miércoles, 1 de abril de 2009

Hermes y los escritos herméticos en el mundo islámico

Hermes y los escritos herméticos en el mundo islámico

Por Seyyed Hossein Nasr
Vida y pensamiento en el Islam, ed. Herder

Uno de los importantes resultados del contacto entre las tradiciones egipcia y griega en Alejandría fue la aparición de una escuela particular de sabiduría conocida como hermetismo, que imprimió una profunda huella en la ciencia y la filosofía del mundo occidental y del Islam. Durante la Edad Media, cristianos, judíos y musulmanes consideraron a Hermes como el fundador de las ciencias. En verdad, los tratados atribuidos a él fueron estudiados por eruditos de casi todas las ramas de la ciencia. En esa época, figuras musulmanas como Jâbir ibn Hayyân (1), los lkhwân al Jildak, al Majrîtî, lbn Sînâ (Avicena) y Sohrawardî, y también importantes pensadores europeos como Ramon Llull, Alberto Magno, Roger Bacon y Roberto Grosseteste, estuvieron profundamente influidos por el hermetismo, los occidentales principalmente a través del contacto con fuentes islámicas. También durante el Renacimiento se vio un renovado interés por la tradición hermética en los escritos de científicos y filósofos tan célebres como Ficino, Agrippa, Paracelso e incluso Bruno (2). Vale la pena añadir que los pensadores del Renacimiento utilizaron el hermetismo para destronar la cosmovisión aristotélica dominante y en ciertos casos aun al mismo cristianismo (3).
Incluso en el siglo diecisiete, a pesar del cambio de perspectiva ocurrido en las ciencias de la naturaleza, el interés en el hermetismo fue mantenido por figuras tan centrales de la ciencia moderna como Newton y Boyle, y persistió en Inglaterra hasta bien entrado el siglo dieciocho. También en Alemania, el gran gnóstico Jacob Böhme adoptó el lenguaje hermético. A través de él, la influencia de esta escuela puede discernirse en la poesía de Goethe, así como en la escuela de la Naturphilosophie (4).

En resumen, el hermetismo, con su filosofía de la naturaleza y su cosmología particulares, ha ejercido una profunda influencia tanto en la civilización occidental como en el Islam. La investigación de los orígenes y doctrinas de esta escuela es, por tanto, un medio de descubrir la naturaleza de uno de los hilos más importantes de la trama de la vida intelectual tanto del Islam como del cristianismo. Tal investigación es particularmente pertinente para la comprensión de una forma especial de ciencia y filosofía que se cultivó en la época medieval y que subsistió al lado de las disciplinas intelectuales aristotélicas más conocidas.

La identidad de Hermes

Antes de tratar de los escritos herméticos es importante extendemos sobre la identidad del propio Hermes, con quien se identifica la sabiduría de esta escuela. Durante la Edad Media se consideraba que Hermes era el mismo que el Thot de los egipcios, el Ukhnûkh de los hebreos, el Hûshang de los antiguos persas y el Idrîs de los musulmanes. Sus seguidores, cualquiera que fuese la tierra en que vivían, lo consideraban un profeta que había traído un mensaje divino a la humanidad y que era el fundador de las ciencias. No obstante, antes de que las tradiciones egipcia y griega se combinaran en Alejandría no existía ninguna escuela conocida con el nombre de hermetismo (5). Las personalidades de Hermes y Thot eran muy distintas. Hermes era una divinidad griega; Thot era una de las divinidades egipcias más antiguas y tenía un importante papel en el panteón egipcio.

En la mitología griega, Hermes es hijo de Zeus y Maia (6). Más tarde fue identificado con el Mercurio de los romanos, cuyo signo especial era el caduceo (7). La primera referencia a Hermes como fundador de la escuela hermética se encuentra en la carta de Manetho a Ptolomeo II, escrita antes del año 250 a.C., en la que se refiere a Hermes como al hijo de Agathodaimon (8). Sin embargo, antes de esa época Hermes era bien conocido como figura mitológica, y su relación e identidad con Mercurio eran ampliamente aceptadas. Se podría decir que la creencia, sostenida por ciertos eruditos musulmanes, de que Idrîs era el Buda se basa en esta relación entre Hermes y Mercurio y en un cierto parecido morfológico entre esas dos figuras espirituales (9).

El dios egipcio Thot o Tahuti fue primero una divinidad solar identificada por su símbolo particular, el ibis. Su templo principal se hallaba en Ounou o Khnoumou (10), en el centro de Egipto. Los griegos lo llamaron Hermópolis. Posteriormente se convirtió en el dios de la sabiduría, la medicina, la escritura y la arquitectura. Aparecía siempre con su pareja femenina, Nehemahut, que es la naturaleza universal y también la sophia. Thot era asimismo la lengua y el corazón del dios Ra, en el sentido de que era esencialmente la lengua y la Palabra Divina y el poseedor de la santa invocación que hacía posible la unión con lo divino. Thot era igualmente el dios de la medida y el cálculo del movimiento de los planetas, y aparece en la historia de Osiris como un mago.

En el proceso de unificación del Thot egipcio con el Hermes griego y de la aparición de Hermes como fundador de la escuela de] hermetismo, Thot perdió el aspecto puramente celestial de su ser. Se combinó con la divinidad griega principalmente como fuerza cósmica. El hermetismo también se ocupa más de cosmología y de las ciencias de la naturaleza que de pura metafísica. Por esa razón, el símbolo del Hermes alejandrino es también el caduceo, que representa la alquimia humana y las fuerzas psíquicas que existen entre la esfera física y la inteligible (11). El propio Hermes era el vínculo entre el mundo corporal y el espiritual y el intérprete de las realidades de] plano superior de la existencia para los hombres que viven en el mundo de la generación y la corrupción (12).

A partir del año 250 a.C., en el que el nombre de Hermes apareció por vez primera como fundador de una escuela, vieron la luz muchos tratados y libros a su nombre. Pronto fue conocido como el maestro de Asclepios y de Isis y Osiris. La escuela hermética se extendió rápidamente y hacia el siglo Primero d.C. era una de las escuelas científicas y filosófica más importantes de Alejandría. En el nombre del Gran Hermes (13) se compusieron importantes obras que contenían las enseñanza de esta escuela. Durante siglos tales obras compitieron con los textos cristianos e incluso alcanzaron autoridad religiosa.

Escritos atribuidos a Hermes

Los escritos sobrevivientes atribuidos a Hermes son:

El Corpus Hermeticum, que consta del Poimandres y catorce sermones del Asclepios

El Sermón Perfecto o Asclepios, cuyo texto griego original se ha perdido, pero del que sobrevive una traducción latina.

Veintisiete resúmenes de Stobeo, filósofo que vivió a finales del siglo quinto y principios del sexto d.C.

Veinticinco fragmentos que se encuentran en obras cristianas y no se hallan en otras.

Fragmentos que se encuentran en los escritos de Zósimo, Fulgencio, Jámblico y el emperador Juliano (14).

Hay, además, muchos tratados sobre astrología, alquimia, medicina y matemáticas atribuidos a Hermes, cuyos títulos están indicados en la Bibliotheca Graeca (15). Berthelot enumera las obras alquímicas atribuidas a Hermes (16). Steinsclineider enumera también dieciséis obras encabezadas con el nombre de Hermes traducidas al árabe (17).

Después de la Edad Media, la primera colección y publicación completa de los escritos herméticos fue realizada por el famoso filósofo italiano Marsilio Ficino. Él fue quien publicó la colección en latín en 1471. Esta obra atrajo tanta atención que fue reimpresa veintidós veces durante el Renacimiento y traducida al italiano en 1549. El texto griego original fue publicado por primera vez en 1554, para ser seguido tres años más tarde por una traducción francesa. En 1650 los escritos herméticos fueron traducidos del arábigo al inglés, y en 1702 apareció una edición alemana. En los tiempos modernos, la colección ha sido editada y publicada tres veces, primero por Mead en. inglés, como ya se ha indicado, luego por Scott, también en inglés (18), y por último por Nock y Festugiére en francés (19). Esta última edición es la más completa y exacta, y se basa en una minuciosa investigación sobre el texto griego. Cada una de estas ediciones contiene los escritos herméticos básicos.

Hermes en el mundo islámico

Con la difusión de las ideas grecoalejandrinas y del saber de las gentes de Harrán entre los musulmanes, el nombre de Hermes se hizo aún más famoso. Los eruditos musulmanes creían que era Ukhnûkh o Enoc (20), que fue identificado con el profeta Idrîs, de quien el Corán da referencia (21). En el tercer siglo del Islam, los sabeos de Harrán (22), con el fin de obtener un estado legal aceptado dentro de la sociedad musulmana como «pueblo del libro», afirmaron que Hermes era su profeta, y los escritos a él atribuidos su escritura sagrada. Es muy probable que contribuyeran a crear la creencia musulmana en los tres Hermes (23).

En los anales islámicos se conocían tres Hermes, cada uno de los cuales poseía distintas características que podrían resumirse del modo siguiente:

El primer Hermes, o Hirmis alharâmisah, a quien algunos consideraban descendiente de Gayomarth e identificaban a Ukhnûkh e Idrîs (24). Se consideraba que era el primer hombre que obtuvo un conocimiento de los cielos y que instruyó a la gente sobre medicina. Se creía que era el inventor del alfabeto y la escritura, y que enseñó a vestir ropas a la humanidad. También fue él quien construyó casas donde dar culto a Al-lâh y previó el diluvio de Noé.

El segundo Hermes, o Hermes babilónico, que vivió en Babilonia después del diluvio y fue un maestro en medicina, filosofía y la ciencia de las propiedades de los números, así como el revivificador de la ciencia y la filosofía después del diluvio. Él fue quien reconstruyó Babilonia después de Nemrod y difundió allí la ciencia. Fue también el maestro de Pitágoras.

El tercer Hermes, o Hermes egipcio. Nació en Manaf, cerca de Fustât (que había sido el centro de la ciencia antes de Alejandría) y fue discípulo de Agathodaimon. Construyó numerosas ciudades, entre ellas Edesa, e hizo muchos viajes durante los cuales estableció tradiciones para las gentes de cada clima de acuerdo con sus condiciones particulares. Escribió un libro sobre los animales y fue un maestro en las ciencias de la medicina, la filosofía, la alquimia y las propiedades de los venenos. El tercer Hermes instituyó festividades en los momentos de la primera aparición de la luna creciente, de la entrada del sol en cada uno de los signos del zodíaco y de conjunciones astrológicas favorables. Dejó algunos proverbios sobre la importancia de la ciencia, la filosofía y la justicia y fue el maestro de Asclepios (25).

Los filósofos musulmanes consideraban que Hermes o Idrîs era el origen de la sabiduría o sophia y el primero de los filósofos y sabios (hukamâ’) (de dónde el título de Abu’I Hukama o «Padre de los filósofos»). Por otra parte, Shakyh al ishrâq Shihâb ad

Dîn Sohrawardî, así como su discípulo Muhammad Shahrazûrî, lo consideraban como uno de los «teósofos» (muta'allihûn) (26). Shahrazûrî es de hecho uno de los primeros en llamar a Hermes «Padre de los filósofos» (27). Para Sohrawardî, en su Mutârahât, Hermes es el origen de una sabiduría o sophia que pasó, por una parte, a través de Asclepios, Pitágoras y Platón, a los griegos y, por otra, a través de Gayomarth, Farîdûn y Kay Khusraw a los persas, y finalmente fue unificada durante el período islámico en (28) en las enseñanzas de la escuela iluminacionista.

Asimismo, Sadr ad Dîn Shîrâzî, el mayor de los sabios musulmanes posteriores, escribe: «Sabe que la sabiduría (hikmah) empezó originalmente con Adán y su progenie Set y Hermes, esto es, Idris, y Noé, porque el mundo nunca está privado de una persona en quien descansa la ciencia de la Unidad y la escatología. Y el gran Hermes es el que la propagó (la hikmah) por todas las regiones del mundo y por diferentes países, y la manifestó y la hizo emanar sobre los “verdaderos adoradores”. Él es el “Padre de los filósofos (Abu’I Hukama) y el maestro de los que son maestros de las ciencias”» (29).

Las referencias a Hermes en las fuentes islámicas son numerosas y no se pueden citar todas en este estudio. Por lo que ya se ha mencionado se ve claro, sin embargo, que para los musulmanes Hermes es el fundador de la filosofía y las ciencias, especialmente la astronomía y la astrología, la alquimia y la medicina, y muchos inventos importantes le están atribuidos. Asimismo, por la determinacin de su edad en 365 años se puede ver que es esencialmente un héroe solar, lo cual confirman muchos relatos y mitos relacionados con su nombre. Es de particular interés observar que, según las fuentes tradicionales, Hermes no murió sino que fue llevado al cielo en vida y ahora subsiste vivo en el mundo celestial, como Cristo, cuya naturaleza solar es evidente por todos los aspectos de su manifestación en este mundo.

Notas:

(1). Aunque algunos orientalistas tienen dudas sobre la existencia de Jabir, no hay razón alguna para negar que esta figura existió, aun cuando algunos escritos del corpus jábiriano fueron obra de autores ismâ’ilíes posteriores. F. Sezgin ha ofrecido nuevas y amplias pruebas sobre Jábir. Véase su Geschichte des arabischen Schrifttums, tomo IV, Leiden 1971, p. 132269.

(2). Se ha demostrado que Bruno, a quien se ha considerado durante largo tiempo como una especie de «librepensador», estuvo profundamente influido por ciertas doctrinas herméticas. Véase F. Yates, Giordano Bruno and the Hermetic Tradition, Chicago 1964 (edición española: Giordano Bruno y la tradición hermética, ed. Ariel).

(3). Véase Mircea Eliade, The Question of the «Origins of Religion», «History of Religions», vol. 4, nº 1, verano 1964, P. 154-169. Durante la Edad Media, las doctrinas del hermetismo, al ser esotéricas, raramente se divulgaron. No obstante, se manifestaron exteriormente en la arquitectura, la planificación de las ciudades y la literatura. En el Renacimiento hubo una cierta profanación de estos «Pequeños Misterios» que facilitó una mayor propagación exterior de su conocimiento. La relación de los rosacruces y la masonería con el hermetismo es bien conocida. Véase O. Wirth, Le Symbolisme hermétique dans ses rapports avec l'alquimie et la Francmasonnerie, París 1910.

(4). Esta escuela, que surgió en Alemania como reacción contra el universo mecanicista de la física clásica, muestra claras huellas de la filosofía hermética de la naturaleza. Entre sus muchos seguidores se contaban varios científicos famosos, entre ellos Ostwald.

(5). «Il faut noter tout d'abord que ce mot “hermétisme” indique qu'il s'agit d'une tradition d'origine égyptierine, revêtue par la suite d'unc forme heliénisée, sans doute á l'époque alexandrine, et transmise sous cette forme, au moyen áge, á la fois au monde Islamique et au monde clirétien, et aujoutons nous, au second en grande partie par I'intermédiaire du premier», R. Guénon, Aperçus sur l’initiation, París 1953, p. 259.

(6). Respecto a la personalidad mitológica de Hermes, véase el articulo sobre Hermes en Hastings' Encyclopaedia of Religion and Ethics; Hermes Trismegistos, por W. Kroll en Paulys Real Encyclopëdie; y R. Guénon, «Le Voile d'lsis», 1932, p. 193-202, traducción inglesa en Studies in Comparative Religion, primavera de 1967, p. 79-83. [También en The Sword of Gnosis, Penguin Books, Baltimore 1974 (N.d.T.).]

(7). Las más antiguas estatuas de Hermes muestran este signo especial de la divinidad.

(8). Véase la introducción de G.R. S. Mead a Thrice Greatest Hermes, vol, 1, Londres 1949, p. 105.

(9). Idrîs y Buda han sido considerados como la misma figura debido a ciertas semejanzas notables. En la India, Mercurio era llamado Buda, que significa sabiduría, y el nombre de Buda o Shakya Muni deriva de la misma raíz; también, según fuentes budistas, fue iluminado por la luz de Mercurio. Hay, además, una semejanza entre el nombre de la madre de Idrîs y el de la de Buda, entre Maia y Maya Devi nombre de la madre de Buda. Buda también corresponde al Odín de los escandinavos, a quien los romanos consideraron igual a Mercurio. En inglés el día de Mercurio (Mercredi en francés) se llama, así, Wednesday (día de Wotan u Odín), al derivar de la tradición germánica. Una figura similar se encuentra en el Quetzalcoatl de los aztecas, cuyo símbolo, consistente en alas y serpientes, se asemeja al de Hermes. En suma, se pueden encontrar en varias tradiciones figuras que se parecen a Hermes y que tienen profundas semejanzas. Esto no quiere decir que sean idénticas. Por ejemplo, existen diferencias esenciales entre Buda y Hermes, entre ellas el hecho de que el primero murió, mientras que el segundo fue llevado al cielo en vida. Véase R. Guénon, Hermes. «A Idrîs, que es mencionado en la Tora con el nombre de Henokh, lo llaman Hermes, mientras que para otros Hermes es idéntico a Budhasaf», Bîrûnî, Chronology of Ancient Nations, traducido por C.E. Sachau, Londres 1879, p. 188.

(10). Sobre Thot y su importancia entre los egipcios, véase G Nagel, Le Dieu Thoth d'apres les textes égyptiens, «Eranos Jahrbuch», 1942, p. 104-109; A. Rusch, Thoth, en Paulys Real Encyclopádie; E. A. Wallis, Gods of the Egyptians, Londres 1904; y Mead, Thrice Grearest Hermes.

(11). Las ciencias herméticas tienen, por tanto, una estrecha semejanza con el Hatha Yoga de los hindúes. Véase Guénon, Hermes, p. 193 ss.

(12). Muchas lenguas europeas todavía conservan este significado en la palabra hermenéutica, que significa precisamente la interpretación del sentido interior de un texto.

(13). Este título fue dado primero por los musulmanes y más tarde fue adoptado por los autores hebreos y latinos después de que se realizaran traducciones del arábico.

(14). Véase la introducción de Mead a Thrice Grealest Hermes.

(15). J.A. Fabricius, Bibliotheca Graeca, Leipzig 1791, vol. I, lib. I, cap. VII

(16). M.P.E. Berthelot, Collection des anciens alchimistes grecs, París 1888, La Chimie au moyen-âge, París 1893.

(17). M. Steinschneider, Die arabischen Übersetz Ungen aus dem Griechischen, Leipzig 1897, sección segunda: Mathematik, p. 187-194.

(18). W. Scott, Hermetica, 4 vols., Oxford 1924-36.

(19). A.J. Festugiére y A.D. Nock, La Révélation d’Hermès Trismégiste, 4 vols., París 1949-54.

(20). Nóldeke hace derivar este nombre de Andreas (Zeitschrift für Assyriologie, XVII, 84), pero esto parece muy poco probable y ha sido rechazado por la mayoría de las autoridades posteriores.

(21). «Y menciona en la Escritura a Idrîs. Él era un santo, un Profeta» (Corán, XIX: 56). «Y (menciona) a Ismael, e Idrîs, y Dhu'I Kifl. Todos ellos eran de los firmes» (Corán, XII: 85).

(22). No hay que confundir a los sabeos de Harrán con los verdaderos sabeos. Estos últimos eran probablemente discípulos de Juan Bautista y emigraron desde las inmediaciones del río Jordán a Mesopotamia, donde todavía se encuentran algunos. Los harranianos tenían una concepción religiosa y compuesta por elementos griegos, caldeos, gnósticos y otros, muy diferente de la de los verdaderos sabeos o mandeos. Véase S.H. Taqizadeh, Sâbi’în, «Yaghmâ», año 12, 1338, p. 97

105; E. Drower, The Mandaeans of Iran and Iraq, Oxford 1937; D. Chwolsohn, Die Ssabier und der Ssabismus, San Petersburgo 1856; J. Pedersen, The Sabians, en Volume of Oriental Studies presented to E.G. Browne, Cambridge 1922, p. 383-391.

(23). Sobre la estrecha relación entre los sabeos de Harrán y los escritos herméticos, en cuya difusión aquéllos desempeñaron un importante papel, véase la ya citada obra clásica de Chwolsohn; también L. Massignon, Inventaire de la littérature hermétique arabe, en La Révélation d’Hermès Trismégiste, vol. I, apéndice III; A.E. Affifi, The Influence of Hermetic Literature on Moslem Thought, «Bull. London School of Oriental and African Studies», 1951, vol. XIII, parte 4, p. 840-855; E. Blochet, Etudes sur le gnosticisme musulman, «Rivista degli studi orientali», 4, 1911-12, p. 47-49 y 267-300.

Como ha dicho Massignon en su artículo citado, los sabeos de Harrán eran hermetistas en el sentido de que consideraban a Hermes como uno de sus profetas, y de hecho como el fundador de sus ritos, y trataron de difundir su filosofía esotérica. Thábit ibn Qurrah, uno de los científicos más famosos de Harrán tradujo el Kitâb al nawâmîs de Hermes del siríaco al árabe. Un manuscrito de Sinán ibn Thábit que se halla en el Museo Británico (add. 7475) contiene una traducción del Corpus hermeticum al arábico. Ahmad ibn Tayyib al

Sarakhsî, el famoso discípulo de al Kindi, consideraba a Hermes como el fundador de la religión sabea y escribió que su maestro, al Kindi, se llenó de alegría cuando leyó el «Sermón de Hermes» a su hijo. Shams alDîn al-Dimashqí, en su Nukhbat al dahr, considera que sâbi’în deriva de Sâbî, que, según él, era el nombre del hijo de Hermes. Véase Chwolsohn, op. cit., vol. 11, p. 409410.

(24). «Es aquel a quien los harránianos mencionan como profeta y los persas como alguien cuyo antepasado era Gayomarth, que es Adán. Los hebreos dicen que vivió antes del diluvio y era Ukhnûkh, que en árabe es Idrîs», Ibn Abî Usaybi'ah, 'Uyûn al-anbâ’, El Cairo 1299. p. 10. Bîrûnî indica indirectamente que Hermes vivió alrededor del año 3300 a.C. Véase la Chronology of Ancient Nations, p. 342.

(25). Sobre los tres Hermes entre los musulmanes, véase 'Uyûn al-anbâ’, p. 16-17; D. Durrî, Kanz alhikmah, traducción pérsica de Nuzhar al-arwah wa rawdat al afrúh de Shahrazûrî, Teherán 1316, p. 61ss; lbn al Nadím, Fihrist, Leipzig 1871-72, p. 267 y p. 312-313; Ta'rîkh al ya'ûbî, Beirut 1379, vol. I, p. 11; al Mas’ûdî, Murj al dhahab, El Cairo 1301, p. 48 1 lbn al Athîr, Ta'rîkh al kâmil, El Cairo 1301, p. 22

23; Tha’lb, Qisas alanbiyâ’, Leiden 1922, p. 81; Shahristânî, alMilal wa'l nihal, El Cairo 1367, vol II, p. 202-206; Diyârbakrî, Ta’rîkh alkhamis, El Cairo 1283, p. 66; Ibn alQiftî, Ta'rîkh alhukamâ’, El Cairo 1326, p. 36; Kit b al bad' wa'l ta'rîkh, atribuido a Abû Zayd al Balkhî, París 1906, vol. III, p. 115 ss; Majlisî, Bihar al anwâr, Teherán 1315, vol. XIX, 2ª parte, p. 317-323; lbn Juljul, Tabaqât al atibbâ’, El Cairo 1955, p. 5

En estas y muchas otras fuentes se dan explicaciones sobre los tres Hermes que a menudo son redundantes la mayoría de ellas insisten en su papel en la propagación de las ciencias y en la enseñanza de muchas artes sedentarias.

(26). Véase Sohrawardî, Opera Metaphysica el mystica, dir. por H. Corbin, vol. II, Teherán 1977, p. 5 ss.

(27). Ibid., p. 10.

(28). Véase Opera Metaphysica el mystica, vol. I, Teherán 1976, p. 502-3 y p. XLII de la introducción de Corbin; también S.H. Nasr, Three, Muslim Sages, p. 62; y S.H. Nasr, Suhrawardi, en A History of Muslim Philosophy, dir. por M. M. Sharif, vol. I, Wiesbaden 1963, p. 376.

(29). Risâlah fi’lI hudûth, en Rasâ’il de Sadr al-Dîn Shîrâzî, Teherán 1302, p. 67.
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