sábado, 14 de marzo de 2009

Vincent van Gogh y el arte.


La función del arte en el artista

En esa modalidad clínica de trabajo sobre textos y obra que Freud nos legó con su análisis sobre los escritos del Presidente Schreber, sobre un dibujo de Leonardo, un episodio de la vida de Goethe y otros, y que Lacan retomó especialmente con Joyce, al considerar aspectos de su vida y hacer un análisis de su escritura.

Con ese espíritu, he realizado trabajos de investigación sobre la función del arte en los creadores, que me revelaron una profunda relación entre la creación de la obra, el “hacerse un nombre” como efecto de esa producción, y el registro de ese proceso, paso a paso, en la firma. Resaltando que es en el momento que el creador define su estilo en el que también define su nombre.

El creador suple con la producción de su obra el débil sostén fálico, dice Lacan. El magnífico enigma del artista es el “saber-hacer-ahí” una creación que produce lazo en el lugar topológico que Lacan llamó ERROR de la estructura: creación de una obra que, en función nodal, anuda la estructura donde el registro imaginario puede quedar a la deriva. Corrección, cuarto nudo que enlaza ese registro y que acota el feroz, infernal goce del Otro y sus efectos devastadores sobre el sujeto. Sinthome llama Lacan a este proceso, pero también, Cuarto lazo o Nombre del Padre. Movimiento nodal que no es privativo de las psicosis sino constitutivo de las neurosis.


Capturar el tiempo lógico del “hacerse un nombre” con el “saber-hacer-ahí” una obra, (en dependencia nombre de obra, ya que no hay el uno sin la otra), los vaivenes del sujeto, las identificaciones, las letras que se abandonan y aquellas que surgen o se resaltan con las modificaciones o el cambio del nombre, las circunstancias que precipitan ese acto, ponen en evidencia la lógica del proceso de “hacer” su propia nominación supliendo la función fallida paterna Padre del Nombre, función llamada “radical” por Lacan. Allí, en el “secreto centro” de esa puesta en acto del creador encuentro un duelo con función operativa.


Ese nombre que surge de la obra es del orden de una creación y, muchas veces, es integrado a la producción misma. Ejemplo de esto lo vimos en Picasso, Vincent, y, en nuestro país en Kuitka. Nombre y obra deben hacer un pasaje de lo privado a lo público que, en arte, es dar el objeto al reconocimiento simbólico, imaginario y real a través de la presentación pública, es inserción del objeto y el nombre creado en la cultura –puede pertenecer a cualquier orden del arte, la ciencia o actividad-; objeto que, en la repetición de la sublimación, nunca igual a si misma, no sólo formará colección sino que permitirá el registro del rasgo unario que constituirá el estilo del autor, único e inconfundible. Considero que hay simultaneidad de tiempo lógico entre la definición del estilo y del nombre creado.


Producir lazo social y acotar el goce del Otro son los efectos esenciales que deben darse para estabilizar la estructura en las psicosis, si esto es posible.


Son muchas las funciones que deben cumplirse para que la obra de un creador sea eficaz como sinthome. Las analicé en el Presidente Woodrow Wilson en relación con la el arte de la oratoria y en Picasso con la pintura moderna. Pero el sinthome no es privativo de la psicosis, sino es cuarto lazo constitutivo de las neurosis, también llamado Nombre del Padre por Lacan. En el tiempo de efectivizarse el “hacerse-un-nombre”, la transformación del nombre recibido de los padres, las circunstancias, sus identificaciones, el duelo, nos muestran a la estructura trabajando y, a través de su registro en la firma, podemos seguir la historia significante de ese movimiento de afirmación del sujeto.

Hoy vamos a reflexionar junto a un hombre sumamente querido que ha quedado como símbolo del desamparo, la incomprensión, las penurias y la “locura” que viven muchos creadores. Hablo de Vincent Van Gogh quien, por la desoladora historia que padece, agravada por la falta de amor y problemas graves de organicidad, impiden la eficacia de las funciones que constituyen el sinthome: su bellísima producción no puede sostener una función estabilizadora.

UNA CRUEL ADVERSIDAD

Vincent Wilhelm Van Gogh nació el 30 de marzo de 1852 en Groot-Zundert, Holanda. Fue inscripto bajo el número 29 en el registro de la parroquia de Zundert. Murió poco después de nacer.


Vincent Wilhelm Van Gogh nació el 30 de marzo de 1853 en Groot-Zundert, Holanda. Fue inscripto por error, bajo el número 29 en el registro de la parroquia de Zundert.


Ambos hermanos, el primogénito muerto y el que recibió su nombre y ocupó el lugar de hijo mayor, eran hijos de la pareja formada por Theodore Van Gogh y Anna Cornelia Carbentus.


Vincent fue concebido en pleno duelo de los padres. El momento de la concepción es otro dato que tomo en cuenta luego del estudio de pacientes con enfermedades psicosomáticas y melancolía materna.

Theodore, el padre, era la tercera generación de pastores protestantes en la familia. Su esposa era también hija de un pastor. Tuvieron seis hijos: Vincent, Anna, Théo, Cornelius, Elisabeth y Wilhelmina. De ellos dos murieron locos, dos se suicidaron y Cornelius murió en la Guerra de los Boers de la que fue voluntario. Murieron alrededor de los treinta años. Por línea materna ¿se transmitió epilepsia? o la epilepsia era una enfermedad común que casi desapareció con el progreso de la obstetricia?[1]

Vincent padecía fenómenos epileptoides con somnolencia y obnubilación.

A la madre le gustaba dibujar y Vincent y su hermana Wilhelmina aprendieron a hacerlo de chicos. Su madre no creía en las posibilidades de Vincent como pintor. El tampoco. De niño era descripto como solitario, insociable, hosco, apasionado por la naturaleza, amante de la botánica e indisciplinado. Los escasos recursos económicos de la familia lo obligaron a dejar los estudios a los 15 años y a trabajar en la Galería Goupil de La Haya, recomendado por su tío paterno, marchand llamado Vincent Van Gogh, al que decían Cent. Su hermano Théo, cuatro años menor, también trabajará en esa firma en diferentes sucursales de Londres, París y Amsterdam. Cent cumple una vital función de inserción en el arte de los dos hermanos.

LA MIRADA Y EL CUERPO

La función de la madre en tiempos constitutivos parece evidenciar un grave déficit que afecta a Vincent como carencia de investidura narcisista fálica. Vincent padece durante su vida una pésima relación con su cuerpo llegando a un verdadero deterioro por falta de cuidados. Recordemos que el cuerpo es el lugar preferencial del goce del Otro. Sufre trastornos graves de alimentación: su “dieta” –rayana en una cruel desnutrición- consistía muchas veces en comer pan duro durante días, beber ajenjo, que es altamente tóxico y produce trastornos neurológicos. Era empedernido fumador. En una oportunidad perdió doce piezas dentarias. Contrajo sífilis. Su carácter se va tornando cada vez más irascible, intransigente, demandando atención constante, especialmente de Théo. Diagnosticado como epiléptico fue tratado con digital, que produce alteraciones especialmente visuales. Se presenta hirsuto, harapiento, sucio. A través de sus 43 autorretratos “en espejo” él va siguiendo su deterioro. Es descripto así por un vecino: “Parece un alma en pena”. Dice Vincent: “He descuidado mi aseo, lo admito y admito que esto sea desagradable. Llevo viviendo cinco años desarraigado, errante.” Notemos la lucidez de sus observaciones, lucidez que tiene hasta el último de sus días.

De su madre dice: “Esa vieja mujer ‘limitada’, nuestra madre.” Ella estaba imaginariamente presente en su primer episodio delirante después del fuerte brote de julio de 1888 y de su internación en el Hospital de Arlés. Escuchemos a Vincent: “Durante la enfermedad he vuelto a ver cada cuarto de la casa de Zundert, cada sendero, cada planta del jardín [...], eso que, de aquellos días allá, yo todavía tengo los recuerdos, los más primitivos de todos; en ese recuerdo no hay más que la madre y yo.”

“NOMBRE DEL PADRE”, “PADRE DEL NOMBRE”


La relación de Vincent con el padre es altamente conflictiva, pero más allá de esto que puede tener carácter anecdótico, voy a referirme a la deuda del padre, es decir a la carencia o fallas de su función, ya que le adeuda un nombre, un lugar de hijo y falla al proponer que cumpla la misión de sustituir al hermano muerto. Vincent busca una misión en la vida diferente a la que el padre le dio. El padre se coloca en posición de deuda, de demérito, tal vez de fraude. Carencia en la función significante Nombre del Padre, pero también en la de Padre del Nombre. La madre menoscaba y quizás impide el cumplimiento de las funciones paternas haciendo que pierdan su eficacia. Theodoro, ante los trastornos de Vincent, amenaza reiteradamente e intenta enviarlo a un asilo de locos. Esta amenaza-mandato es del orden de una maldición que su hijo parece asumir.


¿Cómo vive Vincent su relación con el padre?


A los 15 años manifiesta gran admiración por él. Es cuando intenta, por identificación, ser como el padre y estudia para pastor en la Universidad de Teología de Amsterdam. Al fracasar, es aceptado como aprendiz de ministro, para luego nuevamente ser rechazado por la exaltación loca y la extrema conducta sacrificial que despliega con los desamparados de la zona minera del Borinage, desestima sus necesidades en homenaje al otro, “se” borra. Actúa en el terreno del padre ¿para mostrarle cómo se es compasivo siendo un pastor?

Ya adulto dice: “Ser un Van Gogh es ser frío, implacable, despiadado.” En 1885 muere súbitamente el padre. Vincent pinta tiempo después un cuadro con la oposición de ideas y de posiciones en la vida que lo enfrentaba a él. En esa tela podemos ver una Biblia (la usada por su padre) y un volumen de Joie de vivre, de Zola, escritor odiado por el pastor y autor del cual Vincent dice: “mi admiración por él no tiene límites.”


Sin embargo, no visitó más a su familia.

“HACERSE UN NOMBRE”


Vincent nunca pudo tener su propio lugar en la familia sin ser tomado por un loco como forma de estar “desubicado”. Sufre una interminable historia de destierros simbólicos que comienzan con su nombre y su lugar y que lo llevan a buscar con desesperación una “misión” diferente a la que tiene por destino, hasta que se produce el encuentro con la pintura. Repite en lo real el desarraigo incluso bajo el modo geográfico de cambio de lugar. Sus mudanzas coinciden con un cambio de estilo en su pintura. El lo dice así: “...estoy fuera de lugar porque durante años he estado desplazado...”


Al regresar del Borinage decide su destino como pintor profesional. Durante 1880 - tiene 27 años - comienza el movimiento de cambio de nombre, aún sin lograrlo. Un profesor de la academia le pregunta indignado por considerar muy cuestionable su trabajo: “Quién es usted?” Contesta: “Soy Vincent el holandés.” Remite a su patria como patronímico, fórmula que lo reinstala como sujeto y como aquel que puede nombrarse en un discurso.



En 1882, a los 29 años, firma Vincent sus cuadros pero no lo asume en forma oficial. Ha suprimido Wilhelm (que seguramente lo reenvía a su hermano muerto) y el apellido paterno. Vincent en cambio, parecía tratarse de una tradición familiar ya que sus dos abuelos y el tío Cent, llevaban ese nombre. Por ello firmar Vincent Van Gogh corresponde al menos a tres hombres de la familia.


Entre marzo y abril de 1888 en una carta a Théo, dice: ”Será preciso insertar mi nombre en el catálogo tal como lo firmo sobre las telas, es decir Vincent y no Van Gogh, por la poderosa razón de que éste último nombre no se sabría pronunciar aquí.”[2] Las “razones” de Vincent al suprimir su apellido quizá estén relacionadas con la hostilidad hacia el padre y la denuncia de esa posición tan caótica y siniestra de llamar a su hijo con el nombre de un hermano muerto.


Siempre en el tiempo lógico del “hacerse un nombre”, dice: “Yo había comenzado a firmar las telas, pero pronto me he detenido, me parecía demasiado tonto. En una marina hay una exorbitante firma roja, porque quería una nota roja en el verde.” [3] La firma, como marca y rasgo que lo diferencia e identifica pierde sentido de identidad y autoría para él y adquiere sólo valor pictórico. Sin embargo, después de la detención que parece una vacilación, un cuestionamiento en acto, continúa firmando Vincent sus cuadros.

Sus primeros estudios carecen de firma. El pasaje es de: sin nombre de autor a Vincent. De allí en adelante sólo encontramos variaciones en la forma de la primer letra o letras de su nombre y en la pincelada y lugar en el lienzo que utiliza para firmar.


RECONOCIMIENTO


Paul Gauguin decía: “Lo que quiero con mi pintura es registrarme a mí mismo”.

En el creador es vital la función de ese “registro”. Nuevamente dice Gauguin: “Es necesario que toda la obra respire el mismo estilo, la misma voluntad”. El estilo de Van Gogh es musical, pero de su músico preferido: Wagner. Cada pincelada tiene ritmo, movimiento apasionado, dramatismo expresivo; cada color es puro, vibrante, viviente. El estilo es el sello, es el rasgo del sujeto, es marca que recibe y porta el objeto de arte, marca inconfundible de un artista. En el estilo está la pasión, el dolor, la “identidad”, el sufrimiento, el furor de Vincent. Pero no hace escuela.

Veremos en Van Gogh las dificultades tan especiales que surgen en relación al reconocimiento cultural. Un marchand es quien reconoce como profesional a un artista. Théo, su “conexión con el mundo”, es quien ocupa ese lugar y esto no resulta pues lo reenvía a la familia.

Pero cuando, más allá de su hermano, comienzan a surgir voces que valoran su pintura y resaltan su estilo; cuando se concreta que diez de sus obras van a ser incluidas en el Salón de los Independientes y se publica en el “Mercure de France” una extensa nota admirativa de su trabajo, a Vincent le producen una pena insoportable hasta hacerlo estallar en llanto. Pide: “...que su obra se guarde para más adelante.” Otra vez algo va mal. El reconocimiento es obtenido demasiado tarde.

LAZO SOCIAL


Se van produciendo en Vincent, desde los 20 años hasta el final de su vida, derrumbes catastróficos narcisistas en el plano del amor, amor siempre apasionado, casi desesperado por una mujer, tan desmesurado que provoca un profundo desencuentro. Sus fuertes demandas causan temor, rechazo en aquellas a quienes ama. Hablo de desbordes de la estructura. Él dice: “No puedo ni quiero vivir sin amor. Sino me helaré, me petrificaré, me trastornaré”. Rescato dos episodios “amorosos” especialmente dramáticos. Los “pasajes al acto” de Vincent comienzan con su deseo de mostrar la fuerza de su amor a los padres de su prima Kee. Puso la mano sobre la llama de una lámpara de petróleo hasta sufrir una horrible quemadura. Tiempo después intentó casarse para “salvar” a una prostituta embarazada con la que convivió un año: Sien. Quizás ésta fue la relación que le dio mayor estabilidad. Después del nacimiento del bebé, al que Vincent quería como a un hijo, ella volvió al alcoholismo y el pintor debió dejarla ir. La historia se repite: se cortan vínculos, se disuelven lazos, la función de sinthome que una mujer es para un hombre no se instala.


Por necesidad imperiosa de hacer lazo social intenta poner en práctica el proyecto de una comunidad de artistas al que llamó: “La casa amarilla”. Paul Gauguin aceptó hacer la experiencia. Vivieron juntos dos meses en Arlés. Se instaló una rivalidad no sólo con la pintura sino con Rachel, de sobrenombre Gaby, única prostituta que Vincent frecuentaba con quien podía dialogar. Los pasajes al acto agresivos también hacia otro, comenzaron en la Navidad de 1888. Con el anuncio del abandono de Paul, Vincent arrojó un vaso a la cabeza de Gaughin. Continuaron una noche en que éste despertó sobresaltado y encontró a Vincent mirándolo dormir al lado de su cama; más tarde, salió de la casa para hacer una caminata por el campo, escuchó ruido, giró y vió a Vincent detrás suyo dispuesto a atacarlo con una navaja de afeitar. Al clavarle la mirada Vincent vuelve sobre sus pasos. Gauguin fue a pasar la noche a un hotel. Al día siguiente se enteró que Vincent, al volver a su habitación, había cortado el lóbulo de su oreja izquierda sangrando profusamente, lo había envuelto en papel, había ido al prostíbulo, pidió por Rachel y se lo entregó diciéndole: “Guarda este objeto cuidadosamente.” Volvió a su cuarto, se acostó y durmió hasta que la policía vino a buscarlo. Luego de su mutilación sufrió varios brotes psicóticos con delirio místico, de envenenamiento y alucinaciones auditivas. Fue internado. Nunca mencionó el tema de su automutilación.


EL PASAJE AL ACTO SUICIDA

“No siempre se sabrá decir qué es lo que acorrala, lo que amuralla, lo que parece sepultar, pero no obstante se sienten, yo no sé, ¡qué barrotes, qué rejas, qué muros!”

Vincent


El 19 de marzo de 1889 Théo se comprometió en matrimonio con Johanna Bonger. Vincent, cinco días después del anuncio, en grave estado de excitación, vacía los tubos de pintura en su boca y la ingiere. Las fechas, los números son significantes. Théo y Johanna se casan en abril de 1889. El 1 de mayo Vincent se autointerna. Se inquieta mucho pues “teme ser una carga económica para Théo.”

Durante su internación recibe la noticia de que la pareja espera un hijo. Pasó un año recluído en St. Paul de Mausole, en realidad el tiempo del embarazo de Johanna. El 1 de febrero de 1890 nace su sobrino a quien llaman Vincent Wilhelm Van Gogh, es el tercer Van Gogh que recibe idéntico nombre, ¿fue concebido los primeros días de mayo, cuando Vincent se autointerna? El anuncio del nacimiento se produce entre dos graves crisis separadas por un breve lapso de tiempo entre sí, crisis que duran hasta abril. En ellas el pintor acepta –sin horror- que está loco.



En junio lo visitan en Auvers sur Oise, Théo, Johanna y su sobrino. Al llegar de regreso a Paris el niño cae gravemente enfermo. Vincent recibe de Théo, cuya sífilis se ha agravado, una carta que lo muestra deprimido, sin esperanzas. Contesta Vincent: “Pero ¿qué voy a hacer yo si tú pierdes el coraje?, nosotros somos solidarios”.

El 27 de julio está cenando, se retira apresuradamente, va al campo de trigo donde había estado pintado. Un campesino lo ve caminar solo, sin rumbo, diciendo en voz alta: “¡es imposible! ¡es imposible!” A la madrugada se dispara un balazo en el pecho. Regresa a su habitación, se acuesta y fuma su pipa. El señor Ravoux, dueño del albergue, lo vio entrar ensangrentado y sube a verlo. Llama a Théo. Los hermanos hablan durante la larga agonía. Vincent muere en brazos de Théo el 29 de julio de 1890.


HERMANOS SOLIDARIOS


Al volver a París después de enterrar a su hermano, Théo sufre un ataque cerebral quedando hemipléjico. Es trasladado a Holanda donde queda internado seis meses. Tiempo más tarde, en pleno acceso de locura, es llevado a la clínica psiquiátrica del Dr. Blanche, donde fallece en estado delirante el 21 de enero de 1891, a los 33 años.


En 1914 Johanna Bonger y su hijo de 24 años trasladan los restos de Théo a Auvers sur Oise para que descansen junto a su hermano Vincent. Es reconocimiento, más allá de la muerte, del deseo “solidario” tan especial que unió a los hermanos.



Vincent Willhelm Van Gogh de Laren, sobrino del pintor, es el heredero y curador de la obra de su tío. Agregó: “de Laren” a su nombre marcando la diferencia.



Dice Moustafha Safouan: “[...] el sujeto realiza su deseo modificando la relación con el nombre que lleva.” [4]





La dirección de correo electrónico de la autora es: anawi1@hotmail.com

[1] Observación de Daniel Paola transmitida en una conversación.

[2] Op.Cit. pág. 191

[3] Van Gogh, Vincent, Cartas a Théo, Barcelona, Barral Editores, 1971, pág.251.

[4] Safouan, Moustapha, Estudios sobre el Edipo, introducción a una teoría del sujeto, Trad. María del Pilar Berdullas, Buenos Aires, Siglo XXI, 1977, p. 11.

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