miércoles, 1 de abril de 2009

Carta XIX: El Sol

Carta XIX: El Sol

Ensayos de Andrea Vitali para la iconografía del Tarot



En las cartas miniatura de los Trionfi de Francesco Sforza (figura 1) el Sol se representa como un joven alado, con el astro resplandeciente en su mano. Se trata del Genio del Sol, tal como aparece en la carta del Iliaco en la "Serie E" te los Tarots de Mantegna (figura 2). El muchacho está prácticamente desnudo y en su cuello lleva un collar de coral como referencia al calor seco del Sol según la teoría de los humores. Idénticos collares se encuentran en el arte medieval y renacentista en los cuellos o muñecas de los niños como talismanes contra la peste. Respecto a su desnudez, Cartari en su "Imagini de gli Dei de gli Antichi" (Imágenes de los Dioses de los Antiguos), citando a Macrobio, escribe que en Siria Febo (el Sol) y Jove se consideraban la misma cosa y se representaban como un solo ser desnudo que mostraba su sexo concebido como alma del mundo (p. 37, ed. 1609). Debiera en efecto considerar que el Sol, por sus cualidades y virtudes, da la vida a todas las cosas.
En los así llamados "Tarots Mantegna", la imagen nos remite al episodio mitológico de la caída de Faetón (figura 3), quien obtuvo permiso de su padre Helios para conducir el Carro del Sol por un día, y al no saber cómo gobernar los fogosos caballos, se salió del camino, incendiando el cielo y la tierra. Zeus castigó al incauto conductor con un rayo que lo arrojó al Eridano, río que aparece en la parte inferior de la carta.
En la carta de los Tarots de Carlos VI (figura 4), como en la de un Antiguo Tarot Italiano, el Sol brilla en lo alto, iluminando a una muchacha que está hilando. Se hace aquí referencia a las Parcas que dirigían el despliegue de la vida humana y cuyo mito fue estrechamente vinculado al sol en cuanto desarrollaban la misma función, dispensando la vida y distribuyéndola a todos los seres hasta su muerte.
En la carta del Tarot de Ercole I d'Este (figura 5) se representa a Diógenes sentado dentro de su barril dialogando con un joven, probablemente Alejandro Magno. La imagen se refiere a la enseñanza bíblica citada en el Eclesiastés (1:12-17) en cuanto a que todo lo ocurre bajo el sol es vanidad, incluso el pensamiento de los sabios (2:12, 7). La misma enseñanza se encuentra en la carta del Sol del Tarot de París de un autor anónimo del s. XVII, en la que una mujer se mira en un espejo que sostiene un mono en su mano (figura 6). Aquí la naturaleza humana se asocia a la animal, al faltar la conciencia de que la belleza es vanidad "puesto que todo va hacia el mismo sitio, todo viene del polvo y al polvo regresa" (Eclesiastés 3, 20).
La carta del Sol en el Tarot Vieville (fig. 7) muestra un hombre a caballo llevando una bandera. El caballo es un animal solar; el carro del sol está tirado por caballos que a él están consagrados. El caballo para el cristianismo deviene símbolo de majestad y es montado por Cristo, por lo cual se lo llama "Fedele e Veritiero" (Fiel y Verdadero). En este sentido Cristo aparece sobre un caballo blanco en un fresco de la Catedral de Auxerre, llevando en la mano un bastón cual cetro real, símbolo de poder sobre todas las nociones. Los colores rojo y negro en la bandera no tienen aspecto simbólico en tanto que son los colores recurrentes que aparecen en las figuras de todo el mazo. En el folio Cary del s. XVI (fig. 8) aparece una variante iconográfica: el folio está mutilado justamente en esta carta, pero alcanza a ilustrar la que fue una iconografía que se estabilizará en el Tarot de Marsella (fig. 9), esto es: la presencia de dos niños bajo el disco solar.
Es hipotético que se trate del Signo de Géminis, tal como se lo representa en muchos ciclos astrológicos. Una representación idéntica de la época medieval se encuentra junto al Museo Calvet de Aviñón. Se trata de un bajo relieve del 1200 proveniente de la región de Nimes, en el que los dos gemelos aparecen bajo el disco del sol acompañados de la leyenda "Sol en Géminis" (fig. 10). Leyendas semejantes aparecen en muchas miniaturas, bajo relieves o frescos del ciclo de los meses, como por ejemplo en el célebre ciclo de los meses de Torre Aquila en el Castillo del Buonconsiglio en Trento. En cada uno de los doce frescos aparece al centro, en lo alto, el disco solar con rayos, a la izquierda la leyenda "SOL EN", y a la derecha el nombre del signo zodiacal en ablativo.
Más aún que una representación astrológica creo que la presencia de los dos niños debajo del astro solar debe ponerse en relación con el concepto del "sol siempre joven" que tenían los antiguos. En efecto, representaban juntos a Apolo y Baco niños, como emblemas del sol y de su juventud. Baco era efectivamente considerado "el mismo que el Sol"; "Questo (il Sole) fecero gli antichi giovine in viso senza barba, onde volendo l'Alciato ne'suoi emblemi porre la giovinezza, dipinse Apollo e Bacco, come a questi due più, che a gli altri, sia tocco di essere giovani sempre, onde Tibullo dice che Bacco e Febo eternamente Giovani sono, e hanno il capo armato ambi di bella chioma risplendente". (A éste -el Sol- lo representaban los antiguos joven de rostro sin barba; puesto que Alciato quería poner la juventud entre sus emblemas, pintó a Apolo y Baco, ya que en estos recaía- más que en otros- el ser siempre jóvenes; de aquí que Tibullo dice que Baco y Febo son eternamente Jóvenes, y la cabeza de ambos está cubierta de hermosos cabellos resplandecientes) (Vincenzo Cartari "Imagini de gli Dei de gli Antichi", p. 38, ed. 1609. La primera edición de la obra fue impresa en 1556). La ilustración (figura 11) del emblema C. "In Iuventam" en la obra de Alciati (pág. 418, ed. 1621) muestra juntos a los dos niños "natus uterque Jovis tener atque imberbis uterque, quem Latona tulit, quem tulit et Semele, salvete, eterna simul et florete iuventa, numine sit vestro qua diuturna mihi" (ambos hijos de Jove, jóvenes e imberbes los dos, uno llevado en el seno de Latona, el otro -también- de Semele , saludos a vos, floreced juntos con eterna juventud, y que esta sea para mí, por vuestra voluntad, lo más larga posible)
He encontrado más veces expresado esta idea de la juventud del sol también en la obra "Antiquae Tabulae Marmoreae Solis Effige" de Hieronimo Aleandro (pp. 17-18, ed. 1616), de la cual cito algunos pasajes: Fig.9 Fig.10 "Sol semper juvenis... quia occidendo (inquit Fulgentius primo Mythol.) et renascendo semper est iunior, sive quod nunquam in sua virtute deficiat... at nihil facilius Mythologi affirmant, quam unum, enodunque, cum Sole esse Apollinem, quem ideo adolescentulum fingi solitum dixerunt, quod Sol (inquit Isidor. VII Orig.) quotidie oriatur et nova luce nascatur" (Sol siempre joven, puesto que ascendiendo -dice Fulgencio en el Primer Libro de la Mitología- y resurgiendo, siempre es joven; o mejor dicho porque nunca disminuye su eficacia... por otra parte los Mitólogos afirman del modo más seguro que Apolo es una y la misma cosa que el Sol, y por este motivo sostienen que usualmente se lo representaba como un jovencito, en efecto el Sol -dice Isidoro en el VIII Libro de los Orígenes- surge cada día y nace con nueva luz). A este respecto escribe Cartari "Cuya juventud (del sol) nos permite entender que su virtud y su Calor, que da vida a las cosas creadas, es siempre el mismo y nunca envejece, aunque se vuelva más débil".
Un mismo modo de indicar la energía siempre idéntica y joven del Sol se encuentra en la representación del dios Mitra. Estrabón, el geógrafo, afirmaba que los persas veneraban a Helios con el nombre de Mitra y la palabra en lengua persa tardía Mirh significaba propiamente Sol. En el Himno del Avesta dedicado a Mitra, caballos blancos tiran el carro del dios que tiene una rueda de oro, símbolo del Carro del Sol. Un relieve esculpido sobre una roca en el templo del rey Sasánida Ardashir II, del siglo IV d.C. representa a Mitra con una aureola de rayos.
En las "Anotaciones a las Imágenes de Cartari", Lorenzo Pignoria cuenta haber visto en Roma en Campidoglio en el año 1606 una estatua de mármol representando a Mitra con las palabras "Deo Sol invict... Mitrhe" y que entre otras cosas " habían dos figuras de piedra, una a cada lado, pero en ruinas" (pág. 293, ed. 1647).
Esas dos figuras eran Caute y Cautopate, los dos niños tedóforos, es decir, portadores de antorchas, tal como se encuentran en las representaciones completas del Dios. Una de éstas, muy famosa, se encuentra en Roma en la caverna mitraica bajo la Iglesia de S. Clemente.
El Pseudo Dionisio Areopagita habla de hecho de Mitra "Triplasios" (Epist. 7, 2), o sea de la triple forma, afirmación de la sustancial identidad del Dios y de los dos tedóforos como representación del Sol naciente, el Sol del mediodía y del Sol poniente. Caute, el niño que se encuentra a la izquierda del Dios, se representa con una antorcha elevada para representar la salida del Sol. Mitra, Sol del mediodía, es figurado en el acto de matar un toro (representación de la victoria del espíritu sobre la esencia terrenal). El niño a la diestra del Dios, Cautopate, tiene la antorcha baja para significar la puesta del astro (fig. 12: Mitra Triplasios, Boloña, Museo Cívico). A veces junto a Caute aparece un gallo, y a tal propósito Cartari cuenta, citando a Pausanias, que en Grecia "reverenciaban al gallo como ave de Apolo porque cantando anuncia por la mañana el regreso del Sol" (pág. 43). Cautopate a veces tiene cerca una lechuza, ave que se muestra después de la puesta del sol. Caute y Cautopate respectivamente se transformaron en la representación de Lucifero, la estrella de la mañana, y Espero, la estrella de la tarde.
En la iconografía cristiana Mitra se representa con frecuencia como símbolo del sacrificio animal (Mitra Tauroctono, esto es: matador del toro). En tal sentido se lo encuentra en un capitel en el claustro del Duomo de Monreale, fechado entre 1172 y 1189.
Este aspecto simbólico del Sol, es decir su energía idéntica y su perpetua juventud representada en los dioses solares en forma de niños era bien conocida en la época renacentista, como podemos comprobar en los tratados tomados en consideración, aparecidos todos hacia la mitad del 1500, y es plausible que esta idea se exprese iconográficamente en la carta del Sol del Tarot. No ha de olvidarse que durante todo el Renacimiento las imágenes de los Dioses "antiguos" suscitaban en el observador el recuerdo de los mitos clásicos a los que se atribuía un gran valor ético y moral, y que los tratados relativos referían para representar alegorías y simbolismo de carácter cristiano.
Como puede advertirse en la carta del Sol del Tarot de Marsella (fig. 9), caen gotas solares del astro sobre una pareja de gemelos que asumirán naturaleza masculina y femenina en los Tarots esotéricos como naturalezas opuestas cuya unión llevará a la realización de la Gran Obra. Hay que destacar la función de iluminación divina que siempre han tenido estas gotas solares, presentes ya en el Folio Cary, y que están ampliamente documentadas en la iconografía hagiográfica. Un ejemplo significativo se encuentra en un grabado del "Liber Chronicarum" de 1493, que ilustra la conversión de S. Pablo Apóstol, ocurrida en el camino de Damasco: el futuro santo, a caballo, es golpeado desde el cielo por gotas celestiales, que tienen la función divina de iluminar el corazón y la mente con la fe en Cristo (fig. 13)

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