sábado, 23 de agosto de 2008

CARL.G.JUNG : SU VIDA,SU OBRA

C. G. Jung, su vida, su obra. (parte 1)



Su Vida.

Carl Gustav Jung nació el 26 de julio de l875, al borde del lago Constance, en la comuna rural de Kesswill, que pertenece al cantón suizo de Thurgovie. Su padre era un pastor protestante de la Iglesia reformada. Su madre provenía también de una familia en la que los varones eran tradicionalmente pastores protestantes.

Su primer sueño, aconteció cuando tenía dos a tres años. Se veía caminando por el parque que rodeaba la casa parroquial, cuando de pronto, se encontró frente a un oscuro agujero, al mirar al interior descubrió una escalera de piedra por la cual descendió. Abajo había una puerta con un cortinaje verde de gran riqueza, el cual descorrió, encontrándose frente a un espacio rectangular con el techo abovedado y el suelo de piedra. Una alfombra roja iba desde la entrada hasta un estrado bajo. Encima de éste, había un trono dorado y
sobre él una imagen de 4 o 5 m. de altura y 50 a 60 cm. de diámetro, hecho de carne y piel. En su vértice superior, existía una cabeza redondeada, con un sólo ojo, mirando hacia arriba. La imagen se mantenía inmóvil. Tuvo la sensación de que súbitamente se le abalanzaría como una serpiente. Estaba comenzando a aterrarse, cuando escuchó la voz de su madre que desde arriba le gritaba: ¡Sí, mírale, es el antropófago! Al haber sido mal comprendida una plegaria infantil, en una oportunidad, había supuesto que Jesús era antropófago. No sabía en ese momento si era Jesús solamente o el falo, o que ambos lo eran. El agujero en el prado representaba una tumba y el cortinaje verde, la tierra cubierta de vegetación. El falo aparecía en el sueño como un Dios subterráneo e innombrable. Este sueño representó para Jung, el inicio de su arranque inconsciente a su vida espiritual.

Según la antigua creencia romana, el falo es el Genius o Daimon secreto de un hombre, fuente de energía creadora física y espiritual, al cual le ofrecían sacrificios en el día de su cumpleaños. El falo no sólo encarna el principio de Eros; en la antigüedad se le llamaba Telesforos, compañero de Asklepios (Esculapio). Telesforos es el dios de la transformación. Los romanos, griegos y etruscos lo elevaban sobre la tumba de los varones, como símbolo de supervivencia espiritual y garantía de resurrección. En la antigüedad, se amplió la imagen del dios fálico Hermes, para convertirla en la de un hombre-dios-cósmico que "llenaba la naturaleza", en un Anthropos, que es un símbolo de la materia espiritualmente viva y físicamente muerta. Esta imagen divina subterránea, marcó para siempre las concepciones religiosas de Jung.

El entorno cotidiano del infante estaba circunscrito al presbiterio, la Iglesia y el cementerio, hasta el día en que partió a estudiar al Liceo de Basilea cuando cumplió 11 años. Allí se sintió bastante disminuido porque comprobó que las arcas familiares eran exiguas.

En el período escolar y debido a una necesidad apremiante de seguridad, le hizo un tallado a una regla con la forma de un viejecillo, al que pintó de negro. Le adjuntó una piedra plana y rectangular que pintó de vivos colores. A ambos los guardó en una viga en el ático de su casa. Cuando visitaba su obra se sentía con autoridad y poder. Este viejecillo sepultado se transformó en una figura sanadora y redentora , en guardián de la energía vital y en el más preciado y personal de sus secretos.

A los 12 años se produjo y se curó de una neurosis. Este incidente tuvo su origen en una caída como consecuencia de haber sido empujado por un condiscípulo, que lo impulsó a azotar la cabeza en el pavimento, quedando aturdido por unos instantes, momentos que él prolongó voluntariamente, mientras planeaba utilizar esta circunstancia para faltar a clases. Estuvo seis meses sin ir a la escuela, con desmayos muy frecuentes. Este tiempo lo dedicó a contemplar la naturaleza, la que veía con asombro y admiración.

Un día, escuchó a su padre conversar con un amigo, al cual le confidenciaba lo preocupado que estaba, no sólo por su salud, sino que también por su futuro. Esta aseveración, le hizo sentir una profunda compasión por él y, además, lo hizo reconocer su propia autocompasión. Pensó que si se había fabricado la enfermedad, él mismo debía curársela. Así lo hizo y con su fuerza de voluntad, poco a poco los desmayos cesaron. Posiblemente este resultado se debió a una especie de autohipnosis.

Esta experiencia no pasó inadvertida para su mente inquisitiva: había descubierto uno de los mecanismos de la neurosis y comprobado que se podía curar por medio de la voluntad y también había vislumbrado un amplio mundo, al haber verificado que la mente estaba dotada de insospechado poder. Esta comprensión, lo llevaría con el tiempo a desarrollar su teoría psicológica.

La vida exterior del muchacho no estaba marcada por ningún evento exterior espectacular. Su vida interior agitada , con sus imágenes y sus símbolos, tales como podían expresarse en los sueños y la imaginación de un muchacho de esa edad, contaba infinitamente más para él. Así comenzó una doble vida. Exteriormente, la de un hijo de un pastor protestante que cumplía entre bien y mal sus obligaciones escolares. La opinión de uno de sus profesores fue :”Es mediocre, pero se esfuerza…” Interiormente existía en él un mundo extremadamente vivo, rico en imágenes misteriosas, que lo iban conduciendo bien pronto a una expansión de su consciencia. Sentía con frecuencia que él tenía dos personalidades, a las que llamó personalidad 1 y personalidad 2. La personalidad 2 conocía a Dios y cuando entraba en ella, se sentía transformado.

Durante toda su vida, tuvo fantasías y sueños que lo marcaron. Una de esas fantasías le surgió cuando tenía 12 años. En un día de verano pleno de sol, miró hacia lo alto y vio brillar la policromía vidriada de las tejas de la catedral. Su placer estético fue tan intenso, que sintió que el mundo era hermosísimo y que todo había sido creado por Dios que estaba en lo alto sentado en un trono de oro... Este pensamiento fue seguido por una conmoción y agobio que lo paralizó, sintió que algo terrible iba a ocurrir, no quería pensar, pero se sentía impelido a hacerlo. Durante tres noches de insomnio con sus días, pensó y se hizo muchas preguntas y respuestas, pero éstas no le satisfacían. No comprendía como era inducido a pecar en contra del Espíritu Santo. Pensó que él había sido creado por Dios a través de sus padres, pero que éstos no podían ser culpables, al igual que los padres de ellos, así, remontándose en el tiempo, llegó a Adán y Eva. Ellos sí que habían sido creados directamente por Dios, y habían pecado, entonces tenía que haber sido intención de El que ello ocurriera. Pero Dios ¿quería o no que él pecara? Quizás, supuso, “es una prueba a mi valor y quiere saber si le obedezco, aunque después me vaya al infierno”. Así, habiéndose llenado de coraje, dejó que el pensamiento bloqueado aflorara a su mente. Sí, todo era hermoso, la catedral con sus tejas vidriadas y policromas y Dios sentado en lo alto en su trono de oro, de cuyo fondo vio caer un montón de excrementos sobre el tejado de la catedral, al cual hundió al igual que a los muros.

Sintió un gran alivio y liberación porque había obedecido y pensó que Dios pone pruebas, aunque estas vayan en contra de la tradición religiosa. Y si no fuera así... sería absurdo... Entonces empezó a sentir su propia responsabilidad. La idea de pensar así le parecía terrible, pero igual llegó a la conclusión de que Dios podía ser algo espantoso. Esta experiencia le produjo un profundo conflicto moral que ensombreció su vida.

Las fantasías y sueños que ocurrieron en su infancia, como descubrió más tarde, aludían a la alquimia.

Pasado algún tiempo, tuvo un sueño de importantísima significación para su futuro. Caminaba por un sendero cruzado por matorrales y corrientes de agua y en un oscuro lugar, encontró un estanque redondo, rodeado de espesa maleza. En el agua semi sumergido, había un animal redondo, brillante y policromo, con pequeñas células múltiples como tentáculos. Era un radiolario gigantesco, de un metro de diámetro, estaba en el agua clara y profunda de aquel oculto lugar.

Este sueño produjo en Jung, una intensa curiosidad por el conocimiento y representó una forma metamórfica de la potencia psíquica que se le había aparecido en el falo sepulcral. La forma redonda, radiada, alude a una luz y a una ordenación que se halla oculta en la oscuridad de la naturaleza. Paracelso la hubiera llamado "la luz de la naturaleza", considerada desde la edad media como la segunda fuente de conocimiento, junto a la revelación cristiana. El hombre "es un profeta de la luz de la naturaleza y sabe acerca de ella, mediante los sueños, ya que la luz no puede hablar, su imagen se manifiesta en el sueño, gracias a la potencia del Verbo"

Con este sueño se sentiría por siempre comprometido con la luz de la naturaleza y se consideraría, después, como profesional, como un naturalista científico empírico.

Los tres símbolos que determinaron primeramente la vida de Jung: la imagen onírica del falo subterráneo, la fantasía del hombrecillo negro y la imagen onírica del radiolario, fueron potencias psíquicas que marcaron su juventud.

El oficio de predicador y de profesor de religión del padre por sí mismo no interesaba al joven Carl. La Iglesia reformada, despojada de toda imagen, no ofrecía atracción al alma agitada de este ser, en búsqueda de las profundidades y del reverso de las cosas. Mientras el padre exhortaba a su auditorio a profundizar a través de la fe los misterios de la revelación, el hijo tenía la impresión que los adultos estaban conminados a no poder realizar nunca lo que les era tan extraño a ellos como a su predicador y pastor. En breve, C. G. Jung era entonces testigo de un cristianismo excesivamente pobre en experiencias interiores . Allí no se podía encontrar el mundo que le interesaba. Este estaba lleno de misterios que se ocultaban en las piedras, las plantas y los animales. Sueños e imágenes potentes lo incitaban a penetrar siempre más profundamente en las regiones misteriosas de la psique. Lo que, al comienzo, no revestía más que las formas ingenuas de una búsqueda infantil, se esclarecía poco a poco en la confrontación con un padre muerto prematuramente y, sobre todo, a través de sus futuros estudios de medicina.

