viernes, 14 de agosto de 2009

ARQUETIPOS e INDIVIDUACION

ARQUETIPOS

Los contenidos del inconsciente colectivo son los llamados arquetipos. Jung también les llamó dominantes, imagos, imágenes primordiales o mitológicas y otros nombres, pero el término arquetipo es el más conocido. Sería una tendencia innata (no aprendida) a experimentar las cosas de una determinada manera.
El arquetipo carece de forma en sí mismo, pero actúa como un “principio organizador” sobre las cosas que vemos o hacemos. Funciona de la misma manera que los instintos en la teoría freudiana. Al principio, el bebé solo quiere algo de comer, sin saber lo que quiere. Es decir, presenta un anhelo indefinido que, no obstante, puede ser satisfecho por algunas cosas y no por otras. Más tarde, con la experiencia, el bebé empieza a anhelar cosas más concretas cuando tiene hambre (un biberón, una galleta, una langosta a la brasa, un pedazo de pizza estilo Nueva York).
El arquetipo es como un agujero negro en el espacio. Solo sabemos que está ahí por cómo atrae materia y luz hacia sí mismo.
El arquetipo materno
Este arquetipo es particularmente útil como ejemplo. Todos nuestros ancestros tuvieron madres. Hemos evolucionados en un ambiente que ha incluido una madre o un sustituto de ella. Nunca hubiéramos sobrevivido sin la conexión con una persona cuidadora en nuestros tiempos de infantes indefensos. Está claro que somos “construidos” de forma que refleja nuestro ambiente evolutivo: venimos a este mundo listos para desear una madre, la buscamos, la reconocemos y lidiamos con ella.
Así, el arquetipo de madre es una habilidad propia constituida evolutivamente y dirigida a reconocer una cierta relación, la de la “maternalidad”. Jung establece esto como algo abstracto, y todos nosotros proyectamos el arquetipo a la generalidad del mundo y a personas particulares, usualmente nuestras propias madres. Incluso cuando un arquetipo no encuentra una persona real disponible, tendemos a personificarlo; esto es, lo convertimos en un personaje mitológico “de cuentos de hadas”, por ejemplo. Este personaje simboliza el arquetipo.
Este arquetipo está simbolizado por la madre primordial o “madre tierra” de la mitología; por Eva y María en las tradiciones occidentales y por símbolos menos personalizados como la iglesia, la nación, un bosque o el océano. De acuerdo con Jung, alguien a quien su madre no ha satisfecho las demandas del arquetipo, se convertiría perfectamente en una persona que lo busca a través de la iglesia o identificándose con la “tierra madre”, o en la meditación sobre la figura de María o en una vida dedicada a la mar.
Maná
Debemos saber que estos arquetipos no son realmente cosas biológicas, como los instintos de Freud. Son demandas más puntuales. Por ejemplo, si uno sueño con cosas alargadas, Freud sugeriría que éstas representarían el falo y en consecuencia el sexo. Jung propondría una interpretación muy distinta. Incluso, el soñar con el pene no necesariamente implica una insatisfacción sexual.
Es llamativo que en sociedades primitivas, los símbolos fálicos usualmente no se refieran en absoluto al sexo. Usualmente simbolizan el maná, o poder espiritual. Esto símbolos se exhiben cuando es necesario implorar a los espíritus para lograr un mejor cosecha del maíz, o aumentar la pesca o para ayudar a alguien. La relación entre el pene y la fuerza, entre el sémen y la semilla, entre la fertilidad y la fertilización son parte de la mayoría de las culturas.
La sombra
Por supuesto que en la teoría junguiana también hay espacio para el sexo y los instintos. Éstos forman parte de un arquetipo llamado la sombra. Deriva de un pasado pre-humano y animal, cuando nuestras preocupaciones se limitaban a sobrevivir y a la reproducción, y cuando no éramos conscientes de nosotros como sujetos.
Sería el “lado oscuro” del Yo (del sí mismo. N.T.) y nuestra parte negativa o diabólica también se encuentra en este espacio. Esto supone que la sombra es amoral; ni buena ni mala, como en los animales. Un animal es capaz de cuidar calurosamente de su prole, al tiempo que puede ser un asesino implacable para obtener comida. Pero él no escoge ninguno de ellos. Simplemente hace lo que hace. Es “inocente”. Pero desde nuestra perspectiva humana, el mundo animal nos parece brutal, inhumano; por lo que la sombra se vuelve algo relacionado con un “basurero” de aquellas partes de nosotros que no queremos admitir.
Los símbolos de la sombra incluyen la serpiente (como en el Jardín del Edén), el dragón, los monstruos y demonios. Usualmente guarda la entrada a una cueva o a una piscina de agua, que representarían el inconsciente colectivo. La siguiente vez que sueñen que se están peleando con un luchador fortísimo, puede que simplemente ¡se esté peleando con usted mismo!.
La persona
La persona representa nuestra imagen pública. La palabra, obviamente, está relacionada con el término persona y personalidad y proviene del latín que significa máscara. Por tanto, la persona es la máscara que nos ponemos antes de salir al mundo externo. Aunque se inicia siendo un arquetipo, con el tiempo vamos asumiéndola, llegando a ser la parte de nosotros más distantes del inconsciente colectivo.
En su mejor presentación, constituye la “buena impresión” que todos queremos brindar al satisfacer los roles que la sociedad nos exige. Pero, en su peor cara, puede confundirse incluso por nosotros mismos, de nuestra propia naturaleza. Algunas veces llegamos a creer que realmente somos lo que pretendemos ser.
Anima y animus
Una parte de la persona es el papel masculino o femenino que debemos interpretar. Para la mayoría de los teóricos, este papel está determinado por el género físico. Pero, al igual que Freud, Adler y otros, Jung pensaba que en realidad todos nosotros somos bisexuales por naturaleza. Cundo empezamos nuestra vida como fetos, poseemos órganos sexuales indiferenciados y es solo gradualmente, bajo la influencia hormonal, cuando nos volvemos machos y hembras. De la misma manera, cuando empezamos nuestra vida social como infantes, no somos masculinos o femeninos en el sentido social. Casi de inmediato (tan pronto como nos pongan esas botitas azules o rosas), nos desarrollamos bajo la influencia social, la cual gradualmente nos convierte en hombres y mujeres.
En todas las culturas, las expectativas que recaen sobre los hombres y las mujeres difieren. Estas están basadas casi en su totalidad sobre nuestros diferentes papeles en la reproducción y en otros detalles que son casi exclusivamente tradicionales. En nuestra sociedad actual, todavía retenemos muchos remanentes de estas expectativas tradicionales. Todavía esperamos que las mujeres sean más calurosas y menos agresivas; que los hombres sean fuertes y que ignoren los aspectos emocionales de la vida. Pero Jung creía que estas expectativas significaban que solo hemos desarrollado la mitad de nuestro potencial.
El anima es el aspecto femenino presente en el inconsciente colectivo de los hombres y el animus es el aspecto masculino presente en el inconsciente colectivo de la mujer. Unidos se les conoce como syzygy. El anima puede estar representada (personificada) como una joven chica, muy espontánea e intuitiva, o como una bruja, o como la madre tierra. Usualmente se asocia con una emocionalidad profunda y con la fuerza de la vida misma. El animus puede personificarse como un viejo sabio, un guerrero, o usualmente como un grupo de hombres, y tiende a ser lógico, muchas veces racionalista e incluso argumentativo.
El anima y el animus son los arquetipos a través de los cuales nos comunicamos con el inconsciente colectivo en general y es importante llegar a contactar con él. Es también el arquetipo responsable de nuestra vida amorosa: como sugiere un mito griego, estamos siempre buscando nuestra otra mitad; esa otra mitad que los Dioses nos quitaron, en los miembros del sexo opuesto. Cuando nos enamoramos a primera vista, nos hemos topado con algo que ha llenado nuestro arquetipo anima o animus particularmente bien.
Otros arquetipos
Jung decía que no existía un número fijo de arquetipos que pudiésemos listar o memorizar. Se superponen y se combinan entre ellos según la necesidad y su lógica no responde a los estándares lógicos que entendemos. Jung, sin embargo, definió algunos otros:
Además de la madre, existen otros arquetipos familiares. Obviamente, existe un padre que con frecuencia está simbolizado por una guía o una figura de autoridad. Existe también el arquetipo de familia que representa la idea de la hermandad de sangre, así como unos lazos más profundos que aquellos basados en razones conscientes.
También tenemos el de niño, representado en la mitología y en el arte por los niños, en particular los infantes, así como por otras pequeñas criaturas. La celebración del niño Jesús en las Navidades es una manifestación del arquetipo niño y representa el futuro, la evolución, el renacimiento y la salvación. Curiosamente, la Navidad acontece durante el solsticio de invierno, el cual representa el futuro y el renacimiento en las culturas primitivas nórdicas. Estas personas encienden hogueras y realizan ceremonias alrededor del fuego implorando la vuelta del sol. El arquetipo niño también con frecuencia se mezcla con otros, formando el niño-dios o el niño-héroe.
Muchos arquetipos son caracteres de leyendas. El héroe es uno de los principales. Está representado por la personalidad mana y es el luchador de los dragones malvados. Básicamente, representa al Yo (tendemos a identificarnos con los héroes de las historias) y casi siempre está envuelto en batallas contra la sombra, en forma de dragones y otros monstruos. No obstante, el héroe es tonto. Es, después de todo, un ignorante de las formas del inconsciente colectivo. Luke Skywalker, de La Guerra de las Galaxias, sería el ejemplo perfecto.
Al héroe usualmente se le encarga la tarea de rescatar a la doncella, la cual representa la pureza, inocencia y en todas por igual, la candidez. En la primera parte de la historia de la Guerra de las Galaxias, la princesa Leia es la doncella. Pero, a medida que la historia avanza, ella se vuelve anima, descubriendo el poder de la fuerza (el inconsciente colectivo) y se vuelve un compañero igual que Luke, quien resulta ser su hermano.
El héroe es guiado por un viejo hombre sabio, una forma de animus que le revela al primero la naturaleza del inconsciente colectivo. En la Guerra de las Galaxias, este viejo es Obi Wan Kenobi, y luego Yoda. Obsérvese que ambos enseñan a Luke todo sobre la fuerza, y cuando Luke madura, mueren, volviéndose parte de él.
Quizás se estén preguntando por el arquetipo de “padre oscuro” de Darth Vader. Es la sombra y el maestro del lado oscuro de la fuerza. También resulta ser el padre de Leia y Luke. Cuando muere, se convierte en uno de los viejos hombres sabios.
Este es también un arquetipo animal y representa las relaciones humanas con el mundo animal. Un buen ejemplo sería el del caballo fiel del héroe. Las serpientes también son frecuentes arquetipos animales y creemos que son particularmente listas. Después de todo, los animales están más cercanos a sus naturalezas que nosotros. Quizás, los pequeños robots y la siempre disponible nave espacial (el Halcón) sean símbolos de animales.
Y luego está el ilusionista, usualmente representado por un payaso o un mago. El papel de éste es el de hacer las cosas más difíciles al héroe y crearle problemas. En la mitología escandinava, muchas de las aventuras de los dioses se originaban en algún truco demostrado a sus majestades por el medio-Dios Loki.
Existen otros arquetipos que son un poco más complicados de mencionar. Uno es el hombre original, representado en las culturas occidentales por Adán. Otro es el arquetipo Dios, el cual representa nuestra necesidad de comprender el Universo; que nos provee de significado a todo lo que ocurre y que todo tiene un propósito y dirección.
El hermafrodita, tanto hombre como mujer, es una de las ideas más importantes de la teoría junguiana y representa la unión de los opuestos. En algunos cuadros religiosos, Jesucristo está representado más bien como un hombre afeminado. Así mismo, en China, el carácter de Kuan Yin es de hecho un santo masculino (el bodhisattva Avalokiteshwara), ¡pero está pintado de una forma tan femenina que usualmente se le considera más como la diosa de la compasión!.
El arquetipo más importante es el de self (mantendremos aquí el término “self” que “sí mismo”, por su aceptación literal en psicología de habla hispana. N.T.). El self es la unidad última de la personalidad y está simbolizado por el círculo, la cruz y las figuras mandalas que Jung halló en las pinturas. Un mandala es un dibujo que se usa en meditación y se utiliza para desplazar el foco de atención hacia el centro de la imagen. Puede ser un trazo tan simple como una figura geométrica o tan complicado como un vitral. La personificación que mejor representa el self es Cristo y Buda; dos personas, por cierto, que representan según muchos, el logro de la perfección. Pero Jung creía que la perfección de la personalidad solamente se alcanza con la muerte.
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martes 3 de febrero de 2009
ARQUETIPOS E INCONCIENTE COLECTIVO

La hipótesis de un inconsciente colectivo es uno de los conceptos que chocan al público pero pronto se convierten en ideas de uso corriente; como ejemplo de ello recordemos el concepto de inconsciente en general.Una vez que la idea filosófica de lo inconsciente, tal como se encuentra principalmente en C. G Carus y E. von Hartmann, desapareció bajo la ola desbordante del materialismo sin dejar rastros considerables, poco a poco, y adoptando ahora otra forma, volvió a surgir dentro de la psicología médica de orientación científico natural. En primer término fue una designación para el estado de los contenidos mentales olvidados o reprimidos. En Freud, lo inconsciente, aunque parece- al menos metafóricamente-como sujeto actuante, no es sino el lugar de reunión de esos contenidos olvidados y reprimidos, y sólo a causa de éstos tiene una significación práctica. De acuerdo con este enfoque, es por lo tanto de naturaleza exclusivamente personal, aunque ya el mismo Freud había visto ya el carácter arcaico-mitológico de lo inconsciente.Un estrato en cierta medida superficial de lo inconsciente, es sin duda, personal. Lo llamamos inconsciente personal. pero ese estrato descansa sobre otro más profundo que no se origina en la experiencia y la adquisición personal, sino que es innato: lo llamamos "inconsciente colectivo". He elegido la expresión "colectivo" porque este inconsciente no es de naturaleza individual sino universal, es decir, que en contraste con la psiquis individual tiene contenidos y modos de comportamiento que son cum grano salis, los mismos en todas partes y en todos los individuos. En otras palabras, es idéntico a sí mismo en todos los hombres y constituye así un fundamento anímico de naturaleza suprapersonal existente en cada hombre.La existencia psíquica se reconoce sólo por la presencia de contenidos concienciables. Por lo tanto, sólo cabe hablar de un inconsciente cuando es posible verificar la existencia de contenidos del mismo. Los contenidos de lo inconsciente personal son en lo fundamental los llamados complejos de carga afectiva, que forman parte de la intimidad de la vida anímica. En cambio, los contenidos de lo inconsciente colectivo los denominamos arquetipos.La expresión "arquetipo" se encuentra ya en Filón de Alejandría en quien aparece referida a la Imago Dei en el hombre, igualmente en Irineo, en el Corpus Hermeticus.Esa denominación es útil y precisa pues indica que los contenidos inconscientes colectivos son tipos arcaicos -o mejor aún- primitivos. Sin dificultad también puede aplicarse a los contenidos inconscientes la expresión "représentations collectives", que Levy- Bruhl usa para designar las figuras simbólicas de la cosmovisión primitiva, pues en principio se refiere casi a lo mismo. En las doctrinas tribales primitivas aparecen los arquetipos en una peculiar modificación. En verdad, aquí ya no son contenidos de lo inconsciente sino que se han transformado en fórmulas conscientes, que son trasmitidas por la tradición, en general bajo la forma de la doctrina secreta, la cual es una expresión típica de la transmisión de contenidos colectivos originariamente procedentes de lo inconsciente.Otra expresión muy conocida de los arquetipos es el mito y la leyenda. pero también en este caso trátase de formas específicamente configuradas que se han transmitido a través de largos lapsos. Por lo tanto, el concepto "arquetipo" sólo indirectamente puede aplicarse a las representaciones colectivas, ya que en verdad designa contenidos psíquicos no sometidos aún a elaboración consciente alguna, y representa entonces un dato psíquico todavía inmediato. Como tal, el arquetipo difiere no poco de la formulación históricamente constituida o elaborada.Especialmente en estadios más elevados de las doctrinas secretas, los arquetipos aparecen en una forma que por lo general muestra de manera inconfundible el influjo de la elaboración consciente, que juzga y que valora. su manifestación inmediata, en cambio, tal como se produce en los sueños y visiones, es mucho más individual, incomprensible o ingenua que, por ejemplo, en el mito. El arquetipo representa esencialmente un contenido inconsciente, que al consciencializarse y ser percibido cambia de acuerdo con cada conciencia individual en que surge.Hemos aclarado qué se entiende por "arquetipo", en relación con e mito, la doctrina secreta y la leyenda. Pero el tema se complica si intentamos examinar a fondo qué es psicológicamente un arquetipo. La investigación sobre los mitos se ha conformado hasta ahora con representaciones solares, lunares, meteorológicas, vegetales y con otras nociones auxiliares.Nadie ha entrado a considerar la idea de que los mitos son ante todo manifestaciones psíquicas que reflejan la naturaleza del alma. Poco le importa al primitivo una explicación objetiva de las cosas que percibe; tiene, en cambio, una imperiosa necesidad, o mejor dicho su psique inconsciente tiene un impulso invencible que lo lleva a asimilar al acontecer psíquico todas las experiencias sensoriales externas. No le basta al primitivo con ver la salida y puesta del sol, sino que esta observación exterior debe ser al mismo tiempo un acontecer psíquico, esto es, que el curso del sol debe representar el destino de un dios o de un héroe, el cual no vive sino en el alma del hombre. Todos los procesos naturales convertidos en mitos, como el verano y el invierno, las fases lunares, la época de las lluvias, etc., no son sino alegorías de esas experiencias objetivas, o más bien expresiones simbólicas del íntimo inconsciente drama del alma, cuya aprehensión se hace posible al proyectarlo, es decir, cuando aparece reflejado en procesos naturales. La proyección es hasta tal punto profunda que fueron necesarios varios siglos de cultura para separarla en cierta medida del objeto exterior.Lo inconsciente es visto comúnmente como una especie de intimidad personal encapsulada, que la Biblia designa como "corazón" y considera entre otras cosas, punto de origen de todos los malos pensamientos. En las cámaras del corazón habitan los malos espíritus de la sangre, la ira pronta y las debilidades de los sentidos. Así aparece lo inconsciente mirado desde la conciencia.Pero la conciencia parece ser algo dependiente el cerebro, que todo lo separa y todo lo ve aislado, y al ver de este modo lo inconsciente lo presenta como si fuera más que mi insconsciente. Por eso se cree generalmente que quien desciende a lo inconsciente cae en la estrechez de la subjetividad egocéntrica y en ese callejón sin salida queda librado al asalto de las alimañas que se supone albergan las cavernas del inframundo psíquico.Es cierto que quien mira en el espejo del agua, ve ante todo su propia imagen. El que va hacia sí mismo corre el riesgo de encontrarse consigo mismo. El espejo no favorece, muestra con fidelidad la figura que en él mira, nos hace ver ese rostro que nunca mostramos al mundo, porque lo cubrimos con la persona, la máscara del actor, pero el espejo está detrás de la máscara y muestra el verdadero rostro. Esa es la primera prueba de coraje en el camino interior; una prueba que basta para asustar a la mayoría, pues el encuentro consigo mismo es una de las cosas más desagradables y el hombre lo evita en tanto puede proyectar lo negativo sobre su mundo circundante. Si uno está en situación de ver su propia sombra y soportar el saber que la tiene, sólo se ha cumplido una pequeña parte de la tarea; al menos se ha trascendido lo inconsciente personal, pero la sombra es una parte viviente de la personalidad y quiere entonces vivir de alguna forma. No es posible rechazarla ni esquivarla inofensivamente. Este problema es extraordinariamente grave pues no sólo pone en juego al hombre todo, sino que también le recuerda al mismo tiempo su desamparo y su impotencia. A las naturalezas fuertes -¿ o hay que decir más bien débiles?- no les gusta esta alusión y se fabrican entonces algún más allá del bien y del mal, cortando así el nudo gordiano en lugar de deshacerlo. pero tarde o temprano la cuenta debe ser saldada. Hay que confesar que existen problemas que de ningún modo se pueden resolver con los medios propios. Esta confesión tiene la ventaja de la probidad, de la verdad y de la realidad, y así al asumir esa imposibilidad se ponen las bases para una reacción compensatoria de lo inconsciente colectivo, es decir, de quien reconoce la existencia del problema está inclinado a prestar atención a una ocurrencia o percibir ideas que antes no había dejado aparecer.Atenderá a sueños que sobrevienen en tales momentos o reflexionará sobre ciertos acontecimientos que justamente en ese tiempo tienen lugar en nosotros. Si se tiene tal actitud se pueden despertar fuerzas útiles que dormitan en la naturaleza profunda del hombre, pues el desamparo y la debilidad son la vivencia eterna y el eterno problema de la humanidad y para esa situación existe también una respuesta eterna: de lo contrario el hombre hubiera desaparecido hace ya mucho. Una vez que se ha hecho todo lo que se pudo hacer, queda todavía lo que se podría hacer si uno tuviera conocimiento de ello. Pero ¿cuánto sabe el hombre de sí mismo? De acuerdo con todo lo que la experiencia nos muestra, es muy poco. Por eso queda todavía mucho espacio libre para lo inconsciente. Como es sabido, la plegaria requiere una actitud similar y por ello tiene también análogos efectos.La reacción necesaria y requerida se expresa en representaciones configuradas arquetípicamente. El encuentro consigo mismo significa en primer término el encuentro con la propia sombra. Es verdad que la sombra es un angosto paso, una puerta estrecha, cuya penosa estrechez nadie que descienda a la fuente profunda puede evitar. Hay que llegar a conocerse a sí mismo para saber quien es uno, pues lo que viene después de la muerte es algo que nadie espera, es una extensión ilimitada llena de inaudita indeterminación, y al parecer no es ni un arriba ni un abajo, ni un aquí ni un allí, ni mío ni tuyo, ni bueno ni malo. Es el mundo del agua, en que todo lo viviente queda en suspenso; donde comienza el reino del "simpático", el alma de todo lo viviente; donde yo soy inseparablemente esto y aquello; donde yo vivencio en mí al otro y el otro me vivencia como yo. Lo inconsciente colectivo es cualquier otra cosa antes que un sistema personal encapsulado; es objetividad amplia como el mundo y abierta al mundo. Soy el objeto de todos los sujetos, en una inversión total de mi conciencia habitual, en la que siempre soy un sujeto que tiene objetos. Allí estoy en tal medida incorporado a la más inmediata compenetración universal, que con toda facilidad olvido quién soy en realidad. "Perdido en sí mismo" es una buena expresión para caracterizar este estado. Pero este sí-mismo es el mundo;o un mundo, si una conciencia pudiera verlo. Por eso hay que saber quién es uno.
Resumen del Capitulo I del libro “Arquetipos e Inconsciente Colectivo”C.G. Jung. Ed. Paidós, SAICF;Ed. Paidós Ibérica, S.A. Barcelona. 1991
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lunes 2 de febrero de 2009
INDIVIDUACIÓN
Posesionemos nuestra mente en la partida de un largo viaje, conociendo bien el significado del término "Arquetipo" (antiguo y modelo). Para el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, arquetipo es como un legado de ideas adquiridas a través del inconsciente colectivo en un esfuerzo por explicar la difundida similitud de imágenes observadas entre diversas culturas.

El Tarot es un juego de barajas misterioso de origen desconocido, que representan imágenes de este inconsciente colectivo a través de los "Arcanos" (conocimientos secretos) que representan un mapa simbólico del proceso de autorrealización desarrollado en la psique individual, que consiste esencialmente en imágenes.

Esta estructura que está repleta de sentido y propósito. la mente y el cuerpo son la expresión de una entidad única. Entonces este ser viviente aparece hacia fuera como el cuerpo material ,sin embargo, hacia adentro ,como una serie de imágenes de actividades vitales que tienen lugar dentro de este ,en un limitado número de patrones recurrentes: "Los arquetipos".
Las imágenes del Tarot siempre han ejercido fascinación, cuando se contemplan.
Intuimos que a través de ellas nos podemos introducir en "misterios ocultos", podemos explorar la riqueza de símbolos, cuentos y las múltiples posibilidades creativas que podemos encontrar y asociar a los Arcanos.
Sabemos ,además que el origen del Tarot no ha podido ser establecido con Precisión, existiendo referencias bibliográficas que apuntan su nacimiento al antiguo Egipto, en el libro de Thot, Dios egipcio de la magia y la adivinación, otros autores apuntan su origen en China, en la India, etc.

Sugieren también que la palabra Tarot deriva de dos palabras egipcias, TAR (camino) y RO (real), que significaría "el camino real de la sabiduría”.

Los veintidós arcanos o misterios mayores, representan por medio de símbolos alegorías, las experiencias colectivas compartidas por toda la humanidad (arquetipos del inconsciente colectivo).

En virtud de ello, el viaje a través de los arcanos mayores refleja las diferentes etapas de la existencia hasta alcanzar el "grado de evolución plena" llamado INDIVIDUACIÓN. Configurando así, el viaje arquetipal de la vida.

Este viaje consiste en etapas de triunfo y fracaso, de ganancias y pérdidas, de locura y desesperación, de locura y de cordura, de alegrías y tristezas, serenidad belleza y fealdad, de sabiduría e ignorancia, de luz y oscuridad.
Y como lo dice Jung: "La continua alternación de opuestos constituye el motor de la existencia misma: la angustiosa realidad es que la vida cotidiana del ser humano se halla atrapada en un complejo inexorable de opuestos día y noche, nacimiento y muerte, felicidad y desdicha, bien y mal.
Ni siquiera estamos seguros de que uno de ellos pueda subsistir sin el otro de que el bien pueda superar al mal o la alegría derrotar al sufrimiento. La vida es un continuo campo de batalla .Siempre lo ha sido y siempre lo será. Si no fuera así, nuestra existencia llegaría a su fin.En este sentido, el proceso de Individuación incluye a la experiencia del Conflicto. Así la Psique se constituye en el campo de batalla donde se lleva a efecto la lucha continua entre las exigencias del ego y del sí-mismo.

Tal lucha es experimentada como una lucha entre opuestos cuyo objetivo es el establecimiento de la armonía entre estos dos ámbitos. Esta es la META del proceso.

El trayecto de este viaje arquetipal de la vida no cumple con un itinerario predeterminado, ni está sujeto a un orden específico ni cronológico.

