sábado, 14 de marzo de 2009

Las Meninas


Las Meninas

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, el pintor que se adelantó a su tiempo, hizo decir de él por parte de Ortega y Gasset: “Faltaba en la época el “marco” donde colocar un artista como Velázquez, y por eso la sorpresa admirativa ante sus obras no puede terminar en una apoteosis, en una fama precisa y sólida. Es un extemporáneo”. Podemos reafirmarlo, se adelantó a su tiempo.
Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, el pintor que se adelantó a su tiempo, hizo decir de él por parte de Ortega y Gasset: "Faltaba en la época el "marco" donde colocar un artista como Velázquez, y por eso la sorpresa admirativa ante sus obras no puede terminar en una apoteosis, en una fama precisa y sólida. Es un extemporáneo". Podemos reafirmarlo, se adelantó a su tiempo.

Con él la pintura sufre cambios que no se habían experimentado desde su invención, no es solo un cambio de estilo sino un cambio en lo que se entiende por pintura, orienta la pintura no hacia la cosa o el natural, sino hacia el artista, es por ello que su originalidad esté tan ligada no solo a la Historia de la pintura sino que de toda la cultura europea.

El manejo de la luz y el color, con los contrastes de luz y sombras, que parecen dar volumen a las figuras, el uso de la perspectiva creando la sensación de espacio y tiempo hacen de cada una de sus obras, de cada una de ellas algo único, en un pintar el tiempo en el instante donde el ser está destinado a dejar de ser, a transcurrir... en un "congelar el movimiento" tal como se puede observar en "Las lanzas o la rendición de Breda" ó en "Las Hilanderas o la fábula de Aracne", tal como en "Ronda de la Noche" o "Los Síndicos" de su admirado Rembrandt.

Más allá que le haya sido conferida la Cruz de Santiago es su magistral y genial arte el que le lo coloca en el sitio que hoy tiene, al dar con su estilo una eternidad precisamente al instante, y con ello a cada uno de los personajes que poblaron sus telas.

Cuando trabajaba en el estudio de Sevilla, su maestro Pacheco le daría un consejo: "La imagen debe salir del cuadro"; y Diego de Velázquez como respuesta, capta de la naturaleza lo necesario para lograr su efecto, nada más que eso. Más allá de lo necesario ni un detalle más, ni una pincelada más dando a sus cuadros la impresión como de no estar acabados... con su pincel toma el vacío del lienzo y suscita el cuadro, pone su mensaje y luego nos deja solos con los personajes para que nos las arreglemos con ellos como podamos.

E.Manet en 1856 en una carta desde Madrid a su amigo Fantin Latour escribe: "Velázquez por si solo justifica el viaje. Los pintores de todas las escuelas que le rodean en el museo y cuya obra esta allí bien representada parecen meros aprendices. Es el "Pintor de los pintores".

"Las Meninas", cuadro de los más famosos de todos los tiempos, pintada en 1656, en el inventario de palacio de 1666 se titulaba "Su Alteza la Emperatriz con sus damas y un enano". En 1734 se la menciona como la "La familia del rey Felipe IV", en 1750 fue salvada de un incendio que afectara al castillo real, en 1819 es trasladada al Museo del Prado y hasta 1843 no recibió el nombre de "Las Meninas", cuando Pedro de Madrazo la incluye con ese nombre en el catálogo del Museo.

¿Dónde está el cuadro? Es la pregunta que insiste ante la que hoy está considerada tanto una obra maestra sin discusión, como un campo sin igual de discusión metodológica, para la filosofía, la historiografía crítica, la crítica del arte, de la imagen y la visión.

¿Qué son "Las Meninas"?
¿Es la pintura de la escena en que la infanta Margarita y su séquito de enanos y damas de honor ingresarían al taller, donde Velázquez estaría retratando a Felipe IV y la Reina?, ¿En la tela que aparece al costado del cuadro, está esa imagen real difusa al fondo del salón?, ¿Desde el lugar donde el espectador se ubica para observarlo: se está afuera, se está adentro?, ¿Qué mira y es mirado, preguntaba recientemente un crítico de arte?

Es la pintura que contempla el mundo entero y casi nadie ve realmente, pues para asegurar que la obra maestra sobre el lienzo refleja la verdad más allá de lo que puede hacer cualquier espejo, "Las Meninas" pueden entenderse como una celebración de la verdad del arte del pintor.

R.Magritte otro habitante del Museo del Prado, (quien también colocara el cuadro dentro del cuadro), decía que "Las Meninas son la imagen visible del pensamiento invisible de Velázquez".

Sigmund Freud, inventor del Psicoanálisis, no ceso de citar y apelar en toda su obra a las creaciones literarias y las obras pictóricas para ubicar cuestiones fundamentales del psicoanálisis tales como el deseo, el amor, la voz, la mirada, la función del padre, la sexualidad , la muerte.

Jacques Lacan nos enseña que el arte no se contenta con adornar, con ilustrar, realmente organiza; en este caso la pintura alrededor de un vacío ( el lienzo en blanco) abre entonces el camino hacia la dimensión de la mirada.

En este caso es bien preciso, ante la pregunta de ¿Qué es verdaderamente este cuadro?, en 1966 plantea que "Las Meninas" del genio Diego de Velázquez enseñan que es un cuadro, más aún si en los términos del psicoanálisis no se puede prescindir de saber que es un cuadro,

Jacques Lacan plantea el cuadro nos mira, y nos recuerda "... el cuadro es sencillamente, lo que es todo cuadro, una trampa para cazar miradas. En cualquier cuadro, basta buscar en la mirada en cualquiera de sus puntos, para precisamente verla desaparecer..." pues en el campo de lo visible, la mirada que está afuera, es ese objeto de lo más evanescente en su función de simbolizar la carencia central que vehiculiza el deseo inconsciente.

Testimonio de ello dan todos los que tienen la oportunidad de estar frente a él en las salas del Museo del Prado (Madrid), al entrar en la sala que lo alberga se asiste a un hecho singular al detenerse frente a esta maravillosa obra de arte, que se realimenta en cada recorrido ó visita que se haga. No es entre lo invisible y lo visible que se va a tener que pasar, se trata de aquello que en la visión está elidido, es un dado a ver que antecede a lo visto, es decir que hay preexistencia de la mirada.

Si bien en la construcción de la visión algo se produce, algo se pierde, es inatrapable; una perdida que es la mirada y es la evidencia, de una falta, del orden de la dimensión del sujeto del inconsciente... particularmente sensible en todo el funcionamiento del arte y especialmente en la pintura.

El efecto producido es tal, que la estructura visual como tal queda interrogada, y la experiencia permite afirmar que se trata de una combinatoria singular, de un estatuto dispar a la fisiología del ojo, incluso de la óptica. Ese efecto es como se le presenta al sujeto la esquizia de la visión y la mirada... efecto que a la vez que se establece se disipa, se reabsorbe, se desvanece, es captura de un "instante fugaz"... confrontación entre la estructura de la visión que se opone a la de la mirada.

Este cuadro, que en su tela soporta todo lo que se presenta, aunque designe otra cosa que lo que presenta, hace vacilar al espectador, en la experiencia de lo que se revela y lo que se oculta e inaugura una infinita serie de modos de responder a la pregunta ¿Dónde está el cuadro? ¿De qué cuadro se trata? ¿Qué es este cuadro?

Es la convocatoria que el maestro sevillano hace al sujeto mirando, en tanto fascinación que adquiere valor de función, por el valor que toma lo que no se puede ver, pero lanza a cada uno al imposible intento de dar vuelta ese lienzo dado vuelta y colocar en él lo que está en relación a la fantasía en la cual cada uno está tomado.

La presencia de Velázquez mirante en la tela es lo que soporta, lo que captura y produce sobre los espectadores ese instante de deponer su mirada y jugar su fantasía... fantasía soporte de un deseo que en este juego de miradas lo lleva a jugar un naipe obligado, no podría jugar otro, el del propio fantasma.

Esa mirada es lo que se capta, se soporta; esparcida en "Las Meninas", una mirada no vista pero imaginada que proviene desde el campo del Otro. Si se es mirado, se es cuadro.

Es un efecto absolutamente esencial de la relación con esta obra, es un movimiento de ida y vuelta no recíproco, una tournée de miradas que no se encuentran, vueltas donde nunca una es idéntica a la otra, es la deriva del deseo inconsciente... con un retorno a su base, donde no se puede concebir su límite, que finalmente inscribe el contorno de algo, lo que Jacques Lacan denomina: el objeto mirada.

"Algo sucede frente al cuadro", "algo se produce": ... instante fugaz donde el espectador es tomado en su espacio y retorna entonces el enigma ¿Qué mira y es mirado?, Es ese punto de nadificación, que se marca en el campo del sujeto la reducción de todo privilegio que la conciencia otorga, pues si la mirada es el reverso de la conciencia como vamos a intentar imaginárnosla.

Es la interrogación para todos los que vieron, hablan o escriben acerca de este cuadro. Cuadro que llama a ver lo que hay detrás, ese algo que está pero no se ve, que llama a ver donde las miradas se cruzan pero no se dirigen, ó donde menos dirigidas hacia algo puntual se manifiestan. Es la mirada con su función pulsátil, brillante, vía por la que el dominio de la visión es integrado al campo del deseo.

Diego de Velázquez, no solo introduce en el mundo del arte su genial manejo de la luz y la perspectiva, en su obra que con lo que es luz mira, se es fotografiado, y el efecto se recibe en el fondo del ojo donde pinta, solicita, capta en cada uno y pregunta ¿Quieres mirar? Pues bien ¡ve eso!, y ahí entrega algo como alimento al ojo, y es en este registro del ojo como desesperado que por la mirada le llega el efecto sosegador, civilizador y encantador de la función del cuadro.

El genio con su paleta y este lienzo dentro del lienzo, dado vuelta sobre si mismo; hacen que desde el cuadro seamos llamados a formar parte del cuadro, pues el cuadro está en el ojo, pero se esta en él en tanto mirada captados en el cuadro, pues con el lienzo dado vuelta se engaña al ojo. hay un triunfo sobre el ojo, por parte de la mirada.

Este cuadro, al decir de Jacques Lacan, no es espejismo del pintor, no es un espejo donde no hay más que la perspectiva del mundo real, es la introducción de la perspectiva organizada en relación al sujeto del inconsciente en el campo que traza el deseo en las distintas posiciones de su deriva en derredor del objeto mirada: el sujeto mirando (el espectador mismo), el sujeto mirante (en la figura del genio), el que ha visto y se va (Nieto de Velázquez), ese Otro que mira sin ser visto (Los reyes), y esas infinitudes de miradas que no se encuentran (Las infantas, los guardadamas, la enana, etc.)

Datos del autor

Psicoanalista, Miembro de Discurso<>Freudiano Escuela de Psicoanálisis
erlejman@datamarkets.com.ar
TE: 4822-0351

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