viernes, 16 de abril de 2010

DEIDADES HUICHOLES

EL MUNDO DE LOS DIOSES

UN FLUIR CONSTANTE

Piedra sagrada representación de la Deidad Namakame (10-293177), Región wixarika, Jalisco, México. Colección Museo Regional de Guadalajara INAH-CONACULTA. Nov 2004Nuestro mundo es un mundo en el que todo fluye, en el que las cosas y los seres se transforman, en donde todo cambia, en donde todo es posible. Para una mente no acostumbrada a la complejidad, a la relatividad, a la incertidumbre, la vida wixarika puede considerarse una vida de riesgo permanente que sucede al borde del abismo.

Los wixaritari hemos creado un inmenso ritual lleno de códigos, señales secretas, normas religiosas, cantos ritos y ceremonias que permiten ordenar lo que aparentemente es inordenable, lo que parecería caótico. Éste conjunto de ideas y prácticas se llevan a un nivel espiritual ancho, alto y profundo. Esto nos permite vivir en armonía con la tierra, la enfermedad, la salud, el trabajo, la fiesta, la administración, la educación, la cosecha, los nacimientos o la muerte. Y permite sentirnos en unidad con un mundo vivo y milagroso.

Todo comienza en un tiempo inmemorial en el que nada era rígido, en el que el mundo, en esencia, era un fluido. Un tiempo en el que los hombres contemplaban maravillados toda clase de metamorfosis y en el que, ellos mismos, cambiaban.

En el inicio, los propios dioses son dioses asombrados. No preexistieron a la creación. Aparecieron en medio del fluir como los otros seres. La tarea central que tuvieron los dioses primigenios fue comprender al mundo que giraba y mutaba a su alrededor. Fueron dioses estudiosos, dioses aplicados, dioses que, con gran humildad y confianza en ellos mismos, se dedicaron a entender al mundo, a conocerlo, a comprenderlo, a abrazarlo. Y cuando lo comprendieron, lo crearon. La creación wixarika está basada en el estudio y en el entendimiento que se logra a través de la observación inteligente y perseverante y a través del ensayo y el error. Porque los dioses creadores tuvieron que realizar innumerables ensayos.

Los dioses fueron concebidos en tiempos remotos, antes de que, entre nosotros, apareciera la agricultura, cuando todavía éramos cazadores y recolectores.

Todo el pueblo wixarika se relaciona con sus dioses como si fueran sus parientes y los llamamos, por ejemplo, padre sol, madre agua, hermano venado o abuelo fuego. Somos un pueblo que vive cerca de sus dioses, que no se aleja de ellos, que habita en los mismos sitios en los que los dioses decidieron fijar su morada.

Así como los dioses, con una actitud de humildad abierta a la sorpresa y con una firme voluntad de vivir en armonía con la naturaleza, los wixaritari contemporáneos comprendemos la complejidad del mundo y entendemos que comprender al mundo no es cosa sencilla, que nunca podemos abarcar todo el conocimiento y que el estudio tiene en sí mismo un valor importante. Para aprender, se construyen una serie de objetos llamados neali’ka (como ojos de dios, oquedades en las casas y en los templos o tablas votivas,) que son considerados mirillas a través de las que es posible contemplar lo desconocido, para acceder al conocimiento. A travésde estas mirillas también los dioses contemplan y estudian a la naturaleza y a los hombres.

Los dioses son exigentes. Constantemente piden a las personas ofrendas especiales: flechas, jícaras, estatuillas, retablos o el sacrificio de toros o venados. Las ofrendas sirven a las personas para pedir disculpas por los errores que han cometido y para solicitar, por ejemplo, lluvia, éxito en la cacería, salud o una buena cosecha. Para hacer sus solicitudes, los dioses hablan con nosotros las personas en los sueños y nos avisan lo que quieren. Al despertar, sabemos que se debe cumplir con lo que los dioses pidieron.

Toda la vida wixarika gira alrededor de un diálogo constante con los dioses. Los mara’akate (plural de mara’akame) son los personajes encargados de hablar con los dioses cuando estos desean transmitir consejos para todo el pueblo, información precisa, consejos o conocimientos. Por eso representan una de las figuras centrales de la vida wixarika.

De la misma manera en la que los dioses crearon a los hombres, así también los esperan más allá de la muerte. El ultramundo wixarika contiene espacios, pasajes, laberintos específicos por los que el alma transita después de la muerte.
Los wixaritari no contraponemos la idea que tenemos de los dioses a las ideas de dios que tienen otros pueblos pues todo se trata de lo mismo. Todos los dioses de la tierra nacieron de un mismo dios original, se trata de un mismo dios para todos con formas y atributos diversos, de un solo dios que vive con una misma fuerza. La fe de cada pueblo es la que importa, la que da fuerza al espíritu, la que da cuerpo, forma y sentido a cada religión diversa.
DOS TEMPORADAS AGRÍCOLAS

Uno de los fenómenos más notorios es la espectacular diferencia entre la temporada seca y la húmeda, el espectacular cambio que en estas dos temporadas se manifiesta. Por esto el mundo de los dioses se divide en los dioses de la sequía (masculinos) y las diosas de la humedad (femeninas).

Los mara’akate, cantores o curanderos, obtienen su inspiración en los dioses de la temporada de secas, pero estos son destructivos y peligrosos. En esta sección está la trilogía formada por el venado/peyote/maíz que preside Tate’wari, el Abuelo Fuego. Hay una excepción: entre los dioses de la temporada seca se encuentra una diosa, Wexíka uimáli, la Madre Águila que gobierna la sexta región del mundo, el cielo. Esta diosa se asocia con el padre Sol y gobierna el reino de los muertos, que se ubica en el cielo.

En la sección húmeda está una serie de diosas caritativas relacionadas con el agua, el crecimiento, la fertilidad y la multiplicación de plantas, animales y niños. Es tanto el poder de la vida que Tatutsi Nakawé, la principal diosa del mundo húmedo, es la madre de los dioses del maíz y de la tierra (que pertenecen a la temporada seca). También en la región húmeda hay una excepción: entre las deidades femeninas vive Kumáteame, el Hermano Mayor y esposo de la dueña del maíz. Kumáteame, es un dios creativo, amable y cariñoso que preside con sus cantos las ceremonias de las diosas.

Todos los dioses, los de las temporadas húmeda y seca sostienen numerosas batallas para sobreponerse unos a otros. El agua apaga al fuego y las nubes de la lluvia tapan al sol. A veces ganan unos, otras veces los otrosy es por eso que, en algunos años, se prolonga la temporada de lluvias y, en cambio, en otros años, la que más dura es la temporada seca. Las fiestas que celebran los wixaritari para cada temporada, favorecen el equilibrio y, por eso, es importante realizarlas. Con las fiestas, participamos activamente en el delicado equilibrio entre las dos temporadas agrícolas que resultan indispensables para la felicidad, para la salud, para la vida.

EL PANTEÓN WIXÁRIKA

La idea de panteón se utiliza para hablar de todos los dioses de un mismo pueblo. De todos reunidos. Esta idea nos remite a la vida, no a la muerte. Cuando hablamos de un panteón de dioses nos los imaginamos conversando, discutiendo, vinculándose, compitiendo o complementándose, como si estuvieran reunidos en un congreso. Podemos hablar de muchos panteones, por ejemplo, el panteón griego, el panteón maya, el panteón egipcio o el panteón wixarika.
LAS DIOSAS DE LA TEMPORADA HÚMEDA

Deidad Namakame (10-293176), Región wixarika, Jalisco, México. Colección Museo Regional de Guadalajara INAH-CONACULTA. Nov 2004Nakawé ,la Abuela Crecimiento es la madre de las diosas y de los dioses, es una deidad inmensa. Es una diosa anciana que vigila la fertilidad, los nacimientos, la salud y el crecimiento de hombres, plantas y animales. Ella fue la que salvó del diluvio a Watákame, el primer hombre, el labrador que ayudó a existir a la primera mujer.

Se expresa a través de lluvia, nubes, truenos, rayos, serpientes acuáticas, peces, jícaras o fuentes de agua. Además de ser la madre de dioses y diosas, para protegerse, Tatusi Nakawé, creó diversos animales como peces, jaguares, tortugas de mar o iguanas que, junto con las estrellas, la acompañan en sus batallas.