El viaje hacia la individuación puede iniciarse bien sea con la emergencia de una depresión (La muerte), por. la aparición de un desazonador sentimiento nihilista (El Sumo Sacerdote), por los cambios súbitos traídos por la fortuna (La rueda de la fortuna), por una profunda experiencia amorosa o por la pérdida del objeto amado (Los enamorados), etc.

Tampoco los encuentros con los diferentes arcanos son únicos, muchas serán las veces en las cuales nos encontraremos con El Loco, La Muerte, La Luna, etc. en el transcurso de nuestro viaje.

Esto es debido a un hecho; El movimiento continuo y profundo de la transformación humana no es lineal ni secuencial (Pensamiento Occidental), como tampoco circular (el eterno retorno de la filosofía oriental), más bien es un movimiento en espiral, y, si bien cada giro de la espiral puede ser percibido, en una primera impresión, como un retorno a un estado anterior, no resulta así. Al haber ganado la conciencia en amplitud y profundidad por medio de la reflexión y la atención, en lugar de la supuesta repetición, cada giro de la espiral resulta en una evolución natural del devenir y cada encuentro con una figura arquetipal del Tarot es un rito de pasaje necesario para el desarrollo del individuo. Mientras mayor sea nuestro grado de reflexión y, por ende, de auto-conocimiento, más profunda será la gradación de la espiral. La espiral es el medio de comparación de nosotros con nosotros mismos. De revisar nuestro progreso con respecto al desarrollo de nuestra personalidad. Nuestra tendencia a movemos en espiral representa el anhelo y el crecimiento hacia la totalidad.

Los arcanos mayores describen los estados internos del individuo en un momento particular de su vida, así como aquellas experiencias factibles de ser halladas simultáneamente en el mundo externo de acuerdo con los principios herméticos: como arriba es abajo y como adentro es afuera.


El viaje a través de los arcanos mayores es el viaje de El Loco, pues la constelación o activación de su energía en nuestra psique es la propulsora del viaje de la vida.

En la etapa de iniciación de El Loco nos toparemos con sus padres celestiales o divinos: La Suma Sacerdotisa y el Sumo Sacerdote; sus padres terrenales; La Emperatriz y El Emperador; su guía interior, El Mago.
Hallaremos luego los conflictos y emociones propios de la adolescencia (conflicto de opuestos): Los Amantes y El Carro.

Vendrán las pruebas, retos y aprendizajes de la adultez: La Justicia, La Fuerza y El Ermitaño. Percibiremos, en la mitad de su trayecto vital (la Metanoia de la segunda mitad de la vida), sus crisis, pérdidas y momentos de desesperación; La Rueda de la Fortuna, El Colgado, La Muerte y La Torre.

En su retirada al mundo interior confrontaremos a los ángeles y demonios que moran en esas sombrías latitudes: El Diablo y La Luna.
En su camino de retorno del mundo de Hades veremos la luz de una nueva conciencia; La Estrella, La Templanza y El Sol.
La victoria definitiva sobre las penumbras marcará su renacimiento: El Juicio, finalmente, celebraremos su transformación y reconciliación con la vida en el último triunfo: El Mundo.

Los estadios representados por cada triunfo no son estáticos, pues la vida misma es un constante devenir: "Todo fluye y nada se detiene". En virtud de ello, lo importante no es la meta en si., sino el proceso hacia la misma" La meta es importante tan solo como una idea: lo esencial es el "Opus" que conduce a la meta: "Esta es la meta de una vida".

Cada individuo viene al mundo a cumplir un mito y nuestra tarea fundamental es conocer cual es nuestro mito, para no actuarlo inconsciente o compulsivamente.”Al nacer recibimos una mano de cartas que determina hasta qué punto estamos dominados por el determinismo. Solo somos libres en la medida que adquirimos la destreza necesaria para jugar las cartas que se nos hayan repartido”.

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