lunes, 13 de diciembre de 2010

Misterios del cerebro: Sinestesia, ¿Afección neurológica o don excepcional?

Misterios del cerebro: Sinestesia, ¿Afección neurológica o don excepcional?

Escuchar olores, ver sonidos... La sinestesia es un extraordinario fenómeno que se consideraba una señal inequívoca de esquizofrenia o un don sobrenatural en el pasado. Sin embargo, las investigaciones recientes apuntan en otra dirección. ¿Qué clase de capacidad es? ¿De qué forma influye en la vida de quienes la experimentan?

“Experimenté sinestesia durante un viaje con ácido. Podía sentir el sabor del vinagre en los ojos. Tuve problemas para explicarlo, pero era un sabor tan real como si lo estuviera paladeando con la lengua”. Este testimonio no difiere en esencia de otros aportados por personas que también han tomado LSD o mescalina, aunque muchas de ellas, en vez de paladear sabores con los ojos, evocan colores con el sonido de la música o con los olores. Sin embargo, hay personas que no necesitan encontrarse bajo el efecto de drogas como las citadas para experimentar sensaciones similares: simplemente les pasa, no hacen nada para que les suceda. Ven colores cuando comen ciertos alimentos, cuando escuchan notas musicales, cuando tienen orgasmos o cuando tocan algo, entre otras sensaciones raras y desconocidas por la mayoría de la gente. Se trata de sujetos que son sinestésicos de forma natural, es decir, están afectados de sinestesia, del griego syn, “junto”, y aisthesis, “sensación”. Hasta hace solo unas décadas se consideraba algo anómalo y se sabía poco al respecto. Según comenta Oliver Sacks, “hace veinte años, la sinestesia –unión automática de dos o más sentidos– era considerada por los científicos (y eso cuando se la tenía en cuenta) una curiosidad rara. Ahora debemos valorarla como una parte esencial y fascinante de la experiencia humana”. Efectivamente, los sinestésicos viven en una realidad diferente donde los sentidos funcionan de otra manera. ¿En qué se distinguen de los demás? ¿Por qué ellos ven o sienten cosas que no percibe todo el mundo?



¿Rasgo evolutivo?

Desde el punto de vista neurológico, la sinestesia se caracteriza por un elevado número de conexiones entre dos zonas de la corteza sensorial del cerebro, de modo que al menos dos sentidos resultan inseparables. En 1880 Sir Francis Galton publicó en la revista Nature un artículo sobre este fenómeno, aunque la repercusión del mismo fue escasa. Los que aseguraban ver auras, olores y sonidos, o bien oler la música o saborear formas, eran considerados dementes. Quizá por ello muchos preferían silenciar sus experiencias, mientras que otros muy dotados simplemente canalizaban sus habilidades por la vía del arte a sabiendas de que eran diferentes del resto de los mortales. En la actualidad, la ciencia ha avanzado mucho en este campo, en gran medida gracias al impulso de científicos que son sinestésicos y han podido investigar partiendo de sus propias percepciones. Para estos científicos, lo importante ahora no es constatar la existencia de un fenómeno que está definitivamente establecido, sino las implicaciones que tiene para comprender la organización y las funciones del cerebro humano: “Hace unos cuatro años, nosotros y otros investigadores empezamos a desvelar los procesos cerebrales implicados en la sinestesia. En el camino también descubrimos nuevas pistas para algunos de los aspectos más misteriosos de la mente humana, como el nacimiento del pensamiento abstracto, las metáforas y quizás incluso el lenguaje”, explicaron los neurólogos Vilayanur S. Ramachandran y Edward M. Hubbard en un trascendente artículo publicado en el Scientific American en 2005.

Desde entonces estos y otros muchos neurólogos no han dejado de hacer nuevas aportaciones. Tras varias décadas de trabajo, Richard Cytowic y David Eagleman han conseguido atraer de la comunidad de neurocientíficos por el fenómeno. El trabajo de Cytowic, en concreto, ha cambiado la forma en la que los especialistas estudiaban el funcionamiento del cerebro y, según apunta Sacks, su reciente libro El miércoles es azul índigo: descubriendo el cerebro de la sinestesia (2009) es una guía imprescindible para todo aquel interesado en cómo percibimos el mundo. En el momento de escribir estas líneas dicho libro no está publicado todavía en español. En 1989 este pionero en los estudios neurofisiológicos en sujetos sinestésicos publicó un primer texto fundamental –Sinestesia: una unión de los sentidos–. El trabajo de Cytowic también fue el primero en predecir algo que los avances en los registros electrofisiológicos y la tomografía por emisión de positrones han permitido confirmar: la activación simultánea o coactivación de dos o más zonas sensoriales de la corteza cerebral en los sinestésicos. En 1993, con su libro El hombre que paladeaba las formas, Cytowic ayudó a legitimar la sinestesia como una afección neurológica y confirmó que existe un componente genético. No en vano su último libro ha sido prologado por el sinestésico Dimitri Nabokov, hijo del conocido escritor Vladímir Nabokov, que también lo era.

Sin embargo, no se han desvelado todavía todas las incógnitas. El hecho de que sea algo heredado no significa que no pueda desarrollarse. Los experimentos efectuados por el investigador sinestésico Julian Asher y su equipo de la Universidad de Oxford (Reino Unido) han mostrado que probablemente ambas cosas son posibles: tomaron muestras genéticas de 121 individuos que padecían sinestesia auditivo-visual y comprobaron la existencia de cuatro zonas cromosómicas con variaciones genéticas relacionadas con la alteración. Sin embargo, la confirmación de una predisposición genética para el desarrollo de la sinestesia no excluye la posibilidad de que la gente normal pueda desarrollarla con un entrenamiento adecuado. Experimentos con hipnosis llevados a cabo por Roi Cohen Kadosh y sus colegas del Imperial College de Londres han mostrado que la hipnosis permite reactivar las conexiones que podrían haber sido suprimidas por el cerebro en los sujetos que no son sinestésicos. Por su parte, Julia Simner, de la Universidad de Edimburgo (Reino Unido), ha conseguido confirmar que la sinestesia no siempre es el resultado de conexiones neurales fijadas antes del nacimiento. Estudió a 616 niños normales de entre seis y siete años de edad y, tras un año de entrenamiento, ocho de ellos se convirtieron en sinestésicos del tipo grafema-color. Estos niños fueron asociando gradualmente letras con colores y, al final de dicho período, mostraron que la habilidad se desarrollaba con el tiempo. El hecho de que los genes responsables de la sinestesia puedan estar también presentes en los no sinestésicos tiene muchas implicaciones. ¿Deberíamos enseñar a los niños normales a desarrollar capacidades sinestésicas? ¿Supondría eso un obstáculo o se trata por el contrario de un rasgo favorable? Richard Cytowic ha discutido ampliamente sobre el propósito evolutivo de la sinestesia y llegado a plantear hasta qué punto esta es un producto adaptativo de la selección natural o una especie de spandrel, es decir, un producto derivado de la adaptación. Al parecer, la estrecha relación entre sinestesia y creatividad sugiere que se trata de esto último.
Experiencias extraordinarias


Sin duda, los sinestésicos tienen experiencias que pueden resultar profundamente extrañas para quienes no lo son y, dado que se trata de algo que hasta poco se creía que solo afectaba a un individuo entre 2.000, muchas personas consideran que se trata de un trastorno. No obstante, según se ha apuntado antes, no parece que lo sea o, al menos, que sea necesariamente algo negativo. Para la mayoría de los afectados la sinestesia funciona como un don que enriquece su experiencia del mundo. Veamos, por ejemplo, la experiencia que aportaba Vladímir Nabokov en su autobiografía, (Habla, memoria): “Resulta inexacto decir que uno ‘sufre’ de sinestesia. La verdad es que se trata de algo que se agradece tener. Cuando era adolescente, padecí un período de depresión y una de las cosas peores que experimenté fue que todos mis colores adquirieron el tinte grisáceo del cartón mojado. Sabía que estaba mejor cuando todo recuperaba el brillo del technicolor. El único inconveniente es que, cuando alguien está hablando, es fácil distraerse con los colores de sus frases”. En relación con el talento creativo de pintores, poetas y novelistas, los estudios sobre la base neurológica de la sinestesia de Ramachandran y Hubbard han arrojado mucha luz, ya que han mostrado que la sinestesia es mucho más frecuente en gente creativa que entre la población general. Pero, tal y como ellos mismos explican, “además de clarificar por qué los artistas podrían ser propensos a experimentar sinestesia, nuestra investigación sugiere que todos tenemos alguna capacidad para ella y que este rasgo podría ser la base para la evolución de la abstracción, una habilidad en la que los humanos sobresalen”. Según apuntan los científicos, parece que los sinestésicos suelen “disfrutar” de su don más que abominar de él, pero otra cosa muy distinta es la interpretación que ellos o sus allegados hacen de la experiencia. Silvia Mombrú, madre de un sinestésico, nos cuenta una experiencia de su hijo y se interroga perpleja sobre qué pudo producirla: “Mi hijo toca el órgano eléctrico en una iglesia y el domingo pasado sintió un fuerte olor a mirra mientras ejecutaba los himnos para la congregación. Ese perfume le ha provocado un estado de felicidad y de paz muy grandes que han perdurado en él. Yo he oído algo acerca de que hay presencias espirituales que exhalan perfumes. ¿Podría ser este caso algo relacionado con eso?”.

Este testimonio hace pensar que se trata de un caso de sinestesia, pero ¿lo es? Por lo que cuenta la señora Mombrú a continuación, parece que otro miembro de la familia había experimentado un fenómeno similar con anterioridad: “Tenía un tío veterinario y cuando estaba vacunando cerdos, en medio de la porqueriza, sentía un perfume a flores que lo invadía por completo y le daba alegría. Yo no sé si eso era sinestesia, pero mi tío se sentía feliz cuando le pasaba. Parecería que hay mucho más de lo que sospechamos en cuanto a fenómenos ‘extrasensoriales’ o... no sé cómo llamarlos”. Ahora sabemos cómo llamar a estas experiencias y otras similares. Se trata de sinestesia, no le demos más vueltas. Y no se trata de ningún trastorno. El investigador sinestésico Sean A. Day se muestra muy crítico en este sentido y apunta que la “Asociación Americana de Psiquiatría reconoce que la sinestesia congénita no es un trastorno y que, por tanto, no precisa ni cura ni tratamiento. La misma postura ha sido adoptada por la Asociación Médica Americana y por diversas asociaciones de sinestesia, como la inglesa y la estadounidense, que presido, y también por las correspondientes asociaciones de sinestesia en España, Alemania, Italia, China y Rusia”. Por su parte, Jamie Ward, del departamento de Psicología del University College de Londres, ha investigado el conocido fenómeno de ver auras y ha concluido que las personas que afirman tener dicha habilidad –para muchos, un “don mágico”– es porque son sinestésicas: no es que los colores que ven sean energías invisibles que emanan de las personas, sino que estas son creadas en el cerebro del que mira. En MÁS ALLÁ nos hemos hecho eco de algunos de estos descubrimientos en varias ocasiones.



