombres por este tribunal («Estas mordazas son el eterno silencio»). Culpa a los Dominicos («que malignamente convirtieron en su provecho y honrra propia los pensamientos de los Reyes piadosos») de ser a quienes «debemos hoi la Inquisizión». Considera que la finalidad del Santo Oficio no fue «instruir a uno en los preceptos relijiosos, sino para castigar y estirpar los errores y las herejías».

Otros afirman (Peer Schmidt) que detrás del seudónimo de Reginaldus Gonsalvius Montanus autor de la Historia inquisitionis sanctae publicada en Heidelberg (1567) se escondía seguramente un protestante de origen sevillano que había estado en Inglaterra: Casiodoro de Reina.

Estas acusaciones fueron difundidas por exiliados españoles como Francisco de Enzinas y Reginaldus Gonsalvius Montanus, los cuales describieron en sus influyentes escritos la crueldad de la Inquisición hispana. Resaltaron el excesivo poder de los inquisidores y su argumentación consistía en resaltar que, además, su principal interés no era la religión sino el poder.

En la formación de esta imagen hubo una estrecha vinculación «internacional» entre los enemigos de la monarquía española. Los holandeses y los flamencos aprovecharon el conflicto de los Países Bajos para vituperar a los españoles.

La inquisición tiene un carácter secular (civil) aunque el crimen que perseguían fuera la herejía. Los inquisidores no tenían que ser necesariamente clérigos pero sí debían ser abogados. Las investigaciones debían ser reguladas por reglamentos y eran cuidadosamente comprobadas. El resultado de las investigaciones se exponía al público en los "autos de fe", sentencias públicas a herejes en las plazas de los pueblos. Una institución controlada por abogados reacios a aplicar la tortura y mucho menos inquisidores que sus homólogos de Francia, Alemania o Inglaterra, donde sin necesidad de un tribunal específico se asesinó tres veces más herejes, brujas o personajes más o menos excéntricos.

Los creadores de la Leyenda Negra afirmaron que la Inquisición era responsable del genocidio de millones de herejes. Lo que está documentado es que de 3000 a 5000 personas murieron durante los 350 años que duró la Inquisición española. Como han demostrado los estudios de historiadores como Gustav Henningsen, las 3000 a 5000 ejecuciones documentadas, palidecen en comparación con los 150.000 personas quemadas como brujas en otras partes de Europa durante los mismos siglos, cifra que algunos elevan a varios millones de víctimas, quemadas o asesinadas por herejía en Europa, comenzando por los cátaros. Para el profesor de la Universidad de Illinois, Stephen Haliczer, los propios archivos de la Inquisición son elocuentes: En cerca de 7.000 casos, apenas se aplica algo parecido a la tortura en un 2%. En 350 años de historia represiva, y mientras la leyenda habla de millones de asesinatos, la cifra real de víctimas se sitúa entre 5.000 y 7.000 personas.

Otro de los grandes mitos sobre la Inquisición era el supuesto control del pensamiento por hermandades siniestras, lo cual es refutado por la evidencia de los archivos. Los inquisidores disfrutaban de una poderosa posición en las ciudades, pero esto era constantemente cuestionado por otros aspirantes al poder. En las áreas alejadas, no tenían suficientes empleados. En aquellos días era casi imposible para uno o dos inquisidores cubrir el territorio de mil millas asignado a cada equipo.

También otro de los elementos de la Leyenda Negra se evapora a la luz de las nuevas investigaciones, como el rumor de que Felipe II, hijo de Carlos V, mató a su hijo Don Carlos por consejo de un viejo ciego, Gran Inquisidor. Sin un ápice de evidencia, esta leyenda ha sido eternizada en la ópera 'Don Carlos' de Verdi. El historiador e hispanista Nigel Townson, lleva su afán de reconstrucción de la verdad histórica hasta la figura de Felipe II, auténtica bestia negra de la imaginería internacional. La política de Felipe II es perfectamente discutible y no es del agrado de muchos investigadores, como el profesor Álvarez-Junco-, pero su hijo Carlos era simplemente un adolescente de mala salud que murió en un accidente. Convertirle en el paladín de la libertad como ha hecho la historia, en el joven libertador de los Países Bajos, que cae asesinado por su padre, como cuenta la ópera de Giuseppe Verdi, Don Carlos, resulta uno de los casos de injusticia histórica más sangrantes.

