sábado, 9 de enero de 2010

Mandinga (mitología)

Mandinga (mitología)


El diablo en el Codex Gigas.El Mandinga es el nombre que recibe la representación del diablo en la cultura sudamericana, al presentarse como un ser humano normal o casi normal, con la intención de presentar una apariencia más amigable, y así lograr más facilmente que pecaran los seres humanos; pero que alejarse dejaba un olor a azufre, que denotaba que había sido realmente el Diablo el que "había metido su cola".


Descripción [editar]El Mandinga es un ser bastante conspicuo que aparecía de repente en los lugares mas frecuentados y obligaba a la gente del Pueblo a pecar, retirándose después con el consabido olor a azufre del diablo. También era usado para justificar , desde accidentes ( por la ebriedad del jinete), hasta gestaciones con padre desconocido. Generalmente era usado por las comadronas de los pueblos para asustar a los hombres y niños del mismo, dándole localización generalmente en las cercanías de los lugares que debían evitar. Igualmente se hace referencia al Mandinga cuando suceden cosas extrañas y sobrenaturales, hecho de donde proviene la frase es "cosa de mandinga"; con la cual se hace referencia a algo que no tiene explicación racional.

La asociación original del diablo con la palabra mandinga, se originó con la intención de los misioneros de asociar al diablo con la tribu africana de los Mandinga; la cual por manipulación de los negreros habrían sometido a otras tribus, y por lo cual los esclavos asociaban este nombre con el sufrimiento. De esta manera fomentaban la adoración de los esclavos a Dios, a través del miedo a ese hecho; al asociarlo con actos del diablo.

El mandinga también es conocido con un sinfín de otros nombres en sudamérica. Algunos de los cuales son :

Sátrapa
Cornudo
El cola E´Flecha
Colorao
Zupai

Distribución geográfica de la tradición del Mandinga
El Mandiga en distintas localidades chilenas
El Mandinga en el Pueblo de Lo Barnechea
Pueblo Lo Barnechea
El centro de la actividad pecaminosa se centraba en la Quinta de Recreo El León, donde mineros y arrieros se juntaban a gastar sus sueldos recién recibidos . Las que hacían correr las historias de tales actividades diabólicas, por supuesto eran las esposas que veían como los sueldos se esfumaban.En dicha Quinta de Recreo ,según los habitantes del pueblo , habían entierros ,candelillas, además de poderse ver al diablo cantando y tocando mexicanas.

El Mandinga en Corral Quemado
Corral Quemado (Chile)
Generalmente era visto en el puente que quedaba aguas arriba del estero, lugar de muchos accidentes de jinetes ebrios.

El Mandinga en Argentina
En Argentina al diablo también se le llama "Mandinga", y se lo representa de color y vestiduras totalmente negros. Utilizado como adjetivo, "mandinga" se origina en el apelativo que se aplicaba a los hombres negros del oeste de Sudán.[1] Puede ser que el término haya sido introducido en el Río de la Plata por los traficantes de esclavos, antes de que la Asamblea de 1813 comenzara a abolir la esclavitud.

Pactos con el Mandinga
Pacto con el Diablo
Desde la antiguedad existe la creencia de que las personas pueden obtener grandes premios al pactar su alma con el Mandinga.[2] Hasta ahora las páginas de los periódicos tienen noticias de pactos con el Mandinga[3] Desde muy antiguo existen antecedentes en tal sentido. Eliphas Levi, sentadas las bases de su axioma , no rechaza en absoluto la posibilidad de pactos infernales, aunque sí exprese sus dudas sobre algunas de las "recetas contenidas en los grimorios para tal fin".


San Agustín y el Diablo, de Michael Pacher. Naturaleza del pacto [editar]En la Demonología Cristiana, se pensaba que la persona que había hecho un pacto con el demonio prometía a cambio sacrificarle niños o al menos consagrárselos al nacer (se acusó a muchas matronas de hacer tal cosa debido a la gran cantidad de niños que morían durante el nacimiento en la Edad Media y el Renacimiento). También se suponía que participaría en aquelarres, tendría relaciones sexuales con demonios y concebiría descendencia con los súcubos (o los íncubos si era mujer).

El pacto podía ser oral o escrito. El oral se realizaba mediante invocaciones, conjuros o rituales: una vez que el nigromante cree que el demonio está presente, le pide el favor que sea y ofrece su alma a cambio; de esta manera, no quedarían pruebas de lo sucedido. Sin embargo, en los juicios por brujería siempre aparecían evidencias como la marca diabólica, una señal indeleble causada por el toque del diablo al cerrar el pacto. Esta marca (que podía ser desde una peca a una cicatriz) constituía prueba suficiente de que el pacto diabólico se había producido.

El pacto escrito atraería al demonio de la misma manera pero incluiría un contrato firmado con la sangre del hechicero o de la víctima sacrifical (o, más comunmente, tinta roja o sangre animal). Los inquisidores elaboraron sofisticados contratos falsos para acusar a sus víctimas, aunque en último término afirmaban que bastaba con haber incluido el propio nombre en un cierto Libro Rojo de Satán. Otros contratos pudieron ser escritos por personas que creían tratar realmente con el diablo.

Normalmente, estos contratos contenían signos extraños que se suponían firmas de demonios, cada uno con su propio sello.

El significado de la expresión pacto con el diablo se ha expandido hasta incluir intercambios que no tienen relación con el demonio pero implican perseguir una meta (como la venganza) por medios considerados malignos (por ejemplo, el asesinato).

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