viernes, 16 de abril de 2010

Los Símbolos Precolombinos.

Los Símbolos Precolombinos.

EL COSMOS Y LA DEIDAD

FEDERICO GONZALEZ

Ya hemos hablado del centro como quinta dirección diciendo que allí mora Ometéotl, el dios dual. En efecto, en ese punto se concentra la energía vertical que desciende y asciende entre los dos polos de un eje. Esa misma polaridad ascendente-descendente de energías va a repetirse en el plano horizontal conformando los propios límites del cuadrángulo, equilibrándolo, o entre los brazos de la cruz, dando lugar a las armoniosas tensiones de la figura, en donde la energía ascendente-descendente se desdobla oponiéndose por pares y manteniendo al centro como lugar de reposo, como punto de conjunción de las contradicciones y sitio de comunicación axial con otros planos o mundos; los cielos o grados superiores y los estadios inferiores, el infernus, el país subterráneo. Ubicado en ese eje inmóvil también está Xiuhtecuhtli como dios del fuego, en el sentido de que éste representa la energía central y constituye el principio simbólico original que -a través de su desdoblamiento y de sus oposiciones internas- genera la ronda alternada de los elementos, la guerra constante de las vibraciones y formaciones cósmicas. Ese mismo dios es el patrón del año o del siglo, lo que representa el fuego nuevo, o sea el nacimiento del tiempo que constantemente se regenera a sí mismo, siempre cambiante pero inalterable en su esencia, dios viejo, tan antiguo como la creación temporal que él mismo signa y origina por su actividad, conformando el plano horizontal donde se manifiesta la vida. Para los náhuatl nacer en la tierra es descender de la morada celeste original para vivir una existencia ilusoria cuyo verdadero sentido se realizará efectivamente cuando culmine como un ascenso a los cielos, operaciones ambas -la del descenso y el ascenso- que se efectúan a través del mismo eje central que está representado por el dios del fuego primigenio y del tiempo como encarnación de una energía dual original presente en todas las cosas -lo que repta y lo que vuela, el cielo y la tierra- cuya síntesis siempre renovada es capaz de generar el plano creacional por la oposición y la conjunción de su actividad y su reposo, es decir, gracias al ritmo alternado y dual del aspir y el expir universal que se expande hacia los cuatro rumbos del mundo -como flechas lanzadas por guerreros-, configurándolo, limitándolo.

Ese principio original y central se expresa en forma dual en las cuatro direcciones del espacio, y asimismo en cuatro fases del tiempo y en cuatro modalidades de la materia, etc.,1 signando con esa marca cuaternaria toda manifestación de cualquier tipo ya que esa es la característica inherente a la expresión cósmica, lo que la define y en la que invariablemente se halla siempre presente la energía radiante del principio -el fuego original-, la deidad más antigua manifestándose por parejas, en forma dual. De allí que las deidades derivadas del Omeyocan se traduzcan en pares, en conjuntos o funciones masculino-femeninas que simbolizan y conforman el juego dialéctico del cosmos, las fuerzas centrípetas y centrífugas y su constante realización de la estabilidad y el orden por intermedio del binario y la complementación de opuestos que él ejemplifica. Así las duplas divinas abarcan la totalidad y se despliegan en la sacralidad evidente de la manifestación a la que sellan con los nombres de cielos, planetas y estrellas, tormentas, lluvias y fenómenos atmosféricos, energías de la tierra y la naturaleza, presentes en la fauna y la flora que, en general, rigen sobre los misterios de la vida y la santificación del hombre como gran protagonista del drama cósmico, en una escala descendente que va de lo más sutil a lo más denso, de los principios universales a las aplicaciones particulares, de lo aéreo a lo sólido, en una gama continua de transformaciones que poseen, sin embargo, idénticas estructuras, por lo que las deidades de la tierra -y las del inframundo-, por analogía, no dejan de tener las mismas características prototípicas que las celestes, razón por la que pueden considerarse un duplicado de aquellas, o ellas mismas a otro nivel de consideración o lectura, lo que en casi todas las tradiciones se ejemplifica con la relación de parentesco filial: padre-hijo, abuelo-nieto o dios viejo-dios joven. Este es el caso de la generalidad de los númenes precolombinos, que al igual que los de la 'gentilidad' destacaban de esta manera los aspectos pasivos y activos -a veces reunidos en un solo personaje- de determinados atributos divinos que en casi todas las formas tradicionales se extienden a los astros y a los números y a sus equivalentes proyecciones geométricas, códigos verdaderamente prototípicos y universales que nos permiten rescatar su idea de la cosmogonía y comprender su pensamiento. Esta concepción está también explícita unánimemente en las antiguas culturas americanas por la presencia mítica y simbólica de los gemelos,2 los que siendo dos han tenido origen en un mismo y único huevo, simbolizando la manifestación dual de un mismo principio, a veces presentados como hermanos enemigos que suelen guerrear significando energías opuestas -una activa, la otra pasiva, una lumínica y brillante, la otra opaca y tenebrosa- o compartir amigables aventuras; lo que describe el rechazo y la simpatía mutua, la atracción y la repulsión de aquello que siendo de naturaleza común tiene que vivir separado en dos géneros -como en el caso de la pareja humana- que dramáticamente se contraponen y se asemejan.

Esta realidad está descrita con profunda intuición por A. López Austin,3 quien nos dice refiriéndose al concepto del eje del mundo entre los antiguos nahuas:
Este eje tal vez fue concebido como la oposición de dos bandas helicoidales, en perpetuo movimiento giratorio, a manera de un gran malinalli que unía cielo e inframundo pasando por el ombligo de la tierra. Una banda sería la nacida en un mundo inferior, fría, húmeda y nocturna, mientras que la otra sería de naturaleza caliente y luminosa, del mundo superior. El movimiento: originaria la continua sucesión sobre la tierra de los días y las noches. Abundantes son estas figuras de entrelazamientos de las dos bandas opuestas en la iconografía, principalmente en su forma abreviada de ollin.
Sólo repetiremos que el símbolo de la doble espiral, a veces disimulado como motivo 'decorativo' -en su forma circular o cuadrangular- y que se encuentra desde una punta a otra de América -y en todas las tradiciones conocidas- alude obsesivamente a esta concepción cosmogónica que se expresa no sólo de manera gráfica y visual (como es el caso de ollin y malinalli) sino en el mito y en la estructura misma de las culturas precolombinas -incluso en su organización social- del mismo modo que lo hace el famosísimo símbolo del yin-yang extremo oriental, que reúne estas energías y las complementa en el seno indiferenciado del Tao, del que se originan y al que retornan. Este es el caso también de Tzacol y Bitol, nombres que siempre se dan acoplados (creador y hacedor) y Gukumatz y Tepeu según el Popol Vuh, y asimismo entre los náhuatl bajo los nombres de Ometecutli y Omecíhuatl, pareja divina y creadora surgida de la emanación omnipresente de Ometéotl, padres de Quetzalcóatl según algunos, que a su vez tiene un mellizo: Xolotl. Por otra parte, la palabra cóatl significa mellizo. Entre los mayas tzotziles, lacandones, yucatecos, cakchiqueles, etc., y en Estados Unidos entre los indios pueblo y los iroqueses existen creencias semejantes. En los diccionarios mayas de Motul y Viena se habla de una deidad incorpórea que no podía ser representada llamada Hunab Kú -como el Yahvé hebraico, cuyo nombre, para abundar, era impronunciable- el que generaba o era análogo a Itzám Ná, creador del mundo, dios lagarto, arquitecto, constructor y habitante de la casa tridimensional del cosmos o mansión de los lagartos o iguanas, al que muchas veces se representa de forma dual, bicéfalo, actuando constantemente en los cuatro rincones del mundo, en las seis caras del cubo del universo, al que él mismo simboliza, mutando sus atributos y colores contraponiéndolos en la siempre presente danza universal donde todo es simbólico y significativo -y está también íntimamente relacionado con los animales, las plantas, los fenómenos y las energías de la naturaleza- puesto que es una manifestación de lo sagrado (Diccionario Cordemex, Mérida, México 1980).4

Sobre este numen escribe J. Eric S. Thompson -el que por otra parte cree reconocerlo en el códice de Madrid (pp. 75-76) acompañado de su, esposa, ubicado en el Centro del Mundo en su papel de pareja creadora-:
De cualquier modo, el concepto de Itzam Ná no comprende tan sólo cuatro Itzam que forman el techo y las paredes del mundo porque cuando los Itzam tocan el horizonte se vuelven para formar el piso de la casa en que está nuestro mundo, para completar el rectángulo de la Casa de Iguanas. Es más importante que el Itzam asuma nuevas funciones cuando deja los ámbitos celestes por el piso de la casa del mundo. Mientras los Itzam de aspecto celeste envían lluvias a la tierra, en su aspecto terrestre son el suelo en que tiene su ser toda vegetación, y ahora reciben esa lluvia que antes dispensaron desde lo alto.

Los diversos nombres de Itzam Ná están relacionados con esa dualidad. Así Itzam Ná, Itzam Tzab y probablemente Yaxcocahmut se refieren al aspecto celestial de Itzam Ná; Itzam Cab o Itzam Cab Ain, 'Iguana Tierra' o 'Iguana Tierra Caimán', son nombres de Itzam Ná en su calidad de divinidad de la tierra, el piso de Itzam Ná.5

Hay, pues, seis Itzam Ná, uno para cada uno de los cuatro puntos cardinales de la representación plana y dos para la volumétrica, uno celeste y otro terrestre, que interactúan, sin tomar en consideración al séptimo, invisible, que se ubica en el punto central de esta caja o cubo. Es ésta entonces una deidad múltiple que por sí misma o en colaboración con otros -sus distintos nombres, sus atributos masculinos-femeninos, sus hijos, etc.- crea, conserva y transforma el mundo para volver a generarlo, siendo considerado como señor del tiempo y también del fuego, como principio original siempre renovable -al igual que el Xiuhtecuhtli azteca- y por lo tanto, y pese a su ubicuidad (o precisamente por eso), se lo sitúa en el lugar del axis inmutable, en el Eje del mundo o Centro de la casa de las iguanas, o manifestación universal, de la cual es la esencia o el corazón. De hecho, lo que queremos señalar es cómo una energía única se desdobla y conjuntamente con ella progrede indefinidamente generando la serie numérica, expresión de todo lo numerable.6 Podemos encontrar esta circunstancia en muchísimos ejemplos: documentos, textos, símbolos, mitos y ritos precolombinos, y en especial destacar la del hijo de la pareja creadora, creador a su vez, o mejor re-creador por su acción de regenerar el tiempo, educador y héroe salvador de características humanas y divinas hecho a imagen y semejanza de sus padres y abuelos y por lo tanto con atributos equivalentes expresados específicamente en el plano de la creación, los que pueden entonces comprenderse y emularse por aquellos hombres que acceden a sus enseñanzas reveladoras. Este personaje es el corazón de la tierra imagen del corazón del cielo y es conocido en el interior del hombre y su sacrificio y regeneración por el fuego -símbolo con el que también el corazón se identifica- constituyendo el punto central de todas las culturas precolombinas.7 Pero además de considerar estas identidades y equivalencias nos interesa ahora remarcar algunos de los conceptos acerca de las deidades, panteones y teogonías con los que nos solemos acercar de manera profana a lo que suponemos son las religiones antiguas. Estas falsas ideas tienen por cierto el mismo origen que otros errores -ver Capítulo VI- aunque por tratarse directamente del tema (panteones y númenes) están muy vinculadas con la pérdida del concepto de lo sagrado y la mentalidad simbólica y condicionadas por el racionalismo, la mecanicidad de la lógica formal, la literalidad y la aceptación de las elucubraciones científicas y los sistemas filosóficos vigentes, lo que supone un criterio de realidad perfectamente imaginario con el que se pretendería sistematizar todas las cosas, las deidades incluidas. Nos referimos a la imposibilidad de una clasificación 'exacta' y mecánica de los númenes -es decir, de los atributos de la deidad-, incluida la definición 'oficial' de lo sagrado, que como el símbolo, es indefinible por su propia naturaleza. Estas pretensiones cientificistas querrían hacer de lo metafísico un esquema administrativo del que previo un inventario se pudiera sacar balance, un negocio que, como cualquier otro admitiera una evaluación contable. Previos estos requisitos ya se podría volcar la información en una ficha para que -a través de un programa establecido por el arbitrio de los hombres- las deidades nos hablaran por intermedio de la máquina de la mente. La verdad es que este procedimiento no nos parece adecuado por simplista. Pero así actuamos los hombres contemporáneos, con un criterio de clasificación maniática, pretendiendo que la exactitud es esta tontera. Recolectamos minucias y les ponemos un nombre, una etiqueta, y de esta manera nos calmamos, nos autoengañarnos y suponemos que de ese modo ya sabemos. Manejamos un inmenso archivo de nimiedades y lo peor es que creemos en él, que consideramos que así va la cosa en verdad. Es absurdo pero le damos más crédito a esa confusión que a nosotros ya que como archiveros podemos fallar, pero no así el propio archivo al que consideramos sagrado; se trata de una 'entidad' a la que se atribuyen características de verdad e infalibilidad, como sucede en ciertas formas idolátricas y supersticiosas. A esta 'deidad' de fábrica humana la llamamos ciencia-progreso. La que constituye de por sí una garantía de certeza absoluta. Pero lo que verdaderamente es lamentable acontece en nuestro interior pues esta 'entidad' tan fantasmagórica como fantaseada ha terminado por dominar lo que quedaba de nuestro pensamiento imponiéndonos sus arbitrariedades y 'filosofías' con las que, según su criterio, obligatoriamente debemos juzgar cualquier cosa, entre ellas los panteones de las sociedades 'primitivas', a las que les adjudicamos entonces confusas ideas animistas y atribuimos apenas algunos conocimientos 'mágicos' de la deidad, a la que aún ni siquiera habían concebido de manera religiosa por el mismo atraso en que se encontraban.8 Razón por la que sus númenes parecen contradictorios, inestables, pueriles, ineficaces, sucios y dignos de salvajes, y por sobre todo incapaces de adaptarse a nuestras asepsias cientificistas, que no son sino inventos racionalistas y supersticiones contemporáneas con los que en nuestra ignorancia queremos dimensionar y catalogar todas las cosas para de esta manera simplona establecer su verdad. Lo que equivale a decir que el método con el que pretendemos fijar y clasificar la deidad y sus atributos es, por lógica, tan equivocado como el conocimiento que tenemos del objeto de nuestro 'estudio': Dios, los númenes, lo sagrado y los símbolos aritméticos, geométricos y constructivos en que la deidad se manifiesta. Los que pasan a ser automáticamente falsos para el hombre moderno cuando no puede encajarlos en sus rígidos esquemas, lo que le crea una auténtica imposibilidad de comprenderlos. Es imposible fijar al numen cuando uno se le acerca con la intención de contabilizar sus nombres y sus atributos, los que se escapan indefectiblemente. Esta deficiencia cultural con que hemos nacido los hombres actuales puede ser subsanada precisamente por el estudio y la meditación en los símbolos, cultura y pensamiento del hombre de la antigüedad, sirviendo esta comprensión como un soporte para conocer la realidad a la que todos los pueblos de todos los tiempos se han referido y que consideraban su más maravillosa herencia y su más precioso legado, la razón de ser de ellos y de la manifestación, el Conocimiento de otro mundo y otra vida, en la que esta existencia se halla incluida -como una célula en el torrente sanguíneo- y de la que no constituye sino un estadio y un símbolo de pasaje. Pero actualmente para conseguir este propósito hay que caer en cuenta de que la forma en que nuestra mente y nosotros estamos preparados para la comprensión, o sea, nuestra visión del mundo, no es la adecuada y se transforma en el peor enemigo del Conocimiento (al igual que nuestros afectos enraizados en esta descripción y lo con ella relacionado) al considerar que es nuestra identidad. O sea, que la primera parte de este trabajo sería un desaprendizaje, un romper de estructuras y 'creencias' viejas, las que se van destruyendo paulatinamente con la aprehensión de otras nuevas, vinculadas por lo tanto a la aparición de un hombre nuevo en el sentido iniciático de la expresión, y no relacionada con simples cambios superficiales. Desafortunadamente ésta es una labor que hoy no se enseña en las universidades, aunque éste debería ser el objeto de su existencia. Sin embargo, y en contra de la ignorancia generalizada en las instituciones oficiales de todo el mundo, queremos hacer la salvedad respecto a varias casas de estudio americanas y europeas en lo que se refiere al hombre precolombino y sus culturas. En efecto, es digno de especial interés este asunto desde el punto de vista tradicional y simbólico ya que las investigaciones universitarias vinculadas con lo precolombino, al igual que la labor desempeñada por ciertas instituciones y museos, son sumamente valiosas y prácticamente imprescindibles para la reconstrucción de estas sociedades. Se trata aquí de un auténtico trabajo científico sin rigideces ni prejuicios ideológicos, con amplitud de miras y espíritu abierto y sobre todo práctico, concreto. No haremos mención de nombres por la índole de estos textos limitados en espacio, pero debe buscarse en esos autores y casas de estudio -que no incluyen el Museo de la Casa de América de Madrid- el gran caudal de información que afortunadamente tenemos; y aclaramos que nos referimos a aquellas instituciones que cumplen la labor para la cual fueron creadas, lo que excluye cualquier planteamiento demagógico y proselitista, o pretensión política, de este o aquel signo. Igualmente queremos prevenir a los lectores sobre el caso de algunos personajes de corte teosofístico o espiritista a los que llamaremos 'ocultistas', en cuanto parecieran estar en posesión de algunos conocimientos 'ocultos' relacionados sólo con la mistificación y la tupida ignorancia escondida en la banalidad del secreto por el secreto mismo y la más desvergonzada egolatría. Estos oscuros personajes que a veces asimismo van de grandes chamanes autóctonos son capaces de forzar cualquier situación para hacerla entrar en sus esquemas; carecen de todo dato tradicional y no tienen ni vaga idea de lo que es la Cosmogonía, aunque tratan de obtener la admiración entre quienes les rodean por sus pretendidos secretos. A veces utilizan ciertas semejanzas y algunas similitudes verdaderas para efectuar auténticas confusiones e inventos tan improbables como los 'científicos' -en los que a menudo se basan- sin tener, sin embargo, el mínimo indispensable de una formación intelectual que aun estando deformada contiene en sí los gérmenes, la posibilidad de una re-organización, de una, con-versión (en el sentido real de la palabra) que efectivice y sea capaz de revitalizar el pensamiento y los símbolos de la antigüedad y de instaurar en nosotros el Conocimiento.


NOTAS
1 Xiuhtecutli -llamado también Huehuetéotl, Señor de los cuatro tiempos, era el único dios que no habla muerto en las cuatro anteriores reestructuraciones del mundo, por ser inalterable. Su fiesta se celebraba por esto con gran pompa cada cuatro años, para mostrar su propio rejuvenecimiento, y en forma solemnísima cada cincuenta y dos -el fuego nuevo o atadura de años, el siglo náhuatl- cuando las Pléyades se detenían al alcanzar el cenit del firmamento a medianoche.
2 En las tradiciones del Viejo Mundo los 'gemelos' aparecen a menudo. Los dióscuros son gemelos así como Rómulo y Remo, los Ashvin del Rig Veda, Sjenta Mainyu y Angra Mainyu, [Momoros y Adepomaros, etc.].
3 A. López Austin, Algunas ideas acerca de tiempo mítico entre los antiguos nahuas. XII Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología, México, 1975.
4 Recordar que para los náhuatl la tierra, como representación sintética del cosmos, era la espalda de un lagarto, cipactli, también iguana o caimán. A veces se menciona que en el centro de ese plano cubierto de lodo se elevaba una milpa o una planta de maíz. El 'árbol de la paz' de los iroqueses crece en el centro del mundo, simbolizado por el caparazón de la tortuga, que se asimila a la 'gran isla', la tierra.
5 Thompson, J. Eric S., Historia y Religión de los Mayas (pág. 267). A. Barrera Vasquez traduce Itzamná por Mago del Agua, lo asocia con el lagarto-cocodrilo y subraya la identidad simbólica entre la ceiba y el cocodrilo que puede observarse en los códices y monumentos. Diccionario Maya Cordemex.
6 Con respecto a los indígenas de Baja California -hoy extinguidos-, los cronistas nos dicen que tenían un mito creacional en el que participaba una pareja de hermanos mellizos, los que posteriormente se transformaban en el bien y el mal.
7 La palabra yollotl en náhuatl significa, según el diccionario de Rémi Simeón, corazón, interior, médula de fruto seco o pepita, y tiene una serie de palabras anexas o derivadas muy esclarecedoras. Yollo: hábil, ingenioso, inteligente, que tiene buena memoria. Yollocalli: interior, seno, entrañas. Uei yollocayotl: valor, osadía, grandeza de alma. Por lo tanto, está indicando la esencia y el centro en relación con el conocimiento, la cordura, la inteligencia, la valentía, la certeza y la sabiduría que se producen en el corazón, nunca en el cerebro -el que recibe la sangre con que funciona gracias a aquél- como creen los racionalistas y los cientificistas. En las sociedades tradicionales cuando se habla de mente se está hablando en verdad de corazón, se subordina ella a éste, y por él y en él es que se produce la inteligencia y la vida. Para los mayas de Yucatán la recta intención es llamada ol, y según el Diccionario de Motul esa palabra equivale a corazón, lo mismo para los de las tierras altas y especialmente los cakchiqueles para quienes ese término representa el hálito de todo lo viviente, el principio del entendimiento. Agregaremos que el yollotl náhuatl tiene la misma raíz que ollin (movimiento) signo fundamental en el pensamiento precortesiano.
8 Ya se sabe que estas 'ideas' modifican a la sociedad y al hombre que en ella vive moldeándolo de tal manera a través de costumbres, usos, modas, 'creencias', etc., con las que él se identifica y de lo que se siente muy ufano, sumamente orgulloso, que sería capaz de eliminar por uno u otro medio a cualquiera que contradijera sus convicciones por relativas o falsas que fueren.

EL MUNDO ESPIRITUAL DE LOS SELK'NAM

MARTIN GUSINDE

EL MUNDO ESPIRITUAL DE LOS SELK'NAM
(Fragmento)
b. Memoria y facultades de imitación
La predisposición natural y el constante ejercicio, a que están obligados estos indígenas por su falta de escritura y de cualquier otro medio de retención, convierten su memoria en especialmente fidedigna. Nunca olvidan las cosas que les parecen de importancia, todo lo que los alegra o los entristece, ante todo las ofensas de un enemigo; tampoco se escapan de su memoria las circunstancias que rodean un acontecimiento, el tenor literal de un insulto, el desarrollo de una lucha y las personas participantes. Hay que añadir: su propia vida, la historia de sus parientes cercanos, de su linaje y de sus antepasados, y, por último, toda su tradición tribal, que es bien conocida por cada uno. Es cierto que para esta gente existe muy poca distracción y esparcimiento, por lo que pueden dedicar todo el esfuerzo de su memoria a lo que acontece a su alrededor; pero ese poco lo conservan con fantástica seguridad.

Si los europeos les hacían promesas que luego no cumplían, cosa que sucedía bastante a menudo, raras veces eran increpados al respecto por los aborígenes; pero éstos sentían tal conducta como una ofensa o un desprecio y la comentaban entre ellos, a solas. Recién cuando, muy a disgusto mío, me recordaron, después de meses, ciertas promesas que había efectuado con mucha ligereza, aprendí a expresarme con mayor cautela. Para mi disgusto tuve que aceptar ser equiparado con aquellos visitantes de la Tierra del Fuego que, por la exacta descripción personal que recibí, pude identificar perfectamente y que, como indignos representantes del europeísmo, habían causado grandes daños a los indígenas. De la misma manera como GALLARDO (Los Onas, Buenos Aires 1910, p. 129) asigna a los adultos "una memoria privilegiada", también los misioneros tienen mucha razón al decir que "la memoria de algunos niños podrían envidiarla muchos de los civilizados" (Del Turco en BS; 1904).

La memoria local extraordinariamente segura de esta gente nunca los abandona. De este modo conocen con absoluta exactitud cualquier pequeño sitio de su terruño y descubren cualquier modificación que se produzca; nunca siguen una senda equivocada y tampoco se extravían cuando dan rodeos. Están constantemente en marcha y, por lo tanto, en condiciones de determinar sin lugar a dudas cualquier punto de cita. Esto lo hacen con gran seguridad, aunque el punto de reunión se encuentre en lo más recóndito de los bosques o quebradas. El hombre avanza en línea recta hacia el sitio donde está el nido de ave que hace días había descubierto en la espesura del bosque, tal vez a mucha distancia de donde se encuentra ahora. Lo mismo acontece con los trozos de carne o con las máscaras, que ha escondido muy bien (ver GALLARDO, p. 129). Es que en todas sus caminatas observa ininterrumpidamente y con gran atención todo lo que sale a su encuentro1.

La memoria de esta gente tiene un buen complemento en su agudo talento observador y en su facilidad de comprensión. Sin dificultad alguna captan, por ejemplo, sonidos de lenguas extranjeras, y los repiten con exactitud. Ya DARWIN mismo sabe decir (en Narrative; III, 229) en favor de los haus: "they could repeat with perfect correctness, each word in any sentence we adressed them, and they remembered such words for some time..." De allí resulta comprensible por qué mis indios perdían la paciencia cuando yo les pedía que pronunciaran repetidamente tal o cual palabra, que deseaba fijar fonéticamente con exactitud. Muy a menudo tuve que escuchar: "¿Para qué quieres que te diga nuevamente esta palabra? ¡De todos modos no la aprenderás!" La gente joven y de mediana edad logra con enorme facilidad aprender la lengua de los blancos, que por su esencia está en el polo opuesto de su propio lenguaje. Aparte de este dominio particular ellos recuerdan con seguridad y sin esfuerzos todo aquello que registra su atención siempre despierta –o sea prácticamente todo lo que ocurre a su alrededor, trátese de los hombres mismos o de la naturaleza animada e inanimada2.

Con esta memoria segura e infalible se combina aún una sobresaliente capacidad de imitación, que los beneficia grandemente en su quehacer económico, en su actividad vital y en sus charlas. El relincho de los guanacos machos, el rugido de los leones marinos, el gorjeo de los pájaros suena en su boca igual que lo produjeran esos mismos animales, por lo que éstos prestan atención o se acercan3. Lo que en la conducta de un forastero les resulta desacostumbrado o extraño, ridículo o jocoso, lo captan con mucha seguridad y, en rueda de buenos amigos, lo reproducen con naturalidad. En las exageraciones, de las que nunca se carece, se atienen estrictamente a la línea de lo verosímil y nunca caen en distorsiones injustificadas. Ante quienes son objeto de tales diversiones nunca se atreverían a efectuar este tipo de representaciones, pues su sentido del tacto se lo impide. Esta predisposición ya se manifiesta en los niños, y es muy divertido espiar a muchachos vivaces y despiertos cuando están entre ellos y se disponen a imitar a un anciano torpe en su caminar, en sus movimientos y en su forma de expresarse. Todo esto lo hacen con sorprendente naturalidad y, al mismo tiempo, con divertida gracia4. En su misma disposición natural están dados los mejores supuestos para la adquisición de ciertas habilidades técnicas, como la confección de armas y utensilios, y la ejecución de determinados movimientos corporales o de actuaciones ceremoniales, como ocurre en los papeles de los numerosos espíritus del Klóketen, o en la actuación formal de un hechicero. De todos modos sorprende la fabulosamente exacta coincidencia de todos los actores en la representación del mismo papel o en las actuaciones ceremoniales. No se equivoca uno entonces si afirma que todos los gestos expresivos, o las ceremonias, danzas e interpretaciones, reproducidas según fórmulas rígidas, no han sufrido alteraciones apreciables a través de los siglos. Por otra parte, los indígenas no escatiman el largo e insistente camino del ejercicio y los constantes ensayos.

Probablemente sea difícil de determinar si nuestros selk'nam llevan considerable ventaja sobre otros pueblos primitivos en cuanto a estos dones de la naturaleza, es decir, su feliz memoria, su agudo don de observación y su excelente talento de imitación.
c. Desarrollo de la fantasía y de los sentidos

Puesto que estos indígenas dependen incondicionalmente en todos y cada uno de los aspectos de la muy mezquina naturaleza circundante, y como ni siquiera la actividad económica puede abstraerse de la opresión de la naturaleza para ser llevada a los carriles de una cierta independencia, estuvieron obligados a captar, con mucho mayor agudeza de sentidos y con vigilante atención, todo lo que pueda serles útil y facilitar su existencia o simplificar su economía. Disponen de una extraordinaria sagacidad, a la que se une una atención extraña para nosotros, los europeos; ambos talentos dan origen a una rápida comprensión y a una combinación muy segura de ideas, todo lo cual lleva a rápidas decisiones que exigen una inmediata ejecución. El selk'nam se nos aparece muy a menudo como repentino y atropellado en toda su conducta; pero, al margen de ello, sorprende su tenaz y silenciosa espera, hasta que tal vez después de meses o años se asesta el golpe largamente preparado o se hace realidad el plan.

Toda la Tierra del Fuego asusta al forastero por la mezquina uniformidad de toda su naturaleza exterior y de las estaciones, por su pobreza de forma y de colores, por la escasa variedad de plantas y animales, por el silencio sepulcral y el vacío del largo invierno. Es cierto que tampoco allí falta, de ninguna manera, una suficiente multiplicidad de todo aquello que está en condiciones de dar vida a una comarca; pero también esto se convierte en cosa natural, uniforme, desprovista de estímulos, para quien debe pasar allí invariablemente un año tras otro. Pero en lugar de sucumbir entonces en un embrutecimiento aletargado, el selk'nam –mediante un activo ejercicio de la fantasía– ha espiritualizado y personificado las fuerzas de la naturaleza que lo rodean. Es más, ha logrado las creaciones más audaces, de modo que para él incluso los vientos, los copos de nieve, las montañas y los lagos son los antepasados de épocas remotas que siguen viviendo y obrando. Todas estas numerosas figuras de la mitología y del mundo de las leyendas viven en su imaginación de la misma manera como si fueran de carne y hueso, en intensa actividad y con la particularidad de una conformación de carácter altamente especializada, plenas de pasiones o de nobleza digna de ser imitada, de modo que la multiplicidad de estas creaciones de la imaginación ya no puede, probablemente, acrecentarse en forma sustancial. Los mismos espíritus del Klóketen, las ideas supersticiosas acerca de ciertos animales, el mundo imaginario de la institución de los xon y la creencia que ha dado origen a los Yósi, todo ello evidencia asimismo mucha fuerza creadora y riqueza imaginativa. La capacidad de fantasía de estos indígenas crea mundos que son vedados e incomprensibles para el europeo5, pero que enriquecen su vida interior y los mantienen espiritualmente ocupados.

Por lo tanto, un anciano capaz expone de manera sumamente emocionante, vivaz y cautivante las leyendas y mitos largamente conocidos, de modo que las figuras familiares para todos adquieren nuevo color y sangre fresca en boca de un narrador experimentado. Una modulación de la voz, casi nunca observable en la vida diaria, diferencia claramente las distintas partes entre sí, y las experiencias propias o vivencias personales constantemente intercaladas, proporcionan a cada narración tantas formas particulares y características exclusivas –según el carácter, la disposición de ánimo y el humor momentáneo del narrador–, que el relato es oído en cada oportunidad con gran placer, porque contiene mucho de novedoso además de las ideas básicas ampliamente conocidas. Aquí no faltan de ningún modo las exageraciones; los superlativos y la magnificación en el caso de cantidades y medidas, fuerzas y resultados, se repiten continuamente. Las luchas y las cacerías en que el narrador mismo, sus amigos o su linaje lograron sensacionales triunfos son expuestas en detrimento de la verdad. Este éxito narrativo no se debe a la retórica de brillantes giros idiomáticos, de los que carece esta lengua de pobre vocabulario, sino a la fuerte sensibilidad del narrador y a la nota puramente personal con que hace vibrar el relato en su máxima vivacidad. La exposición narrativa de una leyenda adquiere vida propia por la imitación de los sonidos naturales de diferente tipo, por interjecciones onomatopéyicas, por el chasquido de los dedos o de la lengua, golpes dados con la mano o el martilleo con los puños, o golpes dados con los pies, así como por las constantes variaciones en acentuación y en modulación de la voz, que recorre de uno a otro extremo las posibilidades expresivas. El narrador gusta muchas veces detenerse en una profusión de detalles describiendo todas las circunstancias y utilizando las particularidades más insignificantes para construir su exposición. Los oyentes le siguen entusiasmados y con la más tensa atención; cada espectador asimila la historia narrada con los ojos y con los oídos. Una extrema movilidad, que surge de la vivaz participación y de la excitación interior, pero, ante todo, del talento histriónico, recorre al narrador y se traslada necesariamente a los oyentes. Los selk'nam también son afectos a la broma, al chiste y a la diversión, si el hombre adecuado está sentado en rueda con ellos, y todos se revuelcan de risa. Si, por último, los hombres están entre ellos, gustan hablar de "mujeres y chicas"; se narran "cuentos verdes", que reciben como aplauso sonoras carcajadas o gestos jubilosos. En la compañía de buenos narradores o excelentes bromistas todos reviven y pasan horas estimulantes, de las que se acuerdan por días y semanas durante el silencio de su soledad. No menos animada y ruidosa suele ser a menudo una rueda de muchas mujeres.

En cuanto al desarrollo de los sentidos, el europeo no alcanza ni remotamente al indio. Éste sabe interpretar con mucha sagacidad los indicios y las más diversas impresiones, y deducir de ellas sus conclusiones6. El mundo circundante lo impresiona e influye sobre él con mucho mayor vivacidad que sobre nosotros. Hechos puramente naturales, por más inesperada que sea su aparición, de ninguna manera tienen sobre el indígena un efecto tan molesto e inquietante como sobre nosotros, ni lo sacan de su equilibrio emocional, pues rápidamente sabe adecuarse a la nueva situación. Con agudo juicio y segura decisión domina el cambio de la situación o los obstáculos que se le presentan. El conocimiento de la naturaleza y de sus fuerzas, el infalible sentido de orientación7 y su nunca debilitada atención le permiten encontrar en todas partes una salida recta de todas las complicaciones. Estos aborígenes conocen perfectamente cualquier rincón de su patria más o menos cercano, conocen la dirección de los vientos y la posición de los astros, entienden las costumbres de los animales y las particularidades del bosque de hayas; en caso necesario, hacen de todos estos factores sus deducciones y llegan a conclusiones que raras veces los engañan. La razón es que se atienen a los detalles exactamente observados, pues han aprendido a utilizar sus sentidos y a perfeccionarlos constantemente. Es probable que las predisposiciones naturales sean esencialmente iguales en indígenas y blancos, pero los primeros desarrollan mejor estas fuerzas distintas y las incrementan hasta alcanzar su mayor perfección. Por lo general, el aborigen se sirve de las impresiones de los sentidos de una manera completamente diferente a la nuestra; pues mientras nosotros nos conformamos con la imagen total y con el panorama general, el indígena descompone aquella imagen en sus particularidades y casi nunca asimila el todo como algo cerrado en sí, pues se atiene a los fenómenos parciales más pequeños y valora o interpreta cada uno por sí.

Este instinto del indígena, de dedicarse con gran exactitud a los detalles mínimos, también explica que no escape a su observación ni la más mínima pequeñez. Nosotros lo interpretamos como sentido de la vista especialmente agudo, pero en realidad se trata más del resultado de una autoeducación que le ha enseñado a ver todo con exactitud y a fijar su vista en cada partecita de un objeto que se presenta ante sus ojos. Yo mismo no he visto muchas veces buena cantidad de detalles y circunstancias secundarias, y solamente los capté y reconocí cuando me los señalaron expresamente. Pero no cabe duda de que los indígenas, en general, nos superan en agudeza visual8. Mucho les ayuda para ello la incansable atención y el exacto conocimiento del paisaje; pero lo que yo a veces sólo podía captar con los prismáticos, ya lo habían observado los indígenas a simple vista9. En eso reside, en parte, su sorprendente certeza de disparo en el tiro con arco. Su agudeza visual tiene verdaderos triunfos cuando se trata de observaciones de cerca. Constaté este fenómeno en múltiples ocasiones, cuando encontrábamos rastros de animales. Así, por ejemplo, los indígenas se regocijaban verdaderamente haciéndome interpretar las pisadas de un guanaco. En estos casos debía determinar y fundamentar si estas huellas en la tierra arcillosa o en la arena provenían de un animal joven o viejo, de un macho o de una hembra, si caminaba despacio o había pasado corriendo rápidamente, si la huella era reciente, de algunas horas, o de ayer. Ellos nunca se equivocan en tales interpretaciones; y ven confirmada su opinión cuando siguen la huella para cazar al animal. Cualquier observador también extrae valiosos detalles de las huellas de los pies de individuos o de pequeños grupos, detalles que le sirven para su advertencia o para su beneficio10. Por lo tanto, quien desea huir de su enemigo debe disimular indefectiblemente sus huellas borrándolas, o escabullirse con lluvia y densa nevada. También intenta a veces confundir al perseguidor y enviarlo en una dirección equivocada corriendo irregularmente de un lado a otro en determinados sitios. Por último, algunos saben pisar con tanto cuidado que ni siquiera producen huellas de pisada que puedan comprometerlos11. En caso necesario, incluso se borran sin dejar rastros las huellas de una choza o de un campamento transitorio12.

Estos indígenas conservan su excelente agudeza visual hasta una edad muy avanzada, aunque algunos ya no alcanzan a captar nítidamente el extremo más lejano del campo visual. Los selk'nam no padecen de un acentuada hipermetropía, tal como se produce entre los europeos a edad avanzada; en cambio se desarrollan formas leves, y yo mismo observé cómo dos personas muy ancianas alejaban a veces de sus ojos algunos objetos muy pequeños.

Cuando más arriba señalábamos reiteradamente la facultad de observación siempre despierta de estos indígenas, no quisimos decir con eso que en cada caso particular hagan ostensibles gestos de escuchar y abran desmedidamente los ojos. Muy a menudo se hacen los desentendidos, o simulan directamente desinterés. Cualquier persona inexperta seguramente se equivoca cuando interpreta la aparente falta de atención del indígena como modorra, o displicencia, o como distracción. Con toda seguridad no se le escapa la más mínima pequeñez; por otra parte, es signo de buena educación para el selk'nam no mirar fijamente a ciertos oradores, ni escuchar con gestos muy ostensibles. Incluso cuando a alguien se le dirige la palabra a solas o se le enseña algo, ése nunca se comportaría como un alumno ávido, sino que se muestra totalmente indiferente y desinteresado13. Así sucede porque no quiere comprometer su dignidad, pues ésa es la costumbre entre estos indios.

Es increíble lo que logran en la comunicación muda con insinuaciones e indicios, o sea con lenguaje de gestos. Incluso en rueda de muchos individuos es posible que dos o tres compañeros se comuniquen acerca de tal o cual tema inadvertidamente y a escondidas de los demás, mediante guiñadas de ojo, fruncido de la frente, movimientos y giros de la cabeza y del cuerpo, y otros recursos similares. Aquí empieza a obrar nuevamente la atención y observación agudas,14 que ayudan a una segura transmisión de pensamientos entre los confidentes, sin que el resto de los circundantes se dé cuenta de nada.

A gran distancia se comunican con la ayuda de una densa nube de humo; esta nube se produce colocando sobre la brasa extendida un único manojo grande de ramas verdes de haya. El humo que se desarrolla repentinamente se mantiene unido y asciende como una gran bola. Esta conformación siempre es de origen exclusivamente artificial y es interpretada correctamente como llamado o señal por los observadores domiciliados en lugares alejados. Quien ha descubierto un lugar playo y favorable para vadear un río hinca en la tierra de la orilla una vara, como señal para otros. De la misma manera, varias estacas colocadas a corta distancia una de la otra señalan el piso firme para cruzar los pantanos. Muchos otros indicios y huellas, objetos y señales sirven al indígena observador para obtener de ellos sus informaciones y extraer sus conclusiones. Por ello en la Tierra del Fuego es muy difícil pasar inadvertido a los ojos de los demás y mantener oculta la propia actividad.

El oído de estos indígenas seguramente no está desarrollado con menor agudeza que su órgano visual. Tensamente escuchan durante sus caminatas por los bosques y praderas; captan los sonidos más leves y los interpretan correctamente, reconocen por sus trinos o llamados a los pájaros, a los cururos por el ruido de la fuerte fricción de sus dientes, a los leones marinos dormidos por su audible respiración15. En realidad, estos hombres siempre están atentos y vigilantes, comparables en ello a un perro. Cualquier sonido o ruido desacostumbrado les hace prestar atención y la más leve perturbación les quita el sueño nocturno, que de suyo nunca es profundo.

Hasta el día de hoy no adquirí completa claridad acerca de este extraño fenómeno: el sentido del olfato de los selk'nam reacciona a veces de manera totalmente diferente al nuestro. A ciertos olores, como ser olor cadavérico, u olor de carne de pescado o guanaco en descomposición, nuestros indígenas son incomprensiblemente sensibles; en cambio las repugnantes emanaciones de las pieles de guanaco aún húmedas, de pedazos de cuero enmohecido, de perros sarnosos o de trozos de tocino de ballena o de león marino en mal estado parecen no molestarlos en lo más mínimo16. Las mujeres se enloquecen directamente con el perfume de jabones o de cosméticos agradables.

A pesar de que estos indígenas puedan ofrecer a su sentido del gusto poca variedad y escasa posibilidad de desarrollo, ese poco alcanza para saber que son selectivos en lo que comen. No todo lo que es bueno para saciar su hambre les resulta igualmente apetitoso; también quieren disfrutar verdaderamente de lo que comen, y en aras de esta necesidad sacrifican incluso dinero y trabajo o viajes dificultosos. La preferencia de algunas personas por el tabaco y el alcohol, así como también el gusto por todo tipo de dulces, demuestran que su paladar se ha acostumbrado también a ciertas innovaciones. Porque hasta que se produjo el contacto con los europeos, tuvieron que prescindir totalmente de los dulces, pues las bayas de Berberis y Pernettya no maduran suficientemente y contienen poco azúcar. Mientras les resultan verdaderamente agradables los dulces y las grasas, un bocado sumamente caliente o el agua helada, desprecian la pimienta y la sal, el vinagre y las bebidas amargas (ver GALLARDO, p. 123).

Resulta asimismo extraño el sentido del tacto de que disponen estos indígenas. Comparados con nosotros, son en todos los casos mucho menos sensibles a las influencias exteriores. No les asustan las inclemencias del tiempo: Los hombres están parados o bailan durante horas y horas en su papel de "espíritus" delante de la choza del Klóketen, y lo hacen desnudos y en medio de la nieve y del huracán. El cazador, también desnudo y transpirando, persigue durante muchos kilómetros a su presa a través de malezas y bosques, con sol o con lluvia; cruza ríos de aguas heladas o arrastra todo su cuerpo por el suelo pedregoso o pantanoso cuando acecha una presa; apenas si siente los guijarros y las piedras filosas cuando camina descalzo; y se apresta a dormir sin más lecho que el duro suelo de tierra. Los chicos disfrutan una enormidad vagando y jugando todo el día completamente desnudos en la nieve. Aquí se combinan la insensibilidad17 con la sobriedad y la sencillez. Pero después de un cierto tiempo, luego de haber caminado largo tiempo y especialmente durante la noche, exige el indígena imperiosamente la brasa del fuego en su choza; aquí se siente bien. Le gusta acercarse mucho a la llama, y si un flanco ya sumamente enrojecido le produce escozor, se da vuelta y presenta al fuego el otro flanco, castigado hasta entonces con ráfagas de viento helado. La piel del cuerpo en general, y especialmente la de manos y pies, parece reaccionar con mucha dificultad y lentitud; pues la gente toma en sus manos por breve tiempo carbones en brasa, o los empuja con el pie; por lo general no prestan ninguna atención a rasguños y otras heridas superficiales que se producen a menudo.

Pero, fuera de ello, los hombres son capaces de realizar trabajos muy delicados con sus manos toscas y sus dedos gruesos y rígidos. En verdad tienen una mano sorprendentemente firme; cómo, de otra manera, podrían fabricar las bellamente trabajadas flechas,18 y su certeza en el disparo sería mucho menor. Ciertamente: "la destreza de sus manos es notable" (GALLARDO, p. 122).

La forma de vida y el quehacer económico de nuestros selk'nam seguramente han contribuido significativamente al sobresaliente desarrollo de los sentidos que han logrado. El hecho de que se hayan perfeccionado simultáneamente tantas habilidades es un testimonio de su elevada capacidad espiritual, capacidad que les ha permitido dominar su patria y adentrarse ventajosamente en sus particularidades.


NOTAS
1

Los dos ejemplos siguientes del "diario" de Lucas BRIDGES son, por así decirlo, cosa de todos los días: "Near the Lago Fagnano is an unbroken forest of many square leagues extent, and through this I was passing with an ona companion when a startled guanaco rushed from us. I fired one hasty shot as it disappeared and the Indian made a guttural exclamation which meant that I had missed it. Over a year after we were encamped for the night with a large party of Onas in the same trackless forest, when one of them walked off a short distance and started hacking at a tree from which he dug out an old bullet and asked me if I remembered my arrow. He had seen the bullet strike and knew the individual tree from million of others a year after.

"On another occasion with a small party of Indian hunters, all with the noiseless mocasins on our feet, we were walking through a forest full of wild currant bushes, when the leader paused, and pointing, whispered 'Whash', which means fox. I stepped on to a fallen tree, and spying the creature sneaking off, stopped his flight with a bullet. I knew the Indian could not have seen the fox and asked him how he knew it was there; he answered that some small finches on a branch had looked down excitedly, and he knew they were looking at a fox" (MM: XLVI, 128; 1912).
2 "Los onas observan con cuidado lo que pasa a su alrededor y registran en la memoria todo lo que les llama la atención... Los sitios por donde pasan les quedan grabados hasta en sus más insignificantes detalles, y notan antes que cualquiera de nosotros, las particularidades de un hombre, de un animal, de un árbol o de un objeto. Su espíritu observador les ha hecho fijarse en la influencia de tal o cual viento, de las nubes, del arco iris, del grito de las aves, etcétera..." (GALLARDO, p. 127).
3 Confirmando dice BORGATELLO (Maggiorino Borgatello, Nella Terra del Fuoco. Memorie de un missionario Salesiano. Torino 1924. p. 45): "Sanno molto bene imitare i diversi canti e cinguettii degli uccelli, in modo da trarre in inganno gli stessi uccelli e qualsiasi persona". Wilkes (p. 117) escribe: "These people were admirable mimics, and would repeat all kinds of sounds, including words, with great accuracy: the imitation was often quite ridiculous".
4 Al respecto escribe GALLARDO: "Es tal el hábito de la observación que les basta echar una mirada para ver los defectos físicos de un hombre y con placer los imitan, exagerándolos, para burlarse de él. Asimismo imitan el andar y el grito de los animales".
5 Así por ejemplo se expresa GALLARDO, p. 130, que en estos indígenas la "imaginación es tan fértil que llegan a inventar hechos imposibles". Pero para eso ya están dotados por la naturaleza, y no fueron incitados a ello "por la imaginación del ona civilizado", como él afirma erróneamente.
6 GALLARDO, p. 129, menciona un ejemplo muy apropiado; pero también yo sabría informar de muchos otros de igual bondad, sin esfuerzo alguno.
7 Según SPEGAZZINI (Carlos Spegazzini, "Costumbres de los habitantes de la Tierra del Fuego", Anales de la Sociedad Científica Argentina, vol. XIV págs. 159-181, Buenos Aires 1882, p. 178) y según mis propias observaciones, este sentido de orientación está desarrollado tan admirablemente, que un indígena "tomado y llevado a cualquier paraje, sabe volver a su campamento aunque no conozca absolutamente los lugares donde fue abandonado".
8 Repetidamente, pero siempre en vano, había intentado medir la agudeza visual de algunas personas con las habituales tablas de medición ocular. Estas cosas ciertamente les gustaban, pero un cierto grado de inhibición los paralizaba.
9 También COJAZZI (Antonio Cojazzi, Gli Indii dell'arcipielago fueghino: Contributi al folk-lore e all'etnografia dovuti alle missioni salesiane, Torino 1911, p. 96) expresa exactamente la misma afirmación, repitiendo ese juicio de Darwin, y por cierto no exagera cuando dice: "La loro vista è qualche cosa di meraviglioso". También BARCLAY se muestra de acuerdo (William S. Barclay, "The Land of Magellanes, with some account of the Ona and other indians", Geographical Journal; vol. XXIII, pág. 62-79. London 1904, p. 73): "In both men and women the sense both of sight and hearing is extraordinarily acute. They will distinguish details with the naked eye as far as a white man, even a sailor, can with a good field-glass". Por último señalaremos el ejemplo dado por GALLARDO, p. 122.
10 Cualquier viajero que visita Tierra del Fuego sabe informar al respecto. Por lo tanto solamente repito las palabras de L. BRIDGES (Vocabulario y frases de la lengua de los Onas, Manuskript, 32 ss. Aufbewahrt im Museo Mitre zu Buenos Aires): "The Ona have splendid sight and follow the track of a man, over camp and story ground in a manner, it is not possible to explain".
11 También SPEGAZZINI (p. 178) escribe en este sentido: "Tienen la habilidad de no dejar rastro de su paso, a lo menos para nuestros ojos".
12 Una sorpresa de ese tipo la sufrieron muchos europeos, y SEGERS ("Tierra del Fuego: Hábitos y costumbres de los indios Onas", Boletín del Instituto geográfico argentino, vol. XII, p. 56-82, Buenos Aires 1891, p. 62) escribe, por ejemplo, sumamente sorprendido: "Una tribu numerosa... al amanecer había desaparecido como por encanto, sin dejar huella de su presencia anterior".
13 GALLARDO (p. 128) observó con mucho placer esta conducta singular: "Simulan no prestar atención a las explicaciones que se les dan, a los relatos que se les hacen, hasta a las operaciones que efectúan ellos mismos cuando están ocupados en confeccionar armas u otras cosas; pero no es así, la atención es grande, intensa... y no la demuestran porque su educación no se lo permite".
14 De esto también hablan otros observadores. Ambos, COJAZZI (p. 99) y BORGATELLO (p. 48), escriben: "Notevole è nel tipo Ona lo spirito di osservazione..."
15 Ver al respecto COJAZZI, p. 97. Más extensamente se expresa GALLARDO (p. 122) acerca de este tema: "Su oído es tan perfecto como la vista. Es tal el grado de educación de este órgano, que el ona puede interpretar inmediatamente cualquiera de los sonidos que se producen en los bosques, sierras, campos o demás sitios que él frecuente".
16 GALLARDO (p. 123) difiere parcialmente de esta interpretación mía, pero lo hace sin fundamento.
17 Por eso me parece una exageración cuando BORGATELLO (p. 45) escribe: "In quanto al tatto essi sono molto sensibili al freddo... poichè amano stare di continuo vicini al fuocco". Lo cierto es que necesitan por naturaleza la cercanía del fuego cuando están quietos en la choza o bajo cielo abierto, solamente después de haber superado un fuerte enfriamiento del cuerpo.
18 Sus armas están confeccionadas "colla massima cura e rivelano negl'indi un notevole sviluppo mentale, il che manifestamente contradice a quanto, dopo Darwin, fu detto di quella razza, da qualcuno ancor ora collocata all'infimo grado della scala umana" (COJAZZI, p. 50).



*obre Martín Gusinde (1886-1969) y su obra Los Indios de la Tierra del Fuego ver el fragmento anterior. El presente es un fragmento del Tomo I, Vol. II.
LOS INDIOS DE LA TIERRA

DESCRIPCION DE LA ISLA ATLANTICA ANTIGUA.

PEDRO SARMIENTO DE GAMBOA

[3] DESCRIPCION DE LA ISLA ATLANTICA ANTIGUA.

Desta isla Atlántica antigua no escriben los cosmógrafos, porque, adonde fué su riquísima contratación en la segunda y por ventura en la primera edad, ya no había memoria en el tiempo que ellos escribieron. Mas, por lo que el divino Platón nos cuenta y por los vestigios, que vemos, que conforman con lo que allí se lee, podemos no solo decir, donde fué y partes della, que son en nuestros tiempos, mas aun describilla cuasi en particular y su grandeza y sitio. Y esto es verdad, y por tal lo afirma el mismo Platón, llamándola en el Timeo historia maravillosa y llena de verdad.

Diremos primero de su asiento y después de sus pobladores. Por tanto es necesario, quel lector lleve atención, porque, aunque es historia antiquísima, es tan nueva en el común enseñamiento de cosmografía, que podría causar tanta admiración, que hiciese carescer de crédito a la scriptura, y de ahí nascería no dársele mucho por quererla percebir.

De las palabras, que Platón refiere de Solón, el más sabio de los siete de Grecia, las cuales había con atención oído del sapientísimo sacerdote egipcio en la ciudad llamada Delta sacamos, que esta isla Atlántica era mayor que Asia y Africa juntas, y quel principio desta inmensa isla a la parte de su occidente estaba junto con el estrecho, que agora llamamos de Gibraltar. La isla tenía enfrente de la boca del dicho estrecho un puerto con un angosto seno; y esta isla, dice Platón, era verdaderamente tierra firme. Desde la cual por la mar, que la cercaba, había pasaje a otras muchas islas próximas y la tierra firme de Africa y Europa. En la cual isla hobo grande y admirable poder de reyes, que señorearon aquella isla y otras muchas circunvecinas y la mayor parte de Europa y Africa hasta los confines de Egipto, de que trataré adelante. Mas el sitio de la isla se extendía hacia el austro por las partes más altas, opuesto a bóreas. Los montes della excedían a todos los que agora son, en espesura, altura y hermosura. Estas son las palabras que Platón dice del sitio destas riquísima y deleitosa isla Atlántica. Resta agora hacer lo que es de mi oficio, que es, explicar más claramente lo dicho y por ello deducir el sitio desta tierra.

De lo que dice Platón, que esta isla tenía puerto cerca de la boca del estrecho de las colunas de Hércules, y de que era mayor que Asia y Africa, ya sían juntas, y que se extendía hacia el austro, colijo yo tres cosas claras al entendimiento de todo aquel que tuviere a ello atención: La primera, que al isla Atlántica empezaba menos de dos leguas de la boca, y si era más, era poco, y que, volviendo la costa desta isla la vuelta del norte, cuasi junto con la costa de España, se juntaba con la isla de Cádiz, o Gádir, o Cáliz, como agora se llama. Y esto afirmo yo por dos cosas, la una por autoridad, y la otra por conjectura de demostración. La autoridad es, que dice Platón en el diálogo Cricias, hablando de como Neptuno distribuyó el señorío desta isla a sus diez hijos, que al segundo hijo llamó en la lengua materna Gadirum, al cual en griego llamamos Eumelo. A este dió las extremas partes de la isla junto a las colunas de Hércules, y de su nombre llamó al lugar Gadíricum, que es Cáliz. Por demostración vemos, e yo he visto con mis ojos, más de una legua en la mar a la redonda de la isla de Cáliz de bajamar en aguas vivas reliquias de edificios muy grandes y claramente formados de una argamasa cuasi perpetua, que es indicio evidentísimo de haber sido muy mayor aquella isla, y por el consiguente ser cierta la narración de Cricias en Platón1. La segunda, de que dice haber sido mayor que Asia y Africa, saco yo su tamaño de isla Atlántica, y digo que esta isla Atlántica de increíble, ó a lo menos inmensa, medida era de más de 2300 leguas de longitud; esto es del este oeste, ó de levante en poniente. Porque Asia tiene 1500 leguas de línea derecha por altura desde el paraje de Malaca, que es la frente oriental de Asia, hasta los términos de Egipto; y Africa tiene 800 leguas por compás desde Egipto hasta el fin de los montes Claros, ó Atlánticos, frontero de las islas de Canaria; que todo suma las 2300 leguas de longitud. Pues, si la isla era mayor, más había de tener y de boj, es de circuito. Por las costas tendría 7100 leguas. Porque Asia tiene de boj 5300 leguas por altura, y Africa 2700 leguas, muy poco más o menos, que todo suma las dichas 7100 leguas; y aun dice que era mayor.

Pues, vista la cuantidad de su grandeza, veamos la tercera cosa, que es el verdadero sitio por donde esta gran isla se extendía. Dice Platón, quel sitio desta isla se extendía al austro, opuesto a bóreas. De aquí entenderemos, que, siendo la frente desta isla que era contérmina con España, desde el estrecho de Gibraltar has" ta Cáliz se iba extendiendo hacia el poniente, haciendo arco sobre la costa de Berbería ó Africa, muy cerca della, entre el poniente y el austro, que es lo que los marcantes llaman sudueste. Porque, si estaba opuesto a bóreas, que es entre el levante y septentrión, llamado nordeste, necesariamente había de ser su sitio el dicho sudueste y oessudueste y susudueste; y cogía e incorporaba en sí las islas Canarias, las cuales según esto fueron partes della; y desde aquí seguí la dicha tierra por el sudueste. Y por cuanto dice al austro, se extendería algo más al sur y susudueste; y final seguía por el camino, que hacemos a las Indias cuando venimos de España, y se juntaba y era una cosa continente y tierra firme con estas Indias Occidentales de Castilla, juntándose con ellas por las partes que demoran al sudueste y oessudueste, ó poco más ó menos, de las Canarias, de manera que quedaba mar a una mano y a otra desta tierra, digo al norte y al sur de sus costas, y que se juntase con esta tierra y fuese toda una. Pruébolo de lo de arriba, porque, si la isla Atlántica tenla de longitud 2300 leguas, y desde Cáliz hasta la costa del río Marañ ón y de Orellana y Trenidad, ó costa del Brasil, no hay más de 1000, ó 900, ó 1100 leguas, que son las partes por donde esta tierra se juntaba con la América, claro paresce, que, para cumplir la suma de la resta, para el cumplimiento de las 2300, habemos de meter en la cuenta todo lo demás que hay de tierra desde la costa del Marañ ón y Brasil hasta la Mar del Sur, que es lo que agora llaman América, y conforme al rumbo va a salir a Coquimbo; que contando lo que falta viene a ser la dicha suma, y aun mucho menos de las 2300 leguas. Y midiendo el circuito, o boj, tenía la isla más de 7100 leguas de boj, porque otras tantas son las que tienen Asia y Africa de boj por sus costas. Y si la tierra que he dicho estaba junta con esta, como en efecto lo estaba conforme a lo dicho, había de tener mucho más, porque aun agora estas partes de Indias Occidentales tienen medidas por compás y altura más de 7100 leguas.

Luego quede de aquí averiguado que las Indias de Castilla fueron continentes con la isla Atlántica y por el consiguiente la misma isla Atlántica, la cual procedía de Cáliz y venia por el mar que venimos a las Indias, al cual todos cosmógrafos llaman mar Océano Atlántico, por haber sido en él la isla Atlántica. Y así navegamos agora por donde antiguamente fué tierra. El fin y extremo suceso en suma contaremos, poniendo primero la descripción del orbe de aquel tiempo y los pobladores della.


[4] POBLADORES PRIMEROS DEL MUNDO Y PRINCIPALMENTE DE LA ISLA ATLANTICA.

Habiendo descripto las cuatro partes del mundo, porque de Catígara, que es la quinta, no diremos hasta su lugar, conforme a los límites, que en los antiguos hallo asignados, será justo venir a las gentes que las poblaron. Pues todo lo, que se ha de tratar, ha de ser historia personal y gentil. Y como el mayor caudal y perfición de la historia consiste en la verdad del hecho, tratando cumplidamente cada cosa, verificando tiempos y edades de suerte, que no quede algo en dudo de lo que pasó; y así queriendo yo escreber verdad, cuanto a mi diligencia fuere concedido, de cosa tan vieja como es la población primera destas nuevas tierras, quise para más lustre de la presente historia, que precedan fundamentos, que no se puedan negar, contando los tiempos conforme a los Hebreos en los tiempos antes de nuestro salvador Jesucristo, y después de su santísima natividad, según la cuenta, que usa nuestra madre la santa iglesia, no haciendo caudal de las cuentas de intérpretes caldeos ni egipcios.

Y así dejada la primera edad desde Adán al diluvio, que fué de 1656 años, empezaremos desde la segunda, que es de el patriarca Noe, segundo padre general de los mortales. Las divinas letras nos muestran como en el arca se salvaron del diluvio ocho personas, Noe y su mujer Terra, o Vesta, por el primer fuego que encendió con cristal para el primer sacrificio, como quiere Beroso, y sus tres hijos, conviene a saber: Can y su mujer Cataflua, Sen y su mujer Prusía ó Persia, Jafet y su mujer Funda, como se lee en el registro de las crónicas. De los cuales fueron procreadas las gentes, como nos dice Moysén. Los vocablos de las cuales gentes algunos quedaron, como hoy los vemos claros de donde fueron derivados, como de Heber los Hebreos, de Asur los Asirios; y lo más se han de tal manera mudado, que no basta diligencia humana a los investigar por esta vía. Y demás de los tres hijos dichos tuvo otros después del diluvio Noe.

Y habiendo el linaje de los hombres multiplicado numerosisimamente, partió el mundo a sus hijos primeros, para que lo poblasen, y embarcóse en unas galeras en el ponto Euxino, como sacamos de Xenofonte. Y navegando Noe gigante por el mar mediterráneo, como dice Filón, y refiere Annio, dividió toda la tierra a sus hijos. A Sen encargó, que poblase a Asia desde eí Nilo hasta la India Oriental con algunos de los hijos, que había habido después del diluvio. A Can señaló la Africa desde las Rinocoraras hasta el estrecho de Gibraltar, con que llevase consigo algunos de los demás sus hijos. Europa señaló por población a Iafet, con algunos de los hijos habidos después del diluvio, que fueron todos los hijos de Tuscón, de donde descienden Tudescos y Alemanes y las naciones a ellos circunvecinas.

En este viaje fundó Noe algunos pueblos y colonias a las riberas del mar mediterráneo, y tardó diez años en él, a los años 112 del diluvio general. Y en Armenia, adonde quedó el arca, mandó quedar a su hija Araxa y su marido y descendientes, para que allí poblase. Y él con las demás compañas fué a Mesopotamia, y allí asentó. Aquí fué alzado por rey Nembrot de los descendientes de Can. Este Nembrot, dice Beroso, que edificó a Babilonia a los 130 años del diluvio. Y eligiendo los hijos de Sen por rey a Iectan, hijo de Heber, los de Iafet eligiendo por rey a Fenec, a quien Moysén llama Assenes, halláronse juntos 300.000 hombres, 310 años del diluvio. Y cada rey con sus compañías partieron poblar la parte que del mundo les había señalado el patriarca Noc. Mas es de notar, que, aunque Noe dividió las partes del mundo a sus tres hijos y descendientes, muchos dellos no guardaron la orden, porque muchos de un linaje se entremetieron en las tierras del otro hermano; como Nembrot, que siendo del linaje de Can se quedó en la parte de Sen. Y desta manera se mezclaron muchos.

Y así poblaron por ellos y sus descendientes estas tres partes del mundo, de las cuales en particular no quiero tratar, porque nuestro designo es ir anotando hasta llegar a los pobladores de la isla Atlántica, subjeto de nuestra historia. ¿La cual, quién duda, que, estando tan cerca de España, que según fama común Cáliz solía estar tan junta con la tierra firme por la parte del puerto de Santa María, que con una tabla atravesaban como por puente de la isla a España, sino que sería poblada aquella tierra de los pobladores de España, Tubar y sus descendientes, y también de los pobladores de Africa, cuya vecina era? Y hace fe a esto, llamarse la isla Atlántica, que fué poblada por Atlas, gigante y sapientísimo astrólogo, el cual pobló primero a Mauritania, que hoy es llamada Berbería, según Godefrido y todas las crónicas lo enseñan. As! este fué Atlas hijo de Iafet y de la ninfa Asia, nieto de Noc. Y porque desto no hay más autoridad de la dicha y se ha de corroborar con la del divino Platón, como arriba quedo empezado a tratar, será necesario ayudarme dél para dar al lector scriptura que merezca crédito de los pobladores desta isla Atlántica.


[5] POBLADORES DE LA ISLA ATLANTICA.

Dicho habemos del sitio de la isla Atlántica y de los que, conforme a la población general del mundo, pudo ser poblada, que fueron los primeros Españoles y los primeros Mauritanios vasallos del rey Atlante. Porque deste hecho extraño y por antigüedad cuasi sepultado en olvido solo Platón es él que nos lo ha conservado, como en el sitio della ha sido dicho arriba, según en lo restante debe también ser consultado. Platón en Cricias, dice que a Neptuno le cupo en suerte la isla Atlántica, el cual tuvo diez hijos varones. Entre los cuales partió Neptuno toda la isla Atlántica, que antes y en su tiempo de Neptuno se llamaba el imperio de las islas flotas, como nos lo dice el Volaterano, de manera que la dividió en diez regiones y reinos. La principal, llamada Vénere, dió al primogénito llamado Atlante y nombróle por rey de toda la isla. Y así tomó su nombre Atlántica, y el mar atlántico, y hoy conserva este nombre. Al segundo, llamado Gadirun, dió la parte que caía cerca de España, cuya parte es agora Cáliz. Al tercero llamó Amferes y al cuarto Eutóctenes, al séptimo Alusipo, al octavo Mestores, al noveno Azaen, al décimo Diaprepera, Estos y sus descendientes reinaron muchos siglos allí, señorcando por la mar otras muchas islas, las cuales no podían ser otras sino las de Haytin que llamamos Santo Domingo y Cuba y sus comarcanas, que también serían pobladas de los naturales desta isla Atlántica. Y señoreaban en la Africa hasta Egipto, y en la Europa hasta Tirrenia é Italia.

En gran generación se estendió el linaje de Atlas, y su reino iba sucediendo en los primogénitos estos. Tuvieron tanta copia de riquezas, cuanta jamás ninguno de los nacidos vió, ni de los venideros alcanzará. Esta tierra abundaba de todo aquello que es necesario para el uso de la vida humana, de pastos, maderas, drogas, metales, fieras, aves, animales domésticos y gran cantidad de elefantes, olores fragantísimos, licores, flores, frutos, y suave vino, y todas las demás legumbres, que se usan por manjar, muchos dátiles y otras muchas cosas de regalo. Todas las cuales cosas abundantísimamente producía aquella isla, que antiguamente era sacra, hermosa, admirable, y fértil, y grandísima, en que había grandísimos reinos, suntuosos templos, casas reales de grandísima admiración, como se verá por la relación que Platón da de la metrópolis desta isla, que excedía a Babilonia, y a Troya, y a Roma, y a todas las fuerzas y cidades ricas, fuertes, curiosas, y bien obradas, y a los siete milagros del mundo, de que tanto cantan los antiguos. Había en la cidad cabeza deste imperio un puerto, adonde acudían tantos navíos y mercaderes de todas partes, que por la muchedumbre y frecuencia de noche y de día se oía un continuo y grande roído que atronaba los moradores vecinos. Era tanta la gente y poder de guerra destos Atlánticos, que sola la cidad metropolitana cabeza deste imperio tenía de ordinaria guarnición a la redonda de sus campos 60.000 hombres de pelea, estos siempre en compaña distribuídos por estancias, que cada estancia era de cient estadios; que los demás, que habitaban por los montes y otros lugares, eran innumerables. Llevaban a la guerra 10.000 carros, armados de a dos caballos, con cada ocho hombres armados, sin seis honderos y apedreadores de mano de cada lado. Y por la mar traían 200.000 barcos de a cuatro hombres cada uno, que solos los de la mar eran 800.000 hombres. Y bien lo habían menester, pues tenían tantas naciones subjetas, a quién habían siempre de gobernar y serles superiores. Y lo demás, que desta cuenta Platón, al cabo será expuesto, que agora voy a prisa por llegar al principal intento nuestro. Y así es de creer que, siendo esta dicha isla tierra firme con esta que agora llamamos Indias de Castilla, que la correrían y poblarían, pues en la tierra que no era continente con la suya, como Africa y Europa y Asia, procuraban poner sus banderas, trofeos y colunas. Tenían mucha policía en sus magistrados, mas en fin de muchos siglos por permisión divina, quizá por sus pecados, acontesció, que con un grande y contínuo terremoto y con un turbión y diluvio perpetuo de un día y una noche, abriéndose la tierra, absorbió a aquellos belicosos y infestadores atlánticos hombres. Y la isla Atlántica quedó anegada y absorbida debajo de aquel gran piélago, el cual por esta causa quedó innavegable, por el cieno que en él quedó de la isla absorbida y deshecha en cieno, cosa admirable.

Y este diluvio particular se puede añadir a los cinco diluvios que cuentan los antiguos, el general de Moysén, el segundo en Egipto, de que hace mención Xenofonte, el tercero en Acaya de Grecia en tiempo de Ogigio Atico, de que cuenta Isidoro, que fué en tiempo de Iacob, el cuarto en Tesalia en tiempo de Deucalión y Pirra, en tiempo de Moysén según Isidoro, 782 años como dice Juan Annio. El quinto diluvio, como nos manifiesta Xenofonte, fué en Egipto en tiempo de Proteo, y el sexto fué este que asoló tanta parte de la isla Atlántica que bastase a apartalla tanto de la parte, que quedó sin anegarse, que todos los mortales de Asia, Africa y Europa, creyeron que toda era anegada. Y asi se perdió el comercio y contrato de las gentes destas partes con las de Europa y Africa y otras partes de tal manera, que totalmente se perdiera la memoria della si no por los Egipcios, conservadores de antiquísimas hazañas de hombres y naturaleza. De manera que esta asolación de la isla Atlántica a lo menos de más de mil leguas de longitud debió suceder en el tiempo que Aod gobernaba el pueblo de Israel 1320 años antes de Cristo, y de la creación 2162 años, según Hebreos. Saco esta computación por lo que dice Platón que fué la plática de Solón y el sacerdote egipcio. Porque según todas las crónicas Solón fué en el tiempo de el rey Tarquinio Prisco de Roma, siendo Iosias rey de Israel o Jerusalén, antes de Cristo 610 años. Y desde esta plática hasta que los Atlánticos habían puesto cerco sobre los Atenienses, habían pasado 9000 años lunares, que referidos a los solares suman 869 años. Y todo junto es la suma dicha arriba. Y poco después debió suceder este diluvio, como es dicho, en tiempo de Aod, a los 748 después del diluvio general de Noc. Iten es de notar que, como esto sea, así las islas de Cáliz, Canarias, Salvajes y la Trenidad fueron pedazos desta absorbida tierra.

Y puesto caso, questas naciones numerosísimas de los Atlánticos eran y fueron bastantes para poblar todas estotras tierras de Indias Occidentales de Castilla, también vinieron otras naciones a ellas, que poblarían algunas provincias desta tierra después de la destruición dicha. Dice Strabón, y Solino, que Ulises después de la expugnación de Troya navegó en poniente y en Lusitania pobló a Lisbona y después de edificada, quiso probar su ventura por el mar atlántico océano, por donde agora venimos a las Indias, y desparesció, que jamás se supo después que se hizo. Esto dice Pero Antón Beuter noble historiador valenciano, y como el mismo refiere, así lo siente el Dante Aligero, ilustre poeta florentín. Este Ulises, dando crédito a lo dicho, podemos deducir por indicios, que de isla en isla vino a dar a la tierra de Yucatán y Campeche, tierra de Nueva España, porque los desta tierra tienen el trage, tocado y vestido grecesco de la nación de Ulises, y muchos vocablos usan griegos y tenían letras griegas. Y desto yo he visto muchas señales y pruebas. Y llaman a Dios Teos, que es griego, y aun en toda Nueva España usan deste término Teos por Dios. Oí también decir, pasando yo por allí, que antiguamente conservaron estos una áncora de navío como en veneración de ídolo y tenían cierto Génesis en griego, sino que disparataba a los primeros pasos. Indicios son bastantes de mi conjectura sobre lo de Ulises. Y de allí se pudieron poblar todas aquellas provincias de México, Tabasco, Xalisco y las septentrionales estas y los Çapotecas, Chiapas, Guatemalas, Honduras, LaQandones, Nicaraguas y Tlaguzgalpas hasta Nicoya y Costa Rica y Beragua.

Ultra desto dice Esdras de aquellas naciones que se echaron en la Persia por el río Eufrates, que fueron en una tierra longincua, que nunca habitó el género humano. Pues, echándose por esto río, no podían salir sino al mar índico, yendo a tierra adonde no había habitación, no podía ser sino a Catígara, questá al sur en nueve grados de la equinoccial según Ptolomeo, y conforme a la navegación de los de Alexandro Magno cuarenta días de navegación de la Asia. Y esta tierra es la que llaman los descriptores de mapas Tierra incógnita al austro, desde la cual se pudo venir poblando hasta el estrecho de Magallanes, hasta el poniente de Catígara y hacia el levante de las Javas y Nueva Guinea é islas del arcipiélago del Nombre de Jesus, que yo mediante nuestro señor descubrí en el Mar del Sur en el año de 1568 años, reinando el invicto Philippo segundo, rey de España y sus adnexos y de la demarcación del medio mundo, que son ciento y ochenta grados de longitud. De manera que lo que de aquí se ha de coligir es, que la Nueva España y sus provincias fueron pobladas de Griegos, y los de Catígara de judíos; y los de los ricos y poderosísimos reinos del Pirú y contérminas provincias fueron Atlánticos, los cuales fueron deducidos de aquellos primeros Mesopotamios ó Caldeos, pobladores del mundo.

Estas y otras cosas con ellas, que por seguir brevidad no se traen, son razones historiales fidedignas en su cualidad, para sacar lo que los hombres de razón y letras han de creer de los pobladores destas tierras. Para que sepa llevar atención en la lectura de lo que estos bárbaros del Pirú cuentan de su origen y señorío tiránico de los ingas capacs y en las fábulas y desatinos, que narran, sepa discernir lo vero de lo falso y en que modo y como algunos de sus desatinos en algo aluden a cosas veras entre nosotros averiguadas y tenidas por tales, por tanto oya con atención el lector, y lea la más sabrosa y peregrina historia de bárbaros que se lee hasta hoy de nación política en el mundo.

NOTA
1 FLORIÁN DE OCAMPO, Los cinco libros primeros de la Crónica General de España, Medina del Campo, 1553, libr. 2 cap. II. Y si lo tal no fuese fábula, quienquiera podría sospechar haber sido los Atlantes, que Platón llama de la isla de Eritrea, algunos morados de Cáliz. – JOAN BAPTISTA SUÁREZ DE SALAZAR, Grandezas y antigüedades de la isla y ciudad de Cádiz, Cádiz 1610, S. 12: lo que afirman todos los que cursan este mar, que por esta parte del mediodía, estando el agua clara, se ven debajo della una legua a la mar edificios, y ruinas, buenos testigos de lo que el Océano ha ganado de tierra por esta parte.


DOCUMENTOS

LA RELIGION MAYA EN LAS TIERRAS BAJAS LOS DIOSES PRINCIPALES

Presentamos aquí el Capítulo 7 de Historia y Religión de los Mayas, Ed. Siglo XXI. por J. Eric S. Thompson, autor también de: Grandeza y Decadencia de los Mayas (FCE México, 1959), Arqueología Maya, (Diana, México, 1980) o Maya Hieroglyphic Writing (Univ. of the Oklahoma Press, 1981), entre otras obras.

LA RELIGION MAYA EN LAS TIERRAS BAJAS
LOS DIOSES PRINCIPALES

J. ERIC S. THOMPSON

La inclusión de las principales divinidades mayas en un capítulo y la relegación de las otras en una especie de grupito menor para el siguiente está más de acuerdo con las reglas de composición de un libro que con las ideas religiosas mayas. Otros sistemas tienen otros defectos, porque las creencias y opiniones religiosas, así como los dioses en torno a los cuales se aglomeran, son fluidas y es posible que los recipientes de que dispongamos para ellas se conviertan en coladores.

La entrada en la categoría de dioses principales se resiente de la influencia ejercida por los ritos que lograron sobrevivir a la extinción del sacerdocio maya y la difusión del cristianismo. Por ejemplo, la diosa lunar tiene actualmente una popularidad que se debe en buena parte a su identificación con la Virgen María. Aun las consideraciones de índole artística o el orgullo personal es posible que hayan favorecido indirectamente la candidatura de algún dios. Un ejemplo de ello es el jaguar, que simbolizaba el mando y el valor y que con sus atributos compartía una sencillez de dibujo que sin duda gustó a los artistas. Ambos factores podrían explicar en parte la popularidad del dios jaguar en el arte clásico maya y torcer nuestra evaluación de la importancia de los dioses mayas.

Caracteres de los dioses mayas

Al considerar la naturaleza de los dioses mayas debemos ante todo librarnos de ciertas nociones erróneas y tomar nota de que en este campo no debe entenderse la palabra pantheon en su sentido estrictamente griego. La idea de una reunión general de los dioses no tiene lugar en la teología maya, y las visiones del comportamiento de los carnalísimos dioses griegos y romanos que esa palabra evoca hubieran sido juzgadas por los mayas totalmente impropias de seres divinos. Como hemos visto, el trato con los dioses exigía del impetrante maya la limpieza ritual y la ausencia de preocupaciones sexuales; la idea helénica de que los dioses tenían constantemente aventuras amorosas con los seres de carne y hueso y que de vez en cuando se entregaban a relaciones homosexuales les hubiera repugnado. Tampoco se puede imaginar un paralelo maya para nuestra idea occidental del adjetivo jovial, que les hubiera parecido indigno de Júpiter. Verdad es que la diosa maya de la luna era una corretona antes de encargarse de las obligaciones celestiales que precedieron a su divinización, pero parece natural hacer una deidad –inter alia– de las relaciones sexuales en imagen masculina o femenina. Más propiamente, las divinidades mayas eran impersonales. En su mayor parte, su único vicio humano era el deseo de que les manifestaran reconocimiento con frecuentes ofrendas, y sospecho que la intención era inculcar a la comunidad el sentimiento de gratitud

A continuación, en una versión algo ampliada de una publicación anterior, expongo los rasgos que me parecen característicos de los dioses mayas, y que comparten en gran medida con los dioses de los pueblos vecinos mesoamericanos.

1. Pocos son los dioses que tienen forma humana, y la mayoría son una mezcla de rasgos humanos y animales. Por ejemplo, los dioses de la lluvia y las divinidades de la tierra revelan detalles que en gran parte se derivan de las representaciones de serpientes y cocodrilos, fantásticamente elaboradas y a menudo fundidas con elementos tomados de otros miembros del reino animal. El dios Chic-chá del número nueve, por ejemplo, tiene rasgos de serpiente (señales en las sienes) y jaguar (bigotes y pelos en la barbilla). Pero los dioses derivados de animales pueden aparecer en forma puramente humana, como el aspecto creador de Itzam Na, por ejemplo.
2. Hay una cuadruplicidad de dioses, cada uno de los cuatro atribuido a un rumbo y un color diferentes del mundo, pero considerados a veces místicamente un solo ser, que en cierto modo recuerda la doctrina de la trinidad (amplificado más adelante en el estudio de los Chacs).
3. Los dioses tienen un aspecto doble. Pueden ser benévolos y malévolos. En las obras de arte esto se señala añadiendo símbolos de la muerte al aspecto usual de un dios. Esta dualidad se extiende hasta la edad, porque en algunos casos hay aspecto joven y aspecto viejo del mismo dios, y al parecer ambos aspectos desempeñan las mismas funciones básicas. Hay también dualidad sexual. Por ejemplo, los Chacs son normalmente masculinos, pero alguna que otra vez aparece uno de ellos en forma femenina. Es posible que se trate de la mujer del Chac, pero no hay muchas pruebas de que en el cielo de los Chacs hubiera matrimonios ni casamientos. Los equivalentes femeninos no se distinguen de los masculinos por sus rasgos ni atributos. La dualidad sexual está particularmente desarrollada entre los mayas chortis.
4. Los dioses se formaban indistintamente en grandes categorías, de modo que un dios podía pertenecer a dos grupos diametralmente opuestos. El dios del sol, por ejemplo, era primordialmente un dios celeste, pero como pasaba de noche por el inframundo en su viaje hacia Oriente desde el punto donde se ponía el sol hasta aquel donde amanecía, se convirtió en uno de los nueve señores de la noche y el inframundo. De modo análogo, y por razones desconocidas, el dios de los mercaderes era el patrón de una de las agrupaciones lunares.
5. Predominan con mucho los dioses relacionados con todos los períodos de tiempo, y la divinización de los días y otras divisiones cronológicas.
6. Las inconsecuencias y la duplicación de funciones se deben a la imposición por las jerarquías de conceptos ajenos sobre la estructura más sencilla de los dioses de la naturaleza adorados por las comunidades campesinas. Ejemplo de ello es la usurpación por el dios (o los dioses) del planeta Venus del patrocinio de la caza mayor y los cazadores a costa de los dioses proletarios de la caza menor.
7. Los dioses podían fundirse con divinidades ajenas, como la diosa lunar con la virgen María, el dios del sol, en menor medida, con Jesús y los Chacs con los arcángeles y santos de la Iglesia católica romana.
8. Parece haber proliferado un culto que divinizaba a los antepasados tribales en el período posclásico. Debió tener importancia también en el Clásico, pero recibió fuerte ímpetu con el auge del militarismo hacia el final de esa época.
9. Los objetos inanimados recibían espíritus moradores que a veces llegaban a alcanzar la categoría divina.
10. Adoraban a los animales, como por ejemplo el jaguar.
11. Se formó un orden social divino a semejanza del humano, con dioses menores de mensajeros y sirvientes, y un jefe o principal de cada grupo de cuatro deidades.
12. Un solo dios podía tener diferentes aspectos con nombres distintivos correspondientes. Esto da la impresión de que los dioses mayas eran muchos más de los que eran en realidad (250 nombres y títulos de dioses de tierras bajas en el índice).
13. Hay señales de algo parecido al monoteísmo en la clase superior durante el período Clásico, y el culto se dirigía a Itzam Na, """Casa de Iguanas""", grupo de divinidades que formaban el marco donde estaba contenida la tierra y que siendo al mismo tiempo cielo y tierra procuraban al hombre su sustento mediante el debido riego del suelo .

Dioses de la Creación

Este mismo concepto de una pareja divina que creó el mundo con ayuda de otros dioses, a los que probablemente habían dado origen, nos parece que estaba extendido en general por todo el ámbito maya. Se expone con máxima claridad en el relato de la creación del Popol Vuh, el libro sagrado de los maya quichés de los altos guatemaltecos. La pareja primigenia del Popol Vuh lleva entre otros nombres los de E Quaholom, "Engendrador de Hijos" y E Alom, "Concebidora de Hijos". En muchas lenguas mayas la palabra empleada para hijo depende de si se habla de la descendencia de padre o de madre. Aquí, la presencia de ambos términos indica que las divinidades de la creación eran masculinas y femeninas. Como creadores del mundo, a sus nombres siguen otros, y no está claro si éstos son otros títulos de la pareja original o nombres de otros dioses. No obstante, entre ellos figura Gukumatz, cuyo nombre es la traducción quiche de Quetzalcóatl, "Serpiente Emplumada". En los mitos nahuas de la creación se dice que Quetzalcóatl fue hijo de Orne Tecutli y Orne Ciuatl y que desempeñó un papel considerable en la creación. No está claro, aunque parece probable, que los quichés siguieran la tradición náhuatl y aceptaran a Gukumatz como hijo de la primera pareja que intervino en la creación, pero la redacción del trozo del Popol Vuh más bien parece indicar que Gukumatz y Tepeu sean otros nombres de la pareja creadora, opinión que acepta (Recinos 1950:78). Debemos tener presente que el Popol Vuh, aunque proceda de la antigua tradición oral, se puso en escritura suficiente tiempo después de la conquista española para que su autor quiche dominara la escritura europea y para que la primitiva campaña destinada a acabar con toda tradición pagana hubiera perdido fuerza. En aquel medio siglo, o más, pueden haberse presentado pequeñas confusiones acerca de títulos y relaciones oscuros. Sin duda eso sucedió también con la mitología náhuatl. En general, yo creo que antes de producir su efecto el cristianismo, se tenía a Gukumatz por un individuo distinto y probablemente, como Quetzalcóatl, hijo de los primeros esposos. Otros nombres de esta pareja original son Tzacol y Bitol, "Creador" y "Hacedora", nombres también acoplados.

Entre los tzotziles de Chenalho (Guiteras, 1961:292) parece haber habido una creencia semejante en una pareja creadora de padre y madre. Se les conocía colectivamente por Totilme'il, "padre-madre", y Guiteras los considera una sola divinidad engendrante, que existía (n) todavía cuando empezó el mundo y en la tierra sólo vivían dioses. Ayudaba a los que lo merecían y castigaba a los malvados. Aniquiló varios malos espíritus que perseguían al hombre y guerreó constantemente contra las potencias del mal y todos los enemigos de los seres humanos. Su nahual (p. 211) es el colibrí, con cuya ayuda vence a estos enemigos.

Pero complican la situación de los tzotziles otros dos dioses. Uno es Ohoroxtotil, "Dios Todopoderoso", el padre del sol. Él hizo el mundo habitable para el hombre exterminando a los jaguares que otrora lo infestaban. El otro es Manohel-Tohel, el creador y hacedor del hombre, que lo sacó de las cavernas y le dio un cuerpo y un alma. Tal vez estos tres fueran un solo personaje, porque un dios que acababa con las malas criaturas y todos los enemigos del hombre bien podía haber limpiado también el mundo de jaguares. Según Holland (1963:113), Totilme'iletik, que debe ser el mismo personaje, es un nombre colectivo para las divinidades ancestrales. Las divinidades engendrantes no relacionadas con ningún linaje me parecen dioses de la creación. Chul Tatic Chitez Vanegh (Uinic), "Padre Santo, Creador del Hombre", era un creador tzeltal (p. 388).

Según creen los lacandones, los diversos dioses descienden del apareamiento de las flores plumerías rojas y blancas (franchipanes). Son símbolos probados de actividad sexual, lícita e ilícita, hecho que apoya la idea de una pareja de varón y hembra que daría origen a los dioses. El verdadero creador del mundo era su hijo Hachacyum, "Nuestro verdadero Señor", llamado también Nohochacyum. "Nuestro Gran Señor", asistido por su esposa y otras tres divinidades, dos de las cuales eran sus hermanos (p. 413), según informan Baer y Baer (1952) y Tozzer (1907). Bruce (1967) dice sin embargo que Kacoch era el creador remoto y que creó la flor de alcatraz o nenúfar, de donde descienden los demás dioses, lo que es una plausible alternativa (p. 272). Según Tozzer, Cacoch (sic) era un dios poco importante que llevaba las ofrendas a Nochacyum, una especie de mensajero; Baer y Baer, que también le llama Cacoch, dice que era hermano de Hachacyum y por lo tanto hijo de las plumerías. Hachacyum le hace sacrificios, pero a su vez se los hace también al dios del cielo que le sigue en altura. La cultura lacandona está ahora en las últimas fases de desintegración, y por ello, en cualquier conflicto entre los primeros investigadores y los últimos nos sentimos inclinados a confiar en los primeros, sobre todo cuando, como en este caso, coinciden en lo esencial. Creo que el informante de Bruce retrocedía a otra tradición: asociación de las ninfas o nenúfares con el cocodrilo lagarto de tierra, que también estaba relacionado con la creación. Pero Tozzer y los Baers atribuyen ese papel a las plumerías, lo cual está de acuerdo con las implicaciones sexuales de éstas en el Yucatán de la Colonia. Además, ciertas características de estos arbustos recuerdan bastante claramente el acto de la generación.

En conjunto, yo creo que no cabe dudar de que las plumerías fueran la pareja ancestral de los lacandones (es probable que tuvieran otros nombres), pero que como en los mitos de otras culturas, les ayudaron sus hijos a crear el mundo.

Los dioses ancestrales de los jacaltecas y de los kanho-bales de Santa Eulalia (p. 381) fueron, supongo, dioses de la creación. Los primeros, que existían cuando el mundo todavía estaba en tinieblas, eran el Viejo Padre y la Vieja Madre, siendo viejo término de respeto, pero también llevan nombres de días calendáricos, 9 Kana' y 9 Imux, equivalentes del yucateco 9 Lamat y 9 Imix (La Farge y Byers, 1931:114).

Los mayas cakchiqueles reconocían la misma pareja padre-madre que parece asimismo haber sido autora de la creación, pero los datos son muy escasos.

Volviendo a Yucatán, es necesario un poco de digresión para emular a los dioses de la creación y poner orden en el caos.

Hay en el "diccionario de Motul", compuesto allá por el 1590 de nuestra era por un mayista de Ciudad Real, una entrada, que dice:

"Hunab Ku: Ünico dios vivo y verdadero. Era el más grande de los dioses de Yucatán. No tenía imagen porque decían que siendo incorpóreo no podía pintársele."

El difunto mayista Raph Roys me escribió hace una docena de años:
"Yo propongo de modo enteramente provisional que Hunab Ku fue una invención posterior a la Conquista, aunque puede haber habido [antes] alguna idea vaga de un dios todopoderoso que no tenía representación." Ciertamente afectó al paganismo maya el cristianismo en fecha temprana; las velas se habían convertido en parte del ritual maya a los veinte años de la Conquista. La idea de un solo dios vivo pudo fácilmente haber pasado del cristianismo en una forma modificada, o los frailes pudieron haber entendido mal el significado de hunab, que no encierra la misma idea que el concepto cristiano de Dios. La noción de un solo dios creador no concuerda con el concepto mesoamericano prevaleciente de una pareja de creadores que poblaban el mundo por el ayuntamiento sexual. Además, así como un maya sin mujer es una cosa bastante rara –despreciado de joven, compadecido de viejo–, un dios maya sin esposa que le hiciera sus tortillas y le tejiera sus ropas no hubiera sido muy respetado.

Estoy de acuerdo con Roys en que Hunab Ku nos llega deformado por los frailes de visión bíblica, pero no creo que fuera invención de ellos.

El "diccionario de Viena", de fecha desconocida, tiene una entrada casi igual que el de Motul:

"Dios principal que tenían los indios de esta tierra, de donde decían que proceden todas las cosas y que era incorpóreo, y por tal razón no hacían imagen suya: Colup u Uich Kin." La entrada siguiente es: "Dios que dicen era de éste: Hun Itzamná, Yaxcocahmut." La redacción es torpe, pero no se puede entender de otro modo.

Otras fuentes citadas en la p. 259 dicen claramente que Itzam Na era el creador, y una lo llama Hunab Itzam Na, confirmando así que Hunab (Ku) e Itzam Na eran el mismo.

Sin embargo, López de Cogolludo (1867-68, libro 4, cap. 6), que escribió alrededor de 1650 cuando los antiguos conceptos jerárquicos habían desaparecido y cuyo material es todo de segunda mano, apunta: "Creían los indios de Yucatán que había un Dios único, vivo y verdadero, que decían ser el mayor de los Dioses, y que no tenía figura, ni se podía figurar por ser incorpóreo. A éste le llamaban Hunab Ku, como se halla en su vocabulario grande, que comienza con nuestro castellano. De éste decían que procedían todas las cosas, y como a incorpóreo, no le adoraban con imagen alguna, ni de él la tenían (como se dice en otra parte) que tenía un hijo a quien llamaban Hun Itzamná o Yaxcocahmut"

Las tres fuentes usan casi las mismas palabras. Nótese que la primera mitad de lo que dice López de Cogolludo procede del diccionario de Motul y la segunda del de Viena, casi literalmente. Añade tan sólo que la primera declaración venía de la parte español-maya del gran diccionario (se equivocaba, porque es de la parte maya-español) y que Hun Itzam Na era el hijo de Hunab Ku. Creo que debemos convenir en que esto es un error de su parte; en realidad, no le interesaba la religión maya.

Hun antes de Itzam Na significa aproximadamente lo mismo –"uno" o "único"– que hunab y es una adición rara; nos recuerda la forma Hunab Itzam Na dada en las " Relaciones de Yucatán" (p. 259). La única deducción que cabe es que Hunab Itzam Na era el creador y que le llamaban también Hunab Ku, Yaxcocahmut, y Colop u Uich Kin, el nombre de función Ah Ch'ab, "creador" se halla también en el diccionario de Viena.

Colop u Uich Kin, "Lágrimas del Ojo o Rostro del Sol (o del Día)", aparece con cierta frecuencia en el "Ritual de los Bacabs", donde a veces Colop se escribe Kolop, "Heridor", y puede ir precedido de los títulos Chac Ahau, "Señor Rojo", o Kin Chac Ahau, "Señor Rojo del Sol". A veces el nombre va unido a Colop u Uich Akab, "Lágrimas del Ojo o Rostro de la Noche". Se dice que vivía en el medio del cielo, y su variante nocturna vivía en Metnal, la tierra de los muertos. Es creador de varias enfermedades, sujetos de los conjuros.

El peculiar nombre del dios podría indicar que se creía que ocasionaba los eclipses atacando al sol, pero me siento inclinado a pensar que se refiere a que el creador había puesto súbito y mortal fin a varias creaciones del mundo. En el mito náhuatl, cada una de estas creaciones se llama sol (p. 399); por lo tanto, "Lágrimas del Rostro del Sol" podría significar "Destructor de las Creaciones (Pasadas)". Pero esto es pura especulación.

Como veremos, Itzam Na era la más importante divinidad maya, a quien debía su origen, conservación y no pocos de los beneficios de la vida del género humano, por lo menos a los ojos de la jerarquía. Aunque Itzam Na,. "Casa de Iguanas", era primordialmente una configuración reptilina, en su papel de creador parece haber sido representado en forma humana, a pesar de los primeros cronistas, y tal vez fuera el anciano Dios D de los códices (figs. 4c, 8t, 15a, b; p. 281).

Creo con bastante certidumbre que él y su esposa aparecen en el centro del "mundo" en el papel de pareja creadora en el códice de Madrid, 75-76. Los glifos –1 k, "Vida"– están delante de ellos dos, y delante de la diosa hay un itzam (su vestimenta parece indicar un dios, pero el color y el arreglo de su pelo no permiten la duda acerca de su sexo).

De lo que sigue se deduce claramente que seguía la norma mesoamericana de tener un equivalente femenino.