Expertos de la talla de Henry Kamen, Stephen Haliczer o los profesores españoles José Álvarez-Junco y Jaime Contreras, han refutado el mito del Santo Oficio como paradigma del terror. Las siniestras salas de tortura dotadas de ruedas dentadas, artilugios quebrantahuesos, grilletes y demás mecanismos aterradores sólo existieron en la imaginación de sus detractores. Sin embargo, todavía hoy su nombre se invoca como sinónimo de represión, oscurantismo y crueldad. ¿Qué mecanismos del destino convirtieron a la Inquisición española en el más duradero ejemplo de terror? La respuesta, de acuerdo con los exhaustivos datos recabados por una nueva generación de historiadores internacionales es sencilla: el Santo Oficio se enfrentó a una gigantesca maquinaria propagandística. Los efectos de la tergiversación, promovidos por el mundo protestante gracias a la imprenta, han sido tan duraderos que todavía hoy el término inquisición o inquisidor se identifican con horror, tortura y asesinato en todos los idiomas.

9. Movimientos sociales

-Los cátaros

Hemos intentado buscar los posibles orígenes, o antecedentes de la Brujería en la hechicería grecolatina, en la demonología cristiana y ahora mencionaremos a los Cátaros, muy de pasada.

Los Cátaros del sur de Francia son descendientes de las ideas maniqueas o dualistas del Bien y del Mal, difundidas por el persa Manes (276 d.C.). Estas ideas arraigaron en el Languedoc, una sociedad tolerante y próspera embebida de las culturas íberas, fenicias, sarracenas y del norte de Europa. Aunque odiaban al clero, eran muy piadosos y practicaban la caridad. Había dos tipos de creyentes: los ordinarios y los perfectos. Estos últimos despreciaban el cuerpo, propugnaban la abstinencia total, se dejaban morir de hambre y no veían mal el suicidio en masa. Y Contra ellos Inocencio III en 1208 creó la 1ª Cruzada y contra ellos se fundó la Inquisición. Uno de los historiadores de la Brujería más rigurosos, Joseph Hansen (el que se equivocó con la primera quema de una bruja -1275-, cuando la Inquisición de Toulouse condenara a una tal Angela de la Barthe), ve como antecedentes de las grandes persecuciones de la Brujería ocurridas entre 1230 y 1430, las actuaciones contra los cátaros y templarios. Sostenían que el diablo se les aparecía en forma de un hombre negro, con dos o tres caras (el dios Jano). En los juicios de los templarios afirman que el Demonio se les aparecía con un excesivo número de brazos y piernas, lo que parece indicar una influencia de religiones hindúes. Estos son unos antecedentes claro de la doctrina acerca de los actos de las brujas.

- La Brujería alemana en el siglo XIII. Los pueblos germánicos y eslavos

En estos pueblos vemos que es el rey el más alto mago, el que ejercita la magia para procurar el bien y la protección de sus súbditos. Es el antiguo "chaman" cuyo poder espiritual se ha convertido en poder real. Los germanos y eslavos atribuyen las miserias y desgracias que sufrían sus comunidades al hecho de tener un monarca con poco poder mágico.

Aquí también son las mujeres las que practican la magia, porque los germanos creían que las mujeres disponían de un cierto carácter sagrado, por lo que prestaban gran atención a sus consejos, avisos y advertencias. Sin embargo, recelaban del carácter de la mujer y advertían que si caías en sus brazos y te apretabas contra su seno, rehusarías a ejercitar tus derechos políticos, no trabajarías, huirías del trato de los demás hombres, no comerías... (Complejo de Circe).

En 1232, el Papa Gregorio IX incluyó este aspecto en sus bulas, acusando a los habitantes de Stedingerland, en Oldemburgo, de pactos con el Maligno que conllevaban toda serie de rituales sexuales con zoofilia incluida, relaciones incestuosas y homosexuales, a las que no dudaba en equiparar y condenar. El desencadenante en este caso fue la negativa de estas gentes a pagar el diezmo al obispo de Bremen y, para justificar la represión y la venganza, se inventaron los pactos satánicos. Se acusa a los habitantes de ser stedinger, de formar una sociedad secreta en la que el neófito entraba tras realizar los siguientes ritos: besar el trasero de una rana o sapo, tras lo cual aparecía un hombre de ojos negro flaco que ordenaba el banquete, interrumpido para que el neófito besara de nuevo el trasero de un gato negro, después se apagaban la luces y celebraban una orgía. Recuerda las acusaciones que se formulaban a los cátaros.

El mundo germánico de los siglos XV-XVI está dominado por las creencias en las hechiceras y viven atemorizados por ellas. Este hecho de la pervivencia en pueblos "atrasados culturalmente" de creencias mágicas, junto con el auge que toman durante la época los pueblos visigodos, ostrogodos y lombardos que entran a saco en la cultura del mundo clásico, suponen una involución en el pensamiento grecolatino, escéptico y satírico respecto a las hechiceras.

10. Siglo XV. La aparición del demonio.

-El cristianismo y la Magia.

Con el triunfo del cristianismo se produce la condena de todas las creencias paganas y se convierte la Magia en pura representación del mal. Teológicamente hablando, la primera vez que se define el concepto de Diablo fue el año 447 en el Concilio de Toledo. Se define como una figura oscura y monstruosa que huele a azufre, con cuernos, patas y orejas de asno, peludo con garras y un gran falo. En los aquelarres aparecía como un alto caballero negro, enmascarado.

Veamos un proceso de actualización (revivir autores o leyendas antiguas) en autores como San Agustín que vuelven a narrar la historia de Lucio y su conversión en hombre-asno, la cual proviene de La Metamorfosis o El Asno de Oro de Apuleyo. Así el santo dice en "De civitate Dei" que ciertas mujeres, mesoneras de profesión... dando de comer queso a los viajeros... los convertían en jumentos, que servían para el transporte. En el siglo IV y V se cree en la posibilidad física de tales metamorfosis, sin embargo, San Agustín se muestra escéptico y cree que es el demonio quien les hace creer a esos hombres que es real lo que sólo les ha ocurrido en sueños. Esta fue la tesis que sostuvo la Iglesia en la primera parte de la Edad Media: la del ensueño producido por intervención diabólica. Avanzada la Edad Media surgieron hombres que sostuvieron a machamartillo que todo lo que se decía sobre las hechiceras era real, que volaban y se metamorfoseaban. En el siglo IX hubo una gran discusión entre el papa León IX y Pedro Damián acerca del caso de un joven que había sido transformado en asno por unas mujeres, después que el juglar lo hubo contado en público convenció al papa para que castigara a las hechiceras.

Lo normal es que en la historia de los hombres los conceptos evolucionen o se adapten a los intereses de cada época. Pero el concepto de demonio es un cambio brusco, una mutación cultural que se produce cuando el cristianismo ya se cree la única religión poderosa y ataca a las creencias paganas y a los cultos idolátricos, recurriendo a una autoridad antigua, una autoridad maniquea, que simboliza el Mal absoluto, el demonio. Durante siglos han coexistido en el mismo plano el paganismo y el cristianismo, pero en la baja Edad Media triunfa el cristianismo y se sitúa en un plano superior, junto con el cielo y el sol. Mientras el paganismo queda relegado en la parte inferior, y en lo más profundo, sitúan los teólogos cristianos al diablo, junto con las antiguas arpías, sirenas, centauros y demás seres del paganismo. La Iglesia crea la idea del demonio, el señor de la noche que se aparece en las encrucijadas de los caminos, congregando a los hechiceros y a los muertos condenados eternamente. La Iglesia sustituye a Hécate por el demonio. Los dioses de la antigüedad son convertidos en demonios. Los inquisidores optan por obviar el contenido del Canon episcopi (incluído en el Decreto de Graciano 1140), aduciendo que había surgido una nueva secta de verdaderos adoradores de Satán a la que había que combatir. Describían los encuentros nocturnos en los que se aparecía el Diablo en forma de cabra y se llevaban a cabo rituales demoníacos. Llamaban a perseguir a las brujas por herejes y para darles el oportuno castigo.

Europa fue asolada por frecuentes sequías y se produjo una merma en la producción de cereales, ocasionando hambrunas entre los habitantes europeos que, disminuidas sus facultades inmunológicas, sufrieron los efectos de las epidemias de peste que ocasionaron grandes mortandades de la población, cosa que sembró el pánico. La gente asustada buscaba desesperadamente un culpable y se convirtió en cultivo apto para la proliferación de Mesías y charlatanes salvadores de la humanidad, que manipularon a las masas, asustadas y presas de la histeria, encaminaron sus iras hacia los seres diferentes, entre los que se encontraban las brujas.

La caracterización del Demonio y de las brujas surge de los sátiros, silvanos y faunos de la Antigüedad. La influencia de los artistas pudo ser grandísima para fijar el concepto plástico del Demonio. El "Dios cornudo de origen prehistórico" no intervino en la imagen del demonio. El dualismo entre Dios y el Demonio al que parecen hacer referencia las brujas del sur de Francia está en relación estrecha con el sistema de bandos y linajes del medioevo: la sociedad entera se dividía en dos fracciones que estaban en pugna en todas y cada una de las actividades cotidianas. La imagen clásica de la bruja volando sobre el palo de una escoba deriva de las brujas de Normandia, llamadas "scobaces" o "escobáceas" por la costumbre que se les atribuía de volar sobre escobas.

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