Con el transcurso del tiempo, llegó el momento de decidir qué carrera estudiar en la universidad y, después de algunas indecisiones, optó por ciencias naturales y medicina, gracias a una beca que consiguió su padre en la universidad de Basilea, desde 1895 a 1900. Este año obtuvo su licenciatura. Jung escogió prolongar sus estudios con una especialización en psiquiatría, pues, a través de ella, podría satisfacer su interés por las ciencias naturales y la medicina a la vez que por las ciencias del espíritu. Dicho de otra manera, el campo de investigación del psiquiatra abarca notoriamente lo que se puede considerar estados de excepción, como son los dominios del sueño y de la locura, así como los fenómenos parapsicológicos de todos géneros. Su tesis de doctorado es titulada: “Psicología y patología de los fenómenos ocultos", Leipzig, 1902. Es un estudio sobre las manifestaciones mediumnímicas de una prima. Allí expone que el espíritu que se manifiesta, es una parte no integrada de la personalidad de la médium.

La clínica especializada del “Burghölzli” en Zurich, reconocida desde el comienzo del siglo, le ofreció ampliamente la ocasión, entre 1903 y 1909, de profundizar en forma experimental sus estudios teóricos por una experiencia práctica en psiquiatría bajo la dirección de Eugen Bleuler, eminente psiquiatra de la época.

En 1903, contrajo matrimonio con Emilie Rauchenbach, con la cual tuvo 5 hijos, cuatro mujeres y un hombre.

En 1904 y 1905 organizó el laboratorio de psicopatología, en la clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zurich. Mediante sus estudios, descubrió que en nuestra psique existen núcleos emocionalmente cargados, que pueden ser completamente inconscientes, parcialmente conscientes e inconscientes. Consisten en núcleos con carga emocional, que se acrecientan autónomamente mediante representaciones anexas a él. Los llamó "complejos psíquicos". Pueden ser complejos de inferioridad, de culpa, etc. Son focos o puntos nodales de la vida psíquica.

Desde 1905 hasta 1913 fue profesor auxiliar de psiquiatría en esa Facultad, y allí empieza su trabajo científico. Para sus investigaciones, usaba los métodos de interpretación de los sueños y de asociación de palabras, siendo éste un método psicológico que tiene como finalidad la comprobación de complejos con la ayuda de los tiempos de reacción .

Desde que escribió “Transformaciones y símbolos de la libido" en 1911 , sentía una oposición a la intelectualidad académica, por lo cual decidió renunciar a su carrera universitaria, lo que hizo en 1913.

El encuentro con el psicoanálisis, que estaba entonces en sus primeros balbuceos, y varios años de un intercambio de pensamientos amigable con Sigmund Freud jugaron un rol decisivo en su evolución. La herramienta científica que encontró en el psicoanálisis le permitió comprender mejor las experiencias personales por las que él había pasado y le sirvió para desarrollar más adelante la teoría psicoanalítica. Él desempeñó, por lo tanto, como médico calificado, un rol importante en el movimiento psicoanalítico y Freud lo eligió como su sucesor. Pero las divergencias de puntos de vista que oponían a los dos hombres en el plano científico no pudieron ser mantenidas ocultas durante mucho tiempo. Después de haberse hecho públicas, ellas condujeron a Freud y a Jung a la ruptura definitiva en 1913/14.

En términos simples, las diferencias de concepto entre los dos psicólogos pueden expresarse así: Freud concentraba más particularmente sus búsquedas sobre el inconsciente personal, con todo lo que se relaciona con lo olvidado y lo rechazado, dando una importancia particular a los impulsos sexuales, en tanto que Jung, reconociendo este punto de vista, agregaba la noción del inconsciente colectivo supra-individual. Aunque él practicaba también con convicción el método empírico, comprendía – a partir de sus observaciones personales y de su trabajo clínico – que las producciones más importantes de la psiquis no eran simples fragmentos psíquicos sumergidos en el olvido o rechazados por la consciencia. En ciertos “grandes sueños” este inconsciente colectivo podía manifestar en forma simbólica un saber por el cual el hombre contemporáneo estaba ligado al depósito de sabiduría y de imágenes de la humanidad. No había ninguna duda que, en estas condiciones, la psicología analítica de Jung reuniera, por un lado un camino espiritual tal como lo describe, por ejemplo, la antroposofía de Rudolf Steiner y, por otro lado, una referencia a la Tradición, como una corriente subterránea, ligando “las almas colectivas de todos los pueblos” a una Tradición única.

Es de notar que Jung no fue conducido a su psicología de los arquetipos por la vía de la especulación filosófica o por una búsqueda a través de la historia de las religiones y de la espiritualidad, sino que, en su calidad de médico y de empírico, durante su trabajo clínico era empujado también a interesarse por las tradiciones religiosas y espirituales.

En lo que concierne a este empirismo ampliado a lo espiritual, se constata que el proceso de conocimiento de sí entra en él en una fase decisiva, abriéndose sobre nuevos horizontes justo en el momento en que cesó su colaboración con Freud por las razones ya dichas.

En esta época, tuvo un sueño que pudo interpretar de inmediato al despertar. Caminaba con mucha dificultad debido al viento y la ventisca, con una lucecita en la mano, a la cual debía proteger para que no se apagara, y al mirar hacia atrás furtivamente, vio una enorme mancha negra que le produjo pavor. No obstante, siguió protegiendo su luz con esmero.

Al despertar, comprendió que la mancha aterradora, era su propia sombra y tuvo la perspicacia de darse cuenta que el reino de la luz interior, es a la luz de la consciencia una gigantesca sombra.

Jung describe de manera penetrante lo que recoge cuando él observa, en los años 1912/13, una activación desacostumbrada de su inconsciente. Estaba literalmente sumergido en sueños, en visiones insospechadas y en ensoñación despierta que ejercían sobre él un efecto inquietante. Como psiquiatra, reconocía claramente en lo que se desplegaba así delante de sus ojos los elementos de una psicosis. Le era necesario encontrar, a partir de la consciencia del yo despierta, una manera de tratar estas imágenes. Eso fue lo que consiguió hacer, afirmándose más resueltamente en su realidad cotidiana de esposo, de padre de familia y de médico, y dedicándose a actividades artísticas. Así lo reconocía él:

“En adelante, cada vez que me encontraba bloqueado en mi vida, pintaba un cuadro o tallaba la piedra, y cada vez esto era como un rito de entrada para los pensamientos y los trabajos por venir…”

Jung tuvo varios sueños relacionados con muertos de épocas históricas que comienzan a revivir o de una paloma que se transforma en una niñita como mensajera del reino de los muertos. Estos sueños le producían mucha tensión. Para aliviarse un poco, empezó a jugar con piedras a la orilla del lago y a construir con ellas un pueblo con su iglesia. Esto lo repitió durante toda su vida. También pintaba cuadros, o cincelaba en una piedra un rostro que parecía mirarlo. Pero los juegos no le disminuían mayormente la tensión. Tenía sueños de baños de sangre y catástrofes en Europa que comprendió después del 1º de agosto de 1914, fecha de inicio de la Primera Guerra Mundial. Sus sueños los interpretó aludiendo a que nuestros ideales conscientes, habían perdido su validez, que el racionalismo ilustrado del siglo XIX, la fe en el progreso y el equívoco afán expansionista, había llegado a su fin, que se estaba preparando una transformación, pero estas profundas transformaciones culturales, son históricamente posibles, sólo con enormes sacrificios.

En la Primera Guerra Mundial, en la que participó como comandante, adquirió la costumbre de hacer todas las mañanas un dibujo en una libreta. Con el tiempo, observó que representaba su propio estado de ánimo. El dibujo perdía la simetría cuando se encontraba deprimido porque resultaron ser criptogramas del Sí mismo.

Dio un par de conferencias en 1916 sobre este tema y luego las amplió en un libro titulado “Las Relaciones entre el Yo y el Inconsciente” que apareció publicado en 1928.

De 1918 a 1926 estudió los gnósticos buscando una respuesta sobre el origen del mal.

En 1921 publicó “Tipos Psicológicos”, donde hace una clasificación entre introvertidos y extravertidos y las cuatro funciones, deduciendo ocho tipos psicológicos diferentes.

En 1928 publicó “La Energética del Alma” , libro en que consideraba los impulsos humanos como manifestaciones de procesos energéticos.

En 1929 se publicó un libro escrito en colaboración con Richard Wilhelm “El Secreto de la Flor de Oro”
en el que comenta un texto taoísta chino traducido por su amigo Richard, que trata de la circulación de la luz como técnica para desarrollar un cuerpo diamantino que pretendía la inmortalidad.

En 1934, comenzó a investigar la alquimia y se percató de que el cristianismo no ha seguido
cultivando sus mitos; esta percepción también la tuvieron algunos místicos cristianos. El fruto de sus investigaciones apareció diez años después en forma de libro, "Psicología y Alquimia".

“Realidad del Alma” fue publicado en l934.

En su libro " Psicología y Religión" de 1940, establece que al principio la vida psíquica humana estaba proyectada fuera, en objetos humanos y no humanos. En un estado de proyección más o menos completa, hay muy poca consciencia. Cuando se retiran las proyecciones se va estableciendo la consciencia. Lo primero que se retiró fue la proyección más lejana del hombre relacionada con el cosmos, debido al descubrimiento de las leyes astronómicas. Siguió con la retirada de los dioses de los montes, ríos, árboles y animales. Sin embargo, nuestra vida cotidiana actual, tiene innumerables proyecciones que se manifiestan en la prensa, libros, rumores y charla corriente. Los vacíos que corresponden a un auténtico saber, continúan siendo rellenados con proyecciones.

A comienzos de 1944, luego de la fractura de un pie, Jung sufrió un infarto cardíaco. Como
consecuencia de eso, salió de su cuerpo y vivió una serie de experiencias extraordinarias, como contemplar el globo terráqueo a la distancia, que él calculó de unos l.500 Km. Transitó por diferentes dimensiones del espacio y se encontró con impactantes personajes. Desafortunadamente para él, su médico lo trajo de regreso y tuvo que transcurrir varias semanas para que se conformara con volver a estar encerrado en su cuerpo que le parecía un “cajoncito” ¡ después de que todo el espacio era suyo !

En su libro "Psicología y alquimia" de 1944, Jung expone que desde el punto de vista psicológico "este mito expresa un proceso inconsciente de proyección existente en el pleroma o la esfera espiritual trascendente de la consciencia."

Amplía sus conocimientos alquímicos en “Paracelso” aparecido en 1952. Su estudio sobre Paracelso le hizo captar la esencia de la alquimia.

El conocimiento simbólico de Jung, que se extendía a las tradiciones del extremo oriente y englobaba también aspectos dejados de lado de la historia de los dogmas cristianos y de la tradición oculta, siempre ha impactado considerablemente al pensamiento. Él, el hijo del pastor que no frecuentaba la Iglesia, no veía contradicción en el hecho en que se sentía particularmente devoto del esoterismo occidental (la Gnosis, el Grial, la alquimia, etc.) de manera que se le podría titular en justicia como un esoterista cristiano.

Jung expone que el símbolo que determina el arquetipo de nuestra cultura, es la imagen de Cristo, la ha estudiado detenidamente en su obra "Aion" de 1951. Allí trata la aparición histórica, devenir, transformación y posible renovación de aquel ser llamado El Cristo.

En 1952 publicó “ La Interpretación de la Naturaleza y de la Psique”, donde expone el fenómeno de la sincronicidad.

En su libro “Simbología del espíritu”, 1953, expresa, que es misión nuestra conciliar dos potencias en nosotros: la consciencia y el inconsciente.

Derivado de su formación cristiana, le obsesionaba la ambivalencia e injusticias divinas que se le aparecían en El Libro de Job. Esto originó su libro “Respuesta a Job” publicado en l956.

En el libro “Mysterium Conjunctionis” publicado en 1956 profundiza sobre la unificación que produce la alquimia y la relaciona con la transferencia entre paciente y terapeuta como factor sanador.

También en ese año publicó “Psicología de la transferencia", que ilustró con dibujos extraídos de un antiguo texto alquímico.

En 1958 publicó “Sobre Cosas que se ven en el Cielo”, que trata sobre los OVNIS (objetos voladores no identificados). Los considera como el anhelo del hombre que mira al cielo en épocas conflictivas buscando una solución, y ese anhelo le hace ver imágenes no existentes (visualización de arquetipos).

En la primavera de 1957, empezó a dictar su autobiografía a Aniela Jaffé. En abril de 1958 finalizó la primera parte que abarca hasta el fin de sus estudios de medicina en 1900. En el verano de 1959 terminó de dictar. Nunca consideró este libro como obra suya, lo llamaba “el libro de Aniela” y pidió que no se incluyera en sus obras completas. Se publicó en diciembre de l96l con el título de “Recuerdos, Sueños, Pensamientos”. Es un libro apasionante, que absorbe por entero al lector, y en el cual está retratado Jung en toda su dimensión humana, que lo hace el hombre excepcional que fue.

Al final de su vida Jung había decidido concentrarse en el estudio de la esencia de los números naturales, en los que veía estructuras arquetípicas y una manifestación original y primitiva del espíritu.

Carl Gustav Jung recibió numerosos reconocimientos y títulos honoríficos de varias prestigiosas universidades del mundo, no sólo por sus profundas investigaciones y descubrimientos relacionadas con la psique humana, sino también porque con sus creadoras concepciones influyó en diversas y especializadas disciplinas. Jung constituyó también el puente, que hizo despertar a occidente, y mirar y aprender de la espiritualidad de oriente.

Luego que C. G. Jung falleció el 6 de junio de 1961, en su morada de Küsnacht cerca de Zurich, dejó tras él una obra de la que se puede decir que constituye una de las principales escuelas de psicoterapia. Sin embargo, el rol del mundo de los arquetipos que él ha sabido describir no limita su importancia a la sanación de la psiquis. Eso es lo que enuncia el documento que le fue remitido en 1955, cuando fue nombrado doctor emérito de la Eidgenössiche Tecnische Hochsclule en ocasión de su octogésimo cumpleaños:

“Para aquel que ha redescubierto la totalidad y la polaridad de la psiquis humana y su tendencia a la unidad, para el diagnosticador de los fenómenos de crisis que aparecen en el hombre en la era de las ciencias y las técnicas, para el intérprete de la simbólica original y del proceso de individuación de la humanidad.”

Su Obra.

Intentaremos hacer una breve síntesis de los grandes temas desarrollados por Jung en su larga y fructífera vida profesional.

Los Sueños.

Desde muy pequeño se sintió atraído e impresionado por sus sueños y fantasías, en los cuales intuyó un trasfondo muy especial.

El primer sueño que recuerda una persona, según opinión de Jung, representa en forma simbólica la esencia de una vida entera o el primer sector de la misma. A las manifestaciones externas de su vida las consideraba determinantes, sólo cuando coincidían con manifestaciones internas relacionadas con la evolución.

Los sueños contienen una alusión, bajo forma simbólica, que predicen tendencias evolutivas. De esto resulta la dirección que debe tomar la psicoterapia. Ella debe derivarse de los sueños del paciente. Este es el motivo por el cual en la psicoterapia junguiana no puede haber una técnica o método, sino que se debe intentar comprender cada caso en particular, tomando en consideración los sueños. Según como sean ellos, hay que observar las correspondientes tendencias energéticas, curativas y evolutivas, para reforzarlas con una participación consciente y promoverlas con la finalidad de que prevalezcan.

La función creadora por parte de la dinámica psíquica formadora de símbolos, surge siempre en individuos aislados. A veces estos símbolos pueden presentarse inesperadamente en algún grupo. El sueño es la manifestación más importante y frecuente de la dinámica psíquica formadora de símbolos y junto a "inspiraciones" y fantasías son manifestaciones del espíritu.

La interpretación de un sueño, sólo es correcta cuando "ilumina", anima y da lugar a un cambio emocional de la personalidad. Desde el punto de vista de la interpretación subjetiva somos los espectadores y, además, todo cuanto hay en el escenario. Todo personifica partes psíquicas proyectadas de nosotros mismos. La interpretación objetiva nos proporciona en forma simbólica, orientaciones acerca del mundo de vigilia. La interpretación, en el ámbito subjetivo, es la más recomendable porque sí podemos cambiar nosotros mismos, al adquirir más comprensión acerca de nuestra propia circunstancia íntima. Pueden presentarse sueños correctores que aparecen en las noches siguientes.

Jung aborda los sueños en forma constructiva: intenta averiguar en ellos las tendencias sanadoras finalistas, que existen en el inconsciente, más que la derivación causal de los trastornos. Los sueños reflejan esas tendencias sanadoras. En investigaciones recientes con electroencéfalogramas, se ha comprobado que si se impide a una persona soñar, enferma.

Jung dedujo que los sueños son un trozo de naturaleza psíquica, no adulterada. La comprensión de un sueño por uno mismo, depende de la polaridad de la consciencia yoica con la del inconsciente, porque refleja aquel sector del espíritu que no se ha convertido aún en propio, sino que se encuentra en un estado primitivo, arcaico.

El objetivo de la interpretación de los sueños es conectar de nuevo a la consciencia con su fundamento primordial e impedir que devenga demasiado autónoma y por ello despojada de instintividad: en ello estriba el sentido de la comprensión de los sueños. Cuando se logra la comprensión, la actividad onírica de lo inconsciente ejerce un efecto vivificante sobre la consciencia, resulta creativamente inspirador y favorece a la inteligencia y a la salud psíquica.

El Inconsciente Personal.

Carl Gustav Jung es el psiquiatra "naturalista científico empírico", como le gustaba definirse, que más ha aportado a las manifestaciones espirituales, al concebir al inconsciente, esa esencia co-dialogante presente en todas sus obras, a la que enfatiza en forma muy especial, al hacer revivir el significado arcaico de las palabras, hacerlo confluir con el elemento imaginario, el argumento científico y el sentimiento.

Freud sólo se refería al inconsciente en su lado externo, olvidando la parte interna, superior e inferior porque temía que la luz numinosa de su teoría sexual pudiera extinguirse "por la magna avalancha del ocultismo".

Jung, siempre consideró que la enfermedad anímica de personas y pueblos, se debe a una errónea actitud con respecto a lo inconsciente. Para él, representa el suelo nutricio creador y con vida propia de la vida psíquica normal. Es una experiencia interior, que no ha sido desconocida para la humanidad. Sentimos que, a partir de nuestro mundo interior, afluye algo extraño y desconocido, que nuestra intimidad produce efectos que nos pueden cambiar, que tenemos sueños y ocurrencias que surgen en nosotros, enigmática y poderosamente.

La psique está en todas las creaciones humanas, artes, ciencias, religiones, comportamientos sociológicos y habituales, que se iluminan ante nosotros con esa nueva luz, que nos permitiría autovalorarnos y hacer perdurar nuestra cultura, si tuviéramos de ella una concepción correcta.

El yo consciente es un misterio insondable: es un núcleo psíquico de representaciones afectivamente acentuadas, al que se une nuestro sentimiento de identidad en la infancia temprana, para posteriormente irse disolviendo en la ancianidad. El yo sólo se puede captar mediante su reflejo en el inconsciente. Es el centro y el sujeto de todos los actos conscientes personales y realizaciones adaptativas voluntarias.

Era entonces esta dialéctica activa en el alma entre el yo y el inconsciente la que le permitía, en su trabajo de psicoterapeuta, ayudar a los pacientes que se encontraban en situaciones semejantes. Para ello, no pedía prestados métodos de conocimiento caduco, como podría suponerlo una crítica superficial. A él le importaba, al contrario, verificar aquellas prefiguraciones históricas de la tradición religiosa universal que pudieran tener valor a través de los mitos y los cuentos, de las supuestas enseñanzas secretas y de la expresión artística. Una de las etapas siguientes consistía en mostrar cómo esa herencia de la Tradición podía ser utilizada para interpretar símbolos oníricos aparentemente herméticos.

Jung, estableció que la consciencia yoica y el inconsciente, tienen una estructura básica cuaternaria y que se encuentran en una relación proyectiva simétricamente especular. El concepto de simetría y polaridad, ha sido del terreno de la física atómica y también de otras disciplinas, como la biología. En el campo de lo psíquico, Jung lo ha vivenciado como polaridad por una parte, entre consciencia yoica e inconsciente y como polaridad entre materia y espíritu, por otra. Entre los polos de consciencia yoico e inconsciente y los polos materia y espíritu, existe un gradiente de energía que da lugar a cursos psíquicos completamente indeterminados en sí mismos en cuanto a contenido.

El espíritu es el factor formador de cultura en el hombre y comenzó a manifestarse en la formación de los ritos e imágenes representativas simbólicas. Jung cree que los símbolos no fueron creados en forma consciente, sino han sido creados por el inconsciente, a través de la revelación o intuición. Gran parte de los símbolos proceden de los sueños. Los ritos podrían haber surgido de movimientos involuntarios, especialmente manuales.

Jung define al espíritu "como un complejo funcional que es vivenciado a nivel primitivo como presencia invisible, como a modo de un hálito". El aspecto espiritual de lo inconsciente, produce imágenes y ocurrencias en el espacio representativo interior y los ordena en forma plena de sentido. Esto se observa en ese "algo" desconocido que produce los sueños. Por eso el espíritu es el autor de los sueños: un principio dinámico y espontáneo que produce y ordena imágenes libremente y por sí mismo.

En una carta Jung expresó "sé que no debería saber más del inconsciente de lo que fluye a través de los sueños e intuiciones. Pues cuanto más se sabe de ello, tanto más aumenta la carga moral ya que los contenidos inconscientes, se transforman en tareas y deberes individuales en cuanto empiezan a hacerse conscientes".

Jung realizó el viaje al mundo del inconsciente en la mitad de su vida, en diciembre de 1913, cuando tenía 38 años. Opinaba que para un hombre joven, constituye casi un pecado ocuparse demasiado de sí mismo, en cambio para un hombre que envejece constituye un deber y una necesidad dedicar una seria consideración a su interioridad. El inconsciente tiene su propia ruta para revelar el sentido de la vida de una persona y lo hace en el momento en que ésta puede integrarlo.

La Sombra – El Anima - el Animus.

Una vez que se han hecho conscientes y se han integrado los aspectos inferiores, se puede desprender la “sombra", de la personalidad del yo. La sombra es todo lo que el sujeto no reconoce en él y, que, sin embargo, una y otra vez lo empuja en su accionar, directa o indirectamente. Por ejemplo, tendencias irreconciliables y rasgos de carácter de valor inferior. Ahora se sabe que también puede tener cualidades buenas, creatividad, etc. Después de que se ha hecho consciente la sombra, surge más en primer plano, el aspecto de lo inconsciente correspondiente al sexo contrario. Si la consciencia manifiesta más bien el aspecto de la vida correspondiente al Logos, como es principalmente en el caso de los varones, el aspecto del Eros aparece personificado en figuras oníricas femeninas. En cambio en las mujeres, el yo consciente muestra más bien el aspecto de la vida correspondiente al Eros, por ello las correspondientes personificaciones oníricas son masculinas. Estas personificaciones correspondientes al sexo contrario de la personalidad inconsciente, Jung las ha llamado "ánima" en el hombre y "ánimus" en la mujer.

El ánima se manifiesta en el varón como estado de ánimo - “animosidad” - específicamente positivo o negativo, como fantasía erótica, como impulso vital, como inclinación.

El ánimus en la mujer más bien se manifiesta, como impulso inconsciente, como iniciativa, lenguaje hablado autónomo, opinión, comprensión razonada.

Estos componentes de la personalidad, correspondiente al sexo opuesto, casi siempre a través de la proyección, son al mismo tiempo un especial obstáculo para comprender al compañero o compañera, porque el ánima del varón, suele irritar a la mujer, y el ánimus de la mujer, al hombre. Esta situación da origen a la guerra de los sexos.

La característica común a estos tres arquetipos es que se proyectan. Entendemos por “proyección” el desplazamiento hacia fuera de un objeto o de un proceso subjetivo, que sólo se produce cuando la identidad resulta perturbadora. El proceso de proyección se basa en la "identidad arcaica" que es la identidad psicológica, como fenómeno inconsciente, un residuo de la indiferenciación psíquica, inicialmente primigenia entre sujeto y objeto, en el cual el hombre primitivo, como el niño e incluso el adulto, viven indiferenciadamente entretejidos con su entorno. Se trata de que creemos advertir en otros modos de comportamientos que nosotros poseemos, sin que nos demos cuenta de ello. Existe una proyección activa, que sería un acto de juicio y una proyección pasiva, que está representada por un acto de empatía.

Si se logra retirar a este aspecto inconsciente de su estado de proyección, en el que la mayoría de las veces se encuentra, e integrarlo, el inconsciente revela como nuevo aspecto, una personalidad
superior que en el varón adopta los rasgos del maestro anciano sabio semidiós, y en la mujer los de la gran madre amorosa universal.

Hacer consciente la sombra, es difícil, pero la integración del ánima o del ánimus, es una posibilidad que muy pocas personas pueden alcanzar.

La energía psíquica hasta ahora no se puede medir, sólo se puede evaluar como intensidad psíquica. La cualidad de una emoción puede sentirse. Sabemos que la energía física obedece a la ley de la entropía. De cierta manera, también la energía psíquica obedece a esta ley. Se debe demostrar que la dinámica espiritual obedece a la ley de negentropía, que puede producir un gradiente superior.

La energía psíquica se mueve con un patrón polar, por una parte, en el sentido de introversión y extraversión y, por otra, en los pulsos de regresión y progresión. Jung consideró, además, otros dos aspectos polares en el acontecer psíquico, el de causalidad y el de finalidad. El proceso de la curación psíquica puede entenderse del punto de vista finalista, el punto de vista causal proporciona el diagnóstico.

La Imaginación Activa.

Jung descubrió otra forma de llegar al inconsciente. La llamó "imaginación activa". Consiste en principio,
en dejar surgir al inconsciente, estando despierto, imágenes oníricas, emociones, sentimientos, ideas obsesivas, fantasías, en una actitud desprovista de atención crítica, tomando esas imágenes interiores como si se tratara de presencias objetivas.

La consciencia tiende a rechazar estas imágenes como algo absurdo, porque se entremezclan lo sublime y lo grotesco. Si se acompaña de miedo o ansiedad, el usar este método puede producir una inhibición de la consciencia y en ese caso no ocurre nada o la inmersión en el inconsciente es tan profunda que la persona se duerme.

El enfrentamiento en vigilia de los contenidos del inconsciente, es la esencia de la imaginación activa.
Debe haber un compromiso ético con respecto a las apariciones interiores, sin el cual se sucumbe al principio de poder y la imaginación se convierte en destructiva para otros y para el que imagina. La imaginación activa carece de programa y es absolutamente individual. El terapeuta sólo guía para evitar la interpretación intelectual o la mera contemplación estética.

La imaginación activa es el medio más poderoso para hacer que un paciente se independice del médico y pueda caminar por sí sólo. Pero no hay que presionar para extraer el "sentido". No es suficiente contemplar las imágenes interiores, hay que intervenir en el proceso con las propias reacciones personales. Pero no sobre la base de una personalidad ficticia, porque en ese caso el desarrollo se paraliza. Tampoco se deben "comprender" las imágenes, debe haber un compromiso ético.

Si se interviene auténticamente en el acontecer fantástico en el sentido de una confrontación que es tanto comprensiva como moral, la corriente de imágenes interiores comienza a servir para la construcción de la totalidad personal, para la individuación y para hacerse capaz de resistir los embates exteriores e interiores.

Cuando nos aproximamos al inconsciente, nos encontramos con un estrato de contenidos personales reprimidos: la sombra. Sólo resolviendo la sombra podremos alcanzar el fondo arcaico. Pero esto es sólo la vía, no la meta. Según Jung, y por adhesión a su herencia espiritual cristiana, no debe evitarse el conflicto ni el sufrimiento. Con frecuencia citaba la frase de Tomas de Kempis: "el dolor es el caballo más rápido que nos lleva a la perfección."

Existen otros accesos al inconsciente, como las drogas alucinógenas. Con ellas el paciente no asume la responsabilidad, acelera más un análisis, pero muy rara vez será posible integrar los contenidos interiores vistos.

El inconsciente colectivo y los arquetipos.

Existe un mito en todas las cosmologías, que se refiere a un hombre primordial que representa la substancia fundamental del mundo y que contiene todas las almas humanas.
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En el mundo occidental, los gnósticos de los primeros siglos, lo llamaron Anthropos, que está representado por el falo hundido en la materia y que siente nostalgia de su retorno a la luz. Su resurrección tiene lugar cuando el individuo se esfuerza en desarrollar su "hombre interior". Es el núcleo más íntimo del alma del individuo y al mismo tiempo una especie de alma colectiva de la humanidad entera, a la que Jung llamó "inconsciente colectivo".

El supo desde su niñez, a través de los sueños, que esta imagen mítica no era producto de recuerdos. Como investigador los catalogó como auténticos focos vitales de la psique humana. Describió dos estratos bien diferenciados en el dominio de los contenidos del inconsciente: un estrato personal, vivenciado, reprimido u olvidado (ya definido anteriormente) y el estrato del inconsciente colectivo que está representado por una estructura psíquica, humana, general y congénita.

Consciencia e inconsciencia son una especie de bi-unidad, donde a veces predomina el inconsciente, como sucede en los sueños, o el consciente, como en el estado de vigilia. En el inconsciente colectivo se basa también el fenómeno de la "identidad arcaica", en el cual nos sentimos como uno con el entorno. Es también la base de toda comunicación interhumana.

Como puntos estimulantes, existen en el inconsciente colectivo centros relativamente delimitables que Jung llamó "arquetipos". Este concepto se deriva de la observación repetida varias veces de que, por ejemplo, los mitos y cuentos de la literatura universal, contienen siempre, en todas partes, ciertos "motivos". Estos motivos también se encuentran en las fantasías, imaginaciones, sueños, delirios de los individuos actuales. Se caracterizan en que van acompañados de matices afectivos.

Son formas "típicas de captación", estructuralmente comunes a todos los seres humanos y constituyen el aspecto interior, tanto de los instintos como de su forma. Son modos de comportamiento elementales de la psique, que sólo son observables en el campo visual interno del individuo. En relación al cómo de la aparición de los arquetipos, Jung dejó planteada la duda en sus últimos libros. Es posible que la investigación genética y la del comportamiento puedan dar una información más precisa al respecto.

El efecto de los arquetipos puede ser positivo o negativo. Toda función creadora de la cultura humana, se funda en arquetipos, son fuente de inspiración en todas las artes y ciencias porque generan nuevos modelos de pensamiento y dan las bases para nuevas concepciones espirituales de la época.

La imagen astrológica de la Era de Acuario, es posiblemente la que se está formando en el inconsciente colectivo que, con arreglo a la interpretación de Jung, representa al Anthropos, como una imagen del Sí mismo o bien de la personalidad más amplia del ser humano y del alma colectiva. Podría ser que la misión de la Era de Acuario, habría de ser la de tomar consciencia y manifestar más interés en el cuidado del inconsciente y de la Naturaleza, con el objeto de no seguir explotándola ni destruyéndola. El Anthropos representa la psique colectiva de la humanidad, es el arquetipo que une, que cohesiona y su misión es hacer que nuestra raza perdure y no se extinga. El cumplimiento de este objetivo es de una importancia vital, no sólo para la humanidad sino para cada uno de nosotros.

Jung estaba convencido que la integración de lo femenino en el mundo del Logos masculino, es necesaria
en la actualidad para atenuar el comportamiento agresivo. Es preciso un poder superior "un arquetipo constelado" - el principio femenino - que por el momento no se encuentra suficientemente integrado en nuestra visión religiosa del mundo.

El admitía que en el estrato inferior del inconsciente colectivo nos encontramos con un sector desconocido de la naturaleza, el cual "contiene todo y por lo tanto también lo desconocido, incluyendo la materia". Allí estaría el aspecto preconsciente de las cosas en un nivel animal e instintivo de la psique. En el hombre, cuando se activa ese estado, se observa que con mayor frecuencia se producen acontecimientos de sincronicidad. En este estrato, la materia aparece como un aspecto concreto de la psique y la psique como una cualidad de la materia, pero debido a lo ineludible del fenómeno psíquico, no puede haber tan sólo un único camino al misterio del ser, sino que ha de haber por lo menos dos: el acontecer material por una parte y la imagen subliminal psíquica por otra, sin poderse saber quien refleja a quien.

El Sí Mismo.

A este aspecto del inconsciente, Jung lo llamó: Selbst, Self, Ser, Sí mismo, en equivalencia al Atman de la filosofía hindú. La consciencia del Sí mismo, en la religión hindú, tiene una importancia extraordinaria. Entre nosotros existe una infravaloración del alma que impide que ésta se despliegue y se revele.

El Sí mismo abarca todos los aspectos de la psique, incluso al yo. La personalidad 2, que descubrió Jung
en su juventud, corresponde a este Sí mismo. Con frecuencia es representado como un símbolo matemático circular o cuadrado, en el cual destaca más el dador de orden y sentido implicado en el centro de la personalidad, que el aspecto humano.

El Sí mismo implica algo eterno e indestructible, el yo experimenta una proximidad de un estado así. A través del sufrimiento, se hace consciente el yo del Sí mismo. Entonces, no se considera ya como un hombre aislado sino como uno que vive en todos. Tan sólo está aislada la consciencia subjetiva. Cuando ésta se encuentra referida al Sí mismo, el centro interior se siente contenido en el todo y descubre en medio del dolor un lugar de calma más allá de toda complicación.

El amor al prójimo se fundamenta en el amor a este Sí mismo. Se llega al Sí mismo - mediante la eliminación de apetencias egoístas - a través de la voluntad propia, de la curiosidad intelectual y del sosiego. Vivenciar lo inconsciente, aísla y muchas personas no pueden soportarlo. Sin embargo, estar solo con el Sí mismo, es la vivencia más decisiva y elevada del hombre.

Así el Sí mismo, no es una ordenación matemática plena de sentido, sino un Dios actuante. El inconsciente aparece personificado en una figura divina, esto posibilita una objetivación y por ello puede haber emociones y sentimientos. La experiencia del Sí mismo, proporciona el sentimiento de hallarse asentado en lo más profundo de la propia mismidad, sobre una base firme invulnerable, incluso para la muerte física misma.

La duplicidad del inconsciente que nos impulsa al bien y al mal, es contrarrestada por la "unidad" superior del Sí mismo que nos quiere conducir a una cognición superior: la leve pero inflexible voz interior de la verdad que impulsa a la individuación y que no permite auto-engañarse. A pesar de los conflictos interiores, al parecer insolubles, que dominan al hombre individual y a toda la humanidad occidental, se puede advertir que su inconsciente genera símbolos como el Anthropos o un Mandala que unifican a los contrarios y que simbolizan la esencia de la individuación.

Los gnósticos especulaban acerca del hombre primordial y en ellos se encuentran etapas previas a estas interpretaciones alquimistas y en ambas se dan constantemente, representaciones cuaternarias del símbolo del Sí mismo o incluso, una cuádruple rotación de un símbolo cuaternario, destinado a expresar el aspecto del Sí mismo vinculado al tiempo.

El Sí mismo se realiza en el proceso de individuación. Reúne a todos los contrarios y contiene a los cuatro elementos del mundo Es el hombre interior que alcanza hasta lo intemporal: Anthropos, descrito como redondo y hermafrodita y que "representa una recíproca integración del consciente y el inconsciente".

La vivencia del Sí mismo elimina la imagen asfixiante y opresiva del mundo corriente, la persona permanece abierta hacia lo trascendente. Es comparable con el “satori” en el budismo Zen. Nuestra vida sólo tiene sentido cuando se abre al infinito, porque lo ilimitado es lo esencial.

Cuando Jung tenía 75 años cinceló una piedra, que transformó en un monumento en homenaje al Sí mismo.

La alquimia.

En 1934, Jung comenzó a investigar la alquimia y se percató de que los primeros alquimistas, eran filósofos gnósticos y en parte gnósticos cristianos de la naturaleza. En ellos no existía dualismo entre filosofía y ciencia experimental o entre religión y ciencia natural. Trataban de fundamentar su cosmovisión filosófico-religiosa mediante experimentos "químicos."

La alquimia fructificó en la época alejandrina y en los primeros siglos del cristianismo, gracias a la metalurgia de Babilonia, el espíritu filosófico especulativo griego y los métodos de embalsamamiento egipcio (que tenían un significado mágico religioso.)

Los alquimistas han sido los precursores de aquellos que, en la actualidad, buscan una experiencia religiosa primordial. Su centro de esfuerzos estaba representado por el Anthropos, un hombre divino que debía ser liberado de las profundidades del mundo material. Al liberarlo, también el liberador alcanzaría la inmortalidad.

En esta rotación en forma de espiral, el Anthropos se renueva periódicamente a sí mismo y experimenta a través de prolongados procesos de transformación seculares e histórico psíquicos, una progresiva evolución, que parece tender a un mayor grado de consciencia en el hombre.

Jung, junto a Toynbee, estaban convencidos de que estamos en la actualidad en una fase cultural de decadencia y que la sobrevivencia de nuestra cultura depende de la renovación de nuestro mito arquetípico.

El primer sueño de Jung, acerca del falo sepulcral, significaba que la imagen cristiana de Dios, está encerrada en el inconsciente, y se ha transformado en el falo serpentino que mira hacia la luz.

En el simbolismo alquimista, el dragón o la serpiente, son la primera forma de renacimiento del ave Fénix. La mirada hacia la luz, significa que tiende hacia la esfera de la consciencia.

Jung descubrió nuevamente el mito proyectado que supone la alquimia y señaló el lugar de donde verdaderamente procede y desde el cual continúa actuando en la actualidad: desde la psique objetiva del hombre occidental.

Los alquimistas occidentales vivenciaban proyectando en la materia su propio inconsciente. Como sus experimentos eran considerados sospechosos de magia negra, debían trabajar ocultos y aislados y como
no sabían abordar el misterio de la materia, se apoyaban en sus sueños y visiones. Los alquimistas eran los "empíricos de la experiencia acerca de Dios", en contraposición con los representantes de las religiones "oficiales", los que no se basaban en la experiencia, sino en la interpretación sobre una verdad ya revelada.

A través de sueños conocidos del hombre moderno, Jung ha demostrado lo vivo que permanece en el inconsciente el mito de la alquimia. Para los alquimistas, la materia inorgánica no estaba muerta, sino que era una incógnita viviente que no sólo se podía manipular, sino que también había que establecer una "relación" con ella para investigarla. Esto lo hacían a través de sueños, ejercicios de meditación y de una disciplina de la fantasía que coincidía absolutamente con la "imaginación activa", descubierta por Jung.

El espíritu de la materia lo designaban como Mercurio, que era idéntico a Hermes, dios de las revelaciones y al Hermes-Thot gnóstico. Es lo mismo que el hombre espiritual primitivo, sumergido en la materia y representado por el falo. Es lo numinoso desplazado al parecer a la "profundidad de la tierra", para el hombre moderno, pero en la realidad, a la profundidad de su propia psique, para muchas personas hoy en día.

El dios de la materia, Mercurio, no era el elemento químico, sino una substancia "filosófica", un agua que "no humedece las manos" y era considerada la substancia fundamental del universo. Al mismo tiempo era un fuego y una luz, "la luz natural que es portadora del espíritu celestial". Es un "fuego del infierno", oculto en el centro de la tierra, y también el fuego "en que Dios arde en su divino amor."

Siempre se trata de una paradoja que contiene en sí los más inconciliables contrarios. También lo llamaban alma o espíritu porque lo intuían de procedencia psíquica. Es un pneuma, "una piedra transportada por el viento "o "el espíritu del mundo hecho cuerpo en la tierra". Como piedra pneumática, aúna espíritu y materia y es al mismo tiempo, aquel misterioso "algo", que actúa animando y vivificando todas las cosas, en una especie de "alma del mundo".

Mercurio es, además, hermafrodita, comprende en sí los cuatro elementos, también lo llaman el "auténtico Adán hermafrodita", o el Anthropos, hermafrodita humano y divino, es decir, una sublimación del Sí mismo. En su primera aparición es también el rey anciano y el rey joven, pareja de contrarios. Su espíritu unitario y abarcador de todo, era simbolizado la mayoría de las veces por el "ouroboros", la serpiente que se muerde la cola. En todas estas proyecciones simbólicas de los alquimistas, nos hallamos ante la fenomenología de un espíritu objetivo al cual designamos hoy como "inconsciente"

En contraposición con el signo espiritual y luminoso de Cristo, Mercurio es un dios oscuro y oculto, que incorpora en sí los opuestos, y que compensa la unilateralidad de Cristo.

En una de las visiones que tuvo Jung, se le aparecía Cristo de un color oro verdoso. Al oro verde los alquimistas lo reconocían como la cualidad viviente. Expresa un espíritu de vida una "ánima mundi", el Anthropos viviente en la totalidad del mundo. El verdor es una fuerza germinal que el hálito de Dios ha puesto en todas las cosas. En el simbolismo eclesiástico el color verde simboliza al Espíritu Santo.

Mercurio parece constituir en la actualidad un propósito del inconsciente colectivo, al agregar el aspecto
de Mercurio a la figura de Cristo, como para unir el espíritu del inconsciente al de la consciencia, pero manteniendo la ética cristiana.

Por eso Jung afirma: "Mercurio dios ambiguo acude como una luz de la naturaleza, tan sólo en ayuda de aquel entendimiento que se orienta hacia la luz más alta, luz que la Humanidad no recibió jamás, y que no confía solamente en su alejamiento paulatino del conocimiento de Dios debido al conocimiento de las cosas. Pues en este caso, el “lumen naturae” se convierte en un peligroso fuego fatuo y el “psicopompo” (conductor de las almas) en diabólico seductor."

En el fondo, Mercurio supone una continuación de determinadas personificaciones compensadoras del hombre-dios que se han manifestado de diferentes formas en todas las tradiciones populares.

Un axioma que existe desde hace 1.700 años en la alquimia es una frase de María Profetisa: “el uno se hace dos, el dos se hace tres y del tercero surge el uno, como cuarto”. Se introducen entre los números impares de la dogmática cristiana, los números pares que significan lo femenino, la tierra, lo subterráneo, incluso el mal. Sin personificación es el “Serpens Mercuri”, el dragón que se genera y se destruye a sí mismo y que representa la "prima materia".

La alquimia se refiere a esta primera materia y al “filius macrocosmi”, hijo universal, (Mercurio). Así el inconsciente no se comporta sólo como contrapuesto a la consciencia, sino que es un adversario y colaborador que modifica más o menos. De este hecho dependería probablemente la encarnación del dios puramente espiritual en la naturaleza humana terrenal, posibilitada por la concepción del Espíritu Santo en el útero de la Virgen.

Las diferentes etapas del proceso alquímico en la psicoterapia

Nigredo: la materia prima es pulverizada, calcinada, disuelta, fundida. La nigredo tiene su paralelo en el proceso de individuación, en el encuentro con la sombra. Todo lo que se había criticado en los demás, se presenta en los sueños, como parte del propio modo de ser. Las ilusiones que uno tenía de uno mismo y del mundo, se desvanecen. Se le arrebata al yo su omnipotencia y se ve enfrentado al poderoso inconsciente.

Este estado puede ser muy duradero, porque deben hacerse conscientes todas las oscuridades y todas las personalidades parciales autónomas, (complejos autónomos) que deben ser reconocidos y moralmente dominados.

Albedo: Aquí corresponde la integración del componente íntimo, propio, correspondiente al sexo contrario, el ánimus en la mujer y el ánima en el hombre.

Durante esta segunda etapa continúa la del Nigredo, porque la sombra es como la hidra de siete cabezas , las cuales renacen después de haber sido cortadas.

Albedo es una operación menos violenta que el Nigredo, pero en ella es de honda sabiduría mantener el fuego que no queme o destruya y a la vez que no enfríe el proceso. Psicológicamente, se refiere a la transferencia entre paciente y médico o a una gran pasión amorosa fuera del tratamiento. En el simbolismo alquimista, el problema es proyectado como "boda mística "de los elementos y expresado en múltiples variantes.

Una gran relación amorosa es advertida como proyección del ánimus o ánima, respectivamente, sobre otra persona y con ella frecuentemente se produce una relación basada en una común inconsciencia donde están todas las contradicciones presentes.

En una relación amorosa, existen siempre cuatro figuras: el hombre y su ánima y la mujer y su ánimus. En estos cuatro elementos se dan todos los innumerables fenómenos posibles de rechazo y de atracción. Este hecho nos obliga a dar nuestra atención a la psique inconsciente. Para los alquimistas es más fácil que para nosotros, porque ellos intentaban obtener la piedra filosofal mediante la boda alquimista en la retorta. Nosotros debemos realizarla en nosotros mismos y esto nos afecta muy profundamente

Los participantes de la" boda alquímica", son descritos como hermano y hermana, madre e hijo, etc. Su unión es un incesto, este aspecto tiene la finalidad de hacernos conscientes la proyección. Nos obliga a darnos cuenta de que en último término, se trata de una íntima unión de los componentes de nuestra propia personalidad, de un "desposorio espiritual" como vivencia interior no proyectada. Alude a la unificación de los contrarios en el Sí mismo. Después de la etapa de Albedo sigue:

Rubedo o citrinitas (enrojecimiento o color dorado). El trabajo está concluido, es abierta la retorta y la "piedra filosofal" comienza a irradiar una acción cósmica curadora.

La Piedra Filosofal: En los textos más antiguos de la alquimia, se reitera el tema de la piedra filosofal "por Dios donada y que puede transformar todos los metales en oro", y que según algunos, está oculta en el cuerpo humano y ha de ser extraída del mismo. La piedra constituye un símbolo de lo eterno, lo que da fuerza vital. Es el misterio de Dios en la materia y se llama también "piedra que posee un espíritu o un alma: Pneuma".

Algunos maestros intuían que se trataba de un desarrollo a través de la meditación, del propio hombre "interior" que se reflejaría también en el exterior. La piedra alquimista es también identificada con Mercurio y como figura divina y tripartita del Anthropos, es el cuerpo de la resurrección, que es tanto espiritual como somático y de tal sutileza que puede penetrarlo todo.

Las Cuatro Funciones:

Jung descubrió que las realizaciones adaptativas voluntarias se pueden dividir en 4 funciones principales: percepción, intuición, sentimiento y pensamiento. Ellas funcionan de a pares como en un balancín:


Sentimiento versus Pensamiento
Percepción versus Intuición



Al funcionar una de ellas, se inhibe su contraria. No se puede pensar y sentir al mismo tiempo. Tampoco se puede intuir y percibir a la vez, la primera de estas funciones está dirigida hacia el interior y la segunda, hacia el exterior.

El yo se fundamenta en una base corporal y una base psíquica. La primera se manifiesta por estímulos que nacen del interior del cuerpo, que, en parte, son percibidos psíquicamente y que están asociados con el yo
y que, en parte, permanecen por debajo del umbral de la consciencia. La base psíquica, consta del campo
de la consciencia y del conjunto de contenidos inconscientes.

La segunda se desarrolla a partir de contactos del cuerpo con el entorno y más adelante a partir de contactos con el mundo interior. Se establece paulatinamente la diferencia entre sujeto y objeto y entre dentro y fuera. Esta teoría no puede ser comprendida sin la experiencia del mundo subliminal: lo inconsciente.

En el curso de la evolución de sus vidas, todas las personas desarrollan más alguna de las cuatro funciones adaptativas. la que utilizan en forma predominante. También se puede desarrollar una segunda y una tercera. La cuarta, Jung la llamó" función infravalorada" o función menospreciada. Lo que hacemos con esta función, es en gran medida incontrolado y cae bajo la influencia de la personalidad 2: lo inconsciente. Tanto el yo como el inconsciente son estructuras subliminales. Ambas contienen luz y oscuridad. Jung define al yo como "una personificación relativamente constante del inconsciente". Cuando protegió la lucecita en su sueño, no reprimió la existencia de lo inconsciente, que es el espíritu que se halla a la altura de la oscuridad del mundo. Lo más patente de dicho espíritu es su carácter histórico, su vastedad en el tiempo, su intemporalidad. El representa el espíritu de los tiempos, colectivo, operante en lo inconsciente del hombre y que se manifiesta y transforma a través de los siglos de historia del espíritu humano.

El Mandala

El radiolario es una imagen arquetípica a la cual Jung denominó "mandala", palabra sánscrita que significa “círculo mágico”.

El mandala es el centro y corresponde a la naturaleza microcósmica del alma, es la vía hacia la individuación, es experimentado como el centro interior de la psique. Jung descubrió que la evolución es una circunvalación en torno al Sí mismo, centro de un mandala.

El símbolo del Anthropos cósmico y el mandala tienen un mismo sentido, ambos aluden a una unidad interior y última de la psique. El mandala simboliza en su punto central la unidad última de todos los arquetipos, así como la multiplicidad del mundo fenoménico y que constituye por ello la correspondencia empírica al concepto metafísico del Unus Mundus.

Buda el gran símbolo oriental de esta unidad, era representado en un principio como una rueda de doce radios. En occidente, Cristo se representa a menudo como centro de un mandala con los cuatro evangelistas. El mandala representa un antiquísimo símbolo de la divinidad y del cosmos. Todos los filósofos de la naturaleza quisieron representar de alguna forma la divinidad. Con Platón y Plotino, aparece claramente establecido que esta imagen primordial, es el movimiento circular propio del alma y del espíritu que rige todo.

El cosmos mismo es una esfera perfecta, como copia del organismo, del ser. Plotino lo demostró matemáticamente y fue transmitida por él a la Era Cristiana: centro de todo ser es lo Uno que irradia por todos lados hacia el infinito. Este Uno está rodeado por la envoltura esférica correspondiente al "alma del mundo", (ánima mundi), y alrededor de ella, por el cosmos visible. El centro es la esfera espiritual que es
en sí misma unidad, totalidad, divinidad.

Con el tiempo esa imagen del mandala evolucionó de esfera referida a la divinidad, al cosmos o al alma del mundo, a convertirse en el símbolo del alma individual y finalmente en imagen del "yo ideal" o" yo absoluto" o Sí mismo, que está en contraposición con el yo empírico.

En su sueño del radiolario vemos que esta imagen se reveló a sí misma de un modo activo. Para muchos místicos, entre ellos Eckhart, el hombre es portador de una chispa divina, es por eso que para ellos es importante el autoconocimiento, no egocéntricamente subjetivo del yo acerca de sí mismo, sino en un sentido del conocimiento de este "fondo del alma." El mandala se diferencia de la imagen de un dios personal por su aspecto femenino y por su índole matemático- geométrico. Su esencia alude a orientación en el caos, a sentido y a orden.

Jung construyó una torre redonda en cuya entrada grabó la inscripción "El Santuario de Filemón - La penitencia de Fausto". Siempre manifestó que su impulso estaba más por el respeto a los derechos humanos, la historia del espíritu y la continuidad de la cultura.

Sincronicidad

Los modelos de pensamiento que elaboró Jung tienen un paralelo con los de la física moderna. El concepto de complementariedad, como lo aplica la física cuántica a la relación partícula - onda, y la psicología profunda, a la existente entre los contenidos de la consciencia y lo inconsciente. Todos los procesos son energéticos, y hay una cierta relatividad en tiempo y espacio, en el ámbito de las partículas y en estratos profundos del inconsciente, y en ambos sectores no pueden excluirse las condiciones del observador.

Existen datos de que ambos aspectos de energía, físico y psíquico, podrían ser dos aspectos de lo mismo. Así el mundo de la materia, sería una imagen subliminal del mundo de la psique y viceversa. Jung a este hecho lo llamó "fenómeno de la sincronicidad," es la vinculación entre el acontecimiento interior y exterior.

Los acontecimientos, entonces, no serían causales sino en un sentido de simultaneidad con respecto al individuo que los vivencia. El arquetipo en el inconsciente debe estar activado, esto hace como si apareciera también fuera de la psique. A este aspecto del arquetipo lo llamó "trasgresivo", porque pasa al mundo de la materia.

Para poder explicar el fenómeno científicamente, imaginó un principio de ordenación acausal. En la naturaleza existen ordenaciones que no tienen explicaciones causales, la más evidente es el tiempo de semi vida de las partículas. Esto sucede en microfísica, existe una especie de ordenación, pero no se puede determinar el momento de la destrucción espontánea de la partícula. Otro ejemplo, serían los números enteros naturales, que son especialmente "primitivos", son estructuras arquetípicas propias de la profundidad del inconsciente. Muestran una ordenación acausal de la psique. Jung llamó "fenómenos marginales", a las ordenaciones acausales no explicables de algo interior y algo exterior.

En los fenómenos de sincronicidad, surgen imágenes en el campo visual interno, que se encuentran en relación de analogía, con arreglo a un sentido y con respecto a acontecimientos objetivos, sin que pueda demostrarse alguna clase de relación entre ambas. Esto presupone un sentido apriorístico de la propia naturaleza que tiene su existencia antes que la conciencia humana o un "factor formal" en la naturaleza que no puede explicarse de un modo causal. Jung, lo denomina "saber absoluto", porque se encuentra desligado de nuestro saber consciente.

De este saber absoluto en la naturaleza, Jung supone que depende el comportamiento inteligente de seres inferiores desprovistos de cerebro, porque el saber absoluto, parece ser independiente del conocimiento que brindan los órganos sensoriales y alude así a la existencia de un sentido inmanente en la naturaleza, que no puede ser sino transcendental.

Los fenómenos de sincronicidad son "actos creadores en el tiempo" porque se encuentra en un espacio-tiempo irrepresentable. Se producen dentro de un marco de ordenación existente con anterioridad. Son de naturaleza parapsicológica. El conocimiento de la ordenación nos afecta como "sentido". Esta es la causa por la que en la antigüedad se lo ha considerado un fenómeno divino.

El “I Ching o Libro de las Mutaciones" emplea la sincronicidad en su vertiente práctica. Los chinos en su cultura, siempre se han esforzado más bien por la captación intuitiva de la totalidad del mundo, más que
por el conocimiento de parcialidades. Los comentadores de esta obra han tratado de explicar mediante una "identidad de sentido" la simultaneidad entre el estado psíquico del consultante y un proceso físico sincronista y ordenado en 64 imágenes situacionales típicas.

El filósofo chino Wang Fu Ch'i (siglo 17) ha explicado el I Ching “como un continuo que todo lo abarca y que se halla en sí mismo ordenado conforme a leyes". Este continuo no se puede descubrir con la percepción sensorial, es como un trasfondo psico-físico latente en el cosmos. Jung dice que es "un importante sistema que intenta en cierto modo ordenar el juego de los arquetipos y hacerlo legible".

Las imágenes de la totalidad psíquica producidas espontáneamente por el inconsciente, o sea, los símbolos del Sí mismo en forma de mandala, tienen también una estructura matemática, y como no sólo expresan orden, sino que también dan lugar a orden, se desprende que también el inconsciente, utiliza al número como factor de ordenación. El número, psicológicamente se define, como un arquetipo del orden que se ha hecho consciente

Lo primordial en los fenómenos de sincronicidad, lo que constituye su numinosidad propiamente dicha, es el hecho de aparecer en ellos suprimida la dualidad de psique y materia. Son lo que Jung llamó el "Unus Mundus", una alusión empírica a una unidad última de todo ser.

La idea del Unus Mundus se basa en la creencia de que la multiplicidad del mundo empírico se fundamenta sobre una unidad del mismo y que no existen dos o más mundos, esencialmente separados o bien mezclados entre sí.

La vivencia del Unus Mundus se siente como la "apertura de una ventana hacia la eternidad”

Religión Cristiana:

La imagen cristiana de Dios se manifiesta a nosotros como solamente bueno y el hombre hecho a su semejanza, no lo es. Durante toda su vida Jung se debatió con este problema. Como una persona que ha sido educada en el cristianismo, se espantaba con las divinas obscuridades que se le revelaban en el Libro de Job.

En su libro " Respuesta a Job", que aseveró era el único al cual no le hubiera cambiado ni una sola palabra, ni aún al adquirir más experiencia, explica que Cristo no es un hombre completo porque tiene ausencia de pecado y Job no es un hombre corriente, y por ello, la injusticia inferida a él y con él a toda la humanidad, sólo puede repararse mediante una encarnación completa de Dios en el hombre empírico.

La encarnación de Dios en el hombre, es desde el punto de vista psicológico, un símbolo de una evolución provocada por el paso a la consciencia de lo contradictorio de nuestra totalidad interior y que nos quiere obligar a armonizar las constantes influencias a las que se halla expuesta nuestra consciencia por parte del inconsciente. Como las alternativas pueden ser buenas o malas, el hombre puede doblegarse al código de las costumbres de la moral tradicional o escuchar la decisión creadora, procedente del Sí mismo, mostrando el valor de seguirlo, pese a la posibilidad de error.

El mal se ha convertido en la actualidad en una potencia visible. Hasta ahora no ha recibido respuesta la pregunta hecha por los gnósticos acerca del origen del mal. Si Dios se hace hombre y representa una “Complexio oppositorum”, surge como conflicto en el hombre, porque la imagen de Dios desde el punto de vista psicológico, es una simbolización del fondo de la psique.

Esta escisión nos es consciente y hace brotar tendencias sanadoras a partir del mismo fondo psíquico, que se expresa como símbolo del Sí mismo, en forma de mandala, por ejemplo, y que supone una síntesis de los contrarios. Jung comprende el mito del dios que se hace hombre "como un creador enfrentamiento del hombre con los contrarios y su síntesis en el Sí mismo, en la totalidad de la personalidad".

En la experiencia relativa al Sí mismo, se supera la contraposición en cuanto a imagen de Dios. Este es el sentido del Servicio divino en el que surge luz de la oscuridad. El servicio que el hombre puede prestar a Dios es que el Creador sea consciente de su creación y el hombre de sí mismo. En su libro "Simbología del espíritu" Jung puso el siguiente lema: "Y a nosotros, nos lo reveló Dios, mediante su Espíritu, pues el Espíritu lo escudriña todo, aun las profundidades divinas."

La imagen de un oscurecimiento de la consciencia, desde el punto de vista psicológico, Jung lo interpreta como que toda verdad espiritual se convierte en materia, porque se cosifica y se transforma en instrumento de la mano del hombre. El expresa que el hombre contemporáneo está tan oscurecido, que su mundo es alumbrado sólo por la luz de su entendimiento.

En la historia de la humanidad se ha oscurecido la luz de la consciencia en innumerables ocasiones, esto parece responder a una profunda disposición estructural arquetípica en nosotros. La creación no posee un sentido reconocible sin la consciencia reflexiva del ser humano, el hombre tiene una importancia cosmogónica, una auténtica razón de ser. La naturaleza que nos rodea no carece de sentido, pero su sentido es latente. Sólo pasa a ser actual cuando se hace consciente en nosotros.

Hay un tema mítico que se refiere a esta situación repetitiva y que tiene relación con un rey senecto y moribundo que es "sustituido" por un sucesor más joven. Los mitos y cuentos hablan de sustituir. En la cultura egipcia, que influyó en la filosofía alquimista, se constituyó el mito de una "transformación" o metamorfosis del rey. Simboliza una imagen de la divinidad que ha envejecido y que precisa renovación. Esta imagen, personifica la representación dominante de la consciencia colectiva de una cultura y de las instituciones basadas en la misma. Estos sistemas tradicionales envejecen y deben ser renovados. La vida de Jung, fue una lucha por la liberación del rey nuevo a partir de la profundidad del inconsciente colectivo.

La pugna de las generaciones se debe a que los jóvenes se identifican con el rey joven y la generación mayor, con el rey viejo. La transformación de uno en el otro, resulta siempre imposible cuando falta el principio femenino o es demasiado débil, o sea, cuando falta el principio de Eros. En el varón se da ésto cuando no se ha desarrollado o hecho consciente su ánima y en la mujer cuando está poseída por su ánimus, lo cual debilita su femineidad. Entonces el dogma religioso queda desvitalizado y la vida psíquica quiere crear nuevas formas, así como ayudar al Sí mismo a encontrar otras formas de expresión.

La función histórica de la evolución arquetípica está determinada por el comportamiento humano que tiene gran importancia y que puede abarcar siglos y milenios y se expresa a través de símbolos. Jung expone que el símbolo que determina el arquetipo de nuestra cultura, es la imagen de Cristo. La ha estudiado detenidamente en su obra "Aion". Él señala que la figura histórica de Cristo, ha asumido en sí toda la simbología del Anthropos, la Cruz, el Mandala, la cuaternidad y el "núcleo del alma " y se ha convertido en un símbolo del arquetipo del Sí mismo. También señala que tuvo que haber sido una personalidad de excepcional magnitud, para haber expresado de forma tan perfecta la expectativa general del inconsciente de su tiempo. Personificó sólo el aspecto luminoso de la totalidad humana. La vertiente oscura apareció representada por el Anticristo que conquistaría el dominio, al final de la era cristiana.

Cristo y el Anticristo, fueron identificados con dos peces, que simbolizan la era astrológica de Piscis de la Era Cristiana, y así el Sí mismo fue entendido como algo que se transforma en el curso de la historia. Desde el año 1.000 se esperó el fin del mundo y la llegada del Anticristo y surgieron movimientos religiosos nuevos que culminaron con la Reforma y que después dieron lugar a un racionalismo que era en parte anticristiano.

Dentro de este marco, desempeña un mecanismo compensador el simbolismo de la alquimia, en cuanto aparecen en él mitologemas que unifican en una sola figura los dos peces "enemigos" del eón cristiano. El "pez redondo en el mar se ha de cocer hasta que empiece a relucir", (relacionado con el radiolario del sueño de Jung), en el que se manifiesta el amor divino. Contiene en su cuerpo la" piedra del dragón " que muchos buscan. El pez ejerce una gran atracción sobre los hombres, es una piedra animada, con la cual se puede fabricar el elixir de la inmortalidad.

La nueva imagen de la totalidad que está subliminalmente en la consciencia y en el inconsciente colectivo, fue contemplada por San Juan en el Apocalipsis. Desapareció en el inconsciente. Es aquel niño que dio a
luz "la mujer solar ", concebido por un padre desconocido y nacido de la Sapientia. Es aquel hombre más elevado y completo y que representa nuestra totalidad, trascendente a la consciencia, bajo la forma de "niño divino".

"Así pues, lo superior, espiritual, masculino, desciende a lo terrenal femenino y en correspondencia, la madre, precedente al mundo patriarcal y aceptando complaciente a lo masculino, a través del instrumento representado por el espíritu humano (la "filosofía") concibe un hijo que no es lo contrapuesto a Cristo, sino su correspondencia, un hijo que no es un hombre-dios, sino un ser fabuloso, conforme a la esencia de la madre primordial."

El hijo "superior", tiene como misión redimir al hombre (microcosmos) El hijo "inferior ", tiene el significado de salvador del universo. Esta formulación tiene el aspecto de un mito pero "el mitologema es el lenguaje más primordialmente propio de estos procesos psíquicos y ninguna formulación intelectual, puede alcanzar ni siquiera aproximadamente, la plenitud y fuerza expresiva de la imagen mítica." El mito es el lenguaje del alma y nuestra consciencia racional no la puede abarcar. Algunas mentes iluminadas han sabido siempre acerca del aspecto divino del alma: San Agustín, Meister Eckhart, Giordano Bruno, designaban al alma como la luz de Dios.

La cohesión social tiende a disolver los vínculos en la actualidad y con ello corremos el riesgo de hundirnos en una caótica psique de las masas. Pero la contra tendencia sanadora está naciendo en el inconsciente
del hombre actual, es un impulso hacia una consolidación interna y a una diferenciación de su capacidad
de relación interhumana.
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La unilateralidad luminosa y perfecta de Cristo, era necesaria para su época, para posibilitar una ampliación de la consciencia, pero esto con el tiempo produjo una escisión que indujo a acrecentar lo racional que a su vez se convirtió en razón científica e irreligiosa que pretende reprimir todo lo oscuro o aparentemente irracional. En su libro “Simbología del espíritu”, Jung expresa, que es misión nuestra conciliar dos potencias en nosotros: la consciencia y el inconsciente.

La "piedra filosofal" es el símbolo del Dios interior del hombre, no solamente como Cristo, un "hijo de hombre", sino como un "hijo del universo" (filius macrocosmi), puesto que no procede del consciente espíritu humano sino de aquellos territorios psíquicos límites que se prolongan, sin solución de continuidad con el misterio de la materia cósmica. No representa solamente a Cristo, el Redentor del hombre, sino a un mismo tiempo un dios que ha de ser redimido por el hombre.

Jung previó que oriente influiría cada vez más en nuestra cultura desde el punto de vista espiritual. Para él, Buda es el hombre más completo en comparación con Cristo, ya que vivió su vida y asumió la realización
de su Sí mismo a través de la comprensión, mientras que en Cristo tuvo lugar más bien como destino.

La Terapia.

Jung opinaba que todo tratamiento debe ser imprescindible que se transforme en "diálogo y encuentro", que incluya los imponderables irracionales: la voz, la expresión del rostro, los gestos. Pensaba que el médico debe tener amor y compasión. En su relación con muchos de sus pacientes, cultivaba el contacto humano privado y de esta forma fue creciendo el círculo de sus discípulos.

Normalmente tiene que persistir una vinculación humana, pues "sin una referencia conscientemente reconocida y aceptada del prójimo, no se da en absoluto una síntesis de la personalidad. La consolidación interior del individuo, no representa de modo alguno un endurecimiento del hombre masa, en un nivel superior, en forma, por ejemplo, de una cerrazón o inabordabilidad mentales, sino que incluye también al prójimo." (Psicología de la transferencia) Si no tenemos consciencia de esto, se produce un acorazamiento interior del hombre, en contra de sus prójimos. El hombre masa se convierte en un animal gregario desalmado, porque su alma que vive tan sólo en base de la relación humana, queda perdida.

Jung dividió el análisis en cuatro fases: reconocimiento, esclarecimiento, educación y transformación. Llamó a este desarrollo "proceso de individuación". Es un complicado proceso en el que cada ser viviente, deviene aquello a lo cual está destinado a ser desde un principio. Para sus investigaciones, usaba los métodos de interpretación de los sueños y de asociación de palabras. Este último es un método psicológico que tiene como finalidad la comprobación de complejos con la ayuda de los tiempos de reacción y las respuestas a las palabras presentadas como incentivos.

Era de la opinión que los pacientes neuróticos, o sea, los desavenidos consigo mismos, no existirían si hubieran vivido en una época, en que el hombre se hallaba aún vinculado mediante el mito, con el mundo de los antepasados y con ello, con la naturaleza vivida y no meramente contemplada desde afuera. Es por eso que pensaba que el médico debe aplicarse a sí mismo el sistema en que cree: “No debo pedirle a mis pacientes nada que no sea capaz de hacer yo mismo”. Tan sólo en la medida en que el terapeuta se transforme a sí mismo, podrá trasformar al individuo que analiza y su propia actitud ética ante la vida, se convierte así en el centro de sus esfuerzos, porque se trata de desarrollo, de maduración.

El encuentro del ánima y ánimus supone mucho sufrimiento, es como si el hombre natural inconsciente, hubiese de morir dentro de su propia vida. Jung destaca que el símbolo del crucificado constituye una verdad "eterna", porque el que se encuentra en el camino de la individuación no puede escapar. Está situado en suspenso entre los contrarios, que es lo que expresa la crucifixión. En lo más profundo del sufrimiento, nace el "hombre interior" el "Sí mismo" o “ la piedra filosofal”.

Elisa Aliaga



Recopilado por Elisa Aliaga de
C. G. Jung.- Los libros citados en el texto.-
Jaffé, Aniela.- Recuerdos, Sueños, Pensamientos.- Editorial Seix Barral
Serrano, Miguel.- El Círculo Hermético.- Zig Zag
Von Franz Marie-Louise .- C. G Jung.- Editorial F. C. E.
Wehr, Gerhard.- Maîtres Spirituels de l’Occident.- Le Courrier du Livre

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