miércoles, 1 de abril de 2009

Saturno & el arte de ver

Saturno & el arte de ver

del libro de Charles Poncé: "Alchemy"
Traducción de Enrique Eskenazi


El concepto de plomo alquímico como la sustancia sobre la que se trabaja en el intento de crear oro, es una idea familiar aún hasta para el más desinteresado. De hecho, se usa con frecuencia para definir los intereses primarios de la alquimia por aquellos que consideran que este arte no fue sino una aberración de la química antigua. Un examen superficial de la literatura alquímica revela a muchos alquimistas inteligentes y sinceros - la gran mayoría de los cuales eran médicos- expresando esta creencia de maneras que resultan actualmente obscuras para nosotros- El plomo sobe el cual escribían no era el plomo común, no más que lo era el oro que alababan repetidamente.


Su continuada referencia a Saturno como sinónimo de esta sustancia nos advierte del hecho de que hablaban de un tipo particular de experiencia más que de una sustancia específica, y que los lineamientos de esta experiencia puede hallarse en los mitos de Saturno. Este artículo por lo tanto se referirá a la figura mitológica de Saturno, con la convicción de que la imagen de este Dios expresa como mínimo modalidades de experiencias del alma comunes a todos nosotros.


Así como el término "espiritual" limita nuestra apreciación de procesos comunes a nuestra experiencia cotidiana, también el término "psicológico" limita nuestra apreciación de los procesos cuyos misterios se han reducido a lugares comúnes. Los dos términos son como polos opuestos y han llegado a simbolizar puntos de vista entre sí. Por ello prefiero emplear el término "arquetipal" con la firme creencia de que no sólo define las actividades y condiciones a las que se refieren los términos ‘psicológico’ y ‘espiritual’, sino que también define una experiencia en la cual los significados de los términos pueden pensarse como indiscernibles el uno del otro. En eras anteriores no hubiera sido necesaria una introducción preliminar a una discusión de un Dios; ni la definición de los términos hubiera sido un prerequisito para tales discusiones. Pero vivimos en un momento de la historia en que ciertos fenómenos pueden describirse desde un punto de vista psicológico tan fácilmente como desde uno espiritual o religioso. Esta convergencia no implica, como se suele ser usualmente el caso, que una explicación aniquile a la otra. De hecho, apunta al nivel en el que las dos perspectivas son complementarias. Si estas disciplinas describen simplemente dos lados de la misma moneda, entonces la moneda misma define una realidad precisa en la que los hechos psicológicos y los espirituales ocurren simultáneamente.


Además, mientras las actividades psicológicas y espirituales siempre se describen como ocurriendo "en" un espacio claramente definido -el alma humana por un lado, el cielo o lo suprapersonal por el otro- los arquetipos, como Jung destacó, "no se encuentran exclusivamente en la esfera psíquica" (1) sino que se manifiestan por todo el mundo. Para seguir la guía de Henri Corbin, el arquetipo (y el mundo arquetipal) "más que estar situados..., sitúan, son situantes" (2). Estar situado por Saturno, por lo tanto, es estar contenido en y operando a través de ciertos modos saturninos de ser. Pero ya no hablamos en una lengua mitológica de experiencia, y mientras es cierto que "la mitología es una psicología de la antigüedad.... y la psicología es una mitología de la modernidad" (3), actualmente estamos atrapados en el lenguaje psicológico para describir las experiencias arquetipales. Como dijo Jung, "Sólo un empobrecimiento sin paralelo del simbolismo podría permitirnos redescubrir los dioses como factores psíquicos, esto es, como arquetipos del inconsciente" (4). Podríamos añadir a esto que sólo un empobrecimiento del lenguaje imaginal también podía haber causado la creación del lenguaje psicológico.


Habiendo hecho estas afirmaciones sobre el lenguaje psicológico e implicando que el lenguaje espiritual o místico ya no tiene el peso necesario para atraer al empirista escéptico, queda el problema de hallar un medio en el cual pueda debatirse Saturno. Este medio tendría que ser uno en el cual el impacto del arquetipo en la vida pudiera validarse, si no verse y experimentarse, inmediatamente. Puesto que los arquetipos afectan tanto a las áreas psicológica como espiritual de la vida, y porque ambas áreas han originado el arte de asesorar de una forma u otra, creo que sería mejor habla de Saturno desde el punto de vista del consejero. Pero este tipo de consejero tendría que tener una mezcla peculiar de empirista y metafísico, teniendo a su disposición un sistema cuya misma estructura esté dada arquetipalmente. Además el sistema tendría que tener como base estructural una conexión precisa con imágenes arquetipales, cuando no los mitos mismos, y tendría que derivar su información solamente de esas imágenes o símbolos. Además, no podría ser reciente, y sus orígenes demasiado alejados del reino ideográficamente creado de las personas modernas. En breve, su autoridad tendría que estar dada, derivada de la misma manera en que un arquetipo se expresa. Indudablemente, estas cualificaciones podrían cumplirlas ciertas escuelas de pensamiento psicológico, y casi todo el asesoramiento religioso. Pero ninguna de estas formas de asesoramiento se basan para ver únicamente en los arquetipos. Ambas exigen que se cuente una historia humana, buscando luego encajar esa historia dentro del molde de la imagen en la que creen que encaja la historia. Y demás ninguna de ellas puede pretender ver una vida entera como una estructura aquetipal que está efectuada momento a momento por arquetipos que pueden nombrarse específicamente. Finalmente ninguna puede pretender una conexión larga e íntima con el arte por el cual las realidades imaginadas pudieran revelarse y trabajarse: el arte de la alquimia.
La forma de asesoramiento que parece adecuarse a todos los requerimientos de arriba es la astrología. No puedo discutir aquí las razones por las que la astrología de hecho funciona (5), pero he de pedir a mi lector que acepte que, al menos como herramienta de asesoramiento, puede ser tan efectiva como cualquier otra. Por lo tanto hablaré de ella como un arte que aún nos ofrece las mayores posibilidades para hablar un lenguaje arquetipal que incluya tanto perspectivas psicológicas como espirituales

La descripción más familiar de Cronos nos la da el mito de creación de Hesíodo: la Teogonía. La narración nos informa que primero vino al ser la Gran Madre, Gea, y creó los límites del mundo conocido, junto con los Titanes, Cíclopes y su propio hermano-marido, Uranos. Uranos venía a ella diariamente para unirse sexualmente, impidiendo que los hijos nacidos de estas uniones salieran del cuerpo de Gea. Ella a su vez se cansó de las demandas sexuales junto con la carga de sus hijos aprisionados. Les pidió a sus hijos que la ayudaran en su aprieto, Cronos avanzó armado con una hoz que su madre le había dado y castró a su padre, lanzando los genitales al océano. Luego Cronos asumió el gobierno y engendró al panteón que, a su tiempo, regiría el mundo: Zeus, Hera, Poseidón, Deméter, Hestia y Hades. Advertido de que uno de sus hijos le suplantaría, Cronos se encargó de devorarlos tan pronto nacían. Su mujer, Rhea, cansada de las exigencias de su marido, escondió al pequeño Zeus de su padre. Una vez crecido, Zeus combatió contra Cronos por el trono, y después de vencerlo desterró al antiguo gobernante al Tártaro, una oscura región que se creía que estaba debajo del mismo Hades, tan lejana que un yunque lanzado desde la superficie de la tierra caería durante nueve días antes de alcanzar la prisión final de su padre.


Vale la pena considerar la manera en que fue vencido Cronos. Zeus les pidió a la Titanesa Metis (consejo sabio o previsión) que le ayudara en la administración de un vomitivo a su padre. Después de tragárselo, Cronos vomitó a los hermanos y hermanas de Zeus -los Olímpicos, que a partir de entonces reinarían desde arriba, cuando no desde el mismo cielo.
Lo que debiéramos notar en este particular cuento es la personificación del tipo de cambio de consciencia que ocurre cada vez que una cultura cambia de un calendario meteorológico a uno puramente astronómico. Podría fantasearse que el calendario estacional, en tanto que surgió de las simples observaciones de los primeros ciclos de cambio que ocurren en la Naturaleza inmediatamente sentidos, originó los mitos de la Gran Madre y sus consortes que mueren y renacen. Más que probablemente, los mitos iniciales del calendario habrían surgido de los simples movimientos del Sol y la Luna. Mediante observaciones más detalladas de estos dos cuerpos, comenzó a ocurrir el cambio de un calendario estacional a uno astronómico. Un calendario meteorológico no exige más que la simple observación. El ciclo de las estaciones significa cuándo plantar, cuándo cosechar, cuando almacenar las provisiones. Esto es, la consciencia no necesita esforzarse, no necesita sino atender a lo que está ocurriendo ante sus propios ojos y sobre la tierra. El cambio hacia un calendario basado en acontecimientos astronómicos exigiría no sólo enfocar la atención en fenómenos alejados de la percepción inmediata, sino la creación de un sistema notacional tan complejo como los movimientos que registra. La súbita emergencia de dioses celestes donde una vez reinaban diosas terrestres probablemente refleje tal evento. Este nuevo tipo de atención, este afinamiento de una conciencia que una vez atendía sólo a la inmediatez de los fenómenos, fue la semilla del pensamiento abstracto y filosófico.


Además la tendencia de la psique profunda a personificar fenómenos, esa misma tendencia que originalmente permitía que se viese y experimentase la tierra como femenina, como Gran Madre, continuó en su propensión, identificando ahora al cielo con el Gran Padre y lo masculino. Así, al principio el cambio hacia una nueva modalidad de consciencia no sólo se identificó con lo masculino sino que a su tiempo se volvería un sinónimo de la conciencia. Tales personificaciones aún existen y son la sustancia misma de aquellas teorías psicológicas que personifican los reinos ahora llamados consciencia y lo inconsciente. Por consiguiente nos encontramos a Freud escribiendo que "el motivo fuerza de la represión en cada individuo es una lucha entre los dos caracteres sexuales. El sexo dominante de la persona, aquél que es el más fuertemente desarrollado en ella, ha reprimido la representación mental del sexo subordinado en lo inconsciente. Por lo tanto el núcleo de lo inconsciente (es decir, lo reprimido) es en cada ser humano aquél lado suyo que corresponde al sexo opuesto... para exponer la teoría brevemente: en los hombres, lo que es inconsciente y reprimido puede reducirse a impulsos instintivos femeninos; y conversamente en las mujeres" (6)


Uno se ve obligado a preguntarse qué es exactamente un impulso instintivo femenino, y qué es uno masculino. ¿Está diciendo Freud que lo reprimido en un varón, lo que el ego no puede soportar, "se vuelve" identificado como femenino, y en una mujer como masculino? Esto es, ¿depende la existencia misma de la cosa llamada femenina o masculina de experiencias o materiales que la conciencia ha negado, ha reprimido? ¿El término "femenino" es asignado por un varón a algo que no puede permitir de sí mismo, el término "masculino" a aquello que no puede una mujer? -y lo que cada cual no puede ¿está solamente dictado por la convención social, o es una profunda propensión innata a proyectar en otro ser diferente lo que negativamente experimentan en sí mismos? Nuestros conceptos de lo masculino y lo femenino ¿existen primero a través de la represión y luego de la proyección?


Vayamos a ello desde otra dirección: "lo que sea" que un individuo encuentra intolerable para su estabilidad psíquica ¿es esa la substancia que entonces proyectará en el sexo opuesto? ¿Es el concepto de lo masculino y lo femenino un mito, una proyección, nada más que la muestra de la tendencia de la psique profunda a personificar? ¿Y requieren tales personificaciones imágenes de diferencia extrema, siendo creadas en uno mismo por hostilidad hacia un otro imaginado? Escuchemos al imaginario psicológico del junguiano Erich Neumann:
"La conciencia.... es masculina incluso en las mujeres, así como el inconsciente es femenino en los hombres.... es consistente con la estructura consciente-inconsciente de los opuestos que lo inconsciente deba considerarse como predominantemente femenino y la consciencia como predominantemente masculina. Esta correspondencia es auto evidente, porque lo inconsciente, semejante en su capacidad de dar a luz y de destruir mediante absorción, tiene afinidades femeninas. Lo femenino se concibe mitológicamente bajo el aspecto de este arquetipo; uroboros y Gran Madre son ambos dominantes femeninos. u todas las constelaciones psíquicas sobe las que rigen están bajo el dominio de lo inconsciente. Conversamente, su opuesto, el sistema de ego consciencia, es masculino. Con ello se asocian las cualidades de volición, decisión y actividad, como diferentes del determinismo y las "compulsiones" ciegas del estado preconsciente, sin ego" (7)

Aquí se nos dice que lo femenino es lo que crea y destruye, ciego, sin ego y compulsivo; masculino, aquello que es decisivo, volátil, activo y bajo control. Mientras que en Freud las cualidades de lo femenino y lo masculino se determinan por su represión, aquí en la mitología de Neumann ni hombres ni mujeres querrían tener que ver con lo femenino. ¿No es esta la sustancia de la mitología de Cronos según Hesíodo ? Lo que para Neumann es "auto evidente" es que lo inconsciente es ciego y que la cosa llamada ego no es diferente de su precursor en nuestro mito de Cronos.


Tanto Freud como Neumann revelan personificaciones del primer orden. Jung, intentando clarificar el asunto hacia el final de su vida, corrige su posición original, de la cual tomó guía Neumann, afirmando que al identificar "Sol con consciencia y Luna con lo inconsciente, nos veríamos llevados a la conclusión de que una mujer no puede poseer una consciencia" (8). Continúa diciendo: "El error en nuestra formulación yace en el hecho, en primer lugar, de que hemos igualado la luna con lo inconsciente como tal, mientras que esa igualdad es verdadera principalmente de lo inconsciente en el varón; y en segundo lugar, que hemos descuidado el hecho de que la luna no sólo es oscura sino también una dadora de luz y puede por ello representar la consciencia. Y es de hecho así en el caso de la mujer: su consciencia tiene un carácter lunar más que solar" (9)


Aquí también, aunque llevado por una fantasía más democrática, el carácter personificador de la psique está presente, porque se nos informa a la vez que este carácter lunar "no muestra a los objetos en toda su inclemente precisión y separatividad, como la brillante y dura luz del día, sino que funde en un reflejo engañoso lo cercano y lo lejano, transformando mágicamente cosas pequeñas en grandes, altas en bajas, suavizando todos los colores en una niebla azulina, y fundiendo el paisaje nocturno en una insospechada unidad" (10)
Así, se nos dice aquí que lo femenino, o al menos la consciencia de las mujeres, es una luz mortecina que "engañosamente" mezcla las diferencias de los opuestos en una unidad, de algún modo liberándonos temporalmente de la esencia real de los objetos. Como en el mito de Gea y Urano, Rhea y Cronos, lo femenino es engañoso, traidor. ¿Y lo masculino? Un criticón abrumador. La psicología está tan sujeta a estas cualidades personificadoras de la psique profunda como la antigua mitología. No importa cuán lejos podamos enorgullecernos de haber avanzado en el camino de la conciencia, siempre quedamos con la inquietante posibilidad de que cada percepción, cada visión, a su tiempo mostrará (como lo ha hecho la historia) que está remachada de proyecciones. Esto es lo que quería decir Jung cuando afirmaba que lo inconsciente es inagotable; la base del alma humana, por falta de otra expresión, es "potentia" - un árbol de vida eterna formado nuestra continua necesidad de conocer, de entender, de estar seguros. Y aquí vemos por qué el símbolo contiene toda la información necesaria para descifrarlo, por qué no necesita añadirse nada a la imagen, puesto que la imagen, ya sea que la presente un mitógrafo del siglo V a.C. o uno del siglo XX d.C, lleva consigo todo gancho imaginable para la proyección humana. Es por esos ganchos, mediante tales enganches, que luchamos por liberarnos de las tendencias personificadores del alma -tendencias que últimamente dan forma a lo que llamamos lo inconsciente.


Para regresar a nuestra inicial descripción del mito teogónico, tenemos en la figura de Cronos el sedal, primero del liberador, segundo del devorador, y tercero del vencido. También tenemos en el nombre Cronos la idea de que Dios crea divisiones en el tiempo -delinea comienzo, medio y fin. Así, cada tiempo Cronos (cronométrico) tiene estas tres cualidades. Mientras que Urano no conocía límite sino que continuamente se embarcaba en el tema de la creación sin fin, Cronos trae un límite a la creación eterna. En síntesis, constituye el primer fenómeno peculiar para estar en este mundo. Es el padre de nuestra experiencia "en" estar. Cuando me veo presionado por el tiempo, temo su pérdida, sufro su interminable paso, me pregunto adónde se fue, entonces conozco el pleno significado de Cronos como poder opresivo. Cronos limita y por ello define la experiencia de la vida, así deviene el arquetipo de la historia. Cronos destruye al principio creativo del padre a fin de liberar. Podríamos psicologizar esto y decir que mi liberación de la influencia limitadora del padre en el nivel social y paternal permite lleguen a la luz del día, a la consciencia aquellas cualidades con las que nací.


Murray Stein ya señaló que esta narración de Creación corrige la suposición freudiana de el niño teme la castración por parte del padre(11). Aquí está indicado simplemente que es el padre quien teme la castración por parte del hijo. La castración es una dis-minución, una depauperación que conduce a la caída del padre. Esta re-visión del mito freudiano de Edipo conduce a algunas consecuencias sorprendentes.
Freud nos informa de que es el miedo de la castración del joven lo que conduce a una inicial experiencia de culpa, que a su vez origina el establecimiento el super ego -una estructura creada por la internalización del principio paterno contenido tanto en el padre real como en la sociedad. En cambio, con la imagen del hijo castrador en lugar del padre castrador freudiano, la castración deviene un vehículo para el establecimiento del joven ego Heroico. Aquí, Saturno se vuelve un creador o liberador de una nueva forma de consciencia, una consciencia que pone limites a la fecundidad de la psique primordial que llevamos dentro. Detiene el deseo original de la psique, visible en los niños muy pequeños, de actuar impulsiva y hasta compulsivamente. Cronos/Saturno es el elemento que detiene el juego, enseñando al niño que debe haber un límite al deseo de satisfacer sus placeres en cada momento. Así, Cronos simboliza la cualidad de la consciencia que es capaz de interrumpir, suprimir, reprimir y re dirigir lo espontáneo e instintivo. Y lo hace a fin de hacer frente y mantener la demanda de orden que es peculiar a la experiencia humana. Me refiero a esto como Espiritualización, definiendo el proceso como el efecto limitador del ego sobre aquello que está fuera del ego o es no-ego.


La siguiente imagen que presenta la narración de Cronos es el hijo volviéndose el padre: tan pronto me libero de aquello que me apadrina y me limita, devengo padre y limitador. Entonces devoro a mis propios hijos, mi propia creatividad y potencial, e incluso mi propio futuro. Cronos es aquél que transformaría cualquier experiencia en una experiencia-paterna, impidiendo el cambio de reglas, diciéndonos siempre que el modo correcto ya ha sido trazado en el pasado. Cronos está en contra de la materia, en contra del cuerpo, en contra de la naturaleza. Es el espíritu definidor de una era, del tiempo, del momento.
Psicológicamente, el todo del mito se lee así: Urano, el cielo, mantendría o ubicaría todo los potenciales creativos en la materia, la sustancia del mundo. Buscaría materializar y concretar cada idea nueva. Tomaría cada idea creativa espontánea y la volvería práctica y terrenal. Lograría esto mediante una perpetua penetración de los asuntos y preocupaciones materiales, rehusando dejar ir su tema, su materia. Cronos libera tal potencial mediante la castración. De este modo, la psique atrapada en la tendencia a materializar o literalizar, se libera y se le permite venir a la luz del día. Pero ahora esta energía creativa, habiendo visto la luz de la consciencia, se somete a Cronos -por los límites de la espiritualización. Su función ahora es alimentar el espíritu, lo paternal, el dogma, las instituciones y el ego. Lo que eventualmente libera el poder limitador de esta energía saturnina es la penetración (insight), la aplicación de Metis. Esto es, mediante la penetración, entrando en el vientre del arquetipo, liberamos los poderes que éste aprisiona.


Todo lo presentado hasta aquí respecto a Cronos encaja con los parámetros tanto de la psicología como de la astrología. Es justo en este punto donde uno se tienta de hacer sólo uno de los dos artes, a relacionar la figura Cronos de la mitología a la psicología de C. G. Jung, en particular con la estructura y dinámica de la psique humana. Empero, hacerlo sería ignorar el hecho de que el mismo Jung afirmó que los arquetipos trascienden la psique humana, una idea de acuerdo más con las teorías antiguas de la astrología que el intento moderno de legitimar la astrología volviéndola una psicología, una "ciencia" del alma más que un "arte". Este impulso hacia la respetabilidad "científica" por parte de la astrología -un impulso del que la misma psicología fue víctima hasta no hace tanto tiempo- no sirve sino para depreciar ideas valiosas que la astrología sostuvo originalmente. Lo que no vemos en tal esfuerzo es que si para volver respetable algo debemos divorciarnos del pasado, entonces nos transformamos en el mismo Cronos castrador por un lado, y el devorador de todo lo que es potencial en el alma por el otro. Y aquí me refiero específicamente al hecho de que los planetas de la astrología fueron una vez entendidos como Dioses, -no como coordenadas psicológicas. Nuestra incapacidad presente para aceptar tal idea surge de nuestra falencia para experimentar el mito.

Dicho de modo sencillo, el mito nos remite a una dimensión que reside más allá y aparte de los lineamientos de lo que usualmente identificamos como realidad. Fue una vez la narración de los Dioses, de poderes cuyas naturalezas fantásticas e improbables cuando se las mira a través del racionalismo del s.XX, sólo podrían existir, si es que existen, en la imaginación. Pensamos en el mito como en algo que nos ha dejado la antigüedad, como algo que se creyó en un tiempo pero que ya no sostenible. El mito es considerado con gran frecuencia poco más que la sombra fantasiosa de lo que una vez se consideró realidad. Hoy en Occidente nos sentimos orgullosos de saber que lo que origina los truenos y los relámpagos son ciertas condiciones atmosféricas, no el gran Dios Zeus; que lo que causa pánico o histeria es una dificultad psicológica y no el Dios Pan; que el amor ocurre simplemente por una serie de atracciones mutuas y compatibilidades, y no por el Dios Eros. Cuando consideramos el mito no lo vemos más que como un sistema de metáforas aplacando la ignorancia científica de nuestros antepasados.


Lo que no apreciamos respecto a estos antepasados y sus mitos, es la inmediatez de los fenómenos retratados. La imagen de Zeus no se creó en un intento de explicar el trueno y el rayo, sino que era más bien la representación espontánea de una respuesta emocional al trueno y al rayo. Ver el mito como sólo una serie de metáforas es suponer que el mito es una construcción lógica, un producto del intelecto puro. El mito alude al afecto que acompaña a una realidad específica que, en último análisis, es indescifrable salvo en términos de la imagen. El mito cuanto menos es el registro de una experiencia inenarrable.


Las experiencias que originaron estas imágenes míticas aún acaecen, pero hoy tenemos un conjunto diferente de términos para definirlas -transpersonal o trascendente, estados alterados de consciencia, hipnagógicos o alucinatorios. Lo interesante de estos términos es que nos distancian de tales experiencias ubicándolas en un reino fuera o por encima de la así llamada conciencia normal. Pero lo que hoy en día llamamos "conciencia normal" es de hecho una cualidad de la percepción definida por la influencia del positivismo lógico o del empirismo. Olvidamos que no nacemos empiristas sino que somos preparados para percibir y experimentar la realidad desde tal punto de vista. Si bien un enfoque empírico del mundo fenoménico es importante para diferenciar y clasificar los fenómenos, cuando se lo usa para definir nuestra experiencia inmediata y sentida, se vuelve un peligro muy real de separarnos de los otros factores dinámicos del alma. Este tipo de pensamiento lleva a la creación de las psicologías del ego que buscan estandarizar la experiencia humana.


Pero si recordamos lo que dijo Jung respecto a los arquetipos -que pasan a través, incluyen y afectan el alma, pero no son de su propiedad- entonces nos queda el hecho de que los arquetipos no sólo operan en algo, sino que también realizan este trabajo "en algún otro lugar". El primer y más evidente lugar es en la misma naturaleza. Del otro lugar hablaremos en breve. Lo que esto implica es que la persona no es el centro del cosmos: que la persona es, de hecho, algo que debe conectarse con el cosmos. Lo que al presente intenta hacer la psicología, y sospecho que gran parte del asesoramiento astrológico, es separar a la persona del cosmos insistiendo que la consciencia es el significador de una realidad última.


Esta humanización de los arquetipos tanto en la psicología como en la astrología se vuelve descaradamente evidente cuando consideramos al concepto de alma. Invariablemente hablamos de "mi alma", ignorando el hecho de que la filosofía antigua hablaba de "el alma" o el "anima mundi" o alma del mundo. Se creía que todo el universo estaba contenido en tal alma, y que a cada uno de nosotros se nos asignaba una pequeña porción de esa alma mayor con la cual tener un efecto en nuestras vidas. ¿Pero dónde, ya sea en psicología o astrología, se está haciendo trabajo sobre el alma del mundo? En ninguna parte que yo pueda ver. ¿Y dónde, ya sea en psicología o astrología, no relacionamos el alma con la vida, la vida terrena, mi vida, la vida del individuo y de las personas? Brevemente, ¿qué le ha ocurrido a "este" arquetipo? Obviamente, al preocuparnos del problema de hacer la vidas astrológicas o psicológicas, nos hemos separado de lo que es plenamente arquetipal.


Podemos llegar a un cuadro más claro de este principio original del alma si nos volvemos a la figura zodiacal de la astrología -esa figura que describe la relación ideal de los elementos, signos, casas y planetas entre sí. Esta figura zodiacal es lo que una vez se llamaba alma del mundo, o la gran persona. Lo curioso acerca de esta figura es que ningún ser humano vivo, sea en el pasado, presente o futuro, podría llegar a tener un horóscopo como ese. Esto es, mi horóscopo no puede dar la talla de la plenitud arquetipal, y manifiesta dónde he quedado corto respecto a esa plenitud. Debido a que esta figura zodiacal, o arquetipo de completitud, siempre yace detrás de cada horóscopo, el asesoramiento astrológico se transforma en un intento de realizar lo imposible: conducir a la persona en la dirección de su completitud. La psicología hace lo mismo con su concepto de "normalidad" o completitud.


En astrología, la carta natal (en psicología las circunstancias de la vida) se vuelve el foco de atención. Ambos tipos de datos se emplean en un intento de regular o normalizar al individuo. En cada caso el intento es ver cuál es el problema en una vida individual, cómo puede corregirse o compensarse. En astrología, por consiguiente, nos hallamos tratando con dos dimensiones. La primera es esa descripta en la carta natal: lo dado en una vida, es decir, las particularidades de mi historia. La segunda es lo psicológico: ¿hasta qué grado las realidades físicas han impedido o favorecido mi psicología? ¿Dónde está el bloqueo y dónde esta lo que fluye? La teoría de los arquetipos puede ser de gran ayuda aquí, pues con frecuencia apuntamos exactamente a cuándo y cómo he sido afectado por un arquetipo -pero es limitada, pues deja fuera una tercera dimensión.
Esta dimensión parece haber sido olvidada tanto por la astrología en su totalidad, y por la psicología en parte, y es a lo que se refería el alquimista Paracelso cuando escribió que hay un doble sistema de astros. Están los astros fuera y los astros dentro. A fin de que el Saturno exterior tenga algún efecto en mí, debe operar a través del Saturno interior. (12) Paracelso añade que entre los sistemas astrales hay una zona astral media -de ahí su famoso dicho de que "la imaginación es la estrella en el hombre". Es a través del medio de la imaginación que podemos originar un nuevo cielo (13). En otro trabajo nos informa que "aquel que perfeccione este arte (la alquimia) debe, por así decirlo, construir un nuevo mundo" (14). En otras palabras, a fin de crear la Piedra Filosofal, uno primero debe crear un nuevo mundo mediante el uso de la imaginación.


Si leemos a los alquimistas con atención, especialmente los papeles reunidos por Elias Ashmole en su "Theatrum Chemicum Britannicum", resulta claro que esta Piedra Filosofal se obtiene siguiendo un programa astrológico y que la Piedra responde a la descripción del gran arquetipo zodiacal, el "anima mundi" o persona perfecta. Así, la completitud astrológica imaginada por el arquetipo zodiacal puede crearse por un individuo: es evidente que aquí se está aludiendo al cuerpo sutil. Es precisamente aquí que las cosas empiezan a ponerse difíciles para nosotros en el mundo moderno, puesto que se está sugiriendo que podemos crear un cuerpo etéreo, una personalidad capaz de existir después de la muerte del cuerpo. Además este cuerpo se crea a partir de nada, a partir del aire en toda apariencia, y tiene una vida propia independiente tanto dentro como fuera de la existencia humana. Antes de mofarnos de esta idea, haríamos bien en considerar algunas teorías modernas en psicología.


Un ejemplo adecuado es la teoría del ego. La psicología en general acepta que el ego no está dado -no está plenamente presente en el niño- sino que es algo creado a lo largo del curso de los años. Con el tiempo se vuelve el centro de conciencia, incluso se identifica con la conciencia. No puede negarse que una sustancia psíquica se ha hecho, creado, a partir de nada. Este cuerpo efímero es el niño de todas las psicologías occidentales.


Jung, el creador del termino psicológico "complejo" ha señalado que el ego es un complejo, definiendo un complejo como una agrupación de elementos psíquicos alrededor de contenidos emocionalmente cargados, de un elemento psíquico nuclear alrededor del cual se agrupan las asociaciones. El término es familiar para nosotros en frases tales como "complejo materno" o "complejo paterno", que se refieren a estados psicológicos en los que un individuo se engancha o se identifica con el progenitor en cuestión hasta el punto de ser nocivo para su autonomía como individuo. El ego, siendo uno de muchos complejos, también puede ofrecer peligros tales, como puede verse en individuos a los que se podría etiquetar de "egotistas". Lo peculiar de los complejos inconscientes, que están más allá del alcance inmediato y voluntario de la conciencia, es que cada uno de ellos puede formar una personalidad propia. Un complejo, nos dice Jung, es una especie de cuerpo que puede perturbar el estómago, la respiración y el corazón. Asimila un complejo a una personalidad parcial, señalando que es la fuente de esas personalidades que aparecen en la esquizofrenia (15)


El cuadro que tenemos en este punto es el de un campo de conciencia que contiene en un centro idealizado un cuerpo psíquico creado o complejo, llamado ego. Este cuadro por otra parte nos cuenta que en lo inconsciente hay cualquier número de complejos posibles -cada uno teniendo una vida propia independiente. El ego y estos otros complejos parecen ser fenómenos espontáneos. Nos "ocurren". La psicología ha mostrado que podemos trabajar en estos complejos, especialmente el ego -que cierta cantidad de voluntad y atención puede alterar sus naturalezas básicas.


Ahora permitidme proponer esto: si es posible que creamos propiedades mayores y más sustanciales de esta cosa etérea llamada ego, ¿no cabe la posibilidad de que podamos también crear otro cuerpo psíquico? ¿Y no podría ser que este cuerpo psíquico o complejo sea lo mismo a que los antiguos y los alquimistas se referían como el cuerpo sutil de la Piedra? Si podemos crear otro cuerpo psíquico, similar al ego en sustancia y composición ¿dónde residiría? Uno se tienta de igualar el sitio donde tal cuerpo sutil podría configurarse como lo inconsciente mismo. Pero debe notarse que el cielo del que habla Paracelso se crea por imaginación: esto es, es algo creado por la persona. El inconsciente existe, "es", no hay necesidad de que lo creemos. Esta otra dimensión o nivel o sitio se compone de imaginación y sustancias imaginales. Es "lo" imaginal. Sostengo que esta es la dimensión del horóscopo que se ha olvidado: este es el sitio donde existe el alma del mundo, el lugar donde puedo volverme re-conectado con el cosmos. Mientras que nuestras psicologías nos dicen que debemos trabajar sobre la conciencia, el ego, y lo inconsciente, este sitio no necesita que se lo trabaje. Sólo necesita ser atendido, que se le admita en nuestras vidas. Lo que ocurre en esta tercera dimensión del horóscopo ocurre fuera del continuo espacio/tiempo. Es una dimensión arquetipal, un sitio de poderes que existen más allá de lo humano. El hogar de los Dioses, si se quiere.


Lo que estoy sugiriendo es que estamos afectados por una dimensión que no tiene nada que ver con el desarrollo de la personalidad, con el crecimiento del ego o con la expansión de la conciencia. Con lo que tiene que ver es con conexiones, conexiones arquetipales. Tanto en la astrología como en la psicología hay una tendencia acerca de que uno debe fortalecerse, mejorarse, desarrollarse. De modo que tomamos lo que somos e intentamos transformarnos, volvernos mejores, enteros, palpables. Pero pregunto ¿no cabe la posibilidad de que lo que ha sido dado SEA algo de valor por su propio derecho?. Y ¿no cabe la posibilidad de que mi experiencia de la completitud arquetipal o astrológica sea posible en este nivel imaginal? Continuamente intentamos adecuarnos al arquetipo zodiacal en el nivel personal -algo que es una imposibilidad- pero ¿no podría ser que esta otra dimensión de la psique sea el sitio mismo donde se logra?


Permitidme que defina estas tres dimensiones antes de continuar: la primera sería el sitio donde se hacen los ajustes físicos a lo que ha sido dado; la segunda nos remitiría a las operaciones psicológicas y los ajustes que hay que hacer a lo que es dado, y la tercera sería operar en lo que soy como "dado", sin ningún intento de cambiar o modificar. El trabajo en esta última dimensión es una obra imaginal. El compromiso con lo que ha sido dado es la sustancia de las almas. No cambio nada, no intento mejorar nada, sino que "lo" percibo tal como es con la esperanza de discernir en ello un significado arquetípico que profundizará mi percepción de la vida. Esto implicaría que una de las funciones de la astrología (así como de la psicología) estaría conectada no con el arte de asesorar sino con el arte de ver, o con el arte de revelar -sin otro propósito que verme claramente tal como soy. El objetivo no sería corregir, sino literalmente objetificar: no expandir sino profundizar. Lo que ahora es asesoramiento devendría atestiguamiento. El astrólogo y el psicólogo me ayudarían en el problema de descubrir qué soy. La transformación se discutiría no en términos de hacer algo mejor a partir de lo que uno tiene, sino de ser lo que uno ya es.


En su libro "Re-Visionar la Psicología" James Hillman definió el alma como "una perspectiva más que una sustancia, un punto de vista hacia las cosas más que una cosa ella misma. Esta perspectiva es reflectiva, media los acontecimientos y hace diferencias entre nosotros y todo lo que ocurre. Entre nosotros y los acontecimientos, entre el hacedor y el hecho, hay un momento reflectivo -y hacer-alma significa diferenciar este terreno medio" (16). El suelo medio al que Hillman se refiere es el medio de la imaginación que para Paracelso existe entre los astros de arriba y los astros de dentro. Diferenciando este suelo medio, esta dimensión imaginal, uno se conecta con la naturaleza y el cosmos. Nuestra próxima pregunta es ¿cómo ha de hacerse ésto?. ¿Cuál es el método para hacer-alma o reconectarse?


Jung redecubrió un modo en que podríamos volver a ocuparnos activamente con el reino arquetipal. Llamó a esto imaginación activa: es un atajo a lo inconsciente, que supone "la liberación de procesos inconscientes y el dejarlos venir a la mente conciente en forma de fantasías...." sin "dar prioridad a entenderlos" (17). La libido o energía psíquica sólo puede ser aprehendida concientemente y unida a la conciencia mediante la imagen (18). El objetivo de esta técnica era traer a la conciencia las así llamadas funciones inferiores, a fin de transformarlas, ampliando la conciencia. En otro escrito nos informa que los procesos psíquicas podrían considerarse como una escala a lo largo de la cual se desliza la consciencia (19). Asocia un extremo de la escala al impulso instintivo puro, el otro a la imagen de ese impulso o el arquetipo. Para ponerse en contacto con la imagen o arquetipo, en lugar de caer en el área compulsiva del instinto, sólo es necesario realizar la imaginación activa. En otras palabras, la imagen es padre de la acción. Hillman escribe que "cualquier transformación de las imágenes afecta a los esquemas de conducta" (20)


El propósito que subyace al método de la imaginación activa, originariamente, era crear un campo mayor de consciencia, o traer a la consciencia las cosas desde el reino arquetipal. Pero hay una nueva sugerencia en la psicología junguiana que afirma que debemos ir más allá de la imaginación activa hacia la imaginación arquetipal. La tesis detrás de esto es que la imaginación activa -un proceso que exige que la persona que la practica se incluya en las imágenes producidas, guiando y entrando en ellas a medida de que se desarrollan- limita la experiencia de lo arquetipal o imaginal. Lo que finalmente obtenemos es la historia del imaginador mismo. El foco de la imaginación arquetipal no sería nada menos que un enraizamiento en aquello que está más allá de la psique, aquello a lo que los antiguos se referían como el cielo (21).


Jung escribió que la imaginación activa con el tiempo produce una tercera cosa, "un nacimiento viviente que conduce a un nuevo nivel del ser, a una nueva situación" (22). Este es el nuevo mundo o cuerpo que los antiguos y los alquimistas nos decían que podemos formar. Al crear esta nueva cosa, verdaderamente participamos en la obra de la naturaleza, de alguna manera afectamos la naturaleza y la transformamos, haciéndola no un fenómeno evolucionario sino un acaecimiento revolucionario.


Os he traído por este camino en un intento de echar luz sobre mi afirmación de que el propósito de ocuparse con el reino imaginal, la realidad arquetipal, es volverse participantes activos en la transformación de la naturaleza. No "nuestras" naturalezas, sino la naturaleza misma. Este es el verdadero significado de transformación -no está centrada en la persona, sino que está arquetipalmente centrada y es un modo en el que todos podemos contribuir a la obra siempre en proceso de Génesis. Los materiales del antiguo arte de la astrología constituyen un método por el cual esto puede lograrse. Además del asesoramiento que el horóscopo parece generar, hay esta tercera obra que debiera preocupar a todo astrólogo: trabajar con la "imagen" del horóscopo mismo.


Mi horóscopo me muestra exactamente dónde y cómo lo imaginal se ha engranado conmigo, dónde los dioses han asumido nuevas características, nuevos problemas. Mi horóscopo es la continuación del mito escrito, es la narración no sólo de mí mismo, sino de los Dioses en sus evoluciones en el tiempo y el espacio imaginales, su individuación.
El horóscopo podría por tanto tomarse como una imaginación activa realizada por los Dioses, o los planetas, o como queráis llamar a estos poderes que nos configuran. La nueva función del astrólogo sería comprometerme con este nivel arquetipal haciéndome realizar una imaginación arquetipal sobre mi horóscopo. Esto implicaría no una hora de entender o interpretar, sino una hora de narración de historias. El astrólogo me narraría la historia de los particulares dioses-planetas, y luego señalaría exactamente dónde mi horóscopo coincide con la narración original. Entonces ambos nos comprometeríamos en una conversación que indica el desarrollo de mito en tanto se revela por las diferencias en mi horóscopo. El horóscopo devendría no sólo una herramienta con la cual me entiendo a mí mismo, sino un método por el cual puedo verme como parte de un todo mayor. En lugar de ampliar y agrandar la conciencia, esto sería una profundización y un compromiso con el alma.


El cuerpo de textos conocido como "Hermetica" contiene lo siguiente:

"Despréndete de todo lo que es corpóreo y crece a semejanza de esa grandeza que está más allá de toda medida; elévate por encima de todo tiempo, y deviene eterno: entonces aprehenderás a Dios. Piensa que también para tí nada es imposible; cree que también tú eres inmortal y que puedes captar todas las cosas en tu pensamiento... encuentra un hogar en los nidos de cualquier criatura viviente; hazte más alto que todas las alturas y más bajo que todas las profundidades; une en ti todos los opuestos de cualidad, calor y frío, sequedad y humedad; piensa que estás en todas partes a la vez, capta en tu mente todo esto a la vez, todos los tiempos y lugares, todas las sustancias y cualidades y magnitudes juntas: entonces puedes aprehender a Dios" (23)

Esto claramente nos remite al arte de la imaginación arquetipal. El horóscopo del individuo es el cohete que permite a la persona acceder a esta otra dimensión de la experiencia. Las imágenes contenidas allí no son sólo cualidades psicológicas, sino los Dioses mismos tal como existen en la periferia del mundo humano. El horóscopo es un campo de imaginación y reflexión a través del cual no sólo nos vemos a nosotros mismos, sino por el cual vemos "a través" de nosotros mismos e l fundamento arquetipal que ha creado esta danza que llamamos vida.


Ahora hemos de volvernos a la siguiente pregunta. ¿Qué ha provocado que perdiéramos de vista este nivel de la obra astrológica? ¿Por qué hemos fallado en ver que el horóscopo no es sólo un camino hacia nosotros, sino también un camino fuera de nosotros hacia el drama mayor que todos llevamos o en el que somos llevados? La respuesta, para mi modo de ver, es el Dios Saturno.
Consideremos esto: la limitación y represión de los niños por Urano podría asemejarse a los estadios tempranos de primacía cuando a los elementos que a su tiempo compondrán el ego se les niega la luz del día. Seguramente estos son aspectos primitivos del ego -los monstruos de la imaginación infantil. Saturno al principia libera estos elementos del vientre de lo inconsciente, sólo a tiempo de devorar los aspectos más nuevos y controladores del ego bajo la forma de sus criaturas. Ahora todo en la conciencia deviene espiritualizado y controlado. Si estos elementos han de tener alguna expresión, debe ser a través del padre, mediante la ley paternal. El nuevo cielo, Olimpo, puede llegar a existir sólo mediante la liberación de estas criaturas que a su vez gobernarán el mundo. Sugiero aquí que el nuevo cielo, el Olimpo, es el cielo imaginal de Paracelso, el fundamento reflectivo del alma que Hillman nos menciona, y el nivel más profundo del horóscopo. La única cosa que nos permitirá crear este cielo tanto en astrología como en psicología es la aplicación de un elixir mediante la "penetración" (visión interior: in-sight). Brevemente, el único modo en que podemos liberarnos de la tendencia de Saturno a espiritualizar e intelectualizar el cosmos y lo imaginal es mediante la penetración (in-sight), o viendo en lo imaginal a través del espejo del horóscopo.


Si hay una idea que estoy tratando de hacer aparente, es que debemos resucitar una función olvidada de la astrología que permite la reunión de la persona con lo imaginal, la creación de un cuerpo sutil, y la continuación del Génesis. Todo esto puede lograrse re-instaurando un modo de ver con los ojos del alma.
Debemos profundizar en la historia de Cronos, llenando los pequeños detalles. Para comenzar, la dificultad uraniano es una que dirige toda energía a crear sustancia a partir de "mater" (de materia) y insuflar la materia. La consciencia uraniana es una participation mystique con el mundo y con la materia. Es una conciencia limitada en tanto no ve sino lo que yace ante ella. El estadio siguiente en el desarrollo de la conciencia está custodiado por Cronos. Libera mediante la reducción de lo instintivo y lo impulsivo.
Cronos entonces impone limitaciones sobre sus propias criaturas devorándolos. Esto es, no les deja permanecer en la materia. Deja salir el resultado creativo de su simiente a la luz del día por un momento antes de incorporarlos en su propio cuerpo. En lugar de una conciencia que opera a través del cuerpo de "materia/mater/madre", un hacer del mundo, ahora tenemos una consciencia que espiritualiza o intelectualiza el mundo así como los instintos o impulsos. Si la energía ha de expresarse, debe hacerlo de modo controlado. Cronos es una conciencia que no tiene contacto ni con lo inconsciente ni con lo instintivo. Cada impulso, y por tanto cada brote creativo, es devorado.


Al principio, la contención de todas estas criaturas parece no ser sino una legítima limitación de las cosas. Hoy tendemos a admirar la figura de Cronos que opera de este modo. Decimos que la limitación es una cualidad necesaria de la vida, una función de un buen ego. Volverse entero es darse cuenta conscientemente de las propias limitaciones. Es justo aquí donde el asesoramiento astrológico y psicológico pueden volverse saturninos: haciendo de todos los esquemas de conducta que no encajan el modelo arquetipal de completitud, vehículos de transformación; en todo lo que es difícil o desgraciado, debemos de alguna manera encontrar algo bueno, y a fin de crear lo bueno debemos obviamente tener algún tipo de modelo del bien. Este es el proceso de espiritualización que Cronos/Saturno adora.


Ya hemos mencionado la observación de Jung de que si bien las personas modernas no tenemos comunicación directa con los Dioses, ahora los Dioses se manifiestan mediante nuestras enfermedades -sean físicas o psicológicas (24). En otra parte escribe que siempre que se enfrentó a una crisis o a una dificultad importante en la vida, invariablemente encontró a Dios detrás de ello. Por lo tanto, curarnos de nuestras enfermedades o de nuestras dificultades, hacer de la sustancia oscura de la vida una sustancia positiva y saludable, es también liberarnos de los Dioses en la oscuridad. Tomar la imagen difícil de Cronos/Saturno y arreglárselas para encontrar bondad y razonabilidad en sus demandas, es no haber conocido a Saturno "tal como es". Lo que acabamos conociendo es su efecto, su proceso mercurial, tramposo, de espiritualización. Así es como Saturno nos limita: no dejándonos experimentarse tal como es. Hay una oscuridad en este dios, y no puede experimentarse sin ella.


La función de Cronos/Saturno es instruirnos en la naturaleza de la limitación, la depresión, y la sequedad de una sabiduría que busca hacer iguales todas las cosas. Sequedad es la naturaleza del ego, pero Heráclito nos dice que "Es delicia, o más bien muerte, para las almas volverse húmedas..." (25) y que "para las almas, es muerte volverse agua: para el agua es muerte volverse tierra, de la tierra viene el agua, y del agua, el alma" (26). La seca sabiduría del anciano Saturno es alma trocada en espíritu. Como Heráclito destaca, es muerte para el agua (alma) volverse tierra, devenir material psicológico de la conciencia y el ego. Pero es vida para la tierra volverse agua, pues del agua viene el alma.

Esta es una afirmación cargada cuando la comparamos con la castración en nuestra historia. A Urano, el único total y puramente involucrado en mater/materia, su hijo Cronos le arranca los genitales y los arroja al océano. Hesíodo nos informa que el miembro castrado flotó por mucho tiempo sobre el océano, la espuma se reunió a su alrededor, trayendo en su interior el ser inmortal que pronto sería engendrado: Afrodita, la diosa del amor, la "nacida de la espuma". Así comienza entonces: el enganche sexual compulsivo de Urano con su mujer Gea, al ser impedido -cuando es castrado- lleva al nacimiento del amor. Hay que advertir que aquí no se igualan sexualidad y amor. Se sugiere detrás de cada acto compulsivo hay una semilla de amor que puede emerger si uno es capaz de separarse de la impulsividad.


¿Qué logra el final de la compulsión? Esto: la limitación de Cronos, la exigencia de que no concreticemos y hagamos físicos ciertas profundas sugerencias internas. Lo que nace del agua y de los genitales muertos es la primera imagen del alma. El mensaje es: el camino del alma viene sólo después de haber acabado con la concretización del instinto y con poner toda nuestra energía "allí fuera" en el mundo. Pero Cronos no ve o sabe de esto, pues Hesíodo nos cuenta que arrojó los genitales de su padre detrás suyo, por encima del hombro. En resumen, no llegó a ver el valor oculto tanto en el instinto como en la compulsión. Esta es la sustancia que Cronos limita al mantener en su propio cuerpo a sus criaturas alejadas de lo femenino.


Por lo tanto el asesor que trabaja con la imagen de Cronos se enfrenta con dos peligros. El primero es no apreciar plenamente que los efectos limitadores de Cronos sobre las compulsiones e instintos es bueno en y por sí mismo sólo si se mira detrás del Dios. El segundo peligro es no llegar a ver que esta afirmación se refiere sólo al nivel físico. En el reino imaginal, en el nivel más profundo del alma, debemos experimentar la ceguera de Cronos si hemos de experimentar el amor. Es sólo porque Cronos no ve lo que está contenido en los genitales de su padre que nace Afrodita. Si lo hubiera visto, lo más probable es que hubiera espiritualizado el acontecimiento, haciendo de Afrodita una Virgen María, algo de lo que ella está muy lejos de ser.


Lucrecio, en su obra "Sobre la naturaleza de las cosas", nos informa que Afrodita siempre está acompañada por bestias salvajes en ardiente deseo. Es la amante de Ares (Marte en astrología), el Dios de la guerra, el primer ser que es juzgado por asesinato. Así, Afrodita está unida con pasiones asesinas. En el hecho de que sea madre de Fobos (miedo) y Dimos (terror) se implica que todo acto de amor es capaz de producir estas experiencias. Por lo que toca al dios que es su esposo legal, Hefestos, es un herrero cojo a quien los Dioses encontraban cómico -sus pies estaban girados hacia atrás. Todo lo cual dice que la divinidad de Afrodita está compensada por aquello que está "lisiado". En adición, ella preocupó a su marido con numerosas historias -otro modo de decir que en cada amor hay el potencial para la traición. No se trata de una diosa del amor de postal de día de los enamorados, sino de un poder engañosamente agradable de contemplar capaz de reducirnos al nivel de los necios. Este hecho está bellamente descripto en un talismán del periodo greco-romano. La descripción del talismán se contiene en el siguiente conjuro:
"Toma una piedra magnética... diseña en ella Afrodita llevando a Psique como si cabalgara, sujetándola con la mano izquierda y haciéndose los bucles de su cabello con la otra. Detrás de Afrodita y Psique, Eros está de pie sobre un globo: sujeta una antorcha iluminada con la cual quema a Psique.... en el otro lado de la piedra, Eros y Psique se abrazan".
En otra gema, de origen sirio, hallamos la misma escena, cuyo lado de atrás describe a los dos amantes besándose sobre la inscripción "herida de amor curable" (27)


La figura de Psique, una muchacha mortal que aparece al comienzo en el cuento de Amor y Psique, nos remite a lo que ahora llamamos la psique humana. En este talismán se la describe bajo el dominio de Afrodita, reducida al estado de un animal, una bestia para la carga del amor afrodisíaco. Brevemente, el alma se presenta al servicio del lado instintivo y compulsivo del amor, pues Afrodita es la diosa que inspira amor por ella, no por otro. La intensidad del servicio y la sumisión se simboliza por la antorcha ardiente de Eros, que en la moneda está ubicado directamente debajo de los genitales de Psique. En otras palabras, el fundamento puramente erótico e instintivo del ser cabalga al alma, desnuda, mientras se contempla en un espejo, La psique está aquí a merced del amor de Afrodita con cada tirón de las riendas instintivas. Uno se ve inflamado por la antorcha ardiente de Eros, y empujado por la auto-contemplación de Afrodita.
Estoy en deuda con el profesor Donald Sheehan por decirme que la historia de Amor y Psique fue la última creada por el mundo clásico antes de su caída. Para mí esto implica que el mensaje final del mundo clásico tenía que ver con la naturaleza del alma y el fenómeno del amor. El que el reverso de la moneda mencionada arriba muestre a Eros y Psique abrazados, con el lema: "Herida de amor curable", implica que esta cualidad compulsiva de Afrodita es un camino necesario. Y es un camino que hoy en nuestras psicologías se desaconseja, pues sabe a patología. Sin embargo la figura de Afrodita, tomada como una realidad arquetipal, nos informa que está en el lado de la naturaleza del amor: el elemento impulsivo de la divina bestia.


Es antiestético, torpe, quizás hasta un poco amedrentador para alguno de nosotros -pero ¿quién no ha experimentado si no en la realidad al menos en la fantasía, esta llamada aparentemente inconsciente e incivilizada a ser empujada, compelido y quemado por el amor? Si Saturno en la historia hubiera visto lo que contenía la compulsión de su padre, esta experiencia se habría espiritualizado al punto en que hoy lo es en el Este. Allí hallamos las figuras de lo divino en copulación extática, sugiriendo que lo que en nosotros es sexual es divino. Y así es, hasta un punto. Pero este atributo particular de hacer divino lo que es mortal, devalúa lo mortal. Lo que es mortal, básico y acaso bestial, es inaceptable a menos que pueda ser elevado por un concepto-Dios. Cuando vemos las figuras sexuales de Oriente, nos concedemos el privilegio estético de halla que lo que es pornográfico en Occidente es divino en Oriente. Este es Cronos espiritualizando de nuevo. La incapacidad de aceptar aquello que es básico y base en la humanidad conduce a una falsa estética. Así, la razón porque tenemos algo tal como la pornografía en Occidente -la descripción gráfica de lo que Afrodita es capaz de exigirnos- es porque Cronos no vio lo que se escondía en la compulsión de su padre. Y también está bien, porque la cuestión de la pornografía es que nos muestra realidades que preferiríamos negar por un lado, a la vez que revela el límite al cual la humanidad es capaz de llegar.


Ahora debemos preguntarnos cuál es la diferencia entre la compulsión de Urano y la que nace de sus genitales. A primera vista son lo mismo, pero la compulsión inicial es material en tanto que se preocupa sólo de la auto gratificación, penetración del mundo para los propios fines. Nada sale de esto que no sea poder sobre el mundo. La compulsión de Urano lleva al amor de lo concreto, acumulación de riquezas, llenarse de posesiones. Afrodita por el otro lado, puede llevarnos más allá de nosotros mismos, al otro, y a través del otro rebajarnos, enseñarnos que solos no somos el poder. Su mensaje es que el poder reside en y a través de nosotros, a veces atacándonos vía nuestros genitales -puesto que Afrodita en los tiempos clásicos era la Diosa, obviamente, de los genitales. Más importante aún es que, mientras que en el primer caso podemos reducirnos a ser su jauría, si somos capaces de soportar las tribulaciones que impone al alma, eventualmente lograremos la unión con Eros -con el amor vacío de compulsión. Cronos nos impediría eso, si pudiera. Hay obviamente ejemplos cuando un individuo en su carta despliega una limitación saturnina en una diversidad de situaciones vitales. ¿Entonces qué? ¿Debería ayudárseles a superar la dificultad? ¿Debiera uno decir, esto es bueno puesto que obviamente necesitabas estar limitado en esta parte de tu vida? O en cambio uno podría decir: ¿sigue con la limitación hasta su fondo? No luches contra ella. Es lo que eres: mira adónde te lleva "lo que eres".
Yo naturalmente elegiría esto último camino, puesto que luchar contra lo que eres es no conocer nunca plenamente qué o quién eres. La limitación de Cronos es una dificultad oscura no para liberarse de ella o para hallar en ella el don de la conciencia y el coraje, sino más bien para confiar que en tu prisión particular encontraras qué en ti está separado y es particular, qué en ti es individual y definidor, qué en ti es explícitamente tuyo, no para ser compartido con ningún otro. Volver la oscuridad de Cronos en una "cosa buena" es no experimentar jamás la plena naturaleza de un arquetipo que sugiere que la noche oscura del alma es el comienzo de la integridad en el nivel imaginal. Es por esta razón que Meister Eckhart escribió de Saturno que es el oscuro castigador quien "en el cielo del alma... deviene de pureza angélica, trayendo como recompensa la visión de Dios" (28), y un alquimista escribió que "a medida que el plomo se quema y purifica todas las imperfecciones de los metales... de modo semejante las tribulaciones en esta vida nos depura de las muchas imperfecciones en las que hemos incurrido: por lo que San Ambrosio lo llamó la llave del cielo" (29).


¿Pero qué hay de la pérdida del dominio de Cronos en la narración de Hesíodo? ¿Cómo ocurre y cuál es su significado? Como mencionamos antes, Zeus hizo que Metis (penetración) administrara un vomitivo al Dios. Nuevamente encontramos una criatura acuática en un rol crucial: Metis era la hija de Océano -y obviamente un aspecto del alma de acuerdo a la definición de Heráclito. Zeus más tarde devoraría a Metis, y así sería capaz para toda la eternidad de pensar y hablar con penetración y sabio consejo. Por el hecho de Saturno contenía todas las criaturas que delinean el poder y los aspectos controladores de la conciencia, puede ser considerado como un tipo de conciencia que opera desde una base de poder, lleno de grandes ideas que él mismo no puede poner en acción: nuevamente, el viejo sabio, el gurú del consejero psicoanalista, el ashram y la hora de consulta con el astrólogo. Lo que libera a los hijos de Cronos de su predicamento es la penetración (insight) en Cronos. La penetración hace que lo limitador y lo limitado fluyan -que es exactamente lo que ocurre con Cronos en este estadio de la narración. Hay un estadio particular en el desarrollo de la conciencia que exige que renunciemos al poder, que dejemos de espiritualizar y perdamos la batalla. La penetración nos lleva a este punto, y también nos lo trae de un modo que nos obliga a despojarnos de todo lo que habíamos asimilado del mundo y de nosotros mismos. Es en este punto, cuando más débiles, ya no alimentados por lo que habíamos hecho y contenido cuidadosamente, que caemos como Cronos. Hay un límite para la misma conciencia, específicamente la conciencia saturnina, y en este momento caemos en nosotros mismos.


Hesíodo nos cuenta que Cronos es desterrado al Tártaro, y describe esta región como limitada por una verja de bronce, respaldada por una triple densidad de noche o de oscuridad, y rodeada por una pared. Aquí, añade, encontramos las fuentes y los finales tanto de la tierra como del cielo estrellado. Aquí está Atlas sosteniendo el mundo sobre sus espaldas. Tártaro, en otras palabras, es el comienzo de un fin de TODAS las cosas. Si el Tártaro se destruyera, también lo sería la tierra y el cielo estrellado. El apoyo de todo lo que somos, el heroico Atlas, desaparecería. Obviamente, Tártaro -esta prisión final de Saturno- es un lugar especial. Es básico para la existencia humana.
También nos informa que tanto el día como la noche pasan su temporada allí, uno a la vez, saludando al otro en tanto que cruzan el límite. El que se queda está obligado a sujetar en sus brazos al hermano de la muerte, el sueño. Aquí, entonces, todos los opuestos existen y encuentran su raíz y lugar de descanso. Saturno es esencialmente el prisionero y el señor de este lugar. Ante esta prisión, continúa Hesíodo, se encuentran los pasillos de Hades, Amo de las Almas. James Hillman ha acentuado el hecho de que el submundo es el lugar del alma, y el acceso al alma puede lograrse sólo por una experiencia de muerte en el plano psicológico. La importancia de tal muerte se refleja mitológicamente en el hecho de que en las regiones del Tártaro/ Hades nuestra alma es estable, puesto que como señala Platón: "Las almas en el Hades no pueden ni cambiarse ni curarse de lo que son" (30). Estas regiones son los únicos sitios donde puedo experimentar el alma sin fluctuaciones provocadas por la intervención de la conciencia.


El movimiento de Cronos desde el mundo de arriba hacia el submundo es un movimiento de alejamiento del reino del hacer consciencia, en la dirección de hacer alma. Seguir a Cronos aquí es llegar a la base de mi alma. Este viaje puede lograrse sólo mediante la penetración, por un imaginar arquetipal que permita al inconsciente un acceso fácil a la conciencia. Es un modo de ver, de visionar, que nuestra cultura describe como patológico -que pero que encontramos tan atractivo en las culturas orientales.


El horóscopo del individuo es todavía un camino para lograr esta visión, si el astrólogo se da cuenta de que no todo en un tema requiere ser interpretado, sino que puede ser experimentado e imaginado. Este el único verdadero modo de Jung en que podemos transformar la naturaleza - a través de la experiencia de primera mano de la imagen. Esto es también lo que Heráclito quería decir cuando escribió que "aquellos que duermen cooperan y comparten en las actividades que ocurren en el universo" (31), pues aquellos que duermen están nocturnamente comprometidos con las imágenes que nos da la psique profunda, enviadas desde el reino de Cronos y Hades.


Dejadme concluir diciendo que el peligro de Cronos yace en que nos da la ilusión de una vieja sabiduría mientras que a la vez nos aprisiona en una sabiduría que es seca y no puede ver fuera de sí misma. La belleza de Cronos, por otra parte, es que es un Dios que a través de la tribulación puede traernos a una plena apreciación de nosotros mismos desde el fondo del alma.
El mayor peligro para la astrología se encuentra en la tendencia Saturnina a espiritualizar la persona -a hacer de su carta una cosa sin alma. Sería una gran pena que la astrología se volviera otra psicología más de la consciencia, pues sólo en la astrología encontramos las representaciones clásicas de los Dioses y del alma desvergonzadamente presentadas como poderes que residen más allá del control del ego, como misterios cuyos movimientos y efectos pueden ser medidos por relojes y predichos, pero cuyos motivos ulteriores nunca pueden ser comprendidos. Perder este sentido de misterio en favor de una aceptación respetable sería el último insulto que la persona moderna puede ofrecer al fundamento arquetipal que diariamente nos afecta. Dentro del contexto de todo lo dicho arriba, sería la maldición de Saturno cumplida.

Notas:

(1) Jung, C. G.: "Arquetipos e inconsciente colectivo"
(2) Corbin, Henri: "Mundus Imaginalis o lo Imaginario y lo Imaginal"
(3) Hillman, James: "El sueño y el submundo"
(4) Jung, C. G.: "Los complejos & el inconsciente"
(5) Para más información ver mi "El Juego de los brujos: Psique, Ciencia y Simbolismo en el ocultismo"
(6) Freud, Sigmund: "Pegan a un niño"
(7) Neumann, Erich, "The Origins and History of Consciousness"
(8) Jung, c. G.: "La psicología de la transferencia"
(9) ibid.
(10) ibid.
(11) Stein, Murray: "The Devouring Father" en "Fathers & Mothers"
(12) Paracelso: "Obras Herméticas y Alquímicas"
(13) ib.
(14) Paracelso: "Los secretos de la alquimia"
(15) Jung, C. G: "Energética psíquica y esencia del sueño"
(16) Hillman, James: "Re-imaginando la psicología"
(17) Jung, C. g.: "Dos ensayos sobre psicología analítica"
(18) ibid
(19) Jung, C. G: "Los complejos y el inconsciente"
(20) Hillman, James: "An Essay on Pan", en "Pan and the Nightmare"
(21) Casey, Eddward: "Toward an Archetypal Imnagination"
(22) Jung C. G.: Psicología y alquimia
(23) Corpus Hermeticum
(24) Wilhelm, Richard & Jung, C. G.: "El secreto de la flor de oro"
(25) Freeman, Kathleen, "The pre-socratic Philosophers"
(26) ib.
(27) citado en Lindsay, Jack.: "The Origins of Alchemy in Graeco-Roman Egypt"
(28) citado por Jung
(29) ib
(30) Platón, "Gorgias", 525e
(31) Freeman, Kathleen, op.cit.

No hay comentarios: