sábado, 26 de julio de 2008

RE-IMAGINANDO A JAMES Y ANTONIO" POR MAURICIO SMITH

Facultad de Artes
Escuela de Arte
Vicerrectoría de Comunicaciones y Asuntos Públicos
Diplomado en Psicoplástica
“RE-IMAGINANDO A JAMES Y ANTONIO”
Ensayo sobre “Re–imaginar la psicología”
(James Hillman – prólogo Antonio Betancor)
Mauricio Smith
26/Junio/2008
vilm3e@hotmail.com
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Cuenta una leyenda milenaria que un grupo de ángeles vivía en un planeta ubicado justo
en el centro del universo, en un paraíso donde habían sido puestos por el mismísimo Dios. Un
día uno de los ángeles fue ante los otros y les contó algo que había descubierto: “Estudiando el
sol, la luna y los astros... me he dado cuenta de que es nuestro planeta el que orbita alrededor
del sol y no al revés. Además, no sólo existe un sol sino muchos soles y planetas, en galaxias
lejanas...” Los otros ángeles se sintieron ofendidos y en nombre de Dios lo expulsaron del
paraíso... ¿Cómo era posible tal blasfemia?... Pasó el tiempo y un día llegó otro ángel con un
nuevo descubrimiento: “Tengo una teoría respecto a nuestro origen, estoy convencido de que
hemos evolucionado de los primates y no de Dios”. Los ángeles se horrorizaron, si ya habían
algunos que empezaban a creer que su planeta no era el centro del universo, que llegara otro
loco a decirles que estaban emparentados con los monos resultaba inconcebible. Nuevamente
decidieron que lo mejor era desterrarlo del paraíso, en nombre de Dios, que siempre se
preocupaba por el bienestar de la comunidad y seguramente estaría enfurecido con estos nuevos
ángeles disidentes y malagradecidos. El problema fue que eso no bastó y al poco tiempo llegaron
otros ángeles con teorías revolucionarias, “No somos seres racionales, sino que actuamos en
base a nuestro inconsciente”, “La realidad es creada por la psique”, “¡Dios ha muerto!”...
Entonces todo su mundo empezó a tambalear en medio de cuestionamientos, parecía que cada
intento por aclarar las cosas no hacía más que ensombrecerlas: ¿Cómo es posible que digan que
no somos racionales? Pero ¿Por qué a veces actuamos como si no lo fuéramos? Argumentaban
algunos... ¿Cómo no va a existir Dios? Pero por otra parte ¿Qué pruebas hay de su existencia?,
¿Se puede hablar con él?, ¿Se le puede escuchar con certeza?... Y en medio del caos vinieron
muchos más, derrumbando todo lo que daban por sabido con nuevas teorías. Y los ángeles
súbitamente se vieron transformados en simples seres humanos, emparentados física y
emocionalmente con los animales, anclados por Dios (si es que existe) en un rincón aislado del
Universo, inmersos en su propia locura, incapaces de distinguir claramente entre lo que es real y
lo que no lo es. Sin embargo, una vez que dejaron de ser ángeles, pasó algo muy extraño, ya no
tuvieron que esforzarse tratando de actuar como tales y así como miles de años antes habían
logrado descubrir el fuego golpeando dos piedras, ahora habían quedado completamente libres
de creencias, de certezas inflexibles y podrían descubrir lo que quisieran, incluso la auténtica
naturaleza de Dios. A medida que fueron vaciando sus mentes, de hombres se transformaron en
niños, pero no en cualquier clase de niños, sino en niños con una chispa de esperanza en el
alma, para nunca olvidar que una vez fueron ángeles, para poder encontrar en este aislado e
inabarcable universo, su propia verdad.
3
Dobló la hoja y la guardó adentro del libro. El conjuro había funcionado. Frente a él
estaban sentados Antonio y James. Tenía poco tiempo (apenas dos páginas), para ahondar en
sus pensamientos, el “Soul making” sobre sus textos.
“Gracias por venir”, dijo. “Gracias por imaginarnos”, contestó Antonio, mientras rascaba su
barba blanca. “¿Qué importancia le atribuyen a las imágenes en la vida?”, disparó. “Mucha, es
uno de los medios a través del cual el alma se comunica”, afirmó James; “Permiten la
manifestación de nuestros anhelos, nuestras ideas, la corporeidad de los arquetipos en los que
se basa nuestra identidad”. “¿Y por qué no a través del lenguaje?” refutó; “Porque el lenguaje
tiene una estructura definida, que si bien varía según la cultura, está sujeta a limitaciones. Los
significados nos hermanan pero al mismo tiempo nos dividen”, argumentó Antonio. James, con
un tono calmo agregó; “La imagen es mucho más directa que el lenguaje, llega al centro de
nuestra conciencia y una vez que está ahí, la interpretamos con palabras”. “¿Y si usamos sólo el
lenguaje?”. James, moviendo sus manos largas y seniles, dijo con seguridad; “Entonces nuestra
imaginación transformará el lenguaje en imágenes, como cuando leemos un libro y le atribuimos
una imagen o forma, a los protagonistas de la historia narrada en palabra escrita. Los personajes
son arquetipos de personas a los que dotamos de una imagen arquetípica en nuestra cabeza”.
Antonio intervino; “Como nosotros. El que esté leyendo este texto automáticamente nos atribuirá
un cuerpo, una manifestación en imágenes de nuestros seres”. “Hagamos un pequeño ejercicio”,
propuso James, mientras lo miraba con sus ojos de viejo sabio; “Si yo digo: Una mujer bonita se
subió al taxi vestida de azul... ¿Qué pasa en tu mente?” “Bueno, se viene a mi mente la imagen
de una mujer vestida de azul subiéndose a un taxi” “¿Y qué pasa contigo Antonio” “Lo mismo”,
respondió. James sonrió y prosiguió; “Al pronunciar esa frase, sus mentes reciben la información
automáticamente como una especie de mandato y la traducen en forma de imagen. En los dos he
impulsado la fantasía. Pero si pudiéramos fotografiar la imagen que vieron cada uno de ustedes,
nos daremos cuenta de que son distintas, la mujer, el taxi, el vestido, el color azul que cada uno
imaginó será propio, sin embargo escucharon lo mismo. Si hubiera dicho la frase en Hebreo, en
ninguno de los dos se habría activado la imaginación, porque serían incapaces de decodificar mi
mensaje. Y al revés, si a un árabe y a un chino, les muestro una fotografía de la mujer subiendo
al taxi, ambos entenderán a qué me estoy refiriendo independientemente de que no hablen el
mismo idioma. Ahí radica el poder de las imágenes”. “Indudablemente”, corroboró Antonio;
“Como cineasta, mientras estuve vivo, trabajé esencialmente con imágenes. Su importancia está
en que nos abren caminos hacia el Alma, nos permiten hacer Alma, como dice James en su libro.
Recuerda que el Alma es ante todo imaginación”.
4
Miró su reloj, pensó por un instante en Margarita y el chiste de Mafalda sobre el alma que
a ella tanto le gustaba, luego preguntó lo que había venido a preguntar desde un comienzo: “Las
imágenes, la fantasía, la individualidad, la divinidad y todos los conceptos y arquetipos que se
mencionan en sus textos parecieran llevarnos, ahondar, penetrar si es que prefieren, en una
misma dirección, en un mismo sentido o profundidad: La esencia del Alma humana. Imposible
hablar con ustedes y no preguntarles: ¿Qué es el alma?” Antonio tomó la palabra; “Como dije en
mi prólogo, se trata de un océano inagotable en el cual todos estamos inmersos, de ahí el
carácter humano que mencionas”. James hizo un gesto de afirmación y apuntó: “El alma es una
atmósfera, una visión de las cosas. La existencia en sí es una penumbra, un valle de sombras, la
única manera de distinguir las cosas es mediante la luz. Esa luz es el alma, nos permite iluminar
el conocimiento, ver las formas que nos rodean. Pero cada quién tendrá su propia visión, porque
es el alma también la que mira a través de nuestros ojos”. “Las ventanas del alma” citó su
interlocutor. “Al igual que en el cine, sin luz no hay imagen, no hay color, no hay contraste, no hay
más que oscuridad” sentenció Antonio. James prosiguió; “El alma procesa los datos básicos de la
vida psíquica, o sea le da figura o mejor dicho le da imagen a nuestra realidad. La manifestación
de nuestra conciencia o inconsciencia, revelada a través de esta luz esclarecedora que es el
alma”. “¿Entonces todas las imágenes que creamos tienen un sentido particular?”, consultó; “Así
es, pero ese significado dependerá de cada persona, porque es una expresión de su propia
realidad en un momento particular de su experiencia de vida. Todo cambia (salvo los arquetipos
que son inmortales); cambiamos físicamente, emocionalmente, todo tiene un momento, un
contexto y un lugar”. Aquella frase le recordó la letra de una canción de Bacilos que le gustaba
cantar a Margarita; “La recuerdo preocupada por lo que hoy no vale nada”... El contexto, el aquí y
ahora.
“Me gustaría agradecerles y que cada uno diga lo que quiera decir, para finalizar este
encuentro imaginario”. Antonio rió desde el fondo de su barba y dijo; “La mente es un ángel, un
ángel que busca constantemente volver al cielo a través del alma”. James habló con un tono
paternal; “Permíteme usar la poesía, la supuesta voz del alma... Cambiando Canción de Juan
Guzmán Cruchaga, diría: Alma, dime todo lo que tengas que decirme, que para tu voz dormida ya
está mi puerta abierta.”. Una mirada de cortesía y ambos desaparecieron tal como habían
aparecido. Abrió el libro, sacó su lápiz y anotó en el reverso de la hoja que había guardado:
“Querida Margarita, se que han pasado varios años desde tu muerte. Sigo buscando el
significado de la vida, la Biología del Alma como solías llamarla. Y por si te lo preguntas... Sí. La
mujer que imaginé subiéndose al taxi, eras tú.”

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