sábado, 18 de julio de 2009

La Acacia,simbolo

La Acacia


Uno de los secretos mejor guardados esta relacionado con la Acacia y su relación con el alma del iniciado. A continuación trataremos de dilucidar tan extraño mito masónico. La idea de que el alma humana puede quedar depositada por un tiempo más corto o más largo en algún sitio seguro fuera del cuerpo ya sea en una planta, una piedra, un lugar, etc. se encuentra en los cuentos populares de muchas razas.
Recordemos ahora el Retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde - La historia de un encantador joven, culto inteligente y guapo que, sin embargo, arrastra una vida de perversión. Un amigo de Dorian capta al protagonista en su momento de máximo esplendor en un cuadro. Observando el cuadro, Dorian no puede asumir que lo que ve es insuperable, su alma es plasmada en el cuadro pero, ahora le espera una decadencia sin fin. Sin embargo, por algún mágico sortilegio es el cuadro el que asumirá la decadencia de Dorian Gray. Este se sumerge en la podredumbre humana, comete todo tipo de crímenes y salvajadas, pero su aspecto físico permanece inalterable. Es el retrato de Dorian el que, como un reflejo deformado, se transforma en un verdadero monstruo paulatinamente, conforme su alter ego va cayendo más bajo.
El final es esperado, pero aun así resulta trágico. Dorian muere delante de su retrato y se intercambian los papeles. Ahora el muerto es Dorian físico ya monstruoso, y el retrato esta justo tal cual fue pintado, que vuelve a su forma primigenia. Este es un ejemplo del alma externada.
Queda por mostrar que esta idea no es una ficción para adornar un cuento, sino un verdadero artículo de fe primitiva que ha dado origen a una serie de costumbres correlativas.
Hemos visto que en los cuentos algunas veces el héroe, como preparación para la batalla, separa el alma de su cuerpo para que éste sea invulnerable e inmortal en el combate. Con el mismo propósito el salvaje extrae de su cuerpo el alma en las diversas ocasiones de peligro real o imaginario.
Entre los indios yaquís, cuando nace un niño llaman al hechicero, que conjura al alma del recién nacido para que entre en un peyote, que después cubren con una tela, colocándolo en una bandeja o fuente cuadrada suspendida con cuerdas del techo. Esta ceremonia se repite todas las lunas nuevas del año. No explica la finalidad de la ceremonia el escritor que la describe, pero nosotros podemos conjeturar que se trata de depositar el alma infantil en un sitio más seguro que su propio cuerpo frágil y pequeño. Esta hipótesis se confirma por la razón asignada a otra costumbre similar que se observa en otros lugares del mundo musulmán.
En las islas de Oceanía, cuando hay un recién nacido en una casa, puede verse junto a una imagen toscamente tallada de algún antepasado, colgado a su lado, un coco vacío cuyos pedazos, después de roto, se han ajustado otra vez. Se cree que el alma del infante está temporalmente externada y depositada en el coco para que esté a salvo de ataques de los espíritus malignos; cuando el niño se haga más fuerte y grande, el alma volverá a su morada permanente en su propio cuerpo. De igual manera, entre los esquimales de Alaska, cuando un niño está enfermo, algunas veces el curandero extrae el alma de su cuerpo y la interna, para asegurarla, en un amuleto que, para más seguridad, deposita en su propio saco de medicinas.
Creemos probable que de igual modo se hayan considerado muchos amuletos como cajas para almas, o sea, a modo de "cajas fuertes" en las que sus propietarios guardan las almas para mayor seguridad suya. Una vieja hechicera dogon, acostumbraba a llevar colgando del cuello un adorno de marfil hueco y de unos ocho centímetros de largo que ella llamaba su alma o su vida.
Simbólicamente en muchas tribus el hombre recibe en su iniciación una piedra que da la idea de un alma y creen que desde entonces su alma está ligada de cierta manera a la piedra. La ruptura es un mal presagio: dicen que el trueno ha roto la piedra y su dueño morirá pronto. Si por el contrario, el hombre sobrevive a la efracción de su "piedra-alma", dicen que no era una "piedra-alma" apropiada y ponen otra en su lugar. El emperador Romano Lecapeno fue informado por un astrólogo de que la vida de Simeón, príncipe de Bulgaria, estaba ligado a cierta columna de Constantinopla, de tal modo que, si se quitase el capitel a la columna, Simeón moriría inmediatamente.
El emperador aprovechó la insinuación y mandó que quitaran el capitel; más tarde, y habiendo ordenado que se hiciera una investigación, Romano Lecapeno llegó a saber que Simeón había muerto en Bulgaria, de una enfermedad cardiaca, a la misma hora. También hemos visto que en los cuentos populares un alma humana.

Hemos observado que en los cuentos populares la vida de una persona está en ocasiones tan ligada a la vida de una planta que su marchitamiento precederá o seguirá a la muerte de la persona. Entre los M'bengas del África Occidental, cerca del Gabón, cuando dos niños nacen el mismo día, la gente planta dos árboles de la misma clase y bailan alrededor de ellos. La vida de cada uno de los dos niños se cree unida a la de uno de los dos árboles y si el árbol muere o es arrancado, están seguros de que la criatura morirá pronto.

En Camarones también creen que la vida de una persona está unida mágicamente con la de un árbol. Un hechicero indígena, en México, tenía su alma en un cerro sagrado cerca de un manantial. Cuando algunos jóvenes, por diversión o ignorancia, deforestaron el cerro, el espíritu estaba indignadísimo y amenazó a los autores de la hazaña, con toda clase de males. Algunos pueblos navajos unen mágicamente la vida de un recién nacido con la de un árbol introduciendo un guija en la corteza del árbol. Se cree que esto le da completo dominio sobre la vida del niño; si cortan el árbol, el niño morirá. Después de un nacimiento, los maoríes solían enterrar el cordón umbilical en un lugar sagrado y plantar encima un renuevo. En su crecimiento, el árbol era un Tohu oranga o signo índice de la vida del niño: Si el árbol prosperaba, el niño perada; si se marchitaba y secaba, los padres auguraban lo peor para su pequeñuelo.

En algunas partes de las Islas Fiji plantan juntos el cordón umbilical de un niño y un cocotero o un esqueje de "árbol del pan" y la vida infantil se supone que está íntimamente conectada con la del árbol. Entre los dayakos de Landak y Tajan, distritos del Borneo holandés, es costumbre plantar un árbol frutal por cada niño, y en adelante, según la creencia popular, el hado de la criatura está ligado con el del árbol: Si el árbol crece rápida y normalmente, todo irá bien para el niño, pero si el árbol crece raquítico y torcido, no puede esperarse nada bueno para su asociado humano.
Se cuenta que hay todavía familias en Rusia, Alemania, Inglaterra, Francia e Italia que acostumbran plantar un árbol al nacimiento de un hijo. Se confía que el árbol crecerá a compás del niño y le atienden con cuidados especiales. La costumbre todavía es bastante general en el cantón de Aargau, en Suiza: Para un niño plantan un manzano y para una niña un peral, y la gente cree que el niño medrará o descaecerá con el árbol. En Mecklemburgo arrojan las secundinas al pie de un árbol joven, y se cree que el niño desde entonces crecerá con el árbol. Cerca del Castillo de Dalhousie, no lejos de Edimburgo, crece un roble llamado el Árbol Edgewell, del que es opinión popular que está conectado a la suerte de la familia por un lazo misterioso, pues dicen que cuando alguno de la familia muere o está próximo a morir, se desprende una rama del Árbol Edgewell.

De ahí que cuando, en un día plácido y sereno del mes de julio de 1874, cayó una gran rama del árbol, un viejo guardabosques exclamó al verlo: "¡El Lord ha muerto ahora mismo!". Poco después llegaron noticias de de la muerte de Fox Maule, undécimo Conde de Dalhousie. En Inglaterra, algunas veces pasan a los niños por la hendidura de un fresno como un remedio para la hernia o el raquitismo, y en adelante suponen que existe una conexión simpática entre ellos y el árbol. Un fresno que fue usado para este propósito crecía en la linde de Shirley Heath, en el camino de Hockly House a Birmingham: "Thomas Chillingworth, hijo del propietario de una hacienda colindante, que tiene ahora treinta y cuatro años, cuando tenía uno de edad, fue pasado a través de un árbol parecido, ahora perfectamente sano, el cual cuida con tanta precaución que no consentiría que se tocase una sola rama; creen que la vida del herniado depende de la vida del árbol y en el momento en que se talase, aunque el paciente esté muy distante, la quebradura vuelve y sobreviene la inflamación, terminando en la muerte, como fue el caso de un hombre que guiaba una carreta por el camino en cuestión". "No es infrecuente, sin embargo, añade el escritor, que haya personas que sobrevivan por algún tiempo a la caída del árbol".

El proceder corriente de efectuar la cura es hender un renuevo de fresno longitudinalmente como a lo largo de un metro y pasar y repasar tres veces o tres veces tres al niño desnudo a través de la hendidura al amanecer. En el oeste de Inglaterra se dice que la pasada-debe de ser a "contra sol". En cuanto la ceremonia se ha ejecutado, atan fuertemente el árbol, cerrando la hendidura y emplasteciéndola con barro o arcilla. Se cree que de igual manera que se cierra la hendidura en el árbol, así la quebradura del cuerpo del niño cicatriza, pero que si la raja del árbol permanece abierta la quebradura del niño quedará así, y si el árbol muriera, con toda seguridad sobrevendría también la muerte del niño.

Una cura parecida para varias enfermedades, pero especialmente para las quebraduras y el raquitismo, se ha practicado corrientemente en otras partes de Europa como Alemania, Francia, Dinamarca y Suecia, pero en esos países el árbol empleado con este fin por lo general no es un fresno, sino un roble: algunas veces se permite y aun se prescribe en su lugar un sauce. En Mecklemburgo, como en Inglaterra, la relación simpática así establecida entre el árbol y el niño se cree tan estrecha que si el árbol se tala, el niño morirá. La noción de un alma externada se ha seguido hasta ahora en los cuentos populares de los pueblos antiguos. En el Egipto antiguo, el cuento de "Los dos hermanos", que fue escrito bajo el reinado de Ramsés II, hacia el año 1300 antes de nuestra era, describe cómo uno de los dos hermanos hechizó su propio corazón y lo colocó en la flor de una acacia, y cómo al cortarse la flor por instigaciones de su mujer, cayó muerto pero resucitó cuando su hermano encontró el corazón perdido en el fruto de la acacia y lo depositó en una copa de agua fresca. Uno de los símbolos masónicos tomado del reino vegetal es la Acacia, es un árbol muy común en la Península de Sinaí, desierto de Negeb, pero, salvo en las inmediaciones del Jordán, poco común en el resto de Palestina. Es el símbolo de la vida y la inmortalidad.

La Acacia recuerda, que una de sus ramas sirvió para cubrir el cuerpo de un Ilustre Maestro. Es para los masones modernos lo que fue el Lotus de las iniciaciones egipcias, el Mirto de los misterios de Eleusis de Grecia, el Muérdago de los Druidas de la Galia, y tiene la misma interpretación simbólica que le damos en la actualidad.
La Acacia en Masonería, no es una planta en sí, es un simbolismo, simboliza el alma del masón, comparada mágicamente con una Acacia que aún siendo cortada permanece siempre con verdor, siempre Viva...

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