sábado, 17 de enero de 2009

Qué es la "noche oscura del alma"

Qué es la "noche oscura del alma"

Directorio de Espiritualidad Carmelita

La metáfora de la noche oscura de Juan de la Cruz nos recuerda que la experiencia del amor de Dios no es siempre una experiencia punta de la unión de toda la creación. En la noche oscura el amor de Dios se acerca de una manera que parece negarnos. En la noche parece que Dios está contra nosotros. Pero Juan sostiene que nada en el amor es oscuro o destructivo, pero por quienes somos y por la purificación que necesitamos se experimenta el amor como oscuro.

Juan nos da una descripción convincente de los momentos de la vida cuando se desvanecen las consolaciones y orar es imposible. El deseo está aún presente pero se ha agotado buscando liberarse de los ídolos. El teólogo Karl Rahner comentó que todas las sinfonías de la vida permanecen inconclusas. En cada relación, en cada posesión en algún momento surgirá esa sensación de carencia. Esta frustración del deseo y la atracción por algo más allá, es la inquietud que causa la continua invitación de Dios a una unión más profunda.

Cuando los dioses mueren durante la noche, se eclipsa la personalidad. Carl Jung, el psicólogo, dijo que no podía distinguir los símbolos de dioses de los símbolos que representan al ser humano. Cuando una persona pierde su Dios-símbolo la personalidad comienza a desintegrarse. Esta afección oscura permanece hasta que emerge un nuevo símbolo-Dios o se establece una nueva relación con el símbolo-Dios antiguo.

El consejo que da Juan de la Cruz durante estas crisis en la vida es de mucha ayuda. Nos asegura que el amor de Dios está en algún lugar presente en medio de los desechos de la vida, pero que inicialmente no será experimentado como amor. Juan aconseja paciencia, confianza y perseverancia. Esta actividad amorosa de Dios nos libera de los ídolos y restablece la salud de nuestras almas. Los "dioses" se mueren en la noche y el alma necesita pasar por un proceso de sufrimiento. El camino incorrecto sería solucionar o sanar esta condición artificialmente, o negarla totalmente. Juan aconseja enfrentar la condición, entrar en ella con paciencia, y allí donde el corazón esté luchando con más fuerza estar atentos a la llegada del amor. Juan nos invita a una "atención amorosa" en la oscuridad; es tiempo de ser un guardián en la noche. La contemplación es una apertura al amor transformante de Dios, especialmente cuando éste aparece disfrazado.

La intensa experiencia que Juan llama la noche del espíritu es simultáneamente una fuerte experiencia de nuestro pecado, de la finitud de nuestra condición humana, y la siempre emergente trascendencia de Dios. Mientras se está en esta condición las palabras carecen de significado. Juan escribe que es tiempo de "moler el polvo". Todo lo que uno puede hacer es realizar el próximo acto de amor que se presente. En el desierto el peregrino continúa su viaje existencial, apoyado en una verdadera fe bíblica. Juan está convencido que sólo esta fe purificada es el contexto en el que se puede dar una relación con Dios. Como le pasó a Teresa de Lisieux que su pensamiento sobre el cielo se le desvaneció, al peregrino que ya no posee el objeto de su esperanza, se le recuerda que la esperanza es aquello que aún no posee.

Los escritos de Juan no se regodean en el sufrimiento. Su poesía y sus comentarios, están todos escritos desde el otro lado de las luchas. La noche se ha convertido en una experiencia iluminadora y en una guía más veraz que el día. La llama que una vez ardió ahora es cauterizada y sanada. Y la ausencia que lo llevó a la búsqueda del Amado se revela como una Presencia compasiva escondida en su anhelo.

Una nueva espiritualidad

Los testigos contemporáneos del Carmelo que han testificado su fe en medio de un sufrimiento abyecto son las víctimas de los campos de concentración, Titus Brandsma y Edith Stein. Brandsma resistió la propaganda nazi y Stein se identificó con su pueblo perseguido. Ellos fueron atrapados en la poderosa corriente del mal social del siglo 20. En la experiencia de ser despojados de toda seguridad y apoyo, estos carmelitas dieron testimonio viviendo una vida de fe, esperanza y amor en medio de las condiciones más crudas. En el reconocimiento de su testimonio la Iglesia confirma la autenticidad de sus vidas y los coloca entre aquellos que lo han arriesgado todo en su seguimiento de Cristo. La Regla del Carmelo conduce a varias formas de discipulado, pero al final todas llevan a abrazar la Cruz.

Los Generales de las dos Órdenes Carmelitas nos llaman a una "nueva espiritualidad" para complementar la "nueva evangelización". ¿Surgirá esa nueva espiritualidad del creciente conocimiento que el Carmelo va teniendo de las realidades que la gente experimenta alrededor del mundo? Mientras la cara del Carmelo va cambiando y entran nuevos miembros a la Orden, especialmente de los países más poblados y pobres, la situación de las masas empobrecidas del mundo llegarán a las puertas del primer mundo. La internacionalidad de la Orden y el vínculo internacional de la familia carmelita nos brindan una oportunidad única para escuchar al Espíritu en los diversos contextos, y esta escucha nos reta a dar una respuesta.

Juan Pablo II ha ampliado la imagen de la noche oscura de Juan de la Cruz para incluir los sufrimientos del mundo moderno:

Nuestra época ha conocido tiempos de sufrimiento que nos han hecho comprender mejor esta expresión y darle un cierto carácter colectivo. Nuestra época habla del silencio o de la ausencia de Dios. Ha conocido tantas calamidades, tantos sufrimientos infligidos por las guerras y por la matanzas de tantos seres inocentes. El término noche oscura ahora lo usamos para todo lo de la vida y no sólo para una fase del viaje espiritual. Se recurre a la doctrina del santo como respuesta a este misterio insondable del sufrimiento humano.

Me refiero al mundo específico del sufrimiento. ...Sufrimiento físico, moral, espiritual, como la enfermedad- como las plagas del hambre, la guerra, la injusticia, la soledad, la falta de sentido de la vida, la fragilidad de la existencia humana, el doloroso conocimiento del pecado, la aparente ausencia de Dios- son para el creyente experiencias purificadoras a las que se les puede llamar noche de la fe.

A esta experiencia San Juan de la Cruz le ha dado el nombre simbólico y evocador de noche oscura, y la refiere explícitamente a la inquietante oscuridad del misterio de la fe. Él no intenta darle respuesta al terrible problema del sufrimiento en el orden espaculativo; pero a la luz de las Escrituras y de la experiencia descubre algo de la maravillosa transformación que Dios efectúa en la oscuridad, puesto que, "...cómo sabe él tan sabia y hermosamente sacar de los males bienes..." (Cant. B 23: 5). En el análisis final, nos enfrentamos a vivir el misterio de la muerte y resurrección de Jesús en toda su verdad.[14]

Resumen

El Carmelo no tiene respuesta para el misterio del mal. Pero el Carmelo ha recorrido el camino difícil y ofrece una palabra de esperanza para el peregrino que sufre. El sufrimiento profundo y las experiencias de lo trágico de en la vida son parte de la experiencia de cada persona. Las limitaciones de nuestra condición humana y las fuerzas destructivas presentes en el mundo con frecuencia atacan nuestra fe. A pesar de la evidencia contraria, el Carmelo testimonia que el amor de Dios está siempre presente aún en los desechos de nuestras vidas.

El Carmelo nos brinda un análisis particular y poderoso del impacto del amor de Dios en el espíritu humano y en la personalidad. Invitados a una relación más profunda, al peregrino se le desafía a dejar todos los apoyos y a caminar confiadamente hacia el futuro de Dios. Un cristiano con frecuencia experimenta ataques tanto en el espíritu como en la sigue mientras se va haciendo al ambiente divino. El Carmelo ofrece un lenguaje y unas imágenes expresivas para estos sufrimientos, y es muy elocuente en recomendar una vigilia silenciosa para esperar la llegada de Dios.

Los santos del Carmelo confiaron en el sufrimiento, y con frecuencia expresaron su anhelo de llevar la cruz en su discipulado. Si embargo, este deseo de sufrimiento tiene significado en el contexto de respuesta amorosa a las iniciativas del amor de Dios. El sufrimiento de Jesús en la cruz nació del amor y no del amor al sufrimiento.

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