La esposa del creador: Ix Chebel Yax

La esposa de César tenía que estar por encima de toda sospecha. Por desgracia no queda rastro claro del casamiento de la esposa de Itzam Na. Me refiero a la forma personificada de Itzam Na creador: –el Dios D–; en su forma de iguana parece haber tenido una compañera, la iguana tierra, y las iguanas tal vez concedan menos importancia a estos formalismos.

El primer informante de Las Casas (1909, cap. 123) en Campeche, dando su esbozo de la religión maya en función de la doctrina cristiana, equipara a Itzam Na con Dios Padre, a Bacab con Dios Hijo y dice que la diosa virgen Chibirias (Ix Chebel Yax) era la madre de éste, o sea, para evitar complicaciones, la esposa de Itzam Na, identificado con el creador.

López de Cogolludo (1867-68, libro 4, cap. 8) dice que era ella la diosa de la pintura y el bordado. Por cierto que chebel significa "relacionado con los pinceles". En el "Ritual de los Bacabs" (Roys, 1965:55) se cita una diosa llamada Ix Hun Tah Dz'ib e Ix Hun Tah Nok. Difiero de Roys en la traducción de estos nombres, que para mí son "Señora Única Dueña del Pincel" y "Señora Única Dueña de la Tela". El conjuro declara que ella tenía un pincel rojo –(cheb)–con el cual pintó de rojo la tierra (color que suele tener en Yucatán), las hojas de algunos árboles, la corteza del gumbolimbo (Bursera simaruba) y la cresta del pájaro carpintero. Es evidente que se trata de Ix Chebel Yax, y que sus actividades son las de una diosa de la creación.

No cabe duda de que es la antigua –diosa roja (O)– de los códices, en cuyo glifo hay un rollo de algodón o tela y que a veces lleva el afijo rojo delante. En el códice de Madrid está tejiendo y su glifo suele ser la cabeza de una anciana con el prefijo "zac" (lám. 4d). "Zac" es "blanco", pero aquí debe ser el " zac" radical de "zacal", "tejer". Como a esta cabeza sigue el glifo regular del nombre de la Diosa O con el afijo del rollo de algodón o tela, se confirma que es Ix Chebel Yax y además la diosa del tejido.

La –Diosa O– comparte la ancianidad con el –Dios D–, y sus rasgos son muy parecidos. Además, en su aspecto rojo envía la lluvia como Itzam Na (lám. 8e, 9). En el códice de Dresde, pág. 74, le ayuda, aquí en forma de iguana (Itzam), a inundar el mundo. Es probable que sobreviva un vago recuerdo de ella en la leyenda del sol (p. 425). Su abuela es XKitzá, no muy diferente de XItzam, "Señora Iguana". Tiene agudas garras, rasgo descollante de la –Diosa O–, y su esposo era un monstruo, un tapir según algunos.

López de Cogolludo, en el trozo citado, complica la cosa diciendo que Ix Azal Uoh (seguramente confusión por Ix Zacal Nok), inventora del tejido, era la esposa de Kinich Ahau, "el mayor de todos los dioses". Anteriormente, yo (1939a) lo acepté y correlacionaba esta diosa con la luna, esposa de Kinich Ahau, el dios del sol; ahora estoy seguro de que él confundió a Kinich Ahau (Itzam Na), con el propio Itzam Na, del mismo modo que en ese mismo párrafo atribuye a Itzam Na en lugar de a Kinich Ahau la invención de la escritura, y como estaba errado diciendo que Itzam Na era el hijo de Hunab Ku (p. 254). Kinich Ahau era meramente el dios solar y como tal un aspecto de Itzam Na; el mayor de los dioses era Itzam Na y no él.

Ix Zacal Nok, en la forma corrregida – y es muy fácil confundir "uoh" con "nok" – "Señora Tejedora de Tela"–, en tan sólo una variante de Ix Hun Tah Nok, arriba apuntado. Según eso, Ix Chebel Yax era la diosa de la pintura, el brocado y el tejido e igual a –la Diosa O– de los códices.

Colel Cab, "Dueña de la Tierra", mencionada en el relato de la creación del "Chilam Balam de Chumayel". es probablemente otro de sus títulos.

Según el informante de Las Casas, Ix Chebel Yax era la hija de Ix Chel (escrito Hischen), equiparada a Santa Ana. Esto es claramente un error; Ix Chel era la esposa del dios solar.

Finalmente está la evasiva XKan Le Ox, "Señora Hoja de Ramón Amarilla" (ramón es el Brosimum alicastrum y su fruto es una buena ayuda en épocas de hambre). Su nombre va unido al de Itzam Na en una oración de que se trata en una fuente antigua; los lacandones (Bruce, 1967) dicen que es la esposa del creador Hachacyum y creadora de las mujeres lacandonas y de todo lo femenino; López de Cogolludo, en el trozo citado, la llama madre de los demás dioses; en una oración a los Chacs de hace más de 150 años remplaza al Chac del Sur. Como –la Diosa O– es una divinidad de la lluvia y aparece con los Chacs en el códice de Dresde, XKan Le Ox es probablemente su nombre en su aspecto de hacedora de lluvia.

Es claramente la esposa del creador, pero otro nombre de Ix Chebel Yax, y como tal comparte el lecho conyugal de Itzam Na, aunque los mayas, más púdicos, no siguen la costumbre náhuatl de representar a la pareja creadora en la cama.

Está de acuerdo con las ideas mayas el que esta diosa tuviera por lo menos seis nombres (los otros probablemente no sobrevivieron), que reflejan sus diversas actividades.

Itzam Na: "Casa de Iguanas"

El dios máximo de los mayas yucatecos, pero en algunos respectos el más confuso, es Itzam Na. Como veremos, estuvo a punto de incorporarse la mayoría de los demás dioses principales en calidad de alguno de sus diversos aspectos.

El autor de la "Relación de Valladolid y Tiquinbalón" (Relaciones de Yucatán, 2:161) declara que los indios de la segunda población (y es de suponer que de todas las demás de Yucatán) antes de la introducción de la idolatría adoraban a un solo dios llamado Humad Izamaná (Itzam Na). Hunab, "Único", era un nombre que se aplicaba al creador.

El informante campechano de Las Casas (1909, cap. 123) dice que Itzam Na (impreso Izoná) era Dios Padre, hacedor de los hombres y de todas las cosas.
Panel de la Cruz Foliada
Figura 2. Panel de la Cruz Foliada, de Palenque.
El "árbol", que es en realidad una planta de maíz, sale de la cabeza de la tierra, manifestación de Itzam Na, Itzam Cab, Kauil o Bolón Dz'acab. Nótense los elementos (bil )que salen de la cabeza. Entre el follaje del "árbol" están cabezas del dios del maíz, con todo y sus penachos, y en la planta de maíz que sale de la concha en el suelo a la derecha. Los sacerdotes ofrecen al "árbol" figuras de Itzam Na. Compárese con la fig. 3. (Según A. P. Maudslay.)

Dos entradas consecutivas del "diccionario de Viena" dicen:

"Dios [ídolo] principal que tenían los indios de esta tierra, del que dicen que procedían todas las cosas y que era incorpóreo, y por esa razón no hacían imagen de él: Colop u Uich Kin." "Dios [ídolo] que decían ser de éste: Hun Itzamná: Yaxcocahmut."

La última frase parece referirse a la entrada anterior, y podemos deducir que en uno de sus aspectos Itzam Na era el creador, como lo sugiere el nombre de Hunab Itzam Na, y que Colop u Uich Kin era el nombre de este aspecto. De todos modos, el autor del diccionario se equivoca al decir que no hacían imagen de él.
Panel de la Cruz
Figura 3. Panel de la Cruz, Palenque.
Este "árbol" tiene el mismo tipo general que el de la figura 2, pero falta la vegetación de maíz. Es posible que se deba al punto cardinal asociado con él: el este y el norte son favorables al maíz; el oeste y el sur le son desfavorables. Pero la cabeza de donde sale el " árbol" tiene señales de vegetación. La banda planetaria a la cual está unida la cabeza nos recuerda que el aspecto terrestre de Itzam Na, aunque sólo el suelo, es parte integrante de la ""Casa de Iguanas"". (Según A. P. Maudslay.)

Hay otros varios aspectos de Itzam Na: –Itzam Na Kauil, "Itzam Na de la Buena Cosecha"; –Itzam Na Tul, "Itzam Na Conejo (lluvias)", aspecto malo; –Itzam Na Kinich Ahau (Landa escribe Kinich Ahau Itzam Na), "Itzam Na Señor Rostro de Sol (el sol)";– Itzam Na Kabul, "Itzam Na Productor con sus Manos" (probablemente aquí el "Creador"; –Itzam Cab o Itzam Cab Ain, "Itzam Tierra" o "Itzam Cocodrilo de Tierra". Creo que también podría demostrarse cómo Bolón Dz' acab era otro de sus nombres. Es extraño que este importantísimo dios fuera de origen reptilino.

Hay bastantes pruebas de que Itzam Na moraba en el cielo y enviaba la lluvia al género humano, duplicando así la labor de los Chacs, dioses regulares de la lluvia. La razón de esta repetición de funciones es que Itzam Na era ante todo el dios de los jerarcas, mientras que los Chacs eran favoritos de los campesinos. Para confirmarlo podemos observar que Itzam Na está completamente ausente de los actuales ritos campesinos de Yucatán. A continuación, la prueba de que Itzam Na hacía llover.

Una frase inicial de una plegaria a Itzam Na, muy mutilada "Relaciones de Yucatán",( 2:183-84), puede restaurarse así: –Cit Ah Tepale ninmi (?) caan yamte muyal-yam ti caan,– "Dios Padre y Señor Príncipe, (?) el cielo, en el medio de las nubes, en el medio del cielo". La ceremonia era para pedir buenas cosechas, que naturalmente dependían de las buenas lluvias.

El "Chilam Balam de Tizimín", pág. 7 (Roys, 1949:172), tiene esta declaración de entrada: –"Sequía. Habrá oraciones a Hunab Ku." Pero Hunab Ku es tan sólo otro nombre de Itzam Na (p. 255).

Un antiguo escritor, Lizana (1893:4), escribía de Itzamat Ul, versión deformada de Itzam Na T'ul, aspecto de Itzam Na, que él dijo de sí mismo: –"Yo soy el rocío y la substancia del cielo y de las nubes", y que ese título significaba "El que recibe y posee la gracia o rocío o substancia del cielo". Itz, traducido aquí por esas palabras, es según el diccionario de Motul "leche", "lágrimas", "sudor", "resina o goma de árboles y arbustos", "cera de velas" y "moho". La idea parece ser la de un líquido segregado gota a gota. Es en realidad un juego de palabras –y a los mayas les encantaban estos retruécanos– con la primera sílaba del nombre de Itzam Na, para recordarnos que moraba en las nubes y que enviaba la lluvia (sus lágrimas). En la magia del Nuevo Mundo son corrientes las lágrimas en representación de la lluvia. Por ejemplo, los aztecas que sacrificaban niños para que lloviera los hacían llorar, a fin de que sus lágrimas atrajeran la lluvia: iguales producen iguales.

En el auto de fe de 1562 (Scholes y Adams, 1938, 2:334) está el relato del sacrificio de un perro a Itzam Na, Ix Ku (la diosa), los Bacabs y los Chacs por la salud del jefe y por las lluvias.

Dice Landa que en el mes de Mac los ancianos intercedían con los Chacs e Itzam Na. Había un rito según el cual se untaba con lodo fresco de un cenote el primer escalón de una estructura, y los demás escalones con ungüento azul. El lodo del cenote era evidentemente una magia de iguales-atraen-iguales para atraer el agua, y el azul era el color especial de los dioses de la lluvia. López Medel (Tozzer, 1940:223) cuenta de un gran cocodrilo que emergió para recibir los sacrificios del cenote de Chichén Itzá, prueba de que ese culto también se dirigía a Itzam Na.

En su aspecto de Itzam Na T'ul, este dios podía detener las buenas lluvias. Hay en el " Chilam Balam de Chumayel" dos trozos que dicen: (Roys, 1933:154, 157):

"Hay lluvias de poco provecho, lluvias de un cielo de conejo [t´ul]... lluvias de un cielo de buitre" y "lluvia de un cielo de conejo [t'ul] durante el mal katún".

En el " Chilam Balam de Tizimín" (p. 1) hay una alusión a los Chacs T'ul que al parecer envían lluvia escasa o inútil. En la pág. 4 del mismo libro, Ix Kan Itzam T'ul, "Itzam T'ul Amarillo" está relacionado con una sequía espantosa. Según eso, es el lado malo de Itzam Na; el lado bueno era Itzam Na Kauil. Itzam Na significa ""Casa de Iguanas"".

En el "diccionario de Viena" se define itzam así: –"lagartos como iguanas de tierra y agua"–. Lagarto puede ser cualquier reptil saurio desde lagartija hasta caimán (la palabra inglesa alligator viene del español el lagarto), y cuando se quiere hablar del más pequeño se le suele llamar lagartija. Además, los Itzam del códice de Dresde, (págs. 4b-5b y 74), son seguramente iguanas, y no es que importe mucho que el dios fuera iguana o lagarto. A veces se anteponía Ix o X al nombre del dios como en Ix Kan Itzam T'ul citado en el párrafo anterior y el Ix Hun Itzam Na mencionado en el "Ritual de los Bacabs" (MS: 150). Ix o X es el prefijo femenino, pero es muy frecuente que se le ponga a nombres de insectos, reptiles y aves. El lagarto toloc suele llamarse xtoloc; otros nombres de lagarto son xbebech, xmemech y xp'icune. De acuerdo con eso deduzco que Ix o X a veces se antepone a Itzam Na precisamente porque siendo iguana pertenece a esa categoría.

Hace treinta años (Thompson, 1939a: 152-61) identifiqué provisionalmente a Itzam Na con los monstruos celestiales, tan comunes en el arte maya, que son parcialmente cocodrilo, lagarto o serpiente y hasta pueden tener rasgos de venado (cuernos o pezuñas hendidas). En aquel tiempo se descubrió el diccionario de Viena. Ahora que tenemos su entrada donde se declara que itzam es "iguana" se ha consolidado mucho la identificación.

En realidad son cuatro los Itzam Na, porque el canto octavo del "Ritual de los Bacabs" los nombra, y a cada quien atribuye correctamente su color y su orientación: el Itzam Na rojo al este, el blanco al norte, el negro al oeste y él amarillo al sur. En el canto treinta y ocho del mismo libro se invoca a Itzam Kan, asociado igualmente con la debida sucesión de colores y direcciones. Los cuatro Itzam Kan se repiten cuatro veces y al final se invoca al Itzam Kan rojo. No está clara la traducción de kan en este caso (kan es una iguana ovípara en cakchiquel), pero en todo caso la dirección es detrás del cielo este, norte, oeste o sur, confirmación de la índole celestial de Itzam Na.

Estos monstruos celestiales con frecuencia llevan símbolos planetarios en el cuerpo (figs.4a, c-f, 5a, e), prueba de que el monstruo habitaba en el cielo y lo representaba.
Panel de la Cruz

Figura 4. Representaciones de Iztam Na.
a: mitad siniestra de un Itzam Na bicéfalo con glifos planetarios en el cuerpo y el ave superimpuesta de un punto cardinal. La cabeza de atrás (aquí no se ve) está invertida y lleva símbolos de la muerte. Estuco, Palacio de Palenque.
b: Códice de Dresde, 4b-5b.
c: Bacab y otro dios sentados en un recinto acordonado en parte de un Itzam con glifos planetarios. Códice de París, 22.
d:Itzam Na sirve de marco a un príncipe sentado, estela 25, Piedras Negras. La cabeza de atrás está invertida y lleva símbolos de la muerte.
e: agua cayendo de un segmento de Itzam Na. Códice de Dresde, 74.
g: parte de cabeza y pierna delantera de Itzam Cab con un motivo de pez y alcatraz. Obsérvese la garra. Palenque, Templo de la Cruz,
(a, g, según A. P. Maudslay; d, según H. J. Spinden).

Los rasgos varían, pero los cuerpos pueden indentificarse fácilmente con frecuencia corno de iguana o cocodrilo (figs. 4b, f); otros tienen cuerpo o marcas de serpiente (figs. 4c, 5b, d) y suelen llevar una cabeza en cada extremo (figs. 4a [la otra cabeza no se ve], d, 5a, b [otras cabezas no se ven], d, f). El agua chorrea de uno (fig. 4f) en forma claramente torrencial: a veces cae la lluvia de cortas secciones de bandas planetarias que en abreviación de pars pro toto representan el reptil completo (fig, 4e).

El " Chilam Balam de Chumayel", p. 73, menciona a Itzam Na Itzam Tzab. Tzab es el cascabel del crótalo, y también las Pléyades. Si Barrera Vásqúez (1948:106) ha identificado correctamente el título de Itzam Na de Yaxcocahmut como una constelación –señala el importante punto de que ek en la forma alternativa, Ekcocahmut, significa "estrella" – es de suponer que identificaban a Itzam Na con las Pléyades y tal vez con otras constelaciones, suposición perfectamente razonable, dado que el dios moraba en el cielo y tenía una ornamentación planetaria.

En cuanto a la parte na del nombre de Itzam Na, creo que ha de interpretarse en el sentido ordinario de "casa". Supongo, aunque la evidencia no es tan fuerte como yo desearía, que los mayas imaginaban el mundo dentro de una casa, cuyos techos y paredes estaban formados por cuatro iguanas gigantescas, levantadas y con la cabeza para abajo cada una de ellas con su propio, punto cardinal y su color. Por ejemplo, el Itzam Na Chac (rojo) sería el lado oriental del cielo, tal vez desde el cénit hasta el horizonte, o sea desde lo alto del techo hasta el suelo. Sin duda se presentaba una confusión acerca de si un soló Itzam representaba la bóveda entera (como diríamos nosotros), o casa del cielo, o si eran cuatro Itzam, pues, era el nombre de las creaturas mismas. Con frecuencia es Itzam Na bicéfalo. Yo supongo que se debe a que vemos por decirio así, el plano de una sección de la "casa" de Itzam, con un Itzam formando cada pared y la parte correspondiente de la bóveda céleste Las colas, juntándose en el cénit, se eliminan para producir un ser bicéfalo.

Apoya esta creencia el hecho de que los templos mayas tienen fachadas esculpidas para representar los rostros de los monstruos celestes; la entrada, a menudo con dientes incrustados, representaba la boca de aquel ser (lám. 7). La presencia ocasional de símbolos planetarios en la fachada (Adivino, Uxmal) confirma la identificación. Proporcionan otra prueba los seres de Itzam que forman un marco donde se inscribe un gobernante en su trono (fig. 4d). La cuestión se examina más ampliamente después. Bástenos ahora decir que el Itzam que forma el na del mundo parece seguir sus cursos para formar el piso de la casa, que normalmente es la superficie de la tierra, y entonces se les llama Itzam Cab o Itzam Cab Ain, ("Iguana Tierra" o "Iguana Tierra Cocodrilo"). Los costados del Itzam Na o Cuatro Itzam tienen un paralelo en la iconografía mexicana: cuatro monstruos de tierra o cielo, cada uno de ellos con un par de piernas de saurio y cabeza de cocodrilo, ocupan los cuatro cuarteles del códice Borgia, página 72, al que están asignados los grupos de los días asociados con cada uno. En un trozo paralelo del códice Vaticano B se hallan dispuestas de modo semejante serpientes convencionalizadas.

Gann (1900:680-81) halló en Santa Rita, norte de Belice un escondite con una urna, dos puntas de pedernal y diez figuras de cerámica de trabajo tosco y tardío. De éstas, unas parejas representaban respectivamente un monstruo semejante al lagarto, con piernas y cabeza humanas en las mandíbulas y un jaguar sentado incorporado, dispuestas en torno a la urna en los cuatro puntos cardinales; un quinto ser de tipo lagarto, como los demás, y un sexto con una cabeza delante y otra detrás, una de ellas con una cabeza humana en las mandíbulas, arriba de la urna. Esta última figura era más saurio de aspecto que todas las demás. En los cuatro cantones de un poblado maya se erguían jaguares (balam) para protegerlo (pp. 352-3) y tal vez funcionaran de modo semejante sobre una base universal. Es probable que las creaturas de tipo lagarto desempeñaran funciones análogas en relación con los cuatro rumbos del mundo. Los de arriba, junto con los venablos y la urna, completan el número sagrado de trece. Es de suponer que representan el cénit. Su disposición parece indicar que los cuatro Itzam estaban colocados en los cuatro lados que representan las paredes de Itzam Na, y los de encima eran el techo y tal vez el suelo.

En lo relativo al aspecto direccional de Itzam Na, en la profecía del "Chilam Balam de Tizimín", para el año de 8 Kan se predice una sequía, y en relación con ella se menciona Ix Kan Itzam T'ul. Kan es amarillo y está asociado con el sur, región de la muerte y la malaventura. Se recordará que al tratar del Itzam Na T'ul reconstruido apuntábamos que las lluvias de t'ul, "conejo" eran de poco provecho. El Itzam Amarillo, pues, la tierra del sur, de la malaventura y la muerte, envía lluvias de tan poco valor que tras de ellas llega la sequía. La casa de Itzam, con sus "paredes" de diferentes colores, nos recuerdan aquellas piezas de paredes tapizadas de colores contrastados, populares hace unos cuantos años.

De cualquier modo, el concepto de Itzam Na no comprende tan sólo cuatro Itzam que forman el techo y las paredes del mundo porque cuando los Itzam tocan el horizonte se vuelven para formar el piso de la casa en que está nuestro mundo, para completar el rectángulo de la "Casa de Iguanas". Es más importante que el Itzam asume nuevas funciones cuando deja los ámbitos celestes por el piso de la casa del mundo. Mientras los Itzam de aspecto celeste envían lluvias a la tierra, en su aspecto terrestre son el suelo en que tiene su ser toda vegetación, y ahora reciben esa lluvia que antes dispensaran desde lo alto.

Los diversos nombres de Itzam Na están relacionados con esa dualidad. Así Itzam Na, Itzam Tzab y probablemente Yaxcocahmut se refieren al aspecto celestial de Itzam Na; Itzam Cab o Itzam Cab Ain, "Iguana Tierra" o "Iguana Tierra Caimán", son nombres de Itzam Na en su calidad de divinidad de la tierra, el piso de Itzam Na. Yo confío en que Bolón Dz'acab es otro nombre de este aspecto terrestre de la "Casa de Iguanas". Itzam Na Kauil, "Casa de Iguana Abundante Cosecha", podría referirse a ambos aspectos, ya que tanto la lluvia de la divina iguana celeste como la tierra de la divina iguana terrestre son esenciales para una buena cosecha.

Antes de proseguir con este aspecto terrestre veamos lo que nos dicen las fuentes coloniales y la arqueología.

En primer lugar, es evidente la confusión entre dos tradiciones contrapuestas: una, que la tierra estaba sobre el dorso de un caimán o cocodrilo y otra, que la superficie de la tierra era la continuación de la "Casa de Iguanas".

En el altiplano mexicano se tenía la creencia de que la tierra estaba sobre el dorso de un cocodrilo que flotaba en un enorme lago o mar. Las representaciones de estos monstruos saurios terrestres son comunes en el arte mexicano. En el códice Borgia, (página 27); crecen en el lomo de la creatura plantas con sus mazorcas –casi una milpa entera. A veces hay un cráneo humano entre las mandíbulas del monstruo (códice Borgia: 3), y en otras ocasiones, las narices están tapadas con narigueras.

Los huaxtecos, grupo maya apartado en el norte de Veracruz y sus alrededores, creen en un cocodrilo terrestre, pero hembra, y fertilizado por seres celestiales, pequeños dioses de la lluvia, el trueno y el relámpago (Stresser-Péan, 1952).

Los documentos coloniales mayas no contienen nada francamente alusivo a que la tierra esté sobre el dorso de un cocodrilo, un caimán o un lagarto de Indias (que yo sepa, los mayas no distinguen entre ellos: el cocodrilo es más raro, y su habitat está tierra adentro. A todos los llaman ain). De todos modos, hay dos pruebas indirectas acerca de que la creencia difundida en el centro de México de que la tierra estaba sobre el dorso de un cocodrilo la compartían los mayas de la tierras bajas. En la "Relación de Mérida" ("Relaciones de Yucatán", 1:51) dice:

"Tenían también conocimiento.. del diluvio y de que el mundo acabará por el fuego, y para muestra de ello hacían una ceremonia y pintaban un lagarto [iguana o cocodrilo], que significaba el diluvio y la tierra, y sobre él ponían un montón de leña, y le prendían fuego." Y el autor prosigue describiendo brevemente el rito de caminar por el fuego. Los españoles emplean con mucha libertad la palabra lagarto, y podría tratarse de un cocodrilo o una iguana.

En el diccionario de Motul dice una entrada: –"Tan cucul a: cosa sin fondo, sin piso, también el infierno, una palabra antigua." Tan cucula significa literalmente "en el medio de las olas", porque la h o ha, "agua" frecuentemente se pierde al unirse la palabra a otra. Como el concepto de infierno es cristiano, creo que hay que tomarlo aquí en su sentido literal de la región inferior. Por cierto que, en español se llama también infierno un lugar debajo de la tierra en que sienta la rueda y artificio con que se mueve la máquina de la tahona, o bien cualquier otra cámara profunda.

Finalmente tenemos la declaración de Lizana de que los mayas adoraban al cocodrilo. La primera afirmación nos dice que el cocodrilo o lagarto representa la tierra; la segunda, que había un gran mar subterráneo; la tercera, que adoraban al cocodrilo (hay mucha confusión entre cocodrilo y lagarto, probablemente por los cambios de ideas cosmológicas). En conjunto, son una buena prueba de la idea del cocodrilo flotando en cierta extensión de agua la arqueología disipa las dudas que pudieran quedar.

La observación de Lizana en el sentido de que adoraban al cocodrilo la confirman menciones de Itzam Cab, "Iguana Tierra",e Itzam Cab Ain, "Iguana Tierra Cocodrilo", deidad del "Chilam Balam de Tizimín" y el "Ritual de los Bacabs". En ambos libros se le llama también Chac Mumul Ain, "Gran Cocodrilo lodoso". En el "Chilam Balam de Chumayel" se escribe el nombre Itzam Kab Ain, que significa "Iguana con Piernas de Cocodrilo", pero es probable que se trate de un error de copia, tal vez un lapsus calami, o incluso de una variante del nombre, ya que en el trozo paralelo del"Chilam Balam de Tizimín"dice correctamente Itzam Cab Ain.

Debernos intentar la separación de los a veces inseparables Itzam Na, manifestación celeste del Itzam, e Itzam Cab Ain, su manifestación terrestre. Esto ha sido una fuente de abundantes confusiones en la interpretación iconográfica, agravada por las licencias artísticas de los pintores y escultores mayas, cuyas producciones desesperarían a cualquier zoólogo. Pero esa desesperación sólo nos haría derramar lágrimas de cocodrilo, ya que son esos accesorios no zoológicos precisamente los que nos interesan, por inquietante que pueda ser la confusión que causen.

En el arte monumental del período Clásico hay una fusión constante de los aspectos cielo y tierra de Itzam Na, y eso seguramente tiene por objeto recalcar que no son separables. Itzam Cab, superficie de la tierra, tiene los atributos normales de la tierra y el inframundo, como los símbolos de la vegetación y la muerte, pero combinados con otros atribuíbles al cielo. Así en la magnífica escultura del tablero de la Cruz Foliada, Palenque (fig. 2), la cabeza de Itzam Cab, adornada con innumerables símbolos de la vegetación, está unida al cuerpo convencionalizado de una iguana, ornamentado con signos que representan el sol, la luna y los planetas. Seguramente esto para subrayar el gran concepto de que el Itzam Cab es tan sólo el piso de una entidad mucho mayor, Itzam Na o "Casa de Iguanas", que es en efecto el universo maya.

Palenque reitera esta doctrina en diseños en estuco sobre cuatro pilares. Itzam Na, con el cuerpo completamente cubierto por símbolos planetarios, forman un cuadro dentro del cual se representa la ceremonia (fig. 6). La cabeza del fondo es la del Itzam Tierra. Esto podía ir más lejos, y el cuerpo de Itzam adornado con planetas ser utilizado como marco sin ningún vestigio de cabeza.

Como ya hemos anotado –pero es un punto tan importante que no vacilo en repetirlo– parece haber dos tradiciones en el pensamiento maya en relación con el monstruo de la tierra. La una, que la superficie de la tierra es un cocodrilo que flota solo en un enorme estanque; la otra, que acabamos de ver, que la tierra (piso del Itzam Na) es una parte de las grandes iguanas que abarcan desde el cénit hasta el horizonte y en éste se vuelven para formar la superficie terrestre.

Examinemos primero las pruebas arqueológicas del saurio personificador de la tierra.

Cada balaustrada de la escalinata del templo norte del gran juego de pelota de Chichén Itzá tiene tallado un árbol de la abundancia, de cuyas flores y frutos se alimentan aves y mariposas (Marquina, 1951:865). Las raíces de cada árbol apresan la cabeza, con nariz de larga voluta, de algún reptil que representa con toda seguridad la tierra, de donde nacen todos los árboles. En el códice de Dresde, (página 67b), Chac está sentado en un árbol que se yergue sobre la cabeza de un dios de larga nariz y sin mandíbula inferior. El árbol no es tan claro como podría serlo, pero una rama florida asoma por detrás del hombro de Chac, y el glifo "en el yaxché (la ceiba)", que se halla arriba hace indiscutible la identificación. En el códice de Madrid, (página 96a), se alza un árbol de entre dos cabezas de Chac puestas occipucio con occipucio.

La misma idea se halla en Palenque, donde los árboles de los tableros de la Cruz, la Cruz Foliada y la losa del sarcófago se alzan en cada caso de una cabeza grotesca no humana con símbolos de la muerte, como mandíbulas descarnadas y símbolos del mundo inferior, pero decorados con motivos vegetales (figs. 2, 3).

Este concepto de un monstruo terrestre que era la tierra de donde nace la vegetación no se limita al ámbito maya; el códice Borgia, quizá del sudeste de México, tiene en la página 27, como ya vimos, una milpa regular de plantas de maíz que salen de la espalda de un cocodrilo Cipactli. Otra de tantas representaciones de árboles que terminan en una cabeza de cocodrilo está en el códice Laud, (página 38b), y en la página 32 del mismo códice salen flores de la cabeza de otro.

Los mayas tratan a los monstruos terrestres en formas que varían desde la puramente naturalista hasta la casi surrealista. El mejor ejemplo de representación naturalista es el cocodrilo que se estira en la parte alta del Altar T de Copán de lado a lado y de ahí baja por tres lados ondulando (Maudslay, 1889-902, 1, lám. 95), pero aun aquí se introduce la mitología, porque las tres patas (la cuarta se ha perdido) son manos humanas. A cada "pulso'' están unidos nenúfares. Los peces mordisquean dos de ellos y juguetean en torno al tercero. El nenúfar (nab) es un símbolo frecuente del agua en lagos y estanques y tal vez se limitara al lago primordial que estaba debajo de la tierra. El mar en maya es kaknab, los jaguares suelen estar decorados con nenúfares y yo supongo que por ser seres del mundo inferior.

Imix, primero de los veinte días mayas, equivalente del cocodrilo Cipactli del calendario náhuatl, parece derivar de nenúfares estilizados. Es signo de agua y de abundancia, pero también tiene conexiones con la tierra, como Cipactli, por su asociado quiche Imox, forma del día Imix, que es Mox en Pokomchí, con M'ox, su dios de la tierra (Thompson, 1950:89, 117). Para cerrar el círculo, los monstruos terrestres de los mayas suelen estar decorados con nenúfares (figs. la, tocado; 4g) y pueden llevar el signo de Imix en la frente (fig. 7m,n).
Panel de la Cruz

Figura 5. Otros ejemplos de Iztam Na.
a: Cabeza delantera de Itzam Na. Nótense los glifos de Venus, las escamas en las piernas. Templo 22, Copán.
b: Cabeza trasera de Itzam Na. El original estaba torcido para mirar hacia arriba; aquí se muestra horizontalmente. Nótese la vegetación del maíz; la mandíbula descarnada y restos de barba debajo.Templo IV, detalle de dintel, Tikal.
c: Vasija de cerámica. Nótense las astas y el rostro en la boca. Santa Rita; Honduras Británica.
d:Itzam Na bicéfalo, cuerpo más parecido al de una serpiente que al de la iguana. Palacio, Casa E, Palenque.
e: E: barra ceremonial en forma de Itzam con símbolos planetarios. Estela 10,Seibal.
f: F: Itzam Na naturalista. Altar D, Copán
(a. b, f, según Maudslay; c, según Elliott Smith; d, según Seler.)

En las representaciones más convencionalizadas del monstruo terrestre y la cabeza trasera de la creatura bicéfala que representa lo mismo, sobre todo cuando se ven de frente, podemos observar las siguientes características:

1. Con mucha frecuencia mandíbulas descarnadas, símbolo de muerte y, por extensión, el reino subterráneo del dios de la muerte, remplazan las mandíbulas normales (figs. 3, 5b, f).
2. La mandíbula inferior puede ser eliminada por completo, como es costumbre en las representaciones de Cipactli (figs. 4 g, 7m).
3. Los ojazos son cuadrados, con ángulos redondeados o casi redondos, convención maya para das deidades de origen animal (figs. 2, 3).
4. En las narices pueden estar insertados obturadores (p.. 360) (fig. 1b delante de la cintura y detrás de las posaderas.).
5. Pendientes en las orejas, que cuelgan de orejeras, tienen forma de hueso y son también símbolos de la muerte y el inframundo (fig. 5b, f)
6. A los mayas les costaba representar el largo hocico del cocodrilo visto por entero; aparece como una especie de burbuja alargada (figs. 2, 3). De perfil suele parecerse a la nariz pendulosa del dios narigón, pero más horizontal y con frecuencia arremangándose en el extremo (fig. 7).
7. En la frente suele llevar un glifo de kin ("sol"), a veces va en su lugar una cruz Kan (figs. 2, 3).
8. Como señalamos, el signo de Imix a veces ocupa ese lugar; en muy raras ocasiones es un ik tau, signo de vida del que a veces salen plantas (códice de Madrid, 97d-98d) (lám. 15).
9. Con frecuencia surgen de ambos lados de la cabeza más o menos a la altura de las sienes, representaciones bastante naturalistas del maíz o el signo bil (afijo de crecimiento, p. 278) como en las figuras 2, 3, 7a, m, r. Estas plantas de maíz y las que salen de la cabeza (abajo) convencieron a Lizardi (1956) de que esa divinidad es en realidad un dios del maíz.
10. En lo alto de la cabeza suele haber un signo tripartito de significado dudoso. Uno de sus elementos es la cruz de San Andrés con extraña decoración, como obturadores vegetales u óseos; el elemento central parece una hoja grande hinchada en la base pero no sabemos que representa; el tercer elemento es una concha, símbolo del infra-mundo, y a veces lleva unidos pequeños obturadores de hueso (fig. 3).
11. La misma cruz de San Andrés cubre a veces el ojo (figs. 4g, 5f).
12. En algunas ocasiones nacen de la cabeza una planta de maíz o un árbol convencionalizados (figs. 2, 3; p. 271).
13. En el cuerpo pueden presentarse símbolos del agua. Con frecuencia son el diseño de tres bolas del prestamista que a veces se ha interpretado como representación de nubes, como en el signo cauac (figs. 4g, 5/).
14. A ambos lados de la cabeza a veces se prolongan bandas planetarias que forman el cuerpo de la creatura (fig. 3).
15. Es frecuente que cuelgue de la mandíbula inferior, cuando la hay, una barba derivada de los cabellos del maíz (?), como en la figura 5b

De las características arriba mencionadas, algunas están decididamente relacionadas con la tierra o el mundo inferior (Nos. 1, 2, 5, 8, 9, 10 [en parte] y 12). Otros tienen asociaciones celestes (7, 10 [en parte], 11, 13 (?) y 14). Es de observar que el glifo solar (7) no tiene elementos que hagan de él el sol nocturno del inframundo, principalmente el hachurado que representa convencionalmente el negro en la escultura. Pero la cruz Kan (7) y la de San Andrés (10, 11) suelen hallarse en bandas planetarias, y éstas a veces están encajadas en el signo del cielo.

Para más claridad en esta mezcla de símbolos terrestres y celestiales echemos una ojeada a las iguanas celestes que al parecer representan el techo y las paredes de Itzam Na, o sea, no las completamente horizontales sino las que se vuelven hacia abajo como si representaran las paredes de la "Casa de iguanas". En general; la cabeza delantera es la de un lagarto con embellecimientos ajenos, salvo que a veces cae agua de su boca. La cabeza trasera suele estar volteada y es la cabeza del monstruo terrestre, con muchos de los elementos arriba anotados como de Itzam Cab.

En el caso de la estela 25, de Piedras Negras (fig. 4d), las cabezas forman parte del piso de la casa de lagartos y la cabeza trasera también está volteada y tiene una mandíbula descarnada, conchas, el elemento tripartito (10) y lo que parece el signo del sol en la frente, pero los detalles no se identifican bien por el desgaste. Las cabezas traseras de las casas de iguanas comparables de la estela 11 y la 14 en el mismo lugar están asimismo volteadas, y el gobernante está sentado dentro de la casa, pero en el diseño algo semejante de la estela 1, Quiriguá, las cabezas miran hacia fuera y no forman un piso, ni la trasera está volteada.
Itzam Ma marco
Figura 6. El Itzam Na marco encierra por completo la figura dentro de la "casa", na. Una de las cuatro escenas en pilares del Templo de las Inscripciones, Palenque. (Según Maudslay.)

Si bien uno de los fines de lo que llevamos dicho de los atributos es hacer entender bien que los elementos celestes y los terrestres de Itzam Na están entremezclados precisamente por ser parte de un cuerpo o edificio indiviso, el objeto principal es presentar argumentos para la aceptación del –dios K– como manifestación de Itzam Na, sobre todo en sus aspectos Vegetales.

En los códices, el –dios K– es fácil de reconocer por su larga nariz bifurcada, que casi con seguridad se deriva de un par de hojas desplegándole, se supone que de una planta de maíz, parecidas a las que surgen de la cabeza de Itzam Cab y que son equivalentes del afijo bil, de "crecimiento" (Catálogo No 130). Aparte del parecido de forma, la nariz curvilínea del –dios K– suele tener incrustado el ovalito con líneas paralelas interiores y dos circulitos en el exterior, que es la marca del dios del maíz y su glifo (lám. 8í). En un caso, la cabeza del –dios K– es la de una serpiente en que, está sentado un Chac con un cuenco de maíz en su dorso (lám, 10).
Glifos de Itzam Na

Figura 7.
a-h: Glifos de Itzam Na Kauil o Bolón Dz´acab.
p-r: Glifos con el número 9.
n,o,q,r: tal vez Uuc ti Cab, "Siete Tierra".
h,j,l: formas simbólicas con vegetación saliendo de un hueco
a-i,m-p,r: Copán
j: Quiriguá
k,l,q: Palenque
(Según Maudsley y Spinden)

En el glifo codicial del –dios K–, la nariz bifurcada esta ausente. En su lugar sale de la frente un elemento circular o cuneiforme del que a su vez nace un motivo doble flamiforme. Ésta es la clave para identificar al dios.

El glifo del –dios K– en los códices es claramente el mismo que el del dios narigón (fig. 7), que corresponde a las innumerables representaciones de perfil de Itzam Na en los monumentos; como casi todos los personajes representados en un relieve del período Clásico lleva por tocado o a manera de cetro de maniquí o se extiende por la derecha hacia arriba o volteado, y de él sale agua, y también suele combinar los atributos celestes con los terrestres (por ejemplo, fig. 1 izquierda, invertido, con kin [celeste] y mandíbula [terrestre] o fig. 3 izquierda con signo del cielo y sin mandíbula inferior [terrestre].

Un examen de los glifos de este dios (fig. 7) demuestra que aparte de la larga nariz reptilina su principal característica es el follaje que sale de la frente. En algunos casos toma decididamente la forma del bil (ornamento vegetal), a veces con granos de maíz (fig. 7 a, m). La enorme importancia de este atributo se advierte en el hecho de que la forma simbólica del glifo del dios es precisamente este elemento vegetal que asoma por el hueco que tiene el dios en la frente (fig. 7 h, j, l). Como ya apuntamos, es muy probable que este hueco represente la semilla o la tierra o ambos, de donde nace la vegetación, para subrayar la naturaleza vegetal de la deidad. Una prueba más de esto es el glifo que representa completo al dios acostado con las rodillas, los hombros y la cabeza alzados (fig. 7k, l), postura que parece reservada a las divinidades terrestres o los personajes de donde nacen árboles, tanto en el arte mexicano como en el maya.

Un examen de algunas de las formas glíficas del período Clásico hace advertir que el elemento de follaje asoma en los monumentos por el hueco que tiene el dios en la frente y en el glifo codical del –dios K– pero se funde con la nariz del –dios K– en los códices. El elemento vegetal a veces se desprende de la frente y aparece como motivo separado delante de la cara del dios (fig. 7 e, i), y de ahí a fundirse con la nariz como en las representaciones del –dios K– (lám. 8 i) sólo hay un paso.

El énfasis puesto en la vegetación me hace sentirme inclinado a ver en esas representaciones glíficas, no en la de Itzam Cab –porque los símbolos funerarios son muy raros y en el caso del dios K ausentes– pero sí de Itzam Na Kauil, "Casa de Iguanas" de Abundante Cosecha, el aspecto vegetal de Itzam Na, pero creo que esta manifestación del ubicuo dios iguana tenía otro nombre, a saber, Bolón Dz'acab.

El diccionario de Motul describe a Bolón Dz'acab, literalmente "Nueve o Muchas Generaciones", como cosa perpetua, que podría traducirse libremente como "eterno" o "sempiterno", título razonable para un dios supremo de los cielos y la tierra.

Escribe Landa que Bolón Dz'acab era regente de uno de los cuatro grupos de años, a saber, de los años que empezaban con un día Kan, y estaba encargado del este. Eran años muy buenos, lo que para los mayas significaba años de buenas cosechas. En las páginas de Año Nuevo del códice de Dresde, que tienen los cargadores y el orden de los años diferentes de los que describe Landa. El –dios K– es patrón del primer grupo de años, atribuido también al este, y en un orden que concuerda bastante bien con la serie de Landa. Hay, pues, buenas razones para identificar al –dios K– con Bolón Dz'acab. Por la razón expuesta y porque los glifos del período Clásico correspondientes al –dios K– suelen llevar el número 9 (bolón, que también significa "muchos" o "innumerables"), como en la figura 7 a-g, Seler emparejó hace muchos años al –dios K– con Bolón Dz'acab y lo identificó con la cabeza trasera del monstruo terrestre, en el que veía un dios del agua. Yo opino que es una manifestación de Itzam Na en forma de divinidad de la vegetación, cosa harto semejante; como he dicho repetidas veces, los aspectos celeste y terrestre de Itzam Na están mezclados intencional-mente. De todos modos, creo que la identificación del –dios K– con Bolón Dz'acab ha sido aceptada en general por los estudiosos.

Bolón Dz'acab tiene un papel obscuro en el relato de la creación del "Chilam Balam de Chvmayel" (Roys, 1933:99, 104,105). Hállase allí esta frase: "Tres años fue el tiempo cuando dijo que no iba a hacer a Bolón Dz'acab dios del infierno". La otra aparición del dios es en la lucha entre los trece dioses y los nueve dioses citada en la p. 341. Esto tampoco es fácil de entender, pero muestra decididamente a Bolón Dz'acab estrechamente relacionado con el cultivo de plantas y tal vez más con la formación de sus semillas, y eso concuerda con la primera cita, cuando señala que era un dios de la tierra, pero también cón la opinión arriba manifestada de que representa el aspecto vegetal de Itzam Na y, naturalmente, por vegetación se entienden las plantas alimenticias, en particular el maíz. En una ocasión está sentado en el centro de un elemento bil cuadruplicado, (lám. 6).

El vínculo entre los glifos de Itzam con coeficientes de nueve y Bolón Dz'acab en la superficie parece fuerte (nótese empero que en los códices ni el –dios K– ni sus glifos llevan el número 9) pero no llego a convencerme de que la asociación del nueve con Itzam Cab y el emparejamiento de 9 Itzam Cab con 7 Itzam Cab (fig. 7 n-r) no implique algo diferente... quizá con el Bolón ti Ku (p.342). Baste que el personaje con el 7 delante de su rostro –que es de toda evidencia un aspecto de Itzam Cab o Itzam Cab Ain– pudiera ser Ah Uuc ti Cab "Señor Siete Tierra", mencionado en el "Ritual de los Bacabs", o posiblemente Ah Uuc Cheknal, citado en un trozo del "Chilam Balam de Chumayel" (p. 407) El número siete parece estar relacionado con la tierra. El dios que que va con el 9 tiene normalmente el glifo 629 en su tocado (véase también la cabeza debajo de la figura siniestra en la, figura 3).

Volvamos ahora nuestra atención a la relación de Itzam Na con el –dios D– de los códices de Schellhas. Esa divinidad representada en monumentos y códices, es de, bastante edad, con un ojo grande y redondo o un cuadrado de ángulos redondeados (por regla general indicio de origen animal) y con una curva debajo, una gran nariz romana, una boca desdentada o con un solo molar en un rincón (señal de edad), una barbilla prominente y a menudo con la parte que rodea los labios y el mentón, y la frente también, pintados de amarillo. Con frecuencia cuelga delante de la cara del dios una creatura que ha sido identificada con un ciempiés, su cara, que se parece a la parte superior del glifo akbal, "noche", casi toca el cabello del dios. No hay relación evidente conocida entre el –dios D– y un ciempiés (láms. 4 c, 8 f, 15 a, b).

Las razones para ver en el –dios D– un aspecto de Itzam Na son:

1. Landa da los nombres de los patrones de las cuatro series de años: Bolón Dz'acab, Kinich Ahau, Itzam Na y Uac Mitún Ahau, dios de la muerte; en el códice de Dresde, págs. 25 a 28, la serie es: –dios K–, que como ya hemos visto es casi seguramente Bolón Dz'acab, Kinich Ahau, el –dios D– y un dios de la muerte. Como coinciden tres dioses de cada grupo, y además en el mismo orden, sólo quedan desparejados Itzam Na y el –dios D–, cada uno de ellos en el tercer lugar. Es razonable suponer que son equivalentes uno del otro o, tal vez más probablemente, que el –dios D– es otro aspecto más de Itzam Na.
2. Hemos visto que se consideraba a Itzam Na no sólo el creador sino además el dios principal en Yucatán. Sabemos también que era una divinidad importante en otras partes de la región maya. Por eso debía ocupar un lugar prominente en los códices. Los –dioses C y D– son los únicos dioses importantes de los códices no identificados satisfactoriamente. Por razones diversas, el –dios G– no parece elegible, y nos quedamos con el –dios D– para equiparar a Itzam Na. El dios Chicchán, la única otra posibilidad, es seguramente demasiado joven para ser dios creador y divinidad capital del panteón maya.
3. En una oración anteriormente citada, se llama a Itzam Na Ah Tepal, "príncipe". El glifo titular del –dios D– es ahaulil, "mando".
4. La cabeza del –dios D– a veces está encajada en la boca de un Itzam (fig. 46). Esa colocación parece indicar que el dios en cuestión es un aspecto de Itzam Na. Por ejemplo, la cabeza de Kinich Ahau suele estar en la boca de Itzam Na, pero como demuestra su título completo, Itzam Na Kinich Ahau, es un aspecto del dios iguana.

El –dios D– no tiene relación aparente con la lluvia y es probable que no represente primordialmente al Itzam que hace llover. Más bien, dados su edad y el hecho de que se equipara a Itzam Na con el dios padre y es un dios de la creación reconocido (p. 256), nos parece justo considerar al –dios D– ante todo el creador y aspecto antropomorfo de Itzam Na.

Debemos mencionar también a Amaite Kauil o Amaite Ku (ku es "dios"). Amai en yucateco significa "rincón", pero "flauta" o "silbato" o la madera de que se hacen en diversos lenguajes choloides y maya chiapanecos. Pero "arrinconado" (con el participial -te) nos recuerda los cuatro lados de Itzam Na y los cuatro rincones del mundo donde están puestos los dioses y que, naturalmente, corresponden a los rincones de la "Casa de Iguanas". Amaite Kauil era el aspecto o patrón de los katunes 1 Ahau y 8 Ahau y por lo tanto debe haber sido en extremo importante. Roys se sentía inclinado a identificarlo a él y a Amaite Ku con Itzam Na Kauil, opinión con la cual coincido enteramente.

Itzam Na era también dios de la medicina. Lo invocaban, junto con Ix Chel y otros, en la fiesta de médicos y brujos en Zip. Lizana nos dice que también sanaba a los enfermos y aun resucitaba a los muertos. De todo el país iba la gente a su santuario y por tal razón lo llamaban Kabul, "el que hace con las manos", pero sospecho que este nombre se le daba en su función de creador; parece equivalente de Bitol, "hacedor", título del creador quiche.

Por último, antes de dejar a esta ubicua divinidad, debemos revisar las pruebas documentales de que Itzam Na, en su aspecto terrestre de Itzam Cab, hacía también de dios del fuego.

En una fórmula mágica del "Ritual de los Bacabs" para enfriar agua en el fuego (Roys, 1965:49-50), las piedras del hogar se llaman la cabeza de Itzam Cab; los palos de la leña son sus muslos, el fuego llameante su lengua y el recipiente que está sobre él, su hígado.

Pib es el horno en que suelen cocer los mayas el alimento para las ocasiones ceremoniales y a veces también para su cocina secular. Se hace una excavación y se enciende un fuego de leña en el fondo, sobre el cual se colocan piedras. Cuando se apaga el fuego, se coloca el alimento envuelto en hojas de plátano o platanillo sobre las piedras y cenizas hurgadas y el horno se tapa echándole tierra encima. El alimento se cuece con el calor conservado.

Hay un conjuro en el " Ritual de los Bacabs" (MS: 183) para abrir el pib, o sea quitarle la tierra, cuyas últimas palabras son: –"Abre la boca, Itzam. Vean, ya se abrió." Roys suponía, seguramente con razón, que después de Itzam se había suprimido Cab accidentalmente. Aquí podían dirigirse a Itzam Cab como dios de la tierra, dios del fuego, o lo más probable como a ambas cosas.

En un conjuro para la placenta en el mismo libro (MS: 177), se hallan las palabras: –"Cuando lo lancé [se supone que la placenta] en las entrañas de Itzam Cab." Como apunta Roys, todavía se acostumbra enterrar la placenta en Yucatán debajo del hogar. Entre los mayas sus cercanos parientes de Socotz, Honduras Británica, la ponen en el hogar y encienden un fuego sobre ella. Las entrañas de Itzam Cab son, pues, el hogar o el terreno sobre el cual está. La ceremonia adquiere más significado si se recuerda que la tierra simboliza la creación (pp. 356-8).

Las pruebas arqueológicas confirman la identificación mencionada; la cabeza de Itzam Cab, con mandíbulas o sin la inferior, lleva a veces el glifo del fuego (563) de tocado (glifo 1035), que indica su relación con el fuego.

Hay también datos en apoyo del altiplano mexicano, donde a Xiuhtecutli, dios del fuego, le llaman Tlalxictentican, "El que está al borde del ombligo de la tierra". También lo llaman Tlalxicco Onoc, "El que se estira en el lugar del ombligo de la tierra". Otro de sus nombres es tal vez Ayamictlan, "El que está entre las nubes del país de la muerte" (debo a Charles Dibble el que me ayudara a traducir estas palabras nahuas). Es además Xiuhtecutli quien está en el centro de la página 1 del códice Fejérváry-Mayer y de donde nacen los cuatro árboles direccionales.
Príncipe con cetro de maniquí
Figura 8. Príncipe con cetro de maniquí.
Típicamente, en lugar de una de las piernas está una serpiente que es la empuñadura del cetro. Nótese el follaje que sale de la frente y el pez que mordisquea un motivo de nenúfares en el tocado. Estela 7, Machaquila. (Según Ian Graham.)

Estas relaciones mexicanas entre los dioses del fuego y de la tierra confirman la prueba de que Itzam Cab era también una divinidad del fuego. Para los mayas, cuyo territorio contenía más de un volcán activo, era lógico que el dios del fuego residiera debajo de la superficie de la tierra.

El arte maya del período Clásico raramente está exento de representaciones de Itzam Na en una u otra de sus manifestaciones. Esto es en parte reflejo de la enorme importancia del dios, pero creo que también se debe bastante a los esfuerzos de los miembros de la clase dominante por identificarse con el poder supremo.

Y así los gobernantes se mandaban representar en nichos dispuestos en el techo y las paredes de Itzam Na, y creo que aquí nos encontramos con una noción de grandeza algo inflada; el gobernante se proclamaba parecido al rey de reyes, gobernador del mundo, representante sobre la tierra del gran Itzam Na: suerte de derecho divino de los reyes que hubiera puesto verde de envidia al mismísimo Jacobo I.

Estas representaciones son raras; pienso más bien en la superabundancia de atributos que iban mucho más allá del punto en que empieza la monotonía: tocados cargados de máscaras de Itzam Na una sobre otra, los cetros llamados de maniquí, las barras ceremoniales, las cabezas de Itzam, derechas o volteadas, de donde manan corrientes de agua, todo lo que lleva o tiene el príncipe o el sacerdote, seguramente para patentizar su afinidad con el ubicuo y todopoderoso dios iguana.

Es evidente que aquellos gobernantes mayas exaltaban su fama vistiéndose con las mejores prendas de su hacedor. Nada hay de original en ello. En muchas partes del mundo antiguo reinaba la misma costumbre; pero no es necesario cruzar el océano para hallar un paralelo: los gobernantes aztecas se ponían las prendas de sus dioses tribales.

No es sorprendente que los príncipes mayas desearan, pues, identificarse con Itzam Na, que penetraba en todos los aspectos de la vida. Era el creador a quien todos los hombres debían la misma existencia; la humanidad –y de hecho la creación toda– dependía de su capricho de dador de las dos condiciones esenciales de la vida: la lluvia a tiempo y las tierras fértiles. Él mandaba en los seres menores que surcan los cielos o moran en la tierra o dentro de ella. Él daba la vida, pero podía quitarla y si quería, devolverla otra vez, aun a los muertos. Como la casa que daba abrigo al mundo, él era el protector de todos.

Sus muchos nombres están en consonancia con sus múltiples actividades. Para el erudito son confusos e interminables, pero nada hay de insólito en tal sistema. Otras divinidades mayas llevaban nombres diferentes para sus distintas actividades, y otro tanto sucede con los dioses aztecas. El Smaller Classical Dictionary enumera para Júpiter, quien como Itzam Na encabezaba la lista como señor del cielo, no menos de diecisiete nombres, referentes a sus muchas actividades, e indica que tenía otros.

La concepción de Itzam Na es ciertamente majestuosa. Se comprende que los príncipes mayas llegaron a considerarlo el único dios grande, porque parece como que los mayas del período Clásico hubieran hecho del culto de Itzam Na algo parecido al monoteísmo, y todos los demás seres, como el sol y la luna, probablemente los Chacs y así sucesivamente, serían las criados de Itzam Na o sus manifestaciones, expresadas poniendo las cabezas de ellos entre sus mandíbulas abiertas. Hallamos al dios con su forma de iguana, pero también con dos manifestaciones antropomorfas, los –dioses D y K–. Tal vez esas ideas fueran demasiado abstractas para gustar al campesino maya, porque, como hemos visto, el culto de Itzam Na desapareció al hundirse la antigua clase gobernante después de la conquista hipana.

Al terminar el período Clásico, el frágil culto del casi monoteísmo que postulamos caducó. Seis siglos más tarde lo recordaban todavía como una edad de oro antes de la introducción de la "idolatría" (p. 234).

A los hijos de Israel les costó adherirse al monoteísmo a pesar de las fulminaciones de sus profetas; tal vez fuera más difícil persuadir al campesino maya de que renunciara a sus naturalistas y terrenos Chacs en favor de las abstracciones monoteístas del culto de Itzam Na, pero al desplomarse el orden antiguo y acabarse los centros ceremoniales, es probable que no hubiera allí profetas mayas que destruyeran los becerros de oro campesinos y los altares de "Baal" y "Moloch".


*Presentamos aquí el Capítulo 7 de Historia y Religión de los Mayas, Ed. Siglo XXI. por J. Eric S. Thompson, autor también de: Grandeza y Decadencia de los Mayas (FCE México, 1959), Arqueología Maya, (Diana, México, 1980) o Maya Hieroglyphic Writing (Univ. of the Oklahoma Press, 1981), entre otras obras.