lunes, 13 de abril de 2009

la leyenda de dafne y Cloe-Logo

Cuando se habla de literatura griega antigua se piensa casi la mayoría de las veces que se refiere a la epopeya o épica de Homero con sus poemas famosos “La Ilíada” y “La Odisea” o algunos yendo aún más lejos consideran literatura helénica de la antigüedad también a los Diálogos de Platón de corte meramente filosófico y no del todo literario. Si bien es cierto, la literatura griega fue bastante fructífera en cuanto a verso se refiere. El género lírico tuvo desde un principio más acogida por la fácil memorización que ofrecía a las personas que lo recitaban pues la literatura de aquel tiempo no era tan asequible como hoy día lo es.

La prosa en la literatura de la antigua Grecia fue un género utilizado más que todo en obras filosóficas, verbigracia la tenemos en los ya mencionados Diálogos platónicos. Empero la literatura (haciendo referencia al género narrativo en sí) también tuvo allí su acogida. Tenemos novelas que han sobrevivido hasta hoy como Efesíacas de Jenofonte de Éfeso; Babilónicas de Jámblico; Leucipa y Clitofonte de Aquiles Tacio y posiblemente Las Etiópicas o Teágenes y Cariclea de Heliodoro de Emesa. Como obra seleccionada para comentar en el presente ensayo encontramos la novela “Dafnis y Cloe” cuyo verdadero nombre en griego translitera así: Poimenika ta Kata Daphnin Kai Klohen (Los amores pastoriles de Dafnis y Cloe) escrita por el griego Longo. El autor nació en la isla de Lesbos el año 150 d.C., se dedicó principalmente a la sofística y su obra más importante fue Dafnis y Cloe. Murió en 230 d.C.. Su obra ha sido traducida en diversos idiomas, entre ellos el castellano del cual existe una traducción realizada por Juan Valera y Alcalá Galiano (1824-1905).

Es importante después de aclarar algunos pormenores con referente al origen de la obra tocar fondo un poco con su argumento. El autor se encarga de hacernos una pequeña introducción al comienzo. Nos explica la inspiración que lo mueve a escribir la obra, una pintura en una cueva de Ninfas. Indaga el origen de ésta y de allí resultan los cuatro libros que componen la novela. Hace pasar al principio el hecho que va a relatar como verídico, aunque a ciencia cierta no se sabe si lo es o no, algo parecido a lo que hace Cervantes en el Quijote cuando evoca a aquel personaje de Cide Hamete Benengeli como el historiador que compuso su obra. Es un recurso estilístico bastante usual en la literatura griega porque en los Diálogos Platón exhibe sus teorías filosóficas como sucesos verídicos en los cuales intervienen Sócrates y otros personajes la mayoría reales, pero que no se descifra si estas conversaciones realmente se dieron o si son sólo ficción o artificio del autor para hacer una historia más amena.

“Ciudad de Lesbos es Mitilene, grande y hermosa. La parten canales por donde entra y corre la mar y la adornan puentes de lustrosa y blanca piedra. No semeja la vista ciudad sino un grupo de islas (…) montes abundantes de caza, fértiles sembrados, dehesas y colinas cubiertas de viñedos, todo junto a la mar”

En el fragmento citado anteriormente se puede notar como el autor nos hace entrar en el ambiente de su novela relatándonos el espacio en donde suceden la mayoría de los sucesos de este amor de pastores. Podría decirse que la novela ofrece al lector una biografía de los protagonistas desde el momento de su nacimiento hasta el final feliz. El narrador, que en todo caso es omnisciente, está mirando desde luego todas las acciones que realizan los personajes y conoce sus íntimos pensamientos.

Dafnis es encontrado por el pastor o cabrero Lamon. Sus padres lo habían abandonado al nacer, empero le habían dotado de ricas joyas y monedas para que le criase cualquiera que le encontrara. Una cabra del rebaño de Lamon, compadeciéndose del pobre bebé que yacía solo en la cueva de las Ninfas le amamantó cual si fuera su propia madre y así el infante logró sobrevivir hasta que sorpresivamente fue hallado.

Contrario a lo que se podría esperar, Lamon y su mujer Mirtale recibieron con no poco regocijo el hallazgo del niño, no porque viniera tan ricamente adornado sino porque no tenían hijos y decidieron adoptarle como hijo suyo escondiendo las alhajas por si en alguna ocasión Dafnis las llegase a necesitar.
Cloe es dos años menor que Dafnis y su destino, que a la larga se uniría y vendría a ser uno solo con el de su amado, tuvo muchas coincidencias con el de él como haber sido igualmente abandonada por sus padres en la cueva de las Ninfas con muchas joyas. Allí el narrador quiere dar a saber de una vez como la vida de estos dos personajes va a estar siempre ligada, no sólo por su nacimiento sino también por su oficio pues Dafnis se hace cabrero y Cloe pastora, oficios que estuvieron muy de boga en la antigua Grecia porque las cabras y las ovejas eran criadas de forma artesanal para la producción de leche y lana respectivamente.

Los protagonistas eran unos jóvenes sin experiencia alguna de lo que es la vida, para ellos su pubertad y adolescencia es muy pero muy diferente de la de muchos jóvenes de la actualidad quienes viven sumidos en la moda y otras atracciones y a veces ni por pienso se percatan de las grandes cosas que están ocurriendo dentro de sí. Dafnis y Cloe juegan, se recrean sanamente, como dos niños que cumpliendo sus deberes hallan satisfacción y gozo. Puede decirse que sienten atracción pero son tan inocentes que no saben cómo demostrársela.

El amor que hay entre Dafnis y Cloe es una cosa admirable, es algo divino. Así mismo lo expresa el autor cuando dice que Amor mismo (a parecer personal debe entenderse como el dios griego Eros, equivalente al romano Cupido, dios del amor) los protege y los une como una de sus parejas predilectas, por tanto se trata de un sentimiento sin mácula que no sólo busca satisfacción carnal o es simple deseo sino que augura paz y cariño entre los dos para dar y recibir lo que se dan: amor.

Las cosas buenas pocas veces hallan un camino libre de tropiezos y adversidades, el amor es probado por Dios “como se prueba el oro en el crisol”. Así la pareja de la novela se encuentra con muchas vicisitudes para realizar el ideal que se han propuesto. Cloe era una mujer muy hermosa, por tanto era casi imposible que sólo Dafnis se fijara en ella. Así hubo hombres como Dorcon quien se prendó de la muchacha e hizo mil recovecos para arrancarla del amor de Dafnis pero que al final padece un triste desenlace. Cierta vez Cloe es atrapada por unos extranjeros de Metimna y llevada forzosamente hacia su ciudad, sin embargo cuando se encontraban en alta mar el dios Pan muestra su solicitud hacia Cloe socorriéndola. “¡Oh los más impíos y malvados de todos los mortales! (…) Os he de anegar y os he de dar por pasto a los peces, si al punto no devolvéis a Cloe a las Ninfas, a Cloe a su rebaño, cabras y corderos”. Así ella puede regresar con bien a brazos de su querido.

Algo que caracteriza indudablemente a los dos jovencitos es su devoción y fe en los dioses. Visitan la gruta de las Ninfas a menudo y precisamente apacientan a sus rebaños en las inmediaciones de ésta, adoran a Pan varias veces en el curso de la obra, le ofrecen sacrificios y libaciones continuamente y quizá por eso el se muestra tan benévolo con ellos, favoreciéndoles en cualquier trance en donde su ayuda podría resultar indispensable. Todo lo que ellos tienen lo deben a las divinidades, hasta su amor es obra de Amor, aquel niño que es “más viejo que Saturno (Cronos)” y que al igual como le aconteció al viejo Filetas al cual le unió a su amada Amarilis les unirá a ellos “in saecula saeculorum”.

El amor verdadero busca siempre estar cerca de la persona que se ama. Quiere verla siempre, abrazarla, besarla, sentir su calor y su cariño. Así les pasaba a Dafnis y a Cloe, si no se veían un solo día se extrañaban como si hubiesen transcurrido años eternos. La voz de Cloe animaba a Dafnis y así juntos se animaban los dos. Es una dependencia mutua, una dependencia que no causa malestar ni rabia sino regocijo y placer porque lo que se hace con amor verdadero jamás esclaviza. Vivían para sus ovejas y cabras, las amaban como parte suya, cómo hijas a las cuales hay que cuidar. Eran ejemplos de lo que deben ser los trabajadores y obreros de hoy día quienes en su mayoría sólo piensan en el salario que van a recibir y no entregan todo de sí.

El gozo que experimentaban Cloe y Dafnis al estar juntos iba más allá de una simple conversación. A Dafnis le fascinaba ver a Cloe desnuda bañándose, observar su cuerpo, su figura, era para él el mayor deleite. Les gustaba acostarse los dos en la hierba, abrazarse, besarse allí en presencia de sus rebaños, después experimentaron el acostarse juntos desnudos pero sin haber nada de sexo; sólo había intercambio de caricias y roces. Los muchachos querían intentar algo más, una cosa que le hiciese sentir satisfacción y placer inigualables, pero no podían. Los dos eran totalmente puros y virginales, nunca habían experimentado relaciones carnales con nadie más.

El afán por sentirse más juntos, de que algo los hiciera sentirse uno dueño del otro llevan a Dafnis a cometer un grave error. Sólo por complacer sus deseos que de alguna manera podían esperar, –porque si los mismos dioses los habían unido no habría fuerza humana que de alguna manera u otra pudiera separarlos– acude a otra mujer, le es infiel a Cloe, esa niña que hubiera preferido morir antes que traicionarle. Escuda su error detrás de su amor por Cloe. Dafnis acude a una amiga suya quien había estado enamorada de él por un tiempo y que aún lo estaba. Lycenia, que así se llamaba, fue su profesora. Ella le enseñó cómo tener relaciones sexuales con una mujer, le dijo que a Cloe le dolería un poco debido a su doncellez pero que sin embargo lo disfrutaría. Lycenia se había acostado ya con varios hombres, era una mujer con “experiencia” en cosas de este jaez. Dafnis se dejó seducir y aprendió muy bien lo que le inculcó aquella mujer. El autor no condena en ningún momento esta acción de Dafnis, se podría añadir el adagio “el que calla, aprueba”, lo cual podría dar un mal ejemplo a los jóvenes ahora que es tan controvertido el tema de las relaciones prematrimoniales. Empero, se podría poner como contrapeso a esta acción el que Dafnis no se alejó de Cloe después de este desliz sino que no la conoció hasta después de la boda y fueron muy felices.

El origen de Dafnis y de Cloe en el principio de la obra es bastante oscuro. Los pastores los encuentran a los dos en un mismo sitio: la cueva de las Ninfas. Sin embargo el lector desprevenido puede hacerse una sarta de prefiguraciones previas sobre el nacimiento de los protagonistas antes de llegar al meollo de la obra. Se podría suponer – ¿por qué no?– que los muchachos hubieran sido hijos de algún dios o dioses y que éstos los habían predestinado a alguna misión en la tierra, o que eran dioses encarnados (cualquiera podría inquirir sobre Apolo y Dafne), en suma, un sinfín de suposiciones que el autor, quizá prediciéndolas, se encarga de aclarar a su debido tiempo.

Dafnis es hijo del gobernador de la ciudad Dionisofanes; éste lo abandona siendo apenas un bebé recién nacido. Sin embargo le deja como regalo unas prendas que, según él dice, son para reconocerlo posteriormente. Cómo se refleja esta situación actualmente cuando muchos padres abandonan a su suerte a los hijos que Dios les ha regalado en Su Providencia Infinita. El arrepentimiento hace su entrada en la obra cuando Dionisofanes y Clearista (madre de Dafnis) se lamentan amargamente de haber expuesto a su hijito. Dafnis da muestras de un corazón muy noble, cuando sin ningún rencor abraza a sus padres y hermanos y les perdona lo que con él obraron en el pasado. Es una lección de perdón que aquí se nos brinda a todas y cada una de las personas que generalmente somos testarudos y duros de corazón. Dafnis nos ofrece su faceta de amor, perdón y familiaridad, valores que de él deberíamos adoptar, sin olvidarnos del agradecimiento y profundo amor que les siguió profesando a Lamon y Mirtale sus padres putativos.

Cloe, por su parte también encuentra a su verdadera familia. Su padre Megacles hubo de abandonarla también al nacer por no tener como mantenerla, ya que había quedado en la completa ruina. La abandonó en la cueva de las ninfas con las pocas alhajas que aún conservaba. Gracias a Dionisofanes ocurre el reencuentro el cual se observa lleno de emotividad y perdón por parte de Cloe a su padre quien ahora es rico. Muchas veces nosotros nos portamos mal con las personas que nos han dado la vida y nos enojamos con ellos por cualquier cosa; lo que en esta obra se presenta es un ejemplo de vida para que, ojalá lo tomemos en serio y lo pongamos en práctica.

El que persevera alcanza. Esta frase es pronunciada constantemente por las personas para animar a otras que se encuentran en situaciones difíciles y que ven truncado su camino por alguna circunstancia. El resultado de la perseverancia es la obtención de lo que se desea. Esto fue lo que disfrutaron Dafnis y Cloe. Después de un camino lleno de tropiezos, de adversidades en donde su amor debió crecer como una rosa entre zarzas, como cualquier flor en el más crudo de los inviernos esta pareja supo salir adelante y sí que lo logró. Después de enfrentarse a la intriga, a la soledad muchas veces, a la pobreza y a situaciones que superficialmente parecían sin remedio logran escalar la cima de la alta montaña que es la vida y conseguir allí el premio de su anhelado y abnegado amor.

Dios a ellos los probó, los apretó por un lado y por otro pero no los aplastó, así la prueba de su amor produjo constancia y esa constancia se convirtió en experiencia. Sería un tanto absurdo imaginarse el noviazgo de Dafnis y Cloe libre de penas, aflicciones y oposiciones; su amor se hubiera conservado seguramente, ¿pero qué hubiera sido después en su matrimonio ya como pareja responsable? Quizás sí, quizás no, pero es probable que ante la primera dificultad hubieran encontrado más peso que a cualquiera que antes les hubiese ocurrido. Sin embargo ellos lograron ser una pareja madura a pesar de su sencillez e ingenuidad con un amor puro que no admite ninguna clase de sentimiento malo para sí mismos y para los que los rodean.

Sería pertinente resaltar el que Cloe haya llegado virgen al matrimonio. Sonaría un tanto obvio si se fijara en las prescripciones que tenían las civilizaciones antiguas en las cuales la virginidad era un precepto inalienable para toda mujer sin casarse. Pero para todo aquel que ha leído y analizado la obra y que de cualquier manera se convirtió en testigo de estos amores, Dafnis tuvo muchos momentos en los cuales pudo hacer suya a Cloe, empero no lo hace. Siguen con sus simples juegos inocentes aún después de que ya Dafnis ha sido amaestrado por Lycenia. Por eso el narrador recalca que después de la boda: “(...) Dafnis hizo a Cloe lo que le había enseñado Lycenia; y Cloe conoció por primera vez que todo lo hecho antes, entre las matas y en la gruta, no era más que simplicidad o niñería” Allí se da, entonces el paso definitivo, por así decirlo, de Cloe a la edad adulta; ya se hace mujer en brazos de su amado, deja su niñez atrás pero sin perder el manto de la inocencia el cual conservará siempre en su alma.

“Dafnis y Cloe” es una novela sencilla, con un argumento bastante claro y conciso y que cualquiera podría considerar un simple cuento de niños en donde los protagonistas: “Vivieron felices y comieron perdices”. No, más allá de eso, es una novela que brinda una enseñanza muy hermosa: que el amor vence todas las dificultades. El amor –como dice San Pablo– no es egoísta, no busca el mal, no se engríe, todo lo espera, todo lo soporta; el amor no pasará nunca. Así es necesario para todos aprender a diferenciar el amor de cualquier otro sentimiento y que sea él y no otra cosa lo que rija nuestra vida. El amor, al igual que esta novela vive y debe gustar en todo tiempo.
































Lo que vence toda dificultad: la historia de Amor





Ensayo de la obra
“Dafnis y Cloe”
Autor: Longo

Editorial Norma












Colegio Jorge Isaacs
Décimo grado
Barranquilla
2005

domingo, 12 de abril de 2009

FUEGO DE CADA DIA-OCTAVIO PAZ

Como el aire
hace y deshace
sobre las páginas de la geología,
sobre las mesas planetarias,
sus invisibles edificios:
el hombre.

Su lenguaje es un grano apenas,
pero quemante,
en la palma del espacio.

Sílabas son incandescencias.
También son plantas:
sus raíces
fracturan el silencio,
sus ramas
construyen casas de sonidos.
Sílabas:
se enlazan y se desenlazan,
juegan
a las semejanzas y las desemejanzas.

Sílabas:
maduran en las frentes,
florecen en las bocas.
Sus raíces
beben noche, comen luz.
Lenguajes:
árboles incandescentes
de follajes de lluvias.

Vegetaciones de relámpagos,
geometrías de ecos:
sobre la hoja de papel
el poema se hace
como el día
sobre la palma del espacio.

NOMBRES TABUADOS DE LOS DIOSES

El hombre primitivo se crea dioses a su propia imagen. Xenófanes señaló hace tiempo[1] que la tez de los dioses de los negros era negra y su nariz chata; que los dioses de Tracia eran rubicundos y de ojos azules, y que si los caballos, bueyes y leones creyeran en dioses y tuvieran manos con que retratarlos, indudablemente darían a sus deidades la forma de caballos, bueyes y leones. Por eso, del mismo modo que el salvaje latebroso oculta su verdadero nombre propio porque teme que los hechiceros puedan hacer un mal uso de él, así también imagina que, de igual manera, sus dioses deben guardar secreto su verdadero nombre, temiendo que otros dioses y aun hombres aprendan su místico sonido y puedan conjurarles con ellos. En ninguna parte se mantuvo más firme o más plenamente desenvuelto este concepto tosco del misterio y la virtud mágica del nombre divino que en el antiguo Egipto, donde las supersticiones de un pasado ignoto se momificaron en los corazones de las gentes con tanta eficacia como los cadáveres de gatos, cocodrilos y toda la serie de animales divinos en sus tumbas de roca viva. El concepto está bien esclarecido en una leyenda que nos cuenta cómo la astuta Isis consiguió de Ra, el gran dios egipcio del sol, su nombre secreto. Isis, según la leyenda, era una mujer de poderosa palabra, hastiada del mundo de los hombres y ansiosa del mundo de los dioses. Ella meditó en su corazón, diciéndose: ¿Por qué no puedo, por la virtud del gran nombre de Ra, hacerme diosa y reinar lo mismo que él en el cielo y en la tierra? Porque Ra tenía muchos nombres, pero el gran nombre que le daba poder sobre todos los otros dioses y sobre los hombres, sólo era conocido por él mismo. El dios se iba haciendo viejo, su boca baboseaba y la saliva caía al suelo. Así, Isis recogió el salivazo y tierra con él y la amasó moldeando una serpiente que dejó en el sendero por donde el gran dios pasaba todos los días a su doble reino según los deseos de su corazón. Y cuando él llegó, como de costumbre, seguido de toda la compañía de los dioses, la serpiente sagrada le mordió y el dios abrió su boca y su grito llegó al cielo. Los que le acompañaban preguntaron: "¿Qué le duele?" Y la compañía de los dioses dijo: "He aquí, mirad". Pero él no podía responder; sus mandíbulas rechinaban, sus labios temblaban, el veneno corría por su carne como el Nilo inundaba el país. Cuando el gran dios hubo aquietado su corazón, gritó a sus acompañantes: "Venid a mi, ¡oh criaturas mías, nacidas de mi cuerpo! Soy príncipe, hijo de príncipe, la estirpe divina de un dios. Mi padre inventó mi nombre; mi padre y mi madre me dieron mi nombre y ha permanecido oculto en mi cuerpo desde mí nacimiento para que ningún mago pudiera tener poder mágico sobre mí. He ido a contemplar lo que he creado. He paseado por los Dos Países,[2] que yo hice y ¡ved! algo me ha mordido. ¿Qué era? Yo no lo sé. ¿Era fuego? ¿Era agua? Mi corazón arde, mi carne tiembla, todos mis miembros están convulsos. Traedme todas las criaturas de los dioses con sus palabras saludables y sus labios inteligentes, cuyo poder alcanza el cielo". Entonces llegaron a él las criaturas de los dioses y todas estaban muy apenadas, cuando llegó, con sus astucias, Isis, cuya boca está llena de aliento de vida,[3] cuyos conjuros alejan el dolor, cuya palabra hace revivir a los muertos. Y dijo: "¿Qué es, divino padre? ¿Qué es eso?" El sagrado dios abrió su boca y habló así: "Iba por mi camino. Caminaba paseando a gusto por las dos regiones, contemplando lo que he creado, cuando ¡he aquí que una serpiente que no vi me mordió! ¿Es esto fuego? ¿Es agua? Estoy más frío que el agua, estoy más abrasador que el fuego; todos mis miembros sudan. Tiemblo, mi vista se desvanece, no veo el cielo, la humedad baña mi cara como en el estío." Entonces habló Isis: "Dime tu nombre, Padre divino, pues vivirá aquél a quien se le llame por su nombre". Entonces Ra respondió: "He creado los cielos y la tierra. He ordenado surgir las montañas. He hecho el grande y ancho mar. He tendido como una cortina los dos horizontes. Soy quien abre sus ojos, y hay luz, y quien los cierra, y todo es oscuridad. A mi mandato, el Nilo se desborda, pero los dioses no saben mi nombre; Khepera en la mañana, Ra mediodía, Tum en la tarde". Pero la ponzoña no se le quitó; penetró aún más hondo y el gran dios no podía andar. Entonces le dijo Isis: "No es tu nombre el que me has dicho, ¡oh! dímelo para que la ponzoña salga, pues vivirá aquel cuyo nombre sea pronunciado." Ya el veneno quemaba como fuego; él estaba más ardiente que las llamas del fuego. El dios dijo: "Consiento que Isis busque dentro de mí y que mi Nombre pase de mi pecho al suyo." Entonces el dios se ocultó de los demás dioses y su lugar en la barca de la eternidad quedó vacío. Así le fue quitado al gran dios su nombre e Isis la hechicera habló: "Fluye fuera, ponzoña, ¡sal de Ra! Soy Yo, Yo misma la que vence al veneno y lo tira al suelo; porque el nombre del gran dios le ha sido arrebatado a él. Deja a Ra vivir y que muera el veneno." Así habló la gran Isis, la reina de los dioses, la que conoce a Ra y su nombre verdadero. De esta leyenda se deduce que el verdadero nombre del dios, con el cual estaba unido inextricablemente su poder, se suponía situado, en sentido casi físico, en algún sitio de su pecho, del que Isis lo extrajo por una especie de operación quirúrgica y lo transfirió a sí misma con todos sus poderes sobrenaturales. En Egipto, intentos semejantes a los de Isis para apropiarse el poder de un gran dios, apoderándose de su nombre, no fueron únicamente leyendas referentes a los seres míticos de un pasado remoto; cada mago egipcio aspiraba a ejercer poderes semejantes por medios similares. Se creía que el que poseyera el verdadero nombre propio, poseía al verdadero ser del dios o del hombre y podría forzar incluso a una deidad a que obedeciera como un esclavo obedece a su amo. Así el arte del mago consistió en obtener de los dioses una revelación de sus nombres sagrados y no dejar sin mover una sola piedra hasta conseguirlo. Cuando en un momento de debilidad o de olvido comunicaba la deidad al hechicero su pasmoso secreto, la deidad no podía hacer ya otra cosa que someterse humildemente al hombre o pagar la penalidad de su contumacia.
La creencia en la virtud mágica de los nombres divinos fue compartida por los romanos. Cuando emprendían el asedio de una plaza, los sacerdotes romanos se dirigían a la deidad guardiana de la ciudad con oraciones o conjuros, invitándola a abandonar la ciudad sitiada y venir a los romanos, que la tratarían tan bien o mejor que pudiera haberlo sido en su antigua patria. Por eso, el nombre de la deidad protectora de Roma se conservaba en profundo secreto por miedo a que los enemigos de la república pudieran atraerla de igual modo que los romanos habían inducido a muchos dioses a desertar como ratas, en días de desgracia, de las ciudades que los habían acogido en días de fortuna. No sólo el nombre verdadero de la deidad protectora, sino el nombre de la ciudad mismo quedaban guardados en el misterio y no podían ser nunca pronunciados ni aun en los ritos sagrados. Un tal Valerio Sorano, que se atrevió a divulgar el secreto inapreciable, fue muerto o termino de mala manera. De igual modo, parece que los antiguos asirios tenían prohibida la mención de los nombres místicos de sus ciudades y hasta los tiempos modernos los cheremís del Cáucaso mantienen secretos, por motivos supersticiosos, los nombres de sus aldeas comunales.
[1] Seis siglos a. c. y algún tiempo antes que Feuerbach afirmase que el hombre venera en Dios su propia naturaleza.
[2] Alto y Bajo Egipto.
[3] Génesis, u: 7: ". .y alentó en su nariz soplo de vida".

La rama dorada, capítulo XXII 5

EL ELOGIO DE SANTO TOMAS-HUMBERTO ECO

La mayor desgracia de su carrera no le acaece a Tomás de Aquino el 7 de marzo de 1274, cuando, apenas cumplidos los cuarenta y nueve aiiíos, muere en Fossanova, y los monjes no logran bajar su cuerpo por las escaleras a causa de su gordura. Ni tampoco tres años después de su muerte, cuando el arzobispo de París, Etienne Templier, emite una lista de proposiciones heréticas (doscientas diecinueve), que comprenden la mayor parte de las tesis de los averroístas, ciertas observaciones sobre el amor terrenal propuestas cien años antes por Andrés el Capellán, y otras veinte proposiciones claramente atribuibles a él, el angélico doctor Tomás, de la casa de los señores de Aquino. Porque la historia hizo rápidamente justicia a este acto represivo, y Tomás, aunque muerto, ganó su batalla, mientras que Etienne Templier terminó junto con Guillaume de Saint-Amour, el otro enemigo de Tomás, en las filas desgraciadamente eternas de los grandes restauradores, que se inician con los jueces de Sócrates, pasan por los de Galileo y terminan, provisionalmente, con Gabrio Lombardi.

La desgracia que arruina la vida de Tomás de Aquino sobreviene en 1323, dos años después de la muerte de Dante y quizas un poco por culpa suya, es decir, cuando Juan XXII decide convertirlo en santo Tomás de Aquino. Una mala pasada, como recibir el premio Nobel, entrar en la Academia Francesa u obtener el Oscar. Uno se convierte en un cliché, como la Gioconda.

Este año se celebra el séptimo centenario de la muerte de Tomás. Tomás vuelve a ponerse de moda, como santo y como filósofo. Se. intenta dilucidar qué hubiera hecho hoy, si hubiera tenido la fe, la cultura y la energía intelectual que tuvo en su tiempo. Pero el amor entenebrece a veces los espíritus y para decir que Tomás fue grande, se dice que fue un revolucionario y habrá que tratar de comprender en qué sentido lo fue: ya que, si no puede decirse que fuera un restaurador, fue sin embargo alguien que construyó un edificio tan sólido que ningún otro revolucionario ha logrado después hacerlo vacilar desde dentro (lo más que ha podido hacerse, de Descartes a Hegel, de Marx a Teilhard de Chardin, ha sido hablar de él «desde fuera»).

Tanto más cuanto que no se comprende cómo el escándalo pueda venir de un individuo tan poco romántico, gordo y tranquilo que, en la escuela, tomaba apuntes en silencio, con aire de no entender nada, mientras sus compañeros se mofaban de él; que cuando en el convento está sentado en su asiento doble en el refectorio (hubo que cortar un brazo divisorio para que tuviera sitio suficiente) oye gritar a sus juguetones compañeros que fuera hay un asno que vuela y corre a verlo, mientras los demás se desternillan de risa (como se sabe, los monjes mendicantes tienen gustos simples): y entonces Tomás (que de tonto no tenía nada) dice que le parecía más verosímil que un asno volara y no que un monje mintiera, y los monjes quedan chasqueados. Y, después, ese estudiante a quien sus condiscípulos llamaban el buey mudo, se convierte en un profesor adorado por sus alumnos, y un día, que pasea con ellos por las colinas, al contemplar París desde lo alto, los discípulos le preguntan si no le gustaría ser el señor de una ciudad tan bella y él contesta que preferiría mucho más poseer el texto de las homilías de san Juan Crisóstomo. Pero, en otra ocasión, cuando un enemigo ideológico trata de avasallarlo, se vuelve una fiera y en su latín, que parece decir poco porque se entiende todo y los verbos están colocados justo donde un italiano los espera, prorrumpe en maldades y sarcasmos, como un Marx cuando fustiga a Szeliga.

¿Era un gordinflón, era un ángel? ¿Era un asexuado? Cuando sus hermanos quieren impedirle que se haga dominico (porque en aquel tiempo el benjamín de una familia de pro se hacía benedictino, que era cosa digna, y no mendicante, que era como hoy hacerse miembro de una comuna para Servir al Pueblo o meterse a trabajar con Danilo Dolci), le secuestran camino de París y le encierran en el castillo de la familia, y, para disuadirle de sus caprichos y convertirle en un abad como debe ser, envían a su habitación una joven desnuda y dispuesta a todo. Tomás coge entonces un tizón y se pone a perseguir a la muchacha con la clara intención de quemarle las nalgas. ¿Entonces, nada de sexo? Vaya usted a saber, pero el hecho lo turba de tal manera que, a partir de entonces, según cuenta Bernardo di Guido, «si no eran estrictamente necesarios, evitaba como a serpientes los encuentros con mujeres».

En cualquier caso, este hombre era un combatiente. Robusto, lúcido, concibe un plan ambicioso, lo lleva a cabo y vence. Veamos entonces cuáles eran el terreno de lucha, la apuesta, las ventajas obtenidas. Tomás nació cincuenta años después de la victoria de las comunas italianas en la batalla de Legnano contra el Imperio. Hacía diez años que Inglaterra tenía la Carta Magna. En Francia, apenas había terminado el reinado de Felipe Augusto. El Imperio agonizaba. Cinco años más tarde, las ciudades libres, marítimas y mercantiles del norte se agruparían para formar la liga hanseática. La economía florentina estaba en expansión, se acuñaba el florín de oro: Fibonacci había inventado ya la partida doble, desde hacía un siglo florecían la escuela de medicina de Salerno y la escuela de derecho de Bolonia. Las cruzadas se hallaban en una etapa avanzada, lo que quiere decir que los contactos con Oriente estaban en pleno desarrollo. Por otra parte, los árabes de España fascinaban al mundo occidental con sus descubrimientos científicos y filosóficos. La técnica adquiría un vigoroso desarrollo: se cambió el modo de herrar a los caballos, de hacer funcionar los molinos, de guiar las naves y de colocar la collera a las bestias de tiro y de labranza. Monarquías nacionales en el norte y comunas libres en el sur. En una palabra, esto no era la Edad Media, por lo menos en el sentido vulgar del término: para ser polémicas, si no fuese por lo que está a punto de tramar Tomás, sería ya el Renacimiento. Pero era necesario que Tomás tramara lo que tramaba para que las cosas se desarrollaran tal como se desarrollaron.

Europa trataba de darse una cultura que reflejara una pluralidad política y económica, dominada, sí, por el control paternalista de la Iglesia, que nadie ponía en discusión, pero abierta a un nuevo sentido de la naturaleza, de la realidad concreta, de la individualidad humana. Los procesos organizativos y productivos se racionalizaban: era preciso encontrar técnicas de la razón.

Cuando nace Tomás, hacía ya un siglo que estaban en práctica las técnicas de la razón. En la Facultad de Artes de París, se enseñaba música, aritmética, geometría y astronomía, pero también dialéctica, lógica y retórica, y de una manera nueva. Un siglo antes, Abelardo había pasado por allí. Había perdido sus órganos genitales, pero por razones privadas, y su cabeza no había perdido vigor: el nuevo método consistía en comparar las opiniones de las diferentes autoridades tradicionales y llegar a una decisión según unos procedimientos lógicos fundados en una gramática laica de las ideas. Se hacía lingüística y semántica; se investigaba qué quería decir una palabra determinada y en qué sentido se empleaba. Los manuales de estudio eran los textos de lógica de Aristóteles, aunque no estaban todos traducidos e interpretados, pues nadie conocía el griego, salvo los árabes, que estaban mucho más avanzados que los europeos, tanto en filosofía como en ciencia. Pero desde hacía ya un siglo la escuela de Chartres, al redescubrir los textos matemáticos de Platón, construía una imagen del mundo natural, regida por leyes geométricas y procesos mensurables. No era todavía el método experimental de Roger Bacon, pero se trataba de una construcción teórica, de un intento de explicar el universo sobre bases naturales, aun cuando la naturaleza se viera como un agente divino. Robert Grosseteste elaboró una metafísica de la energía luminosa, que recuerda un tanto a Bergson y un tanto a Einstein: aparecieron los estudios de óptica, es decir, se planteaba el problema de la percepción de los objetos físicos y se trazaba un límite entre alucinación y visión.

Lo cual no es poco; el universo de la Alta Edad Media era un universo de alucinación, el mundo era un bosque simbólico poblado de presencias misteriosas, y las cosas se veían como el relato continuo de una divinidad que pasaba el tiempo leyendo y elaborando crucigramas. En tiempos de Tomás, este universo de la alucinación no desapareció bajo los golpes del universo de la razón: por el contrario, este último era todavía el producto de las élites intelectuales y no se veía con buenos ojos, porque, para decirlo de una vez, ninguna de las cosas terrenales se veía con buenos ojos. San Francisco hablaba de los pajaritos, pero el planteamiento filosófico de la teología era neoplatónico. Lo cual significaba: lejos, muy lejos, está Dios, en cuya inalcanzable globalidad se agitan los principios de las cosas, las ideas: el universo es el efecto de una distracción benévola de este Uno muy lejano, que parece verterse lentamente hacia abajo, dejando huellas de su perfección en los grumos de la materia que defeca, como los indicios de azúcar en la orina. En este alpechín que representa la periferia más despreciable del Uno podemos encontrar, casi siempre por un golpe de genio enigmático, rastros de gérmenes de comprensión, pero la comprensión está en otra parte, y si todo marcha nos llega lo místico, la intuición nerviosa y desearnada, que penetra con la visión casi drogada en la garlponniére del Uno, donde adviene el único y verdadero festín.

Platón y Agustín habían dicho todo lo necesario para comprender los problemas del alma, pero las cosas se volvían oscuras cuando se trataba de saber qué era una flor o el nudo de tripas que los médicos de Salerno exploraban en el vientre de un enfermo, o por qué era benéfico tomar aire fresco en una noche de primavera. De tal manera que era mejor conocer las flores por las miniaturas de los visionarios, ignorar que existiesen las tripas y considerar las noches de primavera como una peligrosa tentación. Así, la cultura europea estaba dividida: si se entendía el cielo, no se entendía la Tierra. Si alguien quería comprender la tierra desinteresándose del cielo se atraía complicaciones. Alrededor vagaban las brigadas rojas de la época, sectas heréticas que por un lado querían renovar el mundo y constituir repúblicas imposibles, y por otro practicaban sodomía, rapiñas y otras cosas nefastas. Vaya uno a saber si esto era verdad, pero, en la duda, era mejor matarlos a todos.

En este momento, los hombres de la razón conocieron por los árabes que existía un antiguo maestro (un griego), que podría proporcionar la clave para unificar esos miembros dispersos de la cultura: Aristóteles. Aristóteles sabía hablar de Dios, pero clasificaba los animales y las piedras y se interesaba por el movimiento de los astros. Aristóteles sabía lógica, se interesaba en la psicología, hablaba de física, clasificaba los sistemas políticos. Pero, sobre todo, ofrecía las claves (y en este aspecto Tomás sabrá hacerlo fructificar plenamente) para desvelar la relación entre la esencia de las cosas (lo que puede ser comprendido y dicho de las cosas, aun cuando no estén presentes a nuestra vista) y la materia de que están hechas. Dejemos en paz a Dios, que vive bien por su cuenta y que ha provisto al mundo de óptimas leyes físicas para que pueda funcionar solo. Y no nos extraviemos tratando de recuperar indicios de las esencias en esa especie de cascada mística por la cual, perdiendo lo mejor, llegamos a atiborrarnos de materia. El mecanismo de las cosas está ahí, a la vista, las cosas son el principio de su propio movimiento. Un hombre, una flor, una piedra son organismos que han crecido según una ley interna que los ha puesto en movimiento: la esencia es el principio de su crecimiento y de su organización. Se trata de algo que ya está ahí, pronto a estallar, algo que mueve la materia desde dentro y la hace crecer y manifestarse: por esto podemos comprenderla. Una piedra es una porción de materia que ha tomado forma y de ese matrimonio ha surgido una sustancia individual. El secreto del ser, que Tomás glosará con ingenioso salto, está en el acto concreto de existir. El existir, el acaecer, no son incidentes que les ocurren a las ideas, que por sí estan el cálido útero de la divinidad lejana. Primeramente, las cosas existen de manera concreta, gracias al cielo, y después las comprendemos.

Es necesario aclarar aquí dos cosas. En primer lugar, para la tradición aristotélica, comprender las cosas no significa estudiarlas experimentalmente: basta comprender que las cosas cuentan, la teoría pensaba el resto. Muy poco, si se quiere, pero ya un buen salto adelante respecto al universo alucinado de los siglos precedentes. En segundo lugar, si Aristóteles debía ser cristianizado, era necesario conceder más espacio a Dios, que se hallaba bastante apartado. Las cosas crecen por la fuerza interna del principio de vida que las mueve, pero será preciso admitir que, si Dios se toma en serio todo ese gran movimiento, sea capaz de pensar la piedra mientras ésta se va convirtiendo en piedra por su cuenta, y que, si decidiese interrumpir la corriente eléctrica (que Tomás denominaba «participación»), se produciría el block out cósmico. Por consiguiente, la esencia de la piedra está ya en ella y es aprehendida por nuestra mente, que es capaz de pensarla, pero existía ya en la mente de Dios, que está lleno de amor y pasa los días no cuidándose las uñas, sino proveyendo de energía el universo. El juego que había que hacer era éste, ya que de otro modo Aristóteles no podía entrar en la cultura cristiana, y, si Aristóteles quedaba fuera, también quedaban fuera la naturaleza y la razón.

Juego difícil, porque los aristotélicos que Tomás encuentra cuando comienza su tarea han tomado otro camino. Camino que quizás a nosotros pueda agradarnos más, y que un intérprete propenso a los cortocircuitos históricos podría llegar a definir como materialista: aunque se trata de un materialismo muy poco dialéctico, más bien un materialismo astrológico, que molestaba un poco a todo el mundo, desde los custodios del Corán hasta los del Evangelio. El responsable había sido, un siglo antes, Averroes, musulmán por cultura, berberisco por raza, español por nacionalidad y árabe por lengua. Averroes, que conocía a Aristóteles mejor que nadie, había comprendido a qué llevaba la ciencia aristotélica: Dios no era un manipulador que se entremetía en todo acontecer. Había constituido la naturaleza en su orden mecánico y en sus leyes matemáticas, regida por la férrea determinación de los astros y, dado que Dios era eterno, eterno debía ser también el mundo en su orden. La filosofía se ocu pa del estudio de ese orden, es decir de la naturaleza, a la que todos los hombres pueden entender, pues opera en todos un mismo principio de inteligencia, ya que de lo contrario cada uno vería las cosas a su modo y no se podría entender nada. En este punto, la conclusión materialista era inevitable: el mundo es eterno, regido por un determinismo previsible, y si un único intelecto vive en todos los hombres, el alma individual inmortal no existe. Si el Corán dice una cosa diferente, el filósofo debe creer filosóficamente aquello que su ciencia le demuestra y luego, sin plantearse demasiados problemas, creer lo contrario que la fe le impone. Se trata de dos verdades y una no debe estorbar a la otra.

Averroes lleva a conclusiones lúcidas lo que ya estaba implícito en un aristotelismo riguroso, y a esto se debe el éxito que obtuvo en París entre los maestros de la Facultad de Artes, en particular Siger de Brabante, a quien Dante coloca en el Paraíso junto a santo Tomás, aunque es justamente a santo Tomás a quien Siger debe el hundimiento de su carrera científica y su relegación a los capítulos secundarios en los manuales de historia de la filosofía.

El juego de política cultural que Tomás intentaba realizar es doble: por un lado hacer aceptar a Aristóteles por la ciencia teológica de su época, por otro, disociarlo del uso que hacían de él los averroístas. Pero en su intento, Tomás se enfrentaba con el handicap de pertenecer a una de las órdenes mendicantes, que a tan tenido la mala fortuna de poner en circulación a Gioacchino da Fiore y a otra banda de heréticos apocalípticos que resultaban peligrosísimos para el orden constituido, para la Iglesia y para el Estado. Con lo que los maestros reaccionarios de la Facultad de Teología, entre los que sobresalía el temible Guillaume de Saint-Amour, pusieron buen cuidado en afirmar que los hermanos mendicantes eran todos heréticos gioacchinistas: tanto era así que querían enseñar el pensamiento de Aristóteles, maestro de los materialistas ateos averroístas. Puede observarse que es el mismo juego de Gabrio Lombardo: quien quiere el divorcio es amigo de quien pide el aborto, y por tanto es partidario de la droga. Votad sí como el día de la creación.

Tomás, por el contrario, no era ni un herético ni un revolucionarío, era lo que se dice un «conciliador”. Para él se trataba de poner de acuerdo lo que era la nueva ciencia con la ciencia de la revelación, cambiarlo todo para que no cambiase nada.

Pero en ese proyecto demuestra un buen sentido extraordinario y (maestro de exquisiteces teológicas) un gran apego a la realidad natural y al equilibrio terrenal. Que quede claro que santo Tomás no aristoteliza el cristianismo, sino que cristianiza a Aristóteles. Que quede claro que jamás pensó que con la razón se pudiera comprender todo, sino que todo se comprende con la fe: sólo quiso decir que la fe no estaba en desacuerdo con la razón, y que por tanto aquí también podía permitirse el lujo de razonar, huyendo así del universo de la alucinación. Se comprende así por qué, en la arquitectura de sus obras, los capítulos principales sólo hablan de Dios, de los ángeles, del alma, de la virtud y de la vida eterna; pero, en el interior de estos capítulos, todo encuentra un lugar más que racional, «razonable». En el interior de la arquitectura teológico, puede entenderse por qué el hombre conoce las cosas, por qué su cuerpo está hecho de determinada manera, por qué tiene que examinar hechos y opiniones para poder decidir, y resolver las contradicciones sin ocultarlas, sino tratando de conciliarlas a plena luz. Con ello, Tomás restituye a la Iglesia una doctrina que, sin quitarle un ápice de su poder, deja a las comunidades la libertad de que decidan ser monárquicas o republicanas, y que distingue, por ejemplo, diferentes tipos y derechos de propiedad, y llega a decir que sí, que el derecho de propiedad existe, pero en cuanto a la posesión, no en cuanto al uso. Es decir, tengo derecho a poseer un inmueble en vía Tibaldi, pero, si hay personas que viven en barracas, la razón exige que yo consienta su uso a quien carece de vivienda (yo sigo siendo dueño del inmueble, pero los otros deben habitarlo, aunque no le guste a mi egoísmo). Y así por el estilo. Se trata de soluciones fundadas en el equilibrio y en esa virtud que Tomás llamaba «prudencia», cuyo cometido es «conservar la memoria de las experiencias adquiridas, tener el sentido exacto de los fines, la pronta atención a las coyunturas, la investigación racional y progresiva, la previsión de las contingencias futuras, la circunspección ante las oportunidades, la precaución ante las complejidades y el discernimiento ante las condiciones excepcionales.

Este místico, que no veía la hora de perderse en la contemplación beatífica de Dios a la que el alma humana aspira «por naturaleza», era también humanamente atento a los valores naturales y profesaba respeto por el discurso racional, y por ello logró su propósito.

No hay que olvidar que antes de él, cuando se estudiaba el texto de un autor antiguo, el comentador o el copista, cuando encontraban algo que no concordaba con la religión revelada, tachaban las frases «erróneas», o las señalaban dubitativamente para poner en guardia al lector, o bien las acotaban al margen. Tomás, en cambio, alineó las opiniones divergentes, aclaró el sentido de cada una, lo cuestionó todo, incluso los datos de la revelación, enumeró las objeciones posibles e intentó la mediación final. Todo debía hacerse en público, como pública era la disputatio en su época: entraba en funciones el tribunal de la razón.

Que después, leyéndolo bien, se evidencia que en cualquier caso el dato de fe prevalecía sobre cualquier otra cosa y guiaba el desarrollo de la cuestión, es decir, que Dios y la verdad revelada precedieran y guiaran el movimiento de la razón laica, ha sido puesto en claro por los más agudos y devotos estudiosos tomistas, como Gilson. Nadie ha dicho nunca que Tomás fuera Galileo. Tomás proporcionó simplemente a la Iglesia un sistema doctrinal que la puso de acuerdo con el mundo natural. Y lo logró en etapas fulgurantes. Las fechas son explícitas. Antes de él se afirmaba que «el espíritu de Cristo no reina donde vive el espíritu de Aristóteles», en 1210 todavía estaban prohibidos los libros de filosofía natural del filósofo griego, y la prohibición continuó en las décadas siguientes, mientras Tomás hacía traducir esos textos por sus colaboradores y los comentaba. Pero en 1255 Aristóteles dejó de estar prohibido. Muerto Tomás, como hemos visto, se intentó todavía una reacción, pero finalmente la doctrina católica acabó alineándose con las posiciones aristotélicas. El dominio y la autoridad espiritual de un Croce en medio siglo de cultura italiana no son nada frente a la autoridad que Tomás demostró al cambiar en cuarenta años toda la política cultural del mundo cristiano. Después de lo cual, se estableció el tomismo. Santo Tomás proporcionó al pensamiento católico un arsenal tan completo, en el que todo encuentra lugar y explicación, que desde entonces dicho pensamiento ya no aportará nada más. A lo sumo, con la escolástica de la contrarreforma, reelaborará el pensamiento de Tomás, restituyéndonos un tomismo jesuita, un tomismo dominico y hasta un tomismo franciscano en el que se mueven las sombras de Buenaventura, de Duns Escoto y de Ockham. Pero Tomás ya no podrá tocarse más. Aquello que en Tomás era ansia constructora de un sistema nuevo, en la tradición tomista se vuelve vigilancia conservadora de un sistema intocable. Allí donde Tomás ha derribado para volver a construir de nuevo, el tomismo escolástico trata de no tocar nada y realiza prodigios de equilibrio seudotomistas para hacer entrar lo nuevo dentro de la trama del sistema de Tomás. La tensión y el ansia de conocimiento, que el gordo Tomás poseía en grado máximo, se desplaza entonces a los movimientos heréticos y a la reforma protestante. De Tomás ha quedado el arsenal lógico, pero no el esfuerzo intelectual que supuso edificar una forma de pensamiento que era, entonces, verdaderamente «diferente».
Por supuesto, la culpa ha sido también suya, ya que fue él quien ofreció a la Iglesia un método para conciliar las tensiones y para englobar de manera no conflictiva todo aquello que no puede evitarse. Fue él quien enseñó a individualizar las contradicciones para después tratar de armonizarlas. Una vez cogida la costumbre, se pensó que, donde había una oposición entre sí y no, Tomás enseñaba a expresar un «ni». Sólo que Tomás lo hizo en un momento en el que decir «ni» no significaba detenerse, sino dar un paso adelante, y poner
las cartas sobre la mesa.

Por lo que, ciertamente, es lícito preguntarse qué haría Tomás de Aquino si viviera hoy, pero es necesario responder que en cualquier caso no volvería a escribir una Suma Teológica. Su discurso se refería al marxismo, a la física relativista, a la lógica formal, al existencialismo y a la fenomenología. No comentaría a Aristóteles, sino a Marx y a Freud. Después cambiaría el método argumentativo, que se haría menos armónico y conciliador. Por último, se daría cuenta de que no podría ni debería elaborar un sistema definitivo, cerrado como una arquitectura, sino una especie de sistema móvil, una Suma de páginas sustituibles, ya que en su enciclopedia de las ciencias habría entrado la noción de provisionalidad histórica. No sabría decir si sería todavía cristiano. Pero démoslo por bueno. Estoy seguro de que participaría en la celebración del séptimo centenario de su muerte, sólo para recordar que no se trata ya de decidir cómo usar todavía lo que él pensó, sino de pensar otras cosas. 0 como máximo de aprender de él cómo hay que hacer para pensar con limpieza, como hombre de la propia época. Después de lo cual, no querría estar dentro de sus hábitos.

1974

jueves, 9 de abril de 2009

FILOSOFIA Y ZOROASTRIANISMO


l objetivo de este estudio es discutir y determinar los conceptos más apropiados que describan el mensaje de Zaratustra, de acuerdo a lo que él mismo trató de enseñar en el ámbito filosófico y místico. En este sentido, se analizarán diferentes terminologías para encontrar cuál encaja mejor dentro del marco de las enseñanzas gathicas. Los elementos Pre-Gathicos y Post-Gathicos no serán considerados en este estudio. Las nociones involucradas en esta discusión son: religión, filosofía y conciencia.



FILOSOFIA Y ZOROASTRIANISMO

Cuando los siguientes conceptos formulados por el Standard Encyclopedic Dictionary son estudiados:

Ø Filosofía: Ciencia que trata con el análisis dentro de los mas comprensivos principios de la realidad en general, o algunos factores de esta, como conocimiento humano o valores humanos. El amor a la sabiduría, y la búsqueda de esta (griegos).

Ø Filosofía: Estudiante o especialista en filosofía. Amante de la sabiduría (griegos).



Puede afirmarse -sin la menor sombra de duda- que, aparte de ser una persona religiosa, Zaratustra fue el primer filósofo conocido históricamente. Puede encontrarse en muchas de las estrofas de los Gathas que Zaratustra promueve el amor a la sabiduría, lo cual coincide con los conceptos previamente mostrados. En adición, el nombre del Dios de Zaratustra, “Ahura Mazda", se compone de: Ahura, que significa Existente o Existente por si mismo, y Mazda, que significa Sabiduría, también conocido como Señor de la Sabiduría, lo que cumple perfectamente con la mencionada definición de filosofía.



La Actitud Filosófica. Para Albornoz (1998) esta actitud es fundamentalmente especulativa. Especulación, como lo indica su etimología (specus-caverna), significa tomar de sí mismo. Toda especulación es una forma de aprehensión intuitiva. El pensamiento especulativo comienza desde la experiencia, pero no permanece allí, sino que trasciende, buscando relatores universales. La actitud filosófica se caracteriza por una permanente búsqueda dentro de un eterno preguntar, donde las preguntas son más esenciales que las respuestas. En este sentido, Heidegger (1965) sostuvo que filosofar equivalía a un extraordinario preguntar por lo extraordinario.

Zaratustra demostró una actitud filosófica, pues no se limitó en sus preguntas, lo cual se evidencia en la siguiente estrofa:

“Yo te realicé a Ti, Dios Sabio, en un desarrollo progresivo, cuando fui rodeado por la iluminación, a través de la Buena Mente, y esta me preguntó: ¿Quién eres? ¿A Quién le perteneces? ¿De qué manera, en estos días de búsqueda, explicarías estas directrices a los seres vivientes y a Ti mismo?" (Gathas 8.7).

En adición, en el canto Gathico 9, cada estrofa representa una pregunta. Solamente en ese Gatha, el Ushtavaiti Gatha, hay 20 versos con preguntas. En general he contado un total de 69 preguntas directas en todo el documento Gathico.

El conocimiento que busca el filósofo se puede calificar de más amplio y de más profundo. Este deseo de amplitud y este espíritu de profundidad constituyen, paradójicamente, el mayor vicio y la mayor virtud del filosofo, pues permite someterlo todo a un riguroso examen. Para Platón, un filosofo es contemplativo: “abraza a todos los seres, y ve en ellos lo eterno, lo inmutable, sus ideas o esencias y las expresa en definiciones”. En el caso de Zaratustra, este tipo de conocimiento puede ser observado en un conocido canto:

“Esto te pregunto a Ti, dime verdaderamente, Señor: ¿Quién es el Creador primordial y Padre de la Rectitud? ¿Quién hizo al Sol y a las estrellas en sus senderos? ¿Quién hace crecer y menguar la luna?. Yo estoy, Señor de Sabiduría, deseoso de conocer todo esto y aun más”. (Gathas 9.3)

Zaratustra obviamente presentó una actitud filosófica como puede determinarse del análisis de las escrituras gathicas.



La Búsqueda de la Sabiduría y la Verdad. Una de las principales características de un filósofo es la búsqueda de la verdad. Karl Jasper (1958) dijo que “La filosofía consistía en ir de camino. Sus preguntas son más esenciales que sus respuestas y toda respuesta se convierte en una nueva pregunta. Este camino presenta la oportunidad de obtener felicidad y alcanzar esta realidad es el principal sentido del filosofar”. En adición, Rene Descartes afirmó que “Filosofia es, por definición, el amor y la procura de la sabiduría”.

Una anécdota tradicional escrita por Diógenes Laercio en “Vidas y Opiniones de Grandes Filosofos” dice que Pitágoras fue el primero en mencionar la palabra Filosofía, llamándose a sí mismo filosofo en una conversación en Sicion con Leonte, tirano de los sicioneses o fliaseos. También ha sido aceptado que el primer pensador que uso esta palabra con significado fue Heraclito de Efeso, quien escribió el siguiente fragmento: “Es menester que los amantes de la sabiduría (filósofos) estén mucho y bien instruidos en multitud de cosas…”

El tiempo de Pitágoras ha sido ubicado en 580-500 A.C. y el de Heráclito en el 535-475 A.C. La búsqueda de la sabiduría por parte de Zaratustra comenzó mucho antes de esos tiempos. Solamente en la primera estrofa se puede detectar este esfuerzo por encontrar la sabiduría.

“Mazda, Dios Sabio, con las manos alzadas en señal de reverencia oro, en primer lugar para pedir apoyo a través de la mentalidad progresiva; luego para que pueda ejecutar todos mis actos, basados como ellos están en la sabiduría de la Buena Mente, en preciso acuerdo con las leyes de la Rectitud, para así agradarte a Ti y al alma del Mundo Viviente”. (Gathas 1.1)

En adición a esta estrofa existen otras estrofas en los Gathas en las cuales la manifestación de la búsqueda de Zaratustra por la sabiduría es clara:

“¿Cuándo, Seňor Sabio, amanecerán esos días que serán, para el mantenimiento del mundo recto y motivarán la sabiduría de los benefactores con enseñanzas avanzadas? ¿A quién vendrá esta ayuda con la sabiduría de la Buena Mente? Por mi mismo, Señor, yo escojo tus enseñanzas.” (Gathas 11.3)

"¿Sabio, donde están Tus devotos, quienes comprenden la Buena Mente, y a pesar de fracasos y retrocesos, atienden las doctrinas que han heredado con sabiduría? Yo no tengo a nadie más que a Ti. Por lo tanto, protégenos a mí, y a mi gente, por medio de la Rectitud." (Gathas 7.7)
"¡Que nosotros estemos entre esos que hacen fresca esta vida! Ustedes, Señores de la Sabiduría, que traen felicidad a través de la Rectitud, vengan hasta nosotros para que unifiquemos nuestras mentes en los predios del intelecto interno". (Gathas 3.9)

En el libro “The Hymns of Zarathushtra” escrito por Jacques Duchesne-Guillermin (1992) aparece un escrito de Mlle Simone Pétrement quien dice: “Yo no sé porqué los académicos evitan con cierto tipo de horror representar a Zoroastro como un filósofo o que tenga que ver algo, aunque sea poco, con la filosofía. Sin embargo, si hay un pensamiento abstracto y filosófico, ese es el suyo. ¿Por qué no reconocerlo? ¿Por que es muy antiguo? Muchas cosas son más antiguas de lo que uno piensa, aun, y especialmente, la filosofía. Antes de que nos preguntemos en qué sentido, obviamente en una manera diferente de la heredada de los pensadores griegos, el término filósofo es aplicable a Zoroastro”.



RELIGION Y ZOROASTRIANISMO

Existen cientos de definiciones sobre religión, cada una reflejando influencias académicas o dogmáticas, dependiendo al final de las presunciones de la persona que hace la definición. La religión contiene elementos intelectuales, ritualísticos, sociales y éticos, unidos por una creencia explícita o implícita en la realidad de un mundo invisible, dependiendo si es expresada en términos supernaturales o idealísticos. Un grupo de las definiciones más comunes están al final como anexo; sin embargo, para nuestro estudio, se resumirán los conceptos sobre religión en las definiciones propuestas por The American Heritage Dictionary Of The English Language: Fourth Edition. 2000.

Estos conceptos son los siguientes:

1. Creencia y reverencia por un poder supernatural conocido como creador y gobernador del universo. Este incluye un sistema institucionalizado o personalizado basado en tal creencia y adoración.

2. La vida o condición de una persona en un orden religioso.

3. Un grupo de creencias, valores, y prácticas (rituales) basados en las enseñanzas de un líder espiritual.

4. Una causa, principio, o actividad perseguida con celo o devoción consciente.

5. Búsqueda de la Unidad del hombre con la Conciencia del Universo.



En la traducción de los Gathas del Dr. Ali Jafarey, la palabra religión está escrita en 10 ocasiones. En sus escritos, el Dr. Jafarey reconoce que las enseñanzas de Zaratustra pueden llamarse “La Buena Religión”. A continuación están los cantos que soportan la afirmación:

"Con estas, las más altas palabras que provocan el pensamiento, convenceremos a los ignorantes de elegir la correcta religión." (Gathas 1.5)

“…Esta es la religión de los benefactores, por la cual, las buenas acciones sólo conducen a la felicidad por medio de la Rectitud...” (Gathas 7.13)

“Esto te pregunto a Ti, dime verdaderamente, Señor. ¿Cómo podré yo avivar por mí mismo la religión que El Maestro de La Benéfica Soberanía me enseña?" (Gathas 9.9)

“…Esto te pregunto a Ti, dime verdaderamente, Señor: ¿Esa religión, , que promueve el mundo a través de la Rectitud, modelando palabras y acciones con serenidad, es la mejor para los mortales?.” (Gathas 9.10)

“… ¿Cómo viene la Serenidad para aquellos a quienes, Sabio, Tu religión es enseñada? ” (Gathas 9.11)

“...cada persona que ha unido su religión con la Buena Mente a través de la devoción y la invocación, es una persona noble, de Serenidad a través de la Rectitud. (Gathas 15.5)

"...la religión que pertenece a una persona que se asemeje a Dios." (Gathas 14.6)

“…la religión que Dios le ha otorgado al benefactor. (Gathas 17.2)

Es bien conocido que en general, muchas religiones incluyen en sus prácticas aspectos ritualisticos. En este respecto, el Dr. Jafarey explica que “Los Gathas no nos proveen con una religión institucionalizada, sujeta a fosilización. Los fósiles tienen sus valores y significados arqueológicos y ecológicos; rituales fosilizados, especialmente en lenguas no entendibles, acciones arcaicas, y normas rígidas no tienen mucho que dar”.

Los principios primordiales de la vida enseñados por Zaratustra no ofrecen guías para rituales ni ceremonias, en este sentido, Dastur Dr. Maneckjee N. Dhalla dijo:

“El ritual no es religión, pero es una poderosa ayuda para promover una vida religiosa. Este alimenta la naturaleza emocional del hombre que juega la parte más prominente en la vida religiosa; inspira fervor devocional y pureza de pensamientos”.

El Dr. Jafarey continua diciendo que “Los rituales, en sí mismos, no son ni Buenos ni malos. Si nuestros rituales son consecuentes con la enseñanza de Zaratustra, si ellos son bellos e inspiradores, llevándonos a un mejor entendimiento y compromiso con la buena religión, entonces ellos son buenos. Pero si son ininteligibles, no tienen sentido, no imparten las verdades de la religión, ellos son peores que inútiles”.

Los Gathas no prescriben rituales rígidos, pero nos enseñan el camino hacia ceremonias sublimes en cada paso de nuestra vida lo suficientemente flexibles como para permitir cambios que se ajusten a los tiempos y las culturas modernas.

Como hemos visto, el enfoque Gáthico del Zoroastrianismo ofrece una perspectiva única como religión racional, la cual no olvida alabar ni ofrecer devociones al Señor de la Creación.



LA PROPUESTA DE ZARATUSTRA

Zaratustra, como se muestra en la traducción de los Gathas por el Dr. Jafarey, propuso el término compuesto de Daena Vañuhi para la conceptualización de sus enseñanzas.

De acuerdo al Dr. Jafarey, estos conceptos pueden explicarse de la siguiente manera:



Daenâ: Derivado de di. "ver, concebir, percibir", es la percepción interna de la persona, la conciencia. También representa la religión escogida por uno. Zaratustra llamo a la religión que el fundo Daena Vañuhi, la Buena Conciencia.

Daenâ Vañuhi: Significa la "Buena Conciencia," este es el nombre dado a la religión que Asho Zaratustra fundó. Esta es la percepción interna de una persona sabia y discernidora, la cual debería guiarla bien en el camino de la rectitud. Y debido a que una percepción verdadera debe ser universal en su validez, Daena, particularmente en plural significa "religión". El término es compuesto y ha sido tomado como la religión de la "Buena Conciencia", o simplemente la "Buena Religión".

Es muy importante determinar el significado de Conciencia y el significado de Percepción, ya que estos términos parecen ofrecer la clave para explicar las raíces que pueden llevar a un mejor entendimiento del marco conceptual de Zoroastrianismo.

El Diccionario de Filosofía de la mente define percepción como “Los medios para distinguir cómo las cosas son desde la perspectiva del pensamiento de un cognocitor. Y el Cambridge Dictionary of American English la explica como “El entendimiento de las cosas a través de los sentidos fisicos, especialmente la vista”, y cómo “un pensamiento, creencia u opinión, sostenida por mucha gente y basada en apariencias: ”.

El Dr. Sam Kerr (Sydney, Australia) en un excelente ensayo llamado “The Philosophical Concept of Consciousness in Zarathushtra’s Teachings” explica que “Conciencia es la capacidad de percibir la existencia y el valor. Esta es una noción reconocida por el mundo alrededor de nosotros y en nuestra experiencia personal. Esto, naturalmente, sigue en la apreciación que acompaña la experiencia de la existencia. El principal sentido de estar consciente envuelve una condición subjetiva de Acceso a la Conciencia, la cual ocurre cuando somos capaces de acceder/percibir a través de nuestros sentidos el mundo a nuestro alrededor, en un estado generalizado de alerta o de despertar. Somos, entonces, capaces de responder / imaginar, por ejemplo, cuándo no estamos en un profundo sueño, en coma, o bajo los efectos de la anestesia. Otra forma de Conciencia Fenomenal ocurre cuando estamos al tanto de que tenemos una experiencia o sentimiento subjetivo de un fenómeno/sucesos/evento alrededor de nosotros. Un tercer sentido de Conciencia Objetiva es estar en conocimiento de nuestro estado conciente”.

Algunos conceptos relacionados con conciencia han sido utilizados por varios autores; estos conceptos son Estados Mentales o Estados del Ser”. Algunos ejemplos serán considerados en nuestra discusión.

Ervad Dr. Jehan Bagli, en su trabajo titulado “On the Fire of Aramaiti”, explico que “Es a través de Aramaiti que obtenemos los pensamientos, palabras y acciones de compasión”. Y agrega: “Este es un estado mental que armoniza: La mentalidad humana con Spenta Mainyu, la Mentalidad Sagrada y la voluntad humana con la voluntad de Dios”.

Otro ejemplo que nosotros podemos encontrar en un interesante artículo escrito por Dina G. McIntyre, titulado “Zarathushtra’s Paradise: In this World and the Next”. Ella dijo que el paraíso de Zaratustra no es una ubicación geográfica. En los Gathas, el cielo no es un lugar físico donde vamos después que morimos. Es un estado del ser que ocurre cuando hemos alcanzado completamente los valores divinos de Dios”.

La conciencia, el estado mental o estado del ser, presenta tres niveles que pueden ser considerados: El Nivel Personal, El Nivel Social y el Nivel Daénico.

Es necesario resaltar que en los tres niveles tenemos que tomar en cuenta la interacción de los Principios Primordiales de la Vida en la configuración de esos niveles. Recordemos que los Principios Primordiales de la Vida son: Asha: Rectitud; Vohumana: Buena Mente; Seraosha: Intuición; Spenta Mainyu: Mente Progresiva; Vohu-Khashathra: Sociedad Ideal; Haurvatat: Perfección; y Ameretat: Inmortalidad. Todos estos principios están Inter.-relacionados entre ellos y con estados de conciencia, mentales o del ser.

El Nivel Personal. Este representa el crecimiento personal en el entendimiento de los Principios Primordiales de la Vida. El proceso perfeccionador de la percepción en cada persona hasta que el/ella están alineados con la verdad última. Esta es una forma de entendimiento que se desarrolla con la experiencia de la persona en la misma medida en la cual el/ella madura al adquirir experiencia.

El Nivel Social. Este nivel puede ser bien descrito por un termino usado por Zaratustra conocido como Vohu-Khshathra o Sociedad ideal. Muchos individuos con sentido de misión para crear una mejor sociedad se unen para alcanzar metas mas altas. Este es el resultado obtenido por la adición de varias conciencias personales. En este caso, Vohu-Khshathra en la perspectiva Gáthica representa el entendimiento humano colectivo o la mejor conciencia colectiva de los humanos.

El Nivel Personal y el Nivel Social caminan en una dimensión paralela. Mientras más perfección adquiere el individuo, más conciente se hace de su rol en construir una sociedad ideal (en el Nivel Social).

El Nivel Daénico. Este nivel puede estar más allá del entendimiento humano, algunas veces. Sin embargo, este puede ser alcanzado por los seres humanos y las sociedades cuando completan su proceso perfeccionador y aprenden a estar concientes de su rol en el universo. Esto significa la completa comprensión de las leyes que conforman la creación. Yo relaciono este nivel con los términos sugeridos por Zaratustra como Haurvatat (perfeccion) y Ameretat (inmortalidad). Una vez que hemos aprendido los principios de la vida y tenemos perfección en el nivel personal y social, podemos movernos al El Nivel Daénico. Me gustaría acotar a Dina G. McIntyre, quien dijo: “Cuando hayamos tenido éxito en perfeccionar estos valores divinos en nosotros mismos y hayamos aprendido todas las lecciones que ofrece la vida, finalmente lograremos la realización y la inmortalidad. Nos hacemos uno con Dios.”

Para un mejor entendimiento en la Figura 1 se muestra un proceso de desarrollo que se inicia en el interior del nivel individual y cuando el/ella entiende las inter-conexiones con los niveles mas expandidos de conciencia el/ella puede alcanzar el Nivel Daénico.



Figura 1. los Tres Niveles de Conciencia y Los Principios Primordiales de la Vida



Este es un proceso de crecimiento mental y espiritual que implica el conocimiento y respeto de las Leyes Universales (Principios Primordiales de la Vida).

Zaratustra conoció la existencia del Nivel Daénico. En varias ocasiones el hace reflexiones que sugieren mi afirmación, y aquí están dos:

“ Te pregunto esto: ¿Cómo es que una persona generosa, que lucha por promover la fuerza de la casa, el distrito y el país con Rectitud, se hace, Señor, Sabio como Tú y por cuáles acciones?" (Gathas 4.16)

“Que aquella persona que nos enseña los senderos rectos del progreso, reciba mucho bien. Que en su vida mental y física, verdaderamente obtenga la existencia en donde Dios mora, porque, Sabio, él ha llegado a ser como Tú, sincero, noble y progresivo." (Gathas 8.3)



CONCLUSION

De las reflexiones realizadas a través del presente estudio, he concluido que Daenâ Vañuhi es el mejor concepto para explicar el Zoroastrianismo como un todo. Sus componentes van desde lo individual hasta lo colectivo y luego alcanzan principios universales. La Filosofía y la Religión pueden hacer un buen trabajo conjunto para explicar el Zoroastrianismo dentro de sus propias perspectivas, pero estas son, necesariamente, explicaciones parciales del cuadro completo. Yo colocaría a la religión y la filosofía como partes de un concepto más profundo explicado por Daenâ Vañuhi. En este sentido, es admirable encontrar la claridad de Zaratustra en su enfoque sobre el mensaje gáthico.

Puede decirse que la percepción juega un papel importante en cómo la gente concibe el mensaje contenido en los Gathas. Por esto, nosotros podemos hablar sobre una percepción filosófica, religiosa y daénica. Sin embargo, creo que las enseñanzas de Zaratustra tienen un alcance que va más allá de las fronteras que ofrecen la religión y la filosofía. El Nivel Daénico provee percepciones acerca de la realidad que se expanden progresivamente y es posible, para aquellos con un entendimiento expandido, comprender y vivir las realidades de otros niveles. En el Nivel Daénico la percepción se encuentra completamente con Asha (La Verdad Ultima).

Lo importante es que debemos considerar que cualquiera que sea nuestra percepción o concepto, nosotros debemos respectar los puntos de vista de los demás en nuestro crecimiento personal y social, esta es una practica importante para alcanzar el Nivel Daénico.

Finalmente, es también muy importante saber que los niveles de conciencia obedecen a un proceso de evolución natural o universal (Spenta Mainyu), el cual no está limitado a una comunidad y no tiene bajo ninguna circunstancia preferencias sociales ni individuales. Este es un proceso sistemático que toca todo lo que tiene vida en este planeta. Esto es la vida en sí misma.
A N E X O



COMPILACION DE CONCEPTOS DE RELIGION

BERGER, Peter - "the human enterprise by which a SACRED cosmos is established."

DURKHEIM Emile - "a unified system of BELIEFS and practices relative to SACRED things."

FRAZER, James - "a propitiation or conciliation of powers superior to man which are believed to direct or control the course of NATURE and human life."

HEGEL, George - "the knowledge possessed by the finite mind of its NATURE as ABSOLUTE mind."

JAMES, William - "the BELIEF that there is an unseen order, and that our supreme GOOD lies in harmoniously adjusting ourselves thereto."

KANT, Immanuel - "the recognition of all our duties as divine commands."

MARX, Karl - "the SELF-conscious and SELF-feeling of man who has either not found himself or has already lost himself again... the general theory of the world... its logic in a popular FORM... its moral sanction, its solemn completion, its universal ground for consolation and justification. It is the fantastic realization of the human essence..."

SCHLEIERMACHER, Friedrich - "a feeling for the infinite" and "a feeling of ABSOLUTE dependence."

SMART, Ninian - "a set of institutionalized RITUALS with a TRADITION and expressing and/or evoking sacral sentiments directed at a divine or trans-divine focus seen in the context of the human phenomenological environment and at least partially described by MYTHS or by myths and doctrines.

STARK, Rodney - "any socially organized pattern of BELIEFS and practices concerning ultimate meaning that assumes the EXISTENCE of the SUPERNATURAL."

WHITEHEAD, Alfred North - "what the individual does with his own solitariness."

WEBER, Max - "to say what it is, is not possible... the essence of religion is not even our concern, as we make it our task to study the conditions and effects of a particular type of SOCIAL BEHAVIOR."

CAMBRIDGE INTERNATIONAL DICTIONARY OF ENGLISH- The belief in and worship of a god or gods, or any such system of belief and worship

WEBSTER DICTIONARY (from religo, to bind anew; re and ligo, to bind). This word seems originally to have signified an oath or vow to the gods, or the obligation of such an oath or vow, which was held very sacred by the Romans.

1. Religion, in its most comprehensive sense, includes a belief in the being and perfections of God, in the revelation of his will to man, in man's obligation to obey his commands, in a state of reward and punishment, and in man's accountableness to God; and also true godliness or piety of life, with the practice of all moral duties. It therefore comprehends theology, as a system of doctrines or principles, as well as practical piety; for the practice of moral duties without a belief in a divine lawgiver, and without reference to his will or commands, is not religion.

2. Religion, as distinct from theology, is godliness or real piety in practice, consisting in the performance of all known duties to God and our fellow men, in obedience to divine command, or from love to God and his law. James 1.

3. Religion, as distinct from virtue, or morality, consists in the performance of the duties we owe directly to God, from a principle of obedience to his will. Hence we often speak of religion and virtue, as different branches of one system, or the duties of the first and second tables of the law.

Let us with caution indulge the supposition, that morality can be maintained without religion.

4. Any system of faith and worship. In this sense, religion comprehends the belief and worship of pagans and Mohammedans, as well as of Christians; any religion consisting in the belief of a superior power or powers governing the world, and in the worship of such power or powers. Thus we speak of the religion of the Turks, of the Hindoos, of the Indians, &c. as well as of the Christian religion. We speak of false religion, as well as of true religion.

5. The rites of religion; in the plural.





REVISION DE LITERATURA



1. Albornoz, José. 1998. Nociones Elementales de Filosofía. Vadell Hermanos

Editores. Valencia, Venezuela.

2. Bagli, Jehan. “On the Fire of Aramaiti”. In www.vohuman.org
3. Dalla, Maneckjee N. 1938. The History of Zoroastrianism.
4. Dictionaries: www.onelook.com
5. Duchesne-Guillermin, Jacques. 1992. The Hymns of Zarathushtra. Facsimile edition

of the work originally by John Murray in 1952. Charles E. Tuttle Company, Inc,

of Rutland, Vermont & Tokio, Japan, with editorial offices at 77 Central Street.

Boston, Massachusetts 02109.

6. Heidegger, M. 1965. ¿Qué es eso de Filosofía? Edit. Sur. Buenos Aires.
7. Jafarey, Ali. 1989. The Gathas, Our Guide. Published by Ushta. Cypress, California.
8. Jafarey, Ali. 1992. Zarathushtrian Ceremonies. Published by Ushta. Cypress,

California.

9. Karl Jasper. 1958. Filosofía. Edit. F.C.E. México.
10. Kerr, Sam. “The Philosophical Concept of Consciousness in Zarathushtra’s

Teachings”. In www.vohuman.org

11. McIntyre, Dina G. “Zarathushtra’s Paradise: In this World and the Next”.

In www.vohuman.org

12. The Standard Encyclopedic Dictionary. Funk & Wagnalls. A Division of Reader’s

Digest Books, Inc. Library of Congress Catalog Card No. 66-26533

LA FILOSOFIA DEL SER EN J. R. GUILLENT PÉREZ (I)

LA FILOSOFIA DEL SER EN J. R. GUILLENT PÉREZ (I)


La historia de la filosofía es la historia del olvido del ser…

Martín Heidegger



Hemos decidido ampliar la cobertura temática de esta página, agregando trabajos y reflexiones que enriquezcan y sirvan para dilucidar el significado de la cultura como obra humana, en contraposición al universo natural, del cual –paradójicamente– el mismo hombre es parte esencial, porque lo humano representa un estadio intermedio entre el alfa y el omega de la vida, y es en el decurso existencial humano que se decide la autorrealización del Ser en el hombre. Y filosofía es, precisamente, toda reflexión fundamental capaz de conducirnos del ente, como expresión existencial, al Ser como lo real supremo, en contraposición a las limitaciones del “yo”, propias de la normalidad humana. Se trata, al menos, de una noción que compartimos con el profesor J. R. Guillent Pérez, cuyo pensamiento vamos a exponer en esta página. También puede ser filosofía toda reflexión específica que indague sobre los determinantes y las posibilidades de una manifestación dada.



Ya hemos insistido en que –según nuestra óptica– lo paranormal es normal para toda conciencia expandida. La primera implicación de esta proposición debería ser la necesidad de expandir la conciencia humana, lo cual implica, a su vez, que la conciencia humana es expandible. Sólo podemos agregar aquí que este proceso de expansión debe, necesariamente, ser el resultado de un gran trabajo voluntario y auto consciente.



La cultura –dijimos– es toda la obra humana, pero es autodeterminante. Actúa como una telaraňa que nos limita en el sentido de que es muy difícil moverse fuera de sus hilos; como el lenguaje, la cultura recrea y transmite mapas de pensamiento que no nos permiten ver ciertos aspectos de la realidad. Todo ello es reforzado por las restricciones en el ámbito de la percepción y las limitaciones de la racionalidad, lo cual da una idea de las dificultades primarias a que debe enfrentarse cualquier individuo que desee iniciar la expansión de su conciencia.



La filosofía, entonces, puede ser una gran motivación para el despertar de la conciencia, que debe comenzar, por parte del sujeto, con el reconocimiento de sus propias limitaciones y el estudio de su propia mecanicidad, asociada a la presencia del “yo”.



Hemos seleccionado las reflexiones de un gran filósofo venezolano, J. R. Guillent Pérez, para esta nueva apertura que va a permitirnos abordar, críticamente, el pensamiento filosófico y místico de Oriente y Occidente.



“La reciente muerte de J. R. Guillent Pérez, escribe Carlos Rocha en la Página Cultural de El Universal (30/04/89), deja un irreparable vacío en la espiritualidad venezolana. Como humanista y filósofo, autor de libros, ensayos y artículos sobre el pensamiento oriental, por cuya esencia fue influido, Guillent pertenece a una clase casi extinguida de pensadores solitarios tales como Sócrates, Huxley, Watts. Era conocedor de las raíces y las fuentes vivas de las tradiciones secretas y su devenir giró en torno al conocimiento profundo del “ser”. Su incesante entusiasmo no desdeñaba la participación real con el ser y con el saber ser cotidiano. Guillent promovió las enseñanzas de Krishnamurti en Venezuela, junto a personas con similar simpatía por sus técnicas de meditación y por el misticismo oriental”.



“El interés por lo oculto, lo grandioso y lo desconocido, también condujo a Guillent a incursionar en movimientos e ideas polémicas. Emprendió todas sus búsquedas con gran honestidad. Su afán por “la verdad” respondía a su carácter como filósofo, como explorador taciturno e inadvertido en busca de la prometida evidencia absoluta. Fue amigo y guía de artistas, científicos, psiquiatras y espiritualistas”…



Durante 1985 y 1986 llegamos a coleccionar más de 15 artículos que Guillent publicó, antes de su muerte, en la Página de Arte y Letras de El Universal, editado en la capital de Venezuela; de este conjunto de valiosas reflexiones, que en sí representan toda una cátedra sobre Filosofía del Ser; vamos a extraer una síntesis para los lectores. El Ser, Toma de Conciencia del Ser en Heráclito de Efeso, Toma de Conciencia del Ser en Parménides de Elea, Toma de la Conciencia del Ser Según el Taoísmo, el Ser en la Cotidianeidad, el Malestar Existencial, etc.



En la búsqueda que todos alguna vez solemos emprender para hallar, cada quien a su manera, eso que escuetamente denominamos “la verdad”, se dan libros y pensamientos esclarecedores y definitorios en cada tema de reflexión que abordamos. En lo personal podemos señalar, por ejemplo, a Ludovico Silva, otro pensador venezolano, en cuyas páginas encontramos el significado profundo de la ideología, en tanto que George Gurvitch supo, en su momento, develarnos los secretos de la dialéctica... así mismo la noción del ser, tema fundamental, brota, clara como la luz dada su sencillez, cuando nos tomamos el trabajo de seguir, atentamente, el pensamiento universal de Guillent Pérez.



Miguel Paz Bonells



EL SER, por J. R. Guillent Pérez (Trascripción del artículo publicado en El Universal, Caracas, Venezuela, 17/08/86)



“Pero el Ser ¿qué es el Ser? (pues) es Él mismo. Experimentar esto y decirlo: eso ha de aprender el pensamiento venidero. El `ser’—eso no es Dios ni ningún fundamento del mundo. El Ser es más amplio y lejano que todo ente, y sin embargo más cercano al hombre que cualquier ente, sea una roca, un animal, una obra de arte, una máquina, un ángel, Dios. El Ser es lo más cercano. Pero esta cercanía le queda al hombre holgada, por demás alejada. El hombre, por lo pronto, se atiene siempre al ente, y solamente al ente. Pero cuando el pensar se representa al ente como ente, se representa no obstante al Ser. Sin embargo piensa siempre, en verdad, el ente como tal y jamás el Ser como tal”¹.



1. Martín Heidegger, Carta sobre el Humanismo, traducción de Alberto Wagner de Reyna, Instituto de Investigaciones Histórico Culturales (Pág. 185), Universidad de Chile, Santiago de Chile, 1953.

“Para conservar la grafía dada por mi, la palabra ser, que en la traducción está escrita en minúscula, la escribo con `S’ mayúscula. Este cambio no modifica en nada el texto original, pues en el mismo párrafo que citamos la palabra `El’ se escribe con mayúscula”.



“por lo pronto, mi deuda con Heidegger. El primer escrito de Heidegger que cayó en mis manos fue su opúsculo ¿QUÉ ES LA METAFÍSICA?, allá por los años de 1942; tenía yo 19 años. El encuentro con ese librito cambió radicalmente mi vida. El planteamiento que allí se hace de la nada, como componente esencial del ente humano, rompió la instalación cultural que había recibido, y al mismo tiempo me lanzó por el derrotero en cual me encuentro todavía hoy. Mi deuda con Heidegger la entiendo, no en el sentido de repetir literalmente su sistema filosófico, sino, más bien, en el de qué manera su postura filosófica influyó en mi vida; es decir, cómo he asimilado concretamente, en el vivir corriente, algunas de las afirmaciones capitales de la filosofía heideggeriana, de tal modo que muchas de las expresiones formuladas por Heidegger, al hacerlas mías, las he matizado con mi tono peculiar. Esto, que me ha sucedido con Heidegger ha sido una constante en mí, respecto a las múltiples influencias que he recibido de filósofos, místicos, artistas y personas corrientes, sin títulos académicos. Por lo demás, la vida de una persona no sólo se compone de la influencia recibida de la lectura de los clásicos, sino que a veces es más profunda la experiencia por el encuentro con determinada mujer, o porque nos encontramos siendo padres”.



“La importancia de Heidegger es única en la historia de la filosofía occidental. Su gran originalidad consistió en replantear lo que Anaximandro, Heráclito y Parménides entendieron, respectivamente, por Naturaleza, Logos y Ser, palabras que fueron degradadas, en la filosofía, a partir de Platón. Esta degradación, se mantuvo en el último de los filósofos de Occidente: Jean Paul Sartre. Cuando la palabra naturaleza se entiende en su acepción de naturaleza de las cosas, como por ejemplo, la naturaleza del agua o del oro, lo que se hace es desvirtuar el sentido original que tuvo en Anaximandro. Para este presocrático, la naturaleza es lo absolutamente indeterminado. Lo indeterminado no quiere decir no concreto sino, más bien, Aquello que es lo más presente en los entes, Aquello de donde todo ente procede y adonde todo ente regresa”.



“Así mismo, la palabra logos en Heráclito está a miles de kilómetros de lo que para Aristóteles fue la lógica. El logos heraclitiano es Aquello en virtud de lo cual todo ente llega a ser ente. En fin, la palabra ser utilizada por Parménides. El ser de Parménides no es el ser característico de cada ente, sino el ser fundamento y principio de todos los entes. Pues bien, Heidegger no hizo otra cosa que restituir la acepción que las palabras Naturaleza, Logos y Ser tuvieron originalmente entre los filósofos presocráticos. Con esa arma en sus manos, Heidegger descalifica lo que ha sido la historia de la filosofía desde Platón hasta nuestros días; es lo que él expresa al formular que “la historia de la filosofía es la historia del olvido del Ser”. Los filósofos, a partir de Platón, buscaron la verdad en el ente y, por lo tanto, se desentendieron (existencialmente) de la diferencia (de este con respecto al) Ser”.



“La gran originalidad de Heidegger radica en la diferencia, que señala, entre Ser y ente, y en la preeminencia del Ser sobre el ente. Estas características originales del “pensamiento” heideggeriano las recojo en la definición que di de filosofía en mi libro LECCIONES DE INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA: `La filosofía es el estudio de la diferencia entre Ser y ente, y de la preeminencia del Ser sobre el ente’. Ese manual estuvo destinado a los alumnos de primer año que cursaban en el Instituto Pedagógico Nacional, hoy Instituto Universitario Pedagógico de Caracas”.



“La diferencia entre Ser y ente la entiendo como el tema de mayor rango que pueda plantearse el ente humano. Ente es todo aquello que es algo, no importa como sea ese algo: el río, la luna, la sonrisa, la maledicencia, el centauro, el demonio, son entes. Todo lo que es ente, tiene sus características propias; asi, el río es inconfundible con la luna, , y esta lo es con la maledicencia, y nadie podría confundir maledicencia con centauro. Para captar las diferencias entre los entes, el pensamiento racional es un instrumento adecuado; al menos fue el medio utilizado por la cultura occidental para saber a qué atenerse respecto a cada cosa. A diferencia de ente, Ser no es algo; no hay algo que sea el Ser. ¿Quiere decir esto que si el Ser no es algo, entonces no es? Si nos atuviéramos al pensamiento como árbitro de la realidad, habría que decir que `si el Ser no es algo, entonces no es’, pues para el pensamiento sólo es real lo que es algo”.



“Precisamente la base de la argumentación del sofista Gorgias contra la realidad del Ser se funda en el poder esclarecedor del pensamiento, al cual se le atribuyen poderes totales de esclarecimiento. Y fue la argumentación de Gorgias contra el ser lo que influyó en Platón, y mucho más en Aristóteles, para que se iniciara, con esos dos grandes filósofos, el encubrimiento y el olvido del Ser. Desde Platón y Aristóteles, el Ser viene a ser tomado realmente en cuenta con Heidegger, en este siglo XX. Es decir, la historia de la filosofía occidental es, en lo esencial, la búsqueda de la verdad en base al ente, y para descifrar ese enigma se recurrió al pensar racional”.



“Vale la pena insistir en la diferencia entre el pensar mágico y el pensar racional. Tomando como punto de referencia la propia cultura griega, habría que decir que antes del siglo VI a. de C., en Grecia lo que rigió fue el pensar mágico. Este pensar consiste en esperar de los espíritus o poderes ocultos, la respuestas para resolver las urgencias de la vida, así como para esclarecer el sentido último de la existencia. Para este modo de pensar, el ser de las cosas no estaba en las cosas mismas sino en los dioses. En lo que concierne al hombre, era preciso consultar a los dioses cualquier empresa por realizar. De ahí la importancia de los adivinos y de los videntes. Ahora bien, en el siglo VI a. de C. surge en Grecia un modo originalísimo de pensar. El griego de esa época descubre en el pensar un poder propio de luminosidad. Yo entiendo este poder de luminosidad así: en lugar de que el pensamiento fuera arrastrado por esos poderes, el griego logra la increíble hazaña de detenerse, por un momento, en el pensar mismo, y así, al pensar en río, el ente humano no se deja arrastrar por las fuerzas ocultas, sino que se queda frente a la cosa (misma). Ese descubrimiento debió vivirse en su hora como un acontecimiento más que singular, como un hecho que podía dar luz sobre la vida, sobre las cosas, sobre el hombre”.



“Hoy podemos ver en qué consistió esa gran hazaña de los griegos, a partir del siglo VI a. de C. Si yo me acerco a la cosa árbol, éste se me presenta como siendo lo que él es, desde sí mismo. Naturalmente que esa manera de acercarme hoy al árbol, no es sino herencia de la actitud puesta en ejercicio por los antiguos griegos; ya nosotros, occidentales, venimos al mundo montados en la creencia de remitirnos al pensar racional como óptica definitiva de la realidad. Efectivamente, el pensar racional quiere señalar que el pensamiento, en sí mismo, es el órgano esclarecedor por excelencia. A nosotros, los occidentales, ya en la familia y en la escuela, se nos instala en el mundo bajo el presupuesto de la creencia que consiste en tomar el pensar (racional) como lugar de despliegue de lo real. Y así, para nosotros (occidentales), el río no es sino río. Decir que en el río pudiera haber otra cosa que no fuera río, es una flagrante contradicción: cada cosa es ella misma lo que ella es, y no puede ser otra; vale decir, cada cosa es ella misma, y no comparte su ser con ninguna otra. (Dicho de otra manera), el verdadero ser de las cosas está en ellas mismas. Igualmente el ser del hombre radica en sí mismo. . De esta manera Aristóteles habló en términos definitivos (para el Occidente) al definir al ente humano como `animal racional’. Con esta definición se pone claramente de manifiesto cómo, para el griego posterior al siglo VI a. de C., la luminosidad propia del pensamiento era el instrumento esclarecedor por excelencia. Y es el hombre, el ente, el portador –en sí mismo—de esa luz”.



“Ahora se comprende, a la perfección, por qué el griego, a partir del siglo VI a. de C., se desentiende de las plegarias, de las ofrendas a los dioses, de los adivinos y videntes;; pues, porque lleva en sí mismo un poder de luminosidad que le permite saber a qué atenerse respecto a lo que hay. En lugar de ofrecerle sacrificios a los dioses, en lugar de la plegaria, el griego se pone a razonar. (Impera) el discurso frente a la plegaria y la adivinación. Cuando la maestra de escuela de nuestros días nos enseña a razonar, con toda probabilidad se ha olvidado de que esa manera peculiar de tratarse con las cosas fue, en su hora, un descubrimiento singularísimo. Estamos tan compenetrados (prisioneros) con el pensar racional, que lo tomamos –sin más—como el único vehículo que puede conducirnos a lo que es. Como es fácil de notar en las escuelas laicas, como las que propicia el Estado venezolano, no se enseña a rezar sino a razonar, a discurrir. Vale decir, el Estado Venezolano está ubicado en la trayectoria que se abrió entre los jónicos del Asia Menor, en el siglo VI a. de C. El Estado venezolano no propicia ninguna religión ni cree en la magia; el asiento fundamental de su existencia reposa, en primer lugar, en la racionalidad griega”.



“Fíjate, amigo lector, hasta dónde ha llegado la influencia de Aristóteles. La credulidad en el pensar racional es algo que nos es común con todos los habitantes del continente americano, y esa profunda convicción no es otra cosa que la herencia recibida del europeo conquistador. Mas, no sólo América ha sido avasallada por el pensar racional., sino que el europeo, por haber conquistado todo el planeta, llevó a todas partes su óptica esencial de cómo saber a qué atenerse respecto a lo que es. Y así, en cualquier rincón del planeta donde haya maestros de escuela, allí se está implantando el conocimiento de que el pensar racional es el (único y exclusivo) árbitro de la realidad.”.



“El hombre (occidental) al tomar el pensar racional como árbitro de la verdad, tuvo, por necesidad, que remitirse al ente como aquello que representa lo real; puesto que el pensamiento no puede sino referirse a lo que es algo, al ente, lo que no es algo (ente) queda fuera de la jurisdicción del pensamiento. Y es aquí donde radica el garrafal error en que ha incurrido y continúa incurriendo la cultura occidental, en cuanto lo que no es algo queda fuera de la realidad. Te das cuenta, amigo lector cómo, efectivamente, el Occidente ha padecido la ceguera de la razón, cómo se ha dejado obcecar por el pensar racional hasta el punto de dictaminar que no se puede vivir fuera de la razón. Esa obcecación ha llegado hasta el extremo de establecer lo que es vivir normalmente y lo que es anormalidad. Así, por estar cuerdo, en sus cabales, se entiende estar regidos por la razón, haberse sometido a los principios de la lógica establecidos por Aristóteles. Se ve, así, hasta dónde ha penetrado en el Occidente y –a través de los occidentales—en todo el planeta, la racionalidad griega”.



“El occidental, aupado por el pensar racional, conquistó materialmente todo el planeta. Pero, más que una conquista material, fue una ocupación a nivel psicológico. La unificación de toda la tierra está fundada en el convencimiento, todavía hoy predominante, de que el pensar racional es el basamento más apropiado para existir. El Occidental, armado con su razón, se consideró a sí mismo como (el representante de) la cultura superior, por encima de las demás culturas del orbe. Y ese convencimiento es compartido, no solamente por los europeos sino, también, por los propios pueblos conquistados. Los ejemplos, hoy más a la vista, son Japón, China, India; no digamos los países africanos, cuyos propios personeros se han dejado atrapar, también, por el hechizo que en sí lleva el pensar racional. La pedagogía es, hoy, una y la misma en toda la Tierra. Y esa pedagogía no es más que el despliegue de la razón como árbitro de la vida”.



“Pero en este siglo XX, entre los europeos, ha surgido definitivamente el convencimiento de que el pensar racional no posee títulos para ser el guía esencial del hombre. Es decir, que en la propia cuna de la racionalidad es donde ha insurgido la convicción de que la razón no da para tanto, de que la razón es –definitivamente—limitada. El filósofo más esclarecido en cuanto a los límites definitivos de la razón, es Heidegger, quien con su planteamiento de la nada y del Ser, puso de manifiesto que estas cuestiones quedan fuera de la razón. Y son estas cuestiones de la nada y del Ser las que constituyen las dimensiones más profundas de la existencia, y es –por tanto—en su esclarecimiento donde podrá revelársenos qué es esto que llamamos ente humano”.



NOTAS: Las negritas y los subrayados son del transcriptor. Con los subrayados hemos querido destacar algunos apartes sugestivos como: (1) Que el significado y la aplicación del término irracionalidad en la cultura occidental, para referir eventos, situaciones o cosas sin sentido “lógico”, es decir, de las cuales el pensamiento no puede normalmente dar cuenta, refuerzan la tesis de Guillent en el sentido de que el marco referencial de pensamiento impuesto desde Aristóteles representa una limitación que impide ir más allá de ciertas apariencias. No por el hecho de que algo sea percibido como irracional, debe negársele “realidad”. Aunque Guillent, hasta donde sabemos, no llegó a enfocar directamente la paranormalidad, su tesis facilita la comprensión del por qué normalmente la cultura occidental rehúsa la inclusión, en el universo de “lo conocido”, de de aquellos fenómenos cuya explicación se le escapa a su ciencia instituída. (2) Que la afirmación de Guillent en el sentido de que las conquistas territoriales de Occidente, históricamente denominadas colonias, representan más una ocupación psicológica que material, resulta perfectamente coherente con el avasallamiento perpetrado en contra de las culturas autóctonas, especialmente en América; esta cara de la ocupación, sin embargo, representa, de cierta manera, también un fracaso, que hoy se expresa --por ejemplo-- en el “choque de civilizaciones” planteado por Huntington, para quien, modernamente, los conflictos tienden a darse más en el terreno cultural que en el ideológico o el económico. (3) Que el reconocimiento de las limitaciones propias del pensamiento y la racionalidad como instrumentos para conocer la totalidad y la profundidad de las cosas, ha hallado respuesta en ciertas corrientes del pensamiento oriental como el Budismo Zen y el Taoismo. En un artículo precisamente sobre el Taoísmo, Guillent cita, en este sentido, a Chiang Tzu: “Saber que hay cosas que uno no puede conocer es la cúspide del saber. Quien sabe que el discurso es sin palabras y que el Tao es sin nombre, ese posee el tesoro del cielo”.