sábado, 24 de octubre de 2009

Esotérico


Esotérico


La palabra esotérico es utilizada como un término descalificador y hasta discriminatorio por quienes ven en ello algo oscuro, liviano, poco riguroso y simple. Sin embargo nada está más lejos de la verdad que esos prejuicios.

La Real Academia Española define esotérico/a de la siguiente forma:

* Oculto, reservado
* Dicho de una cosa: Que es impenetrable o de difícil acceso para la mente
* Se dice de la doctrina que los filósofos de la antigüedad no comunicaban sino a un corto número de discípulos
* Dicho de una doctrina: Que se transmite oralmente a los iniciados

De esta definición pueden sacarse algunas conclusiones que sí son correctas. Por ejemplo, el esoterismo es reservado, evita a toda costa la presentación pública. Y ello viene dado de que el saber no es transmisible, ya que proviene de la toma de conciencia personal, y es entonces el darse cuenta -el saber, en buenas cuentas- el resultado de una experiencia personal, indelegable, intransferible. El esoterismo ha existido desde mucho antes que la visión científica que hoy trata de dominar el mundo. Y el esoterismo busca siempre explicarse los fenómenos –cualquiera que este sea- preguntándose no solamente el cómo se producen sino también el por qué se producen. Con ello indaga acerca del verdadero sentido de las cosas, pasando más allá del simple funcionamiento que pretende la ciencia al resolver el cómo. Y he ahí desde donde sobresale una de sus características básicas y que es su transmisión al hombre en forma individual –que puede estar representado por el iniciado en alguna corriente doctrinaria o filosófica- ya que para ello necesita la voluntad del aprendiz para ir más allá de lo evidente y entrar entonces en el saber.

En los tiempos actuales la ciencia nos ha acostumbrado a pensar en forma absolutamente funcional. Observe usted lo que sucede con la medicina occidental en que los científicos buscan y buscan más y más profundamente en el cuerpo humano –con la ayuda ahora de tecnología impresionantemente desarrollada- aquello que es lo que falla y produce el síntoma. Siempre está buscando el “cómo”, y para cada enfermedad se llega a compuestos o microorganismos o a órganos cada vez más pequeños. Y así seguirá la ciencia, que no puede descansar buscando. Y la búsqueda del cómo no podrá aportarle nunca descanso porque lisa y llanamente no da respuesta al sentido de lo que sucede. Y desafortunadamente la ciencia se ha arrogado el papel de guardián de la explicación del mundo que nos rodea. Nada que no sea comprobable científicamente presenta hoy validez en el mundo. Y las personas entonces no le dan validez a lo que no lo sea. Sin embargo, ese problema de la ciencia nos muestra su principal trampa: como solamente puede ser creíble lo que es demostrable científicamente lo demás no existe. Sin embargo, la ciencia se sigue arrogando el derecho de ser la única forma de representar la realidad, y lo que no es mensurable o visible no existe por tanto.

La palabra esotérico proviene del vocablo griego esoteros que significa simplemente lo interno. Y es de esa manera que los esotéricos se unen en los círculos que los cobijan y al que han llegado buscando el conocimiento, aquel que es vedado a las masas. Y cuando se llega a buscar el conocimiento que está más allá de lo transmisible –como es la ciencia- se llega al verdadero saber. No a aquel conocimiento que otros han puesto en los textos y que es fácilmente comprensible con una pequeña dosis de talento y algo de dedicación, y que luego recitan muchos como loros, descalificando a quien ose no recitar lo mismo.

Lo esotérico nada tiene de secreto ni oculto. Los conocimientos están ahí, disponibles para quien quiera ir hacia ellos. Sin embargo, no están a la vista de cualquiera. Se requiere de voluntad, de sacrificio, y de elevar el nivel de conciencia, para que dicha elevación lo lleve al saber.

Cuando alguno desprecia a otro por esotérico se desnuda su visión de la vida y sus precarios límites en los cuales se desenvuelve, siendo ellos dictados por la ignorancia en la que se mueve. Esa ignorancia que no le permite observar lo que es evidente al ojo del que sabe, del que ha expandido su conciencia y ha podido ir más allá. El saber comprendido en el esoterismo no está disponible para cualquiera, ya que el que lo ignora no podrá comprender su simbolismo y considera todas las teorías como cuentos sin sentido. Pero claro, si a un campesino que no ha accedido a estudios superiores le presento una compleja ecuación matemática con integrales o derivadas posiblemente considerará todo ello como un montón de rayas y símbolos que no tienen significado. Eso pasa con aquel que juzga lo que no está a su alcance. Lo mismo sucede con las notas musicales. Si no soy capaz de leer la notación musical debo esforzarme y aprenderla y no exigirle a la música que utilice un sistema de escritura que yo sea capaz de leer, o dejar entonces en el limbo mi comprensión profunda de este precioso arte y limitarme a ser solamente oyente. Pero debo darme cuenta que el saber lo tiene quien ha podido utilizando el lenguaje cifrado de musas y corcheas componer las maravillosas piezas que regocijan el corazón del hombre.

Y el esoterismo es una forma de caminar por la vida. Y para caminar hay que dar un primer paso. Y ese puede ser el que cueste y el que haga la diferencia entre el que descalifica y el que lo vive y accede al saber. Ese saber que lo pone en el camino de la verdad, que es independiente de la política, la cultura, la religión, la posición social, el poder, el ropaje, el dinero y el tiempo. La ciencia no significa en modo alguno un compromiso de la persona con lo que estudia. El esoterismo significa compromiso vital. Y la diferencia entre ambos es como el hacer huevos con jamón: la gallina está involucrada en el plato y el chancho está comprometido. El esoterismo lleva la evolución en su seno.

Por eso, lo interno -esoteros- es lo que nos lleva a otro estado de conciencia, y que nos acerca a lo que somos de verdad, a lo que tiene sentido, a Dios.

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