sábado, 23 de agosto de 2008

LA NEGACION DE LA SOMBRA

La negación de la Sombra

Autor: Erich Neumann
Fecha publicación: 20.05.2008

La antigua ética promociona dos reacciones ante la situación psíquica creada por el moralismo . Ambas son fatales, con diversos alcances y efectos para el individuo.

La más frecuente para el ser humano medio: El Yo se identifica con los valores éticos, y pasa a confundir inmediatamente el Yo con la Persona.1
El Yo, confundido con esa personalidad aparente, que de por sí es un recorte de la personalidad , olvida ser poseedor de aspectos que están en contradicción. Ha suprimido la Sombra y no mantiene contacto con los lados oscuros de sí mismo que, al ser experimentados de modo negativo, han sido segregados del ámbito consciente.
Ese Yo, que se identifica con los valores éticos colectivos, tiene la “conciencia tranquila”. Se siente el portador de la luz consciente del conocimiento humano y de la luz moral del mundo de los valores. El Yo se “infla”, y por tanto lo consciente está inundado por contenidos inconscientes, que son proyectados masivamente sin que el individuo tenga ninguna conciencia interna.
La inflación yoica es la infundada identificación con valores suprapersonales.
El individuo olvida su Sombra, o sea su limitación de criatura humana y con ello, la inevitable discordancia del Yo con ciertos valores éticos. La represión de la Sombra y la identificación con valores colectivos son dos aspectos de un mismo proceso. La personalidad aparente, posibilita la represión, basándose en valores morales colectivos.
Las formas en que se manifiesta la actitud de aparente ética van desde la auténtica ilusión de clarividencia del lider sectario, o el profesor omnipotente, hasta la actitud de un vivir una doble moral, la gazmoñería o la mentira hipócrita.
En ninguna época la identificación ilusoria del ser humano occidental con los valores – que tiende un velo sobre la realidad – ha sido mayor que en la época burguesa que está por finalizar. Pero, al contrario de lo ocurrido en tiempos anteriores, se ha tornado consciente, por diversos caminos, en la aparente autocrítica del hombre moderno.
La inflación del Yo significa siempre el síntoma psicológico de un contenido más vasto, más vigoroso y más cargado de energía que lo consciente y determina por ello una especial obsesión ejercida sobre la consciencia. Esta obsesión es peligrosa porque obstruye la marcha del Yo y de la consciencia hacia una auténtica orientación profunda y realista. El predominio del contenido del discurso del Yo inflado es un tono “moralista” que lleva a la represión de los elementos reales que contradicen la vida de ese ser humano y, por tanto es la omisión de tales factores lo que conduce a su catástrofe psíquica.
Todo fanatismo, todo dogmatismo, toda unilateralidad lleva a la ruina personal por obra de los elementos reprimidos, suprimidos y omitidos.
La inflación del Yo, por su identificación con los valores colectivos, resulta funesta; no porque los valores colectivos sean peligrosos en sí, sino porque el individuo, limitado y negado , al identificarse con lo suprapersonal , pierde el sentido de sus humildes límites y se convierte en inhumano.

La identificación del individuo con lo suprapersonal es la “cortina” tras la que esconder su verdadera vida.
Saber que somos criaturas limitadas ante la infinitud creadora, es lo que nos permite que se haga efectiva la individualidad del ser humano. Ante la inflación yoica esta situación fundamental se omite y el ser humano se torna una quimera , un verdadero y solitario espectro

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