En la sección húmeda del panteón wixarika reina un triunvirato del que Nakawé forma parte. Las otras dos diosas son Iolianáka, la diosa de la tierra y Otwanaka, la dueña del maíz. Todas nacieron en el mar, originalmente en forma de serpientes acuáticas. Ellas tres: el agua, la tierra y el maíz, ocupan un lugar elevado en el panteón wixarika.


Tate Iolianáka, la Madre Tierra, está a cargo del barro, de la arcilla para la alfarería, para las vasijas domésticas y, de manera especial, para los comales en los que se cuece el maíz de las tortillas. Es la diosa del suelo fértil. A ella se le rinde culto en la fiesta de preparación del terreno para la siembra. En esta fiesta las ofrendas se colocan en una concavidad (que simboliza al cántaro de Iolianáka) que se cubre con un disco de dios (que simboliza la jícara de la diosa).

Otwanaka, la dueña del maíz, puede convertirse en maíz, agua o jaguar (el animal de la temporada húmeda que creó Nakawé). Junto con Kumáteame da vida a los niños/maíz.

El maíz es una planta sagrada y sensible que, además de ofrecer su alimento, es capaz de percibir los sentimientos de las personas. Debido a esta sensibilidad, cuando se siembra el maíz, los labradores deben alejar de sí los malos pensamientos y tienen que invocar la ayuda de Watakame, el primer labrador de la historia, el primer hombre.

Kumáteame, el único varón que habita la región húmeda, es el Hermano Mayor Venado y su carácter bondadoso y caritativo está lleno de cualidades femeninas. Se le considera Hermano porque fue él quien salvó de la muerte al primer niño wixarika: sus padres lo habían abandonado porque estaba enfermo. Al salvarlo, Kumáteame le quitó las flechas y el arco con los que jugaba y lo convirtió en Na´aliwáemi, la importantísima diosa de las nubes y de la lluvia.

Esta es una figura controvertida.Algunos consideran que Kumáteamees un dios masculino esposo de Otwanaka, la dueña del maíz. Otros consideran que es una figura femenina y, por lo tanto comadre del maíz. Otros más consideran que es la primera comadrona (responsable de ayudar a las madres a dar a luz) de la historia y la que estableció, por primera vez, los procedimientos necesarios para un buen nacimiento, como el lavado ritual de la madre y del bebé o como la elaboración ritual de un tamal sagrado en forma de cabeza humana que, por ser sagrado, sólo lo puede comer la abuela del recién nacido.

Tepali con la figura del venado y del aguila (10-293198), Región wixarika, Jalisco, México. Colección Museo Regional de Guadalajara INAH-CONACULTA. Nov 2004. Fue Kumatéame quien mostró por primera vez el camino a la cueva de la Abuela Crecimiento para que el niño recién nacido fuera bautizado con agua sagrada y para que Nakawé decidiera, a través del juego con una pelota de lana, si el niño moriría o viviría hasta llegar a adulto.

Kumáteame realizó otra hazaña. Cuenta la leyenda que en una ocasión, Nakawé estaba furiosa porque había muerto su animal favorito: la tortuga marina. Entonces, de puro despecho, retiró toda el agua del mundo que languidecía envuelto en la sequía. Entonces, Kumáteame cantó y cantó y cantó con su hermosa voz, hasta que Nakawé tuvo compasión y regresó el agua a la tierra.

Ereno, es la diosa del amor sexual. Su nombre deriva de la espuma del mar. Es hermosa y luce espléndidos atavíos. Una de sus funciones es juzgar quién toca mejor el violín para luego bailar con el ganador. Sin embargo, según el costumbre, el ganador la rechaza y Ereno tiene que seducirlo, en un juego amoroso.

S tuluwiákame , la diosa del nacimiento y de la vida nueva es hija de Ereno. Cuenta la leyenda que, al nacer, Stuluwiákame cayó en manos de la muerte: el vampiro Tukákame. Su madre Ereno tuvo que luchar para arrancar a su hija con vida de los brazos de la muerte. Una vez librado y consciente del poder de la muerte, Stuluwiákame buscó refugio en un pantano ubicado en el país del peyote (dominio de los dioses de la temporada seca) en donde permanece hasta la fecha. De esta manera, en el mundo de las divinidades, quedan unidos el reino húmedo y el seco. Cuando los wixaritari peregrinan hacia Wixikuta, pasan por este pantano y colocan sobre él ofrendas para solicitar la multiplicación de sus plantas y animales y, a su regreso, llevan agua sagrada del pantano que utilizan en las fiestas del peyote. Por razón de este vínculo, también se vuelve posible el uso del tambor (que es un instrumento de la temporada seca) en la ceremonia de iniciación de los niños y de los primeros frutos (que es una fiesta húmeda).
De esta sutil manera se tiende un vínculo: lo seco y lo húmedo se unen, Stuluwiákame emisario del reino húmedo, entra al reino del peyote/venado cuyo progenitor es el Padre Sol y, a su vez, el peyote/venado emisario delreino seco, logra relacionarse con el reino húmedo de la procreación y la multiplicación a través de las aguas del pantano.

Xapawiyeme ,la diosa de las nubes y de la lluvia, es grande en el arte de transformarse de manera súbita. Íntimamente relacionada con Nakawé, se puede transformar en manantial, nube, serpiente de agua pura, trueno, rayo, lluvia torrencial o tormenta. También en jícara, cristal de roca o cuarzo. Esta diosa cumple una función: recuerda a los hombres que es indispensable ofrecer comida y bebida a los invitados que asisten a las ceremonias. Olvidar este consejo puede traer consecuencias fatales.
Una de las habilidades especiales de Xapawiyeme es propiciar la multiplicación del ganado bovino y, para este fin, las personas le ofrecen sacrificios tales como la abstención sexual o el dejar de comer sal por algún tiempo, pues el ganado tiene un alto valor para nosotros.
LOS DIOSES DE LA TEMPORADA SECA

Tatewari (10-293183), Región wixarika, Jalisco, México. Colección Museo Regional de Guadalajara INAH-CONACULTA. Nov 2004Tate'warí , el Abuelo Fuego es el dios principal del panteón wixarika. Es un dios con rasgos humanos al que se le puede hablar y que necesita alimentos. Es capaz de comunicarse con los mara’akate y estos lo considera su aliado, su dios particular. En realidad se sabe que Tate’warí fue el primer mara’akame de la historia y, por lo tanto, es el maestro de todos los cantadores y curanderos. Fue él quien dirigió, en la antigüedad, la primera cacería del venado (y por lo mismo del peyote) en la que venció a los emisarios de las diosas de la temporada húmeda y fue él quien fundó las ceremonias del peyote que se celebran en la temporada seca y que culminan con la roza y quema de las milpas, como triunfo del fuego ante las lluvias. También fue él quien construyó el primer tuki, el primer templo.

Con frecuencia a Tate’warí se le representa con un águila de dos cabezas (bicéfala). Esto es porque el dios Fuego (que es también dios Sol) puede verlo todo: arriba y abajo, la superficie de la tierra y también el inframundo. Es el dios de la dualidad y en él se reúnen los opuestos. El águila funciona como mensajera entre los dioses y los hombres.

En los templos, es frecuente encontrar una imagen (un disco, una estatuilla) de Tate’warí colocada sobre el piso, para representar el poder que tiene este dios sobre el fuego de la superficie terrestre, sobre el sol del amanecer, sobre el día, sobre el supramundo. Y debajo de la hoguera, en el centro del templo, en una cavidad subterránea, se puede encontrar otra imagen enterrada, para representar la relación que Tate’warí tiene también con el Sol del atardecer, con la noche, con el fuego volcánico y con el inframundo. Este poderoso dios, con dos facetas, es el único que tiene el poder de abrir y de cerrar la puerta que separa al supramundo del inframundo, por la que pasan las personas cuando mueren.

El Abuelo Fuego apareció en épocas remotas, antidiluvianas, cuando los hombres eran animales que de pronto tomaban la forma de personas, cuando todos, dioses personas y animales eran lo mismo y cuando todos se tenían que organizar sin verse, porque no había luz.

A Tate’warí lo creó un ser mitológico que era al mismo tiempo animal y persona y que se llamaba ‘Apú (este ser fue destruido durante el diluvio). En realidad, Tate’warí ya existía, pero estaba atrapado dentro de la madera. Lo que hizo ‘Apú fue frotar dos palitos y, al frotarlos, liberó al Fuego de la madera en la que preexistía. Se llamó Abuelo, porque apareció primero que los demás. Y trajo luz y calor a la Tierra. Algunos dicen que Tate’warí no salió de la madera sino que apareció de pronto portando en las manos una flecha y una piedra pedernal. También tenemos el relato que vimos en el capítulo tres en donde el Fuego nace por decisión propia de un dios.

Dicen que, cuando apareció, el Abuelo Fuego vivía en una cueva llamada Haino’ tega hai’no, en compañía de un pequeño pájaro amarillo.

El lugar del Abuelo Fuego es el centro del universo, es Teakata, cuyo nombre significa el horno de la tierra. Este nombre se relaciona con lo que dice la leyenda: en una ocasión en la que el fuego estaba en peligro, pudo salvarse porque fue convertido en un disco que colocaron en un horno de tierra para que nadie lo descubriera.
La vida wixarika gira alrededor del fuego como los puntos cardinales giran alrededor del centro. Cuando hablamos de cosas serias, cuando tomamos decisiones, cuando queremos discutir asuntos importantes, lo hacemos alrededor del fuego, tomando en cuenta a Tate’warí, guardándole respeto.

Tayuapa , Tau , Tauyupá o Tawerrica , es Nuestro Padre Sol, un dios muy poderoso, que puede castigar a las personas cuando mantienen conductas reprobables. Hay una leyenda que cuenta que el Sol nació del sacrificio de un niño wixarika que fue arrojado al agua y quien, a través del agua descendió los cinco niveles del inframundo para emerger en el oeste, con la erupción de un volcán.

Los wixaritari podemos pensar en el dios Fuego y en el dios Sol, como deidades separadas. El Fuego tiene un gran poder frente al Sol y ambos conversan con frecuencia. En realidad, Tate’warí es el padre del Sol, el Sol es su hijo. El dios Fuego y el dios Sol, tienen poderes asociados.
Tamátsi Máxa Kwaxí, es el dios ayudante de Tate’wari y es su animal acompañante. Es el Hermano Mayor Cola de Venado. Es al mismo tiempo animal, humano, semidiós y dios. Es una de las mayores deidades en el panteón wixarika.

Cuenta la leyenda que, durante la primera cacería del venado, éste corrió con ligereza, para no ser atrapado y, al huir, dejó sobre la tierra sus delicadas huellas. De cada una de estas huellas nació una planta de peyote (hí’kuri) para convertirse en un elemento ritual fundamental en la vida wixarika pues tiene el poder de hacer entrar en contacto a los hombres y a los dioses. Hay quienes comparan al peyote con un libro porque a través de él se puede entrar a otras dimensiones y se pueden entender cosas que jamás se podrían conocer de otra manera. El peyote nos dicta el conocimiento porque el peyote nos habla.

Como acompañante de Tate’warí el Hermano Venado es el encargado de guiar a los encargados de recolectar el peyote sagrado, de auxiliarlos cuando realizan curaciones y en sus actividades ceremoniales. La fuerza mágica del venado reside en su sangre que todo lo purifica, fertiliza los suelos y hace crecer al maíz. Su cornamenta sirve al mara’akame durante el viaje a Wirikuta para encontrar la ruta correcta de ida y vuelta.

Tamatsie, el dios Venado, es el maestro, el director, el que conjunta todo el conocimiento que entre todos van logrando. El venado es el enlace más importante con los dioses y hace posible la comprensión de lo divino.

Tabla Votiva (10-293191), Región wixarika, Jalisco, México. Colección Museo Regional de Guadalajara INAH-CONACULTA. Nov 2004Kumáteame, es una figura ambivalente que se considera en ocasiones masculina y en ocasiones femenina. Es el único varón que habita la región húmeda. Se le conoce como Nuestro Bisabuelo Cola de Venado. Es al mismo tiempo dios del Venado y del Fuego.

Kumáteame es un dios benévolo que ofrece diversión y regalos, nos acompaña en las peregrinaciones a la tierra del peyote. A pesar de ser benévolo, el Bisabuelo Cola de Venado puede enojarse: lo hace cuando alguna persona manipula sin cuidado el cristal de roca o cuarzo (tévali), que contiene la esencia de su amigo, el Dios del Fuego. Como amigo de Tate’warí,Kumáteame se encoleriza y es capaz de prender en llamas todo lo que aparece a su alcance.

La cola es la parte más sagrada del venado. Ésta cola es la pluma del penacho de un chamán sagrado que, en su infinito lujo, en lugar de adornar su penacho con plumas, lo adorna con colas de venado. Nuevamente en esta idea fluyente en la que todo es lo mismo, el venado regala su cola al dios y, con reciprocidad, el dios regala uno de sus adornos sagrados al venado, para darle su cola.
Los santuarios que destinan los wixaritari al culto del Venado son particularmente importantes. Se encuentran en el campo por todas partes y están señalados por pequeños montículos de piedras de calcedonia sobre los que se ven las ofrendas que depositan los cazadores para pedir que los venados caigan rápidamente en sus trampas de lazo corredizo.

Wexíka uimáli, La madre-Águila que gobierna la sexta región del mundo, el cielo, es la única deidad femenina que habita la región seca del panteón wixarika. Y es también la única asociada con el padre Sol, pues gira en el dominio de ese astro.

El águila real, junto con todas las otras águilas y los halcones son aves del Padre Sol. También los loros pertenecen al Sol y, con su clamor, lo obligana levantarse en las mañanas y a elevarse en el cielo. Wexíka uimáli gobierna el país de los muertos que está situado en el cielo.
HÉROES Y SERES SAGRADOS

En el mundo wixarika existen seres que forman parte del mundo de lo sagrado. No tienen la categoría de dioses porque no poseen la divinidad y lo sagrado en su máxima expresión, pero sí participan de lo divino, algunas veces con personalidad de héroes o villanos

Kauymáli , el Hermano Mayor Lobo, esun héroe pícaro con carácter de duende travieso. Es vivo, tramposo, embaucador, un poco malo y un poco bueno. Él enseña a los wixaritari mucho de lo que saben. Es una especie de reflejo de las propias imperfecciones y, al mismo tiempo, un modelo de persona que se desearía imitar.

El hombre-Zopilote, es un personaje amable, amistoso. Su percha es una cruz altísima que está en el cielo, por eso lo ve todo y lo sabe todo. Le gusta ayudar a los que tienen mala suerte, a los menos favorecidos, a los que están en dificultades. Con ayuda del tabaco, hace mucho tiempo, el zopilote ayudó al Dios Venado a escapar del vientre de la serpiente que se lo había tragado y que lo había arrastrado al mar.

El tlacuache, tiene un lugar especial entre los wixaritari y es protegido porque fue él quien robó el fuego (lo ocultó en su bolsa marsupial) para ofrecerlo a los dioses que lo anhelaban. Quien mata a un tlacuache, sufre penas severas en el ultra mundo, después de la muerte.

Tate Ipau , la Madre Serpiente es una deidad menor pero importante. Sus hijos llegaron a ser cantores de la lluvia.

Tukákame, es un vampiro horripilante que representa la muerte. Le gusta adornarse con huesos de las piernas de sus víctimas: húmeros, fémures y tibias. Atrapa a los hombres cuando se sientan en un banquillo mágico que tiene del cual nadie escapa. En realidad hubo unos seres que escaparon, hace tiempo: los hermanos del Hermano Mayor Nacario. Pero quedaron tan contaminados por haberse sentado en aquel taburete que se transformaron en hombres/ardilla, encargados de castigar a los que se portan mal dándoles la enfermedad de la locura. En la cultura wixarika, la pérdida de la cordura se asocia con la muerte.

Los remolinos de viento, son un fenómeno de la naturaleza sumamente temido. Están vinculados el alma con el aliento y con el aire. Como las personas observan que los remolinos levantan polvo, ramas y hojas al cielo (región de los muertos), sentimos miedo de que la ráfaga de viento nos absorba el aliento (el alma), nos arranque el espíritu del cuerpo y nos cause una muerte horrible. Hay una leyenda, que relata cómo un remolino se llevó consigo a la niña Eáwali. Por eso, cuando vemos venir un remolino, huimos de inmediato. Hay tres demonios malignos que están detrás de los remolinos de viento: haikúli, haiwkame y hortimán. En tiempos remotos, los wixarika logramos apoderarnos de estos demonios y los castigamos colgándolos boca abajo sobre un horno de tierra. Pero con su poder inmenso se repusieron del castigo y volvieron a hacer de las suyas.

Hay muchos otros ejemplos de seres, buenos y malos, que son mágicos o que están revestidos con poderes mágicos:el tabacoes útil contra los maleficios; el tigre es una amenaza y hay que dominarlo a través de una combinación de fuego y canto; el agua vive en la golondrina; en la paloma vive la Dueña del Maíz y la paloma es la encargada de custodiar al agua; la jícara viene del estómago de Nakawé y de sus pies viene el maíz; la flecha es el pensamiento de esta diosa y el mundo es su mismísima cabeza; los tejones, ardillas, coyotes y ratones en un tiempo fueron personas que se comieron las primeras semillas que les dieron los dioses, en lugar de sembrarlas, y fueron castigadas; los antepasados viven en las peñas y, por eso, nadie debe mover las rocas de su lugar, para no molestarlos.

En el mundo wixarika todo fluye, todo cambia, la metamorfosis es normal, el venado presta su forma a los dioses para que aparezcan sobre la tierra y se manifiesten, el maíz es peyote o venado o maíz, los dioses conversan con los hombres con naturalidad y los hombres invitan a los dioses a convivir con ellos. Así es el mundo wixarika.

LA FIGURA DEL MA'ARAKAME

El mara'akame es una figura de singular importancia en la vida religiosa wixarika. También se le conoce como cantador, curandero, jicarero o chamán. Hay mujeres mara'akate (plural de mara'akame) y hombres mara'akate. Este cantador es quien guía, protege y acompaña a las comunidades en su vida diaria; es quien preside y organiza las fiestas y las tradiciones que marca el costumbre; en representación viva de Tate’warí, el Abuelo Fuego, es él quien preside las peregrinaciones a Wirikuta; él nombra a los gobernadores y elige a las niñas y a los niños que, en la fiesta del peyote, representan a los dioses ante la comunidad; él es capaz de conversar con los dioses y de escuchar, en Wirikuta, los cantos primordiales del Venado. Los dioses hablan a los hombres a través del mara'akame.

En algunas regiones wixaritari se considera que el mara'akame forma una parte importante de esa trilogía fundamental que forman el venado, el maíz y el peyote, como si el mara'akame mismo fuera un dios porque, en ocasiones ceremoniales, tiene en sí mismo algunos de los atributos de los dioses.

Los mara'akate no se pueden autodeterminar, son elegidos por los dioses a través de un rito arcaico en el que juegan un papel importante los sueños iniciáticos.

Un futuro cantador se nota porque tiene una predisposición a los sueños religiosos en los que las personas entran en contacto con los dioses. Esta predisposición revela su vocación religiosa. Cuando un futuro mara'akame tiene apenas cinco o seis años, ya escucha a los dioses en sus sueños que ya comienzan a explicarle cómo puede curar a los enfermos. Incluso, quienes sueñan, son capaces de verse a sí mismos sacando del cuerpo de los pacientes los vidrios, los maíces o las piedras que les están produciendo las enfermedades (que siempre mandan los dioses por razones diversas). También en sus sueños, pueden oír cantar a otros mara'akate y, a través de sus sueños, aprenden los cantos que escuchan. Sin excepción alguna, todos los que llegarán a ser mara'akate, tienen sueños iniciáticos desde la infancia.

Más tarde, cuando crece y alcanza su juventud el iniciado confirma su destino al vencer dos duras pruebas que enfrenta solo. Para enfrentar estas pruebas, sale de viaje llevando consigo una estera, algunos muvieris (flechas) y una vela. Sale solo con rumbo a la montaña. Al llegar a un sitio que elige, se sienta en la más completa oscuridad de la noche, tiende la estera y sobre ella coloca las flechas. Justo a la medianoche, empieza a soplar un fuerte viento y aparecen ante él un venado, un tigre y un escorpión. El futuro mara’akame enciende de inmediato la vela y los animales se convierten en una serpiente que se le acerca y lame las flechas colocadas sobre la estera. El joven debe permanecer inmóvil a pesar del miedo. Después, la serpiente se le sube al cuerpo y se le enrosca alrededor del cuello. Desde ahí, con la lengua, le acaricia la cara. El reto consiste en dominar el miedo y en no mover un solo músculo del cuerpo.

Una vez pasada esta prueba, se dirige al mar. El futuro cantador se sienta en la playa. También a la media noche, sale del agua un venado. El joven lo sujeta con una mano por uno de sus cuernos mientras, con la otra mano, toma una piedra brillante que el venado trae oculta en su cornamenta. El reto aquí es tomar con rapidez la piedra de entre los cuernos. Esta piedra dará poderes mágicos al mara'akame y es indispensable para el ejercicio de su profesión. Una vez que desaparece el venado, sopla un fuerte viento.

Cuando regresa de estas dos pruebas, el cantador recoge agua sagrada y bendice con ella su jícara personal, da vueltas a su casa y bendice a su familia, a sus mazorcas y a sus animales.
Aquí inicia un período de cinco años en los que el esposo o la esposa (según sea el caso) del aprendiz de mara'akame y el propio aprendiz hacen un voto de fidelidad mutua que durará cinco años y que es inviolable. El iniciado pasa este período cerca de un mara'akame, en calidad de ayudante, para aprender de él el oficio, para conseguir los atributos de Tamatz, el Hermano Venado.

Los futuros mara'akate comen un trocito de la oreja del venado para volverse sabios y tener buen sentido (puesto que la oreja sirve para escuchar a los dioses), la punta de su cuerno para tener buenos sentimientos y un trocito del corazón y un poco de sangre, para conocer los pensamientos del Hermano Venado (no podemos olvidar que el corazón es el órgano del pensamiento).

Los siguientes son algunos de los objetos que, para ejercer su profesión, utiliza el mara'akame.

• Huaraches, para escuchar lo que ocurre en el inframundo, cuando viene por la noche caminando el Padre Sol rumbo a su lugar de salida en Wirikuta y cuando se estremece la madre de la tierra Tatei Urianaka.
• Pulseras, para escuchar cuando vienen los malos vientos, los que traen enfermedades.
• Usha, trozo seco de la vena que cruza por la parte derecha de la cara del venado, para ver a los enfermos y a los dioses más lejanos.
• Nierika, también conocido como ojo de dios, que tiene forma de telaraña, que se puede usar como escudo contra los embrujos de los hechiceros.
• Muvieris o flechas, para comunicarse con los dioses, para escuchar sus cantos, para aprender de los cantos la mejor manera de realizar las curaciones, para elevar con ellas plegarias.
• Espejo, para hablar con las nubes cuando tiene que llamar a la lluvia y para llamar a los dioses cuando quiere hablar con ellos.
• Piedra personal, la misma que tomó de entre los cuernos del venado a la orilla del mar, para escuchar lo que dice el Abuelo Fuego. Gracias a esta piedra, el mara'akamepuede escuchar las palabras de Tate’warí “hasta su misma raíz”.

Los mara’akate cuidan todo esto como cuidan su propia vida, porque saben que son un regalo de los dioses y porque reconocen el privilegio y el compromiso que estos regalos significan para ellos mismos, para su comunidad y para el pueblo wixarika en su conjunto.

Durante cinco años, durante la iniciación, año tras año, lleva ofrendas a uno de los puntos cardinales, hasta cubrir los cinco. Esto es así porque cada uno de los dioses de los cinco puntos cardinales desea mantenerse en contacto con el iniciado durante su proceso de aprendizaje. A los dioses les interesa participar, como maestros en la formación de los mara'akate.

Cuando pasan cinco años, cuando inicia el sexto año, ya está formado el nuevo mara'akame, que comienza a cantar y a curar por sí solo, de manera independiente. Pasa el resto de su vida cantando, enseñando, dirigiendo cacerías, curando y presidiendo las fiestas de los dioses.

Los wixaritari contemporáneos tenemos un alto aprecio por los mara'akate pues únicamente con su conocimiento y su intermediación, lograrán fortalecer, reavivar y transmitir a nuestros hijos el costumbre wixarika. Algunos de nosotros, en las escuelas primarias y secundarias, realizamos grandes esfuerzos por propiciar que las niñas y los niños, que las maestras y maestros, sientan el deseo y el impulso de aprender a charlar, alrededor del fuego con sus mara'akate.

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