jueves, 8 de enero de 2009

La magia, la alquimia y la medicina

La magia, la alquimia y la medicina

en el Antiguo Egipto (Parte I).

Por Dr. José Ignacio Velasco Montes.

A MODO DE PROEMIO.

Quiero pedir perdón y al mismo tiempo licencia, para caminar en este trabajo por la cuerda floja, verdadero “Hilo de Ariadna”(1), que hace de frontera entre lo ortodoxo y lo heterodoxo. Por un pequeño espacio, a veces aquí, a veces acullá, aparecerán y serán traídos a colación aspectos que pueden estar a un lado u otro de la citada linde. Negar lo que existe, no querer abrir los ojos a lo trascendente, practicar el ocultismo, o emplear el sistema de la inexistencia, existiendo, sin dar más explicaciones, no es el mejor camino para orientar al que quiere ser orientado.

Es por ello que voy a tomar, bajo mi responsabilidad y no la del IEAE, el poder decir un poco, no demasiado escaso desde luego, sobre ese otro mundo si no paralelo, al menos que acompaña e interfiere en ocasiones con la egiptología más ortodoxa.

La cultura egipcia ha dado lugar, al menos, a dos caminos diferentes:

1.- El llano y claro de la egiptología ortodoxa basada en los hallazgos arqueológicos.

2.- Al desarrollo de un enfoque distinto, no totalmente ortodoxo, de sus arcanos que vierte, a lo largo del tiempo, casi tanta tinta como lo ortodoxo y que, erróneo o no, tiene un gran número de seguidores.

Dentro de este mundo, a veces paralelo, otras convergente o divergente, hay aspectos desde absurdos e imposibles a otros cuya verdad o mentira se separa apenas el grueso de una hoja de papel tal, como ocurre entre los bloques de granito de la Gran Pirámide. Y es que todo queda muy lejos y esos dos mundos, como diría Descartes, aunque sean el mismo, son diferentes pues se observan desde ópticas distintas.

Pero…, siempre hay un pero, no debemos olvidar que existen aspectos en los que ese mundo del Antiguo Egipto no está claramente definido, no es inmanente al menos de momento. Ese mundo impreciso, que empieza a ser transcendental, es precisamente el que incluye aspectos como la medicina, la alquimia, la magia e incluso claros sectores de la religión, todos ellos en un “totum revolotum”, un “cajón de sastre” en el que es difícil ordenarlo todo, para siguiendo a Descartes(2) en su método, hacer surgir la verdad absoluta e indubitable.

Pero es evidente que, al igual que la filosofía parte de la idea de que todo debe ser analizado, intuido y discutido para llegar a la verdad, es igualmente necesario no quedarnos en la mayéutica socrática: preguntar y no aceptar más que un tipo de respuesta.

Hay otros caminos y otras manifestaciones, por lo que debemos ir también a la dialéctica de Platón (3), discípulo de Sócrates, y dialogando tratar de encontrar esos límites imprecisos.


Fig 1.- Platón.

Por ello, por revolver a mano desnuda pero con la mente abierta, en ese cajón que casi es una “Caja de Pandora”, pido perdón a los que se puedan sentir a disgusto. Pero aunque trato de ser ortodoxo al 100%, no dejo de inferir que en ese sector limitado del que vamos a tratar, si hay aspectos que todavía no muestran claramente cuál es su perfil, si ortodoxo o heterodoxo. Pero eso es otra historia. Gracias a los que traten de comprender lo que quiero exponer sin ser, por ello, tachado de disidente o herético.



LOS CONCEPTOS DE MAGIA Y RELIGIÓN.

La magia, Heka en el Antiguo Egipto, es una palabra que siempre suena en los oídos como “algo” especial, fuera de lo corriente. Se enfoca, para muchos, como algo pretérito, un arcano que ya ha desaparecido y con el que hemos perdido toda conexión. Para otros es una realidad que conserva todo su poder. “ Egipto fue la madre de la magia ”, escribió San Clemente de Alejandría en unos tiempos en los que el recuerdo de esa magia estaba aún muy reciente: 150-215 d. C.

La magia es aceptada y va ligada a la credulidad de unos y es rechazada sistemáticamente, por lo contrario, por otros. Muchas personas piensan que en tiempos lejanos existían unos poderes en manos de los magos que ya no existen en la actualidad. No es cierto. Hoy se acepta la prestidigitación, que en nuestro consciente hacemos sinónima de truco, más o menos sofisticado, más o menos vistoso, pero siempre ligado a una depurada técnica escénica, a trucos de cine o a sistemas de “morpho” por ordenador.

Sin embargo, otro grupo de población, quizá ¿menos o más? numeroso, confía en una magia, en una hechicería real con poder y capacidad de unas pocas personas especialmente dotadas para realizar esos prodigios. Se aceptan los milagros por un reflejo condicionado religioso. Se admite, por una relativa ¿minoría o mayoría?, los efectos beneficiosos de curanderos y brujos; y lo hacen por un deseo de sentirse mejor, por una fe en algo que creen y que no logran encontrar en los métodos ortodoxos que les ofrece la medicina oficializada. Ese recurrir a caminos paralelos, más bien divergentes en su mayoría, se basa en la credulidad, en el boca a boca entre personas y una ilimitada fe en lo heterodoxo. Esta aceptación, les lleva a realizar y reconocer unos conceptos y acciones que no pasan el más elemental análisis de verosimilitud, al menos visto desde la óptica de un médico que ejerce dentro de la ortodoxia.

Sin embargo, esta magia heterodoxa actual no difiere, en sus raíces, de la magia de momentos perdidos en el tiempo y en los recuerdos. Unas evocaciones que, ligadas a la cultura personal son tamizadas precisamente por ese nivel de conocimientos que dan la lectura, el sentido común y otros aspectos ligados al nivel intelectual. Ello no es óbice para que personas con mente clara y un nivel de conocimientos altos, crean en métodos que para otros son clasificados automáticamente de superchería.

Podemos encontrar libros, escritos con seriedad, con una gran riqueza de datos en los que se clasifican de forma clara las múltiples posibilidades de la magia. Así, capítulos como: magia de las imágenes, poder mágico de las palabras, jeroglíficos y magia, amuletos y talismanes, la magia por el fuego y el agua, y un largo etcétera, pueden encontrarse en libros (4), (5),(6),(7) , que están en ese límite, en esa frontera. Pero el número de estos libros y el nombre de estos autores llenarían una larga lista. Y eso en cuanto a magia, alquimia y medicina. Si ampliáramos un poco más, tocando el tema de las pirámides, la intervención de atlantes, extraterrestres y otras posibilidades, la lista se haría casi interminable.

El ser humano es evidente que ha evolucionado a tenor con el paso del tiempo. Pero en los subconscientes personal y colectivo queda, ha permanecido grabado, el recuerdo de unos momentos en los que el único camino para resolver enfermedades era confiar en el brujo, en el mago de la horda, del clan o de la tribu, dependiendo del momento y el desarrollo del grupo social y étnico en el que vivían. Un hechicero es aquel al que por diversas razones, generalmente conocimientos heredados de padres a hijos, se les acepta ese poder de controlar la fenomenología de los hechos cotidianos que afectan a la vida. Son esos conocimientos y su evolución a lo largo del tiempo, guardados en la memoria familiar y mantenida de forma oral o epigráfica, lo que constituye el fundamento del poder del brujo. Y este demiurgo primitivo, conocedor de arcanos y hacedor de milagros, no sólo es capaz de solicitar lluvias, cosechas y buena caza, sino que, además, es el médico del grupo étnico en el que desarrolla su labor. Y ya desde su inicio, es consciente del uso de un uniforme y un gesto, prerrogativa que va a conservar e implementar a lo lago del tiempo como una parte muy importante de su teleología. “ Si eres como los demás, no es posible que tengas poderes ”, y los brujos, los chamanes, los sacerdotes, etcétera, todo aquél que va a ejercer algo relacionado con la magia, se viste, se manifiesta o establece unas normas que lo separan de lo vulgar como camino básico para conseguir un manifiesto ascendiente sobre los demás.

El humano siempre ha dependido de sus creencias para justificarse ante un entorno más o menos hostil. El politeísmo ha sido la norma durante muchos siglos antes que lo contrario, el monoteísmo, fuera cambiando unas ancestrales costumbres. Inmerso en una naturaleza que no comprende, sujeto a unas leyes físicas que le superan, convierte en entes buenos y malos cada aspecto que influye positiva o negativamente su vida. Y surgen así dioses para todo: la lluvia, la cosecha, la fertilidad, la tormenta, y cientos de dioses más van creando un panteón que forma parte del acervo cultural de su sociedad.

A lo largo del tiempo, allá donde surge un dios, aparece alguien que por consenso o por irrogación, es nombrado o se nombra intermediario entre esos dioses y el mísero mortal. El humano solicita favores de esos dioses que cree le pueden ser favorables y desea una defensa ante aquellos a los que considera perniciosos. En medio de esas relaciones con los dioses aparece, y con el tiempo se multiplica, una casta especial, que asume unos poderes, que crea un arcano cuya transmisión queda encerrada en una mística a la que sólo tienen acceso unos pocos: los “Iniciados”, como mejor acepción. De otro modo podemos llamarlos brujos, magos, hechiceros, mistagogos, hierofantes y chamanes ( El c hamanismo es la forma de magia y hechicería de algunos pueblos de religión naturista que, por medio de la técnica del éxtasis, se pone en contacto el “Chamán” con los espíritus y realiza viajes místicos al cielo o al infierno, todo ello acompañado de fenómenos ¿parapsicológicos? ),

Con el tiempo estos grupos van a evolucionar de forma clara hacia unas tradiciones, unas sociedades, que en la actualidad, con tres religiones monoteístas: Cristianismo, Judaísmo e Islamismo y otros conceptos religiosos, como los orientales: Taoísmo, Sintoísmo, Budismo, Animismo, Totemismo, y una larga serie de “…ismos” (8), como podíamos decir el “Tabuísmo” (permítaseme la licencia), presente desde el inicio del humano en el paraíso en el que Dios “le indica y le prohíbe, --aparece el “Tabú”--, que coma de un determinado árbol: el árbol de la ciencia, del bien y del mal ”. Pero estos otros aspectos religiosos se salen de las posibilidades de este trabajo que no está dedicado a la Teología, la Teogonía, la Teosofía, la Teocracia o la Hierocracia, y tantas otras formas de ver esa relación del hombre con los dioses, sino a los supuestos poderes de obrar prodigios que tienen esos intermediarios, prerrogativas supuestamente cedidas por ese dios del que se dicen, y se han autonombrado, administradores.

Es precisamente la existencia de esos intermediarios entre los hombres y dios --esos regentes, intendentes y administradores de los conocimientos, llámense Sacerdotes, Imanes o Rabinos, y esto sólo para las religiones monoteístas que son, para nosotros, las más conocidas--, lo que ha dado lugar a una serie de dicotomías y sucesivas nuevas divisiones que han hecho del planeta Tierra un puzzle de religiones en las qué, si se rasca ligeramente en esa superficie que parece separarles, encontramos que el trasfondo siempre es el mismo y son sólo unos condicionantes, mínimos e interesados por parte de algunos, los que cortan las piezas de lo que podía ser una continuidad: el amor y la adoración a un “ser superior”, se le llame como se le llame.

Pero no es de “Teos” de lo que trata este artículo, por lo que bástenos con lo dicho, como botón de muestra del andamio que soporta incuestionablemente a la magia. Será suficiente decir, para ir entrando en materia, que siempre religión, mito y magia han ido paralelos e íntimamente ligados en un error de trasfondo que el humano debe aprender a separar con claridad.

Ante los hechos citados, y ya en tiempos actuales, la mentalidad el humano con respecto a la magia le lleva a enfrentarse o a soslayar esta cuestión --por estos conceptos religiosos que le influyen como un lastre-- viéndose obligado a tomar dos caminos: el creer en ella o el rechazo total. Y esta bipolaridad de debe a un conocimiento poco profundo, o tendencioso, sobre su significado.



LA PALABRA MAGIA Y SU SIGNIFICADO.

El diccionario Maria Moliner(9) define la magia como el “ Arte de realizar cosas maravillosas en contra de las leyes naturales por medio de ciertos actos o con la intervención de espíritus ”. En cuanto al aspecto pragmático de la magia se acepta que para ejercerla se precisa de un entorno y situación especial: “ La capacidad para activar la magia requería de un ambiente y de palabras y términos sagrados, acompañados de signos y rituales.

Dentro de estas acepciones sobre la magia aparecen paralelamente, no como sinónimos sino como coadyuvantes, las palabras “Hechicería”, “Prestidigitación”. Hay otra terminología, de uso común que, de forma secundaria, no debemos olvidar pues es la realidad cotidiana, y nos encontramos con los curanderos, los “veedores” [de ver: posos de café, hojas, palos, huesos, etcétera], los mistagogos, los ocultistas, los echadores de cartas (incluyendo aquí el “Tarot”, supuestamente egipcio) y todo el grupo de las diversas especialidades de las “Mancias” y otras supercherías (permítaseme mi opinión personal por la que pido perdón si molesto a alguien).

Todo esto último no sería magia en el más exacto y estricto sentido de la palabra, aunque se les incluye de forma genérica dentro de ella. En consecuencia hay que admitir que dentro del concepto general de magia se admiten desde la hechicería a la superchería e indica que se aceptan diversos medios e instrumentos para usar ese poder con el que se realizan los actos de magia.

Por otra parte, el citado diccionario, define al Mago como “ la persona que realiza operaciones de magia o con capacidad o especial aptitud para esa actividad ”. Y hace sinónimo la palabra magia de tropelía [magia o prestidigitación] y al mago de tropelista [persona que practica la magia o la prestidigitación](10). Pero…, en todo caso, el concepto de “ mágico ” es el de “ maravilloso ”.

Hay, se pueden encontrar, una gran cantidad de definiciones o ideas sobre la magia. Bástenos una pocas para poder empezar a intentar penetrar en ella. Así, el egiptólogo y escritor Christian Jacq, la define: “… la magia puede definirse quizás como la energía esencial que fluye a través de las esferas divinas y humanas …”. O dentro de un cinismo muy aceptable en la opinión de algunos, podemos decir que: “ La política no es sino un disfraz de la magia ”. Si lo enfocamos desde una óptica católica, vemos que la Enciclopedia Católica define la magia como: “ El arte de llevar a cabo actos más allá del poder del hombre, con la ayuda de otros poderes distintos del poder divino. ” Debemos tener en cuenta que en Roma hasta el siglo IV, momento en el que aparece la Constitución de la Iglesia Católica, la magia y la religión habían ido juntas. La Iglesia Católica crea la división y separación entre ambas, pero, como dice Naydler: “ Religión y magia no estaban separadas: la religión era mágica.”

La magia ha sido clasificada de muchas formas según la manera de enfocarla, la visión exotérica (vulgar) o esotérica (oculta o sólo para iniciados), o de otras diversas formas con la que por distintos caminos o intenciones, diferentes autores y estudiosos han enfocado el fenómeno, pues de un fenómeno se trata, aunque algunos autores prefieran considerarlo como un caso de epifenomenalismo, es decir, de poderes claramente situados por encima del fenómeno en sí mismo.



¿QUÉ ES LA MAGIA?

La magia es la “ antigua ciencia y la acción de los poderes ocultos que pueden emplearse para establecer comunicación con los seres “superfísicos” o establecer un dominio sobre los planos inferiores para originar unos efectos visibles ”. La magia se clasifica en teúrgia (magia blanca o natural, siempre de carácter benéfico, consistente en producir efectos especiales con medios naturales.) Y la goecia (magia negra, con propiedades maléficas, que es la hechicería, pues se usan medios no naturales. ) (11)La magia supone un procedimiento que permite la realización de ciertos prodigios que resultan imposibles bajo las leyes ordina­rias conocidas. Pueden utilizarse objetos reales o mentales, gestos, imágenes, el pensamiento, la mirada que hipnotiza, el fluido emergente de las manos, o el poder cedido por los muertos, el espiritismo, o recurrir a medios físicos modernos, como lo fue el “mesmerismo” en su momento. Es decir, en el rito de la magia se usa, se ha usado y se usará, todo lo que pueda encontrarse en el “inmenso cajón de sastre” que todo el mundo tiene a su alcance y que siempre estará lleno de sorpresas. En la magia no importan mucho las categorías del ser dentro del espacio, el tiempo o la casualidad. Lo significativo, afirma Carter Scott,” es la convicción de que el mago posee esa potestad ”, o está convencido de ser dueño de:

1º.- Ese “ poder mágico ”.

2º.- Que se dan “ todas las circunstancias para obtener el resultado más favorable ”. Y aquí ya nos encontramos con un aspecto de gran importancia en el desarrollo de la magia: la fe, la convicción, la seguridad, por parte de donante y receptor, de la idea de que dicho prodigio puede producirse.

La magia y las maravillas que se conseguían con ella, eran de hecho algo tan común en aquellos lejanos tiempos que bástenos con poner un ejemplo sobradamente conocido: Moisés (12)y la apertura del Mar Rojo. Es un hecho que se encuentra expuesto en la Biblia y sobre el que ha gastado un río de tinta y en ocasiones ocupa mucho espacio en los foros de Internet. Para profundizar en ello hay que ir al Libro II de Moisés, capítulo 30. Lo que se narra sólo es explicable por dos caminos:

1º.- Magia de alto nivel y gran poder.

2º.- Tecnología punta en explosivos fabricados en y con el Arca de la Alianza, según se ha llegado a decir y escribir. Pero esto sería otro tema, para hacer con él un largo trabajo.



TIPOS DE MAGIA.

La magia ceremonial .- Siguiendo a Scott (13), es la que resalta todos los elementos externos, ya sean decorados, objetos y rituales, o pretende que llamen la atención los aspectos más visibles que, o como, pueden ser las apariciones y los milagros.

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La magia natural. Es aquella en la que se imita a la naturaleza en el proceso mágico, ya sea para modificar el espíritu y el cuerpo de los hombres y mujeres recurriendo a los poderes ocultos. Esto es lo que hacen los alquimistas en su incansable búsqueda de la “Piedra Filosofal”, el elemento que transformaría los metales en oro.

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La magia negra. Es la parte negativa o infernal de la magia, denominada también “goecia", “arte negra” "nigromancia", "hechicería", etcétera. Es la magia a la que se recurre para destruir a los enemigos o para causar daños a las propiedades de éstos.

En alquimia se llama magia negra a la actitud negativa que llevó a muchos practicantes de la “Obra Alquímica” a recurrir al demonio, luego de comprobar que las invocaciones a las divinidades consideradas 'blancas", los dioses o los santos, no les permitían conquistar la Piedra Filosofal. También se llama “magia negra” al hecho de sustituir los metales básicos de la alquimia por materia orgánica, como se supone que hizo Gilles de Rays al sacrificar niños para servirse de su sangre en las operaciones de la búsqueda de la ansiada piedra que transformaría todo en el preciado metal.

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La magia sexual . Se da este nombre a todos los recursos mágicos que pretenden despertar, fortalecer o controlar los apetitos sexuales. También se puede pretender modificar la libido, para que en lugar de buscar el placer físico se convierta en un deseo de alcanzar la energía cósmica y usar ese carácter divino que llega a brindar la inmortalidad a través de la procreación. Una persona se perpetúa en la vida, se hace en cierto modo inmortal, al engendrar un hijo que tiene tus esencias ontológicas, con posibilidad de sucesión en el tiempo y en el espacio. Un hijo no es el padre, es evidente, pero si es una continuidad, una prolongación en el tiempo de su progenitor y el hijo de éste, sigue siendo, haciendo una abstracción, lo que era su abuelo. Al menos hay quien así lo acepta y considera.

Dentro de todas las religiones y sociedades secretas se dan muchas formas de magia sexual. Los taoístas llaman “ práctica de la alcoba ” a los ritos mágicos que facilitan el incremento de la potencia viril, aseguran la procreación y proporcionan longevidad. Carter Scott todavía afina más en esta cuestión cuando expone que los practicantes del Yoga, tienen el concepto de “ marcha contra la corriente ”, proceso mágico que permite a la pareja el don de controlar la emisión seminal, de tal manera que ésta llegue principalmente al cerebro, para que el hijo concebido con este proceso pueda disponer de una poderosa mente y un gran espíritu.



LA MAGIA EGIPCIA
Debemos recordar que se considera al rey Keops (Figura 2) como el más antiguo alquimista y autor del primer tratado de alquimia. L a afición del rey Keops a la magia está basada en la historia. Cuentos egipcios así lo muestran (14) , (15),(16), (17) , y en los cuales siempre es Keops el interesado en la magia. La literatura árabe indica siempre que el primer tratado de alquimia fue escrito por el rey Keops. Precisamente el término “alquimia” viene de Kemit (Egipto) con el prefijo árabe “al”: “al-Kemi” origen de la palabra “Alquimia”. Y la alquimia no es sino una muestra más del tema que nos atañe: la magia.


Fig 2.- El gran mago Keops.

La religión egipcia era, como en “casi” todos los pueblos primitivos, animista --el alma constituye la raíz de la existencia (junto con la salud) y el inicio del pensamiento de cada ser humano-- y totemista , una religión como lo eran casi todas las sociedades africanas y que es considerada como la primera y más arcaica forma de religión, siendo el tótem un animal, una planta o un objeto sagrado, como lo era la piedra Benben o Tejenu, para los egipcios (18) . El “ Benben o Betilo Ben ” e s el Piramidión, una piedra irregular y arcaica (se cree que era un meteorito), sagrada y situada en Heliópolis y que tiene forma piramidal y que fue dedicada al culto al sol. Esta piedra representa la colina primordial que sirvió de modelo para los piramidiones y obeliscos, que se consideraban rayos de sol petrificados. La piedra era el símbolo del “centro sagrado” en el que desembocan todos los niveles de existencia: cielo, tierra e infierno. Eso hacía que fuese el centro del mundo la piedra del templo de Onu que unía el cielo y los dioses con la tierra. Esta era la misión de las columnas-fetiches (como los piramidiones y la piedra benben) y los obeliscos, (Figura 3) que no por ello dejaría de ser un Tótem (Figura 4).

Para muchos autores este mismo concepto de verticalidad lo refieren y asocian a un carácter fálico, haciendo que el obelisco egipcio, los menhires, los diversos tótem de todo el mundo, el lingam del Indo, etcétera, no serían sino una manifestación itifálica, como lo es el pene del dios Min (19) .

P ero en Kemit la evolución es rápida y pronto de posconceptos de dioses iniciales se va a formar una trinidad formada por Horus, Ra y Osiris, como parte de un politeísmo, zoomórfico en gran parte, que va a ser durante 3.000 años --menos el episódico bache de Amarna-- la religión normal de Kemit, hasta casi el final de su historia, épocas baja y periodo Ptolemaico en la que todo se altera.

Durante la evolución de la historia del “País de los Dos Orillas”, la magia, en manos de los sacerdotes iniciados en Per-Anj, las Casas de la Vida y en los templos, alcanza niveles difíciles de igualar para aquellas y posteriores etapas de la historia. El ser mago, es en Egipto un aspecto más del mayor nivel del iniciado ya que es o suele ser, además, escriba y médico (swnw) tema ya expuesto en esta misma biblioteca virtual (20). Y es que en Kemit, podemos decir que era axiomático, que “ cuando falla la medicina, aparece la magia ”, pero la medicina, en cualquiera de los casos, siempre iba acompañada de magia pues era inherente a su misma naturaleza(21) . Pero había tratamientos físicos que acompañaban a los conjuros, tan asquerosos y malolientes, que sólo cabe pensar en un sistema negativo: el de alejar a los malos espíritus causantes del mal.

La única diferencia, podríamos decir, es el hecho que en unos casos lo fundamental es la magia y un poco de ayuda física; al contrario que en otros en los que lo principal es la medicina física con un poco de magia coadyuvante. Es pues, evidente, que los enfoques y posiblemente los resultados, fueran diferentes según la proporción de cada uno de estos dos componentes.

Por consiguiente, no haré mención a las diversas categorías de médicos y solo hablaremos de aquellos para los que la magia era lo fundamental y los remedios físicos quedaban en manos de otros swnw, de los que ya hemos hablado en “Los Swnw I a IV”.

Hay un aspecto que queda muy claro al investigar sobre los magos y la medicina. Y es que van tan indisolublemente unidos, que intentar separarlos es casi imposible. Detrás de la enfermedad esta siempre la magia y, en cierto modo la viceversa. Es por ello que hemos decidido hablar de la magia en general, apostillando en cada momento lo que haya intrínseco en ella de medicina física no mágica y medicina mágica no física.



LOS MAGOS.

El concepto de mago en el Antiguo Egipto es amplio y complicado. Su título era el de “Escribas de la Casa Divina”. A lo que se le ha venido llamando “Mago”, realmente serían los “Sacerdotes Lectores”. Realmente, la palabra Mago proviene de Persia y se aplicaba de una forma vaga, impersonal o general a una serie de personas que eran los sabios, los astrólogos y los interpretes de sueños (22) . No podemos por menos, al llegar a este punto que indicar, para todo aquel que quiera profundizar en este mundo del que estamos escribiendo, debe usar, como libro fundamentales el escrito por F. J. Martín Valentín: Los magos del Antiguo Egipto (Figura 5) y en segundo lugar el de E. A. Wallis Budge, Magia Egipcia (Figura 6) . En la bibliografía general serán citadas otras obras en las que, de modo circunstancial, hay puntos en los que se trata la magia. Hay relatos, como el de “ Josir y el brujo ” (23) en los que la lucha entre dos magos puede ser épica y muy larga en el tiempo.

El origen de la magia hay que ir a buscarla a los tiempos prehistóricos y protodinásticos, en las que los futuros egipcios creían que la Tierra, como planeta y su mundo interior, al que denominarán con el tiempo “Más Allá”, así como el aire y el cielo, estaban poblados por seres que, visibles o invisibles, se mostraban con respecto al humano amigables o enemigos según las circunstancias. Pensaban que estos seres eran parecidos a ellos, con los mismos problemas y pasiones. La magia servía para establecer un contacto con ellos y adquirir un poder que les permitiera controlarlos (24),(25).

Esa magia inicial era la recepción de poderes de esos seres para que, aunque fuera por un tiempo, el humano pudiera obtener prerrogativas sobrenaturales que le permitieran sobrepasar las dificultades de ese u otros malos momentos venideros, en una contemporización que le fuera positiva. Inicialmente eran dibujos, figuritas o palabras especiales que tenían, a modo de sortilegio, el poder de hacer cobrar vida a esos medios. Al hacerlo, estos dibujos o palabras debían cumplir los deseos del solicitante, haciendo de intermediario entre los dioses y los humanos. Pero para esa relación surge rápidamente un intermediario, capacitado y con conocimientos específicos. Es un humano especial, diferente de los demás, un elegido, es decir: el mago, con posibilidad de hacer “magia”.

“Magia sería el arte o capacidad de obrar cosas maravillosas” , aunque desproporcionadas, por su grandeza, a los medios empleados para conseguir el hecho. La magia era pues una categoría del conocimiento del que solamente disponían unos pocos. Se empleaban.

1.- Fórmulas mágicas.

2.- Destrucción de figuras de barro, cera, cerámica (figurillas de execración)

3.- Pociones de amor o de odio.

4.- El poder del la palabra.

5.- La magia del “nombre”.

6.- El poder del papiro con inscripciones.

7.- La interpretación de los sueños. Posteriormente, conforme la civilización avanza, cuando los conocimientos se desarrollan, cuando la élite de los magos ha acumulado una “biblioteca” de experiencias, cuando se empieza a conocer la materia y su naturaleza, surge una magia aún, en teoría, más poderosa: “ la alquimia ”.

La magia egipcia, en la que se han basado todas las posteriores, era de dos tipos como ya hemos dicho:

1.- Positiva o de hacer el bien.

2.- Negativa o causar el mal a los enemigos de cualquier tipo o naturaleza. La magia “ exigía ”, que no solicitaba o rogaba, es curioso constatarlo, la ayuda de los dioses en la mayoría de los casos. La magia no era débil y salvo excepciones, apostaba fuerte.

Se hacían peticiones o exhortos al mago, o se le pedía que interpretara los sueños: la oniromancia existiendo sacerdotes magos especializados en los sueños: los oneirocrite. E incluso, aunque se usó muy poco y tardíamente, se empleó la astrología. Se empleó un sistema llamado la “incubación”, consistente en dormir dentro de un templo para obtener una respuesta de los dioses que estaban en éste y que hablaban por boca del “oráculo”. Y por supuesto se emplearon los amuletos, los talismanes, los sortilegios y una larga lista de medios y caminos para conseguir lo deseado, como el escribir fórmulas en papiro nuevo, virgen, nunca usado anteriormente. Lo que lo dotaba de poder.

A lo largo de la historia se ha considerado al mago egipcio como el más famoso y se habla de él en los textos bíblicos como asociado a los conceptos de: encantador, adivinador, hechicero, sabio, interpretador de sueños, transmutador de materias, alquimista, etcétera y capacitado para cambiar las cosas aparentemente inanimadas en seres vivos y terribles. Todas ellas, y más, serían las cualidades que se unían y configuraban la personalidad del mago egipcio. Fue considerado el mago de más calidad de todos los que existieron en el “creciente fértil” [zona que incluía todo lo conocido: Sumerios, Hititas, Hicsos, Babilonios, Persas, Libios, Nubios, Sirios e Indos] del entorno y coetáneos. Curiosamente fueron los hebreos, el “ pueblo elegido ”, los que se han encargado de informar al mundo del poder de los magos del “País de las Dos Orillas”(26). Moisés era “ poderoso de actos y palabras ” y toda su sabiduría la aprendió de los egipcios, en Kemit, y su vida se encuentra plena de actos que demuestran este poder (27) . La frase “poderoso de palabra” viene a significar casi lo mismo que lo que se dice de la diosa Isis, que era “poderosa de lengua” pues tenía el poder de pronunciar correctamente las palabras adecuadas sin alterar su voz, es decir, un dominio total sobre la palabra en sí misma y en su modulación, siendo ésta el más potente instrumento de magia, como ya veremos más adelante.

El mago es el practicante de la “verdad” y de la “Heka” [Heka = Magia], es decir: de la magia verdadera o mejor aún: “ de la verdad mágica” . El modelo mágico se basaba en gran parte en el “ poder de la palabra ”. Medicina, magia y religión estarían íntimamente unidas en el Antiguo Egipto. Si se indaga un aspecto siempre se le encuentra asociado con los otros. Se considera {a posteriori} que la magia era un mundo aparte de la religión, una disciplina inferior o un subproducto de ésta. Pero este concepto es netamente erróneo. La magia no era el fruto de la superstición, realmente se encontraba muy por encima y fuera de ella. Los egipcios conocieron siempre, con pequeños errores, las leyes que rigen el universo y veneraron las potencias del mundo, de la Tierra, que no eran para ellos sino una manifestación de lo divino. Y lo hicieron con la clara idea de que eran de un orden superior, desarrollando de forma clara, y en profundidad, esta visión del universo.



LA MAGIA Y LOS DIOSES.

Para acercarse al mundo de los dioses, al mundo de lo divino, a un mundo que consideraban con razón superior, emplearon unos caminos y unos sistemas de contacto con los dioses que no eran sino “ la magia ”.

Así, cualquier cosa que necesitaran: curar una enfermedad, hacer que el Hapi Nilo subiera de nivel y se consiguiera una buena cosecha, tener un buen parto y que sobrevivieran madre e hijo, se conseguía o se trataba de conseguir mediante la magia. Para lo cual se debían realizar acciones agradables a los dioses y al entorno tratando de alcanzar un estatus de complaciente compenetración con la naturaleza, con el hábitat y, por ende, con los dioses que eran, a fin de cuentas, los que debían fijarse en el pobre mortal que suplicaba ayuda y dignarse concederle lo pedido.

Los dioses crearon el mundo mediante el verbo. Es por ello que: “ La palabra es la base de la magia ” . Los magos hacen remontar sus conocimientos iniciáticos al mundo de los dioses. Éstos crean el universo entre luchas, enemigos, odios, enfermedades y todo lo logran por medio del poder mágico que poseen. Los primeros actos mágicos los ejecutan los dioses cosmogónicos para crear el mundo.

Por los “Textos de las Pirámides”, que son los textos religiosos más antiguos que se conocen [Dinastía V y VI à 2.600 a. C.], sabemos cómo imaginaban el universo antes de ese momento. No había NADA que no fuera un abismo, un vacío lleno de nada, llamado NUN y en él existían las semillas esenciales de todo lo que habría de ser o cosa que pudiera llegar a ser o existir en un futuro ¿infinito?, pero que, en aquel momento sólo eran una posibilidad tan remota que pudieron no haber sido nunca nada. En el Nun flotaba un espíritu divino, indefinido, que llevaba las simientes de todas las existencias que vendrían después a lo largo del tiempo: su nombre era Tum o Atum que significa la NADA y la TOTALIDAD al mismo tiempo. Estaba en un estado amorfo, cambiante, inestable y carente de una conciencia clara de sí mismo, llevando así, intrínseca e inherente, una parte inmedible del infinito. Cuando al cabo de eones de tiempo fue volviendo a una conciencia de sí mismo, sintió la necesidad de realizar una creación. Notó que debía salir de aquel caos realizando una actividad hacedora de vida para todo lo que pudiera existir después y a partir de ese momento de su creación. Saliendo del Nun se alzó y, en ese instante, se hizo la luz y existió el sol. En esa ínfima fracción de tiempo se pasó de la no existencia a la existencia y comenzó la creación…

Cuando todo esta creado, cuando el mísero humano pulula en un mundo hostil, precisa, necesita y solicita una ayuda de ese mundo de dioses que son los que tienen el poder de otorgar o no, “ todo aquello que le pueda ser necesario al humano ”, incluida su vida, su existencia. Y para realizar esta comunicación aparece la magia. Una magia que a lo largo del tiempo va a adoptar las más diversas formas y caminos para conseguir una vía final lo más óptima posible en cuanto a logros y consecuciones.

Es el momento en el que se empieza, con titubeos, con errores, pero siempre en una ¿aparente o real? mejora del camino de la comunicación con los dioses y, por consiguiente, de los resultados a obtener gracias a la Heka. Esta palabra es la forma de designar al “ Dios del poder mágico ” o, lo que es lo mismo, “la Magia”. Los egipcios consideraron la magia, o el encantamiento, como una energía universal, una fuerza elemental. La magia “ creó el mundo y es ella el que lo conserva y lo protege ”. La magia lo impregna, lo cubre, lo envuelve, lo llena todo, desde la religión a la medicina y rige la vida de todos y en todos los aspectos de la vida.



LOS HEKAY.

La palabra “Heka” significa también jefe, pero realmente es el término empleado para magia, siendo el “Hekay” la designación del mago: “ el que tiene el poder de desarrollar y ejecutar la magia ”. Los magos eran una casta cerrada y en su mayoría eran sacerdotes, hierofantes de más o menos nivel, e iniciados o Khery-Secheta, que son las personas que han penetrado y están por encima del misterio y son los poseedores de los secretos de la vida y la muerte.

Tenían que ser escribas por supuesto [sólo el que sabía leer y escribir era alguien en Kemit], podían o solían ser médicos y tenían los máximos conocimientos del momento. Estaban dotados al menos aparentemente, de la capacidad para sanar y, también, para causar males. Son los “maestros del misterio” y los “jefes del secreto”. Existían también los Mantis y otras categorías de magos, de otros países y con otros conceptos, cuyos métodos, conocimientos y capacidad de acción eran un mundo aparte, totalmente diferente del clásico Hekay egipcio. Estas categorías les distinguían netamente entre ellos.
Así, según se dice por autores esotéricos, los sacerdotes de la diosa Sekmit (Figura 7) estarían especializados en el manejo del rayo verde de cuya materialización saldría la esmeralda en conjunción y ¿con la ayuda de la “Leona Celeste”? La supuesta luz verde vendría del sol zodiacal desde la constelación que actualmente llamamos del León. Esta acción maravillosa, en el lindero de la alquimia, sería la que podía realizar el milagro de condensar el rayo verde en manos de muchos sacerdotes {magos y alquimistas}, pero sólo era una materialización temporal ya que, la piedra obtenida, se la podía ver, pero se desnaturalizaba o desmaterializaba después del acto mágico y volvía a su esencia. Sólo, supuestamente, los alquimistas verdaderos, de espíritu puro, sin deseos de riquezas, lograban estabilizar las “Grandes Obras”: la conversión del rayo verde en una esmeralda o conseguir el oro a partir del cobre, lo que sería el verdadero estado de éste. Volveremos sobre ello más adelante.


Fig 7.-La "Leona celeste".

Magos y alquimistas estarían bajo la advocación del dios Ptah. Por otra parte, en el aspecto de la magia encaminada a la medicina, los hekay estaban bajo la advocación del dios Thot, que sería el dios sanador. Naturalmente toda una serie de estos aspectos forman parte de algo intangible y no verificable pero de lo que se habla en diversos tratados que se encuentran situados en la frontera, en la linde de la realidad y la leyenda. El dios Thot, al que culturas posteriores convertirían en Hermes Trismegisto, el “ tres veces grande ”, realmente forman parte de una cultura muy posterior, helenística y ya próxima a convertirse en un cambio claro de la forma de ejercerse la magia, que no será aceptada por una religión que va a ser la cristiana.

Realmente todo lo referente a este aspecto de los libros sagrados escritos por Thot, forman parte de aspectos esotéricos en los que no vamos a entrar ya que no forman parte de la ortodoxia del Egipto que estudiamos, pero que no debo por menos que citar a efecto de los estudiosos que deseen comparar lo ortodoxo y lo que no lo es,(28),(29),(30),(31),(32). Sobre este aspecto, no ortodoxo existen una gran cantidad de libros en los que se repiten, con mayor o menor imaginación, una serie de conceptos esotéricos y exotéricos, que realmente no tienen nada que ver con las ideas y conceptos de la heka de la que estamos escribiendo en este trabajo. Son trabajos en los que lo ortodoxo, lo heterodoxo, lo esotérico, lo exotérico y lo fantástico forman una miscelánea difícil de separar. Sin embargo, todo estudioso de la magia en el Antiguo Egipto, debe conocer una serie de conceptos que al menos le servirán para perfilar y distinguir. Es por ello que vamos a dedicar unas pocas líneas a la obra del dios Thot cuando el paso del tiempo lo ha convertido en Hermes Trismegisto.



THOT, HERMES TRISMEGISTO Y LO NO ORTODOXO .

Es el mundo del hermetismo, de los libros prohibidos, del ocultismo y toda una serie de aspectos que vienen a ser, según indican muchos autores, un derivado del saber egipcio que se había perdido y después ha sido encontrado. En ellos se encuentra toda la mística y los conocimientos de la sabiduría y los arcanos que se iniciaron en el “País de las Dos Orillas”.

Con perdón por mi atrevimiento, hablaré muy ligeramente de este tema tan controvertido, único para unos y absolutamente rechazado por otros. No tomamos parte, sólo exponemos.

El “Corpus Hermeticum” o Hermética (resumiendo) son el conjunto de textos que recogen el pensamiento de Thot, Imhotep, etcétera. Los textos herméticos fueron finalmente puestos por escrito por amanuenses helenos, adaptados a Egipto y que conocían su lenguaje secreto y menos secreto –jeroglífico e hierático-- y que vivían en Alejandría en una época tardía: entre un siglo antes de Jesucristo y el segundo siglo de nuestra era. Hay, entre ellos, dos tipos de texto en esta obra:

A.- Los filosóficos, dedicados sólo al conocimiento y al pensamiento.

B.- Técnicos o Alquímicos, en los que hay aspectos materiales y metalúrgicos.

Este cuerpo hermético de libros estuvo desaparecido por muchos siglos y vuelven a encontrarse en 1460, momento en el que son enviados a Cosme de Médicis (el Viejo), Duque de Florencia y “Padre del Renacimiento Italiano”. El primero de ellos es el Poimandres, que es traducido por Marsilio Ficino. En aquella época la religión, la inquisición y tantas otras cosas hacen que desaparezcan e incluso se quemen a los que creen un tanto, aunque fuera un mínimo, en ello. Como consecuencia de ese momento crucial los libros acaban desapareciendo, al ser escondidos de nuevo. Y así hasta que en 1945 fueron encontrados en Nag Hammadi, en el Alto Egipto. La obra se compone de 21 piezas: 18 libros y 3 extractos y fragmentos.

Poimandres no está claro que es, pero posiblemente no es una persona como algunos afirman, sino que sería un concepto, el “Intelecto Divino”, es decir, “ la mente de Dios, que NO imparte la sabiduría divina y el conocimiento a otro que no sea el mismo Hermes-Thot ”. Sería el concepto griego NOUS à “Inteligencia divina” o “Inteligencia de la Autoridad Suprema”.

Según recientes estudios de Peter Kingsley (1993), Poimandres sería y vendría de P-eime-neter-Re , que significaría: “ El conocimiento de Ra ”. Este primer libro de la Hermética, à Libellus I Poimandres indicaría que: “ Yo soy Poimandres, la inteligencia de la Autoridad Suprema ”. Se puede asegurar que Zósimo de Panópolis había leído y estudiado la hermética, unos conceptos y una teoría que proviene de Hermes Trismegisto [“ Hermes el Tres Veces Grande ”] que es y debemos identificar como el dios egipcio de la sabiduría mágica, es decir à THOT, que sería, en el Egipcio Antiguo: Dyehuty y que es tan antiguo que ya es sobradamente conocido en el periodo Tinita. Era “Mago”, “Patrono de los Escribas y de los que detentaban la sabiduría”, y era también “Juez”, rigiendo las “Casas de la Vida”, entre otras múltiples funciones que se le achacan(33) .

Entre sus enseñanzas, una de las más importantes máximas, se encuentra el pensamiento: “ Lo que está arriba está abajo, y que, necesariamente, son las cosas existentes arriba las que han organizado en su conjunto, y llenado de seres, la naturaleza entera que está abajo ”. Concepto que resumido, que es como más se le conoce, indica: “Lo que está arriba es lo mismo que lo que está abajo”. Ya volveremos sobre ello.

Otro libro de gran difusión, una verdadera "Biblia” del amigo del “hermetismo” sería el Kybalion de Hermes Trismegisto (34), considerada como la obra cumbre de la filosofía hermética en la que uno de sus pensamientos, muy en la línea de concepto de la filosofía desde tiempos de Platón, se indica la importancia que tiene el escuchar para aprender. De aquí la frase del Kybalion que dice: “Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender”. Y esta obra es también la obra maestra del ocultismo universal escrita por Hermes es decir, el dios egipcio Thot, el gran escritor, con más de 42 libros en su haber, considerado como el mayor, el supremo y el más antiguo maestro del pensamiento (35). En este libro hermético, se encuentran toda una serie de pensamientos y enseñanza sobre temas tan diversos como: filosofía, los “7” principios herméticos, la alquimia, el universo, la paradoja divina, el todo y la nada, y toda otra serie de conceptos más que no hacen al caso que estudiamos, pero que ahí están.

Hay otros libros en la misma línea, pero que lo enfocan de otras formas, aunque siempre fuera o en la frontera de lo ortodoxo (36), (37) , y en los que verdad y superchería se superponen en un puzzle difícil de separar.

Es por ello que, tras este pequeño bloque dedicado a lo ortodoxamente no aceptado, volvemos a lo que se considera más real pues se comprueba arqueológicamente y es universalmente aceptado.



LA MAGIA DEL VIAJE SOLAR.

El continuo viaje de Ra sobre la barca solar acompañado de dioses es una cotidiana lucha en una zona situada entre poniente y saliente, es decir por el submundo de la Tierra. Y este viaje es una permanente Heka, un logro de la magia para conseguir estar en el punto en el que surge el sol, cada amanecer, al día siguiente (38).

Ra forma parte de la tripulación de la barca solar –compuesta por una gran pléyade de dioses--, en la que va en la proa detrás y al lado de Isis, la “Gran Maga”. Fuera de la barca, mientras atraviesan las sucesivas puertas de las cavernas subterráneas, se encuentran los monstruos con los que tienen que luchar pues los atacan e intentan volcar la nave para destruirlos. Son los peligros del otro mundo, pero sobre todo la más peligrosa es la gigantesca serpiente Apofis, enemiga irreconciliable de Ra. La gran variedad de dioses que van en la barca le ayudan y siempre vencen en el viaje. De esta forma, Ra aparece por la mañana vencedor en el horizonte, dando lugar a otro día. Como curiosidad, merece la pena decir que no se sabe el número de dioses que lo acompañan en el viaje. Es más, ni siquiera conocemos quienes son la mayoría de ellos. Este desconocimiento forma parte de la idea egipcia sobre los dioses puesto que: “el verdadero aspecto de un dios lo constituye su secreto”. En la proa va Isis, la diosa “diestra en astucias” y a su lado el dios Heka, el dios de la magia, los dos grandes pilares para vencer, cada noche, en el gran laberinto subterráneo, lleno de monstruos y peligros que solo la magia puede superar.

Si esto ocurría con Ra, que siendo un dios tenía sus conflictos y contrariedades, hay que presumir que las dificultades del humano en viajes similares, para ir al “Más Allá” serían muy superiores. Es por ello que el difunto va tratar de hacer su travesía con el máximo de talismanes, protecciones, papiros, exhortos, es decir, una gran dosis de magia de protección, pues igualmente debe enfrentarse con la serpiente Apofis. En el otro mundo, en el “Más Allá”, el difunto iba, tenía que ir, lo más protegido posible de los ataques en los que tendría que luchar para vencer. En el Libro de los Muertos, el capítulo XXXIX se titula: “ Para rechazar al demonio Apofis ”, capítulo que es un amplio sortilegio destinado a alejar el poder de la serpiente maléfica. (39),(40) , (41).



LA MAGIA DEL NOMBRE Y DE LA PALABRA.

Ra adoptaba diferentes caras mientras realizaba el viaje nocturno, pero sobre todo tenía 12 nombres secretos que sólo Isis llegó a conocer mediante una añagaza. Para ello utilizó una serpiente que ella había fabricado con la baba de Ra y el barro del Nilo e hizo que mordiera a éste (42). Ra, que ya estaba viejo, empezó a encontrarse muy mal por la mordedura de la serpiente y lleno de dolores, recurrió a Isis para que le liberara con su magia del problema. Isis le obligó a decir sus 12 nombres y le liberó del maleficio de la serpiente. Este conocimiento sobre Ra le hizo adquirir todo el poder de éste y así se convirtió en la “Gran Maga” o “La que es grande en magia”. Era pues una mujer de gran inteligencia, “ con un corazón más hábil que 1.000.000 de hombres y un discernimiento mayor que 1.000.000 de dioses ”. El hecho de saber los 12 nombres secretos de Ra le daba, también y además, su gran poder. Así se convirtió en soberana de los dioses y al traspasar esos poderes a Horus, su hijo, éste adquirió del mismo modo una gran fuerza mágica.

Era, además, la “Madre del Dios”, porque el rey viviente era identificado como Horus, lo que hacía a Isis igualmente fuerte en la materialidad de Kemit. Pero también se la representaba como una vaca con el disco solar entre los cuernos (esto es ya en un periodo muy tardío = Ptolemaico) Por su unión con Osiris es la diosa protectora del matrimonio y símbolo de la fidelidad conyugal.

La Situla o “teta de Isis” (43) era un vaso con forma de pecho femenino, muy adornado y que en la parte opuesta al pezón dispone de un asa de transporte, que se utilizaba para las ofrendas de leche y agua en las ceremonias religiosas, pues esa leche estaba dotada de una gran Heka. Isis es la “Iniciadora”, la “Maestra” del mundo. Isis, que es la de “los muchos nombres” o la de los “10.000” o “incontables nombres”, como también se la conoce. Isis (44), “La gran maga”, tenía sus propios templos y en algunos de ellos, sobre todo de época tardía, se podía leer en el frontón una fórmula que decía: “Yo soy todo lo que ha sido, todo lo que es y todo lo que será, y mi velo jamás será levantado por ningún mortal. El fruto que he engendrado ha sido el sol”. Ese misterio en torno a Isis y a su magia, la ha convertido en el arquetipo del misterio y son cientos de libros los que usando su nombre y con teorías racionales o de fábula, emplean su apelativo para tratar de descubrir toda una serie de arcanos de difícil solución. Entre ellos cabe destacar el de Helena P. Blavatsky (45), “ Isis sin velo ”, una obra con cuatro volúmenes de nada fácil digestión, del que se han hecho muchas reimpresiones en todo el mundo, lo que nos indica la gran curiosidad existente en torno a la parte heterodoxa de Egipto y su magia.

S in embargo, se consideraba ya por los egipcios, que la magia era peligrosa, como se pretende demostrar en un relato llamado “ Setne Jamwas y el libro de magia ” (46) , si bien es un libro tardío, que hace referencia a un hijo de Ramsés II, que estaba muy interesado en la Heka y en un libro secreto de magia que se suponía escrito por Thot.

Casi todo en el “País de las Dos Orillas” estaba marcado, dirigido, por la magia. Por ejemplo, la determinación de los días venía estudiada por una biorritmia ya muy antigua. Había días buenos, los días fastos y días malos, los días nefastos. Y esta posibilidad de bien o mal, estaba determinada, como casi todo por la magia. Es evidente que existía una gran credulidad sobre este tema y en gran parte, aciertos o errores, se basaban en un empecinamiento en determinadas teorías. Los métodos de trabajo en aquella época no eran muy científicos y existía una gran tendencia a la repetición de los errores debido a un modo de pensar muy especial: “S e creía, de forma manifiesta, en los conocimientos de los antepasados y, por tanto: en la autoridad mágica de la palabra escrita”. “ Si estaba escrito, era válido”. L o cual llevaba a que todo lo existente se copiaba, se reengendraba en sí mismo, cual Benú, o “Ave Fénix” que renacía de sus cenizas cada 500 años (47) , un mito que se ha perpetuado en el tiempo. Realmente en el modo de pensar egipcio había un continuo volver a los orígenes, como lo más adecuado.

La magia tenía una enorme cantidad de sistemas de acción, siendo quizás los más conocidos los “Textos de execración” y el uso de las “Vasijas rotas”. Este último, con cierto parecido a los “vudú” actuales, consistía en el uso de cerámica para causar el mal. Se hacían figuras de barro o vasijas con nombres de reyes y princesas asiáticas, nubias y libias, que fueran hostiles a Egipto; o de modo más doméstico, del vecino o vecina con el que se tenía un enojo. Estas vasijas rotuladas se usaban para aplastarlas, romperlas, es decir, usarlas en “Magia Negra” que, junto con los conjuros, servían para tener la ilusión de que se les hacía mal.

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