sábado, 14 de marzo de 2009

La sublimación: la enigmática facultad del artista

La sublimación: la enigmática facultad del artista

El concepto de sublimación en psicoanálisis es un concepto problemático, para algunos sería un concepto fundamental, tal es la propuesta de Juan David Nasio.
No es mi intención entrar en el debate si la sublimación es o no un concepto fundamental, pero creo que si es importante pensar algunas afirmaciones que se realizan en torno a la sublimación. Deseo trabajar más la cuestión de ¿por qué la obra de arte es una sublimación?

Introducción


El concepto de sublimación en psicoanálisis es un concepto problemático, para algunos sería un concepto fundamental, tal es la propuesta de Juan David Nasio.

No es mi intención entrar en el debate si la sublimación es o no un concepto fundamental, pero creo que si es importante pensar algunas afirmaciones que se realizan en torno a la sublimación.

Deseo trabajar más la cuestión de ¿por qué la obra de arte es una sublimación? Si se discute sobre la sublimación el primer ejemplo que surge es la obra de arte. Nadie se anima a discutir esto, ¿pero cuál es la argumentación que subyace a esta afirmación casi dogmática?

Si lo queremos podemos enunciar la cuestión del siguiente modo: ¿cuál es la condición necesaria y suficiente para reconocer en la obra de arte la sublimación?

Una de las observaciones más comunes sobre la sublimación es definirla como la transformación de la meta y el objeto sexual de la pulsión por una satisfacción de la meta y objeto no sexual, en palabras de Freud: “el objeto y meta sufren un cambio de vía, de suerte que la pulsión originariamente sexual halla su satisfacción en una operación que ya no es más sexual, sino que recibe una valoración social o ética superior”[1] .

Pero si analizamos un poco la historia del arte y los autores que Freud analiza son o autores y obras canonizados o se trata de autores que en su época no introdujeron rupturas en el canon. Sobre esto me voy a detener momentáneamente.


Canon, sujeto e Ideal del Yo


Sin embargo la idea de que el arte implica una sublimación no deja de surgir. Me parece que lo primero que hay que hacer es distinguir entre obras canonizadas y no canonizadas.

Lo único que voy a señalar aquí es que el canon siempre se refiere a una serie de obras que constituyen el patrimonio cultural de una sociedad, es donde por ejemplo se aceptan como identificatorios determinadas imágenes y determinados escritos para los individuos que se reconocen en una sociedad determinada.

Avanzo un poco más, si aceptamos esta definición del canon, entonces se podrá comprender la idea más arriba señalada sobre la sublimación, ya que la obra de arte si se incluye en el canon, es inscripta como teniendo un valor social y ético superior. Lo cual implica que el canon es la concretización del Ideal del Yo, con respecto a las obras de arte, en una cultura. Podemos decir entonces que el autor que produce obras que son acordes al canon sólo explicita su ideal en formas sociales aceptadas.

Pero Freud señala que la sublimación “puede ser incitada por el ideal, pero [su] ejecución es por entero independiente de tal incitación”[2]. Es decir que el ideal del yo es una condición necesaria, pero no suficiente para la sublimación. Con esta observación también podemos incluir a las obras que no siguen el canon, que se oponen al mismo, ya que si el ideal del yo incita a la sublimación, de ello no se infiere que se incite a seguirlo. La incitación del ideal del yo puede ser una obstinación por parte del artista a oponerse o a construir otro canon, es decir, pasar de su canon al Canon.

Pero hacer la distinción entre obras canónicas y no canónicas no nos lleva a ningún lado porque también el autor que sigue el canon realiza esta operación, a saber: realizar la elevación de su canon al Canon.

Canon, Objeto, Cosa

No quiero dejar pasar que he utilizado la palabra elevación. Dicha palabra aparece en la célebre fórmula lacaneana que define la sublimación como la elevación de un objeto a la dignidad de la Cosa.

Si el Canon es la incitación de la obra, la Cosa es su conclusión. Pero si el ideal del yo es del orden de los objetos valorados socialmente, se trata de significados sociales, de sentidos sociales. Luego si la obra de arte concluye en la Cosa, entonces la obra siempre supone un plus de no significado o una multiplicidad de significaciones.

Retornemos a la fórmula lacaneana: la sublimación eleva el objeto a la dignidad de la Cosa. Esta frase citada aquí y en otros lugares, se repite casi como una frase litúrgica.

La misma frase invertida puede definir la bajeza y podríamos enunciar del siguiente modo: la bajeza desciende la Cosa a la indignidad del objeto.

Esta frase como la otra no nos dice mucho, pero sí nos permite ver que tanto la Cosa como el objeto son determinativos de la dignidad y de la indignidad respectivamente. Por lo que es necesario explicitar los sentidos de los términos dignidad y Cosa.

Kant entiende por dignidad de la persona el hecho irreductible que una persona no puede ser nunca medio para un fin sino fin en sí mismo. Si trasladamos esta idea de dignidad y la relacionamos con la Cosa, entonces tenemos que la dignidad de la Cosa significa que ella, la Cosa, es un fin en sí mismo y que lo indigno es el objeto entendido como medio para, es decir como un utensilio.

Compliquemos un poco más el asunto y recordemos que Lacan en el seminario titulado La ética del psicoanálisis define la Cosa como el-fuera-de-significado.

Propongo el siguiente juego, sustituyamos todas estas equivalencias y veamos qué es lo que queda de la definición de la sublimación:

La sublimación eleva el objeto al fin en sí mismo del fuera-del-significado

Esto parece y es un trabalenguas, pero tiene, sin embargo, una explicación. Observemos la idea misma de elevar el objeto al fin en sí mismo, esto significa que no es un medio para, dicho de otro modo la elevación supone que el objeto ya no tiene uso, decir esto implica que ya no tiene un significado sino que puede tener múltiples significados. Creo que pensar que existe algo que no es un objeto y que puede tener múltiples significados es una buena definición de la obra de arte, ya que deja al espectador el trabajo de darle al menos un significado. Dicho más claramente, las obras de arte son objetos que pierden significado y se constituyen en significantes que el receptor llenará de sentidos. Las obras serían como cheques en blanco en donde cada uno pondría su propia cifra.

Insistamos como si fuera una letanía en volver a la frase ya citada, y concentremos nuestra atención en el término elevación. La elevación se entiende marca dos lugares y es un predicado que da un orden jerárquico. Pero para que esto sea posible es necesario que la elevación sea reconocida por un grupo. Decir que A es más elevado que B, significa que desde un lugar alguien puede afirmar el mismo enunciado, es decir, que cualquiera desde esa posición estará de acuerdo en dicha elevación.

Ciertamente la idea de elevación no debe entenderse como un espacio físico, pero debe suponerse que existe un dominio, un campo en donde pueda realizarse esta comparación. Es aquí donde inscribimos lo cultural, si lo entendemos como un trasfondo de tradiciones (entre estas tradiciones incluimos el canon) que funciona como marco de lo que es elevado.

Por último quisiera hablar sobre el quien que lleva a cabo el acto de elevación. ¿En qué consiste este acto de elevar? Para Freud se trata de desviar las pulsiones de su meta, es decir, de asexualizarlas. La elevación que realiza el sujeto del inconsciente es la del desvío, por lo que cualquier manera de desviar las pulsiones de su meta es una sublimación, pero recordemos que esta desviación es incitada por el ideal del yo. Es decir que lo simbólico incita a la desviación, pero ¿qué es lo que hace desviar la pulsión de su meta? ¿Qué es lo que hace optar al sujeto ante la incitación por la sublimación y no sucumbir al forzamiento del ideal del yo como en la represión?

Aquí el artista es el tipo con que Freud intenta contestar esta pregunta.

Primero el artista es introvertido e insatisfecho, quisiera obtener honores, fama, etc. Luego se extraña de la realidad y transfiere sus deseos a la fantasía. Aquí Freud compara los sueños diurnos con el trabajo del artista. Mientras la mayoría nos conformamos con dichos sueños, el artista los elabora, es decir los disfraza y les hace perder lo chocante, es decir lo indigno de su objeto, luego sabe atenuarlos para que no delaten lo prohibido

Además agrega Freud, el artista “posee la enigmática facultad de dar forma a un material determinado hasta que se convierta en copia fiel de la representación de su fantasía y, después, sabe anudar a esta figuración de su fantasía inconsciente una ganancia de placer tan grande que en virtud de ella las represiones son doblegadas y canceladas, al menos temporariamente. Y si puede obtener todo eso posibilita que los otros extraigan a su vez su consuelo y alivio de las fuentes de placer de su propio inconsciente, que se les habían hecho inaccesibles; así obtiene su agradecimiento y su admiración, y entonces alcanza por su fantasía lo que antes lograba sólo en ella: honor, poder, y el amor de las mujeres”[3].

Notemos que el desvío de la pulsión se da por un trabajo con la fantasía, no es que el sujeto es forzado, sino que da forma al ideal, es decir que transforma el ideal en Cosa. Es decir que la incitación (el ideal) se convierte por su trabajo en algo fuera-de-significado (Cosa), ya no se trata de un ideal por el que se sucumbe sino de lo sin significado que libera, de ahí esa ganancia de placer que supone un saber hacer con los significantes. La enigmática facultad del artista es un saber hacer: la capacidad de dar forma al ideal y dejarlo a su medida, es decir, que en su fantasía el ideal se convierte en una construcción y no en un forzamiento, de ahí que la pulsión se satisfaga en su recorrido mediante el trabajo activo del artista, es decir que el artista produce un nuevo significante. Lamentablemente el arte es un saber y no una ciencia.

Quisiera terminar con un ejemplo de como podemos entender esto en obras que fueron muy resistidas, me refiero por ejemplo a los ready-made de Duchamp. Es obvio que el artista se opone al ideal, pensemos en su célebre Ducha, al invertir el urinario lo eleva de mero utensilio, de mero ser medio para a la una dignidad (fin en sí mismo) de la Cosa. Pero no sólo realiza esto, sino que opera ese fuera-de-significado que nos muestra que los ideales son incitaciones y que nunca debemos considerarlos forzamientos, un objeto que no cumple su función nos advierte que cualquier otro objeto puede dejar de cumplirla y que sólo nosotros nos forzamos en que ese objeto tenga esa función.


Lic. Arturo Horacio Cuervo

La dirección de correo electrónico del autor es: arturocuervo@sinectis.com.ar

[1] Sigmund Freud, “Dos artículos de enciclopedia: «Psicoanálisis» y «Teoría de la libido»” en Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu, p. 251.

[2] Sigmund Freud, “Introducción del narcisismo” en Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu, p. 91.

[3] Sigmund Freud, “Conferencias de introducción al psicoanálisis” en Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu, p. 343.

No hay comentarios: