viernes, 12 de abril de 2013

De Orilla a Orilla_Carlos Fiel

Por Carlos fiel


E L D E S C O N C I E R T O

EL NO SABER

LA ARQUITECTURA DE LA MENTE

EL CONTACTO

E L D A R S E C U E N T A

BIEN SUJETOS

LA LUCIDEZ

LA BOLA DE CRISTAL

C I N E M A P A R A D I S E

LA SONRISA EN EL OJO DE LA MENTE

VIVIR ENTRE NIEBLAS

LA LINTERNA MAGICA DE LA MENTE

D E L S A M S A R A A L N I R V A N A

LA IMPERMANENTE LEVEDAD

SI, ACEPTO

AL PASAR EL TREBOLE

H A G O M I C A S A

TODO BAJO CONTROL

PASO A LA CON-PASION

HABITACION CON VISTAS

A L O T R O L A D O D E L E D E N

BUSCO UN CENTRO DE FELICIDAD PERMANENTE

LA TIERRA TERMINA Y ALLI COMIENZA EL CIELO

NO SOLO DE PENSAR VIVEN LOS HUMANOS

E L R E Y S A B I O N A D A P O S E I A

TENER UNA FLOR, SABIO.

DAR UNA FLOR, RENUNCIAR

SER LA FLOR, MEDITAR.

D E O R I L L A A O R I L L A

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D E O R I L L A A O R I L L A

E L D E S C O N C I E R T O

EL NO SABER

Toda enseñanza se basa en la búsqueda de la verdad y de la libertad.

La verdad es una realidad siempre presente, no condicionada, sin fragmentos ni separaciones.

La visión profunda de la realidad o comprensión de la verdad es la libertad.

Es el fin de toda esclavitud o sufrimiento. Del deseo, de la ira o de la ilusión.

Cuando no soy consciente, ni comprendo la realidad o la verdad estoy en la ignorancia donde

lo ilusorio se confunde con lo real.

La ignorancia divide la única realidad en muchas realidades separadas.

Separadas de nosotros, de las otras realidades de nuestra individualidad.

De esta confusión nacen todas las confusiones y conflictos de la vida.

En la ignorancia esta dualidad de fondo, esta división entre sujeto y objeto, se confunden con

la realidad y condicionamos y limitamos al ser humano con el mundo de los objetos, esto es la

ignorancia.

En el interior de la dualidad entre sujeto y objeto, entre interior y exterior, entre

individualidad o mundo de las cosas, existen siempre las separaciones, las relaciones y las

interacciones.

La ignorancia crea la dualidad y le confiere su realidad, sus cualidades, luego las refuerza y

las perpetúa, así más tarde, las defiende y las evita al mismo tiempo, naciendo el conflicto.

Podemos pasarnos la vida reconciliando dualismos, buscando relaciones e interacciones más

armoniosas, menos confusas que nos suavicen y nos aseguren.

Esto no es más que perseguir la ignorancia, conservarla y perpetuarla.

Creamos un centro que cree que yo, personalmente, estoy haciendo, estoy comunicando, estoy

experimentando, que actúo o sufro las consecuencias, que las interacciones son mi

experiencia.

Este centro es el yo, el mí mismo, mi cuerpo, mis sensaciones, percepciones, tendencias y al

final la conciencia.

Así todas las relaciones e interacciones se convierten en algo personal, subjetivo.

Me parece real que yo esté sano o enfermo, que sea feliz o infeliz, excitado o depre, que nazca

o muera.

Mientras exista esta separación entre interior y exterior, yo seguiré influenciado por las

interferencias entre sujeto y objeto.

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Será la falsa realidad que encierra todo conflicto o sufrimiento.

La separación es el requisito fundamental del deseo.

La ansiedad, tensión en cualquier dirección, cólera, aversión, malestar, repulsa, pensar que

existe una dirección , una meta más allá del propio vivir. Estas son las características de la

dualidad, de la ignorancia y de todo sufrimiento.

El sufrimiento siempre es un efecto, un resultado.

Engañados por las apariencias, por el poder que atribuimos y que buscamos, por la fuerza de

nuestro pensamiento y sentimiento, etc. así perpetuamos el dualismo con el deseo. Sin una

visión profunda del sufrimiento y sus causas no podremos actuar sobre la "cesación del

dolor".

Del sentido de separación nace el deseo de estar unidos a lo que nos hemos separado, libres de

lo que nos sentimos atados. Nos sentimos diferentes a los otros, nos presentamos de manera

diferente en el cuerpo, en las sensaciones.

Y estas diferencias al mismo tiempo son la causa de nuestra división.

Cuando el mundo de las apariencias se nos manifiesta como real surgen las diferencias entre

yo y tú.

No conseguimos ver la realidad, la verdad en la que todas estas diferencias están vacías de

contenido, inconsistentes e irreales, solo sirven para crear juicios, discriminaciones y etiquetas

escritas por la ignorancia.

Apegarse a todo lo que es condicionado es asegurarse el sufrimiento.

No tenemos ninguna necesidad de buscar la verdad, nos bastaría con dejar de tener opiniones.

Solo teniendo una visión intuitiva de "lo relativo" que se encierra en toda opinión, puede

aparecer la verdad con todo su esplendor y luz.

No existe camino hacia la verdad. Ni meditación, ni fe. Tan solo son medios para comprender

lo que es falso. Meditación, búsquedas, reflexiones etc.

Es la comprensión, la visión profunda e intuitiva de la realidad lo que pondrá fin al

sufrimiento.

No se puede hacer nada ya que actuaríamos y esto está ligado a la dualidad.

Tampoco es el inicio de la verdad, pero sí puede ser el final del sufrimiento y esclavitud.

LA ARQUITECTURA DE LA MENTE

Todo lo que nace no puede estar separado de las condiciones que le hacen ser.

Existe relativamente y depende de ciertas condiciones.

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Nada existe autónomamente, todo es una construcción.

Si vemos fragmentada la realidad, dual, entonces vemos el mundo del movimiento y de las

transformaciones, pienso que es la verdadera impermanencia.

Nada sigue siendo lo mismo.

Ni las flores que vemos, ni el agua, ni el sol, pueden ser separados de sus condiciones.

Nada es autónomo, tan solo es cambio, modificación, interdependencia, construcción y

destrucción.

Yo veo el árbol, las personas, la noche, etc. es un mundo de contrastes y diferencias.

Uso etiquetas para clasificar, deducir, valorar, juzgar.

No veo la naturaleza condicionada y dependiente, tampoco veo la relatividad ni la

interdependencia de los objetos, lo único que veo son mis conceptos y mis etiquetas sobre las

cosas y sobre ellas proyecto mis sentimientos, razones y mis programas.

El mundo mental es este mundo de cambios instante tras instante, movimiento, emoción y

recuerdos.

No nos damos cuenta de lo habitual, mecánico y repetitivo que es el mundo mental.

Esto es SANKHARA, el mundo de las formaciones condicionadas y dependientes que se

reciben del mundo interno y externo sobre la materia.

Se puede decir que es esta total construcción y cúmulo de experiencias e impresiones del

pasado.

Todo conflicto nace de la visión dualista, y del intento de resolver la dualidad que vemos en el

mundo de los objetos, de las formas y de las construcciones.

Vivimos el presente con los ojos del pasado.

Nuestra visión de la realidad es tan limitada como la de aquel pez rosa encerrado en una

botella de agua que pensaba que se encontraba en el océano.

El movimiento básico de la ignorancia, está en ver todos estos sankharas y todas estas

memorias acumuladas como alguna cosa personal.

La mente elige y se encierra sobre determinados sankharas y determinadas tendencias y no

sabe ver ni diferenciar lo que soy de lo que tengo.

Podemos pensar en eliminar los sankharas, pero nadie ha podido jamás eliminar una

tendencia.

La historia personal es solo una idea, una idea a la que nos agarramos con fuerza.

El deseo de eliminar las tendencias corresponde al movimiento del ego hacia el futuro y

refuerza aun más la idea del " yo soy ".

Toda acción condicionada, sea positiva o no, refuerza la ignorancia.

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Yo soy el que da, el que medita. El sankhara del yo que juzga y valora a los otros, el de la

acción.

Juzgar, proyectar, confrontarse o purificarse, son actividades que refuerzan la idea de

continuidad y del yo y potencian las tendencias.

El yo no elimina en ningún caso las tendencias, ya que el yo no tiene, en sí mismo, tendencias

que eliminar.

El " conocimiento " diluye las ataduras de vida y poder.

El mundo de la actividad, del cambio y del ego, son inseparables y la ignorancia les confiere

realidad.

Toda actividad es esclavitud, toda acción es esclavitud, son la acción de la ignorancia.

En lo profundo, toda actividad se extingue, nada que hacer, nada que eliminar, nada que

realizar, cada actividad cesa y en este cesar está la calma del sankhara.

EL CONTACTO

Armonía en la vida es estar en contacto con la realidad efectiva, con el modo en como son las

cosas.

No con el modo en el cual las interpretamos, las pensamos o como quisiéramos que fueran.

La armonía no se encuentra en el terreno de la manipulación de la realidad, ni adornándola de

ideales o fantasías.

La armonía está en la persona consciente a cada instante, en quien percibe con claridad y

atención los hechos, la realidad de la vida y de nosotros mismos.

La armonía, el equilibrio y la paz, son condiciones que nunca podemos abandonar en nuestras

vidas.

Ver sin distorsiones, sin apegos, sin interpretaciones, es un arte que no es fácil para una mente

encadenada a la razón, a la rutina y a los esquemas.

La atención o esta presencia se encuentra en relación con la puerta de los sentidos y la

actividad sensorial.

La visión profunda quiere decir ver con claridad la forma en la que creamos nuestros mundos

personales, comprender como de la información sensorial y de su contacto con la mente se

crea un sugestivo mundo interior. Comprender con claridad que el mundo de los fenómenos y

del mental surgen y se desvanecen juntos. Comprender el impacto de los objetos sobre los

sentidos y la mente condicionada.

Como a cada momento creamos nuestra atrayente interpretación del mundo.

La presencia reduce estos impactos y el conocimiento percibe con claridad la coloración de la

mente.

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Esto nos crea confusión ya que todo parece tan real y potente que cuanto más nos alejamos de

la efectiva realidad, más real y potente aparece nuestra mente.

No es tan importante analizar cada viaje de nuestra mente sino aplicar esa total atención, esa

presencia.

Una sensación percibida a traves de una cualquiera de las puertas sensoriales incluida la

mente, no es más que una sensación de oído, vista, olfato, gusto o tacto.

El sonido es sonido y el gusto es gusto, el mundo mental y el personal surgen por el contacto

y por esa dualidad entre sujeto y objeto.

Es una asociación mental basada en el pasado, un recuerdo particular o una

determinada experiencia. Estas asociaciones conllevan etiquetas, pensamientos, proyecciones

o sensaciones. Es entonces cuando se estampa una impresión de la cual nace la danza y el

viaje mental.

Es suficiente un contacto para producir un estado mental, sea cambiarnos el humor, provocar

la cólera, el miedo o la alegría.

La sabiduría no tiene necesidad de juicio, ni saca conclusiones, ni crea opiniones.

Buda decía que lo tonto era perseguir contactos cuando el sabio lo que hace es comprenderlos.

Cuando creamos ese espacio de total atención o presencia entonces el deseo de contacto cesa.

Percibir con distancia y claridad un sonido como sonido, un sentimiento como sentimiento y

una sensación como sensación, ver las cosas como son,

libres de asociaciones mentales y del peso de la razón.

La " Vía Perfecta " es la vía del desapego y de la conciencia, ver claramente la realidad, esta

es la vía de la presencia y de la visión profunda, en la cual el mundo deja de crear impresiones

en la mente.

Así es simple ver, oir, conocer, sentir...

Al final de cada distorsión y limitación habita una enorme libertad y la armonía de estar en

contacto con la realidad.

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D A R S E C U E N T A

BIEN SUJETOS

La esclavitud mental son todas las ataduras, las identificaciones que echamos a la mochila de

nuestras vidas.

Es todo un exceso de equipaje, de ideologías, de opiniones, de concepciones que vamos

acumulando con el paso de la vida.

No podemos ser libres de los problemas si no somos libres de sus raíces que no están

formadas nada más que por las ataduras.

Cada atadura es un mayor peso, algo supérfluo que reduce nuestra libertad y de alguna

manera nuestra calidad de vida.

Ver estas identificaciones nos hace ser más conscientes de las limitaciones de nuestra vida.

Todas estas ataduras definen más claramente el sentido del yo.

Tener algunas cosas en concreto, ser un particular tipo de persona con opiniones particulares,

con un sentido de la propia historia y del propio proceso personal da una sensación de

consistencia.

Uno de los temores más grandes de mucha gente es no ser nadie, no estar identificado de

alguna forma.

En periodos de crisis existencial, como estos, la mente quiere reforzar la propia posición,

tratando de anular a los otros para mantener una posición más firme y segura, sea a través de

la razón, de la fuerza o de la negación.

Cuando queremos resolver nuestra inseguridad o temores, entonces solo vemos o solo sale

afuera eso que crea la inseguridad y nuestras ataduras mentales o aquello que se siente

amenazado.

Sentimos que no llegamos a liberarnos de las cosas del pasado o del presente, y siguen

viniendo a nuestra cabeza y casi la "poseen".

Para actuar sobre las ataduras no es tan importante las cosas sobre las que nos centramos sino

ver más claramente sobre qué actitudes se cierra nuestra mente.

Se moverá siempre de un campo de experiencias a otro, del mundo material al de las

concepciones, del mundo mental al de las opiniones, del mundo espiritual al de los principios

o las leyes.

El origen de todas estas ataduras es este centro que hemos creado alrededor del universo del

yo.

Se trata de ver lo más claramente posible que el apego es la primera fuente de sufrimiento y

de confusión en la vida, y esta pierde su equilibrio.

En estas condiciones de claridad, la renuncia no es nunca un esfuerzo.

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LA LUCIDEZ

La conciencia , la esencia de la mente, es esencialmente clara y pura.

La conciencia pura no puede ser medida, está libre de cualquier signo o característica.

La conciencia pura es conocimiento, una forma de ver que no se agarra a nada, no indaga

sobre nada y no construye nada.

No está ligada al condicionamiento, ni a los objetos, ni a los sujetos.

El conocimiento no crea dualidad y nos libera de las preferencias o aversiones.

El "ver puro" no es una cosa que se pueda cultivar o practicar.

El conocimiento no puede ser desarrollado ni conquistado.

Todo esto es actividad y esfuerzo, el "ver" no puede ser fruto de la actividad.

Cuando se desvanecen las nociones, la actividad mental, cuando no nos atamos a la idea de "

alguno que actúa", entonces el "ver" y el conocimiento están.

Un ver silencioso que penetra, a través de todas las apariencias hasta la esencia que es puro y

está libre de toda contraseña.

En este "ver" todas las ideas de buscar la verdad, fuera de uno mismo se desvanecen.

A la "pura consciencia" no le falta nada y por lo tanto no tiene necesidad de nada.

Nada se le puede añadir o mejorar a su silencio y a su paz.

Estoy seguro que todos hemos tenido momentos de calma, en los cuales la mente estaba

totalmente inmóvil, y silenciosa, no se protegía de nada y no estaba ligada a nada.

El estado de nuestra conciencia juega un papel esencial en nuestra vida, no hay nada que

cuente más que su estado, condiciones o cualidades.

Si vivo en paz entre la agitación y la confusión, depende de mi estado de conciencia.

Comprenderla y comprender sus relaciones con el mundo, significa liberarse, parar toda

esclavitud y limitación.

También es el centro de nuestro mundo subjetivo, yo pienso, siento, conozco.

Todo lo que nos llega de los sentidos o de la mente es conocido por la conciencia.

El conocimiento del mundo, sus formas y sus influencias, depende de como lo veamos.

Comprender significa ver que nada está aislado que solo existen relaciones.

La meditación es no atarse ni al interior ni al exterior. Ver sin deseos, sin fabricar fantasmas

del mundo o de la mente. Es ver sin distorsiones, en la pureza.

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LA BOLA DE CRISTAL

Una buena parte de nuestra vida se lleva el esfuerzo de producir cambios en nosotros.

Cambios de situación, de personas, de trabajo, de relaciones con el mundo, en nosotros

mismos.

Es raro y difícil sentir que no hay nada que cambiar, ni dentro ni fuera, que el momento

presente, la forma en que están las cosas e incluso nosotros mismos, es el perfecto.

Que no hay nada que falte, nada que desear, nada que añadir para hacer que nosotros y que

nuestras vidas sean más perfectas.

Es cierto que la confusión y la infelicidad nos hacen cambiar nuestras vidas y que muchos de

estos cambios son beneficiosos para tener más claridad.

Durante un tiempo somos nosotros los que creamos el tipo de mundo, interno y externo, en el

que queremos vivir y experimentar. Como personas tenemos esta capacidad de decisión para

comprender lo que contribuye a la confusión y lo que contribuye a la claridad en nuestras

vidas.

Cambios de estilo de trabajo, de vida, sentir la vida y la naturaleza, dar más energía a la

comprensión de nosotros mismos.

Si nuestras acciones con la vida intentan evitar el sufrimiento a nosotros y a los demás, es

claro que son respuestas maduras y sensibles para cambiar en algún sentido nuestro

conocimiento, sensibilidad y comprensión.

Pero una gran parte de las veces estos cambios intentan evitar las dificultades en vez de

ayudarnos a ver más claramente. Sustituyen a la comprensión.

La mente esquiva y huye para no afrontar la naturaleza de las dificultades.

Cuando nuestras relaciones se gastan, no llegamos a comunicarnos, ni a expresarnos, ni a

liberarnos de nuestros límites, entonces reaccionamos negativamente o con rabia.

Sentimos tal variedad de estados mentales que sentimos que debemos de cambiar, de mejorar.

Estamos tan habituados a crer que debemos de luchar para cualquier cosa en la vida, de tener

objetivos, que renunciar a la lucha o a las metas parece un signo de apatía o de indiferencia.

Son los conceptos de ambición, éxito, prestigio.

Estamos llenos de personajes e ideologías que alimentan la ambición de la mente con

resultados. Siempre esfuerzo y acción.

Cultivar la vida con una mente sin ambiciones y sin objetivos, ideales o resultados.

La práctica es conocer dónde se ata la mente, ver con claridad que el "yo" se esfuerza

constantemente en llegar a ser alguna cosa.

Lo esencial en el Dharma es ver el nacimiento y la muerte, que cosa es la libertad y que la

verdad.

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No es tanto que debamos de cambiar nuestra personalidad sino comprender con claridad la

forma de identificarse de mi mente y la relación con todas las cualidades que pienso que

tengo en mí.

La verdad se puede conocer dejando caer todo lo que es falso.

Cuando pare este proceso de proyectarme, de futuro, de deseo de cambio, entonces cesará

todo lo que es causado y sujeto a nacimiento y muerte.

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C i n e m a P a r a d i s e

LA SONRISA EN EL OJO DE LA MENTE

Para realizar nuestro potencial humano debemos de tener una profunda capacidad de visión

que supere las apariencias y las manifestaciones de la superficie.

Si queremos transcender las limitaciones de los condicionamientos, de la mentalidad y de la

personalidad deberemos de mantener ese potencial humano.

La falta de visión interior acompañada de una insatisfacción interior nos lleva a construir

interiormente imágenes, ideales y fantasías.

Los conflictos surgen cuando la existencia ideal que buscamos está, frecuentemente, bastante

lejana de la realidad de nuestra vida.

Mientras exista una división entre nuestros ideales y la realidad, esto provocará una

frustración que si no se resuelve se transformará fácilmente en una apatía o en un

resentimiento, cada vez mayor, entre nosotros y la realidad de nuestra vida.

Si formulamos ideales es porque dentro de nosotros y de nuestra vida percibimos la

insatisfacción, la infelicidad y la imperfección.

La visión interior no es un ideal ni depende de ningún ideal cualquiera que sea el que

deseemos proyectar.

Vivir sin ideales nos devuelve al presente y a saber qué cosa, en este momento, nos impide

realizar nuestro potencial y vivir en la libertad.

La visión interior nace de una investigación y de un autoconocimiento.

Estos hacen caer los ideales, las fantasías y destruyen esa atención que nos hace encerrarnos

en el mundo y en el cómo las cosas deberían de ser.

Es la investigación que nos lleva al corazón de la insatisfacción y nos da la compresión que

nos libera.

La representación limitada de mi mismo está basada en mis pensamientos y en la fe que

tengo en mis esquemas mentales.

En base a tales esquemas construyo las imágenes limitadas de mi mismo y se convierten por

lo tanto en mi realidad.

De la misma forma pierdo la visión interior cuando me pierdo y me identifico con la

personalidad, la mentalidad y el pensamiento.

Entonces es difícilísimo sentir la libertad de ser simplemente lo que soy.

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La esclavitud no es un estado permanente de la existencia, pero es una experiencia que

depende de la identificación que se produce instante a instante.

Siempre hemos escuchado que la libertad es un estado que se puede conquistar a través de

nuestra evolución o del perfeccionamiento.

Investigar significa también observar con nuevos ojos nuestras opiniones acerca de lo que es

la libertad o la esclavitud.

La libertad constituye la naturaleza esencial de nuestro ser.

Necesitamos liberar las falsas nociones, convicciones, deducciones para descubrir la libertad

que está constantemente presente.

La visión interior no pretende convertirnos en nada diferente, sino ver quien somos

realmente.

VIVIR ENTRE NIEBLAS

Para tener la mente clara, deberemos practicar necesariamente la claridad en nuestras

relaciones con el mundo y con nosotros mismos.

El comienzo de la sabiduria consiste en saber ver muy claramente, momento a momento , la

relación entre causa y efecto, entre todos los estados mentales y sus condiciones.

Si estamos interiormente claros, las relaciones entre el mundo interior y el exterior estarán

libres de tensiones.

Una de las causas fundamentales de la confusión en nuestras vidas es la incapacidad de

distinguir entre lo que es positivo para estar bien y lo que es negativo.

La sabiduría se demuestra en el hecho de ser capaces de ver lúcidamente las cosas que

contribuyen a la claridad en nuestras vidas y nuestras mentes y qué cosas contribuyen a la

confusión.

Aquí puede darse una gran diferencia entre la teoría y la práctica. No basta solo el

conocimiento para poner fin a la confusión, la práctica es imprescindible.

La incapacidad de aceptar lo que no conseguimos cambiar de nuestras actitudes es una forma

directa de practicar la confusión.

Muchos aspectos de nuestras vidas están más allá de nuestra posibilidad o de nuestro poder de

transformarlos y no podemos evitarlos.

No podemos cambiar lo que hemos dicho o hecho en el pasado y por lo tanto dependemos de

ello.

La incapacidad de aceptar la realidad de las cosas nos lleva a encerrarnos en el pasado, a

rechazar el presente y a agarrarnos a las expectativas del futuro.

Este es el perfecto camino de la confusión sellado por una falta de aceptación.

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Muchos aspectos de la vida son fuente de alegría y de placer sin ser por ello un obstáculo a la

claridad. Estar con la gente que queremos, disfrutar de las situaciones, etc, esto nunca es

fuente de confusión.

La confusión nace cuando intentamos interiormente atarnos y retener aquellas situaciones

que ya han terminado.

Una mente atada a la experiencia está ligada al pasado y encuentra muchas dificultades para

vivir en armonía con el presente.

La falta de comprensión de la impermanencia, convierte a la mente en una acompañante

pesada en el camino de la existencia.

Sin autoconocimiento, nuestra mente termina dependiendo de los condicionamientos.

La verdadera paz, la que no depende de las condiciones o gratificaciones, se obtiene cuando

no se vive más en unas condiciones de deseo o de necesidad.

Mientras que no comprendamos a un nivel más profundo, dependeremos del mundo,

buscando en él las gratificaciones.

Es posible proyectar, pensar en el futuro, comprometerse en acciones sin depender

forzosamente de sus resultados.

Cuando ponemos toda nuestra atención en la cualidad de la acción y del vivir, los resultados

no juegan un papel tan importante.

La sabiduría comienza cuando dejamos de culpabilizar al mundo y a los otros de nuestra

confusión, viendo en cada momento la relación entre confusión y su causa.

Agitación y ansia ,son el resultado de la división que la mente crea entre la realidad y nuestras

expectativas.

La práctica de la claridad libre de ambiciones, significa poder volver continuamente al

presente y a la realidad.

La claridad no se consigue a través del esfuerzo, de cambiarse a uno mismo, sino con la

cesación de las ataduras como deseos, ideales, imágenes, expectativas, etc.

LA LINTERNA MAGICA DE LA MENTE

Krishna, que simboliza al Señor del universo, un día llama a un rey llamado Durydhana,

famoso por su avaricia. Krishna le dice que vaya al mundo a buscar a un persona realmente

buena y honesta. El rey obedece y vuelve al cabo del tiempo y dice que es imposible que

todas las personas son egoistas y crueles.

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Llamó a otro rey de nombre Dhammaraja, conocido por su generosidad y gentileza, y le dijo

" quiero que vayas al mundo a buscarme una persona verdaderamente malvada". Obedeció y

fué. Volvió a Krishna diciendo, " Señor no he encontrado a ninguna persona verdaderamente

malvada, la gente puede ser ignorante pero esencialmente son puras y buenas, no he visto a

nadie fundamentalmente malo".

Este es un ejemplo de dos personas que viven en mundos mentales completamente distintos.

Cada vez que percibimos al mundo o a nosotros, a través de una coloración particular de la

mente, no percibimos la realidad tal cual es, sino que más bien vivimos un mundo de

creaciones mentales.

La proyección es un estado mental que lo percibimos como realidad objetiva, lo que nos

impide estar en contacto directo con la realidad.

No siempre es fácil echarse a la espalda nuestra película y nuestras creaciones mentales.

Participar en el drama de los demás es excitante si sabemos que nuestra participación es solo

temporal.

Nuestras ataduras, experiencias y relaciones con el mundo se basan en nuestra percepción e

interpretación.

Las proyecciones las sobreponemos a las personas, situaciones y lugares bajo la forma de

juicios, etiquetas y deducciones.

El grado de conflicto y de infelicidad que experimentamos en la vida está en proporción

directa al grado de unión con nuestras proyecciones y visión distorsionada de nuestra vida.

La mente puede decidir ver aquello en lo que quiere creer, si soy devoto veré milagros, si

soy un escéptico veré necesidades.

Si nos hacemos una idea particular o una opinión de alguno o de alguna cosa y nos dejamos

absorber sicológicamente, luego será necesario mantenerla y reforzarla.

Esta seguridad sicológica del devoto o del ascético nos hará confrontarnos con las opiniones

de los demás y será una fuente de sufrimiento.

Dirigimos nuestras opiniones hacia el exterior en forma de ideas u opiniones y hacia el

interior en forma de imágenes de uno mismo.

Claridad es estar libre de cualquier imagen, sea positiva o negativa, cada imagen es una

limitación, una película mental basada en el pensamiento y las sensaciones,

que cuando se identifican con uno mismo, dan un cuadro distorsionado de la realidad.

Un area de proyección importante es el campo del dolor y del placer, el primero es esfuerzo

para superarlo o evitarlo, el segundo es deseable y digno de ser perseguido.

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Por las proyecciones, el placer - dolor o la felicidad - infelicidad, aparecen inherentes a los

objetos, a las situaciones o a los individuos.

Cuando no existe claridad investimos a las circunstancias o a las personas del poder de

hacernos felices o infelices y no vemos que estos estados no son atributos del mundo sino de

la mente.

Ningún objeto, persona o situación tiene poder en el mundo para imponernos el conflicto o la

infelicidad.

Todo cambio social o político es válido, pero el cambio que pondrá fin al conflicto interior es

el cambio de la conciencia que se obtiene a través de la claridad y la sabiduría.

Una persona clara cuando siente confusión en su mente no sale de caza para buscar a un

culpable, sino que considera la experiencia como una oportunidad para comprender como

nació el conflicto.

No es evitando las dificultades como se llega a entender, sino comprendiendo la naturaleza de

las ataduras y de los conflictos.

La visión clara es el sendero de la comprensión.

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D E L S A M S A R A A L N I R V A N A

LA IMPERMANENTE LEVEDAD

La sabiduría no es un objeto estático que poseamos o que podamos conquistar.

Ni tan siquiera es un modo de experiencia sino una forma de ver y de vivir.

Cuando alcanzamos esa visión clara de la realidad, la comprensión de las cosas como son, eso

es la experiencia de la sabiduría.

Un aspecto de la claridad es la transparente y constante percepción de la impermanencia, y la

aplicación de tal percepción a cada campo de nuestra vida.

La impermanencia la reconocemos y aceptamos a nivel intelectual, esto es cierto, pero si

estamos atados a los objetos, tomados por el pasado y el futuro, si acumulamos ataduras, etc,

esto indica que no hemos comprendido la impermanencia. Ella tiene el poder de producir una

transformación directa e inmediata.

Comprenderla significa ver claramente que no existe nada que podamos mantener en el

tiempo, ninguna persona, ninguna relación, cualquier circunstancia en la que nos encontremos

estará marcada por este cambio permanente.

El cúmulo de relaciones y de ataduras con la seguridad están sujetas a la impermanencia, ya

que no podemos contar con ninguna cosa que permanezca inmutable, no podemos encontrar

estabilidad en lo que está sujeto a cambio.

Impermanencia quiere decir, abandonar sustancialmente las ataduras y desarrollar el desapego

y la ecuanimidad en relación a los cambios que el mundo nos presenta. Quiere decir que no

buscamos la seguridad, ni el prestigio a través de las ataduras, la posesión o el acúmulo.

El conflicto y el sufrimiento son el resultado de la falta de contacto con la "realidad", de

buscar lo permanente en lo impermanente.

Con relación a la mente, la impermanencia significa que la percepción de nosotros mismos,

nuestra imagen sea agradable o desagradable, nunca podrá permanecer idéntica a sí misma.

Comprenderla significa no implicarse en los cambios por los que atraviesa nuestra mente.

Entonces deja de ser una carga y se convierte en una compañera de vida.

Es evidente que sufrimos a causa de la impermanencia, pero el cambio no es ni negativo ni

positivo, es lo que es, simplemente.

Si llegamos a valorar a fondo la realidad de nuestro límite de existencia, la transitoriedad de

nuestra existencia, consumiremos menos energía en los conflictos, en las preocupaciones, en

las cosas inútiles, que tan fácilmente dominan nuestra existencia.

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No puede haber crecimiento interior sin renuncia, ninguna búsqueda interior puede tener lugar

si no estamos dispuestos a dejar caer nuestras ataduras.

A un nivel más sutil, la impermanencia tiene relación con los cambios que proceden del

interior de la conciencia.

Supone ver hasta el fondo la transitoriedad de los pensamientos, emociones, ideas, proyectos

y recuerdos, es la distancia que es necesario dejar para que se desvanezcan los contenidos

mentales sin atarse a ellos.

Ver las cosas por lo que son, es un simple paso hacia el "Ver".

Al abandonar el apego superamos los límites impuestos por el entorno, por la experiencia y

por el cambio.

En la pura conciencia, en el puro ver, se percibe la inmutabilidad.

SI, ACEPTO.

La autoaceptación no es tan solo una condición indispensable del crecimiento y de la visión

profunda, sino que también es una condición indispensable para la aceptación de los otros y

de los cambios que la realidad externa produce en nosotros.

La falta de amor y de sensibilidad interior revelan la falta de autoaceptación, entonces es

sustituida por la crítica, el enfrentamiento y el rechazo.

Influyen factores muy diversos en la falta de autoaceptación, para algunos depende del hecho

de no haber tenido mucho amor en sus vidas, han sufrido de dureza, de insensibilidad, del

rechazo por parte de los otros. Este tipo de experiencias crea un estado de indignación y de

inadaptación.

Este sentido de indignidad obliga a la persona que la sufre a intentar compensar sus defectos,

procurándose el poder, el éxito, la seguridad o simplemente dando constantemente pruebas de

sí mismo a los demás.

Toda esta adicción a roles, a imágenes, incrementa la alienación interior, es el miedo a lo que

los demás pensarán de nosotros.

El ser aceptados, aprobados, considerados positivamente por los demás, no podrá jamás

sustituir a la autoaceptación, ni podrá aliviar la alienación, la separación ni el miedo.

Una clara conciencia del presente, neutraliza los impactos del condicionamiento y de las

tendencias - reacciones del mental.

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El auténtico amor y la compasión abrazan todo y hacen espacio aún para nuestras debilidades

e imperfecciones.

Esta búsqueda dentro de nosotros y el respeto por nosotros, lo que nos permite dar amor y

compasión a los demás.

Sin una visión profunda de nuestra falta de autoaceptación, tenderemos a juzgarnos y a

rechazarnos y esto se reflejará en cada una de nuestras relaciones.

El amor y la compasión deben ser la base de cada relación humana.

Esta frescura de visión, la ausencia de coloraciones y de proyecciones, son el inicio de la

verdadera aceptación.

Amar es dar valor a todo lo que contribuye al bienestar interior y a dirigir la propia energía

hacia el fin del sufrimiento y de lo que contribuye al sufrimiento.

Siempre es más fácil juzgar que comprender, quien vive de manera "compaciente" pone el

acento sobre la comprensión.

Este conocimiento del "Sí mismo", viene con la investigación, la ecuanimidad, la vastedad y

la visión profunda.

El desarrollo de estas dotes nos permite aceptarnos más completamente a nosotros, a los otros

y a lo que la vida nos da,

Tenemos tantas cosas que no llegamos a aceptarlas ni a abrazarlas, que nos pasamos la vida

reflejándolas.

Aceptar no es una debilidad, es la expresión de la sensibilidad, de la fuerza y de la

ecuanimidad.

Aceptar es tener una relación real con nosotros mismos y con la vida.

La aceptación es una técnica de sobrevivencia necesaria para la paz interior y para vivir en

paz con la vida.

AL PASAR EL TREBOLE

Observando nuestra vida, vemos que estamos en un perpétuo estado de transición. Nada a

nuestro alrededor es estático o inmutable.

Algunas personas se sienten amenazadas por este proceso de movimiento y cambio al cual

estamos constantemente expuestos.

No tenemos el poder de alterar los procesos a los cuales el cuerpo está sujeto y debemos

aceptar que la muerte es la única transición a la cual están sujetos todos los procesos de vida.

Si no tenemos una visión profunda de la naturaleza de lo vivo, la sensación de sufrir los

efectos de tantos aspectos de la vida que no podemos controlar, aumenta el sentido de

inseguridad y de ansia.

A veces vemos el movimiento y el cambio como un puente entre lo que ahora somos y lo que

sentimos que queremos o debemos ser.

19

Un factor de madurez en la vida es el reconocer qué elementos contribuyen a la confusión y

cuáles a la claridad.

Es difícil recordar algún momento en nuestra vida en el cual estuviésemos totalmente en paz y

contentos, sin nada que nos faltase o que estuviéramos luchando por alcanzar.

La idea del esfuerzo, del progreso, del alcanzar se origina en la mente y de la mente la

transportamos a la vida espiritual en donde distorsiona nuestra búsqueda interior.

Un día dijo el Buda " Está esta orilla y está la otra orilla, y está la barca del Dharma para

atravesar el río de una orilla a la otra".

Esta es una afirmación que en apariencia contiene la noción de esfuerzo y de cambio como

necesarios para pasar del Samsara al Nirvana.

Buscamos señales de progreso en nuestra experiencia interior para asegurarnos que el camino

elegido es el correcto, esto es humano.

El problema de estos signos de progreso es que refuerzan la idea de libertad si una experiencia

se puede conquistar y que la verdad se puede alcanzar con el cambio, el esfuerzo y la acción.

La iluminación aparece como una condición de futuro hacia la cual progresamos

gradualmente.

La iluminación y el nirvana no se alcanzan acumulando experiencias particulares de

concentración o de visión profunda.

El afán de experiencias que nace en la vida espiritual no es muy distinta del afán que se da en

la vida material.

Se diferencian en los objetos pero no en la psicología.

La verdad está siempre presente , es la realidad inmutable, y la iluminación es el despertar a la

verdad.

La verdad no es el resultado de un progreso o de una acción.

La búsqueda de experiencias, la proyección de la iluminación hacia el futuro, la atadura a las

técnicas y a los métodos, todo esto refuerza el papel del experimentador, condicionado al

tiempo y a la dualidad.

El nirvana es la cesación del deseo, de la ilusión y de la ignorancia.

La verdad no es resultado del paso de un estado de impureza a otro de pureza.

Quien se agarra a esta visión de pureza no puede estar muy feliz o tranquilo, ya que la vida se

le convierte en una lucha para alejar lo impuro que invade constantemente su conciencia.

Es la mente puritana la que ha logrado esta imagen de pureza.

Basándose en las normas y juicios se convierten en angustiadas e intolerantes.

La mente puritana se convierte en juez y rechaza o acepta sobre la base de sus propias

valoraciones.

20

En esta situación es difícil comprender que el "yo" puede ser puro y que el "ego" por su

propia naturaleza es imperfecto.

Buscando la pureza como objeto de futuro, nos privamos continuamente de la perfección que

se experimenta en el presente, libres de ataduras e identificaciones.

La libertad no existe como condición futura sino que se experimenta en el presente con el cese

de las ataduras.

En otra ocasión decía el Buda " Al que yo llamo sapiente, sabio es aquel para el que no existe

ni esta orilla ni la otra".

Paradójicas son las dos frases del Buda y por lo tanto reales, la primera nos anima a seguir el

sendero del esfuerzo y de la acción. La segunda, en apariencia, niega esta necesidad.

Nosotros buscamos la verdad, la libertad y por lo tanto buscamos un camino.

Este camino no es cumplir con unas horas de meditación o convertirse en un experto de

determinada técnica.

El camino es un sendero de investigación directa, de ver la verdad en cada situación de la vida

, en cada relación, en cada movimiento mental, de vivir una vida de integridad y claridad en

acción, palalabra, pensamiento y sentimiento.

Este análisis corta de raíz todas las falsas nociones del ego, de la dualidad y de la

superficialidad. Está enfocado hacia "ver" la realidad de la impermanencia y "ver", hasta el

fondo, la causa del sufrimiento.

No es necesario ser un monje o un asceta para conocer la libertad, basta vivir consagrándose a

la verdad y a la búsqueda.

Si no existe atadura hacia lo que se busca, entonces se desvanecen las ideas de conseguir para

el futuro. No hay divisiones y por lo tanto nada a que unirse, ningún estado que alcanzar.

El Nirvana no está separado del Samsara, y el Samsara no está separado del Nirvana.

Las separaciones son divisiones que provienen del ego, del esfuerzo.

Cuando la verdad está presente, no depende del tiempo, de eliminar o alcanzar cualquier cosa.

Buda decía: " No he obtenido absolutamente nada de la completa, sublime iluminación".

Es que no se trata de obtener nada sino simplemente de ver.

21

H A G O M I C A S A

TODO BAJO CONTROL

El control es un mecanismo que lo usamos para hacer frente a la inseguridad, al ansia y a los

miedos.

Nos esforzamos por controlar el mundo, el de los otros y el nuestro, así pretendemos

protegernos del sufrimiento, de la vulnerabilidad y de aliviar las presiones de la incertidumbre

y de la imprevisibilidad de las cosas.

Mientras que dentro de nosotros exista una condición de inseguridad, sentiremos la necesidad

de controlar y de reordenar el mundo en el que vivimos o de reordenarnos a nosotros mismos.

Intentamos encontrar la fe perdida con el control, el orden y el poder externo.

El control, sea a nivel consciente o inconsciente, viene a ser un medio para obtener seguridad

y certeza.

Sea interior o exterior, el control es una fuerza que alimenta nuestros propios conflictos. Es

destructivo y crea represión u opresión.

Este miedo nos lleva a retraernos y reprimirnos, dejando el camino abierto al dominio y

control por parte de los otros o de las normas de la sociedad en la que vivimos.

Para estar abiertos y sensibles, libres de la tendencia a defendernos o protegernos, debemos

comprender los mecanismos de control y liberarnos de ellos.

Cuando comprendemos los miedos, su origen y sus manifestaciones, entonces no sentimos ya

la necesidad de refugiarnos en controlar el universo.

El miedo nos lleva a adoptar una de las dos posiciones esenciales del sufrimiento, la de

opresores o la de oprimidos.

Comprendiendo el miedo y sus expresiones podemos transcender las limitaciones creadas por

el miedo.

A menudo hacemos coincidir la seguridad y el exceso de protección con la capacidad de

controlar el mundo, nuestras relaciones y hasta a nosotros mismos.

Los hábitos son un medio para buscar la seguridad, el orden.

Cuando la mente debe afrontar nuevas situaciones, trata de eliminar sus amenazas creando

hábitos y rutinas para asegurarnos la estabilidad.

Así percibimos lo inconsciente que es la seguridad que buscamos.

Pero el mundo no sabe nada de nuestras rutinas y por lo tanto no se siente obligado a

respetarlas.

Por eso el grado de confusión, fragmentación y desorden que hay en nuestra mente se

corresponde con el grado de orden que buscamos para nuestras vidas.

El miedo se crea y se alimenta en nuestro pensamiento.

22

El poder, la agresividad, la rabia y la opresión en nuestra relación interpersonal, están ligadas

a la necesidad de controlar que a su vez está unida al miedo.

Meditar es mantener, referente a la vida y a nosotros, una relación de aprendizaje, que implica

el abandono del control.

En la calma interior de la verdadera meditación podemos escoger la transparencia de nuestras

etiquetas, de nuestros juicios y comenzar a "ver" de manera espontánea y abierta.

La libertad está en el encontrarnos a nosotros y a la vida sin miedos.

PASO A LA CON-PASION

La práctica del desapego que libera a la mente de las reacciones, nos lleva a que la

sensibilidad, el amor y la compasión emerjan y se expresen en nuestras vidas.

La capacidad de vivir y de responder a los otros con verdadero amor y compasión es la

expresión de la libertad interior.

La compasión es una cualidad del corazón y de la mente que se manifiesta espontáneamente

cuando dentro de nosotros hay libertad de limitaciones y de egocentrismo.

En esta libertad interior tenemos la amplitud de visión que nos permite sentir la unidad de la

existencia en todas sus diversidades, lo que nos permite darnos libremente, interesarnos por

los otros y amar.

Libertad interior es transcender los límites de una existencia cogida por el propio interés,

deseos y necesidades.

El desarrollo de la compasión nos permite comunicarnos con el corazón sin desvirtuarnos por

los juicios y prejuicios habituales en la mente.

La compasión tiene la cualidad y el poder de cortar de raíz la superficialidad, lo frívolo,

mezquino y pone fin a las divisiones y separaciones creadas por la mente fragmentada.

Esta compasión nacida de la libertad interior pone fin al sufrimiento y disuelve el conflicto y

la alienación.

Un día Buda fué preguntado por Ananda si la práctica de la meditación no estaría en parte

dedicada a desarrollar el amor y la compasión. Buda le replicó que no una parte sino que toda

la práctica de la meditación tenía como fin el desarrollo del amor y de la compasión.

A veces vemos cifras del sufrimiento externo en el mundo en muchas y diversas situaciones.

Pero otras, en términos de cifras de dolor y sufrimiento se nos escapan.

Oimos cifras de prisioneros políticos privados de libertad, de personas encerradas en

hospitales psiquiátricos, las guerras, subnutrición, violencia urbana, la de los que controlan el

poder y el orden, el miedo de tantísimas personas en la vida cotidiana.

23

Las dimensiones de este sufrimiento tiene dimensiones gigantescas.

Lo mismo que somos capaces de sentir sufrimiento y dolor podemos probar a sentir paz y

amor.

Por la insensibilidad y falta de amor, el sufrimiento y el conflicto se acrecientan inútilmente y

la paz y la felicidad nos son negadas.

Yo no llego a comprender qué significa para un ser humano, en términos de sufrimiento, ver

morir a alguien a quien ama, la falta de alimento para tus hijos o de medicinas, como se puede

sentir el corazón de un ser encerrado, aislado y aterrorizado, qué quiere decir encontrarse en la

confusión y en el laberinto de un conflicto interior.

Solo sé que cuanto más absorbido estoy por mí mismo, por mis deseos y por mis exigencias,

tanto más insensible soy a las exigencias de los otros.

A veces intento ignorar este sufrimiento por sentirme impotente para solucionarlo o al menos

aliviarlo.

Otros se alejan de la realidad del sufrimiento por sentir que no tienen nada que dar.

Sí es cierto que alejarse del sufrimiento o ignorarlo nos lleva fácilmente a la indiferencia o a

la apatía, en las que hay ausencia de compasión.

Algo que se opone a la compasión es la complejidad, la competitividad y la fragmentación de

nuestras vidas, haciéndonos perder de vista lo Uno, la unidad de la vida que compartimos.

El egocentrismo, la sensación de incapacidad y de impotencia, expresan una profunda

alienación cualquiera que sea nuestra relación real con la existencia.

Esta alienación o separación nos dice que en nuestro mundo domina el egocentrismo y el

instinto de protegernos.

Todos estos deseos tienen el poder de destruir la sensibilidad, por lo tanto debemos

comprender la necesidad de saber renunciar, la necesidad de investigar y de liberar ese control

de la represión que se crea en el que investiga.

La verdadera relación con la vida y con los demás, se caracteriza por la sensibilidad y por el

respeto que aparece cuando nuestra visión, de la vida, no está ofuscada por el deseo.

Entonces la compasión aparece y se pone en práctica a través del dar, no solo objetos sino dar

una renuncia incondicionada.

Se puede dar muchísimo renunciando en realidad a poquísimo.

No dar lo que no usamos o no nos sirve sino aquello a lo que estamos apegados, que lo

amamos y protegemos.

La compasión es la expresión del amor y de la sabiduría.

Para darla exteriormente debemos de reconocerla en nosotros.

Aceptarnos totalmente con nuestras debilidades y nuestra fuerza, abandonar las expectativas,

renunciar a juzgar, todos ellos son elementos de la compasión.

24

La compasión es una vía de amor que se expresa en el pensamiento, en la palabra y en la

acción, dejando, por ejemplo, de alimentar al pensamiento con sentimientos de desánimo,

resentimientos, enfados, renunciando a las expectativas, entonces el corazón y la mente se

pueden abrir, salir de las restricciones y de la angustia.

Estar libre de limitaciones nos supone tener la libertad de amar y de dar el afecto que la

compasión transmite.

HABITACION CON VISTAS

El mundo que habitamos nos pone más difícil cada vez encontrar ese sentido de inmensidad,

de vastedad y por lo tanto de habitar nuestro espacio interior.

Nuestros sentidos soportan el constante asalto y bombardeo de infinidad de datos

provenientes del mundo externo.

El tráfico, los rumores, los medios de comunicación, todo contribuye a crear una manta de

ruido que va ocupando nuestro espacio interior.

El padre o la hermana que en sus retiros tienen una mente habladora y fantástica no

conseguirán tampoco un mayor sentido de espacio que el de cualquier otra persona que vive

en el corazón de una ciudad sobrecargada.

Mientras nuestra mente siga estando invadida por ese inmenso influjo de datos internos y

externos, tendrá como resultado una enorme presión interior.

La falta de espacio interior es una de las primeras causas del caos y de la confusión presente

en nosotros y en el mundo exterior.

Así, nuestra mente, nuestra compañera de vida se acaba convirtiendo en algo hostil.

Cada organismo viviente tiene necesidad de luz y de espacio para crecer, así nuestro

crecimiento tiene necesidades idénticas de espacio. Si nos falta, la tensión que se crea es un

terreno para el cultivo de la neurosis, la agresividad y la violencia.

No basta con crear un muro a nuestro alrededor, el retiro del mundo no conlleva la ausencia

de presión.

Para conocer una apertura realmente profunda en nuestras vidas debemos llegar a conseguirla

en nosotros mismos.

El auténtico espacio interior está caracterizado por la apertura, la receptividad, la simplicidad

y la armonía.

Una mente que toca la inmensidad no es indisciplinada, ni fragmentada ni está a la deriva ,

más bien es clara y libre de cargas y acumulaciones.

En esta mente la percepción se intensifica, también su capacidad de respuesta a la vida, por

esa sensibilidad en el ver, oir y sentir sin la interrupción de interpretaciones, juicios o por el

parloteo del pasado, entonces nuestra forma de "ver" será fresca e intuitiva.

25

El ver de manera nueva y renovada cada instante de nuestra vida encierra una receptividad

real y un constante aprender con la vida.

La base de la visión profunda, de la sabiduria y de la libertad es el espacio interior.

Llegar a encontrar un espacio interior es probablemente una de las lecciones más difíciles de

aprender, y a la vez uno de los principios más esenciales y fundamentales, para vivir sin

conflicto.

Significa descubrir la abertura, el silencio que ya existen dentro de nosotros y familiarizarnos

con ellos.

El silencio es un viaje que implica aceptar, poner en discusión, escuchar y observar cada área

de nuestra vida.

A veces para vivir esta inmensidad es necesario un cambio exterior.

Lo mismo que no puedo pretender encender una vela en medio de una tempestad, de la misma

forma no puedo pretender sentir el silencio si vivo en medio de la confusión y el caos.

Vivir de manera competitiva y ambiciosa en un clima de tensión interior, es la mejor manera

para sofocar el espacio interior , el silencio y crear la confusión.

Simplemente debo renunciar, ahora, a todo lo que contribuye a mi dispersión.

La forma en la que está ocupada nuestra mente nos revela como está identificada y limitada

por la vida, las cosas, personas, etc.

Los esquemas de pensamiento repetitivo, creencias mecánicas, opiniones tienen un centro

común y es la no aceptación de nuestra vida.

Son ocupaciones de la mente que ahogan el espacio interior.

Esos esquemas los repetimos y terminan convirtiéndose en verdad para nosotros y nos

convertimos en poseedores de problemas diversos y de etiquetas.

Pensando repetidamente en algo, indagamos, profundizamos y terminamos por identificarnos

con lo que indagábamos.

Cuando la conciencia se hace pequeñita y angustiada, los problemas sobre los que se

concentra aparecen más grandes, importantes y dramáticos, por la simple razón de que no

tenemos espacio interior, ni apertura para resolverlos.

Para nuestra salud interior , es importante descubrir el modo de abrir el espacio interior,

observando nuestras ocupaciones cotidianas y siendo capaces de poner en cuestión todos

nuestros valores.

Debemos cultivar la capacidad para dejar salir, o vaciar el material mental que ahoga nuestra

mente, como esquemas repetitivos en los que nuestra mente ocupa gran parte de su energía.

26

Estos esquemas los cargamos de emotividad y de expectativas entonces el silencio no

encuentra sitio y esto me hace dudar de su validez.

Fácilmente olvidamos que nada dura ni permanece idéntico a sí mismo, y que es el apego a

continuar con los problemas lo que los refuerza y nos ata a ellos.

Los problemas y las grandes dudas aparecen tan enormes por falta de espacio, son burbujas

de nuestra mente que las agiganta a medida que no encontramos espacio para contenerlas.

Si llegamos a escuchar, de cerca, con sensibilidad, esos momentos de ausencia cuando nuestra

mente no está ocupada con nada, entonces podemos descubrir otra dimensión de nuestra

conciencia.

Descubrimos ese espacio interior, el silencio, la abertura y la paz, y se convierte en nuestro

lugar profundo, nuestra habitación con vistas a la vastedad de la existencia.

El poder escuchar y sentir este espacio nos da acceso a otra dimensión del "ver" y de "ser"

donde existe ausencia de ocupación e identificación.

La mente no ocupada es la mente consciente en la que existe una dimensión de inmovilidad

que contiene todo el movimiento.

En este espacio crece la visión profunda y florece la totalidad de nuestro ser.

En él, es lo mismo y significa lo mismo la acción y sus fenómenos que la no acción y su

totalidad.

No es otra cosa que silencio interior y meditación.

27

A L O T R O L A D O D E L E D E N

EL PENSAMIENTO

La mente es nuestra constante compañera de vida.

Es imposible separarnos de la condición y de la cualidad de nuestra propia conciencia.

La actividad de la mente influencia la calidad de nuestras vidas en cada momento.

Cuando estamos sin paz interior, la mente intenta sustituirla por el acumular, el placer o la

excitación.

Muchas de nuestras inquietudes y agitaciones provienen de que nuestra mente no conoce la

paz, y... si no sé vivir en paz conmigo, difícilmente sabré vivir en paz con los demás.

La persona descontenta tiende a indagar sobre el pasado y sobre el futuro, ya que cuanto más

alejados estamos de la paz interior más difícil es vivir en el presente.

No es manipulando nuestro mundo como llegamos a la paz sino a través de la visión profunda

y del cambio interior.

El pensamiento es la llave por la que podemos cambiar el mundo, tanto positiva como

negativamente.

El uso poco sabio del pensamiento y de la tecnología, contribuyen a la deshumanización de la

sociedad.

El culto a la eficiencia se hace, en esta sociedad, en detrimento de lo humano y de su

dignidad.

El pensamiento, por sí solo, no nos da paso a la paz ni a la libertad interior.

Por medio del desarrollo del intelecto nos hemos convertido en grandes analistas y

pensadores.

Pero la conciencia no solo se aclara con el pensamiento, más bien la destruye y muchas veces

no llegamos a alcanzar la paz, ni la claridad.

Es más fácil juzgar y condenar al pensamiento que hacernos libres.

A veces consideramos a la mente quieta como meditativa y esto no es cierto, ya que puede ser

solo el resultado de la represión de los pensamientos entonces esta quietud sería solo

temporal.

Puede ser un paso a la visión profunda pero no un fin, esto sería una limitación más.

El pensamiento no es positivo ni negativo, es un aspecto de la mente que puede ser usado para

ver más claramente en nosotros y en nuestras vidas.

Cuando comprendemos el proceso del pensamiento, como nace y como se forma, entonces ya

no nos puede poseer.

Todo, interpretaciones, juicios, proyecciones, todos se crean a partir del pensamiento.

28

Las imágenes que tenemos de nosotros y a menudo la autoaceptación, son determinantes de

eso que pensamos de nosotros e incluso de lo que los otros piensan de nosotros.

Los estados mentales, opiniones, etc, son construcciones mentales que las creamos a través

del uso insensato que hacemos del pensamiento.

Si no llegamos a ver más allá de lo que el uso incorrecto del pensamiento provoca en nuestras

mentes, entonces todas las distorsiones que provocamos se convertirán en la realidad en la que

creemos.

Ninguna imagen de nosotros tendrá nada que ver con la realidad, será siempre limitada y

frecuentemente distorsionada.

Las percepciones iniciales que tenemos de las situaciones están coloreadas por las

asociaciones y las experiencias del pasado, y cuando entramos en este proceso con una

atención poco sabia, entonces creamos procesos mentales, opiniones o imágenes lejanísimas

de la realidad efectiva.

Si nuestro pensamiento es repetitivo entonces se hace necesario llegar a deshabituarlo o a

cortarlo.

La capacidad y la habilidad para usar el pensamiento son cualidades de una mente claramente

consciente.

El movimiento del pensamiento dentro de la consciencia es muy sutil. Sobre la base del placer

se crea el deseo. Sobre la base de las sensaciones se crean las aversiones, etc.

Con el conocimiento es posible darse cuenta del movimiento del pensamiento sin identificarse

y nos permite aplicar el pensamiento de manera creativa y constructiva.

La reflexión nos ayuda a fijar mejor la atención y tener una visión más amplia de los puntos

críticos de nuestras vidas.

Conlleva un alto grado de sensibilidad y de claridad interior.

Existe un espacio en la mente en la que el papel del pensamiento es indispensable y es el de la

" decisionabilidad".

El exceso de pensamiento crea confusión y nos aleja de la realidad.

Cuando estamos poseídos por el pensamiento encontramos serias dificultades para tomar

decisiones.

Una mente insegura y confusa connlleva un pensamiento peligroso y lleno de riesgos.

Cuando el pensamiento deja de ser el Señor de la mente o la fuerza dominante en el interior

de nuestra conciencia entonces tenemos acceso a otros métodos alternativos de "ver".

Si debemos vivir en la paz entonces tendremos que "ver" muy claramente momento a

momento, los factores que impiden dicha paz.

29

Mientras vivamos en un mundo de construcciones y proyecciones mentales la paz nos será

negada.

El ansia, la rabia o la inquietud son las consecuencias de una mente que no conoce la

"realidad".

La atención sabia y la aplicación sabia del pensamiento requieren distancia y claridad.

El pensamiento llega a ser mecánico y habitual y cuando es usado en exceso se convierte en el

patrón de la mente y como tal en el patrón del mundo.

Buena parte del mundo en el que habitamos es el resultado del pensamiento.

Lo que proyectamos de nosotros mismos a él, tambien es fruto del pensamiento, imágenes,

descripciones y conclusiones.

Pensamiento vacío.

SE BUSCA "FELICIDAD"

Nuestro modo de vivir, nuestra mente, nuestras metas, sueños y esperanzas son diversas para

cada ser humano, las convicciones y los valores que poseemos, las cosas a las que damos

importancia pueden ser muy diversas pero hay algo en lo que todos coincidimos y es en el

deseo de ser felices.

Una de las promesas de fondo de casi todas las filosofías es que la felicidad no está fuera sino

dentro de tí, mira dentro.

Que la felicidad no viene del mundo quiere decir que hemos comprendido que ni los objetos,

las personas, los lugares ni las experiencias nos la pueden dar, la felicidad no está separada de

nosotros.

Pero aunque a un nivel mental comprendamos que la felicidad no está en el "mundo",

hacemos depender muchas veces la felicidad de esos objetos, personas o situaciones.

Estamos tan inmersos en esta búsqueda de la "felicidad evadida" que hemos perdido el

contacto con nosotros mismos.

Ya es un hábito esperar la felicidad del exterior, corriendo detrás de los deseos, olvidandonos

de nosotros y cuando interiormente, vamos a encontrarnos con ella, lo que descubrimos la

mayor parte de las veces, es un gran vacio.

Para mucha gente quedarse a solas con sí misma es doloroso ya que dentro, en su mente, solo

encuentran deseos.

Pensando que la felicidad está fuera, rodeamos y giramos la vida buscándola.

Nuestros deseos se manifiestan a través de los sentidos, y cuando aun no he satisfecho uno ya

han surgido cien más. El deseo nunca se harta ni se satisface.

En la dependencia mental no existe la felicidad y este vacío nos parece increiblemente real.

30

A mayor sentimiento de vacio más necesidad de llenar ese agujero y por lo tanto se

multiplican, aún más, nuestros deseos.

Tener instantáneamente aquello que deseamos no coincide casi nunca con la felicidad.

Los deseos no tienen por que ser todos perjudiciales, por ejemplo, el dormir, ayudar a otra

persona, la necesidad de comprender, son deseos sanos y positivos, es decir, benéficos y

constructivos.

Los negativos podrían ser aquellos que están ligados a los sentidos y nos quitan la felicidad.

Los sentidos son las puertas de los deseos.

La persona sabia sabe abstraerse de la fuerza de los deseos y pone fin a esa carrera detrás de

las cosas y no lucha por buscar la felicidad exterior.

Sabio es quien comprende la ilusión de que el mundo te pueda dar cualquier cosa que no esté

ya en nosotros, es decir que la felicidad sea cualquier cosa distinta o separada de nosotros.

La felicidad viene del cambio de nuestra conciencia, no de las cosas de nuestro mundo. Se

descubre en el no depender y no desear.

Solo el deseo de tener mucho, ya es mucho, la riqueza es tu vida, tu interior.

El autoconocimiento y la autocomprensión están en la raíz de nuestra felicidad.

Desconocemos mucho de nuestro potencial humano y de sus riquezas.

En realidad nuestras necesidades son muy pocas y aún decrecen con la autocomprensión.

La felicidad llega con el no tener necesidad, con el no depender.

No se trata de negar o de reprimir sino de comprender que

la libertad de toda esclavitud viene de la comprensión de la esclavitud.

La primera causa del deseo es la proyección.

Es evidente que nuestra forma de ver o de percibir es personal como también es personal

nuestra forma de interpretar la realidad.

Las proyecciones son nuestras imágenes mentales vistas como realidad objetiva, son el mundo

interior, esta coloración es la característica de nuestra mente vista como perteneciente al

mundo exterior.

Proyectamos caracteres y condiciones de felicidad a los objetos.

El no ver las cosas como son sino como las imaginamos a veces nos produce frustración.

Necesitamos conocer como actuamos a nivel mental en las proyecciones con las personas y

con las cosas.

Ver como coloreamos el mundo con ciertas cualidades o características que no están allí,

como fantaseamos e inventamos el mundo.

¿ De donde provienen todos estos deseos, insatisfacciones ?.

Correr hacia los deseos significa galopar hacia el conflicto.

Dejar caer los deseos puede ser como ver que algo se muere un poco, como cuando decimos

"adiós" a alguien.

31

La felicidad no es el opuesto al sufrimiento sino más bien la comprensión de la

naturaleza de él.

En la verdadera felicidad se descubre no la necesidad de coger el mundo sino la necesidad de

darse al mundo. La felicidad llega de la mano de la renuncia a las proyecciones y deseos, y

con la renuncia llega la libertad.

LA MUERTE

La vida es una experiencia entre las dos orillas.

Durante la vida hay cosas como el temor, el ansia, la soledad que como emociones las

ligamos a la muerte.

Para nuestra cultura, en general, tiene una connotación negativa, envuelta de misterio y de

leyendas.

Una relación con la vida que ignore la muerte es una relación no real.

Una imagen de la vida sin la muerte es una imagen incompleta.

Las culturas orientales tienen un diálogo más real con la muerte.

En la India, por ejemplo, es fácil ver un cadaver en una estación o en la calle en general, ya

que la gente muere donde vive.

En Tailandia, los muertos van a un tipo de monasterios antes de la cremación, y todos lo

contemplan y se reflejan por un momento. Todos niños, viejos, monjes y laicos todos

participan de la contemplación.

La muerte es un aspecto de la vida que está aceptado.

Si llegamos a comprender la vida, llegamos a comprender la muerte.

Cuando negamos la muerte no llegamos a aceptar la vida hasta el fondo.

Reconocer nuestra mortalidad nos da sensibilidad y nos lleva a apreciar cada momento de

nuestra vida.

Una de las razones por las que evitamos la muerte es por que pone en discusión una gran parte

de nuestras vidas, el acumular, las tendencias, las ambiciones, el guardar, todas ellas son cosas

insignificantes de cara a la muerte.

La vida puede estar llena de minucias y de superficialidad si no apreciamos el valor del vivir y

exprimir cada momento hasta el fondo.

El conocimiento profundo de la muerte nos induce a concentrarnos sobre el cómo vivir y

apreciar los valores de la vida.

Carlos Castaneda al verse lleno de temor y de ansia respecto de la muerte es respondido por

Don Juan quien pone todo el énfasis sobre la inminencia de la muerte y le dice:

" La muerte es nuestra eterna compañera, jamás estamos alejados de ella.

¿ Cómo puede una persona pensar ser tan importante frente a la realidad de la muerte ?. "

Carlos llega a comprender que en el conocimiento de la muerte puede encontrar a un maestro,

un consejero pero nunca un enemigo.

32

El conocimiento de esta inminencia de la muerte nos hace saber que la calidad de nuestra vida

puede transformarse, cada instante lo viviríamos hasta el fondo de manera receptiva.

Ser consciente de los valores de la vida quiere decir no perder la energía en proyectos no

necesarios ni fantásticos con la idea de realizar ideales y metas.

Si no sabemos renunciar en la vida difícilmente aceptaremos la muerte.

Si en nuestras vidas, que están dominadas por los apegos y las identificaciones, no creamos un

acceso a la libertad interior entonces nos será imposible aceptar la muerte sin temor.

El miedo nace del hecho de que la muerte es en esencia la cesación del proceso cuerpo-mente.

Esta continuidad del "yo" queda rota y formulamos teorías del paraiso, de vida después de la

muerte, cualquier cosa que nos asegure el hecho de que "yo" de alguna forma continuaré.

La muerte, para nosotros, es la cesación del mundo tal y como lo conocemos, el fin de la

mente -cuerpo.

Mientras haya ataduras hay temor y esta atadura al cuerpo-mente limita la visión de nosotros

mismos a una existencia tremendamente limitada.

El temor a la muerte es el fin de esta existencia limitada.

La excesiva identificación con el cuerpo, que corre en estos tiempos, es una de las causas del

sufrimiento y del conflicto, así lo que valoramos de nosotros o de los otros son partes

superficiales de nuestras vidas ya que la visión de la propia vida está limitada a las

identificaciones.

Tenemos que ser conscientes de como las ataduras al cuerpo o a las apariencias nos llevan al

conflicto. Sabemos que el cuerpo es una constante mutación de sensaciones y de emociones.

La identificación a ellas nos lleva a poner etiquetas y por lo tanto a ponernos limitaciones.

La claridad interior nos da la posibilidad de observar sin identificarnos.

Las identificaciones nos obligan a definirnos en base a los contenidos de la mente y a tener

imágenes limitadas de nosotros.

Las imágenes se crean aislando sensaciones particulares o contenidos mentales.

La inmortalidad es la libertad que experimentamos con la no identificación.

Desde el nacimiento hasta la muerte estamos destinados a las imágenes y a las limitaciones,

mientras continuemos identificándonos con el mundo de las cambiantes sensaciones y

experiencias.

A través de la conciencia discurre siempre este flujo cambiante de sensaciones.

Somos poseedores de los objetos de nuestra identificación y por lo tanto sus esclavos.

Poco antes de morir Ramana Maharshi, escuchó muchos lamentos de sus discípulos que la

lloraban por que sentían ya su partida y le preguntó a un discípulo cercano ¿ por qué lloran ?,

él le respondió que porque sentían su partida y Ramana le respondió " Pero, ¿ a dónde

piensan que me puedo ir ?". Hay muerte mientras haya identificación, hay limitación mientras

haya identificación.

En la no identificación está la visión profunda de la realidad inmutable que no está separada

de nuestro propio ser.

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E L R E Y S A B I O N A D A P O S E I A

TENER UNA FLOR, SABIO

El conflicto y la confusión del mundo no son otra cosa que una amplificación de nuestro

conflicto y confusión.

Para muchas personas la vida no es nada más que un paso de un problema a otro.

Para ellos la experiencia del vivir se caracteriza por la dificultad y por el dolor.

Para saber responder al sufrimiento con compasión debemos comprender en primer lugar qué

significan la confusión y el sufrimiento de nuestras propias vidas.

La compasión es una expresión espontánea de sabiduría como respuesta al sufrimiento.

La sabiduría sin compasión se convierte fácilmente en algo introvertido y limitado, la

compasión sin sabiduría no tiene el poder de curar.

Debemos tener los medios adecuados para frenar el sufrimiento. La compasión sin sabiduría

tiene poco poder para eliminar la fuente de manifestación del sufrimiento.

La sabiduría es la esencia de la vida espiritual, ese "ver" intuitivo e inmediato que comprende

la naturaleza de la vida y de nosotros mismos.

El pensamiento nos hace comprender un montón de cosas del mundo, datos e informaciones.

Nunca la habilidad mental ha llevado a nadie a la libertad ni al autoconocimiento.

Cultura e ignorancia pueden ser buenos vecinos e incluso pueden convivir juntos y en la

misma persona.

La cultura la podemos adquirir pero la sabiduría es un bien que no se puede acumular.

Quizas es la persona "pensante" quien está en la raíz de tanto descontento.

Cultura y sabiduría no son la misma cosa. Podemos tener una enorme cultura y al mismo

tiempo no saber vivir de manera sensible y clara.

Es la comprensión a nivel intuitivo de nosotros mismos y la puesta en práctica de tal

comprensión en nuestras vidas las que determinan la paz y la armonía en las que vivimos.

Aquel cuento de un profesor que viaja en un barco y...

Un día le pregunta a un marinero:

¿ Conoces algo de filosofía ?.

El marinero no conocía nada y decía;

" ¡No señor! soy un hombre muy simple solo sé llevar la nave de una costa a la otra ".

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El profesor le responde :

" ¡ Qué pena ! ha perdido la mitad de su vida !".

Otro día el profesor le pregunta si ha estudiado geometría.

El pobre marinero siempre le respondía que solo sabía maniobrar la vela y gobernar la nave

en medio de aquel mar difícil.

El profesor siempre le respondía lo mismo " ¡ Qué pena ! ha perdido la mitad de su vida".

El interrogatorio siguió adelante durante muchos días.

El marinero reconocía su ignorancia en muchas materias como antropología, zoología,

medicina, etc.

Una noche hizo una tempestad terrible y la nave se movía de manera muy peligrosa.

El profesor apareció en cubierta con una cara ansiosa y temerosa, era el miedo.

El marinero se dirije a él y le pregunta " ¿ Ha estudiado usted nautología ? ".

El profesor extrañado le mira y dice: " ¿ Nautología...? No...".

Entonces el marinero le responde:

" ¡ Qué pena ! . Ha perdido usted toda su vida porque la nave se está hundiendo. "

El significado del momento presente quiere decir que mientras haya conciencia puede haber

cambio como para terminar con el sufrimiento y comprender la libertad. Si llegamos a ver la

relación entre el sufrimiento y sus causas instante a instante, entonces poseemos los

instrumentos para hacer cesar el sufrimiento. El sufrimiento no tiene por que ser una

experiencia negativa, ya que contiene todo el potencial para tener una visión profunda de lo

personal. Las distorsiones que provocamos en nuestra relación con el cuerpo se repiten en

nuestra relación con todos los objetos y formas de vida. La incapacidad para aceptar el

"decaimiento" de las cosas que queremos se debe a que nos identificamos con el papel del

que posee, lo mismo que nos identificamos con el papel del propietario del cuerpo.

Nos parece que es el mundo la fuente de tanto dolor e infelicidad, pero la causa del dolor no

está en el mundo sino en el apego y la identificación.

Cuando comenzamos a comprender la relación entre apego y sufrimiento, entonces

comenzamos a ver el final del dolor en nuestras vidas.

El mundo mental lo creamos a cada momento.

Podemos perder toda la energía investigando y analizando los problemas sin comprender que

la mente llena de problemas es la mente que se ata a las cosas, ideas, personas, en general a la

vida.No se trata de rechazar el mundo sino de comprender que no hay nada a lo que merezca

la pena atarse, ya que donde hay ataduras hay sufrimiento, son las dos caras de la moneda.

La impermanencia no es negativa, es una realidad que ilustra la necesidad de vivir totalmente

aquí y ahora.

La muerte, la pérdida o la impermanencia me darán miedo mientras persista la identificación

con el organismo cuerpo - mente como totalidad de mí mismo.

Los medios para llegar a la sabiduría son el desapego y la claridad que nos permite examinar a

la mente que se ata.

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La meditación no tiene como finalidad crear unas ciertas condiciones de paz o quietud, sino

de "ver" el final de la confusión creada por las ataduras.

Al mismo tiempo meditar supone aceptar el papel del meditador.

Cualquier imagen que tengamos de nosotros depende de las ataduras.

Si solo vemos, sin identificaciones entonces los cambios propios de la vida no crean

problemas.

El "ver" no está separado del movimiento o de la actividad, pero siempre está muy alerta para

verse libre de ataduras.

La observación y la visión conllevan una profunda calma interior en la que existe la visión

intuitiva.

La compasión que nace del amor y de la sabiduría es la compasión que se puede traducir en

acciones y esta compasión tiene el poder de curar.

DAR UNA FLOR, RENUNCIAR

La capacidad de ganar mucho sin renunciar a nada se ha convertido en un índice de éxito en

nuestra cultura.

Para las personas que tienen esta imagen de ganadoras, la renuncia tiene un valor negativo. La

pérdida se considera una experiencia negativa, el ganar positiva.

Quizás se me pase por la mente, en algún momento, que la felicidad, la paz o la libertad no

son cosas que se puedan ganar o acumular.

Cuando se renuncia sin condiciones a la mente con sus luchas y ganancias, se accede a la

visión profunda y liberadora que nos da paz y libertad.

La renuncia es parte integrante de este camino hacia la libertad.

No es, solamente, el lado exterior del quitarse cosas de encima, la verdadera renuncia está en

el abandonar y dejar caer toda atadura sin condiciones.

El espíritu total del abandono, del no poseer nada ni estar atado a nada, lo conocemos cuando

comprendemos, hasta el fondo, que no existe nada en el mundo que sea realmente nuestro y

por lo tanto que lo podamos poseer.

En nuestro viaje a través de la vida encontramos una variedad de experiencias, cosas,

personas que van y vienen.

No podemos vivir abiertamente, con lucidez y contacto con la realidad si constantemente

estamos eligiendo por preferencia o rechazo.

La renuncia es una práctica que se aplica a las tendencias de la mente a atarse a preferencias o

rechazos que se convierten en una limitación.

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Poquísimas son las cosas que verdaderamente necesitamos en la vida, alimento, vestido, cura

en caso de enfermedad, cariño y naturaleza.

Las necesidades psicológicas que nos creamos nos pueden llevar a ese estado de

"avidez".

Al no conocer la paz interior intentamos llenar nuestro vacio e insatisfacción acumulando

cosas, poderes, experiencias, etc.

Estar cogidos por el apego y el acumular significa que echamos las semillas del miedo y de la

ansiedad.

Con el miedo y la ansiedad cualquier cosa interna o externa se puede llegar a convertir en un

problema ya que las ataduras se convierten en una fuente de ansia, sufrimiento y tensión.

No es difícil renunciar a lo que no queremos, no se trata de deshacerse de cosas sino de

desarrollar y vivir en el espíritu del no - apego.

A veces ponemos etiquetas a nuestra persona y la mente se ata a esos papeles.

Asumiendo esos roles la mente acumula un sentido de identidad y de seguridad.

Uno de los objetos principales de identificación son las opiniones que no son otra cosa que

una restricción mental y forman parte de ese sectarismo social, religioso o político que nace

de las ataduras y nos lleva a niveles cada vez mayores de alienación.

La mente del "yo estoy" se ata a las ideologías y se erige en soberano defensor de la verdad.

Este soberano no podrá jamás conocer la libertad que nos da el no - apego.

El propietario de la única verdad vive siempre en esclavitud.

Mientras nos situemos en el plano del "yo soy" no podremos conocer la verdad de la visión

profunda ya que el "yo" nunca puede ver la verdad.

Debo separarme del experimentador, del meditador, del conocedor ya que la verdad solo la

podemos vislumbrar en la libertad del no - apego.

Podemos tener nuestros puntos de vista pero nunca transformar la verdad en una posesión.

El conocimiento de las raíces de nuestro apego es la condición fundamental para que pueda

existir una renuncia.

SER LA FLOR, MEDITAR

La meta última de la meditación es la libertad interior.

Mi acercamiento a la meditación puede ser de dos formas, la primera desde un acercamiento

personal y de apoyo a mi crecimiento interior, la segunda va hacia las raíces de la existencia y

de la disolución del ego.

La diferencia esencial entre estas dos formas es cómo influyen en la intensidad de la libertad

que buscamos.

Hui Neng era un campesino pobre y ayudante de cocina en un monasterio.

SADHANA Carlos Fiel 37

Un día el maestro estaba a punto de morir y quería decidir quien iba a ser su sucesor.

Esa misma noche otro monje escribe en la pared del monasterio:

" El cuerpo es el árbol del Bodhi

la mente un espejo brillante

nosotros lo custodiamos con cuidado en cada instante

y no dejamos que el polvo se pose sobre ellos ".

Estos versos fueron muy apreciados. Por fin una noche cuando ya todos los monjes habían

escrito sobre la pared, Hui decide dejar algo suyo para agradecer a su maestro, aunque él fuera

el cocinero lo quería intentar y escribió:

" No existe el árbol del Bodhi

Ni tampoco ese espejo reluciente

La naturaleza del Budha resplandece clara y pura

¿ Dónde puede posarse el polvo ? ".

Para comprender la sabiduría de la meditación es necesario descifrar estos dos poemas.

El acercamiento personal a la meditación nos lleva a un cierto nivel de comprensión, con un

mayor desapego, claridad y ecuanimidad.

Pero es el segundo acercamiento el que nos da una visión profunda de la liberación.

Llegar a la raíz de nuestro Ser es percibir y sentir la total inconsistencia y vacuidad de todos

los conceptos, de un yo personal, de una entidad separada.

Cuando la creencia en el yo está muy arraigada, entonces tendemos a considerar como

reales también, los atributos del "sí mismo", es decir, esos que hacen de mí un individuo

diferente de todos los demás. Soy distinto de... .

La verdadera barrera para la libertad no es el "yo" o el "sí mismo", si no la realidad que

creamos alrededor del "yo". Viéndolo con claridad este concepto está vacio de contenido, es

inconsistente.

Esta actitud influye en nuestra relación con la meditación y la búsqueda.

Si mantenemos esa realidad, la meditación se convierte en otra experiencia que puede

perpetuar la creencia del "yo" y por lo tanto su esclavitud.

La meditación ilumina nuestra vida interior en el sentido de que vemos más claramente los

contenidos y los movimientos de nuestra mente, así como nuestras identificaciones con

formas de ser y de pensar.

Es un buen principio el de dudar de la consistencia del "yo" para no sentirme el propietario y

guardián de sus contenidos y tendencias.

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Así procuraré cambiar algunas actitudes personales para ir hacia la libertad.

La idea habitual, pienso que errónea, es que seré libre perfeccionándome y por lo tanto, todos

los conceptos de progreso, conquista, éxito o fracaso, propios de la perfección, terminarán por

influir en mi manera de ser y en mi meditación.

Todo esto tiene poco que ver con la libertad interior y es fácil perderse en el análisis de la

personalidad y en las ideas de automejorarse.

Es la constante indagación del "sí mismo", esto indica que lo único en lo que creemos es en

nuestra realidad.

El "yo" como propietario se pierde en las identificaciones y perpetúa la continuidad del "sí

mismo".

Siempre debo aportar algo, soy imperfecto y por lo tanto la libertad y la perfección son algo

separado que conseguiré en el futuro.

El tener experiencias especiales es signo de progreso, el repetir esquemas y mecanismos es

fracaso.

Es cierto que en esta búsqueda hay progreso, cambios y que con la concentración interior

aprendemos a ver con más ecuanimidad y desapego, esto quiere decir que ya no soy tan

esclavo de mis esquemas mentales.

Es como encontrar una nueva identidad a través de la meditación, más sutil, es la

" Esencialidad del Ser ".

¿ Quién busca, quién experimenta ?.

Todas estas preguntas y sobre todo la práctica de la meditación nos permiten tener una visión

de fondo en la que percibo la vacuidad y la inconsistencia de todas las creencias en el "yo".

Budha expresó así esta visión profunda:

" Solo el sufrimiento existe, no se encuentra ningún sufriente

hay acciones pero ningún agente

existe la libertad pero nadie que entre en ella

hay paisajes pero no existen senderos ni caminantes".

Pienso que por la misma razón existe el Nirvana pero no existe nadie que entre en él.

El sufrimiento y el conflicto son efectos directos del proceso de apego.

El proceso de la mente forma parte de los hábitos y esquemas pero no de la persona.

La No - Acción no es indiferencia, sino una manera de ver y de vivir libres de la presencia del

actor
Cuando "yo" me convierto en buscador y lo buscado está fuera, en el exterior, entonces ligo

mi acción y mi vida a los frutos de esa acción, dejo de ser libre como consecuencia del

cúmulo de experiencias ya que la libertad es dejar de crear separaciones.

La conciencia es "ver simultáneamente", sin separaciones, sin división ni esfuerzo.

Krishnamurti decía: " Las cosas son lo que son. La alegría es ver como son las cosas

relajadamente".

El que medita deja que las cosas sucedan como son, esto es ir hacia la "visión pura".

Existe el paisaje pero no existen senderos ni paseantes.

El sendero de la meditación nos da claridad y equilibrio e implica método y técnica.

La meditación no es un sendero al que apegarse, sea por las experiencias, la comprensión, la

automejora o por el perfeccionamiento de un método en particular.

Es una búsqueda directa de disolución de las falsas creencias y centros de apego.

Poner fin a cada división o separación este es el camino de la libertad.

La luz en la que todas las diferencias se extinguen.   http://www.carlosfiel.com

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