De Pitágoras a Liszt


El hecho de que el fenómeno de la sinestesia interesara en tiempos pasados a numerosos científicos, desde Aristóteles hasta Isaac Newton pasando por Pitágoras, hace pensar que quizá ellos mismos poseían esta cualidad. Sin embargo, el campo de las artes es probablemente en el que se encuentren más sinestésicos. Algunos escritores y poetas del siglo XIX recogieron en sus obras descripciones que daban esa impresión, aunque puede que algunos solo intentaran transmitir la experiencia sin haberla experimentado de primera mano. Probablemente fueron sinestésicos el poeta británico Samuel Coleridge, el escritor romántico británico Thomas de Quincey y los poetas galos Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud, pero también es cierto que consumían drogas que propician las percepciones sinestésicas. Baudelaire, en concreto, introdujo la idea de que es posible que los sentidos se intercambien tras haber participado en un experimento con hachís dirigido por un psiquiatra. Entre los artistas contemporáneos existe más certeza sobre la autenticidad de la experiencia. Vladímir Nabokov era sinestésico y tenía plena conciencia de ello: “Cuando le hablo a alguien de mi sinestesia, tienden a sospechar que me lo estoy inventando. Esto hace que quieran ponerme a prueba repetidamente para comprobar si los colores que veo cambian. Naturalmente no lo hacen: para mí, por ejemplo, una H es siempre de color rojizo anaranjado, mientras que la L adopta el mismo tono que la leche en un tazón de cereales”. También el músico Franz Liszt era un sinestésico auténtico. Durante un ensayo en Weimar en 1842 sorprendió a la orquesta cuando exclamó: “Por favor, caballeros, ¡un poco más azul! ¡Este tono lo precisa!”. Y también: “Este es un violeta profundo, por favor, ¡no lo olviden! ¡No tan rosado!”. Al principio creyeron que el compositor bromeaba, pero luego se acostumbraron al hecho de que viera colores donde solo había tonos musicales. Las artes plásticas se han visto igualmente enriquecidas con las obras de artistas sinestésicos.

¿En qué se diferencian los sinestéticos?


Rasgos comunes

A pesar de las numerosas variedades de sinestesia que los científicos han descrito, son muchos los rasgos comunes que existen entre sinestésicos. Estos son algunos de ellos:
– Poseen un elevado cociente intelectual, así como una poderosa inteligencia emocional.
– Los sinestésicos no fantasean, están seguros de que sus percepciones son reales y duraderas.
– Son menos vulnerables a las enfermedades mentales que el resto de la población.
– Cada sinestésico nace con su propia “paleta de colores”, que se fija durante la infancia.
– La sinestesia es más frecuente en las mujeres y en las personas zurdas que en los hombres.
– Es un rasgo heredado. Tanto el padre como la madre pueden transmitirlo a sus hijos de ambos sexos. Hay familias en las que se da un sinestésico cada cuatro generaciones y otras que tienen cuatro de cinco descendientes en la misma generación.
– Tienen una memoria superior a lo normal y suelen atribuir esta habilidad al hecho de tener sensaciones paralelas. Destacan sobre todo en la localización espacial de objetos. Por el contrario, muchos son mediocres en matemáticas y navegación espacial.
– Algunos tienen propensión a experimentar clarividencia, sueños premonitorios, sueños lúcidos y sensaciones de dejà vu.
– Las relaciones sinestésicas suelen ser unidireccionales, es decir, un sonido puede inducir la sensación del tacto en un sinestésico, pero el tacto nunca le inducirá una percepción auditiva.

Variedades de sinestesia
: más de 63 tipos


La sinestesia tiene lugar cuando la estimulación de un sentido produce una respuesta en uno o más de los otros. Esta reacción puede adoptar múltiples formas. De hecho, los científicos han constatado hasta ahora al menos 63 tipos de sinestesia, pero se están descubriendo nuevas formas continuamente. Lo más habitual es que los sinestésicos experimenten simultáneamente olores y sonidos o saboreen formas y vean colores alrededor de las personas, las palabras o las cosas. Hay otros que ven colores cuando sienten dolor o escuchan sonidos asociados a sensaciones táctiles. Seguidamente se detallan algunas variedades de sinestesia, unas más frecuentes que otras:

– Emociones que evocan olores, dolores, sabores o colores.
– Números y letras, dolores, sabores, sonidos hablados, notas y sonidos musicales, olores, unidades de tiempo, personalidades, orgasmos o temperaturas ligados a colores.
– Sonidos o visiones asociados a sabores.
– Sonidos unidos a sensaciones táctiles.
– Contactos que provocan colores, olores o sabores.
– Visiones vinculadas a temperaturas, olores, sonidos, contactos o movimiento.

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