domingo, 7 de febrero de 2010

El mundo de lo sobrenatural en los Yaganes.

El mundo de lo sobrenatural en los Yaganes.




La creación de todo lo existente se conocía como Watauiwineiwa. Rosa Yagán se refiere a él de la siguiente forma: "El arco iris que se ve en el cielo se llama Watauiwineiwa. A él se piden los hechiceros yaganes y todos los que necesitan algo, porque Watawineiwa no castiga, sólo ayuda". (Op.cit; pág 39)

A pesar de no haber coincidencia al respecto, Watauiwineiwa no era adorado, de acuerdo a como tradicionalmente la sociedad dominante ha entendido el teísmo. Ello debido a que esta entidad estaba en todas partes, y se manifestaba en cada cosa, lugar o ser. Por ello, no es extraña la afirmación de Rosa Yagán, la que es recurrente en testimonios posteriores.

Otros que formaban parte de sus creencias, eran los Yoalox, a los que se les atribuía la enseñanza del uso y fabricación de las armas y herramientas. Estas entidades, existentes de los tiempos remotos, originaban el mundo de lo sobrenatural y se manifestaban a los yagán en hechos o fenómenos naturales. Igualmente, de acuerdo a información etnográfica existía Curpij, responsable del viento, la lluvia y la nieve.

Entre los Yagán existieron, y fueron importantes los curanderos o chamanes. Llamados Yekamush, quienes podían sanar enfermos, curar desequilibrios emocionales, e invocar a los espíritus.

El etnólogo Martín Gusinde describió como actuaba un hechicero: "(...) se dispone el hechicero a actuar mediante un largo canto, llamando en esta forma a los espíritus para que le auxilien. Nada debe molestar ni distraer su atención; prefiere verse solo con los que le piden su ayuda, los cuales se sientan o se tienden ante él. Entre cantos y suaves balanceos del tronco "va reuniendo en un determinado lugar la materia enfermiza", chupándola violentamente con sus labios. En seguida la escupe en la palma de la mano y la sopla después".

Otro relato con respecto al hechicero es dado por Rosa Yagán: " (…) Si un paisano se enfermaba o si tiraba una cáscara de maucho al agua y le venía un dolor, lo llamaban para que él hiciera su trabajo. Chupaba ese aire malo y lo soplaba para arriba, levantando las manos para expulsarlo. También cantaba un canto especial de los hechiceros distinto a los del duelo y del chiajous". (Op.cit; pág. 63)

Los aprendices de curanderos debían someterse a un difícil aprendizaje. Estos eran elegidos entre los jóvenes que contaban con capacidad o predisposición a esta función, aun cuando también podían ser recomendados por parientes o por algún otro médico.

Para el aprendizaje se reunían en una vivienda especialmente construida para esta ocasión, alejada de los campamentos y de los curiosos. Allí se les preparaba con diversas pruebas en las que debían lograr un total control físico, espiritual y mental, enseñándoseles todos los secretos de su rol en el grupo, tarea que estaba a cargo de los curanderos más ancianos.

No hay comentarios: