martes, 17 de febrero de 2009

VIDA, PASIÓN Y MUERTE DEL EGO

VIDA, PASIÓN Y MUERTE DEL EGO

Interpretación en forma de diálogo, del mito de Narciso (y Eco)*

Por Jorge Bosia

Aclaraciónes previas:

Este artículo, una de cuyas versiones apareció originalmente en la revista Médium Coeli, refleja bajo la forma de un diálogo, algunas hipótesis interpretativas sobre el famoso mito de Narciso. Posteriormente, dichas hipótesis fueron ampliamente desarrolladas, tanto es así que adquirieron una dimensión que excedió en mucho el tamaño de un artículo y fructificó en un libro: Eros, egos, ecos - El mito de Narciso, de Editorial Trenkehué, que apareció en Agosto de 2003. La escena transcurre al pie de una palmera, en el Parque Nacional El Palmar de Entre Ríos; el grupo se había trasladado allí para hacer un seminario sobre el la cuestión del "yo" y la identidad. Todos estaban sentados en el piso, algunos habían llevado colchonetas; circulaba el mate y algunas galletitas.

-Como Uds. saben, el Zodíaco y la mitología griega son hijos del mismo espíritu -dijo el Lacónico-. por tanto, como hermanos que son, se entienden mutuamente. Se los voy a demostrar -si puedo- utilizando un famoso mito: el de Narciso y Eco.
De ese mito viene el término "narcisismo" ¿no? -dijo Frodo (lo llamábamos Frodo por su obvia apariencia de Hobbit, y no entremos en detalles)-.
-Exactamente; ese término se pone de moda gracias al psicoanálisis, porque Freud toma este mito, como también el de Edipo, para ilustrar ciertos conceptos de su esquema teórico.

En un resumen escueto **-prosiguió el Lacónico- el mito cuenta que el dios-río Céfiso violó a Liríope reiteradamente, dejándola embarazada de un niño que, ya al nacer, resultó tan bello que no parecía descolocado compararlo con el dios Apolo, y al que ella llamó Narciso.

Liríope, intuyendo vaya a saber qué, consultó al sabio y astrólogo Tiresias sobre si su hermoso hijo tendría una larga vida. Y éste contestó enigmáticamente: "Vivirá mientras no se conozca".

En su adolescencia, Narciso era pretendido por muchos, tanto varones como mujeres, pero él se permitía desdeñar a todos sus admiradores.
Su actividad predilecta era la caza. Cada vez que salía a cazar, lo observaba, fascinada, desde su escondite en la espesura del bosque, la ninfa Eco, que había sido condenada a no poder pronunciar nunca otra cosa que las últimas sílabas de lo que otros decían. Ella hubiera deseado confesarle a gritos su amor, pero su naturaleza se lo impedía y por eso prefería mantenerse oculta.

Cierta vez Narciso se encontró de pronto sólo; inquieto comenzó a llamar a sus amigos: "¿hay alguien?".
"...Alguien", respondió Eco.
Narciso quedó atónico. "¡Ven!" gritó.
"Ven" respondió la voz, pero nada sucedió.
"¿Porqué huyes de mí? Inquirió.
"...huyes de mí", dijo la voz.
"Aquí; reunámonos", pidió.
Y escuchó: "...unámonos"; mientras veía que Eco salía del bosque y corría a abrazarlo.

Pero Narciso, en cuanto la vio, la rechazó con repugnancia y se alejó gritando: "Quita esas manos; antes morir, que puedas tú tenerme".
"...puedas tú tenerme", no pudo evitar repetir Eco, desolada.
En los días que siguieron, Eco fue adelgazando y enfermando de amor hasta desaparecer. De ella sólo su voz se dice que quedó, y a veces algunos la escuchan todavía.

¡Qué bien lograda que está la idea! ¿De dónde sacaste el mito?- interrumpió Ricitos, a todas luces para tratar de evadir cierta tensión que el relato había creado-.
-Me estoy basando en una obra del poeta latino Ovidio, que se llama Metamorfosis. Allí Ovidio recopila gran cantidad de mitos unidos por la idea de la metamorfosis, es decir: algún personaje del mito se transforma. Este es uno de ellos, y ya verán porqué lo incluyó. Les recomiendo leerlo de Ovidio; hay versiones fáciles de conseguir. Bueno, me tomo un matecito para entonar la garganta y sigo...
Entonces, la cuestión estaba en que Narciso rechazó a Eco y ésta se alejó destrozada a su escondite en la espesura del bosque. Sin embargo, uno de los tantos a quienes Narciso había despreciado, o quizá Eco misma, rogó a la diosa Némesis, encargada de resguardar las proporciones en el Cosmos, que le hiciera sentir a Narciso el mismo amor que él sentía, acompañado del dolor de no poder alcanzar el objeto de su amor.

Y Némesis aceptó la idea, llamando en su auxilio para la ocasión a Eros.
Una vez, que Narciso se había inclinado para beber en las plateadas agua de una fuente pura, Eros le clavó una de sus certeras flechas en el corazón, justo cuando se observaba en el agua.

Narciso se enamoró instantáneamente de aquel joven hermoso que veía frente a sí. Alargó sus brazos, pero la imagen se desvanecía cada vez que intentaba tocarlo.
Durante un tiempo sufrió indeciblemente la imposibilidad de abrazarlo, de besarlo, hasta que finalmente cayó en la cuenta: ¡amaba su propia imagen, se deseaba a sí mismo! La conciencia de la absoluta imposibilidad de realizar su amor, fue demasiado para él. Comenzó así a transformarse en una planta de Narciso. Y así es como quedó, al borde de la fuente cristalina.

¿Y Eco?- preguntó la Vikinga-, quien a pesar de su nombre, acorde con su apariencia física, escondía un costado sensiblero.
-Eco perdió hasta el cuerpo, se deshizo de amor, sólo su voz continúa escuchándose de vez en cuando en los lugares más remotos...
Esto merece otra vuelta de mate, esperen que lleno la pava, no sigan eh!...-rogó el Taita (le decían así porque a veces aparecía con un sombrero oscuro que, según él, era de su abuelo).

Bueno -apremió el Lacónico-, continuemos che, que se nos viene el solazo y va a hacer mucho calor. Vamos a relacionar este mito con la segunda tríada del Zodíaco, es decir, los Signos de Cáncer, Leo y Virgo. Pero no los vamos a interpretar de un modo muy clásico, por eso previamente haremos una reinterpretación de este sector del Zodíaco.

Consideraremos a este sector como aquél en el que se puede ver el desarrollo de la individualidad humana.

¿De la personalidad?- pidió aclaración el Taita.
-Sí, es lo mismo, no hagamos cuestiones de términos. El sentido va a salir con claridad del contexto. De lo que se trata en la segunda tríada Zodíacal es de cómo un ser humano se hace realmente humano, qué pasa en su psiquis, en su alma, en su yo o como quieran llamarlo.

El ego... -insistió la "Obse", por razones obvias.
-En latín 'yo' se dice "ego", así que también vale.
-Pero ¿no es diferente el ego y el yo? Algunos lo diferencian... -La Obse no era un hueso fácil de roer, había leído mucho "esoterismo"-.
Bueno -le dijo el Lacónico-, de eso se trata, de aclarar las cosas, luego decidimos qué nombre le ponemos a lo que descubramos. Eso pareció calmarla...
Vamos al asunto -continuó-. En Cáncer nos encontramos ya con entidades vivientes -desde los seres unicelulares hasta los humanos-.
¿Cómo, y los tres primero Signos? -preguntó Mofletes, no sin cierta estudiada ingenuidad.

-Los tres momentos precedentes: Aries, Tauro, y Géminis representan los principios que constituyen a un ser vivo en cuanto tal: Aries representa el polo activo, la fuerza vital que lo anima; Tauro simboliza la materia que le sirve de sustento y agarre al primero...

O lo que es lo mismo: yin y yang -insistió Mofletes, que se había internado en las aguas tranquilas del Tai chi desde hacía meses.
Sí; pero en el Zodíaco el esquema está más completo. Se agrega un tercer principio que permite que se unan el activo y el receptivo: Géminis, que es la posibilidad de la permuta, el intercambio y la fusión entre los dos anteriores.
Además, a estos tres principios, Cáncer le agrega una cuarta dimensión: la determinación, el límite. Entendido como una membrana que permite abrigar un espacio protegido y estable.

Todo viviente, por el mero hecho de estar vivo, contiene estos cuatro principios.
Pero un ser del tipo del que somos nosotros, un potencial humano, -seguía el Lacónico- tiene de entrada un principio más, un quinto principio: sabe de todo esto. Quien renuncia o desprecia esta conciencia de sí mismo se rebaja a la condición de simple animal.

Sin embargo, en realidad somos animales... -protestó Mofletes.
Por supuesto, quede claro que asumimos que somos animales; pero también quede claro que no nos limitamos a eso. Aspiramos a ser más que animales, aspiramos a ser humanos. Es más, de hecho, y aunque a veces no se note, ya somos humanos, e incluso también aspiramos a ser "más que humanos", pero vayamos paso a paso; primero concentrémonos en llegar a ser los humanos que podemos ser.
Si no hay otro remedio... -agregó simpática Mofletes.
Lo que yo decía es que el germen de la humanidad en cada uno de nosotros es esta capacidad que tenemos de darnos cuenta que estamos vivos. Con eso no basta, es cierto, pero sin eso, no hay nada que hacer, somos animalitos; mamíferos, para ser más precisos.

Fíjense que este quinto principio corresponde a Leo. Y es gracias es ese quinto principio que, en primer lugar, tenemos libertad de elección, porque nos podemos negar a seguir lo que haría el mamífero; y, en segundo lugar, podemos hablar de psiquismo o alma, o como les guste llamar al teatro de la mente.
Ahora, asumiendo los cinco factores del individuo que somos cada ser humano, volveremos al cuarto momento -Cáncer- y trataremos de caracterizar lo que hay allí, en función de los fines que nos proponemos, es decir: del análisis del desarrollo de la personalidad individual.

Dijimos que en Cáncer hay ya cuatro componentes y un quinto que está de contrabando porque viene de Leo: la conciencia, que tiene que revalidar sus títulos, porque de lo contrario el mamífero lo atrapa.

El primero es el componente ariano: la fuerza vital activa, que puede asociarse con el papel de "hijo". Es lo que crece, lo que anima de vida al todo individual.
El componente taurino, que es el segundo, es lo que sostiene y alimenta a ese principio vital que está arrojado al mundo, por tanto, lo podemos asociar con el rol de "madre". El tercer componente es el intermediario entre los dos anteriores: y lo podemos ver como el papel que juega el "hermano". Y el cuarto componente, la membrana o límite, de hecho se puede asociar con la función del "padre".
No entiendo bien a qué viene el padre -interrumpió el Anónimo (lo llamábamos así porque no había sobrenombre que le cayera)-.

-Lo que nos interesa aquí son los componentes de una misma alma o psique individual. Y lo que vemos es que entre un organismo individual y una psique individual hay una estructura mediadora: la familia mamífera, en la cual encarnan también los cuatro principios. Esa mediación de la familia nos permite pasar de lo biológico a lo psíquico. Pueden establecerse claras correlaciones, pero, ojo, lo que a nosotros aquí nos interesa no es el "señor" padre y la "señora" madre, sino los "lugares" o "miradas" de la psique individual, que están relacionados con "roles" simbólicos que juegan en la vida familiar los padres y hermanos biológicos.
Varios de los presentes quedaron sumidos en una perplejidad de difícil pronóstico, así que el Lacónico dijo: -Ahora se va a entender más, no se apuren. Veámoslo esquemáticamente paso a paso.

En la fase de Cáncer de la psique, el polo hijo -activo- desea hallarse siempre dentro del receptivo -madre-, mientras que el padre se mantiene más o menos fuera de alcance. La madre oficia en todo caso de intermediario entre hijo y padre. Y el hermano es el único semejante que tiene el hijo, con quien comparte el interior protegido de la estructura.

También se podría decir: el hijo mira a la madre; la madre mira al hijo por un lado y al padre por otro; y el padre puede mirar a la madre y al hijo juntos, pero a este último, por el momento, el hijo sólo lo ve a través de la mirada de la madre.
En la fase siguiente -Leo-, la estructura de la personalidad se transforma: el hijo logra integrar en sí mismo a la madre, invirtiendo, por tanto, la primera forma de relación con ella.

¿Cómo se integra a la madre? -preguntó el Anónimo.
-La madre nos alimenta y nos cuida; por tanto cuando yo digo que el hijo integra a la madre quiero decir que asume la responsabilidad de alimentarse y cuidarse a sí mismo. Eso significa que ya no necesita a la madre, por eso, como les decía antes es libre.

En ese movimiento de interiorización de la madre se integra también algo del padre, pero es el padre desde el punto de vista de la mirada de la madre, es decir: como defensa para proteger al hijo. El padre es el que funciona como una membrana o límite psicológico. Es una membrana que permite salir a sus "productos", pero no permite que entren elementos del exterior hacia el interior. La membrana protectora tiene puerta de salida pero no de entrada. Eso es Leo.

En la tercera fase -Virgo-, en cambio, el sujeto individual se completa, logrando integrar también al padre como algo propio.
¿Cómo lo hace? -insistió el Anónimo-.
-Integrar al padre es integrar límites, sobre todo, por medio del trabajo y la enfermedad. Los límites surgen, por un lado, del hecho de que habitamos en un cuerpo, y, por el otro, de que habitamos en un Cosmos, por tanto hay que trabajar para alimentar al cuerpo y participar del Cosmos, y además, se envejece y enferma.
No entiendo como puede ser un límite interno; para mí un límite es algo que está afuera... sugirió algo contrariada la Vampiresa (dignándose hablar).
-¿Vos Taita vivís en un departamento, no? ¿Cuáles son los límites?
Las paredes, supongo -contestó el Taita tragando una oblea-.
-¿Y no tenés puerta para entrar y salir?
-¿...? -el Taita estaba más incómodo que "perro en cancha de bochas"-.
-Quiero decir que un límite "interno" es un límite con puerta. Una membrana que se puede abrir o cerrar según sea conveniente. No es algo tan raro.
En términos de la psique, tener el límite como algo interno implica que uno puede bancarse las contradicciones. Y la vida es toda contradicciones. Cuando los límites se hacen interiores, el sujeto tiene la posibilidad tanto de emitir sus creaciones, como de recibir las de los otros. Se ve a sí mismo como un intermediador entre el gran Cosmos del que participa y el pequeño cosmos que él mismo contiene psíquica y orgánicamente.

Bueno, ahora que tenemos una versión más adecuada de esta tríada, vayamos al mito de Narciso y Eco.
El mito no recorre todo el proceso de integración que va de Cáncer a Virgo, sino que se concentra en el momento clave en que la estructura de Leo entra en crisis y da un primer paso hacia la forma virginiana de conciencia. A la estructura leonina propongo que la llamemos "yo", a la canceriana "ego" y a la que sigue, Virgo, "personalidad integrada".
El mito se puede dividir en cinco momentos -dijo el Lacónico alargando la mano abierta y agarrándose uno por uno la punta de los dedos, dijo: ü el origen de Narciso,

* la presentación de Narciso y de Eco,
* el encuentro de Narciso con Eco,
* el enamoramiento de Narciso de sí mismo, y
* la metamorfosis de ambos. Cuando se los conté lo resumí mucho, pero si lo leen

de Ovidio van a poder diferenciar claramente estos pasos.
La presentación de Narciso es el momento en que se ve la estructura leonina: el tipo va pavoneándose por el campo, cazando, rodeado de una "corte" de admiradores que lo alaban y a los que él se da el lujo de despreciar con altivez y soberbia.
-Es un Leo bien pobretón- dice Lulú (le decíamos así porque era "pequeña").
-De cuarta, -agrega la Obse, un poco más resentida-.
-Che, paren un poco, -interviene precisamente el Leonino-. Todos estaban extrañados de que no hubiese hablado antes.

-Un momento, no se trata de hacer juicios de valor -el Lacónico teme que la cosa derive hacia el paraje conocido como "de los tomates". Se trata de entender -continúa- que Leo es eso; pero también puede ir más allá. Eso es lo que el mito quiere indicar. Veámoslo y dejemos lo personal -todos acatan, algunos a regañadientes.

-Lo que vamos a presenciar en el mito es el quiebre de esa soberbia, tengan paciencia. Observemos primero que Narciso y Eco son como las dos caras de un mismo fenómeno: Narciso sólo se expresa, crea, emite; en cambio Eco sólo repite, copia, refleja un fragmento de lo que el otro expresa.
Justamente a causa de sus limitaciones, Eco es la que está en mejores condiciones de llegar a Narciso.

-¿Porqué? -interviene desafiante el Leonino con la sangre en el ojo.
-Porque los demás adulones son demasiado "ellos mismos", entonces todo lo que hagan tiene algo de falso que jamás conmoverá a Narciso. Se quieren "lucir" ante Narciso. Y eso es, precisamente, lo que los deja fuera de carrera. En cambio, Eco repite fielmente lo que le llega, no pone nada de sí misma. Entonces Narciso, que está obnubilado consigo mismo, queda impactado.
-Ninguno de los dos tiene ni pizca de receptividad: uno sólo emite, la otra sólo copia, pero ninguno recibe nada. Eso es el ego leonino -indicó claramente el Tehuelche (le decimos así porque asegura tener antepasados tehuelches, y la verdad que tiene aspecto de cacique)

-Eso quiere decir que hay dos formas de lo leonino: uno que es el que indican los manuales, por decir así, y otro es el "tipo Eco", que parece todo lo contrario -intervino Lulú.
-Yo diría -sentenció el Lacónico- que más bien Eco es el inconsciente de los leoninos, su sombra. Porque observen que Eco está escondida "en el bosque", en una clarísima referencia a lo inconsciente.
Ahora, cuando Eco sale del bosque, la cosa cambia inmediatamente. ¿Porqué?... Porque Eco pone en juego algo propio: su cuerpo. Esto a Narciso le produce una repugnancia inmediata. El cuerpo "demuestra" que Eco es un "otro", otro ser, un diferente. Y eso es inaceptable: no puede haber "otro".
-No entiendo bien, porqué tanto lío con que es diferente... agregó con sincera perplejidad Lulú.

-Para entenderlo vamos a hacer un diagramita -dijo el Lacónico con un aire de divertido misterio. Y agregó: -Uds. conocen el glifo del Sol. Es un círculo con un puntito en el centro ¿no? Y el Sol es el Planeta de Leo. Por tanto, es casi natural asociar la idea de centro con Leo y con el Sol.
-No nos vas a decir ahora que el glifo del Sol está mal... -prorrumpió el Leonino, haciéndose el indignado.

-Lo lamento por los leoninos, pero sí; en mi humildísima opinión -el Lacónico recalcó "humildísima" con cierta sorna- es erróneo. Y ante la expectación general comenzó a dibujar un diagrama.



-Yo sostengo que el verdadero glifo del Sol debe dibujarse como una elipse...
-¿y porqué tanto lío con eso? ¿Cuál es la diferencia? -el Leonino no podía digerir el cambio de figura y pretendía negarla.

-La figura de la derecha es una elipse y la elipse tiene dos focos, no un centro. Lo que Narciso descubre es esta naturaleza elíptica del yo. Sólo en la elipse podemos ubicar los componentes de la personalidad individual: el hijo, en el foco iluminador; el hermano en el otro foco; y la madre y el padre, en la periferia.
Sólo así se comprende que el mito está describiendo la manera cómo un sujeto humano hace este cambio: el quiebre del esquema circular.

El círculo con el puntito está representado por el primer Narciso, que se encuentra en el centro del mundo rodeado por una periferia difusa o corte. Así es como se ve a sí mismo Narciso antes de encontrarse con Eco; que no aparece, pues está oculta en la periferia.

Pero luego irrumpe ella, que es tan fiel a él, que lo reproduce tan exactamente, que lo saca instantáneamente del lugar central emisor poniéndolo en el polo receptivo por primera vez. Al hacerlo, Narciso prueba por vez primera el otro foco de la Elipse, que es el polo receptivo. El círculo ha sido trascendido...
-No te sigo -interrumpe el Leonino, irredento.

-Digo que, al principio, Narciso no escucha a nadie; pero la que sí logra llegar a él es Eco. Cuando la escucha, es como si Narciso dijera: "por fin alguien interesante". Entonces, lo que está ocurriendo es que Eco se ubicó por un instante en el lugar emisor de Narciso, lo desalojó a éste y lo mandó "de prepo" al otro foco de la elipse: el que corresponde simbólicamente a la "hermano", que es un lugar receptivo. Y todo esto ocurre por primera vez para Narciso. Es una revolución. ¿Se dan cuenta? Logra escuchar a alguien.

-Pero dura muy poco... -agrega apenada Lulú.
-Claro, porque cuando ella sale a la luz abandonando el reino de lo inconsciente, a Narciso le tiene que repugnar. ¿Qué es lo que le produce ese rechazo? Que se mezclan en una sola persona lo diferente con lo igual.
-¡Cómo! -pregunta alguien entre un coro de murmullos...

-Quiero decir que para Narciso, Eco es lo impensable: un ser que fue para él emisor -un igual- y luego resultó ser diferente. Eso es inaudito para Leo. Algo así como afirmar que hay otra estrella en el firmamento. Se le viene abajo el centro, pues, por definición no puede haber dos centros. ¿Comprenden?

Pero todavía falta estabilizar la experiencia: Narciso ha salido disparado de la cercanía de Eco intentando volver todo atrás. Entonces intervienen Némesis y Eros. El trabajo de estos dioses consistirá en obligar a Narciso a instalarse no ya simplemente en el polo receptivo sino a reconocer lo que permanecía en sombra para él: que no está en el centro del mundo y, más todavía, que no hay tal centro, sino él es una estructura dual, de las cuales hay innumerables.

-Para aprender tan dura lección, Eros hará que Narciso se enamore de la imagen de sí mismo. Cuando se dé cuenta de que el objeto de su amor es una imagen, Narciso comprenderá que el yo -pues eso es el primer Narciso- es una imagen. Y ser una imagen significa que no tiene cuerpo. Entonces comprenderá que el yo niega y desplaza hacia el inconsciente al cuerpo. Esta revelación se le presentará al experimentar el polo de Eco: deseará tener cuerpo, deplorará no tenerlo.
La Obse intervino nuevamente: -entiendo lo de los dos polos de la elipse; pero no sé de dónde sacaste lo del cuerpo ¿qué tiene que ver aquí?

-Lo del cuerpo es esencial: un ser humano es un deseo encarnado, un deseo que debe operar en los límites del cuerpo; no sólo de "su" cuerpo, sino de Cosmos material en general. El yo tiende a olvidarse de esto, alegremente se deshace del cuerpo. Pero Eco le trae de nuevo a Narciso el hecho de la corporalidad. El yo pretende vivir como si no existiera la muerte, la enfermedad, y todos los límites que trae el hecho sustancial de la corporalidad.

Pero hay más. La única forma de captarse como una elipse, como algo con dos focos o polos, es habilitar un tercer lugar desde el que se los pueda abarcar. Y ese lugar, resulta el que hemos llamado aquí "padre". Pues fíjense que coinciden, en la experiencia de Narciso, el límite con el tercer lugar. 'Límite', 'corporalidad' y 'padre' tienen en este lugar una carga muy semejante de significado.
-El padre de Narciso es un violador -dice Pichi, con un toque de desconcierto ante lo que se está diciendo.

Claro -dice el Lacónico comprensivo-. Pero además es un río. Veámoslo: el río es una metáfora ¿de qué? Del tiempo. Y es el tiempo, en última instancia el que "viola" la pretensión de pureza del yo. El tiempo va develando todos los límites que plantea la condición de encarnado al humano.
Cuando el humano es un ser no sólo creador, sino también receptor, ha llegado a Virgo. En ese punto puede asumir que es hijo y también es madre y padre. Es uno y trino.

Me hace acordar a la "sagrada familia" -dice una desusadamente tímida Lulú.
¡Exacto! -se enciende el Lacónico- Además, como es capaz de incluir en sí mismo sus propios límites, tiene una puerta abierta al infinito, pues el padre, que puede unir a la madre y al hijo en un solo ojo, tiene todavía el otro, para atisbar el Cielo.
Se quedaron unos segundos en silencio, hasta que el Anónimo propuso darse un chapuzón en el río: -¿y si nos damos un baño de tiempo? -dijo-.

* El lector encontrará un estudio exhaustivo del mito de Narciso en nuestra obra: EROS, EGOS, ECOS -EL MITO DE NARCISO, Ana Zetina / Jorge Bosia, Ed. Trenkehué, 2003.

** Una versión del mito de Narciso y Eco, en Ovidio, Metamorfosis, Libro III, versos 339-